Vale... solo un aviso... se que es difícil, pero intentar poneros enla piel de Bella. Por su cabezonería ha estado recluida en Forks cinco años, a la sombra de un imbécil que la engañaba. Dejó a su padre, a sus amigos, su trabajo... lo dejó todo por él. Digamos que ahora está absolutamente perdida y no sabe como enfocarse. Y ahora... ¿¡voluntarias para consolar a Edward!?
Capítulo 25:
Alice había tardado casi tres días en convencer a Charlie para hacer esta fiesta sorpresa. Pero realmente no había nadie que pudiera resistirse a sus encantos; podía convencer a quien fuera con sus argumentos y sus ojos de gato de Shreck. Era infalible.
Supuestamente Bella no aparecería hasta la noche como llevaba haciendo toda la semana y en principio Charlie la felicitó por la mañana excusándose por no llegar hasta más tarde. Como seguían enfadados, Bella se lo tomó bien, pensando que era una rabieta de su padre y no le importó que no lo celebraran; realmente no tenía ni fuerzas ni ánimo.
Llegó a la casa de los Swan con tres horas de antelación en compañía de los antiguos amigos de Bella. Ninguno sabía que había vuelto, cosa que extrañó sobre manera a Alice, pero todos aceptaron ir a la fiesta sorpresa de cumpleaños. Compró guirnaldas, serpentinas, globos montaron una mini fiesta mientras preparaban la sorpresa.
Estaba segura de que Bella pondría el grito en el cielo… y más después de la semanita que habían pasado. Pero no había nada que no pudiera hacer por su amiga. Estaba atravesando una época de pavo tardío; pero tampoco se lo podía echar en cara "todo por culpa de ese desgraciado" pensó apretando la mandíbula.
Llamaron al timbre y fue dando saltitos para abrir la puerta; Charlie le había dicho que estaba en su casa… y eso es precisamente lo que estaba haciendo; portarse como si estuviera en su casa.
Al otro lado de la puerta esperaban Edward y Jasper con una pila de paquetes cada uno. Se reían de un chiste malo no, peor, que había contado el de ojos grises.
— ¿Se puede saber donde os habíais metido? – regañó Alice a los chicos. — Ya están todos.
— Perdón pequeñaja – contestó Edward – culpa de los paquetes. ¿Dónde los pongo?
— Encima de la mesa que está vacía en el salón. – Contestó al chico de ojos verdes.
— ¿Y Charlie? Quiero presentarme – preguntó nervioso edward.
— ¿Quién pregunta por mí? – salió Charlie de la cocina secándose las manos.
— ¡Charlie! – Saltó Alice – quiero que conozcas a mi hermano. – Hizo un gesto a Edward para que se acercara.
— ¡Pero si nos conocemos! – Rió el policía al descubrir la coincidencia.— No me digáis que ambos sois los hijos de Carlisle.
— Vaya Charlie… ¿te acuerdas de mí? – preguntó sorprendido Edward.
— ¡Pues claro! – Palmeó la espalda del chaval – aquél día desee no ser la puerta; además… sólo han pasado ¿5 años? Desde la última vez que te vi por aquel problemilla con mi pierna. – Recordó – Así que eres el hermano de Alice, el mundo es un pañuelo.
— Ya te digo Charlie, me alegro de volver a verte.
Terminaron de preparar todo cerca de las nueve y tomaron posiciones a oscuras esperando a que Bella apareciera por la puerta de un momento a otro… lo que jamás pensaron es que aparecería de esa forma.
No la apetecía nada de nada irse a casa. Apenas eran las 6 de la tarde y ya estaba aburrida de hacer tiempo en la biblioteca; desde ayer miraba con miedo a su alrededor para no encontrarse de nuevo a Edward. No era ella cuando se miraban de esa forma… o quizá ese era el problema, que volvía a ser ella. Y no quería.
Salió a fumarse un cigarro mientras se despejaba un poco. De algo estaba convencida… tenía que ponerse las pilas con sus clases. No había empezado de nuevo el curso para cagarla. La clase de James había sido horrible; ni siquiera la miró a la cara. Incluso hizo un anuncio en medio de toda la clase anunciando que en el día de hoy no había tutoría. Realmente ni siquiera la importó.
Mientras estaba perdida en sus pensamientos vio a alguien conocido que salía de la biblioteca en ese momento. La miró fijamente y la sonrió.
— Hola – se acercó a ella sonriendo – eras Bella ¿no?
— Depende de para quién – le miró ella un tanto sorprendida por que supiera su nombre.
— ¿No te acuerdas de mi? – se acercó el chico un poco más.
— Mmm, no…. – le miró fijamente; ciertamente el chico le sonaba de vista – bueno, me suenas pero no recuerdo tu nombre.
— Soy Riley, Riley Biers… coincidimos en un par de clases en segundo año.
— ¡Riley! Claro que te recuerdo – dijo contenta mirando al chico de arriba abajo "lo que no recordaba es que estuvieras tan bueno".
Tras el beso de rigor y ponerse al día en casi una hora; Bella recogió sus cosas de la biblioteca y se fue con el chico a celebrar su cumpleaños.
Dos cañas fueron suficientes para acercar posturas; Bella estaba excesivamente cariñosa con Riley. Mientras que éste estaba súper extrañado de ver así de desinhibida a una chica con la que apenas había cruzado dos frases en el pasado.
Bella supo que el chico seguía en la facultad por que se estaba preparando el doctorado, que le encantaba su carrera. Ella opinó lo mismo, y le estuvo contando su experiencia en el Parque Natural, sin entrar en detalles. Así fardaba un poco y explicaba el por qué de su abandono de la carrera, sin admitir su metedura de pata con el innombrable. Ahora se avergonzaba de haberlo dejado todo por alguien que no se lo merecía...
— Y dime Bella… ¿no tienes novio? – preguntó el chico un poco avergonzado por el atrevimiento.
— ¿Yo? ¿Novio?... ¿Tan mal me quieres? – rió de buena gana.
— Era simple curiosidad – observó fijamente con una mirada llena de intención.
— ¿Y no sabes que la curiosidad mató al gato? – observó la chica mirando a Riley con cierta coquetería.
Riley dejó la cerveza en la barra y se acercó a ella lentamente. Cogió la cerveza de ella y también la dejó en la barra. Agarró su mano y tiró ligeramente hacia él; ambos se miraron de cerca. No hizo falta mucho más; Bella cerró los ojos y se dejó llevar. Le gustaba la sensación de sentirse libre; podía hacer lo que le viniera en gana. Sin pensar en nadie… aunque el dichoso subconsciente la traicionó haciendo recordar su pelo, sus ojos verdes, sus labios.
Al verla cerrar los ojos Riley lo tomó como una clara invitación; con la punta de la lengua acarició sus labios pidiendo permiso para entrar. Bella accedió abriendo su boca para que sus lenguas se juntaran; no fue dulce, pero tampoco salvaje. Fue un beso de reconocimiento, de prueba.
Ambos se separaron y miraron a los ojos al otro para tantear el terreno. Descubrieron a la vez la mirada llena de lujuria que desprendían los dos y se dejaron de miramientos. El segundo beso fue una especie de fusión; el alcohol hacía que ambos se marearan, pero eso no importaba.
Bella sabía que estaban cerca de casa, necesitaba follar. Realmente lo necesitaba; estaba convencida de que estaba desarrollando una especie de adicción al sexo. Riley le cogió de ambas cachas y le acercó a su cintura haciendo que ella notara lo que estaba provocando en él. Un gemido salió inconscientemente de su boca y levantó ligeramente la pierna; en esta posición Riley notaba su centro caliente atravesando el tejido del pantalón.
Fue suficiente, la cogió de la mano y la sacó del bar. Necesitaba hacerla suya, no sabía si podría conducir la cantidad de kilómetros hasta su casa. Parece que ella le leyó la mente.
— Vivo a cinco minutos en coche – aseguró Bella pensando en que su padre estaba de guardia.
— Eso es una tremenda suerte – sonrió mientras corría hacia el vehículo.
— Lo que no sé es si podré mantener las manos quietas en el trayecto – se rió ella mientras se colocaba en el asiento del copiloto.
Riley dejó las ruedas marcadas en el asfalto.
Tres minutos y medio fue exactamente lo que tardó en llegar a la casa de Bella. Salieron con ímpetu y se abalanzaron el uno sobre el otro al llegar a la puerta. Él la empotraba sin ninguna delicadeza contra la puerta de entrada; ella intentaba localizar las llaves en su bolso que en ese momento parecía que se habían escondido.
— Estás muy buena – susurró Riley en su oído mientras la mordía el lóbulo de la oreja.
— A-ha – asintió totalmente abandonada al placer que estaba sintiendo. Seguí con una mano en el bolso.
— Dios, abre ya Bella – sonrió el chico pensando en la situación. – No puedo contenerme.
El chico introdujo las manos debajo de la camiseta de ella para tener acceso a sus pechos. Apretó uno con una mano mientras con la otra enganchaba su trasero.
— Esto no me ayuda Riley – contestó contra su boca. Por fin cogió las llaves.
— ¡Aleluya! – dijo el chico quitándoselas de las manos e introduciendo la llave en la cerradura al mismo tiempo que se abalanzaba de nuevo contra ella.
La cogió casi en volandas y la introdujo en su casa mientras mordisqueaba con devoción su labio inferior.
— ¡SORPRE!… sa
Bella creyó que se abría el suelo bajo sus pies.
Nada más entrar Riley la había apoyado en la pared cercana a la puerta; ella abrazaba su cintura con las piernas mientras éste se dedicaba a morderle el labio. Estaba totalmente entregada cuando sintió que se encendía la luz y un montón de gente gritaba a su alrededor.
Ella con la camiseta subida dejando ver su sujetador, roja de excitación, encima de un chico que no dejaba de ser un extraño… y todos sus conocidos siendo testigos de ello "dios santo… papá".
Charlie, Alice, Jasper, Ángela, Ben, Eric, Jessica, Mike…. Todos mirándola fijamente, con las bocas desencajadas. Unos gorritos ridículos en sus cabezas y un matasuegras. Pero algo que no esperaba llamó su atención… Él.
Estaba un poco más alejado de los demás, con una expresión de pura rabia. Sus ojos verdes le miraban con incredulidad, como si fuera una pesadilla… realmente el destino no jugaba a su favor.
— ¿¡Pero se puede saber que coño estás haciendo!? – Charlie fue el primer convidado de piedra en hablar.
— Papá… — Bella se bajó de Riley mientras colocaba su ropa e intentaba no morirse de vergüenza allí mismo.
— ¡Ni papá ni ostias! – gritó mientras se quitaba con rabia el gorro.
— Perdón yo… — Riley se quería morir en ese momento. Realmente había sido gracioso… ¿o no?
— Vete Riley – le susurró Bella. El chico asintió y se fue cagando leches.
— ¿¡Pero quién eres!? – Llevaba callando muchos días y esta era la gota que había colmado el vaso – Así nos pagas lo que hacemos por ti.
— ¡Se suponía que no iba a haber nadie! ¡Tengo 26 años por dios! ¡Puedo hacer con mi vida lo que me salga del culo! – Bella intentó defenderse atacando.
Edward la miró con mucha pena. Se sintió como un perfecto gilipollas; quiso desaparecer por arte de magia; la conversación que escuchó con Alice era verdad al fin y al cabo. Se quitó el gorro y salió de allí antes de sufrir un colapso.
— ¡Edward espera! – gritó Bella cuando se dio cuenta de que pasaba por su lado sin mirarla a la cara. Pero él ni se inmutó.
— Joder Bella – susurró Alice con los ojos llenos de lágrimas – creía que éramos amigas.
— Y lo somos… ¿queréis no hacer una drama de esto? – Bella estaba histérica.
Todos fueron abandonando la casa sin apenas decirla nada. Ángela la dio un beso y la deseó feliz cumpleaños antes de salir con la cara roja como un tomate por el bochorno.
Sólo quedó Alice en el salón con Jasper detrás.
Charlie estaba en la cocina tirando los preparativos a la basura.
— Me has decepcionado Bella – susurró la pequeña dejando escapar una lágrima traicionera.
— Alice por dios… ¿tú también? – le miró incrédula.
— Yo también ¡que! – Se encaró – Llevas días sin llamarme, alegando que pasas mucho tiempo en la facultad. Me has usado a tu antojo ¿y era para esto para lo que querías mi ayuda? ¿Para convertirte en una puta?
— Alice… — intentó mediar Jasper.
— ¿Qué me has llamado? – Bella iba a explotar de un momento a otro.
— Pu-ta – silabeó la chica.
Bella no se lo pensó dos veces y la pegó un tortazo en plena cara. Alice lo vio venir, pero no tuvo la fuerza para separarse, así que encajó el golpe. Las lágrimas de Bella caían sin parar por sus mejillas, pero no sollozaba, ni emitía sonido alguno. Sólo miraba con rabia a la chica que fue su mejor amiga.
Alice se acarició la mejilla y miró a su chico con súplica en sus ojos. No hizo falta más para entender que necesitaba salir de allí.
Tras ver cómo salían de su casa, ella subió las escaleras hacia su cuarto y cerró la puerta dando un portazo.
¿Qué es lo que había hecho mal? ¿Realmente se merecía lo que la estaba pasando? Era joven, tenía derecho a pasárselo bien "mientras he sido la tonta de turno todos me querían mucho y ahora que sólo intento disfrutar de la vida todos me odian…" pensaba mientras se dejaba caer sobre la cama. Abrazó la almohada y pensó en qué narices se había convertido su vida… en qué momento exacto había empezado a desvariar. Pero la verdad que no encontraba el detonante de todo esto.
Vale, había sido una pillada bestial "qué corte". La antigua Bella nunca habría hecho algo así… jamás… ir con un tío que apenas conoce para hacerle de todo y nada bueno, en la casa de su padre. "Mi padre… dios que vergüenza ¿bajo? ¿Le digo algo? ¿Espero que me hable él? Mierda, mierda, mierda".
.
.
Mientras Bella pensaba en sus errores, un mortificado Charlie intentaba encontrar una explicación a todo lo que pasaba con su hija. No era una niña… no la podía tratar como tal. Se supone que era una mujer adulta; siempre había sido una hija modelo.
Una punzada de culpabilidad atravesó el pecho del viejo policía ¿hasta qué punto era el responsable de lo que estaba pasando ahora su hija? Siempre la enseñó a ser independiente, a valerse por sí misma. Con 12 años sabía cocinar mejor que él; siempre había sido la primera de su clase. Ni se enteró de cuando había tenido su primera menstruación. Nunca le había hablado de ningún chico; siempre había sido excesivamente reservada y vergonzosa con esos temas.
Siempre, siempre, siempre… menos ahora. Ahora no la conocía; todo orgullo de padre se había esfumado. Sentía vergüenza por la escenita que había tenido que presenciar delante de todo el mundo "qué bochorno"…
Pensó en tirar la comida, pero decidió guardarla para otro día… estaría comiendo sándwiches y mediasnoches* durante una semana.
Casi por un segundo estuvo tentado de subir al cuarto de Bella para hablar con ella; pero todavía estaba demasiado enfadado para mantener una conversación en tono normal. Decidió dejarlo para el día siguiente… quizá fue demasiado tarde.
Bueno... ¿qué opináis del capi? Lo escribí hace más de dos años pero aún recuerdo la impotencia de ver a Edward presenciando esa escena... Surgió así, las que escribís me entendéis ;)
Y ahora sí... os dejo el adelanto de la semana que viene. espero que se publique bien esta vez ¬_¬
EN EL PRÓXIMO CAPÍTULO...
"Hola Papá.
Sé que no me perdonarás nunca el bochorno que te hice pasar; seguro que estás pensando en decirme que vivo en tu casa y que por lo tanto tengo que respetar las reglas. Tienes razón. Por eso he decidido marcharme. Necesito pensar, y contigo reprochándome cada paso que doy no puedo sacar nada en claro. Me confundes, me haces sentir culpable. Nunca tendría que haber pasado lo de ayer; no me tenías que haber visto en semejante actitud. Pero soy una mujer, joven, libre y sin compromiso ninguno. No he cometido ningún delito y ayer me mirabas como si hubiera matado a alguien.
Con el pequeño fondo que todavía me quedaba para la facultad voy a mirar un apartamento, una pensión, un hotel… no sé. Necesito estar sola. Necesito pensar.
Lamento mucho el numerito de ayer, supongo que me dejé llevar. Pero lo lamento porque tuviste que ser testigo, no porque me arrepienta.
Te llamaré… cuando me atreva.
Te quiero
Bella."
NOS LEEMOS LA SEMANA QUE VIENE! ^_^
