Pues eso es todo


THE LAST DOLL

Epílogo.-

… Puerto Seguro.

La mansión se alzaba ante Jensen. Sustituyó el amago de pánico de su identidad original por la ilusión y felicidad de Adam al volver a reunirse con su familia. Jared sacaba las maletas del coche.

- ¡Eh tío! Me vendría bien una mano.

- ¿Ah sí? – se colocó a su espalda acariciando su trasero descaradamente a dos manos – todas las que quieras.

- Ya vale que nos están esperando – sonrió Jared con esa sonrisa radiante y llena de hoyuelos que volvía locas todas las personalidades del activo

- Pues como sigas poniendo esa cara tendrán que esperar un rato más – murmuró con urgencia dándole la vuelta para besarle

- Jensen (intentó protestar separando medio centímetro los labios de la piel suave del pecoso) nos van a ver (eran tan suaves y llenos) no podemos (ahora mismo lo tumbaría sobre el capó del Mazda y…) por favor (a la porra, él se lo había buscado)

- Ey, tranquilo, que nos van a ver los niños – le detuvo Jensen cuando ya le estaba desabrochando la bragueta

- ¡Eres! ¡Eres…! – intentando controlar el calentón Jared resopló echándose hacia atrás y dejando al mayor sentado en el capó del coche

- Sí, gracias, lo sé – soltó el pecoso como si le estuviera haciendo un cumplido, se bajó arreglándose la ropa y cogió una maleta – después Jared, esto ha sido sólo un sneak peek.

Los niños impidieron que le respondiera como se merecía al salir como auténticos terremotos y lanzarse sobre su tío con tanta ilusión que lo derribaron entre abrazos y besos. Ignorando los alegres "Socorro Jared, ¡Que me atacan unos monstruitos!" el castaño dio la mano a Victoria para que se levantara.

- Gracias, sabía que le traerías a casa – dijo ella abrazándose fuerte a su cintura

Jared levantó la vista hasta el porche y comprobó emocionado que Samantha les hacía fotos con su móvil. Dudaba que saliera alguna bien pues la mujer también lloraba de alegría mientras las hacía.

Era una suerte que la señora Rhodes al final hubiera aceptado la oferta de Samantha y se hiciera cargo de la mansión. El que su hija comenzara la universidad ese año y que conociera de primera mano por todas las dificultades que había pasado esa familia acabó de decidirla. Su pensión iba muy bien así que la traspasó y con ello tenía cubiertos los estudios de Alex, por ella no había problema, su sueldo era muy superior al de cualquier empleado de hogar, casi a la altura de un director de hotel.

Ella se encargó de hacerlos moverse, de llevar sus cosas dentro y de ayudarles a elegir habitación y dónde colocar el despacho de Jared y el estudio de Jensen. El nuevo terapeuta del pecoso le había recomendado alguna tarea artística y su madre le convenció para que pintara.

Kimberly ayudó a Jensen a llevar al desván que su madre estaba acondicionando un par de maletines de pinturas y varios rollos de lienzo. La mujer se fijó en el enorme caballete desembalado, el armario de pinturas, la docena de lienzos en blanco de todos los tamaños y sonrió. Samantha había comprado prácticamente las mismas cosas que su hijo había traído, su nuevo jefe iba a tener para varios años con todo eso.

Los chicos no fueron al colegio ese día, llevaban tanto tiempo alejados de su tío que nadie tuvo corazón para insistir. Jared sin embargo no tenía más remedio que ir a trabajar, se reincorporaba después de sus vacaciones, al menos se iba con la tranquilidad de no dejar a su novio solo.

Tenía ganas de trabajar también, tras más de un mes dedicándose única y exclusivamente a Jensen hasta el pecoso decía que tenía ganas de perderle de vista un rato. Pero al llegar a la oficina, Jared se encontró con un motón de desastres que Armstrong había creado en su afán por hacer ver que el joven forense no estaba cualificado para ser el máximo responsable de su unidad. Era su primer día tras las vacaciones y tendría que hacer horas extras.

No le hizo ninguna gracia, no despidió al irritante hombrecillo porque no tenía poder para hacerlo. Eso sí, para que no le estorbara le ordenó hacer un inventario exhaustivo del material de autopsias y una revisión del archivo de los expedientes abiertos los últimos diez años recatalogándolos según el estado del procedimiento. Con eso esperaba que no volviera a molestarle en unos meses. Estaba loco por volver a casa, pero no podría hacerlo hasta pasada la media noche que era lo que calculaba que tardaría en evaluar el alcance del daño causado por su subordinado en su ausencia.

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Los niños se encargaron de que Jensen no echara de menos al forense. No le dejaron solo ni un minuto. Excepto a la hora de la cena, con la excusa de organizar el saturado estudio de pintura dejó a Vicky cenando con sus hermanos y aprovechó para estar un rato a solas con su madre. Sam también necesitaba comprobar por sí misma que su hijo estaba bien, sin todo el ajetreo de los pequeños, y sin el esfuerzo que hacía por aparentar animación.

- Siento molestar… – dijo la señora Rhodes interrumpiendo la charla maternal – pero Tyler insiste en que si su abuela no le prepara la leche no probará ni un bocado.

- Lo que voy a hacer es reñirle – protestó la dueña de la casa – lo siento Kim, para ser tu primer día como interna te la están haciendo pasar canutas.

- Vamos a cenar, mamá – Jensen sonrió a la nueva ama de llaves – te lo dije, vas a trabajar de verdad Kim, no es lo mismo venir por las mañanas que vivir con ellos, esos críos son unos incordios.

- ¡Jensen! – riñó su madre

- Y la abuela también – le susurró al descuido a su empleada sin que Sam le oyera.

- Bueno, a cenar – Samantha se sirvió su verdura y se sentó a comer

- ¿Y mi leche? – preguntó Tyler sorprendido, mientras Jake y Vicky terminaban su cena

- Tienes más de diez años sabes preparártela tu solo – respondió con indiferencia su abuela

- Pues no ceno – se enfurruñó el niño

- Pues estás castigado – le sonrió la anciana sin inmutarse ni lo más mínimo

- ¡No necesitamos a nadie! ¡Tú sabes hacer las cosas! ¡No quiero ninguna extraña en casa! ¡No quiero que ella viva con nosotros! – estalló el chaval con una violencia que sorprendió a todos señalando a la nueva ama de llaves - ¡La odio! ¡quiero que se vaya!

Victoria se levantó de su silla y dio una bofetada a su hermano que salió corriendo de la cocina. Jake empezó a hacer pucheros y Jensen se levantó a su vez tirando la silla y sin saber dónde estaba. Pálido intentó recobrarse y la chica lo sujetó del brazo mirándole a los ojos hasta que dejó de temblar.

- Eh, tranquilo, no pasa nada, voy a hablar con Ty – le dijo con firmeza la chica

- No debiste pegarle – murmuró reaccionando

- No, es cierto, pero… - los ojos azules de la niña se alzaron llenos de lágrimas hacia su tío – él no debió comportarse así, la palabra odio no tiene cabida en esta casa.

- Yo iré, si vas tú será peor – dijo Jensen secando las lágrimas de la niña – yo me encargo, tranquilo Jake, no pasa nada.

Vicky cogió al pequeño en brazos que seguía haciendo pucheros. Y Samantha siguió a su hijo. La puerta del dormitorio del chico estaba abierta y el antiguo activo se detuvo antes de entrar al escuchar la voz calmada de la señora Rhodes hablando con el niño.

- ¿Es cierto? ¿me odias?

- ¡Si!... no, no te odio – respondió el niño automáticamente, dividido entre echar a la mujer y no disgustarla – pero no me gustas

- No tenemos que gustar a todo el mundo, tú tampoco eres mi persona favorita ahora mismo – razonó la mujer sacando una sonrisa del espía oculto – tengo un motivo, has despreciado la cena que he preparado y has dicho que me odias, y ahora reconoces que no te gusto ¿Y no te gusto sólo porque sí o tienes algún motivo?

- Eres la mayordoma – replicó el niño como si fuera algo evidente.

- No te entiendo, ¿está mal trabajar para vosotros? – Samantha apoyó una mano en el hombro de Jensen que le hizo señas para que no interrumpiera a la mujer y al chico.

- ¡Sí! – gritó el niño exasperado - ¡Eres buena! ¡Tienes que irte!

- No me parece una explicación razonable Tyler…

- ¡Donna también era buena! – gritó el crío antes de echarse a llorar – tu estabas con Alex y venías a vernos y no era igual, pero ahora…

- No conozco a Donna, Ty – susurró la mujer abrazando al pequeño al ver que lo estaba pasando realmente mal - ¿te hizo daño?

- No… ella se murió – hipó el niño suspirando en sus brazos, Jensen palideció al comprender el motivo de la pataleta de Tyler – fui yo, todos los que están cerca de mi lo pasan mal, todos… soy como mi papá, hago daño a la gente.

- Eso no es cierto Ty – susurró la mujer levantando la cabeza y al ver a Samantha y Jensen dispuestos a intervenir, les pidió con la mirada que la dejaran encargarse – las cosas malas ocurren en todos lados y muchísimas veces no tenemos responsabilidad en ellas, aunque quienes las hagan sean personas a las que queremos. Tú no eres malo, sólo te portas mal algunas veces.

- No es verdad que no me gustes, te engañé… sí me gustas – reconoció el chaval aún llorando – pero no quería que me gustaras porque ahora no estás con Alex por nuestra culpa.

- ¡Ty! ¡Alex ha ido a la universidad! Vicky también irá en pocos años y después tú, si quieres, y Jake, Alex no me ha abandonado – Kim sonrió con ternura acariciando el cabello oscuro del chiquillo abrazado a ella – se que tienes miedo a perder a la gente que quieres, esta familia ha tenido experiencias muy duras, pero no puedes apartar a todo el mundo, no puedes hacer eso a Jake, a Vicky, a tus tíos y a tu abuela.

- A ellos no – lloriqueó el niño – sólo a los nuevos…

- Ty, corazón, ¿entonces no vas a hacer amigos en el colegio?, ¿Te encerrarás en casa y ya no conocerás a nadie por miedo a perderlo?

- Yo… yo… no quiero que te vayas - el crío se calmó un poco y pidió muy bajito – ¿me haces la cena?

- No, te la haces tú que no te gusta la que yo hago – replicó medio en broma Kim

- Si me gusta, pero se habrá quedado fría – respondió el niño mimoso - ¿me la calientas mientras me lavo la cara?

- Si me prometes que nunca más volverás a portarte así

- Te lo prometo Kim – dijo dándole un beso en la mejilla

Vicky no tuvo que pedir perdón a su hermano, el niño fue directo hacia ella y le dijo que la disculpaba si ella no volvía a pegarle. "No son unos incordios, Jensen" dijo la nueva ama de llaves a su jefe "Solo son niños, y son unos buenos niños"

Eran casi las doce de la noche cuando Jared llegó a casa. La mansión estaba en silencio, conectó la alarma exterior y se calentó la comida que le habían dejado tapada sobre la encimera. Suponía que Jensen ya estaría dormido al igual que los niños y Samantha. Subió a verle antes de ducharse y vio que el estudio de pintura tenía la luz encendida.

- Creí que dormías – murmuró después de echar un vistazo en silencio al cuadro que absorbía toda la atención de su novio.

- ¡Joder que susto! – se sobresaltó el pecoso al verle a su lado de improviso – voy a tener que ponerte un cascabel o algo

- Buenas noches a ti también – Jared sonrió y lo cogió de la camiseta besándole en los labios - ¿no puedes dormir?

- Ty ha tenido un mal día, demasiada excitación supongo… – respondió al beso y se volvió dando una pincelada dorada al dragón que se alzaba entre la niebla que cubría las montañas – creo que me ha afectado un poco

- ¿Qué ha pasado? – dijo quitándose la chaqueta y la camisa para no mancharlas de pintura

- Muchas cosas nuevas, nosotros, el primer día interna de Kim, todo eso ha hecho que recuerde cuando su padre le secuestró – dejó el pincel en el vaso de disolvente y murmuró - ¿nos damos una ducha?

- ¿Está bien? – Jared recordó a la anterior ama de llaves, el niño llegó a estar muy unido a la mujer asesinada.

- Si, todos están bien, pero nos ha dado la cena ¿sabes? – murmuró sin mirarle

- ¿Tú estás bien? – preguntó presintiendo que algo más se había removido en el complicado entramado de personalidades que era su novio.

- Ty creía que por ser hijo de Misha era malo ¿y si he sido yo quien le ha hecho creer eso? – Jared intentó protestar pero su novio no le dejó – el sabe que su padre me hizo mucho daño y he estado tanto tiempo alejado de ellos que quizás ha creído que…

- No, sólo es una reacción lógica, es un buen chico, Jensen y es normal que se haga esas preguntas, no tiene nada que ver con tu forma de tratarle, no podrías evitar que se pregunte ese tipo de cosas, sólo hay que hacerle ver que no es como su padre y que nosotros no creemos que lo es.

- ¿Crees que me escondo Jared? ¿Crees que debería salir y conocer gente?

- ¿Por qué me preguntas eso?

- Ty… comprendo cómo se siente, hemos perdido a gente que queríamos y… – Jensen miró el cuadro que pintaba, a grandes rasgos la idea estaba plasmada, un dragón volando con cadenas rotas colgando de sus patas – Vicky quería un dragón para su dormitorio

- Tu situación es un poco más complicada que la de Tyler, Jensen – Jared abrazó a su novio por la espalda mirando el cuadro – ese dragón es impresionante ¿Por qué le has puesto cadenas?

- Solo se sabe lo que es la libertad cuando la encuentras de nuevo.

Jared dejó un beso en la nuca de Jensen que se quedó quieto entre sus brazos. El más alto sonrió tirando de él y dándole la vuelta. La luz de la lámpara bañaba fría y nítida el rostro pecoso frente al suyo. Lo besó en la frente como si fuera una criatura, y lo retuvo un poco más junto a su pecho sintiendo cómo se relajaba y correspondía al abrazo.

- MG ha escrito un libro – dijo el más bajo alejándose un poco y cogiéndole de la mano – "Una chorrada de ciencia ficción" dice

- ¿Cuándo has hablado con él?

- Hace un rato, me llamó por teléfono, dice que estamos a salvo, que su libro es como un seguro contra quien intente volver por "lo que olvidé" – Jensen se rió suavemente

- ¿No le crees?

- El sí lo cree.

Se asomaron al dormitorio de los niños, cada uno en su cama dormía plácidamente. Jared cogió la muñeca Boo de Jake de la silla y la puso en la cama donde el pequeño la abrazó en sueños, le hizo gracia la idea de Vicky, la "lista de buenas noches" en la pizarra de ambos niños para "levantarse felices". Jared se sorprendió al ver el nombre de Kim Rhodes y su hija con sus respectivas "GN", el de Jensen, el de Vicky, el de Samantha… También estaba su nombre así que puso una "GN" debajo.

- Alex llamó a su madre por teléfono y Tyler sugirió que la anotaran también, cosas de críos.

- Es una idea interesante, que los chicos sepan que les hemos dado las buenas noches aunque ya estuvieran dormidos. Vicky ya no es una niña – murmuró Jared orgulloso de la muchacha

Se prometió que el próximo nombre que pondrían en esa pequeña lista sería el de McKinney, pero ahora tenía otra persona a la que dedicar su atención, su más total, ardiente y absoluta atención.

Jensen le arrastró hasta su dormitorio, sin decir nada se desnudó y se acercó mirándole con un hambre que le dejó sin aliento. Las manos finas y poderosas del artista le desnudaron sin miramientos, sus mirada quemaba, intensa y enamorada y Jared gimió sin darse cuenta cuando su boca se pegó a la de él impidiéndole seguir perdido en el verde de sus ojos.

Gimió aún más fuerte cuando las caricias febriles del más bajo delinearon su espalda, sus glúteos, sus piernas. Jensen era muy fuerte, mucho más de lo que su aspecto daba a entender. Le alzó, levantándole contra la pared y Jared enrolló sus largas piernas en la cintura del pecoso que lo acariciaba y besaba, suspendido entre su cuerpo y la pared, como si fuera mucho más pequeño.

Se detuvo un instante eterno en que sus ojos, como dagas verdes, atravesaron los rasgados del menor en una muda pregunta. Jared parpadeó tragando saliva y asintió inclinándose sobre Jensen y comiéndose su boca. El más bajo se tambaleó bajo el peso de ambos un momento y lo llevó a la cama sacando los preservativos y el lubricante del cajón aún con el castaño sentado a horcajadas sobre él.

Jared no podía esperar más, él mismo se lubricó mientras Jensen le miraba embelesado y él mismo se empaló en el hombre ansioso y enamorado. Sus gemidos de placer, sus enormes manos apoyadas en los muslos de Jensen, las manos de Jensen dirigiendo sus caderas, los gemidos del pecoso, un dúo perfecto y armónico con sus propios gemidos y de repente fue como si todo estallara en una agonía de luz y calor.

Se quedaron largo rato abrazados, cuando lograron reunir un poco de energía se ducharon y al amanecer, los rayos del sol que entraban entre las rendijas de la persiana, los encontraron dormidos y abrazados sobre la cama.

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La novela de McKinney, publicada bajo el pseudónimo de Henry Winchester, salió a la venta la semana siguiente. En un mes "Puerto Seguro" se convirtió en el libro más vendido del año con varios millones de copias.

La historia de los activos que salvaban a la gente de ser borrados por grandes multinacionales que querían crear un mundo de esclavos sin voluntad alcanzó tal popularidad que cualquier intento por parte de algunas corporaciones delictivas de hacerse con la tecnología de control mental fue descubierto y aniquilado en sus primeras fases.

El antiguo supervisor del FBI tenía razón, estaban a salvo. Nadie podría hacer daño a Jensen o su familia: una legión de fans descubrían, sin saberlo, cualquier intento de reactivar la tecnología de control mental y una organización secreta de antiguos activos los protegía neutralizando las amenazas. Ahora, tener una vida plena y feliz ya sólo dependía de ellos.

FIN