Disclaimer and dedications eternals.
Dedicado a Dayanara96 y a sus amigos. Por alguna razón, tu review me dio en el corazón. Gracias por su apoyo mudo.
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25
Recuerdos
Sasori ensambló el torso de su marioneta. La primera en esa tarde. Era consciente de lo mucho que bajaba la calidad de sus títeres entre más rápido los hiciera. Sin embargo, el tiempo le pisaba los talones y él debía apresurarse para que pudieran proteger a Sakura cuando el momento llegase.
Deidara se encontraba a sus espaldas, creando sus explosivos con los ingredientes que Sakura usaba para crear antídotos y venenos. De vez en cuando, Deidara le hablaba o preguntaba algún detalle sobre los ingredientes a Sasori, siempre señalando sus aptitudes como químico. Sasori, por supuesto, no le prestaba mucha atención; pero lo superaba la necesidad de Deidara por fanfarronear.
— En serio, Sasori no danna, deberías replantearte ponerle uno o dos explosivos a tus marionetas. No sólo para convertirlas en unas armas mucho más poderosas, sino para hacerlas un verdadero arte. — dijo mientras machacaba una piedra de bronce.
— ¿Insistes en eso? — preguntó Sasori sin mucho interés. — ¿Por qué quieres un arte que no vivirá más de dos segundos? El arte es eternidad, busca no ser efímero y que sobresalga en el tiempo, que no necesite esperar o ser esperado para que se le admire.
— Boberías. El arte es un segundo capaz de marcar la vida. Un instante puede ser más intenso que todo un año.
— Sin embargo, ¿de qué sirve ese instante si nunca podrás comprobar su efímera existencia?
— A eso me refiero. — dijo Deidara con una sonrisa. — Cada acto artístico es distinto. Nadie verá el mismo arte.
— Qué estupidez. ¿Cómo trascenderá ese tipo de arte? — cuestionó, sin comprender una palabra que su compañero le decía.
— ¿Por qué debería de…?
Inmediatamente, escucharon la puerta de Artis gratia ars abrirse, seguido por tres voces masculinas y un ladrido. Tanto Deidara como Sasori alzaron la ceja, escépticos.
— ¿Qué fue eso? — preguntó Deidara. — ¿Y la oz de Hidan?
— ¡¿Qué demonios es eso?! — preguntó una de las voces.
— Es una oz. ¡Agáchense! — ordenó otra, más madura que la primera.
— ¡La voy a destruir, dattebayo! — gritó una tercera voz.
Sasori, impresionado tras haber reconocido aquella muletilla, se dirigió hacia la puerta verde. Deidara lo miró con extrañeza. No era de las personas que solían salvar a cualquier extraño, aunque por su mirada, podía asumir que esos sujetos no le eran indiferentes a Sasori. Tal vez Sakura tuviera que ver con ellos.
— ¿Qué haces? — le preguntó una vez lo vio amarrarse a los dedos esos dispositivos que usaba para colocar el hilo y movilizar a sus títeres.
— Uno de esos cabezas huecas es Naruto, amigo de Sakura. — respondió Sasori antes de abrir la puerta y arrojar un hilo anudado a una cuchilla hacia la enorme oz de Hidan.
Por fortuna para los intrusos, la cuchilla de Sasori cortó la cuerda que sostenía la oz, la cual ya estaba a dos centímetros de la nariz de Naruto. Torpe.
— ¡Se los dije, 'ttebayo! — gritó Naruto alzando los brazos. — ¡Yo lo detuve!
— No fuiste tú, idiota. — respondió el chico de la primera voz. Sasori lo miró, a su lado, un enorme perro ladró como si le estuviese dando la razón a su amo.
Sasori observó a los tres hombres aún recargados en la puerta de Artis gratia ars. Mientras los examinaba, recordó las palabras que Sakura le había dicho acerca de sus amigos de Konoha.
"Después está Kiba. Él no sabe vivir sin su perro, Akamaru. Todo lo que hace, lo hace con él. Es divertido, ambos lo son; pero Kiba suele ser muy explosivo y tiene un olfato impresionante."
Sasori asintió. Así que ese muchacho con el perro era Kiba. No creía que él fuera a buscar a Sakura; esperaba a Ino o a Tsunade, recordaba que ellas eran más cercanas a Sakura que el chico perro.
— ¿Entonces quién fue? — preguntó Naruto, cruzándose de brazos. Sasori dejó escapar una minúscula risa al ver en sus gestos la descripción que Sakura hizo de él.
"Naruto es… un rubio cabeza hueca, el guerrero número uno de Konoha… o así se denominó él mismo. Aunque yo lo dejaría en la primera parte y tal vez le añadiría: sumamente idiota y con una fuerte obsesión con el ramen y la muletilla 'dattebayo'; pero tiene el corazón más grande del mundo."
Sasori no sabía qué tan grande era su corazón, mas estaba completamente seguro de que su cerebro no podía medir más de dos centímetros.
— Fue él. — dijo la tercera voz. Sasori apretó los puños, inconscientemente. — Sasori de la Arena Roja.
En esta ocasión, Sasori tardó varios segundos en clavar su mirada a la de Kakashi, el portador de esa voz. A su mente acudió la historia que escuchó de los hermanos de la Arena. Sintió la misma impotencia y la misma ansiedad de poder que en ese momento. Por un pequeño instante, el deseo por matar a Kakashi lo llenó. Fue hasta que las palabras de Sakura golpearon su razón.
"Kakashi-sensei ha estado con nosotros desde que teníamos doce años. Somos una familia."
"Bueno, cuando esto me pasaba, Kakashi-sensei se sentaba frente a mí y me distraía con conversaciones o estudios…"
"A Kakashi-sensei ya lo conoces, es como mi padre, así que no hay mucho qué decir. Además de que carga siempre con un libro que nos prohibió leer, aunque ya sabemos que contiene muchas escenas eróticas."
"Yo tuve una familia, sus nombres eran: Naruto, Sasuke-kun y Kakashi-sensei. Y tú me alejaste de ellos."
Sasori cerró los ojos previo a suspirar. Ahora le quedaba todavía más claro que no mataría a Kakashi, y no sólo eso, sino que ya no deseaba hacerle ningún tipo de daño a cualquiera que no quisiera lastimar a Sakura. Esa niña chillona se había metido en él hasta arruinar el único anhelo que lo llenó desde los doce años, hasta sabotear sus planes y convertirse en la razón para crear otros deseos.
Sin decir nada, Sasori se dio la vuelta, abrió los ojos y regresó a su mesa de trabajo, bajo la curiosa mirada de Deidara.
Kakashi, Naruto y Kiba enmudecieron al reconocerlo y notar que no los había atacado como habían creído desde que empezaron a entrenar. A partir de que Sakura desapareció; habían tomado a Sasori como un criminal sin corazón que intentaría matarlos apenas los viera. Aunque su mirada se detuvo en Kakashi durante unos largos segundos, lo ignoró al igual que a los otros dos habitantes de Konoha.
Akamaru lamió la mano de Kiba para llamar su atención. El perro meneaba la cola, sin percibir ningún peligro en ese lugar. Kiba lo miró con extrañeza, no podía creer todavía que Sasori fuera tan amable con ellos al punto de salvarlos de una muerte segura.
— Kakashi-sensei — murmuró Naruto. Su maestro asintió, demostrándole que lo escuchaba. — ¿Cree que se trate de una trampa de Sasori?
— Honestamente, no, lo que me parece todavía más extraño. — respondió en el mismo tono bajo.
—Akamaru confía en él, no ve nada malo en Sasori. Podemos confiar nosotros también. — intervino Kiba con seguridad. — Vamos, Sakura debe estar ahí. — les recordó, despertándolos del abismo de la confusión.
— ¡Sakura-chan! — exclamó Naruto con las manos en la cabeza. — ¡Sakura-chan! — gritó yendo hacia la puerta por donde Sasori había desaparecido. Kakashi, Kiba y Akamaru no tardaron en seguirlo.
Cuando los tres entraron, encontraron a Sasori sentado frente a una mesa al fondo de la habitación y a un muchacho rubio que los miraba con cierta curiosidad, de pie a un lado de Sasori.
— ¿Quién de ustedes tres, cabezas huecas, es el amigo de Sakura? — preguntó Deidara examinando a cada uno.
— El primero que irrumpa y grite. — respondió Sasori en un susurro.
— ¡¿Dónde está Sakura-chan, malditos bastardos?! — exclamó Naruto con todas las agallas que pudo obtener tras ver la capa de Akatsuki en Deidara. Como temían, Sasori tenía algo que ver con Akatsuki y existía la posibilidad, terrible, de que algo le hiciera a Sakura. — ¡Si se atrevieron a tocar a Sakura-chan, los mataré!
— Ah, eres tú. — respondió Deidara sonriendo. — Sakura decía que sus amigos eran especiales, ya veo por qué.
— Utilizaste el tiempo pasado. — musitó Kakashi colocando una mano en la katana sobre su espalda. — Lo preguntaré sólo una vez, Sasori de la Arena Roja, ¿dónde está Sakura y qué hiciste con ella?
Sasori dejó de trabajar con su marioneta, a sabiendas de que esos sujetos no lo dejarían de molestar. No se limitarían a agradecer que les hubiera salvado el pellejo, sólo lo tratarían como a un criminal; al menos hasta que demostrara ser lo contrario.
Se levantó de la silla, captando el interés de todos los presentes. Tras un suspiro de agotamiento, alzó la mirada. Bajo la tenue luz del foco sobre él, Kakashi, Naruto y Kiba descubrieron la zona golpeada en el rostro de Sasori, incluyendo la inflamación en sus labios y nariz. Naruto tragó saliva, seguramente reconociendo en ese golpe uno de sus errores con Sakura.
— Me temo que no puedo responderte ninguna de las preguntas hechas, Kakashi Hatake. La primera porque no tengo un perro rastreador como supongo que es Akamaru y la segunda porque es algo sumamente personal. No teman, ella está muy bien protegida por dos compañeros de Deidara. — dijo señalando con una cabezada al artista a su lado. — Fue a buscar a Sasuke.
— ¡¿Qué?! — espetó Kiba, enfurecido. — ¡Sakura está con Akatsuki! ¡No te creemos! ¡Ella no sería parte de una bandada de asesinos como tú!
— Oye, oye, oye, yo no soy de Akatsuki, ¿de acuerdo, Kiba? — espetó con tranquilidad, tratando de ganarse su confianza con la información que poseía de ellos. — Y Akatsuki no es una bandada de asesinos, de todas formas. Itachi, el hermano no fallecido de Sasuke, forma parte de esta organización y es el mejor ilusionista que podrás conocer.
— ¿"El hermano no fallecido de Sasuke"? — repitió Naruto. — ¡Sasuke ya no tiene hermanos! ¡Itachi murió hace tiempo, 'ttebayo!
— No, lo que dice Sasori no danna es verdad. — intervino Deidara. — No somos criminales, somos revolucionarios que viven escondidos de Danzou. Nuestro plan es atacar a la dictadura cuando consigamos a una última persona. — miró de reojo a Sasori. — Pero no somos asesinos, tan siquiera no de gente inocente. Y otra cosa, Itachi está vivo y es desastrosa su forma de ver al arte.
— Si no considera tus explosiones como arte, entonces tiene buen sentido de la vida. — dijo Sasori.
— ¿Cómo pueden probar lo que dicen? — inquirió Kakashi.
Sasori bajó la mirada antes de responder.
— Porque no te he matado, Kakashi Hatake. Detuve la oz y ahora no estoy arrojándote una de las noventa y nueve marionetas que hay en esta casa. Y no pienso hacerlo a pesar de que tu familia me arrebató a la mía. — aseguró antes de soltar un tercer suspiro. — Iré por algo que les ayudará a encontrar a Sakura. Hay ramen en la cocina, Naruto.
— ¡¿Eh?! — preguntó el aludido tras ver al no Akatsuki ir a una de las habitaciones tras un corto pasillo. — ¿Cómo sabe que me gusta el ramen?
— Sakura se lo dijo. — respondió Deidara alzándose de hombros. — Le habló de todos ustedes.
— ¡¿De verdad?! ¡¿Entonces el ramen es de fiar, dattebayo?! — cuestionó emocionado antes de correr hacia la cocina junto a Kiba y Akamaru.
Kakashi permaneció en su lugar, con la mirada clavada en Deidara, quien se removía incómodo. No estaba acostumbrado a recibir tan atención y mucho menos por hacer absolutamente nada.
— ¿Qué es esto? — preguntó Kiba removiendo un par de trastos. — ¡Naruto, Kakashi-sensei, es un dibujo de Sakura!
En ese momento, Sasori salió de la habitación con una prenda en la mano. Fijó sus ojos en la hoja de papel que Kiba sostenía frente a sus ojos y los de Naruto, y agradeció retocar el dibujo para agregarle la ropa de diario que Sakura solía usar. No quería que por su culpa Sakura tuviese que golpear y llamar "maldito pervertido" a sus amigos. Ellos solos podían conseguirse eso, no necesitaban ayuda.
— ¿Un dibujo de Sakura? — preguntó Kakashi desviando su examen hacia Sasori. — Tú lo hiciste, Sasori. — lo acusó sin remordimientos, acomodando las piezas en su cabeza.
Sasori no respondió la mirada o las palabras. Simplemente, avanzó hasta llegar a Kakashi y extendió la playera que le regaló a Sakura la primera vez que vio a los integrantes de Akatsuki, aquella primera vez en la que él mismo sopesó la posibilidad de tener otro tipo de relación con Sakura. Aquella vez en la que se dijo a sí mismo que eso era absurdo y por demás asqueroso.
— Ella lo usaba. — le dijo, llamando la atención de Kiba y Naruto. — Si Akamaru lo huele, podrán encontrarla. No debe estar muy lejos.
— Es una prenda masculina. — respondió Kakashi tomando el objeto. — Es-es tuya.
— Ella quería una muda de ropa y fue lo único que le di. — contestó Sasori por fin mirando los ojos oscuros de Kakashi. — Me parece que no sólo extraña su armario, sino a su padre y a su familia. Llévense el ramen que deseen, no pasaremos mucho más tiempo en este lugar. — susurró con melancolía, como si aquellas palabras lo devastaran. Tras no recibir ninguna respuesta, Sasori se dio la vuelta y caminó hacia su escritorio, pasando por alto el apretón en el codo que Deidara le dio.
— Sasori — lo llamó Kakashi, provocando que se detuviera. — ¿Quieres que le demos un mensaje tuyo?
— No, ya le dije todo lo que tenía que decirle. — contestó después de eternos segundos.
— ¿Por qué no nos acompañas, dattebayo? ¡Sakura-chan se pondrá feliz cuando te vea! — aseveró Naruto regresando el dibujo a la mesa de la cocina. — Ella escribió de ti en su diario, antes de que esto pasara. Yo…
— Naruto — lo interrumpió. — en Konoha se especializan en evitar la depresión, Sakura me lo dijo. Reúne a tu equipo y no la dejes sola. — pidió antes de sentarse frente a su marioneta. — El papel primordial de un kage es no abandonar a su gente, comienza con eso.
Kiba dejó caer el vaso sellado de ramen tras escuchar semejantes palabras. Eso sólo podía significar que Sasori y Sakura no llevaban una mala relación, que incluso Sasori podría estar enamorado de ella… y no sabía cómo demonios reaccionar ante ello. Sasori actuaba con tal confianza que los sorprendía y al mismo tiempo les dolía porque comprendían que la despedida entre ambos ya había ocurrido y por las señas en el rostro de Sasori, asumían que no había sido un adiós agradable.
— Naruto, Kiba, vámonos. — ordenó Kakashi tomando con fuerza el "camisón" de Sakura. — Podremos matar a dos pájaros de un tiro: Sasuke y Sakura deben estar juntos.
— S-sí. — respondió Kiba, aún incómodo. — Ha-hasta luego, Sasori, Deidara.
— Hn. — contestó Deidara, confundido por las contradicciones en su compañero.
— Sasori. — le dijo Naruto al marionetista, colocándose a su lado, con el brazo extendido. Sasori vio con el rabillo del ojo el gesto de Naruto y dudó. — Ya sabía que podía confiar en ti si Sakura-chan también lo hacía. — continuó Naruto, dándole unas palmaditas en la espalda. — Te agradezco el cuidar de ella todo este tiempo. ¡Le hablaré bien de ti, 'ttebayo! ¡Nos vemos cuando esto termine! — se despidió alegremente mientras corría a la puerta verde.
Kakashi permitió que los jóvenes salieran, al mismo tiempo que él le dedicaba una última mirada a Sasori. Sabía que algo implícito les estaba pidiendo, pero no alcanzaba a adivinar qué era. Le regaló una triste sonrisa a Sasori y a Deidara antes de seguir a Naruto y a Kiba.
Una vez la puerta verde se cerró, Sasori dejó escapar un último suspiro antes de apretar los puños. No sabía si tendría la fortaleza para continuar con lo que quería, para despedirse de Sakura y para entregarle lo que ella merecía. Quería ser lo suficiente, quería ser el adecuado… pero sabía que tendría que esforzarse si eso era lo que en verdad deseaba. Mas temía, temía por fallar, temía porque su poder no lograra cubrir con sus expectativas. No quería ser el culpable de una matanza sin esperanza, aunque tampoco era capaz de idear algo mejor.
Se cubrió el puente de la nariz con dos dedos al tiempo que sentía que sus ojos lo traicionaban, dejando que unas lágrimas se desplazaran sobre su rostro.
Deidara, al ver su espalda convulsar, comprendió el dolor por el que Sasori pasaba en ese momento. Sin saber muy bien qué decir, se sentó en el suelo y resopló.
— Tal vez tú y yo no somos tan diferentes, Sasori no danna.
— Cierra la boca. — ordenó Sasori limpiándose con rabia las lágrimas.
— Encontré algo que puede unir tu idea del arte con la mía, ¿sabes? Y es algo bueno, algo que podrá impulsarte a donde sea que quede tu destino. — afirmó, sonriendo a la luz del foco.
— Eres un idiota. — respondió Sasori regresando a su trabajo, aunque sin los mismos anhelos que otras veces, sin la misma pasión y sin la misma entrega.
— ¿Sabes de qué están hechos los recuerdos, danna? — cuestionó Deidara mirando su nuca. — Nunca me lo había preguntado hasta hace unos minutos, mientras recordabas los detalles de cada sujeto.
— Supongo que de cursilerías. — dijo fingiendo indiferencia.
— En parte, pero ambos somos artistas y no concebimos cursilerías en el arte. Sasori no danna, un recuerdo está hecho de un instante que se vivió, un instante posiblemente insignificante para cualquiera en el mundo, pero no para el que estuvo ahí. Ésa es la parte que me toca a mí. — fanfarreó.
— Qué estupidez. — farfulló Sasori sonriendo de lado.
— Tranquilo, aquí viene lo tuyo. — respondió Deidara entre risas. — Ese mísero instante se aferra a nuestra mente, de aferra unos días, unas semanas, unos años… o para siempre. — Las manos de Sasori dejaron de trabajar luego de escuchar la última frase. — Ese mísero instante prevalece en nosotros dependiendo de la importancia e intensidad que nosotros le otorguemos. Es capaz de destruirnos toda la vida, de enseñarnos a no volver a equivocarnos… o a darnos la fuerza para no abandonar nuestro camino. Dime, Sasori no danna, ¿qué es lo que te ata a continuar con tu futuro?
Sasori vio en su mente el recuerdo de varias escenas. Vio el rostro de Sakura en su espalda, con los ojos brillosos tras descubrir quién era él. La vio caer de bruces en el suelo, después de que le jurara que haría lo que quisiera. La vio llorar en el sillón. La vio cubrirse el torso semidesnudo mientras le gritaba por primera vez que era un pervertido. La vio conversando con Chiyo sobre su tratamiento. La vio ofreciéndole una de esas asquerosas píldoras soldado. La vio hablándole de la esperanza. La vio sonriéndole. La vio gritándole a Itachi. La vio asustada por la lluvia. La vio asustada por los ANBU. La vio dormida tranquilamente a su lado. La vio agachada frente a él, acercándose a su pecho. La vio desnuda en la cama. La vio peleando contra tres, cinco, siete marionetas. La vio de mil maneras… y entonces supo qué era exactamente lo que haría.
Sai se recargó en la pared del despacho de Orochimaru, en las mazmorras. Había escuchado lo que tenía que escuchar. Había algo que Danzou, su líder, no le había dicho a pesar de confiarle todos sus planes. Sai era el segundo a cargo en la dictadura de Danzou – omitiendo a Orochimaru y a Kabuto, quienes gobernaban desde las sombras – así que tendría que saber cuáles eran los planes que Danzou tenía para Konoha. Sai ya había luchado antes, ya se habían desecho de una de las cinco naciones ninja: Iwagakure, lugar de nacimiento de uno de los Akatsuki, Deidara. Para Sai fue sencillo obedecer las órdenes de Danzou, atacar a todos los presentes en el tren e impedir que sobreviviera uno solo. Sin alguna expresión detrás de la máscara, Sai blandió su espada de un lado a otro, deshaciéndose de la vida de decenas de personas.
En ese momento, Sai no compartía vínculo con nadie. Tal vez tampoco ahora, pero sentía, por primera vez, un remolino en su estómago, una incapacidad de tragar saliva cuando pensaba en la muchacha de Konoha, Ino, hincada frente al cuerpo de un hombre que Sai recordaba porque fue él quien le dio la última estocada de su vida. Por vez primera, Sai se arrepintió de utilizar su espada corta contra alguien. Ya fuera por un plan o por verdadero interés, Ino se había acercado a él y le había dejado ver la preocupación en sus ojos azules. Además, no le había reclamado nada cuarenta días después y Sai no se encontró incómodo en su presencia. Ella… ella le dio algo que nadie nunca se había molestado en hacer: le dio un nombre. Y él le dio a ella algo que nadie nunca más podría darle: la muerte de su maestro.
Y ahora sería testigo y participante de la masacre contra Konoha, masacre que sólo serviría como carnada para atrapar a Sasori. Matarían a una centena de personas con el único fin de capturar a un marionetista que ni siquiera era de esa aldea. ¿Y qué si ese Sasori tenía amigos? ¿Y qué si esa tal Sakura era su amiga? ¿Y qué significaba, en primer lugar, tener un amigo? Sai recordó la única expresión de Sasori cada vez que salía de Suna y caminaba por la estación: frustración. Sai apretó el libro en sus manos, preguntándose si la amistad era capaz de cambiar esa única expresión.
"La unidad por sí sola puede crear una casa, pero la multitud creará todo un imperio." Así decía una de las mil frases en el libro de Sai, golpeándolo repentinamente.
Corriendo, llegó hasta el calabozo, donde vio a varios de los capturados de todos los trenes. Ahora sabía que no respetarían el trato que les ofrecieron a Sasuke Uchiha y a Naruto Uzumaki: matarían a Neji Hyuga y a su compañera tal vez antes de que cumplieran los cuarenta días ahí. Ellos también tenían amigos – fuera lo que fuera que significaba eso – y también conocían a la chica, Ino. Si ellos morían, entonces Sai no sólo sería culpable de la muerte del maestro de Ino, sino también de sus amigos.
Sai era consciente de que si Danzou planeaba atacar a Konoha, él no podría hacer mucho, pero lo único que pedía era que no llenaran la cabeza de Ino de muerte, devastación y crueldad; tal y como la de Sai luego de la muerte de su hermano.
Se detuvo frente a los recién capturados. La muchacha, Tenten – había escuchado su nombre dicho por su compañero – dormitaba en el hombro de Neji, quien le acariciaba el cabello suelto en su espalda. Neji clavó sus ojos claros en los oscuros de Sai.
— ¿Qué quieres? — espetó.
— Quiero saber algo: Ino, la muchacha de Konoha, ¿la conocen? — preguntó Sai sin rechistar.
— Sí, ¿qué tiene eso?
— ¿Es su amiga?
— Así es.
Sai asintió, metiendo la mano en el bolsillo de su pantalón, sintiendo las llaves de las celdas.
— ¿Eso significa que ustedes pueden cambiar la expresión en su rostro? — cuestionó, tras recordar la tristeza en Ino marcada en la última vez que la vio. — Ustedes, ¿pueden hacerlo?
— ¿Qué? — preguntó Neji sin comprender.
— Ella estaba triste hace diez días, ¿pueden cambiar eso?
— ¿Por qué te interesa mi amiga Ino? — inquirió Neji sin darle toda su confianza.
— Porque ella me entregó algo muy especial y yo tengo que devolvérselo. Deudas. — se limitó a responder, alzando los hombros. — ¿Pueden o no?
— Sí, podemos hacerlo.
— De acuerdo. — dijo Sai sacando las llaves. — Konoha está a veinte kilómetros de aquí, tendrán que ir caminando. — indicó abriendo la celda. — Les daré máscaras ANBU para que pasen inadvertidos; éstas anularán el rastreador en su pecho. — aseguró mientras Neji despertaba a Tenten y le mostraba la salida. — Díganle a Ino y a sus amigos que se preparen: Danzou-sama piensa atacar.
— ¿Nos va a matar a todos? — preguntó Tenten asiéndose del brazo de Neji.
— Su objetivo no es ninguno de ustedes, sino Sasori de la Arena Roja. No pregunten más. Apresurémonos antes de que nos descubran. — dijo caminando hacia la derecha, donde conocía una salida rápida.
— ¿Y tú qué harás? — preguntó Neji.
— Mi trabajo con Danzou-sama, no tengo otra opción. — respondió esbozando una sonrisa falsa frente a una puerta de metal.
— Tal vez sí la hay — dijo Tenten mientras recibía una máscara de gato y se la colocaba. —: si tú no nos atacas, nosotros tampoco lo haremos. ¿Trato? — dijo extendiendo la mano.
— Mi deber es atacarlos. — se disculpó desviando el rostro mientras abría la puerta.
— Tu deber era impedir que nosotros escapáramos. — dijo Neji amarrándose el cabello para que no estorbara con la máscara. — Me parece que siempre tienes otra opción además del deber; a eso se le conoce iniciativa propia. Nos vemos.
Sai no respondió. Simplemente, vio cómo los dos habitantes de Konoha, amigos de Ino, corrían lejos de la guarida de Danzou, dentro de la aldea que una vez les perteneció.
Se prometió buscar en los libros qué era la iniciativa propia y ver en qué podía ayudarlo. Por lo pronto, su deuda con Ino estaba pagada.
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¡Hola!:
Para los que tienen puente, qué hermoso descanso, ¿verdad? Aprovecharé para responder los comentarios del capítulo anterior. Me agradaron mucho el fin de semana, gracias.
Ahora, Kakashi y Sasori por fin se vieron. Parece ser que Sasori sorprendió a todos con su actitud, ¿no es así? Bueno, Sakura ha cambiado mucho en él, tanto que hasta lo hizo llorar por su ausencia. Sin embargo, para nuestra suerte, Deidara es un buen amigo que no lo dejará caer. Adoro a ese chico.
Y, luego, Sai se presentó con un sentimiento de inconformidad ante las decisiones de su jefe. Vaya, el ANBU resultó tener sentimientos. Sobre todo, arrepentimiento por haber matado al maestro de la chica que le dio nombre. Qué lindo es Sai.
Bueno, nos leemos luego y les mando un abrazo.
Andreea Maca.
