Jajajajaj, no tocaba capítulo de este fic hasta mañana, pero no os voy a dejar con la intriga. De todas maneras no respiréis tranquilas hasta el último capítulo.
Capítulo 21
«Horario del fallecimiento…»
Fallecimiento…
Fallecimiento…
Las palabras continuaban resonando en la mente de Regina mientras un nudo crecía en su garganta. Los ojos castaños fuera de órbita ardían, y las piernas siempre tan firmes, flaquearon y cayó de rodillas en medio de la habitación. En aquella noche, en aquel año en que su vida comenzaba a cambiar de manera tan hermosa, el destino decidía interferir y arrebatarle la razón de que sonriera todos los días. Nunca más habría una sonrisa antes de un beso. Nunca más el corazón se dispararía con un sencillo "buenas noches", susurrado al oído porque Emma se había marchado.
«Regina…»
Hora del fallecimiento…
Fallecimiento…
«Regina…¡Regina!» dijo una voz, más alto
Jadeante, Regina abrió los ojos y pestañeó rápidamente intentando acostumbrarse a las fuertes luces que tenía encima. Aún llorando y con la cabeza empapada de sudor, se sentó en la cama y se arrancó de encima las sábanas.
«Amor, ¿estás bien?»
Al mirar en la dirección de la voz, con el corazón en la garganta, Regina se llevó la mano a la boca y comenzó a llorar histéricamente mientras los brazos de Emma la rodeaban.
«Calma, mi amor…calma…» susurró Emma «Hey, cálmate, cariño…»
«Estabas muerta…» lloriqueó, mientras se pasaba las manos por el rostro «Saliste y…sufriste un accidente…»
«Amor, estoy aquí. Solo ha sido una pesadilla»
«¿Qué hora es?» preguntó Regina, aún temblorosa
«Son las 03:30 de la mañana. Me estaba arreglando para ir a la comisaria…¿recuerdas que hoy tendré que hacer el traslado de algunos presos?»
«Me acuerdo y no quiero que vayas» dijo ella, tirándose a sus brazos «Tengo un mal presentimiento, Emma»
Emma agarró el rostro enrojecido de Regina entre sus manos y enjugó sus lágrimas con los pulgares. Mirando profundamente a sus ojos, abrió una pequeña sonrisa.
«Fue una pesadilla, amor…no me va a pasar nada, ¿está bien?»
«¿Lo prometes?»
«Lo prometo, mi amor…lo prometo. Ahora vuelve a dormir porque aún es temprano»
«No sé si lograré volver a dormirme…»
«Entonces voy a llamar a Ruby para decirle que te quedarás con ella, ¿ok? No quiero que te quedes sola pensando lo que no debes» dijo Emma, y por suerte, Ruby cogió la llamada.
Al lado de los dos agentes, Emma caminó en dirección al coche patrulla y en silencio, se acomodó junto a los detenidos en el asiento trasero. Observando el paisaje mientras pensaba en Regina, no se dio cuenta cuando el coche estacionó detrás de otro vehículo parado en la acerca.
«Dame tu arma, Swan» dijo uno de los agentes, apuntándola con su arma
En shock, Emma llegó a pensar que era una broma, pero ese pensamiento rápidamente desapareció cuando los dos detenidos se quitaron las esposas y sacaron sus respectivas pistolas. Fue entonces que se dio cuenta que nunca hubo tal traslado, y en realidad, aquellos dos hombres que ella inocentemente creyó dos delincuentes, eran, en realidad, dos policías disfrazados.
«Si haces alguna gracia, disparamos» dijo uno de ellos, y visiblemente asustada, ella sacó su pistola de la cintura y se la pasó al agente.
«¿Qué está sucediendo? ¿Por qué estáis haciendo esto?» preguntó Emma, mientras era esposada.
«Te has metido con quién no debías, y ahora vas a pagar por eso» dijo el agente, abriendo el maletero.
Aunque estuviera esposada, Emma intento reaccionar, pero sus movimientos fueron cortados cuando uno de los policías le dio un rodillazo en su estómago. Retorciéndose de dolor, fue metida en el maletero y enseguida, el vehículo fue bañado en gasolina y empujado barranco abajo.
«Vámonos» dijo uno de los policías.
«¿No sería mejor esperar un poco?» preguntó otro
«¿Esperar qué? ¿A que pase alguien y nos vea? A esta hora, ya debe estar muerta por la caída y no pasará mucho tiempo a que el coche se incendie. Ahora vamos antes de que nos vean»
«Anda, Regina…ya terminas ese cuadro después»
«No puedo. Dentro de una semana tendrá lugar una exposición y tengo que terminarlo cuanto antes»
«Te prometo que como uno de tus cuadros, pero por favor, ven conmigo» insistió Ruby
«¿Toda esa ansiedad es porque le vas a comprar un regalo a Mérida?»
«Pues claro. Ya sabes que soy un desastre cuando se trata de escoger regalos» dijo ella, y antes de que Regina pudiera responder, el sonido del timbre interrumpió la conversación «Deja, yo abro» dijo Ruby, y en cuando la puerta se abrió, Regina dejó caer las herramientas que tenía en las manos cuando sus ojos se cruzaron con la figura del jefe de departamento de policía donde Emma trabajaba. Inevitablemente, imágenes de la pesadilla que había tenido invadieron su mente, y en silencio, rezo para que Emma estuviera bien.
«Señorita Mills, ¿puedo hablar un minuto con usted?» preguntó, entrando al apartamento cuando Ruby se apartó para dejarlo entrar
Tragando en seco, Regina no consiguió formular ninguna palabra, pero mantuvo sus ojos fijos en él, mientras el corazón parecía querer estallar en su pecho.
«Bien…» comenzó «Sé que usted es la compañera de la agente Swan y…»
«¿Dónde está Emma?» lo interrumpió, con la voz embargada y los ojos llorosos
«La agente Swan ha sufrido un accidente esta mañana y…»
«Emma…¡quiero saber dónde está Emma!» gritó, sin contener el llanto
«Desgraciadamente, ha muerto»
Con los ojos encharcados de lágrimas y el corazón encogido de dolor, se negó a creer en las palabras de aquel hombre, y en un ataque de furia, se lanzó contra él y le golpeó el pecho varias veces.
«¡Mentira! ¡Mentira!» gritaba ella, mientras golpeaba y lo empujaba hacia fuera de su apartamento.
«Señorita, lo siento mucho…»
En shock y sin conseguir aguantar las lágrimas, Ruby se acercó a ella y la atrajo hacia su cuerpo. Los brazos temblorosos de Ruby rodearon su cuerpo y las dos cayeron de rodillas y lloraron juntas.
«¡Dios mío, no…no puede ser…no, Emma…!» murmuró ella, mientras su visión se borraba entre lágrimas.
Un vacío jamás sentido antes invadió su pecho, a pesar de que acababa de recibir la noticia, no quería desistir de Emma. Pero en algún lugar en el fondo de su mente, desagradables susurros le decían que ella se había marchado para nunca más volver.
«Bien…con permiso, señoritas» dijo el agente, marchándose enseguida.
Pocos minutos después de su salida, Cora Mills apareció para consolar a su hija. Los periódicos de todo el país transmitían lo que sabían del accidente, y las imágenes exhibidas en los reportajes se resumían a lo que había quedado del coche policial.
«Querida…todo va salir bien…» susurró Cora, acariciándole el cabello
«No puede haberme dejado, mamá…no puede. Me prometió…» dijo ella, el corazón palpitando con tanta fuerza que sus dedos temblaban.
Además de Cora, Mérida apareció y al igual que ellas, no conseguía creerse que su mejor amiga había muerto. Amparada por los brazos de Ruby, hundió su rostro en su cuello y lloró silenciosamente.
Sólo había pasado un día, pero las autoridades lo consideraron suficiente para dar por cerradas las investigaciones sobre la causa de aquel accidente en el que una agente había muerto. Al preguntarle por qué Emma estaba sola en el coche de policía, el comisario informó que era solo una medida de seguridad el que un agente acompañara el traslado de los presos por si ocurría algún imprevisto durante el viaje. También dijo que Emma conducía porque su colega de trabajo, Graham Humbert, había llegado tarde esa mañana y por ese motivo, no estaba junto a ella. Aunque supiera que nada de aquello era verdad, Graham confirmó la historia.
Al final del día, aunque no hubiera cuerpo, un funeral se realizó y todo el departamento se encontraba de luto por la pérdida de la agente más nueva de la policía de Boston: Emma Swan.
De regreso a su apartamento, Regina se tiró sobre la cama, física y mentalmente exhausta, intentando controlar la respiración, el temblor del cuerpo y las lágrimas que no dejaban de brotar de sus ojos. La mente daba vueltas, sin control, intentar prever cada escenario posible.
«Lo sabía…le pedí que no fuera…» balbuceó Regina, mientras su rostro era acariciado por Cora.
«Al menos se marchó haciendo lo que le gustaba, hija»
«No podía dejarme. No después de todo lo que pasamos para estar juntas. ¡No podía!» gritó Regina, entregándose a otra crisis de compulsivo llanto.
Durante unos dolorosos minutos, se quedó en silencio, y entonces el dolor volvió a estallar en su pecho, acompañado de otro torrente de lágrimas. Un manto de tristeza la envolvía.
Pasaron algunas horas y debido al cansancio, acabó quedándose dormida. Tras un demorado beso en la cabeza, Cora se dirigió al cuarto de invitados intentando hacer el menor ruido posible para no despertarla. Sin embargo, sus esfuerzos fueron inútiles y en pocos minutos, los ojos de Regina se abrieron y buscaron a la mujer que tanto amaba, pero ella se había ido. Nunca más dormiría y se despertaría a su lado.
Con los hombros caídos y el ánimo abatido, se dirigió al baño y cuando encendió la luz, encaró su propio reflejo en el espejo. Los ojos castaños, antes tan llenos de esperanza, no contenían la menor señal de vida. Sus dedos recorrieron su propio rostro, pálido y manchado de rímel. Eran las señales externas de su dolorido corazón.
Tras lavarse la cara, volvió al cuarto y se dejó caer sobre la cama, con la esperanza de poder dormir unas horas, pero eso no sucedió.
Segundos, minutos y horas pasaron mientras miraba el techo rezando para que solo se tratara de otra pesadilla. Pero durante las horas que siguieron, ondas de dolor penetraron en su corazón y la realidad de que Emma se había marchado para nunca más volver la golpeó de lleno.
Los minúsculos rayos de luz que pasaban por las rendijas de la inmensa ventaba de madera despertaron a Emma de un profundo sueño. Cada uno de sus músculos parecía contusionado, pero el dolor en nada se comparaba con el del corazón, herido, maltratado. Llorando, inspiró hondo e intentó levantarse, pero se detuvo cuando sintió una punzada de dolor, casi arrancándole el aire de los pulmones.
«No te muevas…»
«¿Dónde estoy?» preguntó, intentando reconocer lo que la rodeaba
«Está en mi casa»
«¿Y quién es usted?»
«Nadie importante. Y usted, ¿quién es? ¿Una fugitiva?»
«¿Fugitiva?» preguntó Emma, claramente confundida
«Te encontré en un barranco, aquí cerca, y estabas con la manos esposadas»
«Soy policía»
«¿Y por qué estabas esposada?»
«Porque fui víctima de una emboscada»
«Has tenido suerte de haber caído lejos…el coche en el que estabas explotó»
«Sí, tuve suerte» dijo ella «¿Cómo te llamas?» preguntó Emma
«Milah…mi nombre es Milah»
«El mío es Emma. ¿Hace cuánto tiempo que estoy aquí, Milah?»
«Algunos días»
«¿Algunos días? ¿Por qué tengo la sensación de que fue ayer…?»
«Mira, sinceramente no imaginé que fueras a sobrevivir» Milah la interrumpió «Tenias tres costillas rotas, algunas fracturas y una herida muy fea en la cabeza. Tu fiebre era tan alta que me llegué a asustar»
«¿Eres doctora?»
«Sí, lo soy»
«¿Y por qué no me llevaste a un hospital?»
«¿Querías ir a un hospital?»
«No»
«Me lo imaginé»
«Necesito ir al baño»
«Sí, lo necesitas. Con cuidado, por favor…cualquier movimiento brusco, puede empeorar tu situación»
Con una cara de dolor y algunas lágrimas formándose en sus ojos, Emma consiguió levantarse y apoyada en una muleta y en el hombro de Milah, finalmente llegó al baño. Sus ojos verdes recorrieron el sitio mientras mentalmente se preguntaba qué clase de lugar era aquel cuyo baño estaba totalmente adaptado para personas con necesidades especiales. Entonces se dio cuenta de que su ropa había desaparecido de su cuerpo, y solo una bata le cubría su desnudez.
«Ven, te ayudo» dijo Milah, ajustando los soportes que rodeaban la taza del váter.
«¿Te vas a quedar mirando?» preguntó Emma, intentando no mostrarse afectada por la sonrisita que aquella, hasta entonces desconocida, le dio.
«Soy médico y no eres la primera mujer que veo sin ropa, que ayudo a usar el baño o tomar una ducha» dijo ella, acercándose lentamente «Solo tienes que apretar ese botón y el soporte te ayudará a sentarte sin que tengas que esforzar el cuerpo. Y para levantarte, aprieta el otro botón»
«Entendí»
«Estaré cerca…llámame cuando acabes»
«¿Por qué tienes todo este equipamiento en tu casa? Es más, ¿por qué has transformado tu casa en una clínica?» preguntó Emma, mientras Milah la ayudaba a echarse de nuevo en la cama.
«Porque me suspendieron cuando escondí mi relación con un paciente. ¿Y tú? ¿Por qué fuiste esposada y tirada a ese barranco para morir?»
«Porque me enamoré de la hija del senador»
