HOLA A TODOS GUAPOS Y GUAPAS! YA HE VUELTO! Después de mucho tiempo he conseguido acabar el siguiente capítulo jeje. La cosa que pone bastante intensa, y espero que os este gustado mucho, lo digo de verdad. Que disfrutéis.

21. EN EL CASO DE QUE PIERDA LA BATALLA…

Londres, Inglaterra.

Eran las doce de la noche pasadas, y Yasmina estaba aún preocupada por su señora Ángelus. Ella y los demás vampiros de Hellsing estaban en el campo de tiro, intentando desahogarse un poco de la presencia desagradable de Radu, sobretodo Seras, que utilizaba su rifle sin descanso, Pip tuvo que detenerla para calmarla. A causa del ruido, nadie se entero de la presencia de Tara.

- ¡Yasmina, señorita Yasmina! - llamaba ella una y otra vez, hasta que por fin la oyeron, entonces detuvieron la practica. - Hay una llamada urgente, es para la señora Ángelus.

- ¿De qué se trata, Tara? - pregunto la pelirroja dejando su arma.

- El señor Spike. - contestó ella, al oír eso Yasmina suspiró molesta. - Dice que tiene información importante que contar, ¿le digo que llame en otra ocasión?

- No Tara, pásamelo. - pidió ella, la mayordoma le dio el teléfono portátil y se retiro. Se puso con pasividad. - Hola Spike, espero que sea algo importante.

- ¿Dónde está Ángelus? Necesito hablar con ella ya.

- Mi señora esta indispuesta en estos momentos, puedes decirme a mi lo que tengas que decirle a ella. - dijo Yasmina con voz pasiva y arrogante.

- ¡¿Puedes decirle que es un asunto de vida o muerte, eh? - exigió Spike sonando impaciente y molesto. - Se trata de esa sicópata de Iscariote XIII.

- ¿Heinkel Wolf, la misma cura de Iscariote XIII? - pregunto Yasmina extrañada, Seras y Pip la miraron al oír ese nombre. - ¿Qué pasa con ella?

- ¡Pues que ha venido a mi club y a estado a punto de matarme! - exclamó Spike enfurecido. - ¡Vino disfrazada para luego tenerme encerrado con un arma apuntándome sin dejar de hacerme preguntas sobre Ángelus!

- ¡¿Cómo dices, qué ha hecho qué? - pregunto Yasmina sorprendida mirando a los demás. - ¿Por qué te ha preguntado sobre ella?

- Y yo que se. Supongo que al no haber información de ella en los escritos como Drácula y el resto, seguramente esta desesperada por saber mas de ella y capturarla. - explicó él. - No pude decirle gran cosa, solo lo poco que sabía. Me pegó varias tiros y escapo de aquí, un poco mas y acaba conmigo, ¡joder!.

- Entendido. Gracias, Spike. - agradeció ella manteniendo la calma. - No hagas ninguna tontería por tu cuenta ¿quieres?

- Lo intentaré. - aceptó él. - Recuerdos a Ángelus.

Con eso Spike colgó el teléfono y ella también mostrándose pensativa. Sirius y los demás se reunieron con ella.

- ¿Qué pasa con Spike? ¿Ha sido atacado por Heinkel? - pregunto Seras.

- Sí, lo atacó para interrogarle sobre Ángelus. - informó Yasmina sería. - Él asegura que esa mujer esta intentando capturar a Ángelus, cogerla… con vida.

- ¿Y eso por qué y para qué? - pregunto Pip confuso. - ¡No tiene sentido viniendo de esos desgraciados del Vaticano!

- Ahora no es momento de discutir eso, - dijo Yasmina. - Será mejor que vaya a informar de esto a mi señora.

- Pero si ella te ha ordenado no molestarla… - le recordó Lucius. - No creo que ni yo escape de una bronca suya.

- Aún así, debo ir a avisarla. - insistió Yasmina decidida a hacerlo.

Sin decir nada más, la pelirroja se fue corriendo de allí apresuradamente, dejando allí plantados a todos. Corrió velozmente por la mansión hasta llegar a la puerta del dormitorio de ella, con algo de dudas, picó a la puerta, pero no hubo respuesta. Entonces, tragando saliva abrió en par las puertas, para ver que allí no había nadie en realidad, Ángelus no estaba en su dormitorio. Yasmina vio que la puerta de la terraza estaba abierta en par con las cortinas bailando por la brisa, y una pequeña nota sobre la cama, al asomarse vio que ponía su nombre en letras mayúsculas, entonces curiosa y confusa la cogió y leyó.

- ¡¿Qué…? - exclamó ella leyendo asombrada lo que ponía en esa nota. - ¡No puede ser… Mi señora… ¿Qué ha hecho?

- ¿Yasmina?

La pelirroja alzó la vista y vio a Sirius en la puerta abierta, mirándola preocupado y confuso de verla con esa expresión de horror y sorpresa en su rostro.

- Yasmina, ¿Qué pasa? ¿Dónde está Ángelus? - pregunto él al mirar la habitación.

- Sirius…

Yasmina no supo que más decirle en ese momento, estaba traumatizada, entonces, no pudo evitar echarse a llorar y correr hacía él desesperada para abrazarle con fuerza, Sirius no entendía nada pero la abrazo para calmarla, pero era inútil. Entonces, el vampiro moreno vio el papel en la mano de ella y la cogió para ver que era, él quedo igual de sorprendido que ella al leerla.

- No puede ser…

"Yasmina; me voy con Radu y los suyos, tal y como piden a cambio de la liberación de Arthur y los demás. Cuida bien de ellos en mi lugar, confío en ti y los demás. Por favor, respeta mi decisión y no hagáis ninguna locura a mis espaldas. Ser fuertes; Ángelus."

- Dios mío… Ama, ¿Por qué ha hecho esto? - se pregunto Sirius en alto.

- Mi señora… - nombró Yasmina entre lagrimas desolada y destrozada. - ¿Por qué…?

Sirius tiró la nota para intentar calmar a Yasmina, ésta se derrumbo hasta estar de rodillas en el suelo con Sirius abrazándola por los hombros. Parecía esta en shock, ausente en sus pensamientos, por más que Sirius la llamará ella no reaccionaba. Los demás de Hellsing no tardaron en aparecer por los gritos que Sirius daba, y entonces se enteraron de lo ocurrido, quedando igual de sorprendidos y desconcertados.

- Mi señora… Ángelus, no se vaya con ellos… - susurraba Yasmina muy bajo. - La torturaran sin descanso…

Edimburgo, Escocia.

La ciudad parecía estar en calma, y casi vacía de gente a esas horas de la noche. En la casa de Radu y su familia no había tanta tranquilidad por en el resto de la ciudad, había gente gritando, pero uno que estaba sentado aburrido en la sala de estar mirando la tele ignoraba ese ruido; Izan. El moreno de ojos verdes pasaba canales con el mando, viendo que a esas horas de la noche no hacían nada bueno.

- Tsk… ya podrían dar alguna película interesante que ver ahora. - se quejo él en voz alta.

Harto apago la tele y se dispuso a irse a dar una vuelta y comer, pero justo cuando se puso en pie se abrió la puerta de la entrada, no tardó en reconocer el olor de los recién llegados. Él y los demás vampiros de la casa se desplazaron velozmente hacía el recibidor, y allí los vieron; a Radu acompañado por Ángelus, desarmada y con la mirada baja y muda. Todos quedaron sorprendidos, sobretodo Gina al verla, la morena se dio cuenta de su presencia pero ni se dignó a mirarla. Elizabeth miró al sonriente Radu, y no pudo evitar sonreír con satisfacción también.

- Bienvenida, Majestad. - dio la bienvenida Elizabeth acercándose a ella. - Me alegra verte de nuevo… después de tanto tiempo.

Ángelus retrocedió unos pasos al tenerla demasiado cerca, Elizabeth se detuvo y la miró extrañada. Entendiendo que no deseaba tenerla mas cerca de lo deseado, la húngara se resignó y fue hacía su amado vampiro para besarlo apasionadamente por la agradable sorpresa que trajo a casa. Mientras, Gina y Izan se mostraban desconfiados y ariscos de tener a la morena allí de pie y sin ataduras, sobretodo Gina, que se mostraba asqueada de tenerla delante.

- Cumple tu palabra, Radu. - dijo Ángelus de repente, sobresaltando a los vampiros presentes menos Radu que se giró a mirarla, ésta alzo la mirada sería y fría. - Cumple tu parte del trato.

- Por supuesto, tranquila… - dijo él sonando seductor ante esa mirada asesina de ella. - Gina, Izan. - llamó él girándose a ellos. - ¿Podéis traer a los rehenes por favor?

La pareja no dijo nada y se dio la vuelta para ir a buscar lo pedido a regañadientes. Radu ofreció a Ángelus ir a esperar a la sala de estar, pero ella no se movió de su sitio, teniendo las manos en los bolsillos del abrigo negro, quieta como una estatua. Radu se resignó y espero allí acompañado de Elizabeth. Minutos después, Gina e Izan traían consigo a los tres rehenes que se resistían, sobretodo Arthur. Los tres tenían los ojos vendados por un pañuelo negro que les impedía totalmente la visibilidad, Ángelus agradeció eso en el fondo, no deseaba que la vieran allí.

- ¡Soltadme, soltadme! - exigió Arthur enfurecido y resistiéndose a los fuertes brazos de Izan.

- Consideraos afortunados, pequeños. - dijo Radu con vacilación. - Por esta noche sois libres de volver a casa, tenéis mi palabra de ello.

- Esa voz… ¡¿Radu?, desgraciado! - maldijo Arthur sacudiéndose más y con fuerza. - ¡Cabrón, ¿crees que voy a creerme una sola palabra tuya después de esto?

- Pues deberías amigo, y no deberías provocarme, que estoy de buen humor esta noche. - advirtió el vampiro al lado suyo. - Lleváoslos a su casa.

Izan y Gina lo hicieron caminar con violencia y brusquedad hacía la salida, pasando por delante de los vampiros. Acto seguido, cuando Izan paso con Arthur al lado de Ángelus, el joven pudo oler y sentir en su cara el olor de su hermana, y se giro rápidamente intentando liberarse.

- Ese olor… ¡¿Ángelus? - llamó él sobresaltando a la morena, los príncipes al oírle se sorprendieron. - ¡¿Está aquí, verdad? Puedo olerte, hermana!

- ¡Iros ya! - ordenó Elizabeth harta de esa escena.

- ¡Ángelus, hermana! - llamaba Arthur una y otra vez mientras lo empujaban a la salida de la casa, frenando con los pies deseando oírla, pero la morena se aguanto y guardo silencio con una expresión dolorosa y entristecida, como pidiendo que no la llamará mas. - ¡Hermana Ángelus!

Él y los demás salieron por la puerta finalmente, dando un portazo que para Ángelus sonó como eco en ese silencio. Entonces, Ángelus se derrumbó en la pared rendida y callada, como destrozada por dentro, la pareja de vampiros la miraron complacidos y satisfechos. Radu miró a Elizabeth en silencio, y por la mirada, Elizabeth entendió que él deseaba estar a solas con ella esa noche. Con una sonrisa picara y divertida, la vampira paso por delante de Ángelus para salir por la puerta, dejando solos a esos dos en la casa.

- Por fin solos, mi querida Ángelus. - suspiró aliviado el vampiro acercándose a ella para luego arrodillarse al lado suyo. - ¿No te parece fantástico?

Ángelus no dijo palabra alguna, solo lo miró entre sus mechones negros, con odio y rencor, eso le encanto a Radu. Entonces, la agarró del brazo para hacerla caminar con él por el pasillo, subiendo por la escalera hasta el segundo piso, allí fue hacía una puerta y abrirla, hizo entrar a Ángelus violentamente para luego cerrarla detrás suyo con cerrojo, mirándola sádico y deseoso, ella sabía de sobra que pensaba hacer con ella en su habitación.

- Ahora… debes cumplir tu parte del trato. - le recordó Radu caminando hacía ella mientras se aflojaba la camisa blanca que llevaba. - Tu eres de las que cumplen su palabra, ¿verdad que si, Majestad?

- Sí, a diferencia de ti y tu grupo de asesinos. - admitió ella caminando hacía atrás sin desviar la mirada de él. - ¿Cómo se que cumplirás tu parte?

- ¿Qué quieres decir? - pregunto Radu parándose en seco confuso.

- No te hagas el tonto conmigo, tengo ojos en la cara. - exigió ella molesta. - Se que mientras esos dos estén con mi hermano y compañía, no estarán del todo a salvo, sino vigilados por si intento algo, ¿verdad?

- Vaya, veo que no hace falta decirte nada querida, eso me gusta. - confesó Radu sarcástico. - Has acertado; por el bien de tus amigos no hagas tonterías.

Radu caminó de nuevo, y Ángelus acabó chocando por los pies de la cama, aún así no dejo de mirar a ese demonio que siguió caminando hacía ella hasta estar frente suyo, paro pegado a ella y alzando las manos cogió su rostro para acariciarlo con algunos mechones de pelo enredados en sus dedos, Ángelus tuvo que dejarle hacer aunque desearía quitarse esas manos de la cara.

- Mmm… - gimió él al contacto de su piel, suave y bella. - En verdad te he echado de menos, Ángela Valirius.

- Aprovecha, por qué te juro por mi padre y los demás que te mataré por esto… y por todo lo que has hecho. - juro ella mirándolo fría y odiosa.

Radu se rió ante eso mostrando los colmillos, y acto seguido la beso en los labios sin soltarla, Ángelus ante eso cerró los ojos con fuerza, aguantado.

"Ese olor… ¡¿Ángelus? ¡¿Está aquí, verdad? Puedo olerte, hermana! ¡Ángelus, hermana! ¡Hermana Ángelus!"

- ¡HERMANA! - gritó Arthur en alto y con todas sus fuerzas.

- ¡Señorito Arthur, cálmese! - llamó una voz al lado de él.

Éste se giró a un lado, y vio a Seras y Pip arrodillados junto a la cama mirándolo. Arthur se vio en su habitación sentados en la cama, se había incorporado de golpe al gritar, alarmando a los presentes que eran unos cuantos. El joven Hellsing no tardó en recordar lo que había pasado mirando algo alterado a su alrededor, viendo a Yasmina y Sirius en la habitación también. Pero, no recordaba haber llegado a la Mansión Hellsing, solo haber recibido un fuerte golpe en la cabeza después de salir de esa casa junto a los príncipes. ¡Aurora y Adam!.

- ¡¿Y Aurora y Adam? ¿Están bien los dos? - pregunto él nervioso hacía Seras, quien estaba más cerca de él.

- Bien. Ambos están bien, tranquilo. - aseguro ella calmándolo. Arthur suspiró de alivio. - Ahora debes calmarte y descansar, has tenido una experiencia muy fuerte. - aconsejo ella intento tumbarle, pero esté no quiso. - ¿Arthur?

- ¿Y mi hermana? - pregunto él de repente. - ¿Dónde esta Ángelus?

Esa pregunta dejo mudos a todos los presentes, sobretodo Yasmina que al estar sentada en una silla lejos, apretó las manos contra sus piernas. Arthur no entendía ese silencio, y temía que fuera lo que estaba pensando y recordando; el olor de su hermana en esa casa, presente cuando los sacaron de allí. Viendo que no iban a decir nada, Arthur apartó las sabanas para ponerse en pie de un brincó dispuesto a irse. Seras reaccionó y le siguió.

- ¡Arthur, espera! - pidió Seras. - No debes moverte todavía.

- Si no vais a decirme dónde está mi hermana, lo averiguaré yo mismo. - decidió él serio y malhumorado. Al dar unos pasos cayó dolorido y de rodillas al suelo, con una mano en su cabeza. - Ugh…

Yasmina fue a ayudarle nada más ver eso, pero al momento en que se agachó junto a él y puso una mano en él, éste la apastó bruscamente enrabiado, la pelirroja se sorprendió y retrocedió confusa, los demás miraron igual de sorprendidos y confusos. Entonces, Yasmina, que estaba más cerca, pudo ver con claridad el goteo de lagrimas cayendo al suelo; Arthur estaba llorando pero ocultando el rostro para que no le vieran.

- ¿Arthur? - llamó ella preocupada. - ¿Qué le pasa?

- Dime… que no es verdad. - pidió él en susurro y sonando dolido como nunca. Yasmina no le entendió, y éste no tardó en girarse a ella llorando de rabia y apretando los dientes. - ¡Dime… que Ángelus no se ha ido con esos cerdos para salvarme a mi! ¡Dime que no lo ha hecho! - exigió él en alto y con rabia.

Yasmina y los otros no dijeron nada, solo mostraron una expresión apenada y triste, con eso Arthur lo entendió, pero no soportaba el hecho de ser cierto que ella estaba justo a su lado cuando lo sacaron de allí, llamándola una y otra vez y ella callada; no lo soportaba en absoluto. Dolido, Arthur se inclinó hacía delante hasta apoyar la cabeza en el suelo, después cogió el suelo con los puños fuertemente, sin importar que se lastimara. Yasmina quiso detenerle, pero sabía que lo mejor era dejar que sacará el odio y la rabia haciendo eso hasta que tuviera bastante, aunque le doliera verle hacer eso para sufrir más.

- ¿Por… qué? - pregunto él en susurro para si mismo. - ¿Por qué lo has hecho? Hermana…

Edimburgo, Escocia.

Finalmente, Radu tenía lo que más deseaba en ese mundo; a Ángelus Drakul en su lecho sin oponer demasiada resistencia. Ambos estaban sobre la cama, ella frente a él con las piernas curvadas y abiertas. Algunas de sus ropas estaban tiradas al suelo junto a las de él, solo llevaba la camisa negra y la ropa interior. Radu no tenía prisa para hacerla suya de nuevo, cosa que era una tortura para ella que mantenía la cabeza giraba y los ojos cerrados avergonzada y humillada de esa escena. Radu la estaba acariciando y lamiendo placenteramente mientras la desnudaba calmada y tranquilamente.

- Mmmm… - exclamó él complacido, oliéndola. - Hueles mejor que antes. ¿Te pones alguna colonia o me lo parece a mí?

- Serán imaginaciones tuya… - dijo ella entre dientes aguantando la rabia. - Nunca me he puesto colonias.

- Pues… debe ser por la sangre de ese principito azul de quien te alimentas, supongo. - comentó él sobresaltando a Ángelus. - Vaya, parece que eso duele.

Ángelus cerró los ojos y apretó los dientes frustrada mientras él acababa de abrirle la camisa y la besaba por los hombros y el cuello. Ángelus apretó las manos con fuerza sobre las sabanas, y Radu deslizó la camisa por sus brazos suavemente, ella dejo que acabará de quitárselo y lanzarlo lejos. Entonces, él la obligó a tumbarse con él encima antes de besarla en los labios sujetando sus manos en alto en la almohada, ella sonrojada y enfadada cerró los ojos de nuevo. Al acabar, ella se giró de nuevo mordiéndose el labio humillada, y inesperadamente, ella sintió un profundo dolor placentero en el cuello que conocía de sobra; una mordida de vampiro, justo en el lugar donde tenía el símbolo de su padre. Ante eso ella quedo petrificada y asustada por la sorpresa, era incapaz de moverse o pronunciar palabra alguna, solo podía sentir como él bebía de nuevo su sangre, haciendo que disfrutará ella también al mismo tiempo que sufría más que nunca, ya que, el último que la mordió y bebió su sangre hace tiempo… fue su padre, y no pudo evitar llorar sangre por los ojos.

- Ah… - gimió ella ante ese éxtasis insufrible. - ¿Qué estás… haciendo? - pudo preguntar en susurro.

El vampiro moreno no respondió, siguió bebiendo un poco más entre gemidos de satisfacción y lujo ante ese sabor que tanto tiempo había catado antes. Al sentirse saciado paró dando un jadeo y incorporándose hacía atrás, soltó a Ángelus y ésta estaba completamente inmóvil y débil a la perdida de sangre. Al relamerse los labios gustosamente, la miró a distancia con una mirada perversa y malévola, tan parecida a la de su padre cuando era el Conde Drácula.

- ¿Por quién me has tomado, Huh? - pregunto él serpenteante y sarcástico. - ¿Qué no iba a adivinarlo? - Ángelus no entendió a que se refería. - Se que te has alimentado de ellas tres… horas antes de venirte conmigo aquí, recuperando así parte de tu verdadero poder.

Ángelus mostró una expresión de sorpresa inesperada y aterrada, viendo como él sonreía mas divertido y triunfal.

FLASH BACK

En esa oscura y húmeda mazmorra de los subterráneos de la Mansión Hellsing, las Tres Hermanas empezaban a parecer mas pálidas con un tono grisáceo en las pieles, eso era debido a la falta de sangre fresca en sus venas, a causa de eso quedaban inmóviles y medio conscientes, como si en verdad fueran cadáveres putrefactos. De repente, la vampira pelirroja; Aleera, sintió el delicioso olor de la sangre provenir de debajo de su nariz, después sintió el rocé de algo plástico en sus labios, no dudo que se trataba de algún tipo de botella, entonces abrió los labios al ver que se inclinaba en ellos, no tardó en saborear la sangre recuperando la vida en su cuerpo. Bebió con ganas hasta que pudo abrir los ojos y ver quién era el que le daba la sangre, y se asustó al verlo; era Ángelus frente a ella.

- Bebe.

Ángelus sujetaba la botella pequeña llena de sangre para que Aleera bebiera sin miedo, cosa que ella dudo, pero la sed la dominaba mas que nunca y siguió bebiendo hasta que tomó la última bota del recipiente. Ángelus aplastó la botella vacía con una mano mientras se daba la vuelta y recogía otra botella de sangre, pero está vez fue hacía otra hermana, Verona. Aleera no tardó en deducir el motivo de por qué hacía eso.

- ¿Finalmente… has venido a matarnos? - pregunto ella débilmente. - Je, para qué venir aquí si no.

- ¿Te sorprende verme aquí? - pregunto Ángelus alimentando a una Verona hambrienta y desesperada por beber sangre. - Está mazmorra que ves, era la habitación de mi padre, tu amo y creador Drácula. Me extraña que no lo hayas notado.

- ¡Déjate de detalles sin importancia y hazlo ya ¿quieres? - exigió Aleera entre dientes, asustada y nerviosa. - Mátanos y acaba con todo esto de una vez.

- ¿Tengo cara de ser benevolente con escoria como vosotras, Huh? - pregunto Ángelus extrañada. - Vuestra verdadera muerta sería un alivio para vosotras.

Aleera no dijo nada, solo quedo muda debido al miedo que tenía por ella en ese momento de vulnerabilidad y debilidad. Verona volvió a su aspecto bello y hermoso como Aleera, y Ángelus se encargó también de Marhiska haciendo lo mismo sin ninguna prisa, eso hacía que los nervios de las vampiresa se hicieran inaguantable y desesperante, era una tortura esa espera que la morena de negro les estaba dando tan paciente y calmada.

- Para ser sincera, no tengo interés alguno en mataros, ya no. - confesó Ángelus de repente, dejando sorprendidas a las vampiras. - Hace tiempo que no os tengo tanto rencor como a los demás, de nada me sirve tener ese rencor en vosotras tres.

- ¿Qué demonios quieres decir con eso? - pregunto Aleera cuando Ángelus acabó de alimentar a Marhiska. - ¿Es qué acaso has olvidado lo que te hicimos aquella noche?

- Aleera, querida mía… - nombró Ángelus acercándose a ella mientras aplastaba fácilmente la botella vacía de nuevo, intimidando a la vampira pelirroja. - ¿Por quién me tomas? ¿Cómo quieres… que olvide esa puta noche en mi añorada casa, el Castillo Drácula? - pregunto estando cara a cara con ella, casi tocándose por la punta de la nariz. - Siempre tengo en mente lo que paso, cada detalle, por muy pequeño e insignificante que sea. Como un video mental.

- Entonces…?

- Que no tenga rencores, no significa que me caigáis bien desde hace tiempo. - aclaró ella alejándose, sonando natural. - Al igual que vosotras, os odiaba por el simple hecho de haber aparecido en mi vida y la de mi padre, y estar siempre celosas de mi por el simple hecho de que me quería más que a vosotras tres, por algo tan infantil… y estúpido. - hizo una pausa para girarse de nuevo a ella con una expresión enfadada. - Vosotras tres sois unas verdaderas putas desagradecidas, quienes me traicionaron sin miramientos para beber mi sangre y uniros a esos cerdos obsesivos, ¿por qué? Por el simple hecho de no tenerle a él. De no ser por mi, ahora mismo seriáis cuerpos echados al agua o enterrados a la tierra sin sepultura.

- ¿Qué quieres decir? - pregunto Verona confusa por sus palabras.

- Je, normal que no lo sepáis, nunca os lo dije. - dijo Ángelus con ironía. Las tres la miraron atentas pero confusas. Ángelus las miró sarcástica y irónica. - Fui yo… quien le pidió a padre que os convirtiera en vampiresas en vez de mataros sin más, ser algo más que un regalo alimentario de un miembro del Consejo. De no ser por mi… nunca habríais sido vampiresas, nunca… habríais sido nada. Absolutamente… nada.

Para las hermanas, esa confesión fue como varias estacas de madera clavadas en el corazón, dejándolas mudas y petrificadas de asombro. Ángelus no se sorprendió de su reacción, nunca lo quiso contar, pero luego, en esos tiempos, las hermanas se acercaron mas a ella, pero eso solo era para bajar sus defensas y confiera en ellas tres. Después de unos minutos de silencio allí, Ángelus tiró lejos la botella aplastada que tenía en mano para ir directa a Aleera y agarrarla por la cabellera, inclinándola brusca y violentamente a un lado para tener estirado y despejado su pálido y fino cuello de vampiresa.

- ¡Espera, por favor…! - suplicó ella nerviosa y asustada como una humana mortal ante aquella escena. - ¡Espera…!

- Lo siento, pero debo hacerlo para ayudar a alguien. - dijo Ángelus, entonces sus ojos brillaron antes de abrir la boca con los colmillos a la vista, después la mordió sin dudar.

- ¡Ahh…! Ugh…

Aleera sintió como la vampira de cabellos negros azabache se alimentaba de su sangre al mismo tiempo que la excitaba y daba placer, sujetándola de forma que pudiera morderla y chuparle la sangre con comodidad y calma. Las demás, Verona y Marhiska, evitaban mirarlo, pero podían oler la sangre de Aleera derramarse por los labios de Ángelus y la piel de su hermana pelirroja. La venas sanguíneas de Aleera se iban vaciando poco a poco, pero Ángelus se detuvo con tiempo de sobra para no secarla del todo. Ángelus se apartó de ella mientras se limpiaba la sangre con la manga de su abrigo, Aleera miró odiosa y asqueada, su vista apenas la mantenía firme, estaba borrosa y distorsionada.

- Ju, no tiene tan buen sabor para mí… - comentó Ángelus burlonamente. - Pero por lo menos tomó la sangre que me robasteis en mi interior.

- Mal… dita… zorra de Hellsing. - maldijo Aleera con pocas fuerzas.

Mientras decía eso, veía al igual que sus hermanas como Ángelus se tocaba el cuello, justo el lugar donde Aleera la mordió aquella noche, la marca de sus colmillos aparecieron para luego desaparecer por regeneración instantánea. Las vampiras entendieron que ese efecto era debido a que la sangre que tomaron de ella hacía desaparecer todo rastro de ella en su cuerpo, por eso también deseaba recuperar la sangre, no solo para tener el poder que debería.

- Puta, eres… ¡eres un monstruo como tu maldito padre! - insultó Marhiska muerta de miedo y alterada.

- Si, es posible que lo sea… - aceptó Ángelus calmada y inmune al insulto. Esa forma de hablar les recordó a Drácula. - Bueno, acabemos con esto, ¿vale?

Y así, Ángelus hizo lo mismo con las otras dos a pesar de los gritos de suplicas y sufrimiento placentero de fondo. Una vez que se alimento de Verona y Marhiska, dejándolas igual que Aleera de débiles y medio secas de sangre, se remangó un poco mas muñecas boca arriba, y paso lo mismo que en el cuello y la mordida, las marcas aparecieron para luego desaparecer por la regeneración instantánea, abrió y cerró las manos aliviada y con fuerzas. Las hermanas maldijeron y insultaron mentalmente a Ángelus, está les leyó la mente con suma claridad, solo mostró una sonrisa de comisura alzada como respuesta.

- Bueno chicas, con esto… ya no tengo nada que hacer aquí. - dijo satisfecha y algo maliciosa hacía ellas. - Buenas noches. - se dio la vuelta para irse.

- ¡Espera un momento, zorra…! - detuvo Aleera rugiendo con los colmillos a la vista y los ojos rojos brillando intensamente. Ángelus se giró sobre su hombro. - ¿Qué harás ahora con nosotras ahora? Ya tienes lo que querías, no tienes por qué tenernos más aquí como prisioneras muertas de hambre.

- Pero tampoco tengo por qué dejaros libres para matar a vuestras anchas. - puntualizó Ángelus. - Además, si os dejo libres… morirías en poco tiempo.

- ¿Cómo dices? - exclamó Verona confusa e inquieta. - ¿Qué quieres decir con eso, Ángelus?

- Radu os abandonó cuando mis caballeros os vencieron en Manchester, ya no os necesita para nada. - les recordó con sabiduría y sarcasmo. - Y también, los demás vampiros de la ciudad y el país saben de vosotras, y que os estaba persiguiendo por traicionarme a mi y al antiguo rey, El Conde Drácula. Muchos de ellos seguramente os cogerían para traeros de vuelta aquí para recibir una recompensa o reconocimiento por mi parte, o mucho peor… os matarían por admirar y respetar la memoria de mi padre, y por respeto y lealtad a mi, su nueva reina, quién ha demostrado ser digna de ese titulo heredado.

Las tres quedaron sorprendidas de la situación que tendrían al salir de ese lugar, pero tampoco querían pudrirse en ese lugar oscuro que apestaba tanto a su creador Drácula a pesar de haber muerto de verdad hacía ya 18 años. Con todo dicho, Ángelus se volvió a girar y andar hacía la salida con paciencia y las manos metidas en los bolsillos de su abrigo, las vampiras ante eso se alteraron en cantidad.

- ¡Espera, no nos dejes aquí, por favor…! - suplicó Marhiska. - ¡Ya nos has castigado bastante ¿no crees?

- Agradecerme que os deje con vida y seguras aquí. - dijo Ángelus deteniéndose a unos pasos de la salida. - De momento estaréis aquí, luego ya se vera que haremos con vosotras tres.

- No, Ángelus… - llamó Aleera insistente, Ángelus decidió escucharla y se giro. - Si no sueltas, te serviremos como antes, te ayudaremos en lo que sea; a matar a Radu, a vencerle a él y su grupo, lo que tú quieras. - propuso ella rápida y desesperada.

- Si os suelto os iréis a tomar cócteles a la salud de Radu a una lista perdida… - aseguro Ángelus alzando las cejas con afirmación. - Ni hablar.

- No, nos quedaremos, de verdad. Ángelus por favor, no nos encierres de nuevo aquí. - suplicó Aleera sonando calmada pero inquieta y nerviosa.

- Gracias, me has dicho lo que quería oír. - agradeció Ángelus dándose la vuelta.

- ¿Qué te he dicho? - pregunto ella.

- Qué por salvar vuestro culo os aliáis con cualquiera aunque le hayáis traicionado anteriormente; y eso indica que no sois de fiar. - respondió Ángelus. Aleera no supo como contradecir eso, ya que había acertado en cierto modo. - Ya nos veremos, chicas.

Ángelus acabó de salir de la mazmorra cerrándola con cerrojo, y las vampiresas gritaron con rabia. Ángelus salio de allí con pasos lentos y cabizbaja, pensando que ahora debería esperar a ese hombre que tanto odiaba, pero ahora estaba prevenida para lo que pasará, o al menos… eso creía.

FIN FLASH BACK

- Sí, Ángelus… se muy bien que has recuperado tu sangre, y con ella tu fuerza y poder, por lo menos… la mayor parte. - aseguro Radu sarcástico.

- No, es imposible… - se negó ella inaudita. - ¿Cómo es posible que lo sepas de antemano?

- Me sorprendes, querida. - confesó Radu. - ¿Es posible que no te des cuenta de cómo lo se?

Ángelus no entendía nada, pero la mirada de Radu se la dijo y no tardo en adivinarlo; su propia sangre dentro de él. Si lo deseaba, podía saber si esa sangre recuperaba la perdida hace tiempo, como una conexión con ella. Ante eso Ángelus quedo petrificada del asombro y de miedo, ya que, por eso Radu la mordió y bebió su sangre hasta dejarla inmóvil y sin fuerzas para defenderse y huir de allí como había pensado hacer.

- Y te diré otro secreto; - continuó él con maldad. - Hace bastante rato que tu hermano y los príncipes están en tu casa, de nada servía que los tuviéramos.

- ¡¿Cómo?

- Lo que oyes, mis hijos no tardaron ni media hora en llegar a Londres y dejarlos en la Mansión Hellsing, donde ahora deben de estarse preguntando por qué te has dejado convencer de nuestro trato. - explicó él, Ángelus quedo muda de sorpresa. - Pero no creas que con eso no los estamos usando. - puntualizó. - A la minima que intentes algo a mis espaldas de nuevo, te juró que esos tres y el resto de tus conocidos, recibirán una muerte horrenda y muy desagradable por mi o por algunos de mi grupo, y eso… si que puedo asegurártelo, mi querida sobrina Ángelus.

- Eres un cerdo… - maldijo ella.

- Sí, un cerdo que va a disfrutar del placer mas deseoso de su larga existencia. - admitió él sonriendo sarcástico y maliciosamente.

Con eso estaba todo dicho, harto de hablar se inclino de nuevo sobre ella para besarla en los labios, haciendo que ella misma saboreará su propia sangre. Ángelus cerró los ojos enrabiada y humillada al igual que las manos, sintiendo como las ahora calidas manos de ese ser la acababan de desnudar debajo de su cuerpo, a costa de desgarrar las prendas y lanzarlas lejos sin moverse de su posición. Cuando acabó de besarla bajo a su cuello para lamer la herida que sangraba un poco todavía, Ángelus se giró apretando los dientes con fuerzas, no abrió los ojos en ningún momento.

- Ah, cuantos recuerdos vienen a mi mente… - dijo Radu mirándola de nuevo. - Aquella noche en la que te secuestre mostrabas esa misma cara. - Ángelus ni siquiera lo miraba, pero no pudo evitar recordar esa noche que mencionaba, la primera vez que la violó estando inconsciente en una cabaña. - A pesar de no haber cambiado físicamente, te veo más mujer que antes, toda una diosa inmortal y poderosa. ¿No te has dado cuenta de eso?

Radu se inclinó sobre el pecho desnudo de ella y empezó a besarlo y lamerlo placenteramente, masajeó sobretodo uno de sus senos mientras besaba el otro, eso a Ángelus la hizo echar la cabeza hacía atrás aguantando las ganas de gemir, odiaba sentir esa sensación por él, pero su cuerpo reaccionaba diferente a su mente, la espalda de ella se arqueó automáticamente ante ese placer en su pecho y Radu aprovecho para pasar un brazo y abrazando su abdomen entero mientras que con la otra mano masajeaba sexualmente uno de los senos. Las entrañas de Ángelus empezaban a arder más y más a medida que disfrutaba de ese placer, como si un volcán estuviera a punto de explotar dentro suyo, y si eso pasaba, Radu lo notaría e iría mas lejos rápidamente. Quiso detenerle, pero la debilidad y el poder mental de Radu hicieron que sus brazos, estirados en la almohada a cada lado de su cabeza, fueran incapaces de moverse, solo podía cerrar las manos humillada y frustrada ante esa situación tan vergonzosa y repetitiva.

- No… para ya, maldito. - exclamaba ella entre dientes. - Detente…

Radu hizo oídos sordos, pero se rió ante esas suplicas orgullosas de ella tan típicas. Entonces, dejo los pechos para bajar hasta su vientre, lo acarició suavemente, haciendo que la piel tiritará y las piernas se curvaran más sin quererlo. Acto seguido, Radu bajo más, y con eso Ángelus adivinó que estaba a punto de hacer, algo que la haría explotar, abrió los ojos y miró hacía bajo aterrada y nerviosa. El vampiro estuvo frente a las piernas de ella y las abrió un poco más, y entonces, riendo en bajo, se inclinó hasta estar entre las piernas de ella, cosa que hizo que Ángelus acabará explotando de placer.

- ¡Aahh…! - gimió ella en alto echando de nuevo la cabeza hacía atrás y arqueará mas la espalda. - No… para… ah…

Radu tuvo oculto el rostro entre las piernas de ella mientras abrazaba cada pierna con un brazos. Dejo de usar su poder para dejar libres los brazos de ella, que al sentirlas libres y móviles las apoyó en la cabellera de éste para intentar detenerle y apartarle, pero no resultaba, no tenía fuerzas. Radu siguió con la gustosa y placentera tarea, haciendo que Ángelus se sonrojara más y más, sin poder evitar el disfrute de ese placer que recibía entre sus piernas. Entonces, notó como paraba entre un jadeo placentero, Ángelus suspiró aliviada, pensando que había terminado, pero de golpe, sintió en uno de sus muslo, muy cerca de sus partes intimas, un profundo dolor que la hizo estremecerse y dar una exclamación ahogada; Radu la estaba mordiendo de nuevo pero en su muslo.

- A-Ahh… pa-para… - pidió ella mirando al techo petrificada de la sorpresa y el placer. - Para ya, ¡detente!

- ¡Ah…! ¿Por qué? - pregunto él dejando de morderla un momento. - Tú también lo estás disfrutando ¿no es así?

- ¡Te equivocas…!

Radu se rió y volvió a morderla y beber su sangre, Ángelus exclamó de dolor y sufrimiento, tanto era esa tortura que no pudo evitar llorar un poco de sangre. Podía sentir y oír como Radu daba grandes tragos de sangre sin descanso, jadeando placentero sujetando firmemente esa pierna pálida pero musculosa. Poco a poco, la visión y las fuerzas de Ángelus fueron disminuyendo por la extracción de sangre, tanto la que había recuperado como la que ya tenía. Radu lamió los orificios para luego relamerse los labios y incorporarse para ver a una débil y vulnerable Ángelus en su poder, luego gateo hacía delante para estar encima de ella pero sin apoyar su peso en su cuerpo sino en sus manos a cada lado de ella, la miró fijamente viendo que estaba mareada y agotada.

- Te aconsejo que te acostumbres a esto de nuevo, Ángelus. - dijo él acariciándole el rostro con los dedos. - Por qué no estaré satisfecho esta noche. - Ángelus no pudo ni pronunciar palabra alguna salir de su boca, aunque lo intento, estaba como afónica. Entonces, Radu se inclinó a su oreja. - Te contaré algo más; - susurró serpenteante. - Durante su estancia aquí, tus tres seres más queridos han tenido experiencias muy particulares, sobretodo… tu querida princesita, Aurora de Inglaterra, con su odioso tío Adolf de Edimburgo… y conmigo mismo.

Esa confesión dejo congelada a la morena, con los ojos abiertos como platos y la boca abierta exclamando ahogada. Radu pudo sentir con claridad las emociones sorpresivas e inauditas de Ángelus por la noticia recibida, y le hizo gracia ver la cara que puso al oírla. Ángelus no tardó en cambiar su rostro de sorpresa a uno odioso y furioso por él y los demás, tanto odio sentía que no pudo contener las ganas de morderse el labio con los colmillos.

- Estás muy enfadada… imaginó el odio que tienes ahora. - comentó Radu inmune a la mirada de Ángelus. - Eso me gusta de ti, tu odio y sed de venganza.

- Puto… no tienes castigo suficiente para lo que has hecho… no eres digno ni de ir al infierno de donde has salido. - dijo Ángelus rugiendo de rabia.

- Desde hace muchos siglos que no tengo perdón de nada, Ángelus. Tú y tu padre muerto lo sabéis de sobra eso. - dijo él cara a cara ante ella.

Ángelus lo sabía de sobras eso, conocía el pasado de su padre junto a su hermano que le traicionó y mató a la mujer humana que amaba entonces. Radu terminó de hablar y siguió con la diversión, ahora llevaba lo que más esperaba él y lo que más odiaba Ángelus; la completa unión de ambos entre las piernas de ella, algo que Ángelus no deseaba sentir de nuevo pero que estaba condenada a sentir en ese momento sin remedio y escapatoria.

- Tranquila, esta noche seré bueno y seré más suave y contenido a la violencia. - juro él en susurro. Entonces se acabó de quitar la camisa que llevaba puesta para luego quitarse la parte inferior con rapidez y nervios. - Por fin puedo hacerte mía de nuevo, sin dejarte inconsciente y sin ataduras invisibles.

- Maldito seas, Radu… - maldijo ella aterrada y con miedo de lo que iba a pasar. - Eres el maldito diablo en persona.

Radu rió divertido de esas palabras, y entonces se tumbó sobre ella para besarla en los labios contra su voluntad, Ángelus no tardó en sentir el dolor penetrante entre sus piernas, dando un gemido mientras él lo besaba apasionadamente. Se sujetó a los hombros de él para cerrarlos con fuerza, tanta que le hizo sangrar un poco por sus afiladas uñas blancas de vampiresa. Radu disfruto todo lo que sentía en ese momento, incluso la herida que recibió, entonces no tardó en moverse entre las piernas de ella con suavidad, jadeando placentero y estirando la cabeza hacía atrás unos momentos, sintiéndola a ella y oyendo sus gemidos bajos de dolor y placer físico. Volvió a bajar la cabeza para mirar de frente a Ángelus que estaba con la cabeza girada y los ojos cerrados con fuerza, aguantando las ganas de gemir con cada empuje, pero al final acababa gimiendo algunas vez en bajo. Radu se inclinó en su hombro junto a la mordida de antes, la abrazo sin dejar de moverse, pero ahora con mas velocidad y fuerza. Ángelus lloró sangre igual que sentía su cuerpo sudado pegado al de él igual de sudado por el placer que sentían, cosa que ella no quería sentir con él. Y así estuvieron un tiempo más, no se supo los minutos.

Londres, Inglaterra.

Pasadas unas horas, casi las 5 de la mañana, la Mansión Hellsing volvía a estar en profundo silencio. Lo único que se oía en ese lugar era eso, silencio sepulcral e incomodo para cualquiera. En la habitación daba a la princesa Aurora, estaban ella misma tumbada en la cama dormida, y su hermano gemelo Adam, que estaba sentado a su lado mirándola con cierta calma y alivió. Los calmantes que le habían dado a la joven hicieron finalmente efecto en ella, necesitaba descansar de alguna forma, después de lo ocurrido en aquel horrible lugar. Entonces, Adam se sobresalto un poco al oír que picaban suavemente la puerta, y la miró confuso y alterado al principio, pero luego se calmó. Al ponerse en pie e ir a abrir para ver quien era, no se sorprendió de la visita; era Arthur con una mirada sería y deprimida.

- Hola. - saludo Adam sonriendo un poco. - ¿Cómo te encuentras?

- Bien, mas o menos. - contestó él. - ¿Puedo entrar?

Adam le dejo paso y luego cerró la puerta con cuidado, aunque no pasaba nada si hacían ruido, los calmantes que Aurora tomó era bastante fuertes, ni siquiera una bomba podría despertarla. Al estar dentro, Arthur puso su vista en Aurora, y fue hacía ella enseguida para ver que en verdad estaba bien. Él se sentó en el otro lado de la cama dejando el lugar a Adam que vio la preocupación y alivio del muchacho por su hermana.

- ¿Cómo te encuentras tú? - pregunto Arthur al mirarle a él, hablando bajo.

- Estoy bien, tranquilo. - aseguro él. - El ver a mi hermana al fin calmada y dormida me a tranquilizado bastante. - dijo mirando a su hermana, Arthur también la miró. Adam no tardó en mirarlo de nuevo con seriedad y cierto dolor. - ¿Es verdad lo que paso allí? - pregunto de repente. - ¿Ángelus estaba…?

- Sí…

Adam pudo ver que Arthur le costó decir esa palabra, ocultando los ojos con el flequillo y temblando disimuladamente de rabia y tristeza.

- Ya veo. - dijo Adam bajando la mirada, no tardo en alzarla de nuevo para ponerse en pie. Arthur lo miró confuso. - Me retiro a descansar un poco, te confió a mi hermana hasta que despierte.

- Entendido. Que descanses. - dijo Arthur.

Adam caminó hacía la puerta y salio por ella sin girarse a ellos para despedirse. Arthur no tardo en adivinar que Adam estaba igual o mas afectado que los demás por la decisión de Ángelus al irse con el enemigo con tal de salvarles a ellos, lo comprendían, pero no acababan de aceptarlo, y Aurora seguramente tampoco lo aceptaba, no después de lo que le han hecho en aquella casa que solo ellos saben, o se imaginan. Al verla profundamente dormida, tranquila y calmada, Arthur decidió tumbarse junto a ella sin moverse demasiado hasta estar de lado junto a ella apoyado en una mano y una pierna curvada.

- Te prometo… que les haré pagar por todo lo que han hecho, te lo prometo Aurora. - juro él apartando un mechón de pelo del rostro de ella.

De los ojos cerrados de la princesa, salió una lagrima, Arthur la apartó con suavidad, sabiendo el significado de esa lagrima. Mientras, Adam ya estaba en su habitación, de pie junto a la ventana dejando entrar la luna aún en el cielo iluminando con un cielo que empezaba a ser de color azulado con algo de rosa oscuro, el amanecer empezaba alzarse pero aún faltaban unas largas horas para ellos. Él tenía la mirada perdida en ese cielo, mirándolo sin mirarlo en verdad, veía en ese cielo algo diferente que solo él veía en esos momentos; Ángelus. Adam la veía allí mostrando una sonrisa feliz, llamándolo.

"Adam…"

- Ángelus… - llamó él extendiendo la mano hacía ella, soñoliento. Pero al alzarla delante suyo, la visión desaparecía ante él. - ¡Ángelus!

Entendió que por más que la llamará, esa Ángelus no volvería aparecer. Agotado de todo lo acontecido, decidió irse a la cama a descansar un poco. Al sentarse en la cama, no pudo evitar mirar la mano que había extendido con la mirada perdida y triste. No veía a Ángelus. La había perdido de nuevo. Ante esa realidad, Adam se derrumba en la cama llorando, oculta su rostro en la almohada mientras la sujeta, y al hacer eso nota algo debajo de la almohada, algo duro con algo que crujía, como un papel. Extrañado se limpio las lagrimas y apartó la almohada, quedo sorprendido y confuso por lo que había hay; un a especie de puñal antiguo y una carta a su nombre.

- ¿Qué es esto?

Dejo la almohada a un lado y observó el puñal y la carta curiosamente. El puñal parecía nuevo, pero se notaba que era antiquísimo por la funda y la empuñadura, era de colores oscuros con líneas doradas en la empuñadura. Adam, con mucho cuidado, sacó el puñal de la funda haciendo algo de fuerza, entonces vio claramente el arma, brillante y afilada, con la punta totalmente recta como el resto de la hoja. Adam no entendía por qué estaba eso en su habitación, debajo de su almohada, como si, como si el que lo hubiera dejado quisiera que solamente lo encontrará él. Con ese pensamiento en mente, dejo el puñal para coger nerviosamente la carta y abrirla desesperado y con prisa, al estirarla frente suyo con ambas mano, empezó a leerla.

- ¡¿Qué es… todo esto? - exclamó él al leerla atónito e incrédulo. Incapaz de creer lo que ponía en esa carta. - ¿Cómo…?

Edimburgo, Escocia.

- Bueno, ha sido una de las mejores noches que he tenido en décadas.

Radu estaba casi vestido, abrochándose la camisa estando de pie mostrándose relajado y despejado. Mientras, Ángelus estaba tumbada de lado en la cama, medio tapada con las sabanas que dibujaban claramente su postura debajo de ellas, sujetaba la manta en so escote con firmeza mientras miraba hacía delante sin mirarlo, solo pensaba en evitar al máximo moverse o mirar al demonio que estaba a sus espaldas. Sentía su cuerpo dolido y débil, el mínimo movimiento era insoportable para ella, sobretodo el cuello y el muslo, donde tenía aún las visibles mordeduras manchadas en sangre todavía.

- Bien cariño, te dejaremos descansar un par de horas. Luego vendrá alguien a hacerte compañía. - anunció Radu animado y tranquilo.

Ángelus no dijo nada, solo aguantaba la rabia de oírle hablar de esa forma tan social y animada, como si lo que hubiera hecho fuera de lo mas normal. Entonces, el vampiro gateo sobre la cama con lentitud hasta estar detrás de ella y acariciarle suavemente el brazo izquierdo antes de besarlo suavemente, ella tiritó al sentirlo pero lo disimulo sin mirarlo para nada.

- En el fondo hiciste bien en quedarte conmigo, Ángelus. Tarde o temprano debías estar aquí, donde debes estar, como vampiresa que eres. - decía él en su oído susurrante, Ángelus apretó la mano con fuerza y rabia temblorosa. - Puedo sentir claramente tu odio y rencor, pero con el tiempo… aprenderás a amarme y unirte a mi voluntariamente, tengo todo el tiempo del mundo mientras estés así de cerca.

Ángelus cerró los ojos con fuerza al igual que apretaba los dientes bajos los labios. Entre susurrantes risitas, Radu se puso de nuevo en pie y se retiro de allí. Una vez sola, Ángelus tuvo la necesidad de gritar hasta quedarse sin voz, pero el saber que los vampiros de fuera podían oírla y satisfacerse con eso se aguanto, mordiéndose el labio inferior hasta sangrar. El tiempo parecía eterno para ella mientras esperaba a que viniera otro a divertirse con ella, mientras, estuvo hay inmóvil completamente cubierta con la sabana y la almohada sobre la cabeza, entonces dejo salir lagrimas de sangre por doquier, dejando salir su dolor y sufrimiento, pero sobretodo, su culpa.

- "Lo siento… Lo siento, Arthur, Yasmina, Adam… todos." - se disculpaba ella en sus pensamientos. - "Nunca debí meteros en todo esto, debí solucionarlo en su momento pero fui estúpida. ¡Perdóname, Adam, lo siento! Soy tan sucia, patética, nunca debí ser lo que soy ahora. Debí alejarme de todos hasta acabar con esto, pero ahora… ya es tarde para eso, ya es tarde para todo. Querría… ¡DESAPARECER!"

- Como desees, Majestad No-Muerta.

- "¡¿Eh?"

Londres, Inglaterra.

"Mi amado Adam; si llegas a leer esto, significará que quizás nunca más volvamos a vernos en la vida. Para salvaros a tu hermana, a mi hermano y a ti, Radu a propuesto entregarme a ellos a cambio de vuestra libertad, sanos y salvos. No creo en él, pero tampoco podía arriesgarme a que os hiciera algo por mi, así que… intenta disculparte con Arthur y los demás por mi, y cuida ahora a tu hermana más que nunca. A pesar de lo que pase, yo siempre te amaré, aunque nunca debí, mira lo que pasa por ello, pero… eso no cambia el echo de que te ame. Deberás ser fuerte ahora, tú y todos los que me conocéis, ser fuertes hasta que vuelva, o serlo a partir de ahora si nunca llego a volver con vosotros.
Dile a Yasmina que cuide bien de Arthur por mi, como cuido de mi cuando no tuve a nadie más que mi padre, ella fue como la hermana que perdí hace años, una buena amiga, mejor dicho, la mejor de todas las que tuve en siglos. A Sirius y sus hermanos, que son libres de decidir que hacer, pero les estaría muy agradecida que estuvieran con Arthur en la Organización Hellsing, tiene a Seras y los otros, pero ellos son excepcionales, Lucius también a pesar de su personalidad, es un buen hombre, al igual que sus hermanos. Seras y Pip, nunca he conocido a ningún vampiro mas leal y fiel como ellos dos, que a pesar de las dificultades salieron adelante, protegiendo y ayudando a mi padre y a Integra hasta el final, les estoy muy agradecida y contenta de haberles conocido, sobretodo a Seras, que es muy diferente a las demás siervas que mi padre tuyo, ella es única en todo.
Que no se preocupen por mi, sobretodo tu, tu hermana y Arthur. Estaré bien, ahora debías estar alerta ante todo lo que pase sin mi ayuda por favor.
Te quiero Adam de Inglaterra, siempre te querré."

Adam no daba crédito a las palabras de esa hoja doblada escrita a mano con tinta negra, solo pudo llorar y taparse la boca con la mano emocionado y triste, y estaba aún más confuso por la frase que estaba escondida en el sobre de la carta, en el interior apenas leíble:

"En el caso de que pierda la batalla, mátame."

- "¿Qué significa eso de que "pierda la batalla"?" - se pregunto él mirando al frente confuso ante esa última frase. - "Ángelus, ¿Qué intentas pedirme?"

Edimburgo, Escocia.

- Vamos ama, por favor. Déjeme ir primero. - pedía Izan de rodillas ante Bathory, sentada en el sofá elegante y con feminidad. - Usted y Radu van a disfrutar de ella más tiempo, yo sólo deseo esta noche para conocerla y poder cumplir la promesa que le hice a Gina, por favor se lo pido.

- Vale. De acuerdo, de acuerdo. - accedió Elizabeth suspirando harta de sus suplicas. - Pero sólo unas horas, no quiero que llegué el amanecer sin estar en la cama con ella.

- ¡Gracias ama, le debo una! - agradeció Izan contento y agradecido. - No tardó demasiado, se lo prometo.

Con eso, el moreno de ojos verdes se fue de allí apresurado mientras ella suspiraba fastidiada, pero luego pensó que así tendría más ganas de hacerlo con ella. Al estar ante la puerta cerrada, Izan se desabrochó un poco el cuello de la camisa para tenerla bien abierta, se desordeno el pelo un poco cogiendo valor y entró por la puerta suavemente, al entrar estaba todo oscuro y cerró la puerta tras de si.

- Bueno Ángelus, esta es la primera vez que estamos así tu y yo, y apenas nos conocemos personalmente. - dijo él de espaldas a la cama. - Te una promesa que cumplir a Gina, y quiero hacerlo esta noche, justo ahora. Así que no me tengas en cuenta lo que voy hacerte, tu te lo buscaste cuando has herido varias veces a mi amada Gina.

Al acabar de hablar, vio que la morena no dijo nada, todo siguió en silencio, y se giró completamente extrañado. Vio que Ángelus estaba completamente cubierta por la sabana, pero pudo ver que se movía disimuladamente, estaba consciente de lo que dijo. A él no le importo que no le escuchara o no hiciera caso, eso no cambiaba lo que le iba hacer.

- Bien pues… - dijo desabrochándose más la camisa hasta abrirla del todo y después quitársela. - No tengo por qué seguir esperando, será como hacerlo con Gina, al fin y al cabo sois hermanas, casi gemelas por lo que he visto hasta ahora. - En ese mismo momento, vio que la sabana se movía para ponerse en alto, Ángelus se había incorporado sin quitarse la manta de encima, ni siquiera se podía ver su rostro, solo los labios cerrados y callados. - ¿No vas a oponer resistencia? - pregunto él al verla callada y quieta. - Bueno, no me importa. Ya lo harás cuando empecemos con lo bueno.

Con eso dicho, él se acercó a ella mirándola, ésta apenas lo miró a la cara, parecía una figura inmóvil. Entonces, cuando Izan se sentó junto a ella, ésta sin previó aviso se abrazó a él sobre los hombros con la sabana sobre ella, Izan quedo petrificado de lo que hizo con los brazos en alto inmóviles. Después, Ángelus empezó a moverse excitada, jadeando como una gata en celo, eso confundió más al joven vampiro, pero no negó que le gustase esa forma de moverse e indicar que deseaba lo mismo que él; unirse en ese momento.

- Veo que… has decidido cooperar y aceptar tu lugar aquí, eso me honra. - dijo él sintiendo como ella estaba apoyada en su hombro, subiendo por su cuello. - Si estás dispuesta a que te deje cogerte, entonces no tengo por qué hacerte sufrir.

- Me halagas. - dijo Ángelus serpenteante bajo su cuello. - En realidad esperaba a Elizabeth, pero el tener a otro hombre fuerte y maduro como tú aquí, me reconforta. - Izan se sonrojo un poco ante esas palabras, poco habituales para él viniendo de Ángelus. - Pero lamentablemente…

Al dejar esa frase a medías, Ángelus obligó a Izan tumbarse en la cama con un agil y veloz movimiento que éste fue incapaz de evitar o prevenir, y quedo sorprendido y confuso, y entonces quedo petrificado de más asombro cuando vio claramente el rostro de Ángelus, y su pelo. Sus largos cabellos lisos y escalado dejo de ser negro, ahora eran de un rojo carmín, del mismo tono que la pura sangre, incluso con el mismo brillo, dando un aspecto más tenebroso y espectral acompañado con la mirada sedienta y sarcástica que ésta mostraba con los colmillos fuera y los ojos rojos brillando intensamente.

- …tú no acabas de ser mi tipo, mocoso novato y desprevenido. - acabó ella entre los dientes, sonando malévola. Izan no entendía ese enorme cambio en ella, apenas la reconocía como la Ángelus que había visto y oído por los demás.

- ¿Quién demonios eres? Tú… no eres Ángelus. - pregunto él algo aterrado por el aura que emanaba de ella en ese momento.

- Soy la de siempre, Ángelus. O mejor dicho, la Ángelus Drakul que debió ser desde el principio, querido cuñado. - contestó ella sonriendo sarcástica.

Asustado por doquier, Izan intento liberarse, pero la pelirroja lo mordió en el cuello con fuerza y ferocidad dejándolo inmóvil, tapándole la boca con una mano y la otra apoyada a un lado cerrándola con fuerza. Izan no tardó en notar que le faltaban las fuerzas, pero también notaba que le dejaba seco en pocos segundos. Intento detenerla pero algo invisible hacía que moviera demasiado el cuerpo, no tardo en adivinar que ella también tenía el don de Radu; el poder mental. La vampira pelirroja envuelta en la sabana se sacio con su sangre jadeando sedienta, y no paró incluso cuando él estuvo inmóvil por completo. Al notar que no había más sangre, dejo de morderle para ver que en verdad estaba completamente seco… y muerto de verdad.

- Lo siento mucho querido, nunca debiste venir aquí… y estar con ellos para acabar así. - le dijo Ángelus limpiándose los labios con el brazo. - Me hubiera gustado conocerte antes, habrías sido alguien de haber sido mío. - Ella sonrió con los colmillos bien visibles, blancos y hermosos a pesar de la sangre.

CONTINUARÁ...

Bueno, hasta aquí este capítulo, no tardaré en poner el siguiente jeje. Cualquier duda no dudéis en decirmela, que os las aclararé con gusto. HASTA PRONTO DAMAS Y CABALLEROS FANS DE HELLSING!