Luchando contra lo imposible

Capitulo 20: Confesiones.

Estaban todas las mujeres de la clase sentadas en la fila izquierda de la pared. Había dos puestos desocupados al lado de la ventana.

Camine junto a Edward hasta el lugar, y sentí los cuchicheos de todos. Sentía las miradas penetradas en mí, por parte de las chicas del curso, y la mirada acusadora de Oscar.

Me había olvidado por completo de mi mejor amigo.

Al llegar a nuestro lugar, quede atónita. Habían miles de papeles llenos de garabatos, pero con una palabra enmarcada en rojo: PUTA.

No le quise tomar importancia. Edward apretaba fuerte mi mano. Agarro los papeles y los hizo desaparecer en un instante.

Al tomar asiento, sentí como me tiraban papeles.

– ¡He, Swan! – Gritaron de la fila de la pared. Yo solo atine a mirar.

–Creo que esta cómoda allí, rodeada de hombres – dijo en tono de burla, Samanta. Una niña que desde siempre me tuvo un rencor incomparable. Ella era una de las más populares del liceo. – Di que es cierto, y admite que eres una PUTA – dijo ahora acercándose un poco más a la fila en donde estaba yo.

–Yo no soy puta – dije rabiosa, una de las cosas que más me molestaban era que me digan eso, bueno a quién no. ¿Por qué no llega el profesor? ¿Justo hoy tuvo que retrasarse?

–A que no – dijo ahora en frente de mi. En el curso nadie hablaba, solo se escuchaban las risitas de las chicas.

–No lo soy – dije ahora furiosa.

–Entonces, como ya te echaste a Mason – dijo enarcando una ceja.

–Detente – dijo Edward – ella no es puta, y no sé a echado a nadie. – Edward la miraba con furia, a pesar de todo. Edward no podía abandonar sus actos caballerosos, porque una mocosa me este molestando.

–Oh, pobre Mason. Tan tontito eres que no te das cuenta – dijo haciendo un falso puchero. – Esta puta – dijo apuntándome – tiene un pasado más oscuro que el de nadie – dijo lentamente – es una mosca muerta. Ahora que llego algo bueno – dijo apuntando a MI Edward – Ella en un chasquido de dedos, los engatusa – dijo cerrando los ojos. – Agradece que eres bonito, y que te hacemos abrir los ojos. – Dicho eso se fue a su asiento.

Veía lo tenso que estaba Edward. A mí no me salían palabras, más que simples lagrimas. Lo que dijo ella… puede que sea verdad, soy una puta, mi pasado me condena, no tengo perdón.

– ¡Te vas a quedar callada! – volvieron a gritar las niñatas. – Llora perra, que nadie te cree aquel show barato.

No atine a nada más que salir corriendo del salón. Quiero irme a casa, necesito pensar. Edward no sé merece algo como yo. Él necesita algo bueno.

Con la vista aún nublada corría por los pasillos. ¿Qué hare ahora? ¿Cómo volveré a la escuela? ¿Qué pasará con Edward?

En mi partida loca, se me olvido un pequeño punto ¿Me dejarían salir de la escuela?

Ok, no quiero ir a enfermería, sabrán donde estoy, y lo más probable que Edward ya me este buscando.

Correr. Mi única opción.

Tome una gran bocanada de aire. Fije mi vista en la puerta principal, y cuando iba entrando una señora, corrí a no más dar.

– ¡Chiquilla! – Grito el portero – ¡Detente! – Era tarde, ya estaba corriendo sin rumbo fijo.

Sabía donde quería ir. Sería un largo viaje, pero no imposible. Iría al parque forestal.

– ¿Estás loca? Es muy lejos. Te morirás en el intento. – Dijo mi inoportuna subconsciente. Resignada me senté en una gran roca. Estaba en el estacionamiento del colegio, y nadie había ido por mi búsqueda.

–Eh, Bella – dijo una muy conocida voz – ¿Qué haces aquí?

–Y tú, ¿Qué haces aquí? – le pregunte a David.

–Bueno respondes tú o yo – dijo con una agradable sonrisa.

–Estoy aquí porque tuve un problema con unas compañeras – dije con la cabeza gacha – fui cobarde, y escape. – Dije dejando mis manos en mi cabeza.

– ¿Cobarde? Pero Edward, ¿no hiso nada al respecto? – dijo frunciendo el seño.

–Si hiso, pero él no tendría porque hacerlo. – No le daría más vueltas al asunto. – Además tenía ganas de ir a un lugar…

–Yo te llevo – dijo con una radiante sonrisa.

–No andas con auto… – dije confundía.

– ¿Quién dijo que usaría un auto? – Dijo pícaro. Yo solo ladee la cabeza. – ¿Quieres, o no quieres?

Solo asentí sonriente. Él tomo mi mano y me puso de pie. Sin ni un esfuerzo me abalance a su espalda. Si hubiese sido alguien normal lo hubiese matado por la manera que me apretaba.

–Recuerda, cierra los ojos – solo asentí y los cerré.

Sentía como el fuerte viento golpeaba mi cara, estaba tentada a abrir los ojos, pero me negué, acordándome lo mal que quede la primera vez que me subí a la espalda de David.

–Llegamos – dijo ayudándome a bajar. Estábamos en medio del gran bosque. Un momento, ¿Cómo es que sabe que yo quería venir aquí?

–Cómo es que… – no me dejo hablar, y me cortó.

–Se muchas cosas de ti Bella, nunca olvides que soy la "persona" – dijo marcando las comillas con sus dedos – que más te conoce. Nunca lo olvides – dijo giñando un ojo.

–Está bien, trataré de no olvidarlo – dije riendo. – Este lugar es tan hermoso – dije cerrando los ojos y tragando una bocanada de aire. – Me trae tantos recuerdos, pero a la vez purifica mi alma. – Estaba hablando en voz alta, no tenía problema en hacerlo. David era de mucha confianza para mí, y lo supe de un principio.

–Recuerdo el día que te vi en la disco – dije curvando una sonrisa, aun con los ojos cerrados. – Eras todo un galán. "Cazabas" como nadie – dije riendo. Lo decía del modo literal. Era verdad, David era todo un galán, y no sé molestaba en no demostrarlo, tenía a todas las chicas de la disco vueltas locas.

–Eso quedo atrás Bella – dijo dándome un suave codazo. – Ahora creo que abrí los ojos – dijo mirando la nada.

– ¿Enserio? – pregunte incrédula.

–Creo que el amor siempre estuvo frente a mí, y nunca me deje percatar de ello. Solo era cosa de admitir – dijo aun mirando el cielo.

–Ella lo sabe – dije realmente curiosa.

–No – dijo secamente – y tampoco podrá saberlo. Es complicado. No me corresponde. – Dijo ahora cerrando los ojos y dando un gran suspiro. – Ha veces, el destino es tan complicado e indeciso. Puede ser tan complicado, como tan erróneo. Te puede llevar a cometer locuras, dolor y tristeza. – Dijo aun con los ojos cerrados y marcando profundamente el seño. Se quedo en un profundo silencio.

–Pero hay veces que no es así David – dije retomando el tema – el peor error es temer a lo que va a pasar, y no afrontar la realidad. Haz lo que tu corazón te diga, escúchalo, que quizás luego te arrepentirás, y será demasiado tarde…

–Pero Bella, que sucede si ya es demasiado tarde – dijo ahora abriendo los ojos. – Que pasa si es que la verdad, es que nunca fue demasiado tarde, solo que nunca tuvo que pasar. Realmente me gustaría no existir…

– ¡No digas eso! Eres importante, tanto como para mí, como para el resto – dije tocándole el pecho. – Nunca pienses así. Enserio, escucha tu corazón – le di una de mis mejores sonrisas, y vi como él también lo hacía.

–Si tú lo dices, lo haré. Pero más adelante – dicho eso dejo su brazo en mi hombro. – Ahora solo queda, esperar… – Susurró en mi oído. Me estremecí por sus palabras, sin entender lo que quería decir. Yo realmente quería lo mejor para él, le debo mucho.

– ¡Maldito hijo de puta! – escuche la voz de Edward o era mi imaginación. Me solté en un instante de David, y me volteé para comprobar de quien provenía ese grito. Al hacerlo, acerté. Era Edward.