Capítulo 25: Rocking all over the world (primera parte)

Tras varias llamadas telefónicas y una detallada exposición de los motivos por el que solicitaban adelantar la sesión, Takuto había conseguido que los asistentes sociales acudieran a su domicilio antes de que Kôji se marchara de Londres para continuar la gira británica de Angelous.

Dado que lo mejor era que estuviesen ambos presentes, ya que en los próximos meses no estarían disponibles, el equipo de evaluación quería comprobar que el estado del menor era óptimo en la recta final de la acogida pre-adoptiva.

Mientras dos de los miembros se entrevistaban con la pareja, el psicólogo hacía su ronda habitual con el niño, el cuál campaba a sus anchas por el jardín tras haber terminado el periodo lectivo.

- ¿Podrías decirme qué ha sido lo que más te ha gustado desde que vives aquí?

Derek se quedó pensativo. Había tenido un sinfín de experiencias emocionantes, pero sin duda una en concreto le había calado hondo.

- Cuando nació la hija de Serika.

- ¿Quién es Serika? – preguntó el hombre.

- La hermana de Takuto.

Él tomó nota, queriendo obtener más datos al respecto.

- ¿Por qué?

- Quería ver como es un bebé cuando nace – le explicó, entusiasmado -. Fuimos a visitarla en la habitación, era muy pequeña y estaba arrugada. Serika me dijo que no le había dolido.

El analista encontró sustancialmente interesante este último punto, retomándolo.

- ¿Sabes de dónde vino esa niña?

- Claro – afirmó con rotundidad -. Kôji me contó todo lo que no me explicaron en clase.

- ¿Y qué mas te ha dicho?

- Que cuando se me meta algo en la cabeza le pregunte a él primero – respondió, encogiéndose de hombros.

Volvió a tomar nota, haciendo las últimas cuestiones.

- ¿Y Takuto¿No te ha contado él nada?

- Sí. Que pase de lo que diga la gente cuando se meta conmigo porque vivo con dos maricas.

El psicólogo le miró, algo sorprendido por el comentario, interpretando la espontaneidad de Derek como un signo de equilibrio emocional.

- ¿Y qué es lo que menos te gusta?

- Recoger los platos – afirmó sin pensar -, siempre me toca hacerlo.

- ¿También te encargas del perro? – quiso saber, dado que el gigantesco animal estaba sentado al lado del chiquillo obedientemente quieto, con su mirada noble fija en el extraño.

- Pero eso me encanta – rió tras asentir, cogiendo una de las patas de Titán sin que éste rechazara el juego.

Él dio la charla por concluida, empezando a despedirse

- Me han dicho que te vas de viaje.

- Sí, vamos a coger un montón de aviones y a acompañar a Kôji mientras canta.

- Estupendo – añadió, dándole una palmadita al can en la base del cráneo -. Que pases un buen verano, Derek.

Les dejó seguir con sus distracciones aprovechando el buen tiempo, reuniéndose con el resto de los adultos alrededor de la barra de la cocina. La mujer estaba poniéndose al tanto de los últimos documentos aportados cuando movió su silla, dejando espacio para que su colega de profesión pudiese unirse.

- ¿Alguna apreciación que quieras hacer tras entrevistarle? – dijo ella.

Takuto atendía, esperando a que el recién llegado tomase el turno de palabra. Cuando finalmente lo hizo, las manos empezaron a sudarle por debajo de la encimera.

- El menor ha comentado que han hablado con él de sexualidad.

Kôji respondió sin vacilar, tomándoselo con su habitual falta de pudor.

- Ya tiene edad de comprenderlo. No había motivo por el que convertirlo en tabú.

- Es bastante curioso – puntualizó Takuto, tratando de no parecer incómodo -, y creímos que es mejor responder a sus preguntas en lugar de ir con rodeos.

- Si hay algo que aprendí en el pasado es que las prohibiciones sólo sirven para incitar a probar las cosas más rápido – añadió el cantante.

El hombre buscó entre sus apuntes otro asunto relacionado. En un momento socialmente tan delicado tras los cambios legislativos, cualquier dato que pudieran recoger acerca de las adopciones por parte de parejas del mismo sexo resultaba valioso para la investigación.

- También ha hecho mención a lo de "vivir con dos maricas"... – puntualizó, mirando a Izumi.

- Se lo soltaron en el colegio un par de veces. Traté de hacerle ver que lo más importante es ser tolerante con los demás. Ése es el principal motivo por el que le llevaremos a la gira, para que conozca otras culturas y pueda ser una persona abierta a la diversidad.

Kôji se mordió la lengua para no decir que en realidad el crío iba con ellos porque se negaba en rotundo a realizar el tour sin Takuto, y que donde iba éste, iba Derek. Pese a todo, lo dicho por Izumi era cierto, aunque si uno quería aprender a convivir con otras étnias y costumbres sólo tenía que pasar un par de tardes en los cosmopolitas barrios de esa misma ciudad.

- No soy un entendido en analíticas mentales, pero creo que lleva bastante bien vivir con nosotros – se atrevió a decir.

El sociólogo, sopesando de nuevo las variantes que conformaban el entorno de ambos y cómo se habían aclimatado a la irrupción del crío en sus vidas, expresó su opinión.

- Los niños tienen una capacidad de adaptación prodigiosa, y por fortuna Derek ha recalado aquí todavía en esa etapa. Lo ideal es que cuando llegue a la adolescencia esté establecido en un entorno sólido, sin más cambios que afrontar además de los internos.

- Lo que mi compañero quiere decir es que esperamos que las restantes evaluaciones sigan siendo favorables, y que así puedan obtener su custodia definitiva – añadió ella.

- ¿Cuándo nos la concederían? – preguntó Kôji.

- En octubre se cumple el año. Dos semanas antes de dicho aniversario se inician los trámites, suelen ser rápidos.

Takuto esbozó una sonrisa. Sería un otoño bastante alentador: para esa época ya estaría de nuevo sobre el terreno de Stamford Bridge, y su juego sería más brillante que nunca gracias a la tranquilidad de saber que ningún contratiempo legal les privaría de la presencia del niño.

- ¿Les apetece otra taza de té?

- Oh, no. Muchas gracias – se excusaron.

- Ya es hora de marcharnos, aún nos quedan varias rondas – comentó la mujer.

Les acompañaron hasta la salida, como acostumbraban hacer cada vez que les recibían. Aunque no dejara de ser un examen exhaustivo, tras tantos encuentros con los mismos funcionarios el clima de tensión había ido aligerándose.

En cuanto se hubieron marchado Takuto activó el chip pre-viaje, pasando de ser el interrogado al interrogador.

- ¿Preparaste las maletas?

- Me falta meter un par de cosas, lo haré después.

- No te olvides de llevarte las nuestras, y asegúrate de que no las extravíen – pidió Takuto.

Él asintió. Le tocaba partir a solas a la mañana siguiente, teniendo por delante dos semanas en los que no conocería más calor entre las sábanas que su recuerdo.

El hecho de que iban a pasar un par de meses fuera de casa, y que le hubiese sorprendido revolviendo las cajoneras del dormitorio, hacía que Izumi albergase sospechas sobre la naturaleza de los objetos que aún faltaban por guardar en el equipaje.

- Por cierto – soltó -, voy a empezar mi entrenamiento intensivo, podrías hacer el tuyo conmigo.

Kôji se le quedó mirando, sin pillar por dónde iba la sugerencia.

- ¿Entrenamiento¿Para qué, si ya cumplí?

Takuto le levantó ligeramente la camisa, pellizcándole la piel del abdomen.

- Te recuerdo que los músculos tienden a convertirse en grasa si no los trabajas de forma continua. Tú verás.

La simple mención de dicha palabra bastó para que el cantante reconsiderara su ofrecimiento.

- De acuerdo, lo haré.

- Pero te levantas a mi hora, bien temprano.

Él suspiró, encontrándole el lado bueno a tan horrible evidencia.

- Me habituaré. Total, ya estoy acostumbrado a que nos "vayamos a correr" – dijo con malicia.

Izumi le metió un codazo por haberlo dicho en alto con Derek a tan poca distancia. Tras haberle dejado sin aliento por el impacto en la boca del estómago, se acercó hacia donde el éste se hallaba muy quieto de rodillas sobre el césped, mirándole Titán con atención.

- ¿Te ocurre algo?

Él mantuvo silencio unos segundos más, antes de enseñarle pletórico su nuevo trofeo.

- ¡Se me ha caído otro! – exclamó mostrándole el diente desprendido, ahora colocado sobre la palma de su mano.

Takuto rió, pues la falta de paleta izquierda le daba un aspecto muy simpático.

- Tienes un poco de sangre en la encía. Ven, enjuágate en el grifo de la cocina.

Él hizo lo mandado, contemplando el montón de marfil que su cuerpo había desechado.

- ¿Y qué hago con esto?

- Dáselo a Kôji, igual se hace un collar – bromeó Izumi.

- Claro... me pongo además un taparrabos y ya soy un perfecto cavernícola – respondió él de mala gana por el dolor.

- Te haría falta más pelo – añadió Derek, en observancia a lo lampiño de su figura.

Dado que la ocurrencia no tardó en derivar en un montón de ideas rocambolescas sobre el aspecto del cantante, éste decidió que era más productivo marcharse a su alcoba a terminar de preparar el sex-shop portátil con el que amenizaría las noches del tour, en lugar de ser blanco de sus mofas.

- Iros a paseo – protestó, empezando a subir las escaleras.

- ¿Ves? Sólo le falta una maza de madera con la que ir dando golpes cuando se enfada – continuó Takuto.

Ellos siguieron riendo, quedándose a solas en el porche. Aunque ninguno de los tres lo dijera abiertamente, sabían que el único motivo por el que se metían sanamente con él era que indudablemente su ausencia resultaría notoria.

(1) Los más frikis de Minami Ozaki no tendrán dificultad en hacerse la imagen mental del troglodita... xD

- 2 -

Aquí estamos y ahí vamos,

dispuestos a destrozar la carretera.

Vamos allá, haremos que el mundo tiemble con nuestro rock.

Y me gusta, me gusta, me gusta, me gusta...

Vamos allá, a hacer que el mundo tiemble con nuestro rock.

Status Quo, "Rocking all over the world"

Las giras de Angelous siempre tenían algo de especial, pero aquella en la que ahora se encontraban destacaba no sólo por la calidad técnica de sus responsables, o la valía artística de sus protagonistas, sino por motivos más bien personales relativos a los susodichos.

En efecto, era la primera vez en la que los cinco músicos no encadenaban aunque fuesen unos cuántos desplazamientos en solitario, siendo Kôji el único de los miembros del grupo con pareja que no había contado con acompañante desde la primera salida.

Tras los seis conciertos con los que habían recorrido la mayor parte de los territorios británicos, el show de Dublín cerró la primera fase antes de marchar a la Europa continental. Pasaban de la una de la madrugada cuando una gran parte del equipo se congregó en el pub con el que contaba el hotel, regando el éxito cosechado en la capital irlandesa con barriles de Guiness.

Sentados el uno junto al otro en una de las mesas de roble, Chris y Kôji observaban entre pintas de cerveza cómo Brett y Rose se comían a besos en el rincón más discreto del local. Por su parte, Dave y su mujer ni habían bajado, habiéndose retirado Liam y Chynthia hacía por lo menos tres cuartos de hora.

Kôji trató de desviar la mirada, clavándola en el cigarro que el bajista fumaba sin prisas. El humo, el barullo escandaloso de los restantes clientes y la música autóctona de Van Morrison conformaban un ambiente más cálido que los que solían darse en otros bares de copas.

- ¿Quieres una calada?

- Mejor no, que vuelvo a engancharme – rechazó, resistiéndose a sucumbir a la tentación.

Chris tomó su jarra, dando un sorbo a la turbia bebida. Brett les guiñó un ojo, escabulléndose con Rose para terminar en privado lo que se traían entre manos. Tras comprobar que los demás estaban centrados en asuntos más placenteros que cogerse una borrachera, aprovechó que Kôji parecía no tener nada más interesante que hacer para sacarle el tema que desde hacía tiempo llevaba meditando.

- ¿Qué tal es montárselo con un tío? –preguntó como si fuese lo más normal del mundo, dándole un toque al cigarro para que la ceniza cayera en el soporte.

Él se terminó la jarra, pidiéndole otra al camarero.

- ¿Para qué quieres saberlo?

- Estoy pensando en probar en la otra acera, a ver si tengo más suerte.

Kôji le miró a los ojos, recordando que todavía estaba en deuda con él por el condón educativo.

- Ni de coña voy a enrollarme contigo – afirmó, estrenando la nueva cerveza.

- ¿Quién ha insinuado eso? No me metería en tu cama ni loco – respondió, apurando el pitillo.

- ¿Entonces?

Chris soltó la última bocanada de humo, mirando al grupito que sentado en otra mesa comentaba las dificultades sorteadas para que el concierto saliera a la perfección.

- Digamos que tengo un candidato en mente para salir de dudas sobre si soy o no bisexual.

- Lo sabía – pensó Kôji en voz alta -, a veces te pillo mirándome.

- Eres un egocéntrico. Déjate de rodeos y contesta a lo que te he preguntado.

Kôji saboreó su bebida, yendo al grano. Tras cuatro pintas de la fortísima cerveza negra tenía la lengua lo que se decía floja.

- ¿Lo has hecho anal con una mujer?

- Sí – respondió él.

- Algunos te dirán que no hay diferencia, pero sí la hay. Con un hombre es más visceral, más intenso... – relató, evocando el rostro de Takuto teñido de lujuria.

Chris le escuchaba, esperando sonsacarle algún dato de importancia, aunque dudaba que a la hora de la verdad fuese a servirle.

- Ser pasivo ya es otra historia – continuó el cantante -, aunque tampoco está nada mal.

- ¿Es cierto que se tienen unos orgasmos tremendos? – preguntó con curiosidad.

Kôji se lo pensó antes de contestar. En efecto así era, pero lo sabía con certeza por la intensidad con la que conseguía que Izumi los experimentase. Entonces, uniendo un cabo a otro, llegó a una conclusión que prefirió guardarse, y que ya revelaría a la persona que correspondía.

- Mejor júzgalo por ti mismo.

Chris elevó las cejas, reafirmándose su voluntad. Por mucho que le costase, se dijo que esa noche no dormiría solo.

- ¿Alguna cosa que deba tener en cuenta?

- El sexo se sigue practicando igual aunque cambie el envase.

Él hizo un gesto, dándole a saber que podría habérselo ahorrado. Sabiendo que posiblemente su presencia le suponía un estorbo, Kôji decidió que era momento de retirarse.

- Ya me contarás cómo fue.

- ¿Te vas?

- Sí. Me las seguiré arreglando con esto hasta que llegue mi groupie – confirmó, refiriéndose a su mano artificial.

Chris no puso objeción, dedicando los siguientes minutos a trazar un plan. Era cierto que su trayectoria como músico de categoría no le había servido para entablar relaciones serias, pero sí para conseguir que el ochenta por cierto de las mujeres a las que trataba de ligarse cayeran en sus redes.

En ese caso la fama no le serviría de nada. Con la excusa de que le habían dejado en la estocada se acercó a la otra mesa, llevando la jarra medio vacía de Kôji como si fuese suya.

- ¿Os importa si me la termino con vosotros?

Ellos le invitaron con gusto a acompañarles, incorporándose a los comentarios y chistes, así como invitando a su elegido a otra copa, algo que éste en un principio rehusó.

En cuanto la hubo aceptado, el bajista se anotó un tanto. Dos horas después se encontraba atravesando el marco de la puerta de su suite, ayudando a su víctima a caminar derecho.

Y es que aunque fuese con la colaboración del alcohol, ninguna de sus aventuras previas había resultado tan fácil de consumar, ni por supuesto tan satisfactoria.

- 3 -

Si había algo que Kôji no soportaba de los hoteles, era el servicio de despertador que ofrecían en todas las recepciones a lo largo y ancho del globo. Siguiendo instrucciones precisas del equipo de producción, los conserjes habían programado el sistema para que a las nueve en punto los teléfonos de las habitaciones ocupadas sonasen insistentemente, activándose un contestador de voz automático cuando uno atinaba a descolgar.

Malhumorado, tanteó por encima de la almohada hasta dar con el auricular. Tenía por costumbre deshogarse con el aparato dado que nadie iba a escucharle, lanzando un par de bramidos en su lengua natal.

Luego se incorporó, metiéndose directamente en la ducha para regresar al mundo de los vivos. Aunque la idea de seguir remoloneando le llamaba poderosamente, no tardarían en insistirle por otros molestos medios hasta arrancarle de las sábanas.

En esos precisos instantes, un par de habitaciones a la izquierda de la suya, el responsable de haber concertado dichas llamadas se sobresaltó, acusando los efectos de una terrible resaca.

Descolgó el teléfono y se quedó sentado. Tenía la boca seca, la jaqueca le aporreaba los sesos y no veía nada por la carencia de gafas. Las encontró en la mesita de noche, poniéndoselas.

Cuando empezó a enfocar los objetos que le rodeaban su pulso se disparó; aquella no era su suite. La ropa que estaba desperdigada por el suelo le pertenecía a medias... y en el hueco sobrante del amplio lecho todavía se adivinaba el calor de otro cuerpo.

Al levantar las mantas y comprobar que estaba completamente desnudo el disgusto terminó de invadirle. Pese a sus ya treinta y largos, casi cuarenta, era la primera vez que amanecía con evidentes signos de haber pasado la velada con alguien a quien no recordaba.

Le pareció escuchar que dicha persona estaba en el cuarto de baño, atinando a preguntar sin ocultar su vergüenza.

- ¿Hola?

Takasaka pensó que no habría sitio en el mundo lo suficientemente grande para esconderse cuando su anfitrión se asomó, sin nada que le recubriese salvo una escueta toalla alrededor de la cintura.

- Buenos días.

El manager balbuceó, olvidándose del malestar y los compromisos que tenía que atender.

- ¿¡C-Christopher!?

- ¿Por qué tanto escándalo? – preguntó él, dirigiéndose hasta el armario para empezar a vestirse – Anoche no parecías tan tímido.

Taka se cubrió el rostro, asumiendo que efectivamente había ocurrido.

- Pero qué he hecho... – se lamentó.

El bajista, ya ataviado con unos vaqueros, se sentó a su lado mostrando su lado más amable.

- Hey, somos adultos. Sólo pasamos un buen rato, no hay nada de lo que arrepentirse.

- ¿Entonces...?

Chris rió con suavidad, encontrando encantador que se mostrara tan vulnerable.

- Si alguna vez te apetece repetir, no tienes más que hacerme una visita. Nada va a cambiar de puertas para afuera, para mí sigues siendo lo más parecido que tengo a un jefe.

Suspiró, reparando en que notaba molestias en cierta región de su fisonomía.

- ¿Y qué tal... ya sabes...?

- ¿Qué cómo estuviste? Fantástico – le animó el músico -. Será mejor que te vayas, los demás deben haberse puesto en pie.

El japonés asintió, tratando de ordenar sus pensamientos.

Había sido el último en cerciorarse de la verdadera dimensión de la relación existente entre Kôji e Izumi, despertándole ello un montón de conjeturas que le turbaban.

Y ahora, tras haber cometido lo que a su juicio era una falta en su currículum laboral, supo que había dado el paso que nunca se creyó capaz de ejecutar, aunque no recordase nada de nada.

- Taka...

Él se volvió, ajustándose la corbata. Sus mejillas se ruborizaron al tener los ojos azules del bajista clavados en los suyos, cuestionándose qué cosas le habría dicho en medio de un arrebato pasional.

- Perdona por haberte emborrachado, no es un método demasiado elegante de seducción.

Él dejó escapar una risilla nerviosa, dándose prisa por salir de allí.

- El planning se mantiene, en cuanto hayamos terminado de desayunar nos marchamos a Holanda.

- Lo sé – respondió por último, tendiéndose sobre la cama.

En aquellos momentos lo que más deseaba el responsable de producción era encontrarse el pasillo desierto. Sin embargo, iba tan concentrado en los motivos geométricos de la moqueta que no vio venir a su cantante, chocando con él aparatosamente.

- L-lo siento – se disculpó.

Kôji, acostumbrado a sus modales exageradamente caballerosos, hizo constar la protesta.

- ¿Por qué tenemos que levantarnos tan temprano¿Qué hora es?

Taka hizo el acto reflejo de elevar la muñeca izquierda para consultarlo, careciendo ésta de reloj que la vistiera.

- Pues... deben ser las nueve.

El vocalista percibió que algo olía raro, puesto que todo lo que el manager de la banda tenía de soso, lo compensaba con una obsesión enfermiza por la puntualidad.

- Iré a por café.

Le escuchó cerrar la puerta de su suite, cambiando intencionadamente el rumbo no para dirigirse al ascensor, sino a la habitación que le había tocado ocupar al soltero de oro de Angelous.

Chris le abrió tras escucharle aporrear la puerta. Nada más ver el rostro de Kôji, supo que venía reclamando una buena dosis de información.

- ¿Lo hiciste?

Le invitó a pasar, terminando de recoger sus pertenencias mientras procedía a contarle la hazaña.

- Pues sí, y me gustó. Ahora tengo oficialmente el doble de oportunidades.

Kôji se sentó en una esquina de la cama deshecha, tal vez con la morbosa curiosidad de ver alguna pista delatora.

- ¿Y quién fue el "afortunado"?

- Si te lo digo pierde todo el encanto – se mofó él.

Entonces, el cantante reparó en un detalle que no le cuadraba. Se quedó mirando fijamente el Rolex que había junto al teléfono, jurándose por lo que más quería que lo había visto antes en algún sitio.

Sus ojos se abrieron como platos cuando lo asoció a una cara concreta, haciendo una última pregunta con la que obtener la clave.

- ¿Sabes qué hora es? Cada vez nos despiertan antes.

- Ni idea. Odio los relojes, nunca llevo uno encima – respondió Chris.

Kôji se levantó como un resorte, apuntándole con el índice y poniendo el grito en el Cielo.

- ¡¡Te has tirado a Takasaka!!

Él, lejos de alarmarse por las dotes detectivescas del intérprete, siguió a lo suyo.

- ¿Y qué si lo hice?

- Es Taka, por Dios – bufó.

- Pues lo pasé de maravilla. Y él también, créeme.

Kôji adoptó una mueca de asco, tratando de poner impedimentos para que su desarrollada imaginación no hiciera el resto del trabajo.

- Es la última persona en la que habría pensado.

- ¿No es genial? Nadie sospechará – apuntó Chris, orgulloso.

- ¿Vas a volver a hacerlo?

- Mientras que lo único que los dos estemos buscando sea un revolcón sin compromiso...

Kôji no quiso saber más, diciéndose que en ocasiones como aquella tratar de ser sociable no tenía demasiadas ventajas. Justo cuando estaba presionando el pomo de la puerta maldijo para sus adentros, esfumándose las esperanzas que había albergado sobre el descubrimiento.

- Te recuerdo que me sigues debiendo una, y me la voy a cobrar ahora mismo – exclamó el bajista -. Chitón, no se lo digas a nadie.

Él gruñó, conteniéndose la rabia. ¿Por qué siempre tenía que enterarse de los líos de los demás sin poder compartirlo?

La idea de ir a llenarse el estómago era buena, pero podía posponerlo un par de minutos. Regresó a sus aposentos, buscando el móvil y realizando una llamada mientras salía al balcón para que le diese un poco el aire.

Contempló las vistas urbanas mientras aguardaba a los tonos, respondiéndole al fin Takuto. Podía escuchar de fondo un notable escándalo, preguntándose a qué se debía.

- ¿Dónde estás?

Izumi se colocó el teléfono sobre el hombro, sosteniéndolo contra la oreja para poder pasar de página la revista que andaba leyendo. Estaba sentado en la hamaca del jardín junto a la piscina, en donde su sobrino, Derek y dos críos más jugaban bajo un cálido sol que podía desaparecer en cualquier momento.

- En casa.

- ¿Y ese ruido?

Él sonrió, sintiéndose la mar de relajado.

- ¿No te acuerdas que te comenté que los amigos de Derek venían a pasar aquí el día? Hideki se quedó ayer a dormir.

- Ah, es verdad – contestó, pues se había olvidado por completo.

- ¿Qué tal fue el concierto anoche?

Kôji escuchó unos grititos más abajo, viendo al grupo de fans que había acampado a la entrada del hotel desde las primeras horas del día, las cuáles le habían reconocido.

- Bien, pero... qué demonios, yo contigo no tengo secretos – dijo.

- ¿Qué ha pasado? – quiso saber Takuto, acariciando el lomo de su perro.

- Vas a alucinar: Chris se ha acostado con Taka.

Lejos de obtener la contestación que esperaba, Kôji se quedó un tanto descolocado cuando el futbolista no reaccionó impactado por la sorpresa.

- ¿Chris es bisexual? – preguntó sin demasiado interés.

- Lo de Chris es indiferente, él se tiraría cualquier cosa que se mueva. ¡Lo inaudito es lo de Takasaka!

Tob, uno de los chiquillos invitados, se lanzó desde el borde de la piscina, salpicándole con algunas gotas de agua que consiguieron que Titán se marchara espantado a otro sitio.

- Eres un cotilla. Qué más te dará a ti con quién vaya cada uno.

- Pero no me negarás que es chocante... Dave ya lo habría convertido en un bombazo.

Takuto no le hizo demasiado caso, tomándoselo a la ligera. Kôji escuchó a los niños insistiendo para que aquél entrase a la piscina con ellos, y que así tomara partido en la batalla de pistolas de agua.

- ¿No te importa si cuelgo? Me están reclamando

El cantante, algo resentido por la competencia, le dejó marchar con una condición.

- De acuerdo, pero cuando estéis aquí te monopolizaré.

- Nos vemos mañana, que tengas buen viaje.

Antes de que Kôji prolongase eternamente la despedida, decidió dedicarse a disfrutar de la jornada hasta que Serika y Katsumi vinieran a despedirse.

- ¡Hacedme hueco, que voy!

Hideki rió, nadando hasta él ayudándose del flotador en el que estaba embutido.

- ¿Me subes?

Izumi no tardó en ponérselo sobre los hombros, agarrándole de las piernas para que no se le cayera. Mientras los demás trataban de contrarrestar su ventaja lanzándoles agua desde todos los lados, Derek se lo pasaba en grande, más teniendo en cuenta que era la primera vez que una de las personas que legalmente le habían tutelado se involucraba en sus juegos colectivos.

- Takuto¿podemos venir otro día a la piscina?

- Claro, lo que pasa es que no vamos a estar aquí hasta septiembre. Ojalá en esa época todavía no empiece el frío – respondió él.

Los chicos miraron a su compañero de clase, disgustados.

- ¿Entonces es verdad que te marchas?

- Sí, a la gira de Kôji – explicó Derek.

Takuto buscó una propuesta con la que suavizar la ausencia, valiéndose de los recursos telemáticos que estaban al alcance de los tres.

- Os podéis mandar correos electrónicos todos los días e intercambiar fotos. Así no os olvidáis de escribir.

Ellos secundaron la moción, aceptándolo como una buena idea para no perder el contacto. Derek sonrió, no tardando en proponer otra distracción acuática en la que invertir sus inagotables energías.

Aunque le quedasen por delante un buen número de horas vigilando a la tropa, ultimar los detalles de la salida y compartir con su hermana y la pequeña unos últimos momentos, las reacciones espontáneas de los chicos consiguieron que hasta que cayera la noche la expresión de afabilidad no se le borrara de la cara.

- 4 -

Pese a que el hecho de ser británico suavizaba los choques culturales, Derek no dejó de mirar a todos lados en cuanto él y Takuto estuvieron en el aeropuerto internacional de Ámsterdam. Escuchaba a la gente hablar en un idioma rarísimo, y el porcentaje de personas rubias o pelirrojas se había incrementado sustancialmente con respecto al acostumbrado en Londres.

Izumi había estado lo que se decía bastantes veces en aquel lugar, entre las fechas de las giras y sus partidos europeos, por lo que dar con la salida de la terminal no les supuso problema.

- Ven, es por aquí – dijo, caminando a paso rápido con el niño cogido de la mano para que no se quedara atrás.

Derek avanzaba portando una mochila repleta de efectos personales y una gorra que le tapaba gran parte del rostro. Notaba que algunos transeúntes reconocían al capitán del Chelsea, incluso cuando se hallaron en la parada de taxis esperando a que uno les llevase hasta el hotel, un par de jóvenes se le acercaron a pedirle un autógrafo.

Le seguía resultando divertido comprobar el efecto que tanto Takuto como Kôji tenían en los demás. Todavía recordaba con entusiasmo el estado de éxtasis general en el que había entrado el público del concierto de apertura en Wembley cuando el cantante hizo aparición.

Aunque todavía no había alcanzado la madurez suficiente como para llegar a una conclusión concisa sobre la fama y sus implicaciones, empezaba a distinguir que en realidad lo que era un lujo no era poder ver a la pareja cada uno en su papel mediático, sino disfrutar de ellos en el contexto privado, como era su caso.

Ya sentado en el asiento de atrás del vehículo se quedó mirando un buen rato a Takuto, mientras éste revisaba que llevaba encima los documentos que necesitarían para la avalancha de traslados. Muchos de sus compañeros en el colegio le habían preguntado cómo era el explosivo delantero, famoso en el panorama futbolístico tanto por su condición goleadora como por su carácter endemoniado; solía encogerse de hombros, expresando que, en realidad, el Izumi de los terrenos de juego se alejaba bastante del comprensivo y cariñoso que él conocía.

- ¿Sabes qué es lo que tiene de especial este país? – le preguntó éste.

Derek negó con la cabeza, despertando dicha cuestión su curiosidad.

- Pues que el terreno ha sido ganado al mar, estamos un par de metros por debajo de su nivel.

- ¿Y por qué no se ha inundado la ciudad?

- Tienen un sistema de drenajes. Mira, allí hay un canal.

Él se arrimó al cristal, contemplando lo que parecía ser un río atravesado por puentes.

Takuto siguió contándole cosas hasta que alcanzaron zona urbana. El hotel se encontraba a las afueras del casco, por lo que podían acceder al mismo a bordo del vehículo. En cuanto estuvieron en la recepción del lujoso edificio llamó a Takasaka por teléfono, no tardando el manager en acudir a recibirles.

- ¡Buenas tardes, Takuto-kun! – le saludó, teniendo igual gesto con el niño.

Izumi trató de disimular que no sabía nada acerca de sus correrías sexuales. Dado que ninguno de los dos era especialmente hábil en ocultar sus pensamientos e impresiones, fue como si mirándose a los ojos ambos fuesen conscientes de lo que el otro sabía.

- E-esto... acompañadme, por favor. Os diré cuál es vuestra habitación, Kôji está en una batería de entrevistas – balbuceó.

- Muchas gracias.

Derek se quedó pensativo, demandando datos más concisos.

- ¿Qué tipo de batería es esa?

- Es una expresión – rió Takuto -. Quiere decir que le están entrevistando muchos periodistas, uno detrás de otro.

- Es lo malo de hacer las promociones al mismo tiempo que la gira – suspiró Taka.

Les entregó la llave de la suite, continuando su camino para concertar un par de actuaciones en una televisión nacional.

- Está en la habitación de enfrente, deben quedarle unos veinte minutos.

Izumi asintió, decidiendo que entonces esperaría para anunciarse, dado que no le gustaba interrumpir compromisos profesionales.

El manager les dejó a solas, y Derek se dedicó a curiosear la distribución de la habitación, similar a la de Milán aunque bastante más sobria.

- ¿Puedo escribirles el correo ya? – preguntó, dejando el ordenador portátil encima de una mesa.

- Ya tendrás tiempo de sobra para hacerlo. Antes de ir a dormir, por ejemplo, y así les cuentas todo lo que has hecho – contestó, localizando sus maletas vacías, deduciendo que Kôji seguramente había colocado la ropa en los armarios.

Mataron el tiempo en habituarse al entorno, escuchando Izumi por último un ruido proveniente del pasillo.

- Vamos a ver si ya ha acabado.

Se encontraron la puerta de la habitación reservada para la prensa parcialmente abierta, tocando con los nudillos por mera precaución. Demasiado centrados en las preguntas de la última entrevista del día, ni siquiera Kôji se percató del sonido de la madera.

- Y ya para terminar, supongo que está al tanto de la similitud entre la legislación holandesa y la inglesa en cuanto a uniones entre personas del mismo sexo. ¿Qué opinión le merece al respecto? – dijo la periodista, esperando obtener una respuesta que rompiera lo monótono de las cuestiones musicales previamente hechas.

- No haré declaraciones sobre ese asunto. Muchas gracias – contestó Kôji, dando por zanjado el aburridísimo ir y venir de profesionales que le preguntaban continuamente lo mismo.

Estaba ella recogiendo sus cosas y él quitándose el diminuto micrófono de la grabadora que tenía prendido en la solapa de la chaqueta, cuando los visitantes se hicieron notar, convencidos de que no encontrarían más presencia dentro que la esperada.

- ¡Ya hemos llegad...! – exclamó Takuto, quedándose un poco cortado cuando Kôji y la periodista se giraron, mirándole fijamente.

El cantante desplegó una emotiva sonrisa, no tardando en incorporarse para estrecharle con fuerza entre los brazos, diluyéndose en cuestión de milésimas la fría fachada que había mantenido ante los medios.

- Me moría de ganas por verte – le susurró, indescriptiblemente feliz.

Takuto correspondió, haciendo esfuerzos para evitar que Kôji le plantara un beso mientras la mujer, la cuál pensaba que si su ética no hubiese sido tan sólida se habría hecho de oro retratando el momento, estuviese presente.

Ella se despidió, dejándoles a solas para no importunar. Tan pronto se hubo marchado fundió sus labios en los de Takuto, como si quisiera compensar las dos semanas que habían permanecido separados.

Derek esperó su turno para saludarle, reparando el cantante en ello cuando Izumi se separó con suavidad.

- Hola, Kôji.

- Hola Derek – replicó, sin despegarse del delantero -. Buen trabajo, ya veo que me lo has cuidado bien.

- Como si no supiera cuidar de mí mismo – protestó.

El niño y Kôji se miraron, compartiendo un mismo pensamiento.

- ¿Le impediste que se le fueran las horas corriendo en la cinta como te dije?

- Sí, sólo le dejé cuarenta minutos.

Takuto, crispado, cayó en la cuenta de la estrategia que habían montado a sus espaldas.

- ¡Por eso siempre me venías a pedir cosas cuando estaba en la sesión!

Derek rió, sabiendo que quedaba libre de culpa por órdenes superiores.

- Te has ganado ir a dar una vuelta. Necesito salir de aquí – afirmó el cantante, cogiendo a Izumi de la muñeca y empezando a caminar a grandes zancadas hasta la suite que les correspondía.

- ¿No tienes que seguir trabajando?

- Mañana, yo ya he cumplido mi parte.

Derek les siguió, poniéndole pilas a la cámara de fotos mientras ellos seguían hablando ágilmente en un conglomerado lingüístico. A base de escuchar la dicción y palabras que con más frecuencia se repetían, empezaba a habituarse a la compleja lengua nipona.

- Onegai¿podemos ir a montar en bici? Hay montones aparcadas en la entrada del hotel.

Se le quedaron mirando asombrados, queriendo Kôji confirmar lo que había oído.

- ¿Cómo has dicho?

- Que si podemos ir en bici.

- Lo otro.

Derek se puso erguido, repitiendo la partícula.

- Onegai. Es "por favor"¿no?

Takuto procedió a mostrar su agrado, considerando que la idea era bastante apetecible por el buen tiempo y los carriles que había alrededor de la zona.

- No sabía que hablabas japonés.

Kôji se contuvo para no decir que lo primero que uno siempre aprendía en otro idioma era, por norma general, palabras malsonantes. Cogió otra gorra de uno de los cajones del armario y se la colocó, al igual que unas gafas de sol.

- Supongo que estoy en minoría para votar si vamos o no a alquilar tres bicicletas. Baka, eso es lo que soy.

- Hai – concluyó Derek, consiguiendo que Izumi se partiera de risa.

Antes de que pudiera arrepentirse, el vocalista de Angelous se lanzó a la aventura; aún a riesgo de que una oleada de fans les siguieran por las planicies de la ciudad, se dijo que tanto a Takuto como a él mismo les resultaría sencillo perderles de vista si la situación se ponía complicada.

Y es que sobre dos ruedas, aunque no fuese propulsado por las cilindradas de un poderoso motor, no le ganaba nadie.

- 5 -

Un único hecho bastó para que la comitiva de la gira, en especial los restantes músicos de la formación, percibieran que Kôji ya no estaba solo; a diferencia de la gira británica, en la que mataba el tiempo merodeando por el backstage o durmiendo, no le habían visto el pelo en todo el día.

Acababan de pasar de las diez y media de la noche cuando éste salió de la ducha secándose el cabello con cuidado, encontrándose a Izumi revisando lo que Derek había escrito al teclado del ordenador.

- Te falta conjugar bien el verbo – indicó.

Él lo corrigió sobre la marcha, presionando el botón del ratón para enviar el primero de los tantos emails que redactaría en los siguientes meses.

- Mañana hay que levantarse pronto, así que a la cama.

- Me parece perfecto – aprobó el cantante, el cuál a lo largo de la jornada no había visto el momento de que el sol se ocultase tras el horizonte.

Derek apagó el aparato, partiendo hasta su división particular.

- Buenas noches – se despidió.

- Que descanses – replicó Takuto con una sonrisa.

En cuanto el chico hubo desaparecido, notó que Kôji le miraba fijamente, no siendo demasiado difícil adivinar cuáles eran sus intenciones.

- ¿Pretendes retirarte ya? – preguntó con sorna.

- Si quieres que lo hagamos aquí, por mí estupendo.

Se levantó, sin poner demasiadas objeciones al inevitable plan. Aunque el cantante fuese el que mejor lo exteriorizaba, no era que él no tuviese ganas de un encuentro más privado ahora que estaban a solas.

Cerraron bien la puerta del dormitorio principal, deteniéndose Takuto al borde de la cama. Suspiró cuando Kôji le abrazó por la espalda, estando sus ojos entrecerrados puestos sobre el ventanal, a través del cuál podía divisarse las luces difusas de la ciudad, matizadas por los cortinajes.

- Sigo sin entender por qué no quisiste venir desde el primer concierto fuera de Londres – murmuró.

- Ya te lo dije: para que Derek pudiera estar con sus amigos unos días. Tanto trasiego se acaba haciendo pesado.

Takuto no hizo ademán de oponer resistencia cuando él le tomó de la barbilla para mirarle, refulgiendo en deseo.

- Te advierto que me pienso cobrar estos días de una estacada.

- Lo daba por hecho – respondió, aferrándose a la cintura de Kôji mientras él se centraba en su cuello.

Podía sentir la erección del cantante debajo del albornoz que únicamente le cubría, clavándose en su abdomen por la diferencia de altura. Cayeron sobre el lecho, procediendo Kôji a desnudarse de un veloz movimiento al quedar tendido sobre su cuerpo.

- Hoy tengo ganas de ser malo contigo.

Takuto dio un respingo, sacándose como podía las prendas en las que estaba enfundado.

- Me aterras cuando te pones así – contestó a modo de provocación.

Sabiendo que él le sorprendería con cualquier ocurrencia, cerró los ojos y se dejó guiar por las pautas que le indicaba. No prestó atención al ruido del cajón de la cómoda al ser abierto, y se colocó boca a bajo con la pelvis ligeramente elevada.

Gimió cuando Kôji empezó a practicarle una variedad de sexo oral más atrevida de la acostumbrada, sacándole partido a las zonas erógenas que tan bien conocía. Cuando las lamidas derivaron en un sustancioso beso negro, tuvo que aplicarse para poder hablar coherentemente.

- ¿Q-qué haces?

- ¿No te gusta? – preguntó antes de introducir un poco la punta de la lengua.

Kôji continuó con la faena, ejecutando su estrategia sin prisas para que resultara efectiva. Se impregnó los dedos con lubricante, empleando el índice artificial para penetrarle, buscando un rincón estratégico.

- ¿Recuerdas aquella vez, cuando aprendí a estimularte el punto G?() – susurró, rozando la consabida zona.

Izumi ahogó otro jadeo, asintiendo.

- Sí.

- Pues la otra noche cuando hablaba con Chris reparé en una cosa... – continuó, empleando ahora la mano artificial en masturbar su miembro ya endurecido.

- ¿El qué...? – replicó entre dientes.

Takuto peleaba contra la oleada de sensaciones, resistiéndose a acabar tan pronto. Cuando creía que no podría seguir reteniendo la eyaculación, sus pensamientos parecieron ser escuchados. Sintió una presión extraña en la base del pene, agachando la cabeza para averiguar a qué se debía.

Entonces vio que Kôji le había colocado el estrangulador adquirido tiempo atrás por la red, reteniendo la sangre.

El cantante retiró el índice de su interior, exponiendo a qué era debido tanta parafernalia.

- Me di cuenta de que cuando te penetro te hago ver las estrellas, y no de dolor precisamente. Vale, cierto que soy un gran amante, pero es que me he trabajado la técnica...

Takuto le miró medio engrifado, metiéndole prisa para que dejara de echarse flores y fuera al grano, dado que la presión era incómoda.

- ¿A dónde quieres llegar?

- Cuando tú me lo haces a mí está bien, pero no es lo mismo. Vas a lo tuyo y poco más.

- Así que ya te has olvidado de todas las veces en las que el único que se desfogaba eras tú...

Kôji le agarró, embadurnando la erección ahora parcialmente insensibilizada.

- No me guardes rencor, eso era sólo al principio – pidió mientras le daba más besos por el pecho -. ¿Por qué no pruebas a buscármelo a mí? Será divertido.

- No sé si se me dará bien... – dudó él.

Puesto que estaba decidido a experimentar un "orgasmo tremendo", como lo había definido el bajista, Kôji recurrió al as que tenía escondido.

- Más te vale que sí, porque hasta que no des con él no pienso quitarte esa goma, y no podrás correrte mientras la tengas puesta.

Takuto gruñó, sabiendo que llevaba las de perder si trataba de reducirle.

- Separa las piernas – ordenó, tomando el pequeño tubo de gel.

Tras haberse salido con la suya, como siempre, Kôji adoptó la pose sobre las rodillas, relajándose.

- No tengas miedo, iré diciéndote.

- Si miedo no tengo...

- A estas alturas tampoco te dará vergüenza.

- Cállate, que me despistas – pidió el delantero, tanteando con el dedo tras haberlo deslizado.

El tacto era agradable, empezando a presionar.

- ¿Aquí?

- Hazlo más fuerte, que no noto nada.

Se mordió el labio, imaginando que aquello eran los 360 grados de una circunferencia. Empezaba a frustrarse cuando Kôji se movió, gratamente sorprendido.

- Repite eso...

- ¿Así? – preguntó, haciéndolo en la región.

El vocalista suspiró, empezando a vislumbrar nuevas dimensiones del placer.

- Sácalo y vuelve a hacerlo, hasta que memorices dónde está.

Takuto recurrió de nuevo al truco visual, necesitando un par de intentos para acertar de pleno.

- Más o menos cerca de la entrada, a la izquierda... – pensó en voz alta.

- Ahora hazlo con el otro dedo.

Izumi respiró hondo, dirigiendo su miembro hasta la abertura, resultándole muy fácil colarse dentro por haber dejado preparado el camino. Trató de buscar una postura en la que poder incidir con el glande sobre la próstata, algo que no era demasiado sencillo pese a estar penetrándole desde atrás.

- ¿Lo sientes?

- No. Tal vez si te ladeas un poco...

Siguió la sugerencia, probando a meterse parcialmente sin dejar de imaginar el grado al que tenía que apuntar. Al par de embestidas el esfuerzo dio su fruto, evidenciándose en la delatora voz de Kôji.

- Sigue, ni se te ocurra parar.

- ¿Lo conseguí? – inquirió medio asombrado, aferrando las manos a sus caderas.

Él tenía los ojos fuertemente cerrados, ajetreándose su respiración sin reprimir los gemidos.

- Nos van a oír en todo el hotel – espetó Takuto, notando que las gotas de sudor le bajaban por el torso mientras seguía con la cadencia.

- Pues que lo hagan y se mueran de envidia – concluyó Kôji.

Apenas unos minutos después terminó por estremecerse, atinando a poner la mano delante para no manchar las sábanas. Aún no había regresado del todo al mundo terrenal cuando Izumi pidió clemencia, saliendo de sus entrañas.

- Me duele... – se quejó.

Él se sentó sobre la cama, quedando frente a la enrojecida erección de Takuto. Le miró a los ojos, hechizado, afirmando con rotundidad.

- Te lo has ganado – dijo, extrayendo el estrangulador.

Apenas le hubo dejado libre el semen salió disparado, confundiéndose con la piel blanquecina del torso del artista. Kôji esbozó una sonrisa pérfida, llevándose un poco del consistente líquido a los labios para rememorar su gusto.

- Creo que voy a volver a utilizarte para mi autosatisfacción, aunque tú también saldrás ganando al cambio... – ronroneó.

- ¿Te gustó entonces? – preguntó Izumi, con el corazón latiendo desbocado.

- No te lo creas si no quieres, pero te has convertido en un león en la cama.

Él se sonrojó, dejándose caer sobre el colchón mirando al techo.

- No digas esas cosas, que me da corte.

- Deberías interpretarlo como un cumplido – susurró, pletórico por el descubrimiento.

- Me vas a pringar – se quejó Takuto, dado que se le había colocado encima.

- Luego nos damos un baño romántico – prosiguió él, retomando el cuello y las clavículas para marcar su territorio a base de chupetones.

La noche no había hecho sino comenzar, quedándoles cuerda para rato. El morbo de seguir experimentando con la novedad, o mejor dicho, de propiciar una velada sin excesos de alcohol, hizo que no fueran los únicos en compartir otra madrugada de desenfreno.

Valiéndose de sus desarrollados oídos, Chris y Kôji, separados apenas por la pared de las habitaciones que ocupaban, se tomaron como una especie de reto demostrar quién de los dos tenía más aguante, pasando inadvertida dicha rivalidad para sus respectivos compañeros de alcoba.

(2) Referencia al doujinshi de Minami Ozaki "Teikoku Jûrin".