Arpey: ¡Hola! No, no me va a contestar nadie. ¿Y sabéis por qué? Porque Nadie se ha ido de vacaciones (cofcofdesgraciadacofcof), y me ha dejado aquí solita para escribir este capítulo en un arranque de tontería drástico (aunque el hecho de que esta mañana me confundiese a mi misma con un Lunni no tiene nada que ver). ¡Bueno, lectores, aquí viene el capítulo!


Capítulo 21º: La estupidez es contagiosa.

Mucha luz y un punzante dolor de cabeza. Eso era lo que sentía Harry Potter al despertarse. Un momento, ¿despertarse? ¿Seguía vivo o no? Buscó en sus recuerdos para intentar reconstruir la escena. Una batalla, hechizos, maldiciones, máscaras rotas (al igual que las caras que había debajo gracias a Ron, del que se acordó al instante)…Y todo el resto borroso. ¡Un momento! ¡Voldemort le lanzó un Avada Kedavra! ¡Tendría que estas muerto! ¿O no le dio?

-¿Harry, estás despierto?-preguntó con cautela y cierto temblor la voz de Ron mientras una sombra interfería en su campo de visión, limitado al no llevar puestas las gafas.

Harry fue a contestar, pero tenía los labios pegados y la boca completamente seca, como si fuera de cartón.

-No, Ron. Duerme con los ojos abiertos desde hace veinte segundos-ironizó la voz de Ginny con desdén ante semejante pregunta.

-Eres una borde, ¿lo sabías?-preguntó Ron con fastidio.

Harry consiguió despegar los labios y sonreír.

-¡Harry, estás despierto!-exclamó la voz de Hermione con alegría mientras alguien le extendía sus gafas. Cuando Harry se las puso, vio que fue Hermione quien se las había ofrecido con una expresión de absoluta felicidad en el rostro.

-A...gua…-pidió Harry con voz ronca.

Al instante, Ron le entregó un vaso rebosante de agua con el que Harry acabó de un largo trago. Cuando recuperó un poco más la consciencia y se acostumbró a la luz del lugar, se dio cuenta de que aquello no era Hogwarts.

-¿Dónde estamos?-susurró Harry con la voz aún ronca. Le dolía muchísimo la garganta sin saber por qué.

-En San Mungo-contestó Hermione con una sonrisa triste-. Nos ingresaron a todos cuando nos encontraron los aurores.

-¿Aurores?-preguntó Harry confundido. No recordaba a ningún auror.

-Por lo que nos contó Dumbledore, te desmayaste antes de que llegaran-explicó Ron.

-Pero…Volmedort me mandó un Avada... Iba hacia mí.

-Dumbledore lo desvió-se apresuró a contestar Hermione-. Gracias a él, los aurores llegaron a tiempo para rescatarnos y Voldemort tendrá serios problemas para volver a atacar.

-¿Rescataros? ¿Dónde os llevaron? ¿Y por qué serios problemas?-preguntó el niño-que-vivió atropelladamente incorporándose para sentarse en la cama.

-A las mazmorras-contestó Ginny-. Para torturarnos. Pero McGonagall llegó antes-añadió rápidamente al ver cómo Harry palidecía.

Harry suspiró y dejó caer la cabeza sobre la almohada. No se lo habría perdonado nunca si les hubieran hecho algo a sus amigos. Pero de pronto cayó en la cuenta de algo:

-¿Vosotros también estáis ingresados?

-Sí-contestó Ron-. Te abrevio los incidentes: lo más leve son torceduras y magulladuras varias, y lo más grave es lo tuyo, que te has pasado tres días con una emoción.

-Conmoción, Ron-corrigió Hermione entornando los ojos.

-Eso.

-¿Y los demás?-preguntó Harry un poco más tranquilo al saber que ninguno de sus amigos tenía heridas graves.

Como respuesta, Ginny se dirigió a la puerta (con dificultad, ya que Harry observó que andaba con muletas) y la abrió, dejando pasar a varias personas que le saludaron sonrientes. Harry les observó a todos con curiosidad: unas vendas se veían por el cuello de la camiseta de Ron; Hermione tenía una muñeca vendada; Ginny y Daniel tendrían las piernas derechas escayoladas, porque no las apoyaban al andar; Luna y Claudia llevaban un brazo escayolado cada una; Alex tenía un collarín en el cuello y Neville tenía arañazos en la cara y en las manos, aparte de una venda en una muñeca.

-Madre mía, reunión de lisiados-observó Claudia ante tanta venda y gasa.

-¡Y adivina quién tiene la culpa!-exclamó Ginny burlona. Claudia la fulminó con la mirada, pero Ginny le restó importancia-. Por lo menos estamos vivos.

-Por lo menos-repitió Ron con una sonrisa de suficiencia.

-Por cierto-dijo Harry-. ¿Dónde está Malfoy?

De pronto, todas las miradas se fijaron en Hermione. La castaña, al darse cuenta, se puso colorada y empezó a hablar atropelladamente:

-¿Por qué me miráis a mí? ¡Ni que fuera la niñera de ése hurón arrogante! ¡¡Que no me miréis, he dicho!!-exclamó antes de girarse, "muy ofendida".

-Niñera, no…-comentó Claudia con tono casual.

-…Pero novia, sí-completó Ginny como si hablase del clima.

Hermione se quedó pálida, y se giró muy lentamente. Definitivamente, no tenía que haber dado muestras de la existencia de su relación con Draco a cierto dúo de sinvergüenzas que había en aquella habitación.

-¡Oh, sí, ya es oficial!-anunció Luna felizmente-. ¡¡El amor ha triunfado sobre el odio!! ¡¡PEACE AND LOVE!!

-Luna, querida, ¿tú no tenías que estas en una manifestación contra la matanza de focas o algo así?-preguntó Ginny con delicadeza, aunque lo que buscaba era divertirse con la Ravenclaw.

-¡Nah, es la semana que viene! Ésta semana le toca a la tauromaquia- contestó la rubia mostrando una camiseta con una imagen de un toro con un capote y un torero vestido de luces con banderillas en la espalda y cuernos en la cabeza.

-¿¡Dónde venden de ésas!?-preguntó Claudia entre carcajadas.

-En la tienda de "Sortilegios Weasley"-dijo Luna.

-¡Cómo no!-dijo Ginny poniendo los ojos en blanco. Sus hermanos eran los únicos capaces de vender aquella camiseta.

-Merlín, tengo que ahorrar para ir al callejón Diagon en cuanto salgamos de aquí-comentó Claudia mientras sacaba un rotulador para apuntárselo en la mano, pero Ginny la dio un manotazo obligándola a guardar el rotulador con un mohín. Por lo demás, la habitación se había quedado en un inquietante silencio.

-Esto… ¿cuánto hace que lo sabéis?-preguntó Hermione a sabiendas de que se arriesgaba a una decapitación por parte de un pelirrojo y un pelinegro muy enfadados.

-Unas semanas-contestó Luna sin darle importancia.

-¿Semanas?-repitió Hermione asesinando a Ginny y a Claudia con la mirada, que apartaron la vista y fingieron observar algo por la ventana.

-Sí. ¿Por qué?-preguntó Alex con despreocupación-. Ni que fuera un delito.

-Ya…-contestó Hermione con una sonrisita, pensando en aquellas palabras-. Bueno, tengo que preguntarle una cosa al sanador...ahora vuelvo.

-¡Pero si has salido hace nada a preguntarle y no te ha dicho nada importante!-replicó Ron ceñudo.

-Sí, pero… ¡Se me olvidó preguntarle algo! ¡Ronald, eres un metomentodo!-contestó Hermione mientras se iba con la barbilla alta.

-Jo, pues sí que está susceptible-refunfuñó el pelirrojo enfadado.

-Estará…afectada…por todo…lo que ha…pasado-comentó Harry con la voz ronca entre respiraciones.

-No te esfuerces en hablar. Tienes que descansar-recomendó Ginny con una sonrisa mientras se aseguraba de que la manta estaba bien puesta.

-Sabes dónde está, ¿verdad?-preguntó, o más bien, afirmó la voz de Claudia con un matiz burlón en la mente de la pelirroja mientras fingía mirar por la ventana.

-Eso es más que obvio-contestó Ginny con una sonrisa burlona-. Sobre todo para alguien que tiene acceso directo al Mapa del Merodeador.

-Y a su dueño…

-¿¡Qué has dicho!?

-Nada…-contestó Claudia con una vocecilla de niña pequeña y una sonrisilla de santa.


-Un café con leche y azúcar, por favor.

-En seguida, señorita.

Unas vacaciones…unas únicas y perfectas vacaciones… ¡¿¡FUE TANTO PEDIR!?!

Aquello era en lo único que pensaba Hermione desde el accidente de coche hasta el momento. ¡Demonios, no había pedido la Luna, había pedido unas vacaciones! Pero Merlín se lo debía de pasar pipa cuando Hermione no tenía nada más que problemas, porque aquella racha no era muy común. De pronto, la idea de estar reclusa en una biblioteca con todas las existencias posibles de helado de chocolate fue impresionantemente atractiva.

-Aquí tiene, señorita.

La voz de la dependienta de la cafetería de San Mungo la sacó de su retahíla mental de insultos e improperios hacia Merlín y el destino. Hermione pagó el café y dio un sorbo del líquido marrón claro. Esbozó una mueca, el café seguía siendo amargo, y empezaba a añorar los que Ginny y Claudia conseguían hacer con su cafetera en casa. No había probado café más dulce (y con más tiempo de investigación en su preparación) en su vida, tenía que admitirlo.

De pronto, sus cavilaciones sobre el café se vieron paralizadas por una imagen que por poco hace que Hermione tirase la taza de café al suelo mientras observaba con los ojos como platos a Pansy Parkinson y Blaise Zabinni entrar con aire altanero y arrogancia en el hospital.

-¿Qué demonios hacen aquí?-se preguntó dejando la taza de café en el platito.

-Mujer, es lógico, visitar a Harry-contestó su conciencia con ironía-. ¿En serio te crees que le odian? ¡Pero si son un trío amoroso, por el amor de Circe!

-¡Deja de decir tonterías! Mejor me vuelvo a la habitación de Harry antes de que…

-¡Pero si es la sabelotodo Granger!-exclamó la voz de Blaise mientras los Slytherins avanzaban por el amplio recibidor del hospital hacia la cafetería. Hermione se maldijo mil y una veces por no saber camuflarse como un camaleón-. ¿Cómo te han ido las vacaciones?

-Bien…-contestó Hermione mientras su conciencia aullaba Hasta que llegasteis vosotros, dúo de serpientes rastreras-. ¿Y las vuestras?

-Pasé la Pascua en un palacete que tienen mis padres en Suiza, esquiando casi todo el día-contestó Blaise con una sonrisa de exposición que a Hermione le recordó horriblemente a la de un lobo hambriento. Entonces, el pelinegro le dio un codazo a su acompañante para que también dijese algo.

-Mi familia y yo fuimos a Malibú-contestó Pansy sin ni siquiera mirar a Hermione, que entrecerró los ojos mientras borraba de su lista el ocultar la presencia de la pelinegra a sus amigas. Se lo merecía por el desprecio. Después del comentario de la pelinegra Slytherin se hizo el silencio más incómodo que Hermione había presenciado.

-Esto… ¿¡Qué te trae por aquí, Granger?!-gritó Blaise animadamente para interrumpir el silencio mientras le daba palmaditas en la espalda a la Gryffindor, que se había sobresaltado tanto como Pansy ante aquel berrido sin razón aparente.

-Vine a visitar a Harry-contestó Hermione, que no sabía si reír o llorar.

-¡Nosotros también! ¡¿Qué coincidencia, eh?!-siguió gritando Zabinni.

-Baja el volumen, Blaise. Aquí nadie está oyendo nada aparte de tus gritos-replicó Pansy visiblemente molesta.

De pronto, se empezaron a oír otros gritos de fondo:

-¡¡Weasley pasa a Nikaelyos, Nikaelyos la devuelve, Weasley ejecuta unos regates impresionantes…Y PUNTO PARA EL EQUIPO DE GRYFFINDOOOOOOR!!-gritaba Ginny como una descosida en medio del recibidor del hospital mientras jugaban al Quidditch con una pelota de papel. Las dos celebraban el tanto abrazadas y dando saltos mientras se partían de risa.

-¡¡Por Merlín, ni siquiera que el cazador de Slytherin atrape la rápida snitch salvaría el partido!! ¡¡Menuda paliza!! ¡¡230-10!!-gritaba Claudia haciendo alarde de su incansable imaginación mientras Ginny seguía riéndose.

-¡¡Yo, personalmente, si fuera un Slytherin, desaparecería de…-de pronto, Ginny divisó al variopinto trío de la cafetería-…EL HOSPITAL ANTES DE QUE ME HICIERA UNA PASHMINA CON SU PIEL!!-aulló dispuesta a defender a su amiga de los injustos ataques a los que la estarían sometiendo.

-Emm… ¿qué es una pashmina?-preguntó Claudia más perdida que un pulpo en un garaje por aquella reacción de la pelirroja.

-No lo sé, pero Lavender lo dijo un día, aunque no le presté atención. Eso sí, llevaba un pañuelo raro en el cuello…-contestó Ginny desviándose de su propósito homicida-. Estaría resfriada.

-Sí, dicen que en esta época es cuando más se contraen resfriados…-opinó Claudia llevándose el índice derecho al mentón, pensativa.

Después de un silencio breve en le que las dos pensaban en el resfriado de Lavender y en la pashmina, Ginny recordó que tenía una misión muy importante que atender.

-¿Yo que estaba haciendo…? Ah, sí. ¡¡Soltadla, hijos de Salazar!!-gritó señalando a los dos Slyterins, que observaban la escena completamente anonadados.

-¿Qué…?-murmuró Blaise parpadeando varias veces con profunda confusión-. ¿Los Gryffindors eran valientes o idiotas?

-Pche…en el caso de éstas…-contestó Pansy señalando a las dos chicas con indiferencia.

-Por favor, haya paz…-pidió Hermione mientras se masajeaba la sien con los dedos índice y corazón.

-¡Ginevra Molly Weasley, frena, por el amor de Morgana!-exclamó Claudia mientras intentaba detener a la pelirroja en su carrera, aunque la chica era arrastrada por la fuerza de su amiga-. ¡¡Me estás destrozando las suelas de los zapatos!!

-¡¿Y a quién le importa que te quedes sin suelas?!-preguntó Ginny sin ni siquiera despegar la vista de la yugular de Blaise.

-¡¡A mí!!-protestó la griega enfadada-. ¡¡Además, esos dos nos tienen que durar hasta la graduación, zopenca!!

Ante la idea repentina de perder dos de los mejores objetivos a destruir de Slytherin y estropear la diversión del resto del semestre de un plumazo, Ginny fue frenando poco a poco hasta quedarse a escasos metros de la cafetería y de sus tres únicos ocupantes (aparte de la camarera, que tomaba nota de todo como si fuera la ferviente discípula de Rita Skeeter), resoplando como un toro a punto de embestir para calmar su rabia.

-Tranquila, tranquila…-le susurraba Claudia para calmarla, aunque había empezado a ponerse muy nerviosa ella también.

-¿Qué tal está Harry?-preguntó Hermione intentando evitar la tormenta de miradas asesinas que se le venía encima.

-Bien…-gruñó Claudia sin apartar la mirada acuchilladora que dirigía a la cabeza de Blaise.

-Dormido…-añadió Ginny entre dientes asesinando a Pansy con la mirada.

-¿Podríais mantener vuestro…"instinto" calmadito aquí, en el hospital?- preguntó Hermione sin saber muy bien cómo llamar al odio sin razón que había entre los cuatro.

-No-contestaron los aludidos al unísono sin prestarla atención alguna.

-¡¡Os estoy hablando!!-gritó Hermione haciendo aspavientos con los brazos, realmente indignada.

-Hermione, querida…-empezó a decir Claudia mirándola con una sonrisa burlona.

-…estamos en un hospital…-continuó Ginny con la misma sonrisilla que Claudia.

-…deberías calmarte-terminaron los Slytherins con parsimonia y diversión.

-¡Que os den a todos!-protestó la castaña girándose sobre su silla, dándoles la espalda. Tenía que huir de allí. Quién sabe si aquello de ser estúpido era contagioso.


Arpey: ¡¡¡OH, SÍ, CHÚPATE ESA, WINDOWS!!! ¡¡¡¡¡¡CONSEGUÍ SUBIR EL CAPÍTULOOOOOOOOO!!!!!!!

Clau: En serio, creo que habría sido mejor leerse el manual.

Arpey: ¡Qué manual ni qué ocho cuartos! ¡Yo esto lo he hecho muchísimas veces!

Clau: ¿Y me puedes explicar por qué has tardado como unas dos semanas en subir el capítulo?

Arpey: ¡¡PORQUE LA WEB ESTABA EN MI CONTRA Y PORQUE HABÍA COLEGIO Y AMIGOS!!

Clau: Claaaaaaro...porque eres torpe, hija, por eso.

Arpey: Vete a freír espárragos, OC del demonio...¡Esto es todo, lectores, dejad vuestro review con vuestra opinión sobre el capítulo! (Se admiten demandas, denuncias, palizas, piropillos, amenazas de muerte...etc).