Sólo me resta perdir disculpas a cada uno de ustedes por la espera. ¡Qué cabeza de pollo! se me pasa el tiempo volando y se me olvida que debo subir. Gracias por todo, mis lectores, mi corazón siente un gran cariño hacia ustedes, y yo se los agradezco profundamente :) GRACIAS!

Enjoy!

REUPLOADED: 25/07 y mi capítulo ha desaparecido o.O lo vuelvo a subir por si acaso. No sé qué le ocurre a FanFiction o.0


Capítulo XXIV: "Mortífago, asesino, torturador"

Luego que ambos tomaran lugar en sus respectivos asientos, aparecieron ante sus ojos un plato de porcelana con detalles en oro, con algo que parecía guiso, para cada uno. El aroma que se desprendía de aquella delicia, pareció seducir a Hermione, ya que decidió probar del él al instante.

-Espagueti con salsa de queso y salmón—Dijo Severus una vez que Hermione hubiera hecho un gesto de aprobación al degustar.

-Está…- Se echó un nuevo bocadillo, masticó y tragó.—Delicioso. Definitivamente tenías razón.

Severus sonrió con suficiencia. Hermione continuó comiendo con calma, pero también con mucha satisfacción. Los sabores en su boca parecían multiplicarse a medida que pasaban los segundos. Miró a Severus que sonreía, al igual que ella, mientras la observaba. Dio un sorbo a su copa de zumo de frambuesa y se quedó pensativo. No tardó en salir de aquel estado, abriendo sus labios para comenzar un relato.

-Vivo en la calle la Hilandera, en un sector industrial en el norte de Inglaterra, por ahí por Manchester—Hermione supo que Severus estaba comenzando a revelar sobre su vida y su pasado—Mi madre se llamaba Eileen, y era bruja. Mi padre, Tobías, era muggle. Con el tiempo, después de yo nací, embargaba un intenso odio hacia nosotros, mi madre y yo. Nos aborrecía.

-¿Por qué?

-Porque mi padre no supo de nuestra condición hasta después de que yo nací. Mi madre se atrevió a contarle lo que era, antes de que yo creciera lo suficiente para descontrolarme con mis poderes mágicos. Él… no supo qué hacer. Desde que tengo memoria que discutían, no se soportaban. Mi madre lo quería, pero el afecto fue esfumándose de a poco, a medida que mi padre se volvía más cruel con ella y conmigo. Yo principalmente era una vergüenza para él, era su primogénito y era un mago.

-Yo a él, debido al trato que adoptó conmigo desde el primer momento que supo mi condición, no le importaba mucho, y por mi parte, lo que me hiciera o dijera, simplemente no me afectaba. Desde siempre fue así, pero nunca pude soportar el hecho de que le hacía daño a mi madre. Ella no era una mujer demasiado cariñosa, y eso se debía a que vivía con mucho temor. No se atrevía a defenderse con métodos mágicos, ya que temía descontrolarse y desatar alguna tragedia. Llegó a odiar a mi padre, pero no tanto para transformarse en una asesina. Y muy a pesar de su decisión, yo no podía aguantar que él la golpeara, le gritara, que abusara de ella y de la posición que adoptaba de no hacer nada respecto a lo que él hacía con ella. Tampoco podía hacer mucho, porque cualquier intento significaba convertirme en una víctima más, y debido a las constantes súplicas de mi madre, desde pequeño aprendí a controlar mi magia; y contra mi total voluntad, cada vez que mi padre estaba furioso, tenía que soportarme las ganas de tirarle algo por la cabeza o dejarlo inconsciente. Pronto comencé a querer estar fuera de casa, para no presenciar lo mismo de siempre, aunque odiara dejar a mi madre sola. Estuviera yo o no, el imbécil de mi padre abusaría de ella igual, por lo que optaba a alejarme de los gritos y de los lamentos, para disipar mi furia interna. Fue en aquellas ocasiones que conocí a… Lily Evans.

-La mamá de Harry—Susurro la muchacha.

Severus asintió.

-Muy pronto me llamó la atención, ya que era evidente que sus padres, y ella, junto con su hermana eran tan muggles como mi padre. Y lo fue hasta cierto tiempo. Lily fue manifestando de a poco sus cualidades mágicas, sus capacidades que me dejaron maravillado. No era la única persona de mi tipo en los alrededores. Pronto me animé a contarle acerca de lo que ella era. Así, mientras podía, le hablé de Hogwarts, del Callejón Diagon, del Ministerio de Magia, de Azkaban… de forma que estaba bien instruida al momento en que Albus Dumbledore se presentó en el hogar de sus padres para contarles de su condición y la vacante en Hogwarts que había para ella. Pasábamos juntos todo el tiempo que podíamos, esperando que llegara el primer día de septiembre. Aquel día, que fue el más esperado por Lily y por mí, ella fue seleccionada en Gryffindor y yo en Slytherin. Aún así, seguimos siendo amigos; Hogwarts se transformó en un verdadero hogar para mí, donde estaban las cosas que pertenecían a mi mundo por excelencia, donde había gente que me quería, donde no oía a mis padres pelear todo el tiempo.

Los primeros años fueron gratos. Estábamos todo el tiempo juntos, en clases, en la biblioteca, los fines de semana, etc. Eso, hasta quinto año. Hasta… el episodio que seguramente Potter te habrá contado cuando le impartía clases de Oclumancia.

-¿De qué hablas?—Inquirió Hermione, confundida—Harry nunca me habló nada sobre ti respecto a las clases de Oclumancia.

-¿Ni por qué terminaron?

-¿No fue porque ya no eran tan necesarias?

-En aquel momento él se encontraba más vulnerable que nunca, pero fue porque se inmiscuyó en los recuerdos que había resguardado en el pensadero. Me… me sorprende enterarme que Potter nunca te haya contado de esto… siempre he pensado que Potter no puede guardarse nada.

-Harry puede guardarse muchas cosas, sobre todo cuando no le pertenecen. Él sabe lo que se siente estar expuesto, que la gente hable de él a sus espaldas, por lo que se cuida mucho de no cometer el error de hacer lo mismo con los demás. Veo que este es un muy buen ejemplo de eso.

-Lo que él vio fue cuando… James Potter y Sirius Black se divertían un poco después de haber rendido el TIMO de Defensa Contra las Artes Oscuras. Me humilló frente a todos, y en medio de mi enfurecimiento… llamé a Lily… sangre sucia, cuando ella lo único que hacía era ayudarme.

-Nunca me perdonó, a partir de aquel día que nunca más nos hablamos. Cada uno siguió su camino, aunque eso fue el detonante de muchas cosas acumuladas, pues yo ya tenía amistades que tenían fama por el gusto y la práctica de las artes oscuras y era algo que Lily siempre reclamaba en absoluto desacuerdo. Ya que ella se juntaba con Los Merodeadores, sus compañeros de casa, yo me juntaba con Slytherins que más tarde se convertirían en Mortífagos. Yo, un par de años después de haber abandonado Hogwarts, también me hice Mortífago.

Severus calló, y Hermione lo observaba con un aspecto pálido. Pronto sintió un estremecimiento al procesar y verificar algo que había querido saber durante mucho tiempo: Si era verdad que Severus era un verdadero Mortífago, y si lo había hecho por su propia cuenta. Ambas interrogantes fueron zanjadas en afirmativo.

Severus continuaría a pesar de todo lo que pudiera pasar después, a pesar de todo lo que ella pudiera pensar de él después de eso.

-Yo era Mortífago, pero aún amaba a Lily Evans, quien en ese entonces ya era… Lily Potter, y tenía un hijo, un hijo que… había sido ligado al Señor Tenebroso por la gracia de una profecía. Yo sabía que ella correría peligro, porque ella era la clase de persona que luchaba por sus seres queridos hasta la muerte, y al saber que iban en busca de su hijo, ella haría hasta lo imposible por protegerlo. Yo traté de buscar las formas de protegerla, pero de protegerla sólo a ella. Recurrí a Dumbledore para que me ayudara… pero poco tiempo después ella…—Su voz se cortó inesperadamente. Pasaron varios segundos hasta que pudo recomponerse—Luego ella murió, dando la vida por su hijo, que fue lo único que quedó de ella. El Señor Tenebroso se había desvanecido y todo quedó inconcluso.

Yo estaba… yo estaba devastado. La única persona que había querido más que a mi propia vida, la única persona que al parecer me había querido se había ido, estaba muerta, y muerta en manos de quien yo era servidor. Todo cambió radicalmente para mí, porque a partir del momento en que fui en busca de Albus, mi único apoyo, mis intenciones, mi disposición y mi propósito en el mundo cambiaron en extremo. Ya no podía luchar por recuperar el amor de Lily, no estaba dispuesto a luchar contra los muggles, ni servir al Señor Tenebroso, un asesino en masa, el asesino de Lily, y como no tenía nada más que hacer con mi vida, me propuse no dejar en vano el sacrificio que había hecho Lily por su hijo, tal cual Albus me lo dijo en aquella ocasión.

-Cuando Potter llegó a Hogwarts, fue inevitable rememorar mis años de estudio aquí, porque él, al parecerse tanto a su padre, me recordaba una de las peores etapas de mi vida, me recodaban a ella y que ya no estaba. Con él devuelta al colegio, y con Quirrell un tanto peligroso, mis años en Hogwarts, y como doble agente, se hicieron un tanto más interesantes. Y aunque nunca fue grato para mí tener que protegerle las espaldas a Potter, igual terminé salvándolo de las manos de Voldemort, quien había tomado poder en Quirrell. Fue algo sumamente difícil para mí, porque no podía soportar el hecho de que él supiera que yo lo estuve protegiendo durante todo el año. No podía creer que estaba haciendo todo lo posible por salvar al hijo de James Potter, porque al verlo, sólo creía que era hijo de James, aunque al mirarlo a los ojos creía algo distinto. Fue muy difícil volver a ceder. Estuve empecinado en dejar de hacer lo que le había prometido a Albus, lo que estaba haciendo por Lily, pero… simplemente no podía. Cada segundo de mi existencia era mucho más mortificante al recordar a Lily y lo que había hecho por su hijo. No podía traicionar su memoria de esa forma, porque fue prácticamente gracias a mí que ella estaba muerta.

- No digas eso…

-Es la verdad. Si yo no hubiera informado al Señor Tenebroso acerca de la profecía que Sybill Trelawney había hecho, él hubiera tardado en enterarse y yo… habría tenido tiempo de protegerla.

Hermione asintió sin saber qué refutar frente a aquellas palabras, aunque ella estaba convencida de que Severus no tenía la culpa. Hacerlo cambiar de opinión no tenía ningún sentido, era una afirmación que había estado creyendo por quince años.

-Luego seguí enfrentándome a los fantasmas de mi pasado. Remus Lupin fue designado como profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, y yo debía hacer de enfermero cada luna llena, preparándole la poción matalobos. De adición, Sirius Black estaba prófugo. Fue una de las peores cosas, porque por mí, hubiera delatado a Lupin, por mí, hubiera buscado a Black hasta por debajo de las piedras con tal de hacerle pagar por lo que había hecho, porque había traicionado a Lily. Creo que ese sentimiento fue primordial en mi actuar, más, que recordar mi etapa de colegio, porque sus humillaciones no eran nada con el hecho de haber traicionado a Lily.

-¿Qué sentiste cuando supiste que Sirius nunca había traicionado a los Potter?—Intervino Hermione, que aún se veía agobiada. No tanto como lo estaba Severus.

-No sabía qué creer. Por mí, me hubiera convencido de que Black fue, y siempre fue él, porque el odio que le tenía me cegaba, pero por otra parte era evidente…e imposible que Black hubiera traicionado a Potter, porque cuando Black se fue de su casa, la familia de Potter lo recibió como uno más de los suyos. Ellos eran como… Weasley y Potter ahora, inseparables… Los mejores amigos. Eso implicaba que Siruis había traicionado a su propio hermano, y yo sabía que Black no era ese tipo de persona. Era un cerdo abusador, pero tenía honor si se trataba de sus amigos.

Hermione sintió una oleada de intenso afecto hacia Severus, quien demostraba cada vez más lo bien que conocía a sus amigos, a pesar de haberles hecho la vida imposible desde que pisaron Hogwarts hace seis años. Ella, después de todo ese tiempo, había logrado convertirse en la "novia" del profesor más odiado, pero tenía muy claro que ella era la única excepción en todo el castillo y el universo. Él nunca podría cambiar su forma de ser hacia Harry y hacia Ron, por la sencilla razón de saberlos tan parecidos a James Potter y Sirius Black. Eran excusas vanas, pero al fin y al cabo Hermione entendía concretamente cuál era el sentimiento que realmente embriagaba a Severus cada vez que los veía. Al menos ya comenzaba a tener razones para justificarlo, entenderlo y apoyarlo. Todo lo relatado había sido muy duro e inesperado para Hermione, pero sabía muy bien que trató de ser lo más sutil para referirse a sus años… porque los peores años de su vida se estaban asomando en una evidente sombra en los ojos de Severus.

-Desde que el Señor Tenebroso regresó, las cosas son más complicadas de lo que fueron antes. Cuando yo ingresé como Mortífago, no pasó mucho tiempo hasta que se desvaneció y desapareció, pero aún así, fue horrible.

Hermione tragó saliva, y al hacerlo, se dio cuenta del enorme nudo que había en su garganta.

-Pasar por encima de la gente, atacarla… torturarla. Practicarlo en el colegio, con las personas que no soportas, o con tus mismos conocidos no es lo mismo que hacerlo con gente que tú no conoces, que te pide misericordia, que llora en tus pies, que se retuerce frente a tus ojos por obra de tu varita… Muggles, aurores, magos, brujas muertos sólo porque el Señor Tenebroso quería la pureza en el mundo mágico. Tardé mucho en asumir que era repulsivo para mí. A pesar de lo que había ocurrido con Lily… me mantuve inalterable, mantenía mi decisión, pues yo había decidido ese camino, y tenía que continuar adelante y no escapar como un cobarde.

Ahora… el solo hecho de pensar que estuve a la altura de Bellatrix Lestrange por ejemplo… Simplemente me causa repulsión. Ser parte de la gente del Señor Tenebroso, del asesino de Lily… El único responsable de todo esto… ¡Por mí yo habría estado muerto! Si no fuera por Potter yo no habría aguantado ni un segundo más, pero siempre tiene que haber algo que te haga las cosas más difíciles, que te impida tomar el camino más fácil. Yo ya no tenía nada que hacer más que agachar la cabeza y aceptarlo.

Hermione estaba al borde de las lágrimas, con los labios temblorosos y con una servilleta empuñada en su mano que reposaba en su mejilla pálida.

Severus agachó la cabeza y luego la meneó.

-Es horrible… recordarlo. He estado reprimiendo estos recuerdos por tanto tiempo, pero es imposible continuar así… sobre todo sabiendo que no podía ocultártelo… tenías que saberlo y así lo hice, arriesgándolo todo. Creo que lo que vaya a suceder después de esto… va a tener mucho más sentido que antes. Si no lo entiendes, si no lo aceptas, yo aceptaré el hecho…

-¿Cómo… cómo puedes creer que…?—La voz de la castaña se apagó repentinamente—¿Crees que soy incapaz de comprender algo así, de aceptar algo así?

-Soy un asesino, soy un cómplice, soy un todo. ¡Soy mortífago, un maldito mortífago! Y tú…

-Tú no eres un verdadero mortífago y lo sabes muy bien.

-Está bien, no lo soy enteramente ahora… pero antes. ¡Torturé y maté a gente! Por voluntad propia—Severus cerró los ojos tratando de alejar aquellas horribles imágenes de su mente. Fue interrumpida su labor por un sollozo. El rostro de Hermione, húmedo en lágrimas irradiaba una enorme angustia. Pronto se levantó y se alejó de la mesa y comenzó a dar vueltas lentamente mientras se tapaba la cara, secaba sus lágrimas y reprimía los malos pensamientos. Se apartó la melena del rostro y se aseguró que en él no hubiera rastro de lágrimas. Volvió a tomar su lugar en la mesa, evitando la mirada de impotencia que Severus tenía.

-Tú mataste y torturaste gente. Sí, lo hiciste. Pero pronto te diste cuenta que no era lo tuyo. No te causaba el placer que a los demás integrantes. Incluso ahora te causa repulsión y arrepentimiento. Tú ya no eres el mismo de antes, tú cambiaste. Cambiaste cuando la mamá de Harry murió… y lo que queda del chico que se hizo mortífago hace muchos años atrás, es muy poco.

-¡Lo sé! ¡Pero soy un asesino de todas formas! ¿Es que no lo entiendes, Hermione? He cambiado, soy un espía, no soy un verdadero mortífago, ¡PERO SOY UN ASESINO! Maté gente, la torturé, nunca dejaré de serlo. Nunca podré olvidar lo que le hice a esa gente, ¡todo por querer purificar la sangre mágica aunque tanto él como yo éramos hijos de padres muggles…!

-¡Sí, Severus! ¿Quieres que te lo diga, quieres escucharlo de mi propia boca? Eres un asesino, torturaste a gente. ¿Contento? Porque no sé qué pretendes con todo esto. Me ha sido muy difícil escuchar todo esto… es horrible, y lo siento por ti y por todo lo que viviste… pero lo que eres… no me preocupa demasiado.

Severus soltó una risa amarga.

-No me digas nada. No necesito que me expliques mejor las cosas, porque todo está muy claro y lo entiendo. ¿O debería entender que todo lo que dijiste, era para que me alejara de ti?

-No, claro que no lo hice con esa intención.

-Yo merecía saberlo todo, necesitábamos conocernos, y me parece estupendo. Y mucho mejor que hayas sido bastante sincero, pero yo te prometí que confiaría en ti a pesar de todo.

-Porque lo prometiste.

-Y lo prometí porque te amo. Si estamos juntos, es porque confío en ti y quiero tener miles de razones para confiar ciegamente en ti y apoyarte cuando nadie más lo haga. Nadie confía en ti porque eres un mortífago, porque eres un asesino, porque torturaste gente. ¡Es horrible saber eso! Pero con todo lo que me has dicho, confío mucho más en ti, y a mí no me preocupa todo lo que hayas hecho porque eso fue hace mucho tiempo, y no era algo que particularmente hubieras deseado hacer por gusto. Es algo de lo que te arrepentiste, y eso me tranquiliza. Ya no eres un verdadero mortífago, eres espía de la Orden del Fénix, y estás aquí, ahora, por el cariño que sientes por la mamá de Harry, por el sacrifico que hizo ella. Tengo suficientes razones para darme cuenta que no hay nada que temer.

Severus se quedó mudo observándola. Su mirada era triste, cristalina y quería decir muchas cosas.

-¿Por qué eres tan buena?—Pudo decir luego de unos minutos.

-No es ser buena o mala, Severus. Yo te quiero… y es una razón suficiente para poder aceptar lo pasado. Sabes que nosotros no estaríamos aquí si tú hubieras tomado otro camino. No me habría enamorado de ti sabiendo que eras un mortífago, más bien te habría aborrecido.

-Es que esto es tan difícil… Nunca pensé que sería tan duro para mí decírtelo. Eres tan… ignorante en ese aspecto., porque no te puedes imaginar lo horrible que es recordarlo. ¡Yo un estúpido asesino, y tú me amas!

-Exactamente, Severus. Es el amor el que permite que la gente cambie, evolucione y supere los errores del pasado.

Severus asintió.

-Hay veces en que cuando estoy contigo, no puedo dejar de maldecirme, de pensar todo el tiempo en el daño que hice. Tengo la fortuna de poder tenerte conmigo… queriéndome, es algo difícil de creer y aceptar.

-No lo hagas más. Son cosas del pasado, y yo sé que nunca las volverías a hacer… Si no fuera lo suficientemente necesario. Y aunque tuvieras que volver a hacerlo, yo lo entenderé. Yo confiaré en ti cuando todo el resto del mundo no lo haga, te lo prometo.

Severus volvió a asentir, esta vez con pesar.

-¿Hay más?

-Sí, pero creo que por ahora es suficiente. No quiero hacerte llorar de nuevo, además no debí escoger esta ocasión para contarte todo, y para que terminaras llorando.

-Es la ocasión perfecta, no te preocupes por eso. Si hubiera sido un día de semana… las preguntas por mis ojos hinchados correrían a la velocidad de la luz

Severus asintió.

-Nada más por hoy. De verdad es suficiente, y no sé si pueda continuar.

Hermione se levantó y extendió su mano para que Severus se levantara. Lo abrazó estrechamente, reconfortándolo, queriendo consolarlo, hacerle olvidar todo lo malo que había venido a su mente durante esa noche. Ella tampoco dejaba de imaginarse las horribles cosas que Severus debió pasar, pero en su interior había un dejo de tranquilidad al saber que Severus se había atrevido a ser sincero. De pronto sintió que Severus la abrazó con un poco más de fuerza, su respiración estaba agitada y desigual: Probablemente estaba evitando a toda costa llorar. Sin importar si Severus quería que ella lo viera en ese estado o no, se separó de él y tomó su rostro entre sus manos. Sus ojos oscuros estaban más brillosos y algo enrojecidos, pero no había rastro de lágrimas, aunque su expresión era de evidente pena y temor.

-No puedo pedirte nada más en este momento. Estoy muy agradecida de lo que hiciste por mí, es la prueba de amor más valiosa que me puedes haber dado; tu confianza, significa un mundo para mí. No sé cómo te sientes en realidad, pero sea como sea… tienes que tranquilizarte, yo estoy aquí contigo, y si no puedes hacerlo… yo estoy aquí contigo, para acompañarte en este momento y en todos los que sean necesarios.

-Gracias, Hermione.

-Gracias a ti, Severus. Todo esto es maravilloso… gracias por demostrar todo lo que sientes. Sé que debe ser difícil, pero es una prueba de lo mucho que confías en mí—Acarició su mejilla—Y también por escucharme, por quererme, por ayudarme. No sabes todo lo que me has ayudado en este tiempo.

-No tienes ni que mencionarlo.

-Es necesario hacerlo. Si yo no te dijera estas cosas, tú no tendrías idea lo importante que eres para mí. Es mucho más de lo que te demuestro.

-No estoy muy acostumbrado a este tipo de cosas, no me gusta que la gente sepa lo que hago por ellos, el mismo caso de Potter. Me carga quedar como el bueno.

-Lo de Harry es una cosa muy distinta… y conmigo también. Cuando haces algo por alguien, lo haces a sabiendas… pero conmigo no. Me has ayudado mucho, me has dado fuerzas para continuar cuando las cosas salen mal, me has dado fuerza, sin saberlo, para luchar contra lo que está mal… el mismo caso de Ron, hoy…

-¿Qué pasó con Weasley?

-Desde que yo estoy contigo… he tratado de hacerle saber que ya no estoy interesada en él. Nuestra relación ha cambiado un poco, pues se volvió un poco insoportable por lo mismo. Después, vino que Harry y Ginny comenzaron a salir. En su tiempo libre suelen estar juntos, yo en mi tiempo libre me dedico a hacer mis cosas, que son muchas más que las podrían tener Harry y Ron, y también mi tiempo libre lo paso contigo. Ron por su parte, no tiene a alguien con quien estar, pues cada uno está por su lado, haciendo sus cosas… y… no sabes lo que me dolió cuando me lo dijo… Cuando me dijo que los tres estábamos distanciados… Nosotros somos mejores amigos, y yo nunca lo noté, sólo estaba empecinada en hacerle saber que yo ya no estaba interesada en él, pero sólo terminé distanciándolo de mí.

-Sí… es bastante injusto. Más aún si pasó todo tan rápido.

-Si no se me ocurre ir a buscarlo esta mañana, quizás cuánto tiempo habría pasado antes de haberme enterado. Lo encontré con Luna…

-Bueno. Tampoco es tan terrible, es cosa de hacer amistades en otra parte. Weasley no tiene problemas de sociabilización, con su reputación de Guardian puede conseguir amistades donde sea.

-Sí, pero quizás no es eso que necesita.

-Lo que él necesita es atención. Esa actitud es consecuencia de ser el menor de mil hermanos. La atención que no tiene en casa, la consigue con ustedes. Eso cambió y le afectó. Es todo. Seguramente comenzará a pasar más tiempo con Lovegood si ella le da la atención que necesita.

Hermione lo miró con cierto recelo, le costaba creer que los problemas de Ron eran simplemente por falta de atención. Pero en cierto modo, tenía sentido. Las crisis que Ron había tenido anteriormente eran precisamente por eso.

-Sí, puede que tengas razón.

Severus sonrió.

-Creo que ya me siento mejor. Necesitaba que alguien me escuchara, necesitaba decírtelo.

-Has hecho bien. Buen punto para empezar, ¿no crees?

-Así es.

-Creo que dedicaré más tiempo a ayudarlo, acompañarlo a sus entrenamientos de Quidditch… Tal vez lo haga con Luna, ella suele ir a verlos.

-Sí, creo que yo también lo iré a ver a sus entrenamientos de Quidditch—Bromeó Severus.

Hermione rió con ganas.

-Y le harás barra… y abuchearás al equipo de Slytherin diciendo que son unos cobardes que apestan.

-Sí, Granger, sueña…

-Hablando de soñar… tengo sueño, estoy un poco cansada.

-Deberíamos irnos. ¡Winky, Dobby!

Al instante, dos elfos domésticos aparecieron ante sus ojos.

-Díganos, señor, Profesor Snape. ¿Desea algo más?—Dijeron ambos dando una referencia.

-¡Señorita Granger, amiga de Harry Potter!—Exclamó Dobby.

-Hola, Dobby. ¿Cómo estás?—Preguntó animada.

-Estoy muy bien, señorita. Gracias por preguntar.

-Pueden llevarse todo esto—Dijo Severus—a menos que tú quieras algo más, ¿Hermione?

-No, no quiero nada más. Muchas gracias.

-Sí, llévense todo. Gracias Dobby, gracias Winky.

Los elfos hicieron una nueva reverencia, y en unos cuantos movimientos de manos, desaparecieron con las sillas, la mesa, con sus respectivos cubiertos y servicios. La luz plateada que iluminaba sus rostros se esfumó, y ambos quedaron bajo la luz de la luna nueva, las estrellas y en un silencio pulcro que sólo era alterado por los pájaros que rondaban por el lugar.

-¿Vamos?

Hermione dio un suspiro y negó con la cabeza.

-Quiero estar contigo… sólo un momento más.

-Concedido.

Se abrazaron nuevamente, esta vez a modo de transmitirse el uno al otro el cariño y el amor que sentían. La noche había sido bastante extraña, en un principio hermosa, después muy difícil de describir, triste, horrorosa. Había sido una noche que los marcaría, que sellaría el comienzo de una relación en base a la confianza, que les pondría muy duras pruebas, que los ayudaría a tomar decisiones que en el oscuro e incierto futuro estaban predispuestas. Se trataba de confiar el uno en el otro, a pesar de todo, y cumplir cada palabra pasara lo que pasara… Hermione ya tenía razones para hacerlo. Se encontraba más segura que nunca de que así sería.