Antes que nada, disculpad la demora; os prometo que tenía el capítulo escrito desde el sábado pero cuando fui a subirlo el domingo, la página de fanfiction no me dejaba hacerlo, por ese motivo he tenido que esperar tanto tiempo para poder subir el capítulo, espero que podais entenderlo y que no creais que me he olvidado de vosotros :D
Y hablando de vosotros, vamos a ver:
Cloeevans, ZarY, Alteia, IrEpElYeLoWiNxUeVaNs, catti-brie potter, Mary93, Merodeadora Lu, mmvvblack, kaitleen, Luchy Black, xacuarelax, Raven Yaxley, Desiré Zelany, LadyCornamenta, jAnE-dArLiNg, Armelle Potter, Klass2008, amintajuliette, Mariet Malfoy Snape, amsp14, naruweasley, Lharien, Gaia, Pauhla, Guille, wynchester, Tere Black, lyn, I love Weasleys and Merodeadores, leyla, Terry Moon, arrianita, Lizzy Black 86, PaulyProngs, Cornamenta-Guille, maria, camila, I need new chapter!
Muchas gracias a todos por vuestros comentarios y reviews y sobre todo muchas gracias por ser pacientes y esperar a que subiese este nuevo capítulo; entre los examenes y el trabajo apenas tengo tiempo pero siempre que sigais dejándome vuestros ánimos, seguiré escribiendo.
Y si me permitís, quiero dedicar este capítulo a una chica que se llama Verónica y que es mi mejor amiga; alguien que me ha demostrado a lo largo de los años que siempre está ahí para quien la necesite sin pedir nada a cambio, alguien que llame a la hora que llame siempre me contesta e incluso a veces antes de llamarla sabe que me ocurre algo. Estuvo a mi lado cuando pasé por una mala época y ahora le toca a ella… No está teniendo una buena racha y sólo quiero decirte que estoy aquí para lo que quieras, cuando quieras y a la hora que quieras… No dudes en llamarme si me necesitas. Un beso, bonita.
Y ahora sí, os dejo con el capítulo tan ansiado… Sirius y Ann estarán untos por fin? Espero que sí, porque entre estos dos me da a dar un infarto!
Espero que os guste, nos vemos abajo; un besito!
Capitulo 19. ¿Me he enamorado? Carta y un beso.
Danielle no había dormido en toda la noche; no era sólo porque le preocupara la actitud de Ann y de Sirius, después de todo, ella ya lo veía venir. Era cierto lo que había dicho la noche anterior, Sirius no era malo, un poco despistado sí, bueno, quizá demasiado despistado, pero estaba segura de que no le estaba haciendo daño a Ann de forma intencionada. A su lado, Emily se revolvió un poco y Dani no pudo evitar sonreír cuando un "Peter…" murmurado se escapó de los labios de la chica.
Era la carta. La dichosa carta que había recibido y que aún no se había atrevido a abrir lo que la estaba volviendo loca hasta el punto de comportarse de manera arisca con Remus.
Y sinceramente, él no se merecía eso; y además de culpable por mentirle a su novio cada vez que éste le pregunta qué le ocurría y ella negaba suavemente, se sentía idiota y estúpida por no confiar en él.
Resopló mientras apartaba las mantas de su lado y salía de la cama, agradeciendo en silencio el haber dormido en la esquina y así no tener que molestar a nadie para salir de allí. Procurando que ninguna de las chicas se despertara, abrió el baúl que estaba en el mismo lugar que la noche anterior, donde debería haber estado los pies de su cama y después de escuchar le leve chasquido miró a las chicas que seguían dormidas plácidamente. Rebuscó en el interior del lugar y encontró lo carta que había guardado, la tomó despacio, volvió a cerrar el baúl y se sentó en la cama más próxima, la de Emily.
La miró recelosa. Conocía aquel símbolo que sellaba el sobre que tenía delante de sus ojos. El sello oficial de los Adams. Pocas habían sido las veces que Danielle había recibido una carta oficial de su padre, pero esas pocas veces habían sido para darle malas noticias. La última vez había sido para comunicarle la muerte de su abuelo paterno, Zackarias Adams, alguien que, al igual que ella, había demostrado que hay gente dispuesta a defender a otras a toda costa sin importar la sangre o el apellido; Zackarias Adams había sido enterrado en un cementerio común, lejos del panteón familiar de los Adams y excepto ella, Sirius y un par de amigos y conocidos que aún luchaban por que la estirpe y la sangre no fuera lo que dominara el mundo, el entierro había sido silencioso y solitario.
Y ahora de nuevo tenía una carta. Suspiró y respiró tranquilamente intentando controlarse, intentando controlar los nervios que abrir aquel sobre suponía. Sus manos se movieron sobre el sobre rasgando el sello y sintiendo, al hacerlo, una profunda sensación de orgullo. Romper el sello de su familia siempre le producía aquella sensación de bienestar y paz; era el simbolismo de romper con su familia y sus lazos, los lazos que la atosigaban desde hacía años y a los que estaba ligada por aquel estúpido tatuaje y el colgante que llevaba contra su piel, el mismo colgante que Sirius llevaba en su cuello.
Estaba a punto de abrir la carta cuando escuchó un leve ruido y alzó su cabeza. Para no variar, pensó la chica, la primera en despertarse era Annie, y siempre con los primeros rayos del sol, algún día tendría que preguntarle cómo lo hacía para controlar la hora de aquel modo.
Cuando los ojos claros de Ann se centraron en los suyos en una clara muestra de que la había escuchado levantarse, le sonrió mientras dejaba la carta aún cerrada sobre la cama.
-¿Estás mejor? –preguntó en un susurro para no despertar a las demás.
Ann asintió mientras salía como podía de la cama, tarea nada fácil dado que estaba en medio de Lily y Emily y ambas parecían haberse puesto de acuerdo para abrazarla, de modo que Lily tenía su brazo pasado por detrás de la nuca de Ann y abrazaba sus hombros mientras que la otra chica la tenía sujeta por la cintura, como si temieran que en cualquier momento pudiera desaparecer o irse de allí.
Cuando Ann consiguió salir del montón de brazos, piernas y sábanas que habían allí, se sentó en la cama de Emily junto a Danielle que se apresuró en esconder la carta que tenía en sus manos bajo la almohada.
-Gracias por lo de anoche… -empezó a decir Ann con dulzura.
Dani negó con la cabeza.
-La amistad es no tener que dar nunca las gracias –le contestó Danielle-. ¿Vamos a desayunar?
-¿Y Lily y Emily?
-Se despertarán pronto, pero pensaba que podríamos ir a buscar a Tom –añadió con una sonrisa.
Ann puso cara de circunstancia. Tom Lo había olvidado por completo. Había estado tan pendiente de lo que había ocurrido con Sirius que había olvidado por completo que Tom también había estado allí y había presenciado lo ocurrido; y nadie mejor que ella para saber cómo debía sentirse el chico en aquellos momentos, dado que seguramente el lobo que llevaba dentro quería rebelarse y despedazar a Sirius Black por haberla hecho llorar.
-Tengo que hablar con Tom antes de que mate a Sirius –dijo la chica levantándose rápidamente y tomando la bata que había sobre su cama.
-Pero te dará tiempo a…. –empezó a decir Dani-… vestirte… -suspiró y sonrió.
Tomó su ropa, se vistió deprisa y salió de la habitación mientras se arreglaba el cabello peinándolo con sus dedos; la carta olvidad bajo la almohada de Emily.
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-¡Arriba todo el mundo! –gritó un agitado Sirius saltando de cama en cama despertando a todos los ocupantes de la habitación.
James comprendía la alegría de Sirius y bostezó mientras buscaba sus gafas en la mesita y escuchaba como Peter protestaba por ser despertado tan temprano y de semejante forma.
-Si no dejas de saltar, te petrifico –anunció tranquilamente Remus a la figura saltante que en aquellos momentos estaba en su cama.
-¿Por qué estás tan contento? –preguntó Peter en medio de un bostezo mientras se rascaba la nuca y se desperezaba.
-Porque Lunático y yo hemos aclarado las cosas –dejó de saltar y con su último bote se sentó junto al licántropo que lo miraba de forma condescendiente, igual que se mira a un hijo cuando ha dicho una tontería pero no se lo quieres hacer notar para no herirle los sentimientos.
-Y porque anoche viniste tarde –añadió James saltando dentro del baño-. ¿Con quién estuviste, Canuto?
-Con Larsen –dijo Sirius sonriendo lascivamente-. Pero no pasó nada y no tiene nada que ver con mi humor, en realidad, la conversación de esta madrugada ha sido lo que me ha hecho cambiar el humor –añadió antes de que Peter fuera a decir algo mientras escuchaba a James reírse en el baño.
(flashback)
Sirius dio vuelta en su cama una vez más; resopló. Hacía calor o él tenía calor, o él estaba tan cansado de pensar en lo mismo y de darle vueltas siempre al mismo tema que ya tenía calor por todo el cuerpo y las mantas y sábanas le sobraban.
Se giró hacia la cama de la izquierda donde James permanecía con las cortinas cerradas; pese a eso, la respiración acompasada y controlada de su ocupante le indicaba que James estaba despierto.
-Psss –le llamó en un silbido-, Cornamenta, ¿estás despierto?-James no contestó y Sirius lo volvió a intentar-. Vamos, James, deja de pensar en lo mucho que te gustaría estar con tu pelirroja Evans y hazme caso…-se escuchó una leve risita pero no hubo contestación; Sirius resopló-, James… es sobre Annie.
Como si aquella hubiera sido la señal que el chico de gafas hubiese estado esperando, las cortinas rojas se abrieron y dejaron ver entre ellas el rostro alegre y siempre risueño de James Potter mientras se colocaba las gafas; odiaba no ver nada sin ellas, pero la última vez que le había visitado el medimago en San Mungo que la había advertido que no era compatible con las lentes de contacto mágicas, así que tendría que quedarse con gafas para siempre; en realidad no le había importado demasiado; las gafas formaban parte de él y estaba seguro que no sería él mismo si no las llevaba.
-¿Por fin te has decidido? –preguntó saltando de su cama a la de su amigo.
-No, sólo… -empezó a decir. James esperaba impaciente y Sirius resopló-. ¿Tengo que decirlo?
-Vamos, Canuto, si no eres capaz de decírmelo a mí, ¿cómo pretendes decírselo a Ann?
-¡No voy a decírselo! –aclaró Sirius-. Sólo quería que supieras que me he aclarado y que…
-¿Sí? –instó James con un ademán de mano para incitarlo a hablar.
Sirius se pasó una mano por el cabello algo largo y James tuvo que contenerse para no reír; si bien era cierto que él siempre se estaba despeinando a propósito, Sirius hacía ese gesto cada vez que estaba nervioso, aunque claro, el cabello de Canuto se quedaba de nuevo en su sitio, perfecto, en cambio el suyo… bueno, el suyo era imposible de domar.
-CreoquemegustaAnnie… -susurró Sirius y de carrerilla por si se le olvidaba aquello.
-¿Puedes repetirlo esta vez como las personas normales, Sirius? –preguntó amablemente James conteniendo a duras penas la risa ya que había entendido perfectamente a su amigo.
-Creo que me gusta Annie –repitió esta vez Sirius después de resoplar y mirar a su amigo receloso.
-¡Felicidades! –le felicitó James dándole una palmada y gritando sin importarle que los demás ocupantes de la habitación estuviesen dormidos.
-¿Estás loco? –Sirius corrió las cortinas rápidamente y las hechizó con un encantamiento de privacidad-. ¿Quieres que se entere todo el mundo en especial Peter para que se lo cuente a Banks y la psicópata de tu novia –James carraspeó levemente y Sirius rodó los ojos-, y tu novia y la de Peter me quieran matar? –le preguntó finalmente.
-¿Qué problema hay? –James se encogió de hombros-. Después de todo, vas a decírselo.
Sirius le miró pero no dijo nada.
-¿Sirius? –el chico hizo una mueca-, vas a decírselo ¿verdad?
-No estoy seguro… -confesó el animago.
-¿No estás seguro? Has rechazado a Leyla Larsen porque te gusta Ann y ¿no estás seguro de que vayas a decírselo? –Sirius asintió medio avergonzado-. Vaya… va en serio…
Sirius le miró con el ceño fruncido.
-¿Cómo que "esta vez va en serio"?
-No me malinterpretes Sirius, es sólo que… -empezó a decir James-…te conozco desde los once años y durante estos años te has enamorado unas cinco veces a la semana, todas ellas de diferentes chicas.
-Esto es diferente… -aseguró Sirius.
James sonrió.
-Lo sé, por eso creo que es necesario que se lo digas –Sirius le miró para ver si James estaba bromeando, pero no encontró ningún rastro de broma alguno.
-Ella no… -suspiró-… no es como las chicas con las que he salido, Cornamenta, ella es diferente, es… distinta…
James le sonrió.
-Creo que no solo te gusta, Canuto… creo que te has enamorado por primera vez en tu vida…
Sirius le miró y como si de repente las palabras de James le hubieran hecho ver algo que no había visto hasta entonces, sonrió de forma boba, justo del mismo modo en que James sonreía cuando veía a Lily.
-¿Me he enamorado?-preguntó para asegurarse-. Me he enamorado… -dijo otra vez sintiendo lo bien que sentaba esas palabras-… me he enamorado…
-Banks te va a matar –sentenció James-. Ahora que está todo aclarado, buenas noches, Canuto.
Pero Sirius no le contestó e incluso James podría jurar que no había escuchado la frase "Banks te va a matar", Sirius Black estaba disfrutando de lo que era sentirse enamorado por primera vez en diecisiete años.
(fin flashback)
Sirius se giró hacia Remus y lo apremió a vestirse-. Dani tiene que estar a punto de bajar a desayunar y quiero hablar con los dos –dijo levantándose y metiéndose en el baño donde se pudo escuchar una queja de Cornamenta por algo referido al agua fría.
-¿Habéis hecho las paces? –preguntó Peter empezando a tomar sus cosas para vestirse.
-Sí –contestó el otro chico-. Aunque creo que su buen humor se debe más a haber estado anoche con Larsen que a nuestra recién recuperada amistad –añadió con tono sarcástico pese a que estaba muy claro que únicamente estaba bromeando mientras se vestía.
-Vamos, presiento que Danielle está ya bajando –dijo tirando del licántropo que aún estaba poniéndose la túnica de forma adecuada.
Y estaba en lo cierto. La figura de Dani se presentó ante sus ojos en cuanto abrió su puerta y bajó al rellano. Danielle parecía que estaba también recién salida de su cuarto. Le sonrió ante la mirada escéptica de la chica.
-Contigo quería hablar yo –dijo el chico pasándole un brazo por los hombros a Dani que lo miró desconfiada.
-Si vas a decirme de nuevo que no…
-A veces tendrías que esperar a que te digan las cosas para saber lo que te van a decir –dijo el moreno sin perder la sonrisa-. He estado hablando con mi buen amigo Remus –el aludido sonrió en dirección a su novia y Sirius-, y después de hablar con él he llegado a la conclusión de que te quiere y de que estáis juntos en serio.
-Claro que es en serio –protestó Dani frunciendo el ceño.
-Y por eso no voy a interponerme entre vosotros ni voy a enfadarme con ninguno de los dos –añadió-. En realidad, me alegra que estéis juntos, no podría pensar en un chico más adecuado para ti que Remus y en cuento a ti –miró a Remus-, cuídamela o te las verás conmigo.
-De acuerdo Canuto, ahora ¿podemos ir a desayunar? Tengo hambre –anunció Remus.
-¡Tortitas! –exclamó el animago sonriente-. Un buen montón de tortitas con sirope de caramelo por encima y nata y esa mantequilla… mmmm ¡vamos a desayunar! –añadió empezando a bajar las escaleras.
-Nunca cambiará ¿verdad? –preguntó Dani con una sonrisa.
-Si lo hiciera, no sería Sirius –le contestó Remus besándola suavemente-. Buenos días.
-Buenos días… ¿Qué? –preguntó al ver cómo fruncía el ceño.
-Hueles a lilas –se extrañó-. No es que sea malo, es solo que siempre hueles a limón y…
-Dormimos todas juntas y dormí junto a Emi –se encogió de hombros ella como si aquello fuera la explicación que él estaba esperando.
-¿Dormisteis las cuatro en una cama?
-En dos –corrigió Ann empezando a bajar los escalones tomada de la mano de Remus-. ¿Por qué te ríes? –preguntó con una sonrisa debido a que la risa del chico se le había contagiado.
-Me estaba imaginando la cara de Sirius si llega a saber que han dormido cuatro chicas juntas en la misma cama –dijo aún divertido.
Dani iba a protestar y a replicar algo cuando ella también se imaginó la escena y acabó riendo también.
-Buenos días –oyeron que saludaba Sirius a alguien, todo su buen humor ya desaparecido.
Dani rodó los ojos.
Tom estaba en la sala común, seguro.
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Tal y como había imaginado, Tom estaba sentado en una de las sillas de la sala común, sus brazos cruzados sobre el pecho, las piernas elegantemente cruzadas una sobre la otra, el cabello negro cayendo sobre sus ojos y su mirada fija en las escaleras de los chicos. Ann titubeó un poco al llegar al final de las escaleras. Vio un destello dorado en los ojos de Tom y supo que el lobo intentaba tomar el control. Sólo una vez lo había visto de aquella manera. En quinto curso, cuando el idiota de Snape había creído que sería buena idea tirar en su caldero esencia de romero, una planta a la que ella era alérgica y que, de haber entrado en contacto con su piel, habría provocado una reacción alérgica bastante grave que la podría haber dejado hospitalizada en la enfermería durante un par de semanas. También en aquella ocasión le había tocado calmar al lobo y a la parte veela del chico. Suspiró; otra vez le tocaba.
Se ajustó el cinturón de la bata y caminó hacia él.
-Buenos días Tom… -saludó con cierta precaución.
Para su sorpresa, Tom le sonrió.
-Buenos días princesa –frunció el ceño-. ¿No deberías vestirte? –preguntó el chico viendo el atuendo de ella y dejando claro que no le hacía gracia que se paseara así por toda la torre.
-No te preocupes, nadie va a querer fijarse en mí –dijo ella medio en broma. Tom la miró con el ceño aún fruncido y ella se dio cuenta de que no le había hecho gracia su comentario.
-Ann… -empezó a decir él.
-¿Qué haces por aquí? –preguntó ella antes de que él terminara su reprimenda.
-Nada, me he despertado, me he duchado, vestido y he venido a buscaros para ir a desayunar… -dijo con indiferencia.
-Oh, bien, entonces me voy a vestir y te acompaño –contestó ella alegre y aliviada de que no tuviera ninguna otra intención-. No tardo ¿vale?
-Tranquila, tienes tiempo de sobra… -le contestó Tom con una sonrisa para nada tranquilizadora.
-Sé que me arrepentiré de preguntarlo, pero ¿por qué dices eso?
-Porque pienso matar a Black antes de ir a desayunar –anunció como quien anuncia el tiempo del día.
Ann suspiró. Era demasiado bonito para ser verdad.
-Tom –lo llamó poniéndose de rodillas delante de él-. Sirius no tiene la culpa, él no ha hecho nada malo.
-Te ha hecho llorar –dijo Tom-. Y no te atrevas a negarlo porque lo he sentido –dijo de forma amenazadora antes de que a ella se le ocurriese mentirle.
-¿Has estado espiándome? –preguntó ella.
-No me hace falta, tengo sangre veela y por tanto, estoy en unión con tus sentimientos ¿recuerdas? –preguntó el chico sujetando la barbilla de Ann para mirarla a los ojos-. Y tienes los ojos hinchados –dijo como si fuera suficiente.
-Olvidaba esa parte de los veelas –admitió ella avergonzada por haberse visto pillada a punto de mentir. Y era cierto, lo había olvidado por completo, pero quizá, ahora que lo sabía podía utilizarlo a su favor-. Sabes qué es lo que siento en estos momentos, ¿verdad? –no era una pregunta, sino una afirmación.
Tom asintió levemente.
-Entonces también sabrás que no culpo a Sirius y que no quiero que le hagas nada –dijo la chica a continuación.
-Él te ha lastimado –insistió Tom dejando claro que no iba a dejar pasar algo semejante-. Y nadie tiene derecho a lastimarte, sea de la manera que sea.
-Yo sola me he lastimado, Tom. Él no ha hecho nada más que ser Sirius Black –alegó ella con una dulce sonrisa-. No le hagas nada, por favor… -pidió.
Tom miró a Ann. Hermosa. ¿Cómo no podía darse cuenta Sirius de lo bonita que era esa chica, ¿cómo podía tener la desfachatez de hacerle daño?
-Está bien… -concedió el muchacho-… pero no voy a dejar que vuelva a hacerte daño –aseguró el chico.
-Gracias… -Ann se levantó y besó al chico fugazmente en la mejilla.
-Buenos días –la voz grave de Sirius sonó detrás de ellos.
Ann respiró profundamente y se giró hacia el moreno que bajaba seguido de Remus y Dani a quién parecían haberse encontrado en las escaleras.
-Buenos días, chicos –saludó alegremente Ann-. Espérame fuera, ¿vale? –le pidió a Tom al ver que éste emitía un leve gruñido pese a su voluntad de no hacerlo.
-Está bien… -aceptó Tom-… no tardes princesa –añadió mirando de reojo a Sirius.
Dos minutos. Es el tiempo que Tom Rexton tardó en abandonar la sala común de Gryffindor dejando a las chicas que ya estaban levantadas embobadas. Tiempo durante el cual Sirius no dejó de mirar al chico de forma fía y directa.
-No entiendo por qué tiene que llamarte princesa siempre –gruñó Sirius.
Dani iba a intervenir, pero para su sorpresa, fue Ann la que habló.
-¿Por qué no puede él que es mi mejor amigo llamarme como quiera? Además –añadió-, me gusta que lo haga, hace que me sienta especial –se giró hacia Dani y le sonrió-. Voy a vestirme y a despertar a las chicas.
-Ann ha sido un poco… -empezó a decir Remus ante la mirada sonriente de Dani.
-Fría –se sorprendió Sirius-. La influencia de Rexton no es buena para ella –añadió mirando a Dani como si ella pudiera hacer algo para evitar aquello.
La morena elevó sus manos en señal de defensa antes de coger a su novio por el brazo y empezar a andar con él hacia la salida.
-Tom es la mejor influencia que ella podría tener.
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El ambiente estaba tenso. La comida parecía querer atragantarse en las gargantas de los que estaban presentes, bien por sus propios pensamientos, bien por estar pensando en los demás. Así, Danielle pensaba en como decirle a Remus lo de la carta, Remus pensaba qué era lo que podía ocurrirle a Dani, Emily miraba furiosa a Sirius como si en cualquier momento fuera a saltar sobre él y Peter no hacía más que mirarla reconociendo su mirada fría y estando pendiente por si era necesario sujetarla porque, aunque no sabía porqué había sido, estaba seguro de que Emily se había enfadado con Sirius… otra vez. James miraba de reojo a su amigo, resoplaba, miraba a Ann, volvía a resoplar y fruncía el ceño después de revolverse el cabello de forma instintiva. Lily, a su lado, miraba de reojo a Ann, más por costumbre que por necesidad, pues sabía que con Tom al lado, no podía pasarle nada. Sirius miraba receloso y furioso a Tom, Ann tenía la cabeza baja y sólo cuando Tom hablaba con ella, ella sonreía, y Tom miraba con una inusual frialdad a Sirius Black.
Sí, definitivamente era una comida un poco tensa. Y quizá Lily o James hubieran intentado entablar una conversación si no hubiera sido porque toda la mañana la habían pasado del mismo modo, frente a unos asombrados profesores que no entendían qué podía estar pasando para que Sirius Black no tuviera ganas de armar escándalo y es que cada vez que abría la boca para soltar una de sus gracias o comentarios, Tom Rexton aparecía en su campo de visión sonriéndole a Ann, acariciándole un brazo o simplemente besándola en la mejilla con total naturalidad. Y se odiaba por odiar a aquel chico cada vez que estaba junto a Ann porque no entendía qué diablos le estaba pasando.
-Come –dijo entre risas Tom mientras ponía en el plato de Ann un poco más carne de lo que ella se había puesto.
-No tengo más hambre –le contestó Ann.
-No te he preguntado eso, si mal no recuerdo, ni siquiera te he preguntado nada –le contestó él con fingida seriedad-. Más bien te he ordenado que comas. Estás muy pálida –añadió mirándola preocupado.
-Eso es cierto –observó James-. ¿Te encuentras bien? –preguntó.
-Sí, sólo no he dormido muy bien, nada serio –contestó la chica descartando la preocupación de los chicos.
-Te he dicho muchas veces que vengas a dormir conmigo –dijo Tom con tranquilidad sin perder de vista a Sirius de reojo-, después de todo, seguro que acabaríamos tan cansados que acabarías durmiéndote.
-¡Tom! –protestó Ann notando como enrojecía violentamente.
-¿Está diciendo lo que creo que dice? –preguntó Peter mirando a Emily.
-Si crees que le está proponiendo una noche de sexo salvaje, sí –contestó Lily por su amiga que en aquellos momentos estaba tragando un pedazo de pan y no podía hablar.
-¿Y tú desde cuando hablas así sin sonrojarte? –preguntó James mirando a su novia con un brillo pícaro en los ojos.
-Desde que tengo un novio que parece un pulpo –dijo divertida Lily al tiempo que apartaba una de las manos de James que estaba paseando sobre su pierna, bastante más arriba de la rodilla-. Estate quieto, ¿quieres?
-Entonces, ¿duermes conmigo esta noche? –preguntó Tom mirando a Ann directamente.
El estruendo que causó la copa de Sirius cuando ésta fue dejada sobre la mesa con brusquedad, hizo que tanto los merodeadores como sus novias lo miraran.
-Ann no va a ir a dormir a ningún sitio que no sea en la sala común de Gryffindor –James carraspeó levemente y enarcó una ceja mientras lo miraba.
Sólo cuando ocurrió aquello y notó la mirada de su amigo a través de las gafas, Virus fue consciente de lo que había dicho.
-Está prohibido entrar en las oras salas comunes a pasar la noche –añadió para defender su alegato-. ¿Verdad, Remus?
Remus se encogió de hombros y estaba a punto de decir que no pasaba nada siempre que los profesores no se enteraran de esa pequeña excursión nocturna cuando notó la mirada fría de Sirius que solía reservar para los Slytherin y se dio cuenta de que era mejor para su propio bienestar que cambiara el discurso de lo que iba a decir.
-Creo que sí.
-¿Ves? No puedes ir a dormir a ningún sitio –concluyó Sirius masacrando, como luego lo describiría Dani, el muslo de pollo que tenía delante de su plato.
-¿Y quién ha dicho que vayamos a dormir? –insinuó Tom pasando su mano libre por la cintura de Ann.
-¡Thomas Alexander Rexton, ya vale! –le llamó la atención esta vez Ann.
Peter se atragantó con su zumo de calabaza al escuchar aquella proposición, James y Remus sonrieron a medias; Dani y Lily rodó los ojos y Emily se limitó a mirar de mala manera a Tom mientras que Sirius apretaba los dientes mientras se repetía a sí mismo una máxima "no voy a hacerle daño"
-Ten cuidado con lo que dices, Tom, podría enfadarme contigo –le dijo Emily claramente molesta.
Tom sonrió.
-Perdona, había olvidado tu sobre protección –se disculpó el chico. Se giró hacia Ann-. ¿Te he molestado?
Annie negó con la cabeza.
-No, pero no vuelvas a decir algo así delante de tanta gente.
-¿Eso quiere decir que si no hay gente sí puedo hacerlo?
-¡No! –dijeron al mismo tiempo Emily, Ann y para sorpresa de todos, Sirius.
James le miró enarcando una ceja y Sirius interpretó su mirada de la única forma en que podía hacerlo "te lo dije", así que el chico se limitó a intentar arreglarlo.
-Cualquier podría oírte y a saber qué pensarían sobre Annie…
-¿Y desde cuándo te importa a ti lo que la gente piensa de Annie? –preguntó Dani divertida.
-Cállate Adams –sugirió Sirius con un leve gruñido inocente que hizo reír suavemente a Danielle.
-A mi también me gustaría saberlo –dijo Tom-. Quiero decir, ¿desde cuándo no tienes a ninguna conquista en tu punto de mira Black, para que tengas que preocuparte por tus amigas? –preguntó con evidente sarcasmo.
-Siempre me preocupo por mis amigas –se defendió Sirius.
-El problema es que nunca le duran demasiado –opinó Peter sonriendo traviesamente.
Los ojos de Ann se clavaron en la entrada y sintió que de nuevo su mundo se hundía. Dejó el plato casi intacto con la comida que Tom le había servido y se puso de pie de forma resuelta mientras respiraba hondo intentando calmar las ganas de llorar de nuevo.
-Tengo que ir a la biblioteca –anunció Ann cuando Liy la miró.
-Pero si han anulado las clases de esta tarde –dijo Danielle a quién la biblioteca parecía darle alergia-, alguien y no quiero mirar a nadie –sus ojos volaron sobre los ojos de los cuatro merodeadores-, han conseguido que las ranas que íbamos a utilizar en transformaciones se escapen, y por lo que respecta a pociones… Slughorn ha decidido dar otra de sus fiestas esta noche, así que ha anulado las clases.
-Esas ranas necesitaban ver mundo –sentenció muy serio James.
-Y que le diera un poco de luz –añadió Peter divertido al recordar las setenta ranas saltando por las ventanas de la clase de la profesora McGonagall.
-Es una injusticia que traten así a los animales –dijo Sirius convencido de lo que decía.
-Toda criatura viviente necesita ser libre –intervino Remus con tranquilidad.
Los cuatro chicos se miraron entre ellos y se echaron a reír suavemente.
-Aún así tengo que ir a la biblioteca –dijo la chica que veía como cada vez se acercaba más Leyla Larsen a la mesa de los leones.
-Espera, te acompaño –se puso de pie Tom enseguida-, hay escenas que deberían quedar en la intimidad –miró a Sirius de forma significativa.
-¿A qué ha venido ese último comentario? –preguntó Remus mientras se servía un poco más de agua cuando Annie y Tom ya no estaban en la mesa con ellos.
-Hola Sirius –dijo la voz engatusadora y felina de Leyla a sus espaldas.
Dani, Lily y Emily se miraron entre ellas. Ninguna había notado que Larsen se acercaba tanto a ellos y estaban seguras de que Ann se había marchado por aquello mismo; siete años compartiendo el mismo cuarto les había ayudado a entenderse sin necesidad de hablar.
-Hola Larsen – la miró de arriba abajo-, hoy estás muy guapa –dijo con un guiño antes de girarse para seguir comiendo como si no hubiera pasado nada.
-Gracias, hasta luego, chicos –dijo mirando de forma provocativa a James, lo que ocasionó que cierta pelirroja repasara mentalmente todos los hechizos y maldiciones leves que conocía.
Remus miró a Peter, Peter miró a Emily, Emi miró a Dani y Dani a Lily que a su vez clavó su mirada en James. Pero ni James ni Sirius parecían estar mucho por la labor de prestarles atención; ambos estaban comiendo lo que tenían en sus platos como si Hogwarts fuera a acabarse el día de mañana, dado a la velocidad con que comían y a la cantidad que estaban ingiriendo.
-¿Qué? –preguntó Sirius al notar que todos excepto James le miraban.
-Siempre pensé que eras descuidado con tus novias, pero creo que esto ya es pasarse, Canuto –observó Peter frunciendo el ceño ligeramente.
-¿A quién te refieres cuando hablas de novias? –pregunto Sirius confuso.
-Y además lo ignoras… Sirius, deberías despertar de una vez y madurar –le recriminó Danielle.
-¿Pero qué… -miró a Remus que parecía demasiado ocupado pensando en algo para escuchar la conversación. Buscó apoyo en James que se limitó a encogerse de hombros-, James, ¿tú sabes de qué están hablando?
-Creo, mi estimado amigo –James se tomó su tiempo para hablar-, que los aquí presentes tienen la idea de que estás saliendo con Leyla Larsen.
Sirius hubiera escupido el zumo de calabaza de estar tomándolo en aquel momento.
-¿Cómo habéis llegado a semejante conclusión con respecto a Larsen?
-¿No es cierto? –preguntaron Lily y Peter.
-¡No! –dijeron al mismo tiempo James y Sirius, el primero divertido, el segundo sorprendido.
-Repasemos –propuso Peter-. Te fue a buscar el otro día a Gryffindor…
-Estuviste saliendo con ella –señaló Dani.
-Has quedado con ella un par de veces –intervino James.
-Incluyendo anoche –dijo Remus.
-Siempre presumes de que es una diosa –pronunció Emily con sarcasmo y desdén, estaba claro que no le caía bien Larsen
-Y además, Annie y Tom te vieron anoche besándola –Lily se encogió de hombros-. A eso se le llama salir ¿no?
-¿Qué hacía Ann por la noche con Rexton? –preguntó a su vez Sirius mirando a la pelirroja con los ojos entrecerrados.
-James… -llamó Lily sintiendo que la mirada de Sirius iba a congelarla.
-¿Mmm? –preguntó éste sin inmutarse ante la mirada de su amigo y casi hermano.
-Sirius me da miedo… -le susurró la chica bajito y al oído.
James se colocó bien las gafas, suspiró, se levantó del banco y pasó por detrás de Danielle y Remus, colocó una mano sobre el hombro de Sirius y le instó a que se levantara, cosa que el chico obedeció sin apartar la mirada de las chicas que lo miraban entre desconfiadas y enfadadas y de cierto licántropo que parecía estar de demasiado buen humor pese a que se acercaba la luna llena; Peter escondiendo la risa tampoco parecía demasiado intimidado.
Ninguno de ellos supo qué le estaba diciendo James a Sirius, lo único de lo que pudieron darse cuenta fue de que el animago abandonó el Gran Comedor a grandes zancadas sin siquiera volver la vista atrás, salvo para lanzar un hechizo de agua sobre Snape, cosa que, como argumentó Peter en la mesa, se debía a la costumbre más que a otra cosa.
James Potter se sentó con su habitual elegancia y desparpajo en su sitio, tomó un muslo de pollo y le puso salsa picante por encima, cogió el cuchillo y el tenedor con suavidad y procedió a cortarlo. Sólo cuando lo hubo catado y hubo decidido que esta vez los elfos habían acertado con el punto justo de pimienta en la salsa picante, fue consciente de que las miradas de sus compañeros estaban sobre él.
-¿Qué? –Lily le miró enarcando una ceja y con cara de "¿qué ha pasado?" que James supo interpretar perfectamente-. Oh, eso, sólo le he dicho si prefería intimidar a mi novia o ir a buscar a Ann para aclarar ese malentendido acerca de Larsen –dijo.
-¿Por qué habría de querer Sirius… -empezó a decir Danielle. La mirada de James fue suficiente-. ¡Oh! –dijo mirando a James.
-Exacto, ¡oh! –convino James.
Remus miró a James y a Danielle de forma alternativa hasta que la alarma se encendió en su cabecita y miró a ambos chicos.
-¡Vaya! –exclamó.
James se apiadó de la mirada de confusión de su novia y antes de que pudiera decir o preguntar algo, la acercó a él y le susurró unas palabras.
-¿En serio? –parecía realmente contrariada-. Vaya… nunca pensé que…
-¿Se puede saber qué…
-Peter, ¿recuerdas el prototipo de Sirius? –preguntó Remus con tono amable. Peter asintió-. Pues todo lo contrario.
Los ojos de Peter se entrecerraron ligeramente buscando en su memoria alguien que pudiera ajustarse al estereotipo contrario de lo que hasta el momento era el prototipo de Sirius Black; altas, delgadas, y con la inteligencia justa para pasar el día, sumisas y sin carácter. Sus ojos se abrieron cuando encontró en el archivo de su cabeza la imagen de una chica totalmente contraria.
-¡Esto va a traer consecuencias! –exclamó entre divertido y preocupado mirando a Emily.
-Es tu novia, díselo tú –dijo James deshaciéndose de tener que decirle a Banks que Sirius estaba enamorado de Ann y que recién se había dado cuenta.
-¿Alguien quiere decirme qué diablos ocurre?
-Nada cielo –le contestó Peter pasándole una mano por la cintura para sujetarla mientras que se aseguraba de que ella no pudiera alcanzar los cuchillos, cubiertos o cualquier otro objeto que pudiera ser utilizado como arma para atentar contra su vida-. Que Sirius se ha enamorado.
-Pobre chica a la que le haya tocad… -Dani la miraba, Lily la miraba, Remus, James y Peter la miraban; todos con las cejas enarcadas, todos como si esperasen que se diese cuenta de algo. Y entonces ocurrió -¡NO VOY A DEJAR QUE BLACK HAGA ESO!
Danielle sonrió divertida, estaba segura de que el grito de Emily se había escuchado hasta en la lechucería.
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Hacía una hora que la comida se había terminado y Remus continuaba tumbado en su cama, algo inhabitual en él, ya que debería de estar en la biblioteca o repasando los últimos temas de pociones o quizá intentando que James y Sirius no llevasen muy en serio sus bromas, que, no sabía por qué, últimamente Sirius las ideaba más escabrosas y peligrosas.
Peter acababa de salir del baño y estaba terminando de ponerse los zapatos porque había quedado con Emily para llevarla a Hogsmeade; cuando James había protestado que no le parecía bien que Banks conociese el modo de salir del castillo aprovechándose de los pasadizos que los merodeadores habían encontrado, Peter se había limitado a decirle que todas las chicas prácticamente conocían ya Hogsmeade de noche y casualmente esas chicas eran las que habían salido con él o las que se habían escabullido en una aventura nocturna. Sirius no había aparecido desde la comida, y todo indicaba que estaba buscando a Ann, aunque por algún motivo, el mapa del merodeador seguía donde siempre, escondido tras un ladrillo falso en la pared izquierda de la puerta del cuarto.
Dani. Dani le estaba volviendo loco… Su comportamiento en los últimos días estaba siendo… extraño y arisco…El último hacía apenas media hora.
(flashback)
-¿Salimos a dar una vuelta por los terrenos? –preguntó Remus dejando su libro sobre el apoya brazo del sillón donde estaba sentado.
Dani frunció el ceño sin apartar su mirada de "El Profeta"
-Hace frío –se limitó a contestar la chica.
-¿Y desde cuándo eso te molesta? –preguntó Remus frunciendo el ceño esta vez él.
-Desde que tengo frío hoy –le contestó Danielle. Notó la mirada ámbar de Remus sobre ella y resopló incómoda dejando el periódico sobre su regazo-. No me apetece salir ¿vale? No creo que sea muy difícil de entender.
-De acuerdo, ¿qué es lo que te ocurre? –preguntó el chico inclinándose hacia ella sentándose en el borde del sillón y apoyando los brazos en sus piernas.
-Que tengo frío –contestó ella.
-Hablo en serio Dani –ella no contestó-. ¿De quién era la carta?
-¿Qué carta? –Remus enarcó una ceja.
-Estábamos en la biblioteca cuando te llegó una carta, estás extraña desde entonces.
-No estoy extraña, sólo tengo frío y no me apetece moverme de aquí; no creo que sea algo tan increíble de creer.
Pero ambos sabían que sí era algo increíble de creer. Danielle Adams era incapaz de permanecer quieta en un sitio durante más de dos horas sin hacer nada a menos que estuviese enferma y aún así, lograba moverse gracias a la inestimable ayuda de cierto animago que siempre se ofrecía a llevarla en brazos.
-De acuerdo, cómo quieras –se levantó de su sillón-. Pero cuando quieras contarle a tu novio qué diablos te pasa y por qué estás así, búscame, ¿de acuerdo?
(fin flashback)
No estaba enfadado. Claro que no. Sólo estaba… Bueno, de acuerdo, no podía engañarse a sí mismo, estaba enfadado. No entendía porqué Danielle tenía secretos con él, bueno, él también los tenía con ella, después de todo, no le había dicho que era un licántropo y eso que ya hacía mucho tiempo que se conocían; pero simplemente no quería hacerlo. Había visto la reacción en la mayoría de las personas cuando se enteraban de su condición y no quería ver aquella mirada mezcla de desprecio, terror y lástima en los ojos de Dani, no podría soportarlo.
Pero sabía perfectamente que Dani no era un licántropo y sabía que le estaba ocultando algo y sabía que tenía que ver con esa maldita carta. Y le desesperaba no saber de qué se trataba.
Alguien tocó suavemente a la puerta.
-¡Frank no está! –gritó el chico de mal humor.
-Perfecto, porque no buscaba a Frank… -la voz de Danielle se escuchó cuando la chica abrió la puerta suavemente y asomó la cabecita con su sonrisa triste, la misma que la acompañaba desde hacía unos días, con la excepción de que esta vez, su voz temblaba ligeramente y sus ojos parecían a punto de llorar. Nunca había visto a Dani llorar y ni siquiera estaba seguro de que alguien la hubiera visto llorar.
-Dani… ¿qué…
No había terminado de hacerle la pregunta cuando la chica había eliminado los dos metros que los separaban y lo había derribado con su peso haciendo que ambos cayeran en la cama de Remus, el enfado del chico olvidado, el nerviosismo de ella, creciendo.
Peter sonrió cuando salió del baño y una vez se hubo recuperado del shock de ver a su amigo con Dani en la cama besándose dulcemente. Negó con la cabeza.
-Hola Dani, hasta luego Dani, hasta luego Remus –dijo él solo y sin esperar respuestas, salió de la habitación no sin antes asegurarse que ponía un hechizo de privacidad a la puerta, regla básica de todos los ocupantes de la habitación.
-Espera, espera un momento, Dani… -se separó Remus con un gran autocontrol-. ¿Qué diablos pasa?
-¿Qué quieres que pase? –preguntó ella- ¿No puedo venir a besar a mi novio?
-No me refiero a eso y lo sabes perfectamente –la miró fijamente y colocó sus manos en las mejillas de ella-. ¿Qué ocurre?
-Nada… sólo… te quiero… lo sabes ¿verdad? –Remus asintió-. Mis padres me enviaron una carta… en la biblioteca, el otro día, ¿lo recuerdas?
-¿Te refieres a la carta que ha hecho que desde que la recibiste estés siempre a la defensiva?
-Esa misma… -dijo Danielle-… Aún no la he abierto y pensaba que quizá, podrías…
Si había algo que había aprendido durante todos esos años junto a Sirius y Danielle era a reconocer en ambo el orgullo de su carácter; nunca pedían ayuda hasta que se veían al límite de sus posibilidades; si Dani le estaba pidiendo ayuda era porque ocurría algo serio. Remus le sonrió comprensivo.
-¿Quieres que la lea por ti? –ella asintió-. Lo haré encantado.
Antes de que el chico pudiera preguntar por el paradero de dicha carta, Danielle estiró la mano dejando ver una carta amarillenta que aún permanecía dentro de su sobre. Remus la tomó y frunció el ceño al ver el sello de los Adams sellando la carta; sabía que las familias como la de Dani o la de Sirius sólo utilizaban los sellos de sus casas cuando era un asunto oficial, pese a todo, Remus no hizo ningún comentario. Ni tampoco lo hizo cuando leyó la carta; no podía creer lo que había leído. Danielle a su lado, sonrió con tristeza antes de lanzarse sobre él y empezar a llorar.
Remus hechizó su cama, se tendió en ella con la espalda apoyada en el cabezal y la acunó hasta que se durmió. La carta arrugada aún en su mano izquierda y una sola idea en la cabeza. Iba a matar a Lucius Malfoy.
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Le había prometido a Tom que no iba a pensar en ello; pero no podía evitarlo; cada vez que pensaba en Sirius, pensaba automáticamente en Leyla Larsen y Sirius juntos, besándose y no podía hacer nada por evitarlo.
Sirius… En realidad, ese nombre le hacía justicia; Sirio, la estrella más brillante de la noche; igual que él; no importaba el momento ni la situación, Sirius siempre destacaba, siempre se hacía notar y le gustaba hacerse notar. No importaba si estaba jugando un partido de quiddich y estaba cubierto de barro hasta las orejas, o si estaba luciendo la última túnica que había adquirido en Hogsmeade; Sirius siempre iba a ser Sirius y Ann estaba segura que aunque el chico se vistiera con túnicas raídas y tuviese el rostro cubierto de polvo y hollín del camino de tres días, su elegancia natural y su porte regio conseguiría con su encanto natural, que todas las miradas se volviesen a su paso.
Pero no había sido su porte innato lo que había hecho que se fijara en él cuando sólo tenían once años; habían sido sus ojos; esos ojos entre gris y azul oscuro que parecían estar siempre alegres y risueños, pero que, si los mirabas con detenimiento, podías llegar a encontrar cierta tristeza y melancolía que un niño de once años no debería de tener nunca. Después había sido su forma de defenderla aún sin conocerla y poco después las bromas de él y sus tres amigos le precedían por todo Hogwarts y traían de cabeza a todos los profesores. Divertido, bromista, alegre y risueño; terco y obstinado, fiel y leal; inteligente y optimista siempre sabía verle el lado positivo a cualquier situación y lo que más le gustaba de él era esa seguridad que siempre lo envolvía y que era capaz de transmitir a quien fuera que estuviera a su alrededor.
-Sirius Black… -murmuró Ann-… incluso su nombre transmite fuerza y seguridad…
Se sentó en el pequeño cuarto que había a los pies de la lechucería; un viejo cuarto donde en un principio Filch guardaba las escobas y los trastos muggles de limpieza y que habían sido transferidos al castillo porque el hombre se había quejado en repetidas ocasiones de que tenía que ir de untado a otro como un burro de carga. Ella conocía la existencia de ese pequeño lugar porque ella le había ayudado a trasladar las cosas; un pequeño lugar oscuro y enmohecido que había logrado convertir en un sitio agradable donde ir a esconderse del mundo que la rodeaba. Una hechizada ventana para que desde fuera nadie pudiera ver su interior y saber que allí había un cuarto en una de las paredes, permitía a las lechuzas y pájaros entrar y salir de allí a su antojo, además de proporcionar luz y calor cuando era de día, y frescor cuando llegaba la noche. Sólo había tenido que utilizar algunos conjuros y hechizos fáciles para darle a aquel sitio un poco de luminosidad; un hechizo de limpieza, un cómodo sofá de tres plazas de color verde, una pequeña estantería con sus libros muggles preferidos, y un olor a vainilla y canela que le recordaba a los pasteles que su madre solía hacerle cuando era pequeña.
Ahuecó los cojines del sofá grande y mullido y se recostó contra ellos mientras se cubría los ojos con uno de los brazos y pensaba en la conversación que había tenido minutos antes con Tom.
(flashback)
-¿Por qué soy tan idiota? –preguntó Ann mientras respiraba profundamente para no terminar llorando otra vez.
Tom la abrazó con suavidad mientras la balanceaba dulcemente; la chica estaba sentada en sus rodillas, de lado y Tom tenía un brazo pasado por la cintura de ella, atrayéndola hacia su propio cuerpo y haciendo todo lo posible para calmarla.
-Porque forma parte de tu encanto –le dijo él sin rebatirle lo de "idiota". Ann sonrió a medias pero su sonrisa se congeló cuando el chico añadió algo más-. Deberías decírselo.
-Espero que no estés diciendo lo que creo que estás diciendo…
Tom se encogió de hombros.
-Creo que te sentirías mejor si le dices que estás enamorada de él –le contestó por toda Respuesta Tom.
-Y yo creo que necesito dar un paseo –dijo la chica incorporándose aún riendo abiertamente de la ocurrencia de Tom.
Tom la dejó levantarse, pero antes de que ella se fuera, la tomó de la mano haciendo que Ann se girase para hacerle una muda pregunta.
-Mientras te escondes de él, piensa en esto: ¿qué puedes perder? –le dijo Tom como respuesta.
Ann no le contestó, sólo sonrió y le besó en la mejilla antes de irse al único lugar donde podía pensar. Pensar. Eso era lo que necesitaba porque por mucho que le pesara admitirlo, las últimas palabras de Tom le habían hecho necesitar pensar.
(fin flashback)
-Dije que iba a olvidarlo, pero no puedo… -sonrió de forma ausente-… ¿cómo puedo olvidarme de la persona en la que siempre estoy pensando?
Una de las lechuzas del colegio ululó a su lado y Ann le acarició suavemente la cabeza en señal de agradecimiento por no dejarla sola. Sonrió.
-¿Qué puedo perder? –se preguntó a sí misma en voz alta-… Si no tengo nada, ¿qué puedo perder?
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Peter suspiró resignado; lo que había pensado que podía ser una bonita tarde romántica entre él y su novia se había convertido en un monólogo por parte de Emily para despotricar contra Sirius.
-Cielo… -empezó a decir Peter.
-No puedo creerlo –decía por vigésima vez la chica en la última media hora-. Si Black cree que le va a resultar tan fácil está equivocado, no voy a dejar que se acerque a Ann.
-Emi… -lo intentó el chico para atraer la atención de Emily que parecía estar imaginando que la servilleta que tenía entre las manos era el cuello de Sirius a juzgar por el modo en que la estaba estrangulando.
-No voy a dejar que juegue con ella para engrosar su lista de conquistas ¡no señor!
-Emily… -lo volvió a intentar Peter.
-¿Quién se piensa que es? Ann es muy vulnerable y mucho más a él –añadió la chica sin hacer caso a su novio.
-¿Qué quieres decir con eso? –preguntó el pequeño animago.
-Idiota, arrogante y estúpido pero o voy a dejar que juegue con Ann sólo porque ella esté enamorada de él –dijo esta vez en un susurro Emily sin prestar demasiada atención al chico que tenía frente a ella.
Peter tardó dos segundos en asimilar la información que acababa de recibir por accidente. Empezaba a entender por qué Ann se había levantado de la mesa a la hora de la comida con aquella rapidez al ver a Larsen acercarse, y mucho más si la noche anterior les había visto besándose tal y como les había explicado James después de que Sirius saliese del comedor para ir a buscar a Ann.
-Vale, creo que ha llegado el momento –dijo Peter serio mirando a su novia-. Dejando a un lado lo que Ann sienta o deje de sentir por Canuto, quiero que me digas por qué estás tan enfadada con Sirius Black –ella le miró-, o eso o empezaré a pensar que tu obsesión por criticarle siempre forma parte de una extraña obsesión que sientes hacia él –añadió con una media sonrisa.
-¿Estás insinuando que…
-No –la atajó Peter-, sólo quiero saber qué es lo que te hizo, o que es lo que pasó… quizá así te entienda y entienda tu aversión contra él...
Emily pareció confundida pero no contestó a la pregunta que el chico acababa de hacerle.
Conocía aquella expresión en el rostro de su novia; era la misma que tenía durante tercer curso, cuando aseguró frente al director Dumbledore que Peter no había sido el causante de que la habitación de Slytherin en la que casualmente dormían Malfoy y Snape hubiera sido llenada de acromántulas que casi acaban tejiendo seda alrededor de los cuerpos de los durmientes que allí habían aquella noche. Cuando acusó a Sirius por defenderle a él y el director le preguntó si tenía algún motivo para sospechar de Sirius, ella colocó esa misma expresión; como si estuviera pensando con cierta rapidez lo que podría decir porque no sabía cuál era la respuesta.
-¿No lo recuerdas? –preguntó él escéptico.
Emily no contestó, pero sus mejillas se sonrojaron furiosamente mientras sus ojos centelleban en señal de advertencia y peligro. Pero Peter ya conocía sus enfados y la había visto más de una vez enojada como para saber que una simple sonrisa, tomarla de las manos y darle un suave beso en la base de la muñeca era suficiente para que ella se calmara; no sabía por qué ocurría, no sabía por qué funcionaba con tanta efectividad, pero lo hacía y esperaba que nunca dejara de hacerlo.
-No me lo puedo creer… -murmuró Peter-… Llevas años enojada con Sirius… ¿y ni siquiera recuerdas el motivo?
-Sé que era un buen motivo –se defendió Emily cruzando los brazos sobre el pecho.
-Sí, tan bueno que no lo recuerdas –le contestó Peter.
-¿Sabes que el sarcasmo no te sienta bien? –le dijo Emily.
-De acuerdo, en cuanto llegues a Hogwarts vas a hablar con Sirius –dijo Peter levantándose de la mesa-. Es una idiotez estar enfadado con alguien por algo que ni siquiera recuerdas.
Emily le miró fulminándolo con la mirada violeta pero no protestó. Sus ojos se entrecerraron, pero no dijo nada. Su ceño se frunció y sus labios se apretaron en una delgada línea muy similar al rictus que aparecía en el rostro de McGonagall cuando se enfada por algo, pero no dijo nada por llevarle la contraria. Sabía que Peter tenía razón, aunque odiaba admitirlo.
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Lo encontró cerca del lago; lo había visto desde una de las ventanas del tercer piso mientras buscaba a Ann y había decidido ir a preguntarle, después de todo, tal y como se había encargado de decirse a sí mismo, si alguien sabía donde podía estar Annie era Rexton, por mucho que le costara admitirlo.
-¿Dónde está Ann? –fue lo que preguntó al chico moreno como saludo.
-¿Para qué la buscas? –le preguntó bruscamente Tom.
-Eso no es asunto tuyo, Rexton –le contestó el animago perdiendo la paciencia-. Sólo dime dónde está, necesito hablar con ella…
-¿De qué? –preguntó Tom- ¿De tu relación con Leyla?
-Aunque no sea asunto tuyo, Leyla y yo no estamos saliendo.
Tom dejó escapar una pequeña risita sarcástica que a Sirius se le antojó endiabladamente calculadora y fría, aunque claro, tal y como James se había encargado de decirle, no estaba en posición de ser demasiado objetivo.
-Ann y yo os vimos la otra noche, Black. Si esperas que te diga donde está Annie es que no me conoces en absoluto.
Sirius tuvo el repentino deseo de darle un buen golpe al estilo muggle; luego recapacitó y la poca conciencia que durante siete años Remus había conseguido inculcarle en la cabeza, le hizo darse cuenta de que golpear al mejor amigo de la chica de la que te has enamorado, por muy buena idea que te parezca y mucho que te apetezca, no es una gran idea. Respiró profundamente.
-No te caigo bien, no me caes bien, eso lo sabemos los dos. Pero me gusta Ann Seever, ¿de acuerdo? Te guste o no, estoy enamorado de ella y quiero decírselo pero antes necesito saber dónde está porque aunque parezca la contrario, aún no soy adivino.
-¿El gran Black se ha enamorado? –preguntó con cierto sarcasmo Tom dejando en evidencia que no le creía ni una sola palabra.
-Sí –dijo tajante Sirius.
Definitivamente, esa no era la contestación que Tom Rexton estaba esperando. Hubiese esperado que, como siempre, Sirius le hubiera amenazado, hubiera sacado su varita o se hubiese limitado a decirle que se metiera en sus asuntos, pero no esperaba una respuesta tan clara y directa sin ningún asomo de titubeo en sus ojos ni un leve temblor en su voz.
Tom le miró mientras intentaba analizar si lo que Sirius Black acababa de decirle era verdad o no. Sabía que no debía hacerlo, pero era la única manera de estar seguro, así que utilizando sus dotes vampíricas, se metió en la cabeza de Black y seguramente si no hubiera escuchado un "sí" tan claro, le hubiera sorprendido encontrarse con que Sirius Black no tenía nada más en la cabeza que miles de imágenes de Annie.
Por unos segundos, Tom se debatió entre lo que quería hacer y lo que sabía que tenía que hacer; sonrió para sí mismo intentando no demostrar debilidad ante Sirius Black. Después de todo, nunca habían tenido ningún problema salvo que él le hacía daño a Ann de forma involuntaria, pero se lo hacía, y el lobo y la sangre veela de su interior, le obligaba a odiar a aquel que le hacía tanto daño.
-Le he prometido que no se lo diría a nadie… -dijo Tom-… sólo te puedo decir que no le gusta llamar la atención.
Sirius frunció el ceño; aquello no era demasiado. Intentó mirar a Tom Rexton de forma que él consideraba amenazante e intimidante, aunque si tenía en cuenta el resultado que había tenido en el comedor con las chicas, no estaba seguro de que aquello fuera a funcionar.
-Déjalo ya Sirius –se escuchó la voz dulce y amable de Remus Lupin a espaldas de ambos chicos-, si le ha prometido que no se lo diría a nadie no lo va a hacer, así que en lugar de seguir intentando que él te lo diga, piensa un poco y búscala. No puede haberse desvanecido.
-No a menos que tenga una capa de invisibilidad –dijo divertido Tom ganándose una mirada de advertencia de parte de Sirius y escuchando una risita por parte de Remus.
-¿Y tú qué haces aquí? –preguntó Sirius olvidando unos momentos que estaba buscando a Ann.
-Necesitaba comentarte una cosa, pero puedo esperar a mañana –se encogió de hombros-, ve a buscar a Ann.
-¿Y si no sé donde… -una lechuza pasó junto a ellos posándose en el brazo de Tom que lo había extendido-… Tengo que irme –anunció sin terminar su anterior frase.
-Tom acarició al ave antes de dejarla volar de nuevo después de susurrarle unas palabras.
-Si le hace daño, lo mataré con mis propias manos –aseguró Rexton.
Remus le miró.
-Creo que esta vez es de verdad –aseguró el licántropo-. ¿Quién lo iba a decir? Sirius Black enamorado...
Tom y Remus sonrieron; el primero con cierta amargura, el segundo feliz por su amigo.
-Pronto será luna llena… -susurró Tom mientras miraba al cielo.
A su lado, Remus le miró y se limitó a asentir. Si cualquier otra persona hubiera hecho aquel comentario explícito sobre la proximidad de la luna llena, seguramente se hubiera sentido amenazado, pero por alguna razón, con Tom Rexton no podía sentirse de aquella manera; y aquello sólo podía significar una cosa.
-¿Desde cuándo?
-Desde que te vi –contestó Tom-. Os reconozco por el olor y el color de los ojos.
-Entiendo.
-¿Dani sabe…
-No –aseguró Remus.
-Más vale que se lo digas pronto, tampoco quiero que le hagan daño a ella.
Remus asintió, consciente de que él tampoco queria hacerle daño a Dani.
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Atravesó el puente y cruzó los terrenos con paso ágil y rápido.
Sirius caminaba rápido. Tenía que estar allí, era el único lugar que le quedaba por mirar en todo Hogwarts y ahora se preguntaba por qué no había ido allí en primer lugar cuando parecía más que obvio que estaría allí. "No me gusta llamar la atención" ¿Qué mejor lugar para no llamar la atención que en la lechucería? En la lechucería no, en el pequeño cuarto que había debajo de la lechucería. Más de una vez la había visto ir allí cuando ella creía que nadie la veía, ¿cómo no se le había ocurrido ir a mirar allí desde un principio?
¿Cómo sabía la existencia de ese lugar? Fácil. Había sido el escondite de los merodeadores por tres años antes de encontrar la sala de los menesteres dentro del propio castillo, mucho más práctico teniendo en cuenta que no tenían que salir fuera para llegar hasta la habitación donde hablaban y planeaban sus bromas.
-… y fue cuando me di cuenta de que estaba enamorada de él… -Sirius se detuvo al escuchar la voz de Annie a través de la ventana-… Siempre supe que era una tontería y que yo era una idiota por enamorarme de él, después de todo, Sirius Black nunca se fijará en mí… -una leve risita entre nerviosa y resignada se escuchó y Sirius se preguntó cómo no se había dado cuenta antes de la calidez y la nitidez de la voz de Ann-… Y ahora… ahora está con Larsen… Claro que está con Larsen… ¿por qué habría de estar conmigo? Ni siquiera estoy segura de por qué le quiero… -una nueva risa-… No es porque sea guapo, aunque es tremendamente atractivo y sexy –Sirius sonrió ante aquella declaración-, pero es algo más… me gusta el modo en que siempre protege a Dani, la manera en que siempre apoya a sus amigos, la sonrisa que siempre tiene incluso cuando tiene un día malo… La forma en que se le iluminan los ojos cuando planea una nueva travesura, la manera en la que sonríe pidiendo un favor sabiendo que nadie se lo va a negar… ¿Crees que estoy loca? –él sonrió mientras negaba con la cabeza suavemente-. Pues no lo estoy, sólo estoy enamorada de Sirius Black… -una leve risita se escuchó de nuevo-. ¿Cómo que no estoy loca? Estoy hablando con una lechuza de lo que siento por Sirius…
Suficiente. Sirius decidió que ya había escuchado suficiente y que tenía que entrar ahí dentro y decirle que no era tonta y que él también la quería y tenía que pedirle perdón por no haberse dado cuenta antes de que la quería y pedirle perdón por todo lo que la chica había tenido que aguantar y ver y escuchar y… Sirius movió la cabeza. Estaba divagando y un Black nunca divaga cuando sabe lo que quiere hacer.
Se movió hacia la puerta, levantó la mano y golpeó un par de veces. Respiró y espero a que ella abriera.
-¿Sirius? –preguntó la chica- ¿Cómo sabías…
Sirius se encogió de hombros.
-Rexton no es tan malo como yo creía –dijo por toda respuesta Sirius encogiéndose de hombros-. Y antes de que decidas ir a matarle, él no me ha dicho nada, sólo me hizo pensar en algo, yo solito descubrí que estabas aquí.
Quizá fuera sus ojos brillando o quizá fuera el tono orgulloso de su voz como cuando un niño pequeño consigue hacer algo que se supone que logrará el orgullo de sus padres, pero Ann olvido sus repentinas ansías por matar a Tom.
-¿Puedo pasar? –preguntó el chico.
-Claro –Ann se apartó de la puerta y se fue a sentar en el sillón donde minutos antes había estado contándole sus sentimientos a la pequeña lechuza que se había colado por la ventana.
-¿Puedo sentarme? –preguntó el chico.
-Puedes hacer lo que quieras Sirius… este no es un sitio privado –le dijo ella con una sonrisa en los labios. Le hacía gracia aquella actitud del siempre seguro de sí mismo Sirius.
-Yo… -empezó a decir el chico mientras se sentaba en el sillón junto a ella. Ann lo miró interrogativa y Sirius suspiró-. Necesito golpear un árbol… -anunció poniéndose de nuevo de pie.
-¿Cómo? –preguntó divertida Ann.
-Un árbol. Cuando estoy tenso necesito golpear algo y dado la resistencia de los árboles… -empezó a explicar Sirius-… necesito un árbol –finalizó su explicación. Ann lo miró sin saber de qué estaba hablando el chico.
Sirius resopló y se pasó una mano por el pelo decidiendo que ya que estaba metido en un lío, estaría metido hasta el final, así que aún a riesgo de que ella se enfadara, decidió lo que le iba a decir.
-Te he escuchado –ella le miró-, hace diez minutos que estoy fuera decidiendo si entrar o no…
-Oh.
"Oh" Fue todo lo que ella alcanzó a decir. Se sintió en un segundo tonta, abochornada, avergonzada y ridícula. Seguramente él la había oído y por eso estaba allí ahora, para decirle que sólo podían ser amigos, porque él no iba a enamorarse nunca de ella.
-No puedo decirte que esto no sea una sorpresa para mí Ann… -sonrió nervioso-, no sabía que tú…
Sirius se pasó una mano por el cabello desordenándolo aún más; era evidente que había estado volando; no porque llevara la escoba ni porque tuviera el cabello desordenado, sino simplemente porque le brillaban los ojos.
-Quiero decir… -hizo una pausa-… no sé ni lo que quiero decir –añadió frustrado.
-Entonces no digas nada –le dijo Annie-. Cuando no sabes que decir, lo mejor es no decir nada.
-Pero quiero hacerlo –insistió el chico-, sólo que no sé como hacerlo…
-Nunca se te han dado bien las palabras –le dijo ella sonriendo y medio en broma-. No tienes que decir nada, la tonta soy yo… perdona… olvida lo que has escuchado, ¿de acuerdo? Te prometo que no te molestaré con idioteces… -le aseguró Annie.
-Pero es que no quiero olvidar lo que has dicho ni lo que he oído… -se arrodilló frente a ella, con una sonrisa-. Y ¿sabes? Tienes razón, se me dan mejor los hechos, así que con tu permiso…
Y entonces la besó.
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Bueno, se acabó, espero que os haya gustado; ya sabéis como siempre, los personajes salvo los míos son de J.K.Rowling, que me los deja prestados un ratito para divertirme con ellos :p
Dejad vuestros comentarios y sugerencias al final de la sala y absteneros de maldiciones, soy alérgica a ellas :D
Un besito para todos, sed buenos y que paseis una buena noche de San Juan. Nos leemos pronto!
En el próximo capítulo…
"-Me gusta tu cama
-Olvídalo
-No vas a dormir todas las noches aquí James
-También podemos dormir en mi cuarto o en el cuarto de los menesteres
-¿Te resulto atractiva?
-No creo que esta sea una conversación para tenerla ahora mismo
-¡Cómo si me hubieras visto antes de Hogwarts!
-Me enamoré de ti Lily hace muchos años…"
"-No creo que le haga gracia enterarse por nadie más de lo que pone esa carta
-Ves a hablar con él, y de paso preguntale dónde estuvo anoche durante la cena porque no apareció
-Me ducho y bajo enseguida.
-Haré lo mismo en mi cuarto"
"-¿Es muy importante?
-Me llegó esta carta hace unos días
-¿Te llaman ¿Estimada Danielle en un carta?
-Es mejor que me llamen por mis dos nombres
-¿Mano en matrimonio?
-¡¿MALFOY!- no voy a dejar que te hagan eso, cariño; no lo voy a permitir
-Bueno y que yo sepa tú no has dormido hoy en tu cama
-¿No has dormido en tu cama?
-¿Dónde vas?
-¿Quién ha dicho hablar? Yo sólo quería darle un pequeño susto…"
"-¿Crees que puedes comerte tu desayuno en lugar de comerte a mi amiga, Black?
-Depende. Si tú consideras que puedes estar una hora callada, yo pensaré en no comerme a tu amiga
-¿Dónde has dejado a Lily, James?
-Evelyn quería hablar con ella
-Si me disculpáis
-Tampoco es para tanto, Evy y las chicas no va a hacer… ¿qué?
-Es que eres demasiado previsible"
"-Es que mira que eres bruta a veces, Emi…
-Me prometiste que hablarías con él
-No recuerda el motivo por el que está enfadada con Sirius
-¿Tú lo sabes?
-Claro, tengo buena memoria"
"-Lo que le dije a Potter no tiene nada que ver con lo que puedo llegar a hacerte si le haces daño a Ann
-Tengo que hablar con Annie, no es bueno que tenga amigas tan sádicas…
-¿El numerito de amenazar a los chicos de tres en tres, lo hacéis siempre?"
