Autor: Ahiru-san

Personajes: Jou y Miyako

Concepto: Manta

Cuadros y puntos

Miyako había tomado aquella decisión por una apuesta que hizo con Daisuke. Todo comenzó cuando este la criticó por ser demasiado dispersa y porque, según él, ella jamás terminaba lo que empezaba a menos que tuviera relación con las computadoras. Aunque sabía que dicha crítica venía de una persona a la que pocos tomaban en serio, ser acusada de inconstante y tachada de «persona que solo sirve para tratar con aparatos electrónicos», hirió su orgullo de adolescente.

—¿Estás segura de que podrás? —le preguntó Jou, observándola avanzar con su creación.

—¡Claro que sí! —aseguró ella—. No puede ser tan difícil. Con lo que he aprendido en el taller será suficiente para hacer una bella y genial manta, y lograr que el tonto de Daisuke se trague sus palabras —declaró.

Jou sonrió, divertido. Le encantaba ese lado tan determinado de Miyako y, al mismo tiempo, le hacía gracia que ella y su amigo aún pudieran ser tan infantiles.

La apuesta consistía en que ella tejería una manta de lana lo bastante amplia como para cubrir una cama de plaza y media. El plazo que tenía para cumplir con el reto era de un mes, y el perdedor tendría que hacer todo lo que el ganador le ordenara durante veinticuatro horas.

—Aprovecharé las vacaciones para avanzar un montón. —Fue una de las cosas que dijo el primer día—. Justo este año mi familia no pensaba viajar, así que habrán muchas menos cosas que me distraigan.

La primera semana no tuvo grandes complicaciones. Parecía muy confiada de sus habilidades, aunque no llevara más de dos meses asistiendo al taller de tejido que impartían cerca de su casa. Como estaban trabajando con crochet y ya le habían enseñado a hacer tejidos usando cuadrados de lana, consiguió que su profesora le permitiera incluir la manta en la lista de labores de la clase. Se sentía muy agradecida de su suerte, ya que le resultó algo más sencillo pudiendo recibir la ayuda de alguien más experimentado que ella.

Por otro lado, Jou, basándose en la lógica, tenía más claro que la misma Miyako que lograr su propósito no sería tarea fácil para una principiante, sobre todo con el insufrible calor veraniego que se sentía en Tokio durante aquella época del año.

—Arghhh, no lo soportooo —se quejó la muchacha, tejiendo en la sala de estar de su casa, empapada de sudor incluso tras haber bebido su tercer vaso de agua. Con el ventilador encendido y todo, los treinta grados Celsius de temperatura ambiental que estaban teniendo ese día parecían dar una dura batalla, al igual que esa condenada manta.

—Vamos, Miya —la animó su hermana Momoe, quien lamía una paleta de helado—, ¡tú puedes!

—Piensa que si no la completas a tiempo, ¡serás la esclava de Daisuke! —intentó motivarla Chizuru, a su manera.

—¡Noooooooooo! —chilló, aumentando su velocidad para tejer, espantada ante dicha perspectiva—. ¡Eso jamáaaaaaas!

La segunda semana recibió algunos consejos prácticos de su profesora, los cuales la ayudaron a acelerar el proceso, aunque la presión que sentía iba destruyendo su autoconfianza conforme pasaban los días.

—Miyako, confía en ti —la alentó su novio—, sé que puedes conseguirlo.

—No sé… todavía me falta unir muchas partes y… No sé, Jou, no sé si podré.

La tercera semana casi se rindió: su profesora le pidió que hiciera correcciones a varios cuadrados. Había tejido tan aprisa que se terminó saltando algunos puntos.

—No voy a lograrlo —masculló, frustrada, con los ojos humedecidos.

—Miyako —suspiró Hawkmon—, no te rindas, todavía queda una semana y media.

—¡No puedo! —casi gritó—. No puedo, estoy harta… Ojalá nunca hubiera hecho esa apuesta.

Fue por esa razón que Jou llamó a los amigos más cercanos de ella dentro del grupo y les pidió que también la apoyaran.

Después de recibir palabras de aliento mediante breves llamadas telefónicas, correos electrónicos y mensajes de texto por parte de sus amigos, la voluntad de Miyako se fortaleció de una manera increíble, y es que ¡hasta el mismísimo Daisuke había colaborado en la oleada de apoyo moral!

Sus padres y hermanos estaban sorprendidos: era la primera vez que la veían tan motivada con algo que se hallara fuera de la comodidad de su escritorio y que, además, no tuviera nada que ver con el Mundo Digital.

—Miya, sí que has crecido —comentó Mantarou a modo de broma—. Estás planeando convertirte en una buena esposa para cuando te cases con Kido, ¿verdad? Estoy tan orgulloso de ti…

—No me molestes —le espetó, muy concentrada en su labor.

La cuarta semana le tocó volver a la escuela y su tiempo para tejer se redujo drásticamente, así que decidió llevar los materiales de tejido escondidos en su mochila para avanzar con algunos cuadrados durante los recreos, los cuales uniría más tarde, al volver a casa.

Y así fue como logró terminar la frazada el último día.

—¡Tacháaaaan! —exclamó—. Toma —le dijo a Jou, entregándole una colorida bolsa de plástico—, es para ti.

Jou abrió la bolsa y se encontró con la famosa manta tejida a crochet, la cual estaba conformada por múltiples cuadros de colores sobrios: tonos en escala de grises y azules, y algunos verdes que se divisaban entre medio.

—¿Eh? ¿De verdad? ¿Me la regalas?

—Si no te gusta, me la puedes devolver —bromeó.

—Eso ni lo pienses. ¡Muchas gracias! —La aceptó con alegría, dándole un beso en los labios a Miyako.

—Ahora mismo no te servirá por el calor, pero dentro de unos tres meses me lo agradecerás.

—Ya estoy agradecido sin haberla usado siquiera.

Aquel comentario hizo sonreír a Miyako de oreja a oreja.

—Gracias, Jou —respondió—. Y no te preocupes —continuó con lo que pretendía decirle—, la hice con una lana especial que no pica, ni provoca alergias. —Se adelantó a explicarle, puesto que lo conocía bien y sabía que podía llegar a ser algo hipocondríaco.

—¿Te diste tantas molestias por mí? Eres la mejor, Miyako.

Y se abrazaron con ternura.

—Ahora deberíamos estrenarla —sugirió ella con un movimiento ascendente-descendente de sus cejas.

—¿A-Ahora mismo? —preguntó él, nervioso, mirando en todas direcciones—. P-Pero, Miyako, mi madre está en casa y…

Miyako soltó una carcajada. Le encantaba poner nervioso a Jou con comentarios de doble sentido.

—Estoy exhausta de tanto tejer. ¿Te parece si tomamos una siesta?

A lo que Jou no pudo negarse, dado que las clases de medicina que había tenido ese día también lo dejaron agotado.

Miyako se tendió sobre la cama de su novio y se cubrió solo con la colorida manta de lana. Por suerte para ambos, aquel día no hacía tanto calor, así que era el momento perfecto para probarla.

Jou la imitó y se acostó junto a ella. Programó el despertador de su celular para que sonara dentro de media hora más y se dejó derrotar por el cansancio.

Despertó treinta minutos después con el agudo sonido de la alarma. No recordaba haber soñado.

Pudo ver que a su lado seguía descansando Miyako y la observó durante unos segundos. Siempre le había gustado ese cabello lila, tan largo y suave, así que no pudo resistir la tentación de tocarlo. Sus dedos y la palma de su mano acariciaron la cabeza de su novia con delicadeza, hasta que esta se movió.

—¿Qué hora es? —quiso saber.

Jou comprobó la hora en su celular.

—Las cuatro con once minutos.

Miyako soltó una risita, adormilada.

—¿No sentiste comezón?

—¿Eh? —dijo él, tardando un instante en comprender a qué se refería—. Ah, ¿por la manta? No, no sentí nada.

—Me alegra —sonrió ella—. Al menos pude sacar algo bueno de todo el estrés que me trajo. Nunca más haré apuestas de este tipo con Daisuke.

—¿A qué te refieres con «de este tipo», Miyako? —la regañó Jou—. Sería mejor que no volvieran a apostar nada, ¿no crees?

—Sí, tal vez…

Jou bufó.

—Intenta no meterte en cosas que después te vayan a estresar tanto. Me preocupa tu salud a todo nivel y lo sabes.

Miyako rio un poco. Se desperezó y contestó:

—Tienes razón, pero ya sabes cómo soy.

Él se encogió de hombros.

—Bueno, yo solo intento aconsejarte.

—Lo sé. —Le sonrió Miyako, acortando la distancia para abrazarlo. Jou respondió al abrazo y volvió a acariciarle el cabello—. Pero me compensa saber que le gané a Daisuke y también que será mi esclavo por un día.

Jou rio.

Y permanecieron en silencio, acurrucados, con los párpados cerrados.


Notas: Gracias a las administradoras (sobre todo a HikariCaelum) que me permitieron escribir un fic Jouyako por ser la embajadora. ¡Y gracias a los que lean mi aporte para esta bella actividad!

¡Gracias por leer!