Título: Pensé que era amor

Ranking: M (Lemon al final)

Advertencias: UA/Posible OoC/RE-EDICIÓN terminada/Saltos temporales/Primera persona.

Pareja: SesshKag

Disclaimer: Todos los derechos de creación son de la maravillosa Rumiko Takahashi.

AVISO: Habrá saltos de primera a tercera persona.

O

O

O

Entre recuerdos navegar

O

O

O

Respiré con profundidad, contando mentalmente hasta siete y exhalando siete más. Retuve y contuve la misma cantidad de segundos, era una técnica un poco extraña pero efectiva que me enseñaron hace mucho tiempo. Suspiré con nostalgia, una escena fugaz me hizo saber en ese momento que provenía del tiempo en que me fueron enseñadas las directrices de las sacerdotisas, aquél lejano momento en que mi abuelo creía con firmeza que heredaría el templo y lo mantendría funcional.

Quizás en el fondo me arrepiento un poco de haber cortado de manera tan abrupta mi relación y todas sus esperanzas, pero, a diferencia de unos pocos meses atrás, estaba más decidida que nunca a escuchar. Quería, no, necesitaba saber que misterio envolvía los hilos de mi vida y me ataba a esa familia, a Kikyou, a Naraku. La verdad. Y, a pesar de todo lo que había pasado, entendía con cierta reticencia que este camino habría podido ser mi único medio para conocerla, aunque siga sin ser la mejor idea.

Observé con curiosidad como la expresión preocupada de InuYasha se disolvía y una nueva de incomodidad se acentuaba en sus rasgos varoniles. Sus espesas cejas negras al fruncirse le dieron un aspecto más informal, y el brillo de sus ojos dorados mientras tomaba mis manos entre las suyas me hicieron sentir que lo que estaba a punto de revelar podría no ser nada agradable para mí. Si alguna vez lo conocí un mínimo de todo aquello de lo que creí, quién se llevaría la sorpresa y molestia sería yo misma.

—Kagome… —murmuró con voz suave, muy por lo contrario a lo que podría esperar luego de haberle preguntado por el pasado tan tormentoso que compartíamos. Ignoré el sonido de su voz luego de ello, mirando a mí alrededor.

Conocía muy bien ese café, pues fue el sitio donde nos conocimos, el lugar de nuestra primera cita y el testigo de nuestras tardes llenas de alegría y sonrisas sinceras, al menos por mí parte. La decoración rondaba entre el estilo moderno, con tonos metálicos en las paredes y cuadros de arte abstracto, pero las mesas eran de un color oscuro intenso, de madera pura, y los sillones individuales de cuero que rechinaban cada que ejercía un movimiento de caderas eran prácticamente de la misma tonalidad. Las mesas estaban dispuestas como en cualquier restaurante familiar, con la ligera diferencia de que daba cierto aire de tener más clase y las diversas plantas que nos cubrían de miradas extrañas dejaban mayor privacidad.

Me concentré en las gotas de lluvia que ligeramente resbalaban por el cristal empañado a mi derecha. Alguien debía inmediatamente limpiar ese sitio, el polvo que guardaban las ventanas de aquél pequeño local ahora escurrían como lágrimas grises que me impedían ver en dirección a la avenida principal. Si me fijaba, la causa de mi molestia se deslizaba por fuera. En realidad, probablemente estaba exagerando, pues era una costumbre que al llover a veces escurriera el polvo de los techos y se arrastrara inadvertidamente por las ventanas. Solo quería pensar en algo que me distrajera de la realidad un momento antes de empezar.

Iba a cambiar, lo presentía. Aquello que fuera a salir de sus labios iba a cambiar por completo mi visión del mundo, de la vida, y probablemente sobre el amor, más específicamente, aquello que le profesé desde el momento en que lo conocí y al día de hoy ya no sé si fue real. Sus manos sobre las mías, dando pequeñas caricias en círculos llamaron de nuevo mi atención. Sus ojos me observaron tristes, arrepentidos y aquello me provocó un vuelvo en el estómago, pero también la extraña sensación de que había algo que faltaba, algo que ya no estaba más.

Devolví su agarre, entrelazando nuestros dedos llenos de sudor frío por los nervios y a causa del clima, disponiendo en mi rostro una ligera sonrisa. Haría una tregua temporal.

—Necesito que me lo digas…

Lo vi asentir y suspirar.

OoOoOoO

Las transitadas calles de Tokyo se veían algo desoladas con el clima de invierno. Con premura y fastidio, las manos del pelinegro se adentraron más en los bolsillos de su abrigo negro, tratando de encontrar el calor corporal que necesitaba. La mañana había sido especialmente cruda en aquella temporada, cubriendo de nieve las banquetas y las superficies que estuvieran a su alcance, enterrándolas en aquella arena blanca. Resopló molesto con la nada, refunfuñando en murmullos inentendibles sobre lo importante que eran sus propios asuntos, algo de prioridades y una chiquilla tonta a la que no tenía la gana de buscar.

Su largo cabello negro estaba oculto en la espalda tras la ropa, y sobre su cabeza un pequeño gorro negro y simple se mojaba lentamente por la nieve que caía y se desintegraba sobre él. Algunos de los pocos transeúntes se dedicaban a darle miradas de reojo y a mascullar sobre su finta de mafioso, por el expresivo rostro malhumorado del menor de la familia Taishou. InuYasha era una persona alta, imponente, y sumando el hecho de que iba vestido por completo de negro, desde las botas hasta los lentes oscuros que nadie veía necesario que usara en época invernal. Era imposible para él no llamar la atención de nadie.

Sin cautela rebuscó en el bolsillo derecho, no tenía intenciones de sacar su mano de aquél sitio, pero debía. Un papel completamente arrugado y casi deshecho por el agua nieve fue revisado minuciosamente al instante. En una sencilla hoja blanca de máquina estaba descrito a detalle las características de chica que él ya conocía. Pelinegra, estatura promedio, delgada, caucásica, aproximadamente rondaba los dieciséis años. La fotografía mostraba una versión bastante crecida de aquella niña tan simpática como gorrona que recordaba con una sonrisa, corriendo libremente por los pasillos de la mansión antes de ser reprimida por su hermano.

Caminó, buscando la dirección que venía apuntada en la parte inferior izquierda con tinta roja, dato de último segundo, colocado por su amigo investigador. Un café. Según Miroku, ese era un sitio que ella frecuentaba. Inconscientemente su velocidad fue disminuyendo conforme se acercaba la calle señalada, no importaba lo que dijera Sesshoumaru, seguía pensando que era una muy mala idea.

Antes de poder arrepentirse y dar media vuelta estaba frente a frente con aquella chiquilla de la fotografía adjunta, tomando tranquilamente una taza de algo humeante y viendo en su dirección. Sus hermosos ojos oscuros brillaron contra el reflejo de la luz amarillenta que iluminaba más atrás de ella y le sonrió, con la boca, la sonrisa llegó hasta sus ojos. InuYasha se quedó petrificado en su sitio, sin ser capaz de moverse para responder. La vio encogerse de hombros y lanzarle una expresión de incomodidad, desviando su atención de inmediato a su bebida con sus mejillas coloreadas de carmín.

No podía hablar, un enjambre le revoloteaba en la boca del estómago y casi sentía que podría vomitar mariposas. Un extraño calor recorrió su cuerpo hasta ascender y expandirse por todo su rostro. Hace varios años le había impresionado su parecido con Kikyou e imaginaba que, al crecer, sería muy parecida a ella, pero el resultado lo había impresionado. Sí, Kagome se parecía demasiado, sin embargo…

Sus piernas se movieron por su propia voluntad, entrando a aquel local en menos de dos minutos. No estaba pensando en nada cuando se presentó frente a ella, pidiendo disculpas muy a su manera por haberla ignorado antes. InuYasha no era la especie de hombre seductor de cuentos de hadas ni novelas románticas, en realidad era muy torpe socialmente y en especial con las mujeres. Tenía un modo brusco de hablar, soltaba las verdades sin anestesia previa y muchas veces no decía lo que realmente pensaba, pero extrañamente a aquella chica no pareció importarle. Le sonreía, y no dejaba de hacerlo aun cuando soltaba un comentario que no era del todo de su agrado o se quedaba mirándola más de lo debido sin responder. Aquella familiaridad que Kagome conseguía en él no había cambiado a pesar de los años.

Se pasaron el resto de la tarde charlando y bromeando, al menos lo poco que la timidez y vergüenza le permitió a él. El papel de su mano terminó por desbaratarse y quedó olvidado en el rincón de su bolsillo.

OoOoOoO

No sabía si confiar en sus palabras, pero las mejillas completamente encendidas de InuYasha prácticamente eran una evidencia de que decía la verdad. Era casi imposible que él, precisamente él, se hubiera inventado una historia mínimamente cursi solo por decir lo que yo quería escuchar. No pude evitar un gesto de ternura, pero me obligué a recomponerme.

—Así que… —empecé yo, intentando sonar casual. Ahí estaba frente a mí una de las preguntas que más me habían torturados en los últimos meses, si no estuviéramos sosteniéndonos las manos probablemente yo estaría disfrutando de las pequeñas partículas de tierra y el sabor a queratina de mis uñas. Me carcomía la curiosidad. —Yo… ¿de verdad…?

Lo vi asentir incluso antes de terminar. No podía mirarme a los ojos por la vergüenza, no quería presionarlo, así que lo dejé continuar.

OoOoOoO

La leve brisa fresca de Enero fue como punzadas dolorosas en su rostro. Con la acalorada discusión había olvidado por completo protección para el clima, que aunque ligero, aún no era tiempo de pasearse con una simple playera gris de tela delgada y pantalones de mezclilla. Fría mezclilla que comenzaba a hacerlo temblar.

InuYasha no era especialmente cuidadoso con los lugares en los que debía ser discreto, mucho menos lo sería en medio de la calle en una discusión telefónica con su medio hermano.

—Entiende de una jodida vez Sesshoumaru…—aspiró aire antes de gritar. —¡Si, la estoy vigilado! —Hizo una pequeña pausa. —No, no ha firmado aun.

Con un fuerte marcado de tecla cortó comunicación, justo a tiempo para evitar ser escuchado por la dulce pelinegra que lo había seguido al verlo salir de su departamento tan repentinamente.

—¿InuYasha? —Cuestionó al verlo tan ofuscado. Sin decir nada el pelinegro la estrechó entre sus brazos, aspirando su aroma, descansando en el hueco de su cuello. Ella correspondió el abrazo sin preguntar más. —Vamos, te vas a resfriar…

Lo guío adentro, notando que de tanto en tanto se tropezaba con los escalones. El joven se perdió en sus pensamientos. Desde la vez que se reencontraron en la cafetería habían iniciado una especie de amistad que más pronto que tarde se convirtió en algo formal. Aunque Kagome aún era demasiado joven y le llevaba ya varios años no tenía ningún familiar cercano al que rendirle cuentas, su familia había muerto un tiempo atrás y ahora habitaba en un modesto departamento de la ciudad. No sabía si era suerte o una desgracia.

A veces se preguntaba si la madre de ella lo reconocería.

Sabía qué hacía mal.

Vivir entre mentiras había sido una de las cosas que más había detestado en su infancia, pero ahora era imposible escapar. No solo había inventado todo un pasado para la joven que con paciencia y amor le acompañaba, sino que se había atrevido a desafiar al mismísimo Sesshoumaru e ignorarlo exitosamente, al menos durante los pasados tres meses. Pero se estaba acercando. Por algún sinsentido había confiado en él para obtener la firma de Kagome Higurashi que pondría la fortuna de Kikyou en sus manos y no lograba entenderlo.

Igual, no le importaba, gracias a ello pudo volver a encontrarla. El hecho de que ella tenía que formar sin percatarse de nada le daba la excusa perfecta para ganar tiempo en lo que se le ocurría algo.

—InuYasha, me estás preocupando… —La oyó murmurar. Estaban frente al departamento de ella, con Kagome rebuscando sin cuidado las llaves en su chaqueta, intentando no sonar muy invasiva. Lamentaba eso, tener que ser a veces frío y distante por su propio bienestar.

La miró, con las mejillas enrojecidas, con el mismo brillo que lo enamoró aquél día, y en un impulso supo que no podría seguir de ese modo.

—Kagome —Pronunció, tragando saliva y esperando no arrepentirse después. Ella lo escuchó atenta. —Cásate conmigo…

Ella se lanzó a sus brazos, emocionada, y aceptó sin pensar.

OoOoOoO

La información que acaba de recibir fue desconcertante. No podía hablar.

—No encontré otra manera—le escuché explicar. —Pensé que, si nos casábamos encontraría alguna manera de obtener tu firma sin necesidad de decírtelo y así Sesshoumaru nos dejaría en paz. Pero me equivoqué, la única que tiene el poder para acceder a aquella fortuna eres tú y nadie más, así lo estipula el testamento.

Afirmé con la cabeza, pensando detenidamente en cada frase.

—Nos casamos por eso… —mascullé para mí misma, pero él me logró escuchar. —Por dinero. Por eso todo fue tan rápido y…

—Kagome —Me detuvo, sosteniendo mis manos con mayor firmeza. —Aunque fuera uno de los motivos, yo de verdad… quería casarme contigo.

Aparté las manos de inmediato, incrédula. Ver mi reflejo en sus ojos entornados por las lágrimas y el pesar me hizo darme cuenta de que estaba llorando. Cubrí mi rostro de inmediato, avergonzada por mi debilidad. Ahí estaba, la respuesta por lo que yo tanto había preguntado en noches de desvelo y no conseguía entender, el por qué nuestra relación pasó como un relámpago, porque seguía buscándome a pesar de verse incómodo a mi lado, el por qué me pidió separarnos.

Me había buscado, me habían investigado. Sabían cada maldito detalle de mí aun antes de habernos reencontrado. Siempre me cuestioné para qué me pidió matrimonio si iba a abandonarme tan fácilmente por noches enteras y borracheras. La palabra culpa vino de inmediato, junto a otra de sus afirmaciones sobre ese podrido dinero. Nadie más que yo podía accesar.

—No lo entiendo —mascullé como pude, tragándome las gotas saladas y lo que sea que se llame esa cosa asquerosa en mi nariz fue sorbida antes de siquiera saberlo. Él intentó retomar nuestro agarre pero lo impedí, dolida por la verdad. —Si solo yo tengo el poder, ¿por qué Sesshoumaru quiere mi firma…? —Una revelación apareció al pronunciar esas palabras. —¡Por eso quería que nos casáramos!

—¡Yo tampoco lo entiendo, reacciona de una vez! —Gritó, golpeando la mesa, llamando finalmente la atención de varios clientes del lugar. —¡Maldita sea Kagome, no lo sé! ¡Supongo que tiene el modo, contactos o algo, él no actúa sin un plan!

—¡No te atrevas a gritarme InuYasha! —reaccioné violentamente, imitando su movimiento y lanzando mi peor mirada mortal. —¡Todo esto es tu maldita culpa! ¡Podrían haberme dicho que necesitaba darles un dinero que no quiero para evitar que me persiga un psicótico y luego hubiera vuelto a mi vida normal!

—¡¿Cómo diablos iba a saberlo!? —Me respondió. Un mesero se nos acercó, miedoso, pero la ira me enceguecía y lo ignoré groseramente. Intentó tomarle el hombro a InuYasha.

—Eh, clientes…

—¡El bastardo de Naraku no te hubiera dejado en paz! —apartó al pobre chico de un manotazo, causando que cayera al suelo, pero estaba demasiado molesta para obligarlo a pedir disculpas, y a decir verdad, poco me importaba pues trató de interrumpir. —¡Y no puedo llegar con una desconocida a decirle "me das todo tu dinero" como si fuera tan fácil, niña del demonio!

—¡¿Y entonces tenías que engañarme, casarte conmigo y luego romperme el corazón!?

—¡Kagome…!

—¡No me vengas con esas idioteces, fuiste un bastardo cruel que jugó conmigo y luego me botó sin más!

Estaba molesta, verdaderamente furiosa conmigo y con él. No sabía a quién odiaba más. Podía escuchar a los comensales acercándose, murmurando desaprobación y apoyo, al camarero que InuYasha había tirado pidiendo ayuda a gritos a cualquier persona que le apeteciera intervenir. Pude ver la expresión de sorpresa en ese idiota, pero él ya no pudo sostenerme la mirada.

Respiré y exhalé, tratando de recuperar la calma interna, pero verlo de esa manera tan deprimente era tan fastidioso como chistoso. Acaba de sacar a gritos todo lo que siempre deseé decirle, lo que nunca me atrevía a expresar. Y tras desahogar las penas podía finalmente pensar fríamente con la cabeza, de pronto la verdad me cayó como un balde agua helada, golpeándome con violencia. InuYasha me amaba, me amaba de verdad.

Yo seguía metida en todo eso mientras tuviera el dinero. Habíamos peleado como niños caprichosos enfrente de varias personas y al final no me había dicho mucho o nada de lo que necesitaba. ¿En qué se relacionaban Kikyou y Naraku conmigo y ese dinero?

Sin poder evitarlo comencé a reír, a pesar de que todos me miraran como si estuviera loca. El pobre chico maltratado se acercó a nosotros con dos guardias de seguridad, por su logotipo eran privados, le sonreí. —La cuenta.

Arrastré a mi marido a la salida.

OoOoO

—Oye —masculló InuYasha malhumorado. —Me vas a arrancar el brazo.

Lo ignoré.

Después de salir de aquella cafetería necesitaba refrescarme, salir a pasear, y aprovechando que estaba él a mi lado lo obligué a hacerme compañía.

—Cierra la boca —le espeté. —Aún no hemos terminado.

Era verdad. Con todo y lo que me había revelado el punto más importante seguía siendo un misterio para mí. Solo por las ganas de molestar me le colgué del brazo con mayor fuerza y lo vi gruñir sonrojado, aunque trataba de ocultarlo. Lo jalé un poco, haciéndolo pisar un charco hondo y me volvió a mirar como si quisiera matarme. La lluvia había terminado por suerte cuando salimos, pero la ciudad seguía mojada.

—Kagome…—pronunció, dulce, tanto que creí que lo había imaginado. —Perdóname.

—¿Por qué, específicamente, habiendo tanto que debo perdonarte? —cuestioné burlona, para aligerar la tensión. Si algo me había enseñado nuestra conversación es que lo conocía, más de lo que había creído, y aunque no hubiera sido del todo sincero, no estaba actuando por el puro placer de hacerme sufrir.

—Por todo —resopló. —Por dejarte, por ocultarte la verdad. Por permitir que Sesshoumaru me convenciera y dejarte a su cuidado.

Me detuve, haciéndolo trastabillar.

—Espera —renegué incrédula, mirándolo para exigir una respuesta más concreta. —¿De qué estás hablando? —Lo vi suspirar.

—Antes te dije que me casé contigo para que no te tuvieras que involucrar —asentí. —Pues, cuando estaba a punto de confesarte todo apareció Sesshoumaru para amenazarme —Intenté acercarme, pero esta vez fue él quien retrocedió un paso. —Me dijo que si no te dejaba de inmediato se encargaría de contártelo todo con lujo de detalles, y añadiendo de paso algunas mentiras para que me odiaras —Alzó la mirada, y supe que era real. De mi propia experiencia podía afirmarlo. —Después de eso comencé a beber y a alejarte, hasta que no pude más.

—InuYasha…

—Te mostré el divorcio para mantenerte a salvo y darme tiempo a resolverlo —río sin ganas, pasando sus manos por los cabellos y halando, frustrado. —Pero antes de poder evitarlo Sesshoumaru se tomó literalmente eso de tenerte "a su cuidado" y usó a Rin para conseguir que te quedaras en la mansión.

Por eso fue tan insistente. Pero no importaba ahora, podía creerlo, que InuYasha solo quería ayudar, sin embargo mi confianza en él jamás sería de nuevo la misma. Me abstuve de decírselo, pues ahora en mi situación era importante tener un aliado, no estaba de acuerdo con los métodos de su hermano, quizás si lo convencía, juntos podríamos enfrentarlo.

Tomé con cuidado mi oportunidad de obtener otra respuesta a una de mis dudas, la principal.

—¿Cuál es la relación entre ese dinero y yo? ¿Por qué Naraku y Sesshoumaru lo ansían tanto?

Lo vi dudar antes de atreverse a hablar, pero estaba segura que ya no me ocultaría nada. Estaba arrepentido de no haberme dicho, y si aún era la persona que yo creía conocer, había aprendido de ese error con creces.

—Hubiera querido que nunca te enteraras, aunque no es más que una pequeña parte de la verdad…

—Dilo ya —apuré. Pude notar como se aproximaba más relajado, y me revolvió el cabello con cariño, sonriendo ligeramente para tranquilizarme, pero la seriedad de sus ojos dorados me hizo preocupar.

—Naraku quiere ese dinero porque en primer lugar era suyo. Kikyou lo robó.

OoOoOoO

Notas de Kou: *llega arrastrándose* He… terminado… *desfallece* No saben cuánto me ha costado, y hubiera quedado muchísimo más largo si no supiera que llevan semanas esperando por mí. Lo siento mucho, tuve un bloqueo horrible pero me he recuperado.

Lo malo es que esto me llevó todo el día, así que no esperen que actualice casi nada más. A cambio les he revelado muchas cosas, tal vez demasiadas, y vienen muchas más. Ashjsfghjghjghsdfghsjkdfs me moría por escribir esta parte. InuYasha ahora se volverá un aliado, y ya saben cuál fue su papel. En el siguiente se verán más de los sentimientos de Kagome respecto a su confesión, ¿finalmente podrá resolver sus sentimientos? Ya que me tardé DEMASIADO no responderé reviews porque seguro no se acuerdan, pero mil gracias por todo su apoyo. Mimato bombon kou, sip, te lo regalo, solo que ya sabes que soy una tardada así que dame chance xD

¡Las amo, ya estoy escribiendo el próximo cap!