Disclaimer: El tío Mickey me prestó sus personajes para jugar un ratito, con la condición de que se los devolviera tal y como me los dejó. ¡Qué ratón tan simpático! :D

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Dispuesta a darlo todo en la rampa de skate, Elsa esperaba poder darle una lección a ese engreído pelirrojo que siempre se metía con ella. Lo que la rubia ignoraba, era que hasta los más descabellados comportamientos de quien era su competencia tenían una buena e interesante explicación.

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Día 21

Prompt: X Games de Verano

Género: Romance

Palabras: 999

Rating: K

Propuesta de: Lollipop87


Adrenalina


Demostrar su talento como skater y abrirse paso en el mundo de aquel deporte tan competitivo, era el sueño de Elsa Solberg. A sus veintiún años y con el triunfo obtenido en algunas modestas competencias, podía presumir de ser una de las patinadoras más jóvenes y populares de la escena actual, aunque tenía un largo camino que recorrer.

En aquel instante, a punto de debutar ante los asistentes de los X Games de Verano, la muchacha no pudo evitar sentir un nudo en el estómago. La imponente rampa del evento estaba siendo dominada por Gogo Tomago, una auténtica leyenda coreana del skate, a la cual la rubia admiraba con devoción.

La vio hacer una pirueta perfecta en el aire y caer sobre su patineta con precisión, y se sintió desfallecer por dentro.

"¡Es tan increíble!", pensó con emoción, ignorante de las pupilas verdes que la observaban en aquel instante, "ojalá algún día pudiera ser así de buena"

El público prorrumpió en aplausos y justo cuando el presentador volvía a repetir el nombre de la famosa skater, Elsa se percató de una persona que se ubicaba justo a su lado, obstruyendo parcialmente su visión.

—Es tan entretenido ver lo mucho que te emocionan estas cosas, copo de nieve. Eres como una niña en una feria, supongo que en tu pueblucho no hacían competencias así de importantes, ¿no?

—¡Lárgate, Hans!

La chica fulminó con la mirada al pelirrojo alto y de sonrisa arrogante que la miraba con desdén, y aferró su patineta con fuerza. Hans Westergaard podía ser el mejor skater de su categoría y un deportista admirable, si se lo miraba con objetividad. Pero también era egocéntrico, envidioso y desagradable, algo demasiado evidente aun a través de su falso porte de príncipe. Le había hecho la vida imposible desde el año pasado, cuando habían coincidido en un festival de deportes extremos.

¿Por qué siempre tenía que meterse con ella? Elsa lo odiaba con todo su ser.

—Si eso te impresionó, espera a ver como lo hago en esa maldita rampa. No tienes idea de donde estás metida —el joven se ajustó su casco y alzó la cabeza de manera engreída—. Tal vez puedas aprender una o dos cosas, chiquilla.

—¡No me llames así! —la albina lo fulminó con la mirada, haciendo un puchero con los labios y viéndolo marchar rumbo a la rampa, donde era su turno de deslumbrar a los asistentes.

Lo miró, conteniendo las ganas que sentía de borrarle esa estúpida sonrisa del rostro y se descubrió admitiendo para sus adentros lo bien que se manejaba montado encima de esa patineta, inconfundible a causa de las brillantes llamas que lo decoraban. El "zorro rojo" lo había vuelto a hacer, una rutina perfecta con piruetas dobles que prácticamente podía equipararse a la de la señorita Tomago.

La audiencia se volvió loca.

—Maldito idiota —murmuró Elsa, asegurándose de que su equipo de protección estaba bien colocado antes de salir a la rampa.

Los nervios se la estaban comiendo viva.

Subió a la rampa y fijó la vista en los copos de nieve que decoraban su propia patineta, (un detalle que ese insufrible pelirrojo no podía pasar por alto, desde luego) y entonces, se lanzó al vacío. Patinar, para Elsa, era casi como volar. Amaba la sensación de la adrenalina y el viento agitando sus cabellos, cada vez que se deslizaba sobre cuatro ruedas.

Hizo una pirueta casi imposible ante los ojos asombrados del público, la repitió al llegar al otro extremo y entonces, en medio de los espectadores, distinguió la mirada de esos ojos verdes y calculadores, contemplándola con una expresión indescifrable…

La blonda sintió que la patineta se despegaba de sus pies y cayó estrepitosamente al suelo, arrancándole un suspiro de dolor a la muchedumbre.

Había bastado un segundo para que perdiera la concentración.

Apenas fue consciente de como un par de asistentes médicos la levantaban y la retiraban con cuidado, para llevarla al cuarto que habían habilitado en casos de emergencia. Por suerte no se había roto nada, gracias a sus accesorios protectores. Pero el efecto de la caída le había mancillado uno de sus costados y el orgullo.

—¿Elsa?

La aludida levantó la mirada, sintiendo como la ira, la vergüenza y la sorpresa la invadían a partes iguales al ver a su némesis de pie en la entrada de la enfermería, mirándola… ¿con angustia? Eso sí era algo nuevo, Hans Westergaard preocupándose por alguien más que no fuera él mismo.

Al parecer se había pegado más fuerte de lo que suponía.

—Te… ¿te encuentras bien?

La chica se incorporó en la camilla, orgullosa.

—¿A ti qué te parece? —espetó, irónica.

—Siento lo que acaba de suceder.

—Ya, claro.

—Estuviste fantástica allá afuera. Sé que los jueces lo tendrán en cuenta, a pesar del final.

Elsa lo fulminó con la mirada, ¿cómo alguien podía ser tan hipócrita?

—¡No me importa! ¿Entiendes? ¡Ya lo haré mejor el próximo año! ¡Y si no el siguiente! Pero ni pienses que voy a retirarme del skate por esto, ¿escuchaste?

—Lo sé —Hans se aproximó a ella, extrañamente abochornado—, siempre he admirado eso de ti. Jamás te das por vencida. Me frustraba pensar que podrías opacarme, pero supongo que una chica como tú está hecha para brillar.

Elsa parpadeó, confundida.

—Me gustas, Elsa —confesó él—. Me gustas demasiado. Bueno, ya lo dije. Quisiera que aceptaras salir conmigo.

Por un segundo, la muchacha lo observó incrédula, antes de sonreír y acariciar con una mano el cuello de su camiseta, haciendo que se inclinara hacia ella, anhelante.

—No sabía que te sintieras de ese modo respecto hacia mí —comentó con coquetería, haciendo que el pelirrojo le dirigiera una mirada de adoración—, eso explica muchas cosas. ¿Sabes qué te digo, Hans?

—¿Qué?

El puño de la joven se cerró sobre su camiseta, bruscamente.

—¡Voy a patearte el trasero el próximo año, idiota!

Lo empujó y salió del lugar con la cabeza en alto. Hans suspiró, enamorado. Ella sí que era una reina.


Nota de autor:

Elsa poniendo en su lugar a mi pelirrojo como de costumbre, cual debe ser. 7u7r

Hola criaturas de la oscuridad, ¿qué tal las está tratando la semana? Espero que hayan disfrutado mucho del prompt de hoy, con todo e invitada especial incluida. ¿Adoro mucho a Gogo! Es mi personaje favorito de BH6, así toda ruda y genial. :D Mis pequeños no pueden evitar competir el uno contra el otro, apuesto a que después de ese evento de skate las cosas se pondrán especialmente interesantes entre ambos, más ahora que la pequeña Elsie sabe la debilidad de su rival. :3

Chiquillas, nos acercamos peligrosamente al fin de estos 30 días llenos de pasión, de lujuria, de Helsa. D: ¿Pueden creer que ya solo nos queden nueve? ¿Ya pensaron que van a hacer cuando se acabe el mes? Ya saben que no me enojo si actualizan sus fics o publican algo nuevo.