XX
El poder del amor

—¡MAREMOTO DE NEPTUNO!

Una ola arrolladora envió Mortífagos lejos y casi había tomado por sorpresa a Voldemort, quien usó sus poderes para protegerse del ataque. Cuando todo hubo pasado, vio a una joven, ataviada como una Sailor Senshi, por lo que dedujo que era una de ellas.

—Oh, me pregunto cuántas de ustedes son —dijo Voldemort con calma mientras se dirigía al lugar donde Harry permanecía atado de manos—. Lástima que no podrás hacer nada para impedir la muerte de Harry Potter.

—Se ve que no has aprendido nada, Tom —dijo una voz que no era la de Sailor Neptune. Voldemort sabía quién le llamaba de ese modo y vio que Dumbledore estaba de pie, un ave de plumas rojas y doradas volando alrededor de él—. Todos esos años en este colegio y todavía no entiendes el poder simple de colaborar con otras personas.

—No necesito a nadie, Dumbledore —gruñó Voldemort, arrojándole un maleficio que su oponente bloqueó fácilmente. No obstante, aquello lo había hecho solamente para posicionarse detrás de Harry, usándolo de escudo humano—. Ya verás que tener amigos solamente te hace más débil. ¡Avada K…!

Un chorro de fuego hizo que Voldemort perdiera el equilibrio y errara su objetivo por centímetros. Cuando giró su cabeza para ver al responsable, vio que una Sailor Senshi vestida de rojo tenía sus brazos extendidos en dirección a él.

—¡No le harás nada a Harry! —gritó Sailor Mars mientras los Mortífagos se recuperaban del ataque de Sailor Neptune. Sus amigas se unieron a ella, adoptando posturas de ataque.

—Al César lo que es del César —dijo Voldemort, mirando a Sailor Galaxia, quien acababa de obtener el Sailor Cristal de Sailor Mercury, todo bajo las miradas empañadas en lágrimas de Hermione y Sailor Moon—. Encárgate de esas mocosas y haz tu trabajo.

Sailor Galaxia encaró a las Sailor Senshi, a las que Sailor Neptune se había unido. Llamó a Sailor Aluminum Seiren y a Sailor Lead Crow, y ambas se pusieron a su lado.

—No tengan piedad —dijo Sailor Galaxia con amenaza destilando por su voz.

Por otro lado, Voldemort reunía a sus Mortífagos, con miras a enfrentar a los profesores, quienes se habían reunido para la inevitable confrontación. Algunos alumnos, entre los que estaban Fred, George, Percy (que estaba allí por asuntos del Ministerio) y los prefectos, también se unieron. Ron también se unió a sus hermanos mayores, por mucho que le dijesen que no estaba en edad de pelear.

—Son más tontos de lo que pensé al creer que pueden detenerme —dijo Voldemort, soltando una risa fría—. Mátenlos a todos, pero déjenme a Potter a mí.

Y la batalla comenzó.

Hermione y Sailor Moon miraron cómo chorros de luces de varios colores surcaban el aire en una u otra dirección. Podían ver fuego, relámpagos, cadenas y olas destacar entre todo el caos que se estaba desatando en los terrenos de Hogwarts, pero Hermione desvió sus ojos del combate para posarlos en Amy. Una nueva oleada de dolor comprimió su corazón y estuvo a punto de sucumbir al llanto otra vez, pero se contuvo. Estaba segura que Amy no habría querido que aquella batalla tuviera lugar, habría buscado una solución más pacífica, aunque no la hubiera. La agresión era solamente para cuando no había otra opción, pero Hermione no podía ver cómo se podía solucionar el problema sin batallar.

Cuando el combate cobró sus primeras víctimas, Sailor Moon se puso de pie. Le causaba mucha tristeza ver que las personas abandonaban las buenas costumbres para dañarse y matarse unos con otros. Y, aunque le temblaban las piernas, se resistió a dar con sus rodillas nuevamente sobre el suelo. Como Hermione, miró el cuerpo inerte de Sailor Mercury. Ella había escogido morir antes de agredir a otras personas y, aunque eso le causaba mucho dolor, sabía que ese era el camino hacia la paz. Lo que no sabía era si poseía lo que se requería para detener una fuerza tan poderosa como el odio.

De vuelta al combate, parecía ser que ni Voldemort ni Sailor Galaxia parecían recibir algún daño. Claro, algunos Mortífagos habían caído, pero muchos alumnos tuvieron que pagar el precio por ello. Por otra parte, Sailor Venus también murió por un ataque especialmente violento de Sailor Galaxia. Sailor Mars y Sailor Jupiter seguían resistiendo, al igual que Sailor Neptune, pero estaban muy cansadas y Sailor Iron Mouse y Sailor Tin Nyanko se habían unido a la contienda.

En el bando de los profesores, Alastor Moody sorprendió a todo el mundo, tratando de asesinar a la profesora McGonagall, pero Dumbledore lo envió lejos con un encantamiento, quedando inconsciente. Entretanto, Voldemort empleó un maleficio particularmente devastador y envió a todos al suelo, pero Dumbledore seguía en pie, pero lucía un poco agotado.

—No tiene sentido seguir peleando —dijo Voldemort mientras indicaba a los Mortífagos a que se enfocaran en los estudiantes—. Es obvio que van a perecer, de un momento a otro. ¿Cómo pueden enfrentarme si están más preocupados de salvar a sus preciados alumnos?

Desde ese momento, todo se volvió más trágico. Los profesores no podían pelear directamente contra sus enemigos, porque ellos trataban de matar a los estudiantes, quienes no podían defenderse de magos más experimentados. Por otro lado, Sailor Jupiter había caído frente a Sailor Aluminum Seiren y Sailor Mars estaba muy herida. Sailor Neptune barrió con Sailor Iron Mouse e iba a encarar a Sailor Lead Crow cuando fue herida de gravedad por Sailor Tin Nyanko. Sailor Galaxia le dio el golpe de gracia y, en poco tiempo, Sailor Mars era la única Sailor Senshi que seguía en pie.

Aquello fue demasiado para Sailor Moon.

Hermione vio cómo ella crispaba los puños y se adentraba en el fragor de la batalla. No importaba que sus piernas temblaran o que cada centímetro de su cuerpo clamara en protesta, siguió su camino con firmeza. Ella misma todavía sentía que sus huesos ardían, pero no iba a quedarse sin hacer nada. Sabiendo que Harry estaba a unos pocos metros del cuerpo de Sailor Mercury, se arrastró hacia él y, usando las pocas fuerzas que le restaban, desató sus ligaduras. Harry se puso de pie y miró a Hermione con agradecimiento, para seguir el mismo camino que Sailor Moon.

En el momento en que Sailor Mars también fue asesinada por Sailor Galaxia, Sailor Moon se vio invadida por la angustia y el dolor, pero aquello no la detuvo. Estaba determinada a acabar con esa batalla de una vez por todas.

—¡Ja! No esperé que hubiera otra de ustedes —dijo Sailor Galaxia, encarando a Sailor Moon, confiada en que ella sería una víctima más de su poder—. ¿Por qué no eres una buena niña y me entregas tu Sailor Cristal?

—Ya basta —dijo Sailor Moon en voz baja pero firme—. Ya basta de matar tanta gente. ¿Qué no ves que estás dañando a personas inocentes? ¡Mataste a mis amigas por ambición!

—¡Niña impertinente! —bramó Sailor Galaxia, irritada por las palabras de la joven frente a ella—. ¡No tienes idea de cuáles son mis ambiciones! ¡No hables de lo que no entiendes!

Sailor Moon hizo aparecer su cetro y lo apuntó a Sailor Galaxia.

—¡No me importa cuáles sean! ¡Lo único que me importa es que estás agrediendo para conseguir lo que quieres, y eso no te lo voy a permitir! ¡Sailor Moon te castigará en el nombre de la luna!

En otro frente, Harry había sorprendido a todos interponiéndose entre Voldemort y Dumbledore, sacando su varita y apuntándola al suelo.

—No sé qué ganas con matar a alumnos inocentes que nada te han hecho —dijo Harry, temblando de rabia, la cicatriz apenas molestándole, pese a que le dolía como los mil demonios—, pero ya no lo harás más. Ya tienes lo que quieres; me tienes delante de ti. Haz lo que has venido a hacer, pero deja a mis compañeros en paz.

Voldemort profirió una risa gélida.

—Harry Potter, mira a tu alrededor. No estás en posición de demandar nada. Pero como te has puesto delante de mí sin que nadie te lo diga, aceptaré tus condiciones, solamente para que veas que soy un oponente justo.

Voldemort hizo un gesto a los Mortífagos para que se cesaran sus acciones en contra de los estudiantes y acudieran a su lado. Quería que todo el mundo viera que Harry Potter no era nadie especial y que podía ser asesinado como cualquier otro mago. Dumbledore miraba a Harry con preocupación, como si no estuviera seguro que aquella fuese la mejor idea, pero juzgaba que él se había ganado el derecho de enfrentar a su enemigo en sus términos.

—Harry Potter, ahora verás que cometiste una equivocación al enfrentarme —dijo Voldemort, enarbolando su propia varita y apuntándola a Harry—. No te mataré inmediatamente, por supuesto. Eso sería tenerte compasión. No. Vas a sufrir primero. ¡Crucio!

Harry gritó del más horrible dolor, pero se las arregló para mantenerse en pie. Estaba empecinado en negarle a Voldemort el placer de verlo débil y vulnerable. No obstante, se dio cuenta que el dolor en su cicatriz hacía que la tortura fuese un poco más soportable.

Voldemort alzó su varita, frunciendo el ceño.

—Vaya, no eres tan débil después de todo —dijo Voldemort plácidamente, paseándose de un lado a otro como una pantera a punto de matar a su presa—, pero pronto me suplicarás que te mate. ¡Imperio!

Sailor Moon apenas podía contrarrestar los poderes de Sailor Galaxia. Concentró todo su ser en repeler los terribles ataques de su contrincante, pero no fue suficiente. Salió eyectada hacia atrás, cayendo al suelo con un golpe seco. Sailor Galaxia era demasiado poderosa y Sailor Moon entendió que no iba a vencer por la magia o la violencia. Aquellos eran los medios del enemigo para librar batallas y no se iba a rebajar a esas tácticas para ganar sus peleas.

—¡No eres nadie, Sailor Moon! —exclamó Sailor Galaxia, dando un paso en dirección a su oponente—. ¡No tienes fuerzas suficientes para vencerme!

—Puede ser —dijo Sailor Moon débilmente, poniéndose en cuatro y respirando agitadamente—, pero sigo creyendo en que tus métodos no servirán para lograr lo que quieres.

—¿Y qué te hace pensar eso? ¡Son sólo patrañas!

—Haciendo daño a los demás te estás haciendo daño a ti misma —repuso Sailor Moon, alzando la mirada hacia los ojos de Sailor Galaxia, mostrando una sonrisa—. Hay un mejor camino, si estás dispuesta a recorrerlo.

Sailor Galaxia batió un brazo y Sailor Moon rodó hacia atrás, quedando de espaldas. La fuerza del ataque le había arrancado el aire de los pulmones.

—¿Cómo te atreves a decirme esas palabras? —rugió Sailor Galaxia con dureza—. ¡Nadie me ha hablado de ese modo! ¡Ya me estoy aburriendo de tus tonterías!

Sailor Moon se apoyó en sus brazos y se puso de pie lentamente. Sus piernas temblaban, sus brazos estaban magullados y sangre corría por un corte en su mejilla, pero, contra todo pronóstico, estaba sonriendo.

—¿A qué le temes? —dijo con una voz amable, consiguiendo desconcertar a Sailor Galaxia—. No hay nada que temer, Sailor Galaxia. Amar no es una debilidad, es lo que nos hace seguir adelante, lo que permite que lo demos todo por las personas que queremos, es lo que nos une como especie. ¿Por qué le temes al amor, Sailor Galaxia? ¿Por qué crees que ese no es el camino?

Sailor Galaxia se quedó muda, sin saber qué responder. De algún modo, las palabras de Sailor Moon habían calado muy hondo en ella. Sus sirvientas tampoco sabían qué hacer, pues normalmente recibían órdenes de su ama.

—¡Vamos! —exclamó Sailor Moon con alegría, extendiendo ambos brazos, como dándole la bienvenida—. ¡No temas! ¡No tengas miedo a ser feliz!

De pronto, una luz brotó del pecho de Sailor Moon, una luz plateada que fue creciendo en intensidad, cegando a Sailor Galaxia y los demás combatientes. Harry estaba tratando de resistir el maleficio Imperius cuando notó que Voldemort giraba sobre sus talones y veía aquel resplandor plateado. También se dio cuenta que tal brillo parecía quemarle la piel y recordó su primer encuentro con él, cuando el sólo toque de su piel hacía que la suya se quemara. El desconcierto de Voldemort hizo que Harry se liberara del maleficio y corrió rápidamente en su dirección. Voldemort no se dio cuenta de las intenciones de Harry hasta muy tarde, cuando sintió un dolor horrible en su cara.

Harry no soltó a Voldemort, por mucho que él tratara de quitárselo de encima, mientras que Sailor Moon tenía sus brazos elevados hacia el cielo, sosteniendo lo que parecía una flor de cristal, la cual era la fuente del resplandor plateado. Ni los Mortífagos ni Sailor Galaxia parecían soportar aquel brillo. Y Voldemort seguía exclamando en agonía frente a los ataques poco ortodoxos de Harry.

Quiero que este conflicto se termine, que todo vuelva a ser como antes.

Sailor Moon sostuvo el Cristal de Plata con firmeza, concentrando su pensamiento y su amor en aquel preciado trozo de cristal. Pronto, el brillo fue tan cegador que todos los terrenos de Hogwarts fueron inundados en luz plateada. Sailor Galaxia y Voldemort ya no pudieron soportarlo más y aprovecharon la confusión para retirarse, al igual que los Mortífagos y las Sailor Animamates.

El domo plateado colapsó sobre sí mismo y el Cristal de Plata volvió al pecho de Sailor Moon, quien cayó al suelo, respirando agitadamente, al borde de la inconsciencia. Lo único que esperaba era que todo hubiese acabado para bien.