Disclaimer: los Juegos del Hambre no me pertenecen.
Regalo para Giselle Jay. Nos leemos abajo.
Capítulo XXV
Katniss se vio a sí misma envuelta en una marea de abrazos y palmadas de afecto de sus familiares. Sus padres habían sido ambos hijos únicos, pero tenían muchísimos primos con hijos con edades cercanas a las de Katniss, con los que, si bien ella no había manejado una relación tan cercana como había sido la suya con Prim, eran los niños con los que había compartido su infancia.
Lo cierto era que Katniss no solía pasar demasiado tiempo con su familia extendida, así que su presencia ahí, la gran empresaria de la familia, había generado aires de sorpresa y, en muchos casos de euforia.
¿Realmente pensaban que no iba a estar con Prim en un día tan importante?
Katniss saludó, abrazó, besó y dedicó sonrisas a todo el mundo. Envalentonada por el agarre de Peeta alrededor de su brazo.
Con él ahí, se sentía fuerte. Como si el encuentro con Cato, que tanto había temido, no hubiese tenido lugar nunca.
Era extraño. Sentirse tan cómoda y tan tranquila a pesar de lo que acababa de suceder ahí. Pero lo cierto es que las cosas con Peeta nunca habían sido particularmente "normales".
Y eso era, en parte, lo que resultaba especialmente adictivo en Peeta. El hecho de que era diametralmente opuesto a Cato y, más aún, diametralmente opuesto a ella. Ahí donde ella era todo fuego, Peeta era el agua helada que templaba el acero. Volviéndolo más fuerte.
Lo presentó como su novio. Y la gente pareció encantada con él.
Peeta fue, como siempre, absolutamente encantador. Saludó a su madre con un largo abrazo y ella, que nunca había parecido particularmente feliz por el hecho de que Katniss hiciera vida en pareja, lo recibió como nunca había recibido a ninguno de sus novios. Con el afecto de una madre.
—Peeta—dijo ella envolviéndolo cariñosamente con los brazos—. Es un gusto tenerte por aquí.
Katniss no sabía si sentirse molesta o encantada.
No… lo cierto era que a pesar de que todo en su vida había sido una carrera para llevarle la contraria a su madre, ahora, no podía evitar darle la razón. Peeta era especial.
—¿Todo bien? —preguntó él, curioso, cuando por fin consiguió liberarse de su madre.
Katniss se inclinó hacia él y lo besó.
Pretendía solo unir sus labios por un segundo, pero, como le venía pasando con Peeta últimamente, su determinación quedó en la nada cuando él le rodeó el cuello con ternura, desarmándola.
Se separaron cuando unos silbidos y gritos la hicieron sentirse apenada.
—Todo está perfectamente— dijo con el rostro rojo, aceptando las bromas de familiares y viendo, en medio de aquel sinfín de rostros, los ojos verdes de Cato viéndola con sorpresa.
…
La familia de Katniss no era como Peeta se la esperaba.
Resultaba evidente que la mayoría era de clase media y que Katniss era una anomalía ahí. Al principio, no todos parecían muy seguros de cómo tratarla. Sin embargo, a pesar de lo descolocada que parecía en un principio, Katniss se las había arreglado para lucir absolutamente radiante ahí.
Sonreía, aceptaba bromas e, inclusive, en algún momento había hecho alguna a uno de sus primos, Tom, le parecía que se llamaba.
—¿Quieres darte una ducha? —hacía calor y tanto Peeta como Katniss tenían las mejillas sonrojadas. Sin embargo, Prim, quien había hecho la pregunta, se las arreglaba para parecer tan fresca como la flor que le daba nombre.
—¿Insinúas que huelo mal, patito?
Prim sonrió.
—En lo absoluto. Solo quería saber si querías disponer de una hora o algo así para ti. Para ustedes.
Katniss parpadeó.
No estaba segura de si había alguna insinuación en lo que había dicho Prim, pero Peeta sintió su propio cuerpo calentarse y despertar.
Luego, recordó que Katniss se encontraba en una posición sumamente frágil y que…
—Sí— dijo Katniss con firmeza.
—Lavinia se ha encargado de preparar todo para ti. Te he ignorado y te he dejado la cabaña de siempre. Rory y yo estamos acostumbrados a la otra.
—Prim— empezó a quejarse Katniss.
—Además, la tuya tiene la bañera con hidromasaje.
Katniss cerró la boca con tanta fuerza que Peeta escuchó cómo sus dientes se golpeaban.
—¡PRIM!
—¿Qué? —dijo ella con fingida inocencia—. Tú sabes que te encanta esa bañera. Te relaja.
Peeta no sabía si reírse o no. Así que se mantuvo sabiamente en silencio, con la cara libre de expresión.
—Serviremos un café a las cuatro, te has perdido el almuerzo, hermana, son casi las dos. ¿Te parece suficiente tiempo?
Katniss le sacó la lengua a su hermana.
—A veces te odio, ¿sabes?
—No, no lo haces— dijo Prim sonriendo, tan encantadora como siempre—. Ve y relájate. Nos veremos más tarde. Y Katniss…
Peeta sintió como el agarre alrededor de su mano se afianzaba.
—¿Si?
—Estuviste fantástica.
…
Peeta no sabía realmente que esperar. Así que no estaba realmente sorprendido cuando una chica con el cabello de un encendido color rojo, Lavinia, supuso, les abrió una puerta de madera y les entregó una llave con un llavero, también de madera, con un número uno tallado en él.
La cabaña era espaciosa y estaba dominada por una cama matrimonial que tenía cobertores de color verde, el favorito de Katniss.
Tenía una decoración sencilla pero elegante y además de la puerta de ingreso, contaba con otras dos. El baño y un armario, supuso él.
Al pie de la cama se encontraban ambas maletas.
Katniss permaneció en silencio a su lado por unos segundos antes de abrir la boca, al parecer impaciente, por su falta de reacción.
—¿Y bien? ¿Te gusta?
Peeta se divirtió extendiendo su silencio por unos cuantos segundos más.
—Es fantástico, Katniss— le dijo sinceramente.
Ella suspiró, aliviada.
—¿Te preocupaba que no me gustara? —preguntó con curiosidad.
—La mitad del tiempo no tengo ni idea de cómo vas a reaccionar a nada. Es confuso.
Peeta rio de buena gana.
—Bienvenida a mi mundo, Everdeen.
Ella frunció el ceño.
—¿Y eso que significa?
—Significa que es lo justo, tomando en cuenta que la mayor parte de tiempo soy yo el que va a ciegas contigo.
—Eso no es cierto— se quejó ella, relajada por la oportunidad de pelear un poco y poder liberar algo de la tensión que se había apoderado de sus hombros.
—Oh, claro que lo es.
—Dime ¿en qué soy impredecible?
Peeta quiso marcar el ejemplo más grande que tenía. No habían pasado ni dos horas desde que ella había decidido soltarle, de buenas a primeras, que había estado comprometida con un tipo y que ahora tenía problemas de confianza por culpa de él. Pero no sabía qué tan sensible podía resultar ella al tema, así que se decantó por algo más sencillo.
—Bueno, para empezar, me dijiste que saliera contigo ¿no? No, espera, eso es bastante inexacto, me dijiste que me pagarías si fingía si salía contigo— dijo rodando los ojos.
—En todo caso, tu dijiste que no querías que te pagara. ¿Quién demonios rechaza el dinero así?
—¿Alguien que sabía que no había forma de que las cosas llegaran a ningún lado si empezaba cobrándote?
Katniss se sonrojó.
—Cuando lo dices así…
Peeta le sonrió y la atrajo hacia él, sujetando su cintura y pegándola a su cuerpo.
—Fue uno de los mejores días de mi vida— dijo depositando un suave beso sobre su sien derecha.
Katniss sonrió.
—¿En serio?
—Creo que podría entrar entre los cinco mejores.
Katniss frunció el ceño, solo por un segundo, antes de que Peeta suavizara su gesto besando su entrecejo.
—Los otros cuatro también te incluyen a ti.
—¿Cómo lo consigues?
—¿El qué? —preguntó sin entender
—¿Cómo logras saber qué decir y cuándo hacerlo?
—En realidad no lo sé— dijo él, repentinamente cohibido—. Solo sé que yo te…
Ella le tapó la boca con ambas manos.
—No lo digas— le dijo y él sintió su ánimo decaer. Ella lo besó en la mejilla—. Quiero decir que no lo digas aún. Es decir, ya lo sé. Pero la próxima vez que lo digas, quiero decirlo yo también.
—¿Y qué haré si pasa un largo, largo tiempo antes de que eso suceda?
Katniss le sonrió.
—No. No será así. Te lo prometo.
—Cinco minutos parecen demasiado tiempo ahora, Katniss.
Ella rodeó su cuello con sus brazos, pasando los dedos de su mano con cuidado sobre los cortos mechones rubios que crecían en la parte posterior de su cabeza.
—Tal vez sea un poco más que eso… pero no mucho— le prometió.
Peeta sonrió.
—Eso suena maravilloso.
¡Feliz año 2017!
Espero que no se hayan aburrido aún de esta historia. Si les soy franca, me había desconectado un poco de ella por estar en tanto intercambio de regalos, pero hoy me entró un review y me dije "E (porque al parecer me llamo a mí misma así), tienes que betear el capítulo que ya tienes escrito y subirlo".
Aún tengo un intercambio en proceso, pero espero terminarlo mañana para ponerme con el capítulo que sigue de esta, que ya está empezado.
¿Qué les ha parecido? ¿Merezco amor con todo y mis actualizaciones al paso de la tortuga?
Un abrazo, E.
