Hola Ustedes!!
Ya que estamos en el capitulo 25, creo que es un buen momento para decirles que son 30!!, solo 5 viernes más... que raro se escucha no? xD
En fin, también quiero decirles que no concibo la parte final de este capitulo sin la canción: Elsa y Fred (Piano Solo) de Lito Vitale, espero que puedan tener la oportunidad de bajarla antes o despues de leer, para que puedan sentirse ahí del todo x3
Que Difícil Es Decir…
No podía decidir como sentirse, aliviado de que por fin, esa infernal semana hubiera terminado… o furioso porque la siguiente vez que pisara Howarts… ya nada seria igual…
-¡Se fueron! –gritó Albus corriendo a la mitad del pasillo.
Hugo arrugó el gesto y le propinó una fuerte patada a su mochila.
-Cálmate… -dijo Rosie- es obvio que no se irá sin… -la pelirroja dudó un segundo- sin… decir adiós.
Lily cerró los ojos con fuerza al escuchar la ultima palabra… no podía ser cierto.
Los cuatro primos se encontraban justo frente al Salón de Chimeneas. Cada viernes, aquello se convertía en una autentica estación de trenes, chicos entrando y saliendo, cargando con algunos deberes atrasados y arrastrando sus pesadas mochilas a lo largo del corredor, deseosos de volver a casa aunque fuera solo por el fin de semana. Sin embargo los rostros de Rosie, Albus, Hugo y Lily, desentonaban cruelmente con la alegría que prácticamente podía respirarse todos los viernes por la tarde. La sombra del concierto en el calendario los amenazaba sin piedad, aunque a juzgar por todo lo que había pasado esos días, Salem pasaba a segundo plano. Hacía tan solo veinticuatro horas desde que Hugo Weasley había soltado la noticia de la mudanza de Lance, quien al parecer necesitaba arreglar papeleo sobre su pasaporte, así que él, Leanee y Neville, se habían marchado a casa más temprano de lo usual.
Una variada gama de reacciones se había hecho presente en los chicos, y la frase "Lo único que faltaba" nunca tuvo más sentido que entonces, pero antes que ninguno pudiera decir nada al respecto, una preciosa ave marrón entró por la ventana. Blaze, la lechuza de Ginny traía cambios inesperados para el viaje de esa noche, al parecer ella y Harry trabajarían hasta muy tarde y Grimmauld Place, estaba totalmente desierto de atención y comida, así que los hermanos Potter, se quedarían con Ron y Hermione. No era la primera vez... pero tal vez si la primera que Leanee y Lance no estaban para completar el cuadro familiar…
Y ahí se encontraban… de pie junto a sus respectivos equipajes, con las ganas de desahogar la impresión lastimándoles el pecho, como si el resto de sus problemas hubiesen desaparecido de golpe. Lance Frank Longbottom se iba y no había nada que hacer al respecto.
-Vámonos – susurró Rosie y colgándose su bolso al hombro entró en la enorme habitación de redes flu.
Lily fue la segunda en seguirle, pero Hugo y Albus se quedaron afuera.
-Necesito hablar con él –dijo Hugo.
-Necesito hablar con ella –dijo Albus.
El verde y el azul de sus miradas chocaron, decididos a encontrar una solución.
-¿Crees que mi tía…? -comenzó el trigueño.
-No, mi mamá iría con nosotros y esto terminaría en un drama...
-Tenemos que verlos hoy Hugo.
-Lo sé, pero mis papas ya lo saben, McGonagall habló con ellos y no creo que hoy tengamos alguna oportunidad –Hugo le dedicó una mirada de resignación a su primo, tan impropia en él y pateando su mochila de los Cannons siguió a las chicas dentro del salón.
Albus, que se sabía mucho menos temerario que Hugo, se rindió también.
Su familia ya le esperaba formada, para tomar la siguiente chimenea, ninguno se hablaba… todos parecían cargar el mundo sobre los hombros, y por primera vez en toda su vida, los cuatro chicos no parecían un equipo…
La chimenea soltó una llamarada verde y las siluetas de Rosie, Albus, Hugo y Lily se asomaron en la estancia, sin una pizca de ceniza, en medio de un silencio avasallador.
-¡Se dice "Ya llegamos"! –gritó irónico Ron, quien ya los esperaba sentado en el sofá.
El pelirrojo recibió cuatro miradas inexpresivas, que poco a poco desaparecieron al subir por la escalera.
Hermione llegó desde la cocina y abrazó a su esposo por la espalda.
-Lance se va el domingo –susurró la castaña y Ron se relajó en su abrazo.
-Lo sé… pero no esperaba verlos así…
Los dos soltaron un largo suspiro y perdieron la mirada en el techo siguiendo los pasos de sus muchachos.
Lily y Rosie, soltaron sus mochilas en el cuarto de esta última, aún a pesar de que la casa Weasley tenía suficiente espacio para albergar invitados, los primos siempre compartían habitación. Rosie tenía una litera, Lily dormía abajo y ella arriba, estuviera su prima o no, sin embargo, ese día ninguna de las dos, parecía especialmente entusiasmada de compartir el espacio, la mezcla Weasley-Potter, no había heredado los genes adecuados que permitían compartir las penas.
Rosie se dejó caer sobre la silla de su escritorio y se cruzo de brazos enojada, ¡Lance podía tomar sus clases en Howarts!, ¡McGonagall estaba siendo extramista!, ¡Seguro que todo esto venia de los ancianos prejuiciosos del Ministerio que no podían aceptar que dos adolescentes les patearan el trasero!
Lily se sentó al borde de la cama sin saber que hacer, y pronto algo sobre la mesa de noche llamó su atención. Una foto enmarcada en bronce… los siete hace un año, antes de que James se fuera a Rumania a criar dragones con el tío Charlie. Los primos inseparables, abrazados y sonrientes con la magnifica vista del castillo a su espalda.
La pelirroja acarició suavemente el rostro de Lance en la foto, y sin poder evitarlo más, soltó un sollozo tristeza.
Rosie escucho a su prima y sin pensarlo se sentó junto a ella y la abrazó.
Ellos eran muy diferentes a sus padres…
En cuanto Lily se sintió protegida, dejo de reprimir sus lágrimas y abrazó a Rosie también.
-No quiero que se vaya… -balbuceó Lily.
-Es lo mejor para él… -Rosie se sintió culpable, ni siquiera ella creía esas palabras.
La menor de las pelirrojas no tenia replicas para eso, esto ya había pasado antes… claro que con James había sido diferente, él era su hermano, pero ella y Lance siempre habían sido la dulce promesa de algo más… sostuvo el marco más fuerte entre sus dedos... si la vida estaba echa a base de momentos… y aquellos más felices, son fotografiados, no estaba dispuesta a tomarse otra foto sin Lance…
Pero del otro lado de la pared, las cosas se contaban de otra manera.
Los hombres, actúan de un modo muy distinto….
-¡No te acobardes ahora!... la "niña" aquí soy yo, ¿Recuerdas? –Albus caminaba de un lado a otro, como un león hambriento, farfullando cuanto podía para machacar el orgullo de su primo, quien parecía perder la paciencia tan rápido como su padre.
-¡Albus cállate ya! –gritó Hugo subiendo su piel un par de todos en la escala del carmín - ¡Y hazme el favor de sentarte de una vez!, ¡Nadie nos prohíbe verlos, ya es muy tarde hoy, eso es todo!
-¡Son apenas las nueve! – apuntó el trigueño, sin dejar de revolotear en la habitación.
-Iremos mañana, siéntate ya –murmuró Hugo, repitiéndose a si mismo que Albus Potter era su primo.
-¡Eso no tiene sentido!... ¡NOSOTROS QUEREMOS HABLAR AHORA! –el chico ya no solo daba zancadas de aquí para allá, si no que además movía los brazos en todas direcciones.
-No hay modo de salir por esa puerta –dijo Hugo señalando en el suelo, la ubicación de la salida, en el piso inferior.
-¡Pues piensa en algo!... ¡No esperaré hasta mañana! –gritó Albus y comenzó a caminar más rápido, cosa que los nervios de Hugo no soportaron más.
-¡Maldición Al, quédate quieto! –Hugo tomó una pelota de tenis que descansaba sobre su mesa de noche y se la arrojó a su primo midiendo la fuerza.
Los reflejos de buscador en el equipo de quidditch, le permitieron al trigueño quitarse antes del golpe, que dio de lleno en el armario abierto. Un par de quaffles cayeron de la repisa de arriba, un balón de futbol americano, regalo del abuelo Granger y un amarre viejo que uso para un campamento de verano, quedó a medio colgar de su gancho.
Albus y Hugo se miraron entendidos y corrieron rápidamente hasta el mueble.
-¿Cuánto mide?-preguntó Albus desamarrando los nudos.
-Diez… tal vez doce metros, la usamos para hacer un puente.
Los dos chicos se las ingeniaron para extender la gruesa cuerda por toda la habitación y amarrándola al cerrojo de la ventana, la arrojaron al vació. Solo dos metros la separaban del suelo. Hugo se encaramó rápidamente en el marco y saco medio cuerpo de la casa.
-¿Crees que nos aguante? –Albus se quedo mirando el nudo doble que habían hecho en la ventana, con poca confianza.
-¿Estas insinuando que estoy gordo? –preguntó Hugo sonriente, exagerando una voz indignada.
-Oye si te rompes una pierna por mi esta bien, pero dudo que quieras que mi tía tenga que salir a curarte…
El pelirrojo lo pensó dos segundos y un escalofrío le recorrió la espalda, si su madre se enteraba de que había estado jugando al escapista en la ventana, con un amarre de campamento y se lastimaba seguramente le dejaría sanar en la lenta y dolorosa manera muggle.
-Ouch –gimió Hugo solo de pensarlo.
Albus sonrio irónico y estaba apunto de sacar un pie cuando la puerta se abrió de golpe…
-¡Aja!, el viejo truco de la soga en la ventana…-gritó Ron entrando por la puerta y los chicos se quedaron helados –que buenos tiempos aquellos… gracias a Merlín que no usaron magia, Hermione se hubiera dado cuenta… nada tan seguro como saltar diez metros en la noche, ¿Cierto?
Hugo sonrio ampliamente, y se deslizo por completo hacia la noche, de modo que ya solo podían verle la cabeza.
-Muévete Al –le apresuró Ron, dejando dos enormes platos con comida, sobre el escritorio de su hijo.
Albus también sonrió, su tío Ron era increíble.
-¿Para que es eso papá? –preguntó Hugo señalando la comida, con la mirada.
-Le dije a tu madre que les subiría la cena para darles tiempo, ella JAMAS me abría creído que USTEDES, no tenían hambre –dijo el pelirrojo comiéndose un pedazo de queso, de uno de los platos.
Los chicos rieron.
-Listo, bájate –dijo Albus, sentado en el marco de la ventana esperando a que su primo hiciera espacio.
Hugo apoyo las piernas en la pared y tensando los brazos comenzó a descender cuidadosamente. Albus le siguió de inmediato y pronto se encontraron a medio camino.
-¡¿Esta todo bien cariño?! –gritó la voz de Hermione desde el piso de abajo y los tres hombres contuvieron la respiración aterrorizados.
-¡¿Hermione podrías dejarme tener una conversación seria con mis hijos?! –contestó Ron, en un todo ofendido que parecía completamente real.
La castaña no respondió y eso fue todo lo que Albus y Hugo necesitaron para seguir bajando.
-Los quiero aquí a las once en punto ni un minuto más, ¿Me escuchaste Hugo?, o yo mismo iré con tu madre –murmuró Ron firmemente.
Ya en el suelo, los chicos asintieron, seguros de que Ron era capaz de cumplirles la amenaza y echaron a correr por el enorme jardín.
La casa Longbottom no quedaba lejos de ahí, ciertamente era menos distancia que de la Madriguera a la antigua casa de Luna. Albus y Hugo corrieron casi todo el camino, pero justo a unas calles de llegar sus piernas se negaron a seguir con el mismo ritmo y los dos primos se resignaron a caminar.
Como siempre, la familiar fachada de la casa, les invitaba a entrar. Era una casa preciosa, herencia de la abuela de Neville, que a pesar de su conservadora arquitectura, resaltaba inmediatamente gracias al color purpura con que Luna había decidido pintarla. Los faros de la entrada principal estaban prendidos, pero el auto no estaba en el aparcamiento.
Albus y Hugo decidieron entrar por la puerta de la cocina que siempre estaba abierta y encontraron la casa en penumbras.
-Merlín, creo que no están –dijo Albus pasándose las manos por el cabello, evidentemtemente desesperado.
Hugo estaba punto de decir algo cuando se oyó un fuerte ruido proveniente del piso superior.
-¡Con un demonio! –gruñó una voz conocida.
-Lance esta arriba… -susurró el pelirrojo y se dirigió a las escaleras.
-Suerte… -le sonrió Albus.
-Suerte también… con lo que sea que esta pasando… -contestó Hugo y subió los peldaños de dos en dos.
La puerta del cuarto de Lance estaba abierta y un par de ansioso pies se movían de un lado a otro, amontonando ropa y abriendo cajones. Su enorme baúl con la insignia de Howarts, yacía abierto sobre la cama y un montón de libros nuevos sobre el escritorio, esperaban a ser empacados.
El pelirrojo tragó saliva, y dio un par de toques en la madera.
-Hola… -susurró Hugo sin atreverse a pasar.
Lance levantó inmediatamente la cabeza, y después de fruncir el ceño sonrio nervioso.
-Hola… tu, que… que… ¿Qué haces aquí tan tarde? –preguntó Lance, aterrorizado de sentirse incomodo con la presencia de su mejor amigo.
-Digamos que… mi papá me dio permiso de salir –rio Hugo encogiéndose de hombros -¿Te ayudo con algo?
-No, no… ya, casi tengo todo.
El pelirrojo miro a su alrededor, no necesito mucho tiempo para declarar el lugar zona de desastre y soltó una carcajada.
-Sí claro… tienes todo bajo control aquí.
Lance sonrió infinitamente aliviado de romper la tención y rio también.
Hugo se abrió paso entre el desorden y se sentó en la cama.
-¡Hey!, ¡El nuevo almanaque Herbologico de Witraff! –dijo Hugo con entusiasmo tomando un pesado libro empastado en cuero negro.
-¡Sí!, es… es uno de los... libros de la lista –Lance carraspeó la garganta sintiéndose un imbécil por hacer las cosas más difíciles al sacar el tema, de su "Nueva Escuela".
-¿Sabes?... creo que… creo que es genial-apuntó el pelirrojo dejando el libro a un lado y mirando a los ojos al chico con quien había compartido toda su vida.
-¿Qué?
-Que te vallas, es… es genial.
Lance arqueó una ceja y rió.
-Gracias Weasley yo también voy a extrañarte.
-No me refiero a eso torpe, irte es una gran oportunidad… es lo que siempre quisiste.
Lance soltó un bufido y se sentó junto a Hugo.
-Sabes que no lo veo así… no si irme de aquí es el precio.
-El tío Harry dice que los cambios siempre son buenos –dijo Hugo con una sonrisa de suficiencia idéntica a la de Hermione.
-El tío Harry, es un héroe de guerra, todos los cambios son buenos si se parte del punto en el que él estaba –ironizó Lance y un bulto de lana azul sobre la silla captó su atención.
Sabía perfectamente que era, así que se estiró un poco para tomarlo y se lo puso sin dificultad. Era su sueter. El que su también abuela Molly Weasley había tejido para él, con una L plateada en el pecho.
-Me gusta mi vida como esta ahora Hugo –susurró Lance.
-A mí también… -Hugo hizo una pausa- pero no todos los días hacemos historia, ¿He? –dijo sonriendo y golpeando suavemente el hombro de su amigo con el suyo.
Lance soltó una risilla.
-Lo sé… mataría por ver la cara del Ministro de Magia, cuando McGonagall desaparezca ante sus ojos, con nuestra poción… ¡Estaremos en los libros!
Ambos se carcajearon.
-¡Sí!, ¡Esos ancianos tendrán que besarnos el trasero!
-¡Ya se!, muero por restregar nuestra patente en su curtidas caras –dijo Lance doblándose de la risa.
-¡Merlín de verdad voy a extrañarte! –y antes de que le consumiera la vergüenza, Hugo lo abrazó.
Lance no lo pensó dos veces y abrazó al pelirrojo también. Hugo se vio a si mismo en una de las tantas historias que había escuchado sobre sus tíos Fred y George Weasley y se sintió afortunado de poder despedirse, de su "hermano gemelo".
Que difícil es decir adiós…
Gruesas lagrimas se escaparon de dos pares de ojos tristes, que no lucharon por esconderlas más.
-Siempre serás mi mejor amigo Lance… -susurró el pelirrojo sin romper el abrazo.
Él aludido sonrio.
-Nunca has sido mi amigo… eres mi hermano Hugo…y nada será lo mismo sin ti.
Nadie nunca entendería cuan difícil había sido despedirse para ellos, no habían estado lejos jamás, y ahora Lance se iba por todo un año... y aquello sonaba tremendamente interminable.
-No, nada será lo mismo sin ti… supongo que me comportare ahora –dijo Hugo separándose mientras secaba sus lagrimas con el dorso de su mano.
-Sí, creo que yo dejare la mala vida también… al menos hasta que regrese de nuevo –concordó Lance.
-Pero imagina lo que haremos para entonces… -susurró el pelirrojo como si el tiempo ya hubiera pasado.
-Imagina… -Lance sonrió aún con las pestañas empapadas –Dile a alguien que lloramos y regresare a partirte la cara Weasley.
-¿Quién lloró? –preguntó Hugo con voz inocente -¡No me vengas con tus cosas de niña o me voy de aquí!
Ambos rieron a carcajadas.
-Bien, muévete y ayúdame, aún tengo mucho que empacar –dijo Lance levantándose de la cama.
Y entre bromas y risas Hugo Weasley y Lance Longbottom, que no necesitaba un apellido que los uniera como familia, se dispusieron a sacarle provecho a su última noche juntos…
…
Albus vio desaparecer a su primo por las escaleras y suspiro. La situación le resultaba muy familiar. Él y James eran tan unidos como Hugo y Lance y nunca olvidaría la noche en que tuvo que despedirse de su hermano mayor… pero estaba seguro de que tal como él había hecho, Hugo entendería que si Lance era feliz, él también lo sería.
Tuvo el impulso de subir a despedirse de "su primo" también cuando una suave melodía le endulzó los sentidos…
Una música tan bella, como jamás había escuchado antes… lenta y penetrante… guiándolo inconscientemente como el primer rocío de la mañana.
Ahí estaba ella… en un escenario tan hermoso que solo podía ser obra de la naturaleza.
El jardín trasero de los Longbottom, lleno de jazmines y gardenias, se hallaba colmado de pequeñas luces verde-azules por doquier, que revoloteaban al azar como si tuvieran vida propia… eran luciérnagas. Leanee se hallaba justo en el centro, sentada elegantemente frente a su piano, justo de espaldas a su silencioso visitante. Su largo cabello rubio, caía libremente por su espalda, en suaves ondas que se movían al capricho de la fría brisa de Octubre, llevaba puesto un precioso vestido azul oscuro de gala, que dejaba al descubierto sus hombros y se ceñía a su cintura en un delicado moño de seda en el mismo color. Deslizaba sus dedos fácilmente entre las teclas y sus pies descalzos se asomaban por debajo del banquillo, dando a Albus la sensación de estar frente a un hada.
Fue incapaz de interrumpir su música, embelesado por la melodía y por aquella fina silueta de aura angelical, sonrio disfrutando del momento.
Leanee termino su canción y suspiró satisfecha de su interpretación. Se quito el fleco de los ojos y se levantó saltarina de su asiento.
Albus se quedo de una sola pieza y sintió que el corazón le reventaría en el pecho cuando ella le sonrio…
-¿Al?... ¿Qué haces aquí? –preguntó la rubia tiernamente -¿Mis tíos vinieron?, porque mis papas tuvieron que salir...
Albus simplemente no tenía palabras… ¿Cuánta pureza cabía en ese corazón?
Que difícil es decir hola…
-Te ves bellísima… -alcanzó a susurrar.
Leanee rio suavemente.
-¿Te gusta? –preguntó alegre dándose una vuelta - mamá me lo compró esta mañana para la fiesta de Sortilegios Weasley y quería que me lo probara, estaba apunto de quitármelo cuando vi las luciérnagas y decidí bajar… ¿Son preciosas no te parece?... saque el piano con un Wingardum Leviosa y creo que les gusta la música…
La mirada del chico se tornó triste… hubiera preferido que Leanee estuviese enojada con él.
-¿Al?... –Leanee curvo su sonrisa y se acercó hasta el chico en un honesto gesto de preocupación -¿Estas bien?
Albus suspiro y sonrio violentamente sonrojado.
-¿Cómo puedes ser tan maravillosa? –soltó de un solo golpe y la rubia parpadeó un par de veces sorprendida –Leanee yo… he venido a pedirte disculpas… por lo del taller, por lo de Brester, los reportes y el ridículo que te hice pasar frente a McGonagall, yo no…
Leanee sonrio nuevamente y tomo las mejillas de él entre sus manos con dulzura, Albus trato de escapar de su contacto y clavo su mirada en el piso.
-No Leanee, no me mires así…
-No Al, tu escúchame… – dijo ella con suavidad y lo obligó a mirarla a los ojos- ¿No crees que mi vida sería muy difícil si me importara lo que todos piensen de mí?... no me interesa, ese día... pensé que era lo que TÚ pensabas de mí…
-¡No!, ¡No!, ¡Te juro que no quise decir eso!, ¡No es lo que pienso de ti! –gritó Albus con la mirada suplicante.
-Ya lo sé, ya lo sé –rió Leanee y acarició las mejillas del muchacho- lo dejaste bastante claro la ultima vez…
-¿Así que no estas enojada? –preguntó el muchacho hundiéndose en la suavidad de aquellas manos.
-¡Hay Al!, te juro que a veces pienso que serias más feliz si te gritara que te odio –bromeó la rubia.
-Sí, yo también… -dijo Albus sonriendo por primera vez.
-También me enamoré de ti… -murmuró Leanee ya muy cerca de los labios del Gryffindor y negándose a darle tiempo de responder, lo besó… lo besó profundamente… rodeando su cuello con los brazos, acariciando tiernamente su nariz con la suya, perdiendo sus dedos entre su cabello negro e inundándose de su aroma.
Albus sonrio entre sus labios, y correspondió. Abrazando fuertemente su cintura, envolviéndola todo lo que podía contra su pecho, perdiéndose en su sabor a frambuesas frescas. Comprobando que a partir de ese momento ya no sería feliz sin esos besos…
-¿No crees que esto sería más romántico, si no me hubieses orillando a besar a Tina Graham en una subasta? –preguntó Albus separándose suavemente de la chica, fascinado de encontrarse tan cerca de esos ojos azules.
-Tina Graham jamás te besará como yo –Leanee aferró el cuello de la camiseta de Al y lo atrajo hacia ella fuertemente, iniciando un beso más delicioso que el anterior.
Ambos rieron entre besos y rodeados del tenue brillo de las luciérnagas disfrutaron de su primera noche juntos…
¿Qué tal?
Dedicada especialemente a todas las fans que se ganó esta pareja!!
Nos vemos el siguiente viernes!!
Besos Capuchinos!!
