Okey se que me deben estar odiando un poquito... Pero ya volví... Aquí esta el cap...
Cebra hasta las vegas
-Eso es todo (Dijo Thalía felizmente)
Nuevamente todos esperaron la llegada de su líder y sus hijos… pero nada paso…
-Me toca… (Murmuro Nico decepcionado) Cebra hasta las vegas…
El dios de la guerra nos esperaba en el aparcamiento del restaurante.
Poseidón gruño…
-Bueno, bueno… No los han matado. (Dijo burlón)
-Sabías que era una trampa (Le espeté irritada)
Ares sonrió maliciosamente.
-Seguro que ese herrero lisiado se sorprendió al ver en la red a un par de niñas estúpidas. (Rio) Das bien en la tele princesa… (Se burló otra vez)
Le arrojé su escudo.
-Eres un cretino. (Hable con rabia)
Artemis rio… al igual que sus cazadoras…
(En la réplica del palacio de Persi)
-Mamá estoy aburrida… (Exclamo Zoe. S arrastrando las palabras)
-Lo se amor… (Murmuro la ojiverde mayor) yo también lo estoy… (Suspiro)
-Quiero volver con mamá Artemis… (Pidió Teseo. P haciendo un puchero sentado en el regazo de su madre)
La azabache menor suspiro y froto su cara… -Creo que no lo pensamos bien… (Admitió)
-No (Negó Persi (M) rápidamente) esto es lo mejor… ellos piensan que por nuestro defecto nos pueden hacer lo que sea… (Negó devuelta y suspiro) solo me gustaría ver lo que sucede… (Admitió)
En ese momento la Tv se encendió y ellos pudieron ver en vivo y en directo lo que sucedía en la sala del trono…
Los niños se entusiasmaron, acomodándose mejor en sus lugares… Las ojiverdes se miraron y sonrieron…
-¿Quién quiere palomitas? (Exclamo Persi (M))
Todos levantaron las manos…
(En la sala del trono)
Ares miro mal a Artemis y sus cazadoras por reírse… La diosa solo se encogió de hombros con indiferencia…
Annabeth y Grover contuvieron el aliento.
Ares agarró el escudo y lo hizo girar en el aire como una masa de pizza. Cambió de forma y se convirtió en un chaleco antibalas. Se lo colocó por la espalda.
-¿Ves ese camión de ahí? (Señaló un tráiler de dieciocho ruedas aparcado en la calle junto al restaurante) Es su vehículo. Los conducirá directamente a Los Ángeles con una parada en Las Vegas. (Informo con indiferencia)
El camión llevaba un cartel en la parte trasera, que pude leer sólo porque estaba impreso al revés en blanco sobre negro, una buena combinación para la dislexia:
«Amabilidad internacional: TRANSPORTE DE ZOOS HUMANOS. PELIGRO: ANIMALES SALVAJES VIVOS.»
-¿Qué? (Exclamaron Artemis y sus cazadoras con rabia)
-Díganme que por lo menos los tenían en buenas condiciones… (Pidió la diosa de plata)
Annabeth y Grover hicieron una mueca… la ojiplata suspiro y bajo la cabeza…
-Estás de broma (Dije enojada) Además (Señale el camión) ¿Acaso eso es legal?
Ares chasqueó los dedos. La puerta trasera del camión se abrió.
-Billete gratis, princesa. Deja de quejarte. (Murmuro irritado, ignorando mi pregunta) Y aquí tienes estas cosillas por hacer el trabajo. (Agrego a último momento)
Sacó una mochila de nailon azul y me la lanzó. Contenía ropa limpia para todos, veinte pavos en metálico, una bolsa llena de dracmas de oro y una bolsa de galletas Oreo con relleno doble.
No sé porque pero a mi mente vinieron las palabras de la mujer del agua "No confíes en los regalos de…" ¿Serian estos regalos?
Negué suspirando… estaba muy paranoica últimamente…
-Confía en tus instintos… (Murmuro Hera)
(Palacio Persi)
-Aquí tienen… (Dijo Persi (M) entregando el bol de palomitas a sus hijos, para luego sentarse junto a su mini yo…) ¿Qué me perdí?
-Ares nos dio la mochila (Murmuro Persi (J))
La ojiverde gimió y llevo un puñado de palomitas a la boca…
(Salón de los tronos)
-Ahora ha aprendido a hacerlo… (La defendió Annabeth) solo necesitaba más confianza en sí misma… (Admitió con una sonrisa)
Los semidioses asintieron…
-No quiero tus mugrosas… (Empecé)
-Gracias, señor Ares (Saltó Grover, dedicándome su mejor mirada de alerta roja) Muchísimas gracias. (Repitió, rodé los ojos)
Me rechinaron los dientes.
Probablemente era un insulto mortal rechazar algo de un dios, pero no quería nada que Ares hubiese tocado.
-Si la verdad nadie quiere… (Dijo Hermes divertido)
El dios de la guerra le saco la lengua, luego miro a otro lado mientras cruzaba sus brazos…
A regañadientes, me eché la mochila al hombro. Sabía que mi ira se debía a la presencia del dios de la guerra, pero seguía teniendo ganas de aplastarle la nariz de un puñetazo. Me recordaba a todos los abusones a los que me había enfrentado: Nancy Bobofit, Claris.
La hija de Ares hiso una mueca de tristeza… pero sabía que su amiga tenía razón…
Gabe el Apestoso, profesores sarcásticos; todos los cretinos que me habían llamado «idiota» en la escuela o se habían reído de mí cada vez que me expulsaban.
Miré el restaurante, que ahora tenía sólo un par de clientes. La camarera que nos había servido la cena nos miraba nerviosa por la ventana, como si temiera que Ares fuera a hacernos daño. Sacó al cocinero de la cocina para que también mirase. Le dijo algo. Él asintió, levantó una cámara y nos sacó una foto.
Los mestizos hicieron una mueca…
«Genial (Pensé con sarcasmo) Mañana otra vez en los periódicos.»
Ya me imaginaba el titular:
«Delincuente juvenil propina paliza a motorista indefenso.»
La sala estallo en carcajadas…
Igual que en el palacio de la ojiverde ya que sus hijos estaban rodando por el suelo a punto de asfixia…
-No fue tan divertido (Dijo la ojiverde mayor rodando las ojos, su yo más joven asintió estando de acuerdo con ella)
-Si lo fue… (Dijo Sophia tratando de recuperar el aliento) Imagínate la escena mamá (La alentó) Tú una niña de 12 años golpeando a un indefenso Ares hasta la inconciencia… (Relato) y la gente viendo todo sintiendo lastima por el frágil motorista… (Finalizo para estallar en carcajadas nuevamente)
Esta vez las Persi´s también se le unieron…
-Me debes algo más (Le dije a Ares con desconfianza) Me prometiste información sobre mi madre. (Le recordé)
-¿Estás segura de que la soportarás? (Arrancó la moto) No está muerta. (Aseguro)
Todo me dio vueltas.
-¿Qué quieres decir? (Cuestione con la voz quebrada)
-Quiero decir que la apartaron de delante del Minotauro antes de que muriese. La convirtieron en un resplandor dorado, ¿no? Pues eso se llama metamorfosis. No muerte. Alguien la tiene. (Dijo bruscamente, abrumándome)
-¿La tienen? ¿Qué quieres decir? (Tenia mil preguntas y ninguna respuesta)
-Necesitas estudiar los métodos de la guerra, princesa. Rehenes… (Dijo en tono obvio) Secuestras a alguien para controlar a algún otro.
-Nadie me controla. (Dije indignada)
Se rio. El maldito se seguía burlando de mi…
-¿En serio? (Cuestiono con sarcasmo) Mira alrededor, chica. (Me espeto)
Cerré los puños.
-Es bastante presuntuoso, señor Ares, para ser un tipo que huye de estatuas de Cupido. (Le dijo con rabia)
Los dioses comenzaron a reírse fuertemente… Ares estaba morado de rabia…
De un momento a otro las puertas de la sala estallaron abiertas… todos voltearon esperando que los que llegaran fueran las azabaches y sus hijos… pero solo era Hércules… que parecía que se había tomado hasta el agua de las fuentes… las mujeres hicieron una mueca de desagrado… Zeus bajo la cabeza avergonzado… Poseidón lo noto y rápidamente convoco agua helada para bañar a su sobrino y quitarle un poco la borrachera…
Funcionó, aunque aún parecía aturdido…
Hermes y Apolo se acercaron a regañadientes para ayudarlo a acomodarse en su asiento…
Nico continuo… después de soltar un suspiro de decepción… de verdad anhelaba que su prima volviera para pedirle perdón…
Tras sus gafas de sol, el fuego ardió. Sentí un viento cálido en el pelo.
-Volveremos a vernos, Persi Jackson. La próxima vez que te pelees, no descuides tu espalda. (Me advirtió)
Aceleró la Harley y salió con un rugido por la calle Delancy.
-Eso no ha sido muy inteligente, Persi (Annabeth me reprocho)
Suspire frotando mi cara. -Me da igual. (Murmure)
-No quieras tener a un dios de enemigo. Especialmente ese dios. (Continuo, iba a decirle que me deje en paz por un segundo… pero por suerte Grover me interrumpió… antes de hacer algo de lo que se me iba a arrepentir)
Annabeth suspiro… sabía que a veces podía ser irritante…
-Eh, chicas (Intervino Grover) Detesto interrumpirlas, pero…
Señaló al comedor. En la caja registradora, los dos últimos clientes pagaban la cuenta, dos hombres vestidos con idénticos monos negros, con un logo blanco en la espalda que coincidía con el del camión: «amabilidad internacional.»
-Si vamos a tomar el expreso del zoo (Prosiguió) debemos darnos prisa.
No me gustaba, pero no teníamos opción. Además, ya había tenido suficiente de Denver para una vida. Cruzamos la calle corriendo, subimos a la parte trasera del camión y cerramos las puertas.
Lo primero que me llamó la atención fue el olor. Parecía la caja de arena para gatos más grande del mundo.
Annabeth y Grover arrugaron la nariz al recordar lo desagradable que había olido ese camión…
Los demás también lo hicieron al oír la descripción… Afrodita y sus hijas casi vomitaron su almuerzo…
El interior del camión estaba oscuro, hasta que destapé a Anaklusmos. La espada arrojó una débil luz broncínea sobre una escena muy triste. En una fila de jaulas asquerosas había tres de los animales de zoo más patéticos que había visto jamás: una cebra, un león albino y una especie de antílope raro.
Artemis y sus cazadoras gruñeron…
-¿Los liberaron verdad? (Cuestiono duramente la diosa de la caza al sátiro y a la rubia)
Estos se encogieron de hombros, no querían adelantar nada… Artemis rodo los ojos…
(Palacio Persi)
Los hijos de la cazadora miraban a su madre interrogante, esperando a que conteste la pregunta de su otra madre… la ojiverde asintió en afirmación un poco intimidada por la intensidad de sus miradas… tal vez no debió permitir a Grover tan cerca de ellos, ni a su mujer dándoles esas charlas interminables del amor a la naturaleza y los animales protección… luego sonrió… a quien quería engañar, adoraba a su familia, no les cambiaria nada…
Alguien le había tirado al león un saco de nabos que claramente no quería comerse. La cebra y el antílope tenían una bandeja de polispán de carne picada.
-¿Quién podría ser tan estúpido? (Pregunto Hera con desdén)
-Mortales… (Contesto Dionisio con desagrado)
-Hey… (Exclamo Red ofendida, cruzándose de brazos y haciendo un puchero)
Las crines de la cebra tenían chicles pegados, como si alguien se hubiera dedicado a escupírselos. Por su parte, el antílope tenía atado a uno delos cuernos un estúpido globo de cumpleaños plateado que ponía:
« ¡Al otrolado de la colina! »
-Esa es una terrible falta de respeto… (Gritó Artemis con irritación) voy a matar a eso despreciables mortales… (Prometió y sus cazadoras asintieron en acuerdo con ella levantando sus arcos al aire)
Al parecer, nadie había querido acercarse lo suficiente al león, y el pobre bicho se removía inquieto sobre unas mantas raídas y sucias, en un espacio demasiado pequeño, entre jadeos provocados por el calor que hacía en el camión. Tenía moscas zumbando alrededor de los ojos enrojecidos, y los huesos se le marcaban.
-No puedo creer que traten así a unos pobres animales… que no les han hecho nada… (Murmuro Hestia con la voz quebrada… los demás también suspiraron con tristeza)
-¿Esto es amabilidad? (Exclamó Grover horrorizado) ¿Transporte zoológico humano? (Cuestiono con sarcasmo)
Quise salir y golpear a eso tipejos que se creían con el derecho de hacer esto.
Artemis sonrió con aprobación… al igual que lo hacían sus hijos en el palacio de su otra madre…
Y por como Grover agarraba su flauta, estaba segura de que me acompañaría, pero justo entonces el camión arrancó y el tráiler empezó a sacudirse, así que nos vimos obligados a sentarnos o caer al suelo.
Nos acurrucamos en una esquina junto a unos sacos de comida mohosos, intentando hacer caso omiso del hedor, el calor y las moscas.
Grover y Annabeth se estremecieron… esa experiencia no fue nada agradable… claro para Annabeth no era tan malo como Tártaro y su encuentro con la loca de Aracne y para Grover que tener que convivir con Polifemo… pero fue desagradable…
Grover intentó hablar con los animales mediante una serie de balidos, pero se lo quedaron mirando con tristeza. Annabeth estaba a favor de abrir las jaulas y liberarlos al instante, pero yo señalé que no serviría de nada hasta que el camión parara.
-Buen punto… (Admitió Atenea)
Los semidioses y dioses estuvieron de acuerdo…
Además, me daba la sensación de que teníamos mucho mejor aspecto para el león que aquellos nabos.
-Si definitivamente una gran observación… (Murmuro Leo divertido)
Encontré una jarra de agua y les llené los cuencos, después usé a Anaklusmos para sacar la comida equivocada de sus jaulas. Les di la carne al león y los nabos a la cebra y el antílope. (Artemis inflo el pecho con orgullo sonriendo brillantemente por los cuidados que su esposa les estaba dando a los animales) Grover calmó al antílope, mientras Annabeth le cortaba el globo del cuerno con su cuchillo. Quería también cortarle los chicles a la cebra, pero decidimos que sería demasiado arriesgado con los tumbos que daba el camión.
-Decisión inteligente queridos… (Concordó Deméter con una sonrisa)
La semidiosa y el sátiro se sonrojaron y Annabeth admitió en voz baja. –Persi rechazo la idea a penas Grover lo sugirió…
Le dijimos a Grover que les prometiera a los animales que seguiríamos ayudándolos por la mañana, después nos preparamos para pasar la noche.
Grover se acurrucó junto a un saco de nabos; Annabeth abrió una caja de nuestras Oreos con relleno doble y mordisqueó una sin ganas; yo intenté alegrarme pensando que ya estábamos a medio camino de Los Ángeles.
A medio camino de nuestro destino. Sólo estábamos a 14 de junio. El solsticio no era hasta el 21. Teníamos tiempo de sobra.
Annabeth gimió cubriendo su cara, Grover suspiro con cansancio…
-Fue su culpa… (Susurro Annabeth a Grover con irritación, el sátiro se encogió de hombros sin darle mayor importancia, eso ya había pasado después de todo)
Por otro lado, no tenía idea de qué debía esperar. Los dioses no paraban de jugar conmigo. Por lo menos Hefesto había tenido la decencia de ser honesto: había puesto cámaras y me había anunciado como entretenimiento.
Hefesto se coloreo de oro ante eso… Afrodita lo miro con ternura… Piper que lo vio sonrió con alegría… su madre por fin estaba despertando de su inmadurez…
Pero incluso cuando aquéllas aún no estaban rodando, había tenido la impresión de que mi misión era observada. Yo no era más que una fuente de diversión para los dioses.
Los dioses suspiraron con tristeza… porque tal vez la semidiosa tiene razón… a lo mejor y eso era lo que estaban haciendo…
-Oye (Me llamo Annabeth) siento haber perdido los nervios en el parque acuático, Persi. (Su tono era tímido como si estuviera avergonzada)
Le sonreí levemente. -No pasa nada. (Admití)
-Es que… (Se estremeció) ¿Sabes?, las arañas…
-¿Por la historia de Aracne? (Supuse) Acabó convertida en araña por desafiar a tu madre a ver quién tejía mejor, ¿verdad?
Annabeth asintió.
-Yo creo que… con todo respeto (Me apresure a decir) tú madre debe dejar de convertir a las personas en monstruos… eso solo les trae problemas a ustedes y a nosotros los otros semidioses… (Dije con voz calmada)
Atenea abría y cerraba la boca sin poder creer lo que había oído… -Yo no… (Quiso defenderse, pero Apolo la interrumpió)
-Si tú si… (La reprendió) por los monstruos que has creado… muchos de tus hijos y los nuestros (Dijo señalándose y los otros) han muerto… (Espeto) yo te amo Tena eres mi hermana… pero esa no era la forma… (Concluyo)
La diosa de la sabiduría asintió lentamente en comprensión… parecía verdaderamente afectado por esto… por un impulso de valentía o estupidez… que seguro debía de agradecer a Persi… Annabeth se levantó y fue a abrazar a su madre… esta se tensó en un primer momento pero luego se relajó en el abrazo… "Te amo mamá" le murmuro a su madre… se separaron y la semidiosa regreso a su lugar no sin escuchar el "Yo también" de la diosa…
Después de una larga pausa ella volvió a hablar. -Lo sé… estoy de acuerdo contigo… (Admitió en un suspiro) Los hijos de Aracne llevan vengándose de los de Atenea desde entonces. (Murmuro en voz baja) Si hay una araña a un kilómetro a la redonda, me encontrará. Detesto a esos bichejos. (Suspiro y me miro) De todos modos, te la debo.
Le sonreí amablemente. -Somos un equipo, ¿recuerdas? (Dije con voz segura) Además, la salvada la ha hecho Grover. (Reí) sin él hubiésemos estado fritas…
Pensaba que estaba dormido, pero desde la esquina murmuró:
-Somos equipo…
Annabeth y yo nos reímos. Sacó una Oreo y me dio la mitad.
-Awa…. Eso es amor… (Exclamo Leo)
Todos rieron… Annabeth se sonrojo, pero también sonreía…
-En el mensaje Iris… ¿de verdad Luke no dijo nada? (Me cuestiono lentamente)
Mordisqueé mi galleta y pensé en cómo responder. La conversación del arco iris me había tenido preocupada durante toda la tarde.
-Luke me dijo que él y tú se conocen desde hace mucho. (Confesé) También dijo que Grover no fallaría esta vez. Que nadie se convertiría en pino. (Dije un poco confundida)
Thalía miro mal a Luke… este trato de sonreírle pero se transformó en mueca ante la frialdad de la mirada de la hija de Zeus…
Al débil resplandor de la espada era difícil leer sus expresiones.
Grover baló lastimeramente. -Debería haberte contado la verdad desde el principio. (Le tembló la voz) Pensaba que si sabías lo bobo que era, no me querrías a tu lado.
Annabeth y Thalía rodaron los ojos…
Rodé mis ojos. –Siempre te querré a mi lada G-Man (Admití) Eras el sátiro que intentó rescatar a Thalía, la hija de Zeus. (Supuse)
-Solo Thalía… (Exclamo la ojiazul con exasperación)
(Palacio Persi)
Las ojiverdes reían. –Seguimos molestándola sin estar presentes… (Dijo Persi (J) chocando 5 con su yo mayor)
-A la tía Thalía le encanta que la molestes… (Dijo Sophia con diversión)
Sus otros hijos asintieron en acuerdo… -Además es mucho más divertido cuando está en casa… (Hablo Luke. T riendo) las guerras de bromas entre Tío Nico, Tía Thalía y tú son geniales… (Admitió)
Persi (M) asintió sonriendo. -Si. Son muy divertidas… (Hiso una mueca) bueno no tanto si Annabeth y Artemis se enojan por el desorden…
Sophia, Luke. T, Zoe. S, Teseo. P y Persi (J) se rieron a carcajadas…
(Gran salón)
-Es Persi, Thals… ella ama molestarte… (Dijo Nico riendo)
La nueva teniente de Artemis bufo exasperada…
Asintió con tristeza.
-Y los otros dos mestizos de los que se hizo amiga Thalía, los que llegaron sanos y salvos al campamento… (Miré a Annabeth) Eran tú y Luke, ¿verdad?
Annabeth dejó su Oreo sin comer.
-Como tú dijiste, Persi, una mestiza de siete años no habría llegado muy lejos sola. (Empezó con cautela) Atenea me guio hacia la ayuda. Thalía tenía doce; Luke, catorce. (Susurro) Los dos habían huido de casa, como yo. Les pareció bien llevarme. Eran… (Su voz se quebró) unos luchadores increíbles contra los monstruos, incluso sin entrenamiento. (Su tono mostraba la admiración que les tenía) Viajamos hacia el norte desde Virginia, sin ningún plan real, evitando monstruos hasta que Grover nos encontró. (Finalizo en un hilo de voz)
Thalía que había tomado la mano de la rubia, se la apretó levemente para confortarla… esta le sonrió agradecida…
Enebro abrazaba a Grover mientras frotaba su espalda con ternura… él tomo su mano libre entre las suyas y beso sus nudillos… la ninfa se sonrojo…
-Se suponía que tenía que escoltar a Thalía al campamento (Dijo Grover entre sollozos) Sólo a Thalía. (Repitió) Tenía órdenes estrictas de Quirón: no hagas nada que ralentice el rescate. (Suspiro) Verás, sabíamos que Hades le iba detrás, pero no podíamos dejar a Luke y Annabeth solos. Pensé… que podría llevarlos a los tres sanos y salvos. Fue culpa mía que nos alcanzaran las Benévolas. (Su voz se quebró por un sollozo) Me quedé en el sitio. (Murmuro con amargura) Me asusté de vuelta al campamento y me equivoqué de camino. Si hubiese sido un poquito más rápido… (Se lamentó cubriendo su cara con las manos)
-Yo no cambiaría nada… (Admitió Thalía con una sonrisa) Nada. (Repitió) si eso me trae a este maravilloso presente…
Todos sonrieron a lo dicho por la semidiosa de ojos azul eléctricos…
-Ya basta (Lo interrumpió Annabeth, sobresaltándonos) Nadie te echa la culpa. (Le dijo a Grover con firmeza) Thalía tampoco te culpaba. (Aseguro)
Thalía asintió efusivamente en acuerdo con lo dicho… -No te culpo… (Dijo) todo lo contrario (Abrazo a Annabeth) te lo agradezco…
-Se sacrificó para salvarnos. Murió por mi culpa. Así lo dijo el Consejo de los Sabios Ungulados. (Protesto la cabra)
Los semidioses y dioses rieron… Grover gimió un "Persiiii" lastimeramente… su novia beso su mejilla y le susurro. –Mi cabra…
El sátiro se sonrojo y sonrió como tonto…
-¿Porque no pensabas dejar a otros dos mestizos atrás? (Dije incrédula) Eso es injusto. (Proteste)
-Persi tiene razón (Convino Annabeth conmigo)
Asentí, luego me congele al darme cuenta que Annabeth estuvo de acuerdo conmigo, me volví hacia ella sorprendida -¿La tengo? (Cuestione estúpidamente)
-Si la verdad no es normal que le des la razón a ella… (Murmuro Piper) o a cualquiera en general… (Finalizo en un segundo pensamiento distraída)
Annabeth bufo divertida, pero un poco molesta por el comentario… nadie pareció notar esto último…
Rodó los ojos, pero asintió sonriendo. Correspondí a su sonrisa. -Yo no estaría aquí hoy de no ser por ti, Grover. Ni Luke. No nos importa lo que diga el Consejo. (Dijo con convicción)
Yo asentí. Grover siguió sollozando en la oscuridad.
La sala reprimió el gemido de frustración… para no incomodar más al sátiro…
-¡Gran suerte tengo! (Exclamo exasperado) Soy el sátiro más torpe de todos los tiempos y voy a dar con las dos mestizas más poderosos del siglo, Thalía y Persi. (Dijo con un toque de amargura)
-Hey y yo… (Se quejó Nico en broma)
-Tú no eres poderoso aliento de muerte… (Se burló Thalía) tú nos saliste defectuoso… (Continuo)
-Si soy poderoso (Aseguro con voz dura poniéndose de pie, su prima rodó los ojos) Persi dijo que lo soy (Dijo haciendo berrinche de nene chiquito, con puchero y todo)
-Si también le dijo a Annabeth que su orgullo la hace sexy y sabemos que no es así… (Contrataco la pelinegra con indiferencia) sino todo lo contrario… (Murmuro)
La hija de Atenea se sonrojo… - Thalía… tú tampoco eres tan poderosa como Persi… (Le espeto) nadie aquí lo es… (Aseguro)
Los dioses la miraron con una ceja arqueada…
-Ni siquiera ustedes… (Les contesto con indiferencia)
Los olímpicos se miraron atónitos… pero antes de poder decir algo Thalía hablo… -Yo nunca dije que lo era Anni… (Dijo como si le hablara a una niña pequeña)
Annabeth bufo…
En el palacio de Persi (M) todos estaban divertidos por la pelea…
-Sigue Nico… (Pidió la rubia, este le saco la lengua a Thalía, para después continuar)
-No eres torpe (Insistió Annabeth) Y eres más valiente que cualquier otro sátiro que haya conocido. Nómbrame alguno que se atreva a ir al inframundo. Seguro que Persi también se alegra de que estés aquí. (Dijo para luego darme una patada en la espinilla, gemí de dolor)
-Eso no era necesario… (Espeto Hazel un poco enojada) ella lo habría dicho de todos modos… (Aseguro)
Annabeth se sonrojo…
-Sí (Contesté mirando mal a Annabeth por un momento, porque esa sería mi respuesta, incluso sin la patada)
Hazel sonrió con suficiencia…
-No fue la suerte lo que hizo que nos encontraras a Thalía y a mí, Grover. (Dije con voz suave) Eres el sátiro con más buen corazón del mundo. Eres un buscador nato. Por eso serás el que encuentre a Pan. (Asegure sonriendo a mi mejor amigo, aunque él no me vea)
Oí un hondo suspiro de satisfacción. Esperé que Grover dijera algo, pero sólo volvió más pesada su respiración. Cuando empezó a roncar, me di cuenta de que se había dormido.
-¿Enserio te da una súper charla motivacional y te duermes? (Cuestiono con incredulidad Hermes)
Grover agacho la cabeza sonrojado… los semidioses y dioses rieron…
-¿Cómo lo hará? (Me asombré)
-Nos preguntamos lo mismo cabeza de algas… (Murmuro Thalía divertida)
-No lo sé (Repuso Annabeth con incredulidad, luego ablando el tono) Pero ha sido muy bonito eso que le has dicho. (Murmuro con voz suave)
-Hablaba en serio. (Afirme)
Guardamos silencio varios kilómetros, zarandeadas contra los sacos de comida. La cebra comía nabos. El león lamía lo que quedaba de carne picada y me miraba esperanzado.
Annabeth se frotó el collar como si estuviera concentrada pensando.
-Tal vez porque lo estaba (Murmuro la rubia con burla)
-¿Cuando no? (Susurraron Thalía y Nico con diversión)
-Esa cuenta del pino (Le pregunté) ¿es del primer año?
Miró el collar. Al parecer no se había dado cuenta de lo que estaba haciendo.
-Sí (Contestó distraída) Cada agosto, los consejeros eligen el evento más importante del verano y lo pintan en las cuentas de ese año. Tengo el pino de Thalía, un trirreme griego en llamas, un centauro con traje de graduación…
La mire interrogante y con cierta diversión…
Rio. -Bueno, ése sí que fue un verano raro… (Admitió)
Asentí en acuerdo… -¿Y el anillo universitario es de tu padre? (Cuestione lentamente)
-Eso no es asunto… (Hice una mueca, ella se detuvo y suspiro) Sí. Sí que lo es. (Acepto)
-No tienes que contármelo. (Trate de ser amable, veía como le dolía el asunto)
-Sigo sin creer que ella se lo digas… así de fácil… (Murmuro Luke)
-Es Persi… (Le contesto simplemente)
-No… no pasa nada. (Inspiró con dificultad) Mi padre me lo envió metido en una carta, hace dos veranos. El anillo era… (Suspiro) En fin, su mayor recuerdo de Atenea. No habría superado su doctorado en Harvard sin ella… (Suspiro tristemente) Bueno, es una larga historia. En cualquier caso, dijo que quería que lo tuviera. (Rio sin humor) Se disculpó por haber sido un estúpido, dijo que me quería y me echaba de menos. (Negó con la cabeza) Quería que volviera a casa y viviera con él. (Dijo como si fuera lo más divertido que había oído)
-Eso no suena tan mal. (Hable con cautela)
-Sí, bueno… (Murmuro) El problema es que me lo creí. (Dijo irónica) Intenté volver a casa aquel año académico, pero mi madrastra seguía como siempre. (Bufo) No quería que sus hijos corrieran peligro por vivir con un bicho raro. Sus palabras… (Murmuro) Los monstruos atacaban. Peleábamos. Los monstruos atacaban. Peleábamos. No llegué a las vacaciones de Navidad. (Admitió derrotada) Llamé a Quirón y volví directamente al Campamento Mestizo.
Annabeth suspiro tristemente… Thalía pasó un brazo por sus hombros para reconfortarla...
-¿Crees que podrás vivir con tu padre otra vez? (Cuestione)
No cumplió con mis ojos. -Por favor. (Dijo con incredulidad) Paso de auto infligirme daño.
-No deberías desistir (Aconseje) Deberías escribirle una carta o algo así. (Propuse)
Annabeth bufo despectivamente. -Gracias por el consejo (Me dijo fríamente) pero mi padre ha escogido con quién quiere vivir. (Sentencio secamente dando por terminada la charla)
Guardamos silencio durante unos cuantos kilómetros.
-De seguro es ella la primera en romperlo… (Aseguro Piper) Odia los silencios…
La hija de Atenea asintió con una sonrisa…
-Así que si los dioses pelean (Dije para matar el silencio)
-JA (Exclamo la semidiosa de Afrodita) Lo sabía…
-Piper… (Hablo Thalía lentamente) nadie te dijo que no…
La castaña se sonrojo… -Ho (Murmuro apenada)
-¿se alinearán del mismo modo que en la guerra de Troya? ¿Irá Atenea contra Poseidón? (Interrogue tranquilamente)
Annabeth apoyó la cabeza en la mochila que Ares nos había dado y cerró los ojos.
-No sé qué hará mi madre. Sólo sé que yo lucharé en tu bando. (Aseguro)
Atenea frunció el ceño… Annabeth la miro con una ceja alzada, desafiándola a decirle algo… la diosa de la sabiduría, hiso uso de su dominio y se quedó callada…
Me sorprendí… ¿Annabeth en contra de su madre? … -¿Por qué? (No pude evitar preguntar)
-Porque eres mi amiga, sesos de alga. ¿Alguna otra pregunta idiota? (Dijo con humor)
No se me ocurría qué decir. Afortunadamente no tuve que hacerlo. Annabeth se había dormida.
Si ella supiera que mis intenciones en esta búsqueda no son las de encontrar ese maldito rayo, creo que no me consideraría su amiga, si se enterase de eso…
-De hecho te hubiese apoyado de todos modos y por supuesto seguiría considerándote mi amiga… (Pensó Annabeth en voz alta) sesos de algas (Murmuro)
(Palacio Persi)
-Lo se chica sabia… (Murmuro la ojiverde menor con una sonrisa)
-Mamá tengo hambre (Dijo Teseo. P con un mojin adorable)
-Veré que puedo hacer (Hablo Persi (M) dirigiéndose a la cocina)
Yo tuve problemas para seguir su ejemplo, con Grover roncando y un león albino mirándome hambriento, pero al final cerré los ojos.
Hazel gimió tristemente. –Seguro viene una pesadilla… (No era una pregunta pero Nico asintió)
La pesadilla se inició como algo que había soñado antes un millón de veces: me obligaban a realizar un examen oficial metido en una camisa de fuerza.
Los semidioses fruncieron el ceño…
Los demás chicos estaban saliendo al patio y el profesor no paraba de decir:
«Vamos, Persi. No eres tonta, ¿verdad? Agarra el lápiz.»
-¿Pero si tiene un chaleco de fuerza? (Murmuro Artemis confusa) claro que no es tonta… él lo es… (Espeto)
Como nadie dijo nada más… Nico siguió con la lectura…
Y entonces el sueño se desviaba de su camino habitual. Miraba hacia el pupitre de al lado y veía a una chica sentada allí, también con camisa de fuerza. Tenía mi edad, el pelo negro y revuelto, peinado a lo punk, los ojos azules y tormentosos pintados con lápiz oscuro, y pecas en la nariz. De algún modo, sabía quién era: Thalía, hija de Zeus.
Los semidioses jadearon…
-¿Por qué agregas el hija de Zeus? (Gritó frustrada Thalía, aún sin notar que su prima había soñado con ella mucho antes de conocerla) Esperen… (Exclamo) Ella me soñó… a mí… (Se señalo)
Annabeth y Nico que tenían sus mandíbulas en el piso asintieron…
-Ja… toma eso aliento de muerte… siempre voy a ser la primera para Persi… (Se burló de su primo)
El hijo de Hades frunció el ceño y bufo. –Lo que sea cara de pino… (Espeto para después continuar leyendo)
Ella forcejeaba con la camisa de fuerza, me lanzaba una airada mirada de frustración y espetaba:
-Bueno, jefa alga. Una de las dos tendrá que salir de aquí.
Con eso mi mente se activó…
«Tiene razón (Pensaba yo en el sueño) Voy a volver a esa cueva. Voy a darle al del foso un pedazo de mi mente»
-Yo siempre tengo razón… (Murmuro la ojiazul)
-Nop… Thals… esa es Annibeth… (Dijo Leo con voz de reproche)
Annabeth rodó los ojos divertida… Thalía bufo…
La camisa de fuerza se desvanecía. Caía a través del suelo de la clase. La voz del maestro se volvía fría y malvada, resonando desde las profundidades de un gran abismo.
-Persi Jackson (Decía) Sí, veo que el intercambio ha funcionado. (Felicito)
Estaba otra vez en la caverna oscura, los espíritus de los muertos vagaban alrededor.
Oculta en el foso, la cosa monstruosa hablaba, pero esta vez no se dirigía a mí. El poder que entumecía de su voz parecía dirigido hacia otro lugar.
-¿Y no sospecha nada? (Preguntaba con cautela)
Otra voz, una que me resultaba conocida respondía a mi espalda:
-Nada, mi señor. Ella no tiene ni idea… (Hablo con suficiencia)
Thalía fulmino a Luke con la mirada… este se estremeció…
Yo miraba, pero no había nadie. El que hablaba era invisible. Pero sabía que conocía a ese chico. Su voz es… es…
-Un engaño tras otro (Musitaba la cosa del foso, sacándome de mis pensamientos) Excelente.
-Excelente… (Repitió Leo en tono burlón)
Luke frunció el ceño ante la falta de respeto a su maestro… pero fue inteligente al no decir nada…
-En serio, mi señor (Decía la voz conocida a mi lado) hacen bien en llamarlo el Retorcido, pero ¿era esto realmente necesario? Podría haberos traído lo que robé directamente…
"El Retorcido" ¿A quién llamaban así en los mitos? Vamos clases de Quirón no me fallen ahora… "El Retorcido" era… era… Kronos… Titán del tiempo… ¿No?
Los dioses asentían efusivamente… Quirón tenía una gran sonrisa orgullosa…
-¿Tú? (Se burlaba Kronos) Has mostrado tus límites con creces. Me habrías fallado por completo de no haber intervenido yo. (Le recrimino)
-Pero, mi señor… (Intento protestar)
-Haya paz, pequeño sirviente. (Lo interrumpió con voz dura) Estos seis meses nos han rendido mucho. La ira de Zeus ha aumentado. (Zeus frunció el ceño) Poseidón ha jugado su carta más desesperada. Ahora la usaremos contra él. (El dios mencionado hizo una mueca de tristeza) Pronto obtendrás la recompensa que deseas, y tu venganza. En cuanto ambos objetos me sean entregados… (Se enmudeció abruptamente) Pero espera. Está aquí. (Exclamo sorprendido)
-Llego ahí sola… (Se sorprendió Atenea) Wow que poder…
-¿Qué? (El sirviente invisible de repente parecía tensarse) ¿La convoco, mi señor?
-No. (Kronos centraba toda la fuerza de su atención en mí, dejándome inmóvil en el sitio) Maldita sea la sangre de su padre: es demasiado voluble, demasiado impredecible. La chica ha venido sola. (Espeto con rabia)
Poseidón parecía totalmente orgulloso…
-¡Imposible! (Gritaba el sirviente)
Kronos rió. -¡Para un débil como tú, puede! (Rugió. Entonces su frío poder se volvía hacia mí) Así que… ¿quieres soñar con tu misión, joven mestiza? Pues te lo concederé. (Hablo con ironía)
La escena cambiaba.
Estaba de pie en un enorme salón del trono con paredes de mármol negro y suelos de bronce. El trono, vacío y horrendo, estaba hecho de huesos humanos soldados. De pie, junto al pedestal, estaba mi madre, helada en una luz dorada reluciente, con los brazos extendidos.
-JA… Intenta que crea que es Hades… (Se burló Atenea) Pero ella ya sabe la verdad…
-Aunque Hades si me tenía… Yo estaba bien atendida… y pasaba la mayor parte del tiempo entre el jardín y la cocina… (Murmuro Sally)
Intentaba acercarme a ella, pero las piernas no me respondían. Estiraba los brazos para alcanzarla, pero sólo para comprobar que se me estaban secando hasta los huesos. Esqueletos sonrientes con armaduras griegas se cernían sobre mí, me envolvían en una túnica de seda y me coronaban con laureles que olían como el veneno de Quimera y me quemaban la piel.
Todos en la sala se estremecieron…
La voz malvada se echaba a reír. -¡Salve, la heroína salvadora!
Desperté con un sobresalto. Grover me sacudía por el hombro.
Nadie reía… aún estaban en shock por la pesadilla…
-El camión ha parado (Dijo) Creemos que vendrán a ver los animales. (Informo)
-¡Escóndete! (Susurró Annabeth)
Ella lo tenía fácil. Se puso la gorra de invisibilidad y desapareció.
Annabeth se sonrojo…
Grover y yo tuvimos que escondernos detrás de unos sacos de comida y confiar en parecer nabos.
-Si porque son tan parecidos… (Ironizo Jasón)
Las puertas traseras chirriaron al abrirse. La luz del sol y el calor se colaron dentro.
-¡Qué asco! (Rezongó uno de los camioneros mientras sacudía la mano por delante de su fea nariz) Ojalá transportáramos electrodomésticos. (Subió y echó agua de una jarra en los platos de los animales) ¿Tienes calor? (Le preguntó burlonamente al león, y le vació el resto del cubo directamente en la cara)
Mis manos se cerraron en puños… El león rugió, indignado.
-Bien, Bien, tranquilo (Dijo el hombre)
-Mortales despreciables… (Espeto la diosa de la caza)
A mi lado, bajo los sacos de nabos, Grover se puso tenso. Para ser un herbívoro amante de la paz, parecía bastante mortífero, la verdad. Aunque yo estaba igual…
El camionero le lanzó al antílope una bolsa de Happy Meal aplastada. Le dedicó una sonrisita malévola a la cebra.
-Pero… ¿Cuál es su problema? (Se escandalizo Hestia)
-Son estúpidos, asqueroso y despreciables… (Hablo Artemis con desprecio)
Todos estuvieron de acuerdo…
-¿Qué tal te va, Rayas? Al menos de ti nos deshacemos en esta parada. (Le informo) ¿Te gustan los espectáculos de magia? Éste te va a encantar. ¡Van a serrarte por la mitad!
Las mujeres jadearon… los hombre hicieron una mueca de desagrado…
La cebra, aterrorizada y con los ojos como platos, me miró fijamente. No emitió sonido alguno, pero la oí decir con nitidez:
«Por favor, señorita, libéreme.»
Me quedé demasiado conmocionada para reaccionar.
Poseidón rió… -Por supuesto… las cebras son parientes cercanos de los caballos… (Murmuro para los que no entendían)
Se oyeron unos fuertes golpes a un lado del camión.
El camionero gritó:
-¿Qué quieres, Eddie?
Una voz desde fuera (sería la de Eddie) gritó:
-¿Maurice? ¿Qué dices?
-¿Para qué das golpes?
Toe, toe, toe.
Desde fuera, Eddie gritó:
-¿Qué golpes?
Nuestro tipo, Maurice, puso los ojos en blanco y volvió fuera, maldiciendo a Eddie por ser tan imbécil.
-Seguro es Annabeth… (Dijeron Travis y Connor divertidos)
Un segundo más tarde, Annabeth apareció a mi lado. Debía de haber dado los golpes para sacar a Maurice del camión.
Los gemelos sonrieron satisfechos…
-Este negocio de transporte no puede ser legal (Dijo indignada)
-¿Qué te hace pensar eso? (Dije con sarcasmo)
-No me digas (Contestó Grover al mismo tiempo que yo. Annabeth puso los ojos en blanco)
Grover se detuvo, como si estuviera escuchando. - ¡El león dice que estos tipos son contrabandistas de animales!
«Es verdad», me dijo la voz de la cebra en mi mente.
-¡Tenemos que liberarlos! (Sugirió Grover, y tanto él como Annabeth se quedaron mirándome, esperando que los dirigiera, arquee una ceja)
Mire a los pobres animales…
Había oído hablar a la cebra, pero no al león. ¿Por qué? Quizá se debiera a otra disfunción cognitiva… Quizá sólo podía entender a las cebras.
Entrecerré los ojos esforzándome por entender…
-No te esfuerces tanto sesos de algas… (Se burló Jasón)
En su palacio las ojiverdes bufaron divertidas…
Entonces pensé: caballos.
¿Qué había dicho Annabeth sobre que Poseidón había creado los caballos? ¿Se parecía una cebra lo suficiente a un caballo? ¿Por eso era capaz de entenderla?
Los semidioses y dioses asintieron distraídamente…
La cebra dijo: «Ábrame la jaula, señorita. Por favor. Después yo me las apañaré por mi cuenta.»
Suspire… Fuera, Eddie y Maurice aún seguían gritándose, pero sabía que volverían en cualquier momento para atormentar otra vez a los animales.
Empuñé la espada y destrocé el cerrojo de la jaula de la cebra. El pobre animal salió corriendo. Se volvió y me hizo una reverencia con la cabeza.
«Gracias, señorita.»
Hestia, Sally y Hera sonrieron orgullosas…
Grover levantó las manos y le dijo algo a la cebra en idioma cabra, una especie de bendición.
Justo cuando Maurice volvía a meter la cabeza dentro para ver qué era aquel ruido, la cebra saltó por encima de él y salió a la calle.
Se oyeron gritos y bocinas.
Nos abalanzamos sobre las puertas del camión a tiempo de ver a la cebra galopar por un ancho bulevar lleno de hoteles, casinos y letreros de neón a cada lado.
Acabábamos de soltar una cebra en Las Vegas.
Los mestizos rieron…
-Muy Persi… (Exclamo Nico)
Maurice y Eddie corrieron detrás de ella, y a su vez unos cuantos policías detrás de ellos, que gritaban:
-¡Eh, para eso necesitan un permiso!
-¿Es enserio? (Cuestiono Artemis incrédula)
-Y peor… (Aseguro Piper)
Los semidioses asintieron…
-Este sería un buen momento para marcharnos (Dijo Annabeth)
-Los otros animales primero (Intervino Grover, yo asentí)
Rompí los cerrojos con la espada. Grover levantó las manos y les dedicó la misma bendición caprina que a la cebra.
-No es una "bendición caprina"… (Se quejó Grover)
-Pero… ¿Tú no eres una cabra? (Lo cuestione Leo)
El sátiro asintió desconfiando…
-¿Y los bendijiste? (Inquirió nuevamente)
-¿A dónde quieres llegar? (Pregunto Grover con cautela)
-Contesta… (Demando el hijo de Hefesto)
-Si yo los bendije… (Murmuro)
Los demás miraban atentos la conversación…
-Entonces si es una bendición caprina… (Dijo encogiéndose de hombros) Nico continúa… (Pidió amable al otro semidios)
-Buena suerte (Les dije a los animales)
El antílope y el león salieron de sus jaulas con ganas y se lanzaron juntos a la calle.
Algunos turistas gritaron. La mayoría sólo se apartaron y sacaron fotos, probablemente convencidos de que era algún espectáculo publicitario de los casinos.
Artemis y sus cazadoras pusieron los ojos divertidas… El futuro parecía demasiado loco y diferente…
-¿Estarán bien los animales? (Le pregunté a Grover) Quiero decir, con el desierto y tal…
-Awa ella siempre preocupándose… (Dijo Piper con ternura)
-No te preocupes (Me contestó) Les he puesto un santuario de sátiro.
Lo mire con una ceja alzada. -¿Eso qué significa?
-Significa que llegarán a la espesura a salvo (Dijo en tono obvio) Encontrarán agua, comida, sombra, todo lo que necesiten hasta hallar un lugar donde vivir a salvo.
Asentí… luego fruncí el ceño. -¿Por qué no nos echas una bendición de ésas a nosotros? (Inquirí)
-Sólo funciona con animales salvajes. (Dijo divertido)
Asentí…
-Así que sólo afectaría a Persi (Razonó Annabeth con burla)
Los dioses y semidioses rieron…
La mire mal.
-Es una broma (Contestó levantando las manos en señal de rendición) Vamos, salgamos de este camión asqueroso. (Nos apresuró)
Salimos a trompicones a la tarde en el desierto. Debía de haber cuarenta y cinco grados, así que seguramente parecíamos vagabundos refritos, pero todo el mundo estaba demasiado interesado en los animales salvajes para prestarnos atención.
-Les vino genial la distracción… (Pensó Reyna en voz alta)
Annabeth y Grover asintieron…
Pasamos junto al Monte Casio y el MGM. Dejamos atrás unas pirámides, un barco pirata y la estatua de la Libertad, una réplica bastante pequeña pero que me provocó la misma añoranza.
No estaba segura de qué íbamos buscando. Tal vez sólo un lugar donde librarnos del calor por unos instantes, encontrar un sándwich y un vaso de limonada y trazar un nuevo plan para llegar a Los Ángeles.
Debimos de girar en el lugar equivocado, porque de repente nos encontramos en un callejón sin salida, delante del Hotel Casino Loto.
Nico y los dioses palidecieron…
El hijo de Hades miro a la ojigris interrogante y esta asintió positivamente a la pregunta no formulada… el pelinegro trago audiblemente…
La entrada era una enorme flor de neón cuyos pétalos se encendían y parpadeaban. Nadie salía ni entraba, pero las brillantes puertas cromadas estaban abiertas, y del interior emergía un aire acondicionado con aroma de flores: flores de loto, quizás.
Jamás las había olido, así que no estaba segura.
El portero nos sonrió.
-Hey, chicos. Parecen cansados. ¿Quieren entrar y sentarse?
-Si claro… él tan bondadoso… (Ironizo Hera)
-Pero nuestros niños no caerán en eso… (Aseguro Hestia) ya deben saber que no pueden confiar en nadie…
Annabeth y Grover se sonrojaron… las diosas al ver esto suspiraron exasperadas…
Las Persi´s también se sonrojaron…
Durante la última semana había aprendido a sospechar. Suponía que cualquiera podía ser un monstruo o un dios. No se podía saber. Pero aquel tipo era normal. Saltaba a la vista. Además, me sentí tan aliviada al oír a alguien que parecía comprensivo que asentí y le dije que nos encantaría entrar.
-No… (Se quejó Hestia)
Dentro, echamos un vistazo y Grover exclamó: -¡Wow!
El recibidor entero era una sala de juegos gigante. Y no me refiero a los comecocos cutres o las máquinas tragaperras. Había un tobogán de agua que rodeaba el ascensor de cristal como una serpiente, de una altura de por lo menos cuarenta plantas. Había un muro de escalar a un lado del edificio, así como un puente desde el que hacer puenting. Y cientos de videojuegos, cada uno del tamaño de una televisión gigante.
Los semidioses suspiraron en sueño.
-Ya sé dónde quiero mis vacaciones… (Aseguro Leo, los gemelos Stolls asintieron en acuerdo)
Básicamente, tenía todo lo que se te pueda ocurrir. Vi a otros chicos jugando, pero no muchos. No había que esperar para ningún juego. Por todas partes se veían camareras y bares que servían todo tipo de comida.
-¡Eh! (Dijo un botones. Por lo menos eso me pareció. Llevaba una camisa hawaiana blanca y amarilla con dibujos de lotos, pantalones cortos y chanclas) Bienvenidos al Casino Loto. Aquí tienen la llave de su habitación.
Los tres lo miramos confundidos… -Esto, pero… (Mascullé)
-No, no (Dijo sonriendo) La cuenta está pagada. No tienen que pagar nada ni dar propinas. Sencillamente suban a la última planta, habitación cuatro mil uno. Si necesitan algo, como más burbujas para la bañera caliente, o platos en el campo de tiro, lo que sea, llamen a recepción. Aquí tienen sus tarjetas Lotus Cash. Funcionan en los restaurantes y en todos los juegos y atracciones.
-¿De verdad ni con eso sospecharon? (Inquirió Poseidón)
La hija de Atenea y el sátiro se encogieron de hombros tímidamente…
Nos entregó a cada uno una tarjeta de crédito verde.
Sabía que tenía que tratarse de un error. Evidentemente pensaba que éramos los hijos de algún millonario. Pero acepté la tarjeta y pregunté:
-¿Cuánto hay aquí?
-¿Qué quiere decir? (Inquirió con ceño)
-Quiero decir que… (Lo pensé mejor) Olvídalo…
Se rió. -Ah, estas bromeando. Bueno, eso está bien. Disfruten de su estancia. (Se despidió con una sonrisa coqueta)
Subimos al ascensor y buscamos nuestra habitación. Era una suite con tres dormitorios separados y un bar lleno de caramelos, refrescos y patatas. Línea directa con el servicio de habitaciones. Toallas mullidas, camas de agua y almohadas de plumas. Una gran pantalla de televisión por satélite e internet de alta velocidad.
-¿Internet? (Cuestionaron los dioses)
-He eso es del futuro… (Dijo Annabeth dando por finalizado el tema)
Los dioses bufaron… pero no preguntaron más…
En el balcón había otra bañera de agua caliente y, como había dicho el botones, una máquina para disparar platos y una escopeta, así que se podía lanzar palomas de arcilla por encima del horizonte de Las Vegas y llenarlas de plomo. Yo no creía que aquello fuera legal, pero desde luego estaba genial.
La vista de la Franja, la calle principal de la ciudad, y el desierto eran alucinantes, aunque dudaba que tuviera tiempo para admirar la vista con una habitación como aquélla.
-¡Madre mía! (Exclamó Annabeth) Este sitio es…
-Genial (Concluyó Grover) Absolutamente genial.
Reí ante su entusiasmo… parecían chiquillos con exceso de azúcar…
-TDHA (Exclamaron los semidioses)
Había ropa en el armario, de mi talla. Puse cara de extrañeza.
-Otra razón para desconfiar… (Murmuro Orión)
Tiré la mochila de Ares a la basura. Ya no iba a necesitarla.
Luke frunció el ceño… eso no podía ser así… ella tenía que llevar esa mochila al inframundo…
Cuando nos marcháramos, podría apuntar otra a mi cuenta en la tienda del hotel. Me di una ducha, que me sentó fenomenal tras una semana de viaje mugriento. Me cambié de ropa, comí una bolsa de patatas, bebí tres Coca—Colas y acabé sintiéndome mejor que en mucho tiempo. En el fondo de mi mente, algún problema seguía incordiándome. Habría tenido un sueño o algo… tenía que hablar con mis amigos. Pero estaba segura de que podía esperar.
-En realidad no puede… (Hablo distraídamente Piper) pero ese lugar la está afectando… (La justifico rápidamente)
Salí de la habitación y descubrí que Annabeth y Grover también se habían duchado y cambiado de ropa. Grover comía patatas con fruición, mientras Annabeth encendía el canal del National Geographic.
-Con todos los canales que hay (Le dije sentándome en su regazo) y tú pones el National Geographic. ¿Estás de broma?
-Espera (Espeto Drew poniéndose de pie) ¿De cuándo acá tanta confianza como para que se siente en tú regazo? (Pregunto verdaderamente intrigada)
-No se la charla del camión nos acercó mucho… (Murmuro la rubia con una sonrisa tonta)
Rodeo con sus brazos mi cintura. -Emiten programas interesantes. (Se justificó)
Grover nos miraba divertido y con una ceja arqueada. Le sonreí. -Me siento bien (Comentó Grover) Me encanta este sitio.
Annabeth beso mi hombro, donde la musculosa que me había puesto dejaba al descubierto mi piel, la cual se erizo ante el contacto, podía sentirla sonriendo… inconscientemente también lo hice…
-Wow esa charla sí que las acerco… (Se burló Thalía)
Annabeth se sonrojo…
Sin que reparara siquiera en ello, las alas de las zapatillas de Grover se desplegaron y por un momento lo levantaron treinta centímetros del suelo.
-¿Y ahora qué? (Preguntó Annabeth ajustando su agarre en mi cintura) ¿Dormimos?
Grover y yo nos miramos y sonreímos. Ambos levantamos nuestras tarjetas de plástico verde Lotus Cash.
-Hora de jugar (Dije con alegría, Annabeth rio ante mi entusiasmo y asintió)
No recordaba la última vez que me lo había pasado tan bien. Venía de una familia relativamente pobre. Nuestra idea de derroche era salir a comer a un Burger King y alquilar un vídeo. ¿Un hotel de Las Vegas de cinco estrellas? Ni hablar.
Poseidón y Sally suspiraron…
-A ella jamás le importo eso (Aseguro Annabeth) Todo lo contario está feliz y agradecida de todo lo que le diste Sally (Hablo con amabilidad)
Sally asintió con una sonrisa agradecida…
Hi ce puenting en el recibidor cinco o seis veces, bajé por el tobogán, practiqué snowboard en la ladera de nieve artificial y jugué a un juego de realidad virtual con pistolas láser y otro de tiro al blanco del FBI.
Vi a Grover unas cuantas veces, pasando de juego en juego. Le encantó el cazador cazado: donde el ciervo sale a disparar a los sureños.
-Por supuesto… (Artemis dijo con sarcasmo)
Vi a Annabeth jugar a juegos de trivial y otras cosas para cerebritos. Tenían un juego enorme de simulación en 3D en el que construías tu propia ciudad y, de hecho, veías los edificios holográficos levantarse en el tablero. A mí no me pareció gran cosa, pero a ella le encantó.
A la diosa de la sabiduría también pareció fascinarle el juego… sus hermanos y hermanas pusieron los ojos divertidos…
No sé en qué momento me di cuenta de que algo iba mal.
-Hasta que por fin… (Exclamo Hestia aliviada) quien sabe cuánto lleven allí…
Probablemente fue cuando reparé en el chico que tenía a mi lado en el tiro al blanco de realidad virtual. Tendría unos trece años, pero llevaba ropa muy rara. Pensé que sería hijo de algún imitador de Elvis. Vestía vaqueros de campana y una camiseta roja con estampado de tubos negros, y llevaba el pelo repeinado con gomina como un chico de Nueva Jersey en la fiesta de principio de curso.
Jugamos una partida juntos y dijo:
-Cómo enrolla, colega. Llevo aquí dos semanas y los juegos no dejan de mejorar.
« ¿Cómo enrolla? » Pensé con diversión…
Los semidioses rieron…
-No se burlen… (Murmuro Artemis) Así hablamos aquí… (Dijo y sus cazadoras junto con los demás dioses asintieron)
Más tarde, mientras hablábamos, dije que algo «desentonaba» y me miró sorprendido, como si nunca hubiera oído la palabra. Se llamaba Darrin, pero en cuanto empecé a hacerle preguntas, se aburrió de mí y regresó a la pantalla.
-Eh, Darrin. (Lo llame)
-¿Qué? (Dijo sin quitar la vista de la pantalla)
-¿En qué año estamos? (Le pregunté, para confirmar mi sospecha)
Puso ceño. -¿En el juego? (Pregunto)
-No. En la vida real. (Aclare)
Tuvo que pararse a pensarlo. -En mil novecientos setenta y siete.
Todos los semidioses salvo Nico, Annabeth y Grover palidecieron… Y se estremecieron al pensar en las personas que están atrapadas allí…
Comencé a sentirme mal. -No (Dije, sin aliento y empecé a preocuparme) ¿En serio?
-Oye, chica, me das malas vibraciones. Tengo una partida que atender. (Me espeto)
Después de eso, me ignoró por completo.
Empecé a hablar con los demás, y descubrí que no era fácil. Estaban pegados a la pantalla del televisor, o al videojuego, o a su comida, o a lo que fuera. Encontré un tipo que me dijo que estábamos en 1985; otro, que en 1993. Todos aseguraban que no llevaban demasiado tiempo, sólo unos días, como mucho unas semanas.
En realidad ni lo sabían ni les importaba.
-Si ese es el efecto de los lotófagos… (Murmuro Zeus)
Entonces se me pasó por la cabeza:
¿Cuánto tiempo llevaba yo allí? Parecía sólo un par de horas, pero ¿cuánto había sido? Intenté recordar por qué estábamos allí. Íbamos a Los Ángeles. Teníamos que encontrar la entrada del inframundo.
Mi madre… Por un horrible instante me costó recordar su nombre.
Sally. Sally Jackson. Tenía que dar con ella. Tenía que evitar que Kronos causara la Tercera Guerra Mundial.
Encontré a Annabeth aun construyendo su ciudad.
-Vamos (Le dije jalándola conmigo) Nos marchamos. (Ordene)
No hubo respuesta. La sacudí por los hombros.
-Vamos Anni escúchala… (Imploro Luke pero no por las razones correctas, quería que le llevaran cuanto antes el rayo a su maestro)
-¿Annabeth? (Pareció molestarse conmigo)
-¿Qué? (Me espeto furiosa)
-Tenemos que irnos. (Le implore)
-¿Irnos? ¿De qué estás hablando? Si acabo de construir las torres… (Me hablo como si yo estuviera loca)
-Este sitio es una trampa. (Informe)
-Escúchala… (Pidió Atenea en un susurro)
No respondió hasta que volví a sacudirla.
-¿Qué pasa? (Gritó)
-Escucha. (Espete) Tenemos una misión, ¿recuerdas? (Hable sarcástica, ya irritada)
-Oh, Persi, (Hiso un puchero) sólo unos minutos más. (Me pidió)
-Annabeth, (Regañe) aquí hay gente desde mil novecientos setenta y siete. Niños que no han crecido más. Te inscribes y te quedas para siempre. (Susurro grite para hacerla entender)
-¿Y qué? (Replicó con molestia) ¿Te imaginas un lugar mejor?
Los semidioses abrieron los ojos como platos y miraron a la rubia divertidos… esta se sonrojo… -Cállense (Les espeto avergonzada)
Sus amigos levantaron las manos en señal de rendición…
Bufe. La agarré de la muñeca y la aparté del juego bruscamente.
-¡Eh! (Me gritó, e intentó pegarme, pero nadie se molestó siquiera en mirarnos. Estaban demasiado absortos)
La obligué a mirarme a los ojos.
-Arañas. (Grite) Enormes arañas peludas.
Eso la estremeció y le aclaró la mirada.
-Oh, santo Olimpo (Musitó) ¿Cuánto tiempo llevamos…?
Suspire. -No lo sé, pero tenemos que encontrar a Grover. (Declare)
Tras buscar un buen rato, lo vimos jugando al cazador cazado virtual.
-¡Grover! (Llamamos)
Él contestó: -¡Muere, humano! ¡Muere, asquerosa y contaminante persona!
-¡Grover! (Volvimos a intentarlo)
Se volvió con la pistola de plástico y siguió apretando el gatillo, como si sólo fuera otra imagen en la pantalla.
Ahora era el turno de Grover para sonrojarse como un tomate… ante las risas de sus amigos…
Miré a Annabeth, y entre las dos lo agarramos por los brazos y lo apartamos. Sus zapatos voladores desplegaron las alas y empezaron a tirar de sus piernas en la otra dirección mientras gritaba:
-¡No! ¡Acabo de pasar otro nivel! ¡No!
Los inmaduros rodaban en el suelo de risa… imaginando la escena…
El botones del Loto se acercó presuroso.
-Bueno, bueno, ¿están listos para las tarjetas platino? (Exclamo con entusiasmo)
-Nos vamos (Le dije)
-Qué lástima (Repuso él, y me dio la sensación de que era sincero, como si nuestra partida le doliese en el alma) Acabamos de abrir una sala nueva entera, llena de juegos para los poseedores de la tarjeta platino.
Nos mostró las tarjetas. Sabía que si aceptaba una, jamás me iría. Me quedaría allí, feliz para siempre, jugando para siempre, y pronto olvidaría a mi madre, mi misión e incluso mi propio nombre. Jugaría al francotirador virtual con Darrin el Enrollado por los siglos de los siglos.
-Amen… (Se burló Leo)
Los dioses lo miraron interrogantes.
-Es una expresión de los católicos… (Explico con desinterés)
Los dioses se encogieron de hombros… si ahora que lo pensaban bien ya habían oído eso antes…
Grover tendió un brazo hacia la tarjeta, pero Annabeth le pegó un tirón y la rechazó.
-No, gracias. (Dijo lo más amable que pudo)
Caminamos hacia la puerta y, a medida que nos acercábamos, el olor a comida y los sonidos de los videojuegos parecían más atractivos. Pensé en nuestra habitación del piso de arriba. Podíamos quedarnos sólo por esa noche, dormir en una cama cómoda y mullida por una vez…
Sacudí mi cabeza para quitarme esa tonta idea…
-Por supuesto que es tonta… (Se escandalizo Hera)
Salimos a toda prisa del Casino Loto y corrimos por la acera. Era por la tarde, aproximadamente la misma hora del día que habíamos entrado en el casino, pero algo no cuadraba. El clima había cambiado por completo. Había tormenta y el desierto rielaba por el calor.
Llevaba la mochila que me había dado Ares colgada del hombro, cosa rara, pues estaba seguro de que la había desechado en la habitación 4001.
Todos fruncieron el ceño ante esto…
Pero de momento tenía otros problemas de qué preocuparme.
Fui hasta el quiosco más cercano, miré la fecha de un periódico. Gracias a los dioses, seguía siendo el mismo año en que habíamos entrado.
Después reparé en la fecha: 20 de junio.
Habíamos pasado cinco días en el Casino Loto.
Los dioses gimieron lastimosamente por la mala suerte de estos semidioses…
Sólo nos quedaba un día para el solsticio de verano. Un día para llevar a buen puerto nuestra misión.
-Y eso es todo (Suspiro Nico)
Como ya se les hacía costumbre esperaron unos minutos con la esperanza que la familia Jackson haga acto de presencia pero no sucedió… suspirando Zoe pidió el libro para continuar con la lectura…
-Está bien… (Acepto Hestia) leemos este y luego a cenar… para después ir a dormir…
Todos asintieron…
-Probamos camas de agua… (Dijo Zoe)
BUENO ESPERO NO DEMORAR TANTO PARA EL PROXIMO!
BESOS MACA...
