Hasta aquí.
"De repente te detienes. Decides dedicar un momento sin reloj, sin cosas a tú alrededor, solo tú contigo mismo y tu autoimpuesta soledad. Paras tu mundo, no permites que gire más, porque lo único certero, es que si lo hace, caerás. En ese viejo sillón, se te pasa el día, aunque no lo ves. Allí, es donde te encuentras y sabes que no hay nada que hacer. Le dices que no a todo lo anterior y entonces, vuelves a encender el reloj" Aixa-Gabii Serrada
Tome una fuerte bocanada de aire para tratar de consolar a mis pobres pulmones que no se daban abasto gracias a la gran cantidad de sollozos e hipidos que salían de mis labios.
Esa mañana neoyorquina, para variar, estaba helada y la nieve caía con más insistencia.
A lo lejos, más allá de los leves ronquidos de Milagro se escuchaba en un volumen muy bajo la voz de un locutor de radio, que anunciaba un congelante y aburrido despertar de 2 de enero.
Despertar para algunos. Para otros, es solo la continuación de largas horas de insomnio.
Después de que Edward abandonara mi apartamento, dando portazos y maldiciendo como un camionero, había llamado a Jake y le había suplicado que me dejara sola.
A pesar de su renuencia a mi pedido, después de una fuerte discusión por una hora donde le recordé que era independiente y podía sola, colgó prometiendo aparecer hoy.
Una vez que estuve segura de que podía hundirme en paz en mi miseria, me ahogue en mis propios pensamientos.
No se volvió a oír ninguna palabra dentro del apartamento. No dije nada. Ni siquiera me lamente cuando mi codo se dio de lleno contra una de las paredes de la cocina. Nada volvió a sentirse, todo estuvo muerto, como desde los inicios.
Milagro no volvió a hacer acto de presencia frente a mis narices en lo que quedo de día, ni tampoco en la madrugada y estas eran horas en que no recordaba que tenia un perro.
Agradecí enormemente que hubiese entendido la indirecta de que quería estar sola. Ver su pequeño hocico y su cuerpito peludo, me recordaría que el mas que nadie sabia lo que yo le había hecho a su dueño original.
En alguna parte de la madrugada anterior, había comenzando a analizar la situación, y entre café y lagrimas, había logrado calmar mi conciencia, o mas bien, entrar en un estado de estupor que me permitió simplemente tener la cabeza fría.
Llegue a la profunda y nada satisfactoria conclusión de que Edward no era el culpable de la situación. Él nunca había disfrazado sus intenciones conmigo desde que no toqueteamos en el bar. Él siempre demostró que a mi más mínimo resbalón, haría de las suyas. No puedo culpar a alguien por sentir deseo sexual por otro, aunque esto suene un poco ególatra.
Edward siempre fue un hombre demasiado sexual para su propia salud y la de cualquiera que anduviera a su alrededor. Sin bien pareció haberse comportado excelente durante nuestros años de noviazgo, todos conocíamos que su fama antes de, hablaba de otra cosa.
Una vez que iniciamos nuestra vida sexual, no se podía negar porque el disfrutaba tanto de la situación. A su vez, no me quejaba, obviamente, pero él le encantaba que ocurriera cuantas veces fuera posible.
Edward era una explosión de testosterona corporal, pero un maní en la cabeza. Estábamos hecho el uno para el otro, nuestros cuerpos encajaban a la perfección, nada salía mal, y por eso, inevitablemente siempre sentiría atracción sexual por el.
Gracias a esta conclusión me sentí mejor con mi conciencia. Decirme a mi misma que me encantaba hacerlo con Edward aunque lo odiaba en el fondo de mí ser, consolaba mi alma que se había dado azotes durante todo el día.
Había logrado así calmar mi conciencia, que me acusaba a cada segundo de unirme al enemigo.
Si, Edward inevitablemente era el enemigo.
Entre tanto café que consumí en la noche, y una que otra vez que tuve que verme en la cocina preparando otra jarra, llegue a otro desenlace definitivo. No estaba dispuesta a terminar ganándome de Jacob el mismo odio que Edward se gano conmigo. No tenia la suficiente fuerza para romper su corazón como hicieron con el mio. No podría sobrevivir si me tocaba presenciar en sus ojos aquella mezcla de odio, dolor y decepción que yo veía en mi rostro cada vez que recordaba a Edward.
Si Edward tenía la capacidad para soportar eso de la persona que dijo amar, yo no. Allí, como siempre, ganaba él.
Ya no valía la pena seguir buscando porqués y mucho menos continuar sembrando un odio estúpido contra Edward. Estaba rota, cansada y desmadejada. En mi cuerpo ya no quedaba nada entero y en mi alma mucho menos. Todo estaba desfragmentado, cada parte parecía tener vida propia, tomar su propio camino. En mi cuerpo habitaba un fuerte polarización, cada quien tomaba alguno de los dos partidos favoritos, y luego estaba yo, la que luchaba por hacer un todo.
Edward me había tomado como un todo. Como una chica enamorada, ilusionada y con ganas de jugarse de la vida. Con deseos de escribir un libro, de tener un best-seller y que sus obras fueran convertidas en cine. Con ganas de firmar autógrafos, tomarse fotos con lectoras y ver su nombre en los aparadores de sus librerías favoritas.
También a una chica que en contra parte deseaba ser amada. Casarse de blanco con el hombre de sus sueños. Tener una casa hermosa, comer de su mano y verse a si misma en el espejo con una gran panza. Vivir para ver a ese maravilloso hombre comportarse como un papa para mis hijos, amarlos tanto como alguna vez yo fui amada por mi padre.
Tener una casa llena de niños felices. Un jardín que no cuidaría jamás porque odio las plantas, pero tenerlo. Una cocina con un bonito tope de mármol, donde cocinaría todas las noches para mi maravillosa familia, después de haber pasado toda la mañana escribiendo.
En la noche, dormir abrazada del hombre con quien me case. A quien le entregue mi vida y por quien rogaría tener mil años de vida. Hacer el amor y saber que estaríamos para siempre juntos.
Tener una maravillosa navidad, con una mesa llena de comida y familia. Con un árbol hecho por todos y villancicos.
Una familia grande llena de nietos felices, hijos hermosos y confianza.
Un para siempre, eso era Isabella Swan cuando se entrego a Edward Cullen.
Pero aquí estaba yo, después de 10 años de haberme convertido en su novia, hecha un rompecabezas, donde para peores condiciones, faltaban piezas.
Una gran parte de mi alma se había ido con Edward aquella noche trágica cuando le dije que no quería ser más su esposa. Otra parte aun más grande, se fue cuando mi doctora me dijo que mi hijo había muerto. Lo demás que quedo, se hizo pedazos, en algunos casos, polvo, hasta el punto de irse con el viento.
Una parte de mi alma, estaba pendiendo de un hilo, casi lista para irse una vez más, en manos de Jacob, pero aun había miedo.
Miedo de que estaba vez el también saliera corriendo con una parte de mi. Miedo de que las cosas volvieran a salir mal. Pánico de darme cuenta que yo no estaba hecha para los finales felices, sino para la amargura.
Amargo, así me sabia el café que ya estaba frio en mi taza. Así me supieron los besos de Edward la tarde anterior y así me saben los recuerdos de Jake en este instante.
Una vez más había regresado a mi naturaleza. A mi ostracismo y amargura. A mi necesidad de decirme a mi misma que no hay nada en que creer y que una vez mas, algo saldrá mal. Había vuelto a ser la Bella Swan de siempre, que no tenía la capacidad de llevar su vida por las riendas y de disfrutar demasiado de nada. Que no sabia lo que era entregar sin miedo, desde que a los 20 años lo perdió todo.
Regrese a mi estado de zombi. A mi piloto automático. A ese estado donde las balas pasan, atraviesan mi cuerpo y vuelven a salir de mí sin dolor alguno. No hay sensación posible, solo miedo y ganas de huir. De ser valiente y decidir al fin un cambio en mí, uno que me construya de nuevo.
Un cambio tal que me haga volver a nacer.
Pero no, eso no estaba permitido para la señorita conciencia, yo solo tenia permitido estar aquí, sonreír cuando era requerido, hablar cuando debía hacerlo, llorar cuando mi cuerpo sintiera que no podía aguantar el dolor y dormir cuando mis ojos sintieran que no podían con el cansancio. Estar aquí, viviendo por vivir, porque no hay nada mejor.
Der cuando en vez, regresar a la vida. Verme a mi misma y odiarme con el primer día. Odiarme por haberle dado todo. Por haber sido débil y soñadora. Haber construido mi ideal de felicidad a base de un hombre, de él.
Detestar la imagen ojerosa y sin vida en el espejo de cada mañana. Saber que lo único que se hacer es estar aquí, en mis silencios. Sin ni siquiera la capacidad de hablarme a mi misma por pánico a sentirme loca, mucho menos en el condición de buscar a alguien con quien hacerlo.
Tener como compañero a un tarro de café que se siente marchitado de tanto liquido negro que he vertido sobre el.
Cansada de ver como mi silueta queda marcada en el sofá cada tarde cuando me decido tomar un baño, después de horas de cavilaciones.
En un profundo estado de decepción por no poder escribir una palabra positiva. Por pensar en muchos escenarios, donde ninguna es feliz. Con millones de personajes que se parecen a él.
Con otro montón mas de mujeres enfermamente enamoradas que no pueden ser feliz porque si.
Sentir que estoy cansada de ser melodramática. Asqueada de desear la muerte y al borde del colapso contra la nieve y la inmunda ciudad que la ama.
Llena de odio contra el mundo y la vez solo contra mi. En un estado extraño, nada explicable.
Con la necesidad de ser joven de nuevo, de ser así para siempre. De pensar menos, sentir mas y ser feliz. Con el ahogo de saber que me pasa el tiempo y aquí sigo, en lo mismo.
Sin tener a donde ir, sin saber que hacer. Con ganas de matar y la vez de dar vida. Como en el medio de un insistente y pesado gris. Gris oscuro, pero no negro. Gris claro pero no blanco. Un intermedio estúpido que me enferma hasta lo huesos.
Fastidiada de estar en estupor. De no sentir. No tener una caricia satisfactoria. Un hombre que me de un beso, que me haga sentir hermosa. Una amiga que me haga sentir especial. Una familia que me haga sentir indispensable. Una pareja que me acompañe, que me diga la frase tan cliché de: "Todo va a estar bien"
Deje de creer en todo, porque simplemente no creo en misma.
Quiero dejar de comer comida congelada, por no se cocinar. Eso también lo hacia él.
No se hacer nada sin nadie, quiero a todo el mundo conmigo y para mi, pero a la vez, no quiero a nadie, solo mi soledad. La única que ha sido fiel conmigo, que me atormenta y me ayuda.
Cuando el dolor es muy fuerte, llega un momento en que no lo sientes. La exposición prolongada de sufrimiento y agonía, termina desapareciendo. En un punto del día, aunque sigan presionando la herida, esta, no duele más.
El cerebro se duerme. Se cansa y deja ser. Libera la concentración ejercida y se deja ir.
Dejas de nadar y mueres. En la orilla, el medio o la corriente, solo te dejas morir.
Porque estas cansada. Porque no puedes más.
La obsesión un día te va a matar, y ese día, es hoy.
Hasta aqui este café. Hasta aquí el dolor y la obsesión, hasta aquí la vida y su fastidio.
Hasta aquí Isabella Swan aspirando cuentos de princesas.
Ahora, solo queda cerrar los ojos y dejarse arrastrar por la negrura. Esa que no aprieta ni suelta, que no asfixia pero tampoco da aire. Que es y deja ser.
Arropa, engaña y tranquiliza. Se vuelve dopamina para aquel cansado cerebro que lleva horas tratando de luchar contra los sueños, contra el dolor.
No más vagón de los recuerdos conmigo. No más hombres ni deseos. No mas amigas que no están ni más de alejar al mundo cuando quiere ser mejor contigo.
No más miedo ni sufrimiento, masoquismo y lágrimas. Dolor, agonías, desesperanzas, ojeras, trasnochos e inutilidad. Días y noches en el mismo sillón, con la misma posición, y la misma ropa.
No más querer detener el mundo. Estar sola, porque no permites que nadie este contigo.
Basta de ser y no vivir. De existir porque si.
Hasta aquí Bella.
Happy New Year mis chicas queridas!... Si, 2012 llego al fin, no se imaginan cuanto estaba deseando que se acabara el 2011 y aquí estamos, comenzando de nuevo. Arrancando un almanaque y volviendo a empezar la cuenta.
Espero que hayan tenido unas fiestas hermosas, unas merecidas vacaciones y que este año venga cargado de cosas maravillosas. Que su año no comience como el de Bella, que ya se volvio a su mundo, sola y deprimida. Esos son los efectos que tiene Edward en ella.
Este capitulo ha sido el mas fácil de escribir en todo mi tiempo como escritora. Me sente y comencé a teclear. Para cuando me fije me había detenido y el capitulo estaba hecho, esperando ser corregido. No me di cuenta de nada de lo que estaba a mi alrededor, deje de ser yo, me transporte a New York en una mañana fría de 2 de enero, en un hermoso apartamento, con un mullido sillón, una tasa de café frio. Me convertir en Bella Swan de PDDC y me sumi en la tristeza y desesperación de estar atrapada dentro de mi misma. Siempre me he sentido compenetrada con mis personajes, pero en este caso, la conexión fue diferente, mas fuerte, mas agotadora.
Espero que les haya gustado y al igual que a mi, se puedan convertir en Bella para entenderla.
Comentarios? Gracias!
PD: Disculpen el capi tan corto.
