Ni Victorious, o sus personajes me pertenecen. Son propiedad de Nickelodeon y Dan.
JADE POV
Baje la cabeza y suspire por un largo tiempo. — P-pues… espero que funcione. Que sea feliz. Que la haga feliz. — Mire Cat y sentí como mis ojos se aguaban, como me ardían. — Yo no lo hice.
Frunció el labio. — ¿No pelearas, Jade? ¿No la quieres de vuelta?
Enarque mis cejas, y chasquee mi lengua. — ¿Para qué hacerlo? ¿Para qué pelear por ella? Cat, Tori me odia con toda su alma y por más que quiera no puedo recuperarla. Su odio hacia mi es enorme.
Hizo un puchero. — ¿No lo intentaras aunque sea una vez?
— No. — Acomode mi maleta y me trague el llanto atorado. Mire hacia su casillero y allí estaba ella, guardando sus cosas común y corriente. — Y-ya está mejor sin mí, Cat.
Cat me abrazo con fuerza, y me quede inmóvil, incapaz de devolverle el abrazo. — Se cuánto la quieres, Jade y me pone triste verte así. — Suspiro. — No me llego a imaginar lo que debes estar sintiendo, lo lamento en verdad.
Sonreí levemente y exhale. — Estaré bien, Cat. Siempre lo estoy. — Mentí y la cogí de los hombros para alejarla de mí.
— Mientes. — Me informo con seriedad.
Apreté mi mandíbula. — Ya vámonos a clase, Cat. — Asintió desanimada y empezamos a caminar hacia el salón.
Las dos últimas horas se me hicieron eternas. Pero apenas escuche el timbre de salida, fui directamente hacia mi coche y me dirigí a casa.
Cuando llegue, bebí un vaso con agua y fui a sentarme en la banca que da hacia la playa. Saque mi paquete de cigarrillos y empecé con el primero.
Había dejado de fumar mientras estuve con ella. Quise hacerle caso por primera vez a alguien en mi vida y decidí dejarlo. Ella no me lo pidió, pero si me dijo que pensara en un futuro dejarlo por mi salud y esas cosas. Acepte sin más y me sentí bien. Pero ahora que hemos terminado, no veo una motivación para seguir dejándolo. Y eso me enoja ¿Saben? Me enoja que ella tenga que ser mi motivación para dejar un vicio tan estúpido como lo es el cigarrillo. Si antes quería dejar algo, lo hacía y ya. No tenía por qué tener una motivación, solo lo decidía y ya. Fin del asunto.
Pero ahora, ella se había convertido en mi razón para dejar el cigarrillo y eso me enojaba. No me enoja que ahora no dejo de fumar como una chimenea, me enoja que ella se haya convertido en la razón. En una estúpida razón. — Apreté mi puño izquierdo y me mordí el labio. — Me dejo, me olvido, y me dejo atrás como si nada. Yo la sigo necesitando más que a nadie, y ella… ella actúa totalmente lo opuesto. ¿Cómo lo hizo? ¿Cómo me olvido tan fácil? ¿Cómo me hizo sentir que me necesitaba y amaba más que a nadie y de un momento a otro, me dejo y olvido como si yo fuera nada para ella?
Afloje mi puño. — Tori Vega me hizo débil, me hizo una persona débil, y eso hace que me llene de ira todo el tiempo.
Suspire y jadee al sentir el olor del cigarrillo. — Ojala seas feliz, Tori. — Absorbí un poco más y fije la vista en el mar.
Pasaron algunas horas y yo seguí donde estaba, haciendo lo mismo. Me termine la caja entera, y decidí ir a comprar otra.
Antes de que pudiera salir, me llego un mensaje de mi hermano pidiéndome que lo recogiera en la casa de mi padre. Me informo que mamá tenía una reunión de última hora y que no sabía dónde estaba papá.
Voltee mis ojos y le respondí:
"Voy en camino"
Cogí mis llaves, mi chaqueta, y fui a mi auto. Antes de pasar por mi hermano, compre la caja de cigarrillos y un café.
Apague mi auto enfrente de la casa de mi padre, le envié un mensaje a mi hermano diciéndole que ya había llegado y espere.
Como la persona poco paciente que soy, me estrese a los pocos minutos y decidí entrar a la casa. — Niño mocoso, lento como siempre. — Saque mi llave y entre a la casa.
Wow, parece como si hubieran pasado siglos desde la última vez que estuve aquí. — Nicolás, no estoy de humor vámonos de una vez. — Espere por una respuesta y mire por todos lados.
Al no escuchar nada, me preocupe un poco. — ¿Niño? — Revise la cocina, y el cuarto de lavado. Cuando iba subir las escaleras, escuche un ruido que provenía del sótano. — ¿Mocoso estas ahí? — Pregunte curiosa y me apoye sobre la columna. Cuando no escuche nada, empecé a bajar las escaleras con gran lentitud y en silencio. Si era un ladrón el que estaba allí abajo, saldría de aquí muy golpeado. Las ganas de golpear a alguien a muerte estaban bastante alborotadas desde hace mucho.
Cuando iba coger la cerradura, mi hermano me hizo sobresaltar. — ¿Qué estás haciendo allá abajo? — Pregunto de repente.
Apreté mi mandíbula y voltee para mirarlo. — Pensé escuchar algo, y queria investigar. — Suspire cansada y voltee mis ojos. Definitivamente me estoy volviendo loca. — ¿Que estabas haciendo, tonto? Sabes que no tengo nada de paciencia, niño. — Subí las escaleras y lo mire con seriedad.
— Estaba escuchando música. Ya estoy listo. — Explico despreocupado y se encogió de hombros.
Suspire de nuevo. Niños. — Entonces vámonos. Hoy… no es mi día.
— Bajare mi maleta. — Mire la puerta del sótano por última vez y fui hacia la puerta principal.
— Vámonos. — Bajo con su perro en brazos y me sonrió.
Voltee mis ojos y abrí la puerta. Cuando íbamos a salir, vi a mi padre bajar de su auto expresando preocupación por todo su rostro.
— Perfecto. — Murmure de mala gana.
Cuando nos vio, corrió hacia nosotros. Se había vuelto pálido en cuestión de segundos. ¿Pero qué le pasa?
Se arrodillo y abrazo a mi hermano. — ¿Estas bien, hijo? ¿No pasó nada? ¿No vino nadie? ¿Estas bien? — Pregunto sumamente preocupado, mirándolo por todos lados.
— Uh, no. No tengo nada, papá. Estoy muy bien. Mira, Jade vino a recogerme. — Mi hermano le explico algo confundido y me miro preocupado. Me encogí de hombros y voltee mis ojos. Debe estar borracho.
— ¿Tu, hija, estas bien? ¿No pasó nada? — Me sorprendí de inmediato. ¿Hija? ¿Qué si estoy bien? ¿Mi padre preocupado?
Me cruce de brazos y lo mire con curiosidad. — Carlos, ¿Estas…fumado? O ¿Borracho? — Pregunte sorprendida, y muy pero muy confundida.
— Necesito que entren a la casa y llamen a la policía. — Pidió con urgencia y nos empezó a empujar hacia adentro.
Levante mi ceja y me detuve. — ¿Y cómo porque tengo que hacer eso? — ¿Se habrá vuelto loco?
— Solo háganlo, no hay tiempo para explicaciones. — Se enfadó y nos entró a la casa con gran rapidez.
Me irrite por completo. — Nicolás, Carlos esta borracho, dejémoslo solo. Vámonos a casa. — Explique fastidiada y fui hacia la puerta principal de nuevo. Cuando la abrí, mire a la estúpida de María caminar hacia aquí.
— Esto no podría ser peor. — Murmure sarcásticamente y exhale agotada.
Saco una pistola con rapidez y me apunto a la cabeza. — Adentro. — Pidió enfadada y señalo hacia la casa.
Levante mis manos y empece a retroceder. — Vaya, hable demasiado rápido, si pudo empeorar. — Cerro la puerta y fui directamente hacia donde estaba mi hermano. Dejo a su perro en el suelo asustado y me coloque enfrente de el en una manera sobreprotectora. — Carlos, ¡tu esposa se ha vuelto loca! — Grite enfurecida y mire a la loca con mucha seriedad.
Maria frunció el ceño confundida, y observo a mi padre que llegaba a la habitación donde estábamos. — ¡Suelta ese teléfono! — Pidió con urgencia y le apunto con el arma.
Mi padre dejo caer el teléfono en el suelo y levanto ambas manos. — Solo cálmate, María. Podemos arreglar esto civilizadamente.
— No, fíjate que no podemos arreglar esto civilizadamente. — Chasqueo la lengua y apretó la mandíbula. — Me hiciste quedar como una loca en frente de todo el mundo, y no solo eso… — Me apunto a mí y entrecerré mis ojos. — ¡Le diste todo a tu maldita familia!
— Deja que ellos se vayan, podemos arreglar esto nosotros dos. — Pidió de nuevo bastante serio y se acercó a nosotros.
— Sea lo que sea que tengas que hacer con este señor, hazlo, pero no te metas conmigo, y mucho menos con mi hermano. — A pesar de escuchar mi corazón a toda maquina en mi pecho, y sentir los horribles escalofríos recorrer todo mi cuerpo, pude hablar con mucha seguridad. No solo debía hacerlo para que no se aprovechara de mi miedo, tenia que darle seguridad a mi hermano.
— Tampoco puedo hacer eso, niña. Tu, y tu hermano son la razón del porque no tengo lo que quiero. — Se fue acercando a mi, con los ojos entrecerrados y el arma apuntando hacia mi pecho. — Son solo un obstáculo, un maldito y estúpido obstáculo.
Fruncí el ceño confundida y retrocedí algunos pasos. — No se de que estas hablando, loca.
— ¡Hasta tu madre es un maldito obstáculo! ¡Todos en tu familia son un maldito obstáculo! — Saco otra arma y nos apunto a ambos.
Me estaba sacando de mis casillas. ¿De que rayos estaba hablando? — ¡Mira ya basta! ¡No tengo ni la mínima de lo que estas hablando! — Mi hermano me sujeto de mi chaqueta y me susurro que me calmara. — ¡Pero sea lo que sea que tengas que hacer hazlo ya! — Se que tengo que estar calmada, o si no esta loca va a disparar, pero no soy una persona paciente.
— ¡Claro que lo voy hacer! ¡Pero primero necesito que ese señor haga algunas cosas por mi! — Grito enfurecida y saco unos papeles. Con el arma señalo hacia la mesa principal, y voto una pluma. — Firma todas las hojas, después podre matarlos con gusto. — Mi padre trago saliva y fue con calma hacia la mesa. Se sentó y suspiro antes de coger la pluma.
Mierda, esta loca de verdad va a matarnos. Tengo que hacer algo, tengo que ganar tiempo. — ¿Porque quieres matarnos? ¿Que carajos te hizo este señor? — Me importaba un bledo lo que mi dichoso padre hubiera hecho, pero necesitaba tiempo de alguna manera.
Me miro curiosa por un momento, pero después sonrió con malicia. — Esta bien, hablemos un rato. — Suspiro con profundidad y se fue acercando a mi.
Mi hermano me apretó con fuerza el brazo y alce mi mano, queriendo detenerla. Levanto su ceja y me apunto a la cabeza. — Pones a mi hermano nervioso, solo te pido que te quedes quieta, y que no me apuntes.
Soltó una risa pequeña y levanto el arma. — Niños, siempre tan inocentes y débiles. — Guardo un arma en su pantalón y con la otra señalo que fuéramos hacia el sofá. Con lentitud, llegue al sofá junto con mi hermano y nos sentamos. Ella fue a donde estaba mi padre y le toco la cabeza con el arma.
— Este señor, me embarazo y no quiere responder. Este señor, nunca se caso conmigo porque jamas se divorcio de tu estúpida madre. !Este señor me pidió que me fuera de la casa y que me quedaría sin nada! !Este señor, dejo todo a nombre tuyo y la empresa se la dejo a tu madre! — Estaba algo sorprendida por escuchar todo lo que la loca aquí presente estaba gritando, pero supuse que eran solo mentiras, así que actué des interesadamente.
— ¿Y... por eso es tu rabieta? — Pregunte en un tono aburrido y me acomode mejor en el sofá. Aproveche el momento y cruce mi pierna sobre la otra para mostrarle mi celular a mi hermano. ¡Gracias al cielo lo había puesto en mi bolsillo trasero!
— ¡No es ninguna rabieta! — Saco la otra arma y me apunto. Me puse seria y apreté mi mandíbula. — No me aguante a tu padre por muchos años para que ahora me salga con estas. Mi sacrificio tendrá un costo.
Mi padre se paralizo por un momento y cerro los ojos. Estaba nervioso, pálido, y podía notar que estaba sudando. Yo también estaría así si tuviera una loca maniática apuntándome con un arma en la cabeza.
Mi padre abrió los ojos y me miro con preocupación, lo mire suavemente y le hice entender que siguiera, que mi hermano y yo estábamos bien en cierta manera. La mire a ella. — Bueno... ¿Y... que mas hizo? — Pregunte con seriedad, cruzándome de brazos. Sentí los dedos de mi hermano en mi pantalón y me moví un poco para ayudarlo.
Entrecerró sus ojos y me miro con sospecha. — Mierda, no debí preguntar eso demasiado rápido. — ¿Porque tanto interés de repente en mi vida y en la de tu padre? Se que nos odias a ambos.
Carajo, me había pillado. Me aclare la garganta y suspire para fingir cansancio. — Pues si voy a morir, quiero saber las razones de porque la loca maniática me asesino. — Explique con pereza y mucho desinterés. Como amo mi vocación para actuar.
Apretó su mandíbula y miro a mi hermano. — Tu, mocoso, siéntate en el otro sofá.
Me puse a la defensiva, no podía tenerlo lejos de mi. — ¿Porque? ¿Que vas a hacer? — Me levante y apreté ambos puños.
Cargo el arma y me apunto de nuevo. — ¡Porque yo lo digo!
Me quede mirándola fijamente, sin moverme o decir algo. — Se que le estaba retando, y que no debería hacerlo, pero necesito a mi hermano al lado mio, no a unos pasos de mi.
Apretó su mandíbula y cargo el arma con la que estaba apuntando a mi padre. — Ahora. — Pidió con una mirada amenazante y supe que no tenia opción.
Suspire frustrada y mire a mi hermano. — Ve y siéntate allá, no hagas nada si yo no te lo digo. — El asintió con miedo y se sentó en el otro sofá.
Me senté de nuevo y me cruce de brazos. La mire con odio por unos segundos y ella me sonrió placenteramente. Chasquee la lengua. — ¿Me vas a decir o no? — Pregunte aburrida y trate de pensar en otra cosa para salir de esta. No iba morir hoy, y mucho menos permitir que mi hermano muriera en manos de la loca esta.
Suspiro. — Si, porque no. Tienes un buen punto. — Se sentó al lado de mi padre y en vez de apuntarme a mi, le apunto a mi hermano.
Me puse tensa de inmediato, y me entro el pánico. — No hagas eso, no le apuntes a el. — Pedí con seriedad, pero mi voz se quebró un poco a lo ultimo. No podía perderlo a el, ya había sufrido bastantes perdidas en lo que llevo de vida, y tener otra de esta magnitud me mataría.
Me sonrió con gran diversión. La maldita lo estaba disfrutando. — Es tan divertido como puedo tener el control sobre todos ustedes. — Explico satisfecha, y se levanto.
Note que a mi padre ya no le faltaban muchas hojas por firmar, lo había estado haciendo con mucha lentitud, pero como a todo, le llega su final. El sabe que cuando firme la ultima, sera el fin para nosotros. — Maldita sea, bonito día para entrar en la casa de mi padre. — Murmure molesta y apreté ambos puños.
La loca sonrió aun mas y se paro detrás de mi padre. — No lo creo, de todos modos si no hubieras venido, te hubiera ido a buscar para matarte.
Solté un bufido molesta y mire a mi hermano. Estaba algo asustado y había empezado a llorar en silencio. — Tranquilo. — Le hable con seguridad tratando de calmarlo, de darle confianza.
— Si, niño, tranquilo. Ya casi podrás estar en paz. — Soltó una pequeña risa y me guiño un ojo.
Mire a mi hermano y le sonreí un poco para que se calmara. El también me sonrió un poco y disimuladamente me mostró su celular. ¿Pero como...? ¿De donde...?
¡Claro!¡Este mocoso había aprovechado para sacar su celular cuando la loca lo mando al otro sofá! ¡Pero que niño tan inteligente! Después de todo no es tan bruto como pensé que era. Y me sorprende como no esta en pánico por la situación, es mas, lo esta manejando bastante bien a la edad que tiene. De otro, o ya se hubiera desmayado o ya hubiera empezado a llorar como loco. — Mire hacia el piso, tratando de ocultar la sonrisa de entusiasmo que había aparecido en mis labios. — Jamas pensé decir esto, pero estoy orgullosa de mi hermano el mocoso.
Cuando ella suspiro, la mire con seriedad. — Tu padre está firmando con gran lentitud estos papeles, se me está acabando la paciencia ¿Sabes? — Se acercó a su oído y coloco el arma en su mejilla. — Si no te apuras, matare a tu hijito querido primero. — Hizo mala cara y se separó de él.
De reojo podía ver que mi hermano estaba tecleando un mensaje. — ¡Necesito que sea rápido, solo faltan tres hojas más por firmar!
Me acerque a la mesa y cogí un pequeño huevo de porcelana que había. Ella me apunto con el arma y alce mis manos. — Solo quiero verlo, es todo. — Hable con suavidad, y con algo de inocencia también. Me sentí patética cuando hable de esa manera, pero es actuación después de todo.
Volteo los ojos y soltó un bufido. — Si, si, como sea. — Gruño irritada y se acercó a mi hermano. Le toco la cabeza con el arma, y miro hacia mi padre. — ¡Perdí la paciencia! ¡Muévete Carlos!
Me levante rápidamente y apreté el huevo en mis manos.
Mi padre firmo la penúltima hoja con rapidez, y llego a la última página.
Mi hermano se quedó paralizado, dejando caer el celular y cerrando sus ojos.
El aire comenzaba a faltarme, no llegaba, no aparecía. Me entro la desesperación, el miedo, y unas ganas tremendas de gritar.
El no, el no, no dispares, dispárame a mí, no a él. Por favor, el no, el no.
No puedo perderlo a él, no podría aguantar una perdida como esta. Ya había perdido a Rosita, no podía pasar por lo mismo, no otra vez.
No me repondría nunca, no estaría bien nunca, no podría seguir adelante. No ahora que he perdido a Tori, no ahora que más débil estoy, no ahora que más roto tengo el corazón.
— L-listo. Termine, María. — Se levantó con lentitud y acomodo los papeles. — Aquí están tus papeles.
Es el fin, moriré junto con mi hermano por culpa de esta loca. Adiós a todos.
Ella sonrió con gran entusiasmo, y cuando fue a coger los papeles, mi padre fue rápido y le cogió ambos brazos, moviendolos hacia arriba. Empezaron a forcejear y a ella se le disparo el arma tres veces. Por el estruendo, mi hermano reacciono y se coloco detrás mio. Lo protegí con mi cuerpo y estuve atenta a cada movimiento de ellos.
Pasaron varios segundos mas de forcejeo, y la loca lo piso con fuerza, después lo golpeo en la cara, se zafo del agarre y con gran rapidez le disparo en el estomago a Carlos.
Cuando lo vi en el suelo, por instinto, cubrí a mi hermano con mis brazos y no le permití ver. No quería que viera eso, no quería que quedara traumatizado de por vida.
— ¡No debiste a ver hecho eso! — Apunto de nuevo y le disparo en el pecho. Me quede hipnotizada viendo, encogiéndome cada vez que escuchaba un disparo. — Uno, dos, tres... — ¡Maldita sea, se trabo! — Grito enfurecida y con la palma de su mano empezó a golpear el arma. Se rindió al cabo de unos minutos y la voto al suelo. Cuando iba a sacar la otra, sin darme cuenta, mi hermano se zafó de mi agarre y corrió hacia ella.
— ¡No! — Grito a todo pulmón y la cogió del brazo para detenerla. Ella irritada, lo golpeo en la cara y después lo empujo. Cuando cayó al suelo, quedo inconsciente.
El golpe de adrenalina me llego en un abrir y cerrar de ojos.
Corrí hacia ella y la tumbe al piso con todas mis fuerzas. Forcejee tratando de quitarle el arma, pero la loca demostró tener más fuerza que yo. Poco a poco empezó a voltear el arma hacia mi cabeza y por cada centímetro que el arma se movía, mis manos empezaban a temblar y tuve miedo. Tuve miedo de morir.
El arma siguió moviéndose y sentía que el corazón se me iba salir del pecho. — Me está ganando, la loca me está ganando. Voy a morir por culpa de esta loca, voy a morir a manos de esta loca. — Me empecé a desesperar, y un miedo violento se estaba apoderando de mí.
— ¿Porque no te rindes? ¡No tienes nada porque vivir! — Estaba luchando con todas mis fuerzas para ganarle, para tener control sobre sus manos, pero la loca cada vez obtenía más control sobre mí.
Vamos, Jade, no vas a morir hoy. ¿Qué va a pasar con tu hermano? ¿Con tu mamá? ¿Con tus amigos? ¿Con... Tori?
Dios, ¿Que pasara con ellos? No quiero verlos sufrir, no quiero verlos llorar, y aunque Tori me odie quiero verla triunfar y todas esas estupideces.
Apreté mi mandíbula y con mi pierna derecha la golpee varias veces tratando de que perdiera un poco de fuerza.— Tengo mucho porque vivir.— Cuando vi mi oportunidad, me moví con rapidez y solté el arma. Escuche el disparo y caí al suelo.
Sentí algo extremadamente caliente y voluptuoso entrando en mi brazo. Un dolor insoportable apareció de inmediato — ¡Maldita sea! — Grite adolorida y me cogí el brazo. Mierda, esto sí que dolía.
De un momento a otro, la loca se subió encima de mí y con el arma me pego en la cabeza. Sentí tres golpes más en la cabeza y cuando me apunto con el arma, fui firme y me quede mirándola fijamente, aun con las ganas tremendas de quedar inconsciente. Cuando escuche el disparo, me quede inmóvil, me quede sin aire. Inmediatamente me confundí, cuando vi a Maria caer al suelo, votando el arma a un lado y empezando a sangrar desde la cabeza.
— No me disparo a mi, no me disparo a mi. No morí, no moriré. ¿Pero, entonces de donde provino el disparo?
Con un último esfuerzo, sintiendo que quedaría inconsciente en cualquier segundo, llegue a ver a mi padre borroso, medio sentado, con un arma en su mano. Vomito algo de sangre, dejo caer el arma y se desplomo en el piso.
Solté mi brazo, y todo se volvió negro a mí alrededor.
XxxxX
Suspire agotada y fui abriendo mis ojos con gran lentitud. Cuando lo hice, todos lo que había pasado fue llegando a mi cabeza con rapidez. — ¡Mi hermano! — Me sobresalte de inmediato y me senté. — ¿Dónde está mi hermano? — Pregunte alarmada.
— Tranquila, tranquila. Tu hermano está al otro lado, solo tiene un pequeño golpe, eso es todo. — La enfermera me informo de repente y me empujó hacia la cama de nuevo.
— Quiero verlo. — Pedí con seriedad y apreté mi mandíbula.
— El doctor ya viene, revisara algunas cosas y podrás ir con tu hermano. — Me explico con suavidad y me sonrió.
Suspire agotada y sentí un dolor enorme en la cabeza y en mi brazo.— ¿Cómo estoy? ¿Moriré? — Pregunte un poco bromista y cerré mis ojos. El dolor era insoportable.
— Te dieron unos golpes muy fuertes en la cabeza, tienes mucha suerte, Jade. — Explico suavemente y fue a ver las radiografías de un cráneo. Puedo suponer que ese es mi cráneo.
— La suerte nunca ha estado conmigo, señora. — Explique incrédula y gemí adolorida cuando trate de mover mi brazo.
— Pues entonces tienes un ángel de la guarda, o alguien pide mucho por ti.
— Si, si, como usted diga, señora. — Moví mi cuello hacia los lados y sentí ganas de vomitar. Cerré mis ojos y tome aire varias veces.
Cuando llego el doctor, me saludo con amabilidad y me reviso el brazo. Me explico que ya habían sacado la bala y suturado la herida. La enfermera le explico algo sobre lo que vio en las radiografías y me volteo a mirar. — Necesitaras usar un cabestrillo para tu brazo y te tendrán que cocer dos o tres puntos en tu frente. — Observo los papeles otra vez y exhalo. — Yo te veo bastante bien, Jade. Déjame decirte que tuviste bastante suerte, golpes como esos son muy peligrosos. — Me sonrió entusiasmado. — La enfermera aquí presente te ayudara con tu frente, a penas termine, podrás irte.
— Gracias, doctor. — Agradecí con desgane y le sonreí por educación. Cerré mis ojos y me masajeé el brazo con mucho cuidado. El doctor dijo algo más, pero no puse atención.
— Fuiste muy valiente al tratar de pelear con alguien armado. — Hablo la enfermera de pronto y abrí mis ojos con pereza.
Levante mi ceja. — ¿Cómo supo usted de eso?
Se encogió de hombros y empezó a colocarse sus guantes. — Digamos que se todo sobre mis pacientes.
Respire hondo y cerré mis ojos de nuevo. — No quería morir hoy, y mucho menos ver a mi hermano morir. El es joven todavía, merece vivir y todas esa cosas.
Escuche que se sentó en la silla y saco algunas cosas. — Si, puede ser. — La sentí más cerca y abrí mis ojos de nuevo. — Pero también es porque lo quieres, solo que no lo andas gritando por todos los pasillos. — Me quede callada y asentí despreocupada. Sisee de dolor cuando me limpio parte de mi frente con alcohol. — Respira hondo y cuenta hasta tres. Te colocare anestesia para que no te duela tanto.
Apreté mis puños y cerré mis ojos con fuerza. El dolor fue leve por la anestesia, pero de todos modos si me llego a doler un poco. — ¿Por qué no has preguntado por tu padre? — Pregunto algo nerviosa.
Me sentí algo mal, y me preocupe aun mas por mi hermano. — Murió ¿Verdad? — Recibió cuatro balazos en su pecho, las probabilidades de que sobreviviera no eran muchas. Su edad, la forma en que bebía y fumaba tampoco debieron a ver ayudado.
No abrí los ojos, y no escuche que dijera algo, pero con su silencio me respondió mi pregunta. — Yo no tenía una buena relación con él, no llegue a perdonarlo por todo lo que me hizo, pero aun así, me preocupa mi hermano, el si lo quería… y mucho.
Note que había terminado y sentí un gran alivio. — Tu hermano lo superara poco a poco, tiene una excelente hermana.
Sonreí un poco y abrí mis ojos. — Gracias, supongo. — Afloje mis puños y respire hondo.
La enfermera se acercó a mí de nuevo y me tapo la herida. — De todos modos, tu padre perdió su vida en manos de esa... loca. Te defendió a ti y a tu hermano, creo que ya pago por todo lo que sea que haya hecho ¿No crees?
Lo dude por un momento. — Mmm, creo que si.
Sonrió y se alejo de mi. — Listo, ya termine.
Me cambie rápidamente y la enfermera me ayudo a colocarme el cabestrillo. — Gracias.
— No es nada. — Anoto algunas cosas en su libreta y estiro su mano. — Fue un placer conocerte, Jade.
La estreche con amabilidad y le sonreí levemente. — Mmm, lo mismo.
Arranco una hoja y me la dio. — Quiero que vengas dentro de dos semanas para un chequeo.
Asentí. — De acuerdo. — Tome un vaso con agua, me arregle mi cabello, me despedí y salí en busca de mi hermano.
Cuando fui a preguntarle a una de las señoritas, vi a Beck abrazando a Cat en una de las sillas.
Me acerque a ellos. — Oigan, ¿Saben algo de mi hermano? — Fui directa y pregunte. Necesitaba saber si mi hermano estaba bien, necesitaba verlo.
Me voltearon a ver sorprendidos y se levantaron.
— ¡Jade! — Cat me abrazo con fuerza y después de unos segundos escuche como empezaba a llorar en mi cuello. — ¿Como me haces esto? ¡Porque me asustas de esa manera!
Voltee mis ojos y mire a Beck — No pasa nada, Cat. Estoy bien, estoy bien... — Explique suavemente y le di unas palmaditas en su espalda.
— Pensé que algo grave te había pasado, pensé que habías muerto, pensé... que te habías ido para siempre. — Explico entre lagrimas, abrazándome mas fuerte. Gemí un poco de dolor, pero aguante.
Beck se acerco a mi y también me abrazo. — Que susto nos pegaste, Jade. No vuelva hacer eso. — Suspiro aliviado y voltee mis ojos. Apoye mi cabeza sobre la de Beck, y le devolví el abrazo a Cat. — Estoy bien, no me paso nada grave, no tenían porque preocuparse de esa manera, tontos. — Pero que bobos, apuesto que se estaban muriendo de la preocupación.
Sentí la sonrisa de ambos y nos quedamos así por unos minutos.
— ¡Jade! — Escuche gritar a mi hermano y me separe de ellos un poco. Cuando lo mire, venia corriendo hacia a mi.
Suspire y me separe de ellos para recibirlo a el. — Ven acá, niño mocoso. — Lo rodee con mis brazos, y lo abrace como nunca lo había abrazado.
— ¿Estas bien? ¿No te paso nada grave? — Me pregunto preocupado y se separo de mi para verme a los ojos.
Asentí. — Uno que otro golpe. ¿Tu como estas, niño? ¿Algo grave?
Se ahogo entre lagrimas y suspiros. — E-estoy... bien. Mamá, esta hablando con ellos. — Lo revise por todos lados y suspire aliviada. Solo tenia ese golpe en la mejilla y el labio partido.
— Bien, me alegro, niño bobo. — Me abrazo de nuevo e hice lo mismo con mas fuerza.
Sentí tanto miedo a perder a este mocoso, tanto pero tanto miedo. Creí que me iba a dejar como todos lo hacen.
— Murió ¿Verdad? — Pregunto de repente y fije la vista en Cat y Beck. Ellos asintieron y me miraron con mucha preocupación. — Dime la verdad, Jade. No me mientas.
Suspire, y trague saliva. — Si. El... murió. — Si no se lo decía ya, tal vez nunca lo haría. Y no quiero que se llene de falsas esperanzas cuando no las debe de tener.
Rompió a llorar con fuerza en mi cuello. — Hey, estoy aquí, enano. Todo va a estar bien, vas a estar bien. Me tienes a mi, te voy a ayudar con esto ¿Ok? — Le consentí su espalda y me sentí mal por el.
Pocos minutos después, vi a mi madre acercarse a nosotros y nos abrazo a ambos. Me dio un beso en la frente y después a mi hermano. — Vamonos a casa. Necesitan descansar.
Mi madre alzo a mi hermano y lo abrazo con gran fuerza. Cat y Beck se fueron al lado mío.
La policía quiso interrogarnos, pero mi madre furiosa no se los permitió. Dijo que mañana podrían preguntarme de todo, y que por el momento nadie estaba disponible — Se lo agradezco en verdad, no quiero tener que jugar al juego de mil preguntas con los policías.
Cuando estaba subiéndome al auto, pensé ver a alguien, a alguien muy importante. A mi Tori. Pero supuse que me estaba engañando a mí misma de nuevo, así que aparte la vista y entre al auto.
El camino fue silencioso, y llegamos a la casa con gran rapidez. Mi madre acostó a mi hermano en la cama de ella y lo arropo.
Tome mi medicina para el dolor, y estuvimos hablando de ciertas cosas. Ellos querían saber como había pasado todo en concreto, y yo quería confirmar con mi madre las cosas que había escuchado hoy.
Efectivamente mis padres no estaban totalmente divorciados. Seguían casados legalmente, y por obvias razones mi madre seguía siendo la señora West. Mi mamá me explico, que era algo que habían acordado hace varios años atrás. El no confiaba, ni confiaría en ninguna otra mujer para casarse de nuevo y si mi madre quería ser libre en cierta manera, tenia que aceptar eso. Así que solo estaban separados de cuerpos, mas no legalmente.
Por otro lado, si es cierto que mi padre dejo todo a mi nombre, y que ahora mi madre se hará cargo de toda la empresa. Lo raro es que mi mamá hasta esta mañana se entero de eso, ella no sabia nada de ello hasta que su secretaria le entrego algunos papeles por la mañana.
Y por ultimo, la loca maniática de Maria si estaba embarazada. Pero que era imposible que fuera de mi padre ya que el se había hecho una*vasectomía hace año y medio atrás.
En conclusión, todo lo que la loca grito a los cuatro vientos era verdad, y por eso estaba tan enojada y llena de ganas de querer matarnos a todos.
A media noche, nos despedimos de Beck. Cat había decidido quedarse conmigo.
Beck me abrazo con fuerza por varios minutos, le dio un beso a Cat y se despidió de mi madre.
Fui a mi cuarto, me cambie y entre en mi cama. Cat me abrazo de nuevo antes de quedarse dormida, y me dijo que nunca la volviera asustar de esa manera.
Voltee mis ojos y me recosté con mucho cuidado. Suspire cansada y mire hacia el techo. — Pero que día.
Escuche algunos golpes en mi puerta. — Hija, ¿estas despierta?
— Si. — Me senté cuidadosamente y mire a mi madre. — ¿Que pasa?
Se sentó al lado mio y dejo dos sobres en mi mesa de noche. — Lamento mucho que hayas tenido que pasar por todo eso hoy. Esa mujer estaba loca.
— Ni que lo digas. Estaba loca de remate. — Acomode mi almohada y suspire.
Me dio un beso en mi cabeza y me abrazo con fuerza. Escuche como empezaba a sollozar. — Los dos me asustaron terriblemente, pensé que había perdido a mis hijos.
Sonreí levemente. — No pasa nada, mamá. Ya estamos bien. — No acostumbro dejar que mi madre me abrace, pero se que ella debió a ver sufrido demasiado hoy.
— Que niños, les encanta hacerme preocupar. — Informo un poco divertida y se sobo la nariz.
Me reí un poco. — Lo lamento.
Me abrazo por unos minutos mas y se separo. Cogió los dos sobre y me los dio. — Esto llego a mi oficina esta mañana, es de tu padre y es para ti.
Fruncí el ceño, y cogí ambos sobres. Abrí el mas pequeño y al sentir lo que había tocado, me emocione grandemente. La saque con rapidez y la mire fijamente. — Es... es la pulsera que Rosita me dio cuando era pequeña. La que Carlos me quito.
Lo dejare hasta ahí, el martes nos vemos con el próximo capitulo.
Respecto a lo que paso al final, creo que era necesario que eso volviera a manos de Jade, un poco de felicidad no le caería mal en estos momentos ¿No creen?
Y para los que no saben. *Vasectomia es: Esterilización masculina que previene el embarazo.
Contestare Reviews el martes n,n lml
Nos vemos el martes, mis queridos lectores :p
