Holaaaa! Estoy haciendo los deberes bastante rápido ¿no creen? Primero que nada quiero darle las gracias a todos los que siguen fielmente esta historia, especialmente a aquellos que se toman un tiempito para dejar su comentario y palabras de aliento. Aunque muchas veces se me dificulta contestar uno por uno, quiero que sepan que leo cada palabra que me escriben y les estoy muuuy pero muy agradecida por ello. Los quiero! Espero que disfruten este capítulo y no me maten por el final, ya estoy trabajando en el próximo! Muuuáaaa!

CAPÍTULO 25 - KAKUZU

Un nuevo día había llegado y Naruto ya estaba lo suficientemente frustrado como para poder controlarse y aparentar que todo estaba bien. En ese momento tan duro para él, su único cable a tierra, lo único que lo tranquilizaba era Hinata y cada vez que podía procuraba estar con ella, por eso aprovechaba cada segundo que tenían en la secundaria para abrazarla y estar a su lado.

Caminaba sumido en sus pensamientos con la Hyuga de la mano rumbo al salón de clases cuando uno de sus amigos hizo acto de presencia. – Oye Naruto. ¿Cómo sigue Saku?

El rubio se tensó, cosa que claramente percibió su novia. – Es verdad – intervino Kiba abrazando a la pareja por la espalda. – Se extrañan las peleas de esos dos. ¿No saben cuándo vuelven?

Namilaze negó con la cabeza. – Es raro que justo ellos dos sean los enfermos, cualquiera empezaría a sospechar – intervino cierto pelirrojo, haciendo que apretara con fuerza su puño libre.

– ¿Cómo puedes decir eso tonto? De Sasuke lo creería pero ¿Sakura? Vamos, ella no es así – regañó Shikamaru que era el primero que había preguntado por la chica. – Además, es fácil que entre novios se contagien un resfriado por la cercanía que evidentemente tienen.

– Solo bromeaba. ¿Por qué no los visitamos?

– ¡¿Qué?! No hablas enserio ¿cierto? – inquirió el amante de los perros exaltado. – ¿Acaso quieres que te contagien?

– Es verdad – suspiró Gaara. – Aunque si eso implicara faltar a clases por una semana…

– Ya cállate idiota ¿qué te traes? Esos comentarios no son propios de ti.

– Wo… Tranquilo Shika – se carcajeó. – Quien sabe… – suspiró restándole importancia. – Quizá ya sea mi hora.

Los chicos lo miraron sospechosos. – ¿Acaso tú… – comenzó Kiba – estás saliendo con alguien?

– Ella estará bien – interrumpió frío el chico de ojos celestes. – Los dos – agregó. – Pronto volverán a clases.

– Naruto – susurró Hinata triste por la fortaleza de éste, observándolo atenta antes de ser rápidamente arrastrada por él dejándolos a todos de piedra, pensando en que evidentemente estaba pasando algo que no querían decirles.

Entraron al salón de clases que aún estaba vacío, ya una vez solos él se volvió hacia la chica. – Hina por favor, abrázame, abrázame fuerte – pidió lanzándose hacia ella, no había terminado de pronunciar aquellas palabras cuando ya se encontraban completamente unidos, aferrados al otro con fuerza. – Lo necesito, abrázame o me romperé, si es que no mato a alguien.

Sus palabras le destrozaban el corazón, verlo tan devastado le dolía, dolía mucho saber de su impotencia y la incertidumbre de que los chicos pudieran no volver jamás, no, no quería ni siquiera pensar en esa posibilidad. Por si fuera poco, estaba el hecho de tener que lidiar con la secundaria y mentirle a todos sus amigos o tener que aguantar algún comentario indebido.

– Ellos estarán bien, yo lo sé, son fuertes y pronto los encontrarán – intentó animar.

– Tienes razón – dijo separándose lentamente para mirarla a los ojos. – Esos dos son fuertes, no tengo por qué temer – se intentó convencer. Ella le asintió en respuesta, él besó tiernamente sus labios antes de decirle dulcemente y con todo el amor del mundo un "gracias" cargado con los más sinceros sentimientos. – Te amo.

– Te amo – correspondió antes de que juntos se dirigieran a sus lugares para tomar la clase que empezaría en unos minutos.

Los estudiantes comenzaron a entrar al aula, entre ellos una muy triste Ino que miró rápidamente expectante a su mejor amiga pero recibió como respuesta un gesto negativo con su cabeza, dándole a entender así que no había novedades. La rubia no se veía tan seguido con Sai y por eso la pelinegra por momentos se volvía su única fuente de información. El chico se había centrado en la misión y aprovechaba las horas en la secundaria para espiar a los Anbus que seguían asistiendo o se saltaba clases para salir del instituto por algo puntual, incluso faltaba, ese día por ejemplo, al igual que el anterior, se encontraba ausente porque había viajado a Suna por una información aislada de la organización de la nube roja que había recibido.

– Hina…

– ¿Sí? – Se encontraban en ese momento en el descanso del medio día, a la sombra de un árbol en el patio de la secundaria.

– Sé cuán difícil es esto para ti, gracias por no huir.

– Mn – negó la chica entre sus brazos. – Lo es aún más para ti y no huyes ¿cómo crees que podría abandonarte? – dijo volviéndose hacia él que le sonreía dulce con dolor reflejado en el rostro.

– Vamos, vayamos a clases – impulsó poniéndose de pie y extendiéndole la mano.

Comenzaron a acercarse al edificio principal donde estaban todas las aulas, pero antes de que pudieran hacerlo sus amigos les bloquearon el camino. – ¿Y bien? – inquirió Nara cruzado de brazos con mirada desafiante – ¿Nos van a decir que pasa o van a seguir mintiendo?

– También son nuestros amigos – apoyó Choji que extrañamente no estaba comiendo.

– Chicos – tomó aire – no les mentimos, Sakura y Sasuke están enfermos.

– Sí claro, ¿crees que somos tontos Hinata? – atacó Gaara. – Tú e Ino nunca están tanto tiempo separadas por más que tengan novios y Naruto…

– ¿Desde cuándo te volviste un parásito depresivo? – Terminó Kiba. – Ya no se reúnen con nosotros, están todo el tiempo apartados y tristes desde que volvieron a clases luego del fin de semana – enumeró.

– Creo que merecemos saber lo que les pasó ¿no se trata de un simple resfriado cierto? – preguntó Shikamaru.

El rubio lo miró decidido y serio. – No – contestó con los puños apretados, era verdad, ellos también eran sus amigos.

– Vamos Naruto ¿por qué no les dices la verdad? – incitó una molesta y burlona voz, lo que menos necesitaba el chico en esos momentos: a Kakuzu para hacerle perder los pocos estribos que le quedaban.

– ¿Tú qué te metes? – preguntó enojado el pelirrojo.

– ¿Qué puede saber este infeliz? – se burló Inuzuka.

– ¿Yo? – se carcajeó. – Sé mucho – dijo frío, regodeándose del dolor del rubio que seguía estático en el mismo lugar.

– ¿Por qué sabrías algo? – cuestionó Nara.

– Sé, porque… – se acercó al joven agente hasta quedar a escasos centímetros frente suyo y le susurró al oído – …últimamente me he estado divirtiendo mucho con ella.

Naruto abrió los ojos como platos, su corazón palpitó fuerte una vez haciendo que por sus venas la sangre corriera como ácido quemándole cada parte de su cuerpo. Se estaba transformando por la furia, en ese momento dejó de pensar. Saltó hacia él como si hubiera sido poseído por algún demonio con la mirada enrojecida por la ira.

Un piñazo directo al pómulo izquierdo del pelinegro lo hizo caer de espaldas en el césped, pero no pudo pararse, al agente enseguida se puso encima y lo tomó por el cuello de la camisa del uniforme antes de golpearlo nuevamente, el pelinegro comenzó a sangrar. – ¿Qué dices infeliz? – incitó. – Repítelo.

Sus amigos quedaron petrificados al igual que Hinata, mientras a su alrededor los curiosos comenzaban a acercarse.

– Lo que oyes – comenzó entre jadeos – sabes bien que florcita no está resfriada. – Lo miró con malicia – ella está perfectamente…

– Maldito – no lo dejó terminar. – Te mataré.

– ¡Naruto!

– ¡Naruto ya basta! – intentaban frenarlo.

– ¡Para! ¡Lo vas a matar!

Pero el chico no escuchaba, sentía que querían apartarlo, pero al parecer no podían, en su cabeza solo estaba la imagen de su hermanita siendo acosada por el miserable de Kakuzu y lo mataría por haberle hecho daño. Solo estaba movido por la furia y no lo soltaría, estaba canalizando su angustia, dolor e impotencia ahí, para él en ese momento el pelinegro era la representación de todo Akatsuki.

El Anbu se carcajeó y continuó hablando como podía – bueno, no perfectamente. – Volvió a reír.

– Infeliz – vociferó. – ¡¿Dónde está?! – gritó dándole la cabeza contra el suelo al tiempo que sentía que unos fuertes brazos lo tomaban desde atrás enrollándose por debajo de sus hombros y rodeándolos para inmovilizar los suyos y lo levantaban hacia arriba. – ¡Suéltame! – gritó sin saber a quién le hablaba, pataleando para volver a alcanzar a su víctima.

– ¡Namikaze! ¡¿Qué significa esto?! – dijo firme la voz. – Tranquilízate – le pidió por lo bajo Kakashi. – Vamos, el espectáculo terminó, vayan a sus clases – ordenó al resto de los estudiantes. – Ustedes – agregó refiriéndose a Shikamaru y Gaara – llévenlo a la enfermería – señaló con la cabeza al pelinegro que seguía en el suelo. – Señorita – se dirigió a Temari que había aparecido en escena – por favor acompañe a Hyuga, está muy angustiada por la pelea con su novio. – La rubia asintió, ambos sabían que podría tratarse de una distracción, así que debía custodiar a Hinata.

– Naruto por Dios, cálmate – pidió ya dentro de la sala de profesores que estaba vacía porque era hora de clases.

– Kakashi él es uno de ellos, tiene a Sakura – dijo aterrado.

La cara del peliplata se transformó en una de espanto pues sabía algo de la historia que habían tenido con ese problemático chico. – Tranquilo, hablaré a la base para que le asignen un agente para seguirlo continuamente.

– Yo quiero hacerlo – dijo firme.

– Tú lo matarás antes de que te lleve a algún lado.

El chico se quedó callado. – No entiendo por qué lo hizo. – El hombre lo miró con duda. – ¿Por qué se puso en evidencia? – levantó la mirada a su superior.

En ese momento Hatake lo comprendió – te estaba probando – concluyó.

– ¿Crees que Sa…?

– No, pero es probable que lo sospechara por su cercanía.

– Aún así no tiene sentido, solo consiguió que lo golpeara.

El hombre negó con la cabeza. – Despejó sus dudas de qué tan al tanto de todo estás.

– Creo que aún así sale perdiendo.

– ¿Lo crees? Sabes lo peligroso que es que conozcan una identidad, familia, amigos, ya nada estará a salvo si te descubren.

– No puede ser – dijo para sí, llegando a algún lado en sus pensamientos.

El hombre lo miró curioso – ¿qué…?

– ¿Cómo no lo vimos antes? Danzo, el padre de Kakuzu – Kakashi lo miró expectante, dándole pie para que continuara a dónde quería llegar. – Él era el alcalde cuando yo tenía diez años, es un poderoso político con influencias por todas partes y siempre fue blanco de investigaciones por corrupción y trabajos ilícitos.

– Muy bien, vamos – ordenó tomando su chaqueta y saliendo del lugar. – Shino necesito que busques todas las direcciones que tiene a su nombre el ex alcalde de Konhoja de hace seis años: Danzo… – titubeó – ¿Sabes su apellido?

El rubio negó con la cabeza. – Lo tengo – se escuchó al otro lado de la línea. – Danzo Shimura.

– De acuerdo, vamos para la base, convoca una reunión, necesitamos reorganizarnos. Preciso que envíen a alguien a que siga todo el tiempo a su hijo, ahora está en la enfermería de la secundaria. – El nerd se extrañó ante aquello, pero sabía que cuando se trataba de Hatake no serviría de nada preguntar. Y él se encargó de confirmarle ese hecho al colgarle el teléfono. – Aguarda un momento.

– ¿Qué?

– Debo darle mis excusas al director.

El adolescente asintió – le enviaré un mensaje a Hinata. "Hola princesa, no te preocupes todo está bien. Más tarde te llamo" escribió.

– Zorro – llamó Kakashi por el intercomunicador una vez que estuvieron cada cual en su respectivo vehículo – hay algo que no te he dicho.

– Adelante – alentó serio.

– Enviaron una foto como prueba de que Sasuke continúa con vida. – Naruto tragó grueso. – El panorama no es bueno – continuó – su estado es lamentable. – La mirada del chico se ensombreció y pisó el acelerador al máximo.

– ¿Temari se quedó con Hinata? – preguntaba el adolescente a su capitán cuando ya estaban en la base.

– Así es, aunque creo que le hubiera gustado acompañarte en la pelea de hoy. Vamos, debemos informar a Suna de lo sucedido con Kakuzu y de la probable implicancia de su padre en Akatsuki – apuró dirigiéndose a la oficina de Hashirama.

Se convocó rápidamente una reunión en la sala de juntas con comunicación directa a través de internet donde mediante un monitor podían ver al Jefe de la Organización del Desierto a la que pertenecía Sai.

– ¿Qué novedades tenemos? – Preguntaba un hombre robusto que se hacía llamar Killer B.

– Kakuzu Shimura, hijo de Danzo, provocó al joven Namikaze alegando haber estado con nuestra agente secuestrada por Akatsuki, la señorita Sakura Haruno – explicó el cabeza de la Hoja.

– Danzo – escupió B con desprecio.

– ¿Lo conoce? – preguntó Hatake extrañado.

– Por supuesto, él era uno de los nuestros; sabe cómo trabajamos, fue maestro de varios de los agentes que tenemos, incluso del joven Sai Kimura, su mejor estudiante. Ahora no me extraña por qué la nube roja ha evadido casi todas nuestras intervenciones.

– Es solo una posibilidad, pero creemos que está implicado. ¿Tienen alguna información de él que nos pueda servir?

– Seguro, enviaré todo con Kimura. Lo que precisen o lo que quieran saber háblenlo con él, lo conoce bien.

– De acuerdo – asintió Senju cortando la comunicación. – Muy bien, andando. Nohara – llamó por intercomunicador.

– ¿Sí señor?

– Ubícame inmediatamente todas las direcciones y propiedades que se encuentren a nombre de Danzo Shimura y ve si hay alguna coincidencia con las de Akatsuki.

– Enseguida – obedeció.

– Ahora solo queda esperar al chico de Suna, tómense un descanso. Presiento que pronto entraremos en acción.

Se encontraban nuevamente en la cámara de tortura, y es que habían descubierto que el chico era el punto débil de la pelirrosa y quizá amenazándolo a él podrían obtener la información que querían.

Un fuerte golpe en la boca del estómago lo hizo escupir sangre. – ¡Sasuke ya basta! ¡Cállate! – pidió su novia al escuchar cómo el azabache desafiaba a los Anbu; ella estaba colgada de las cadenas como la vez anterior, a diferencia del pelinegro que se hallaba encadenado de brazos abiertos al otro lado de la habitación, frente a ella.

Además de ellos se encontraban Kisame, Hidán, Kakuzu y un tipo que no habían visto antes al que llamaban Zetsu. – ¿Aún recuerdas el sonido de tu piel abriéndose? – preguntó muy cerca de ella el hombre con tatuaje de tiburón. – Pues yo no he podido olvidarlo. – Ambos chicos se estremecieron al verlo dirigirse a la pared y tomar lentamente el látigo. Mas no volvió hacia dónde estaba la chica, sino hacia el lado en que estaba su novio. – ¿Qué tanto crees que aguante él? – Le preguntó con malicia al tiempo que sus compañeros rajaban su remera.

– No – sollozó. – Por favor – suplicó.

– ¿Hablarás?

Silencio...

Los segundos de silencio fueron sustituidos por ese horrible ruido del cuero rajando todo a su paso: el aire y la piel del chico, y un profundo quejido de dolor. Seguido de otro. – ¡Ya basta! – gritó la pelirrosa. Y otro. – Por favor, paren. Por favor… – suplicaba entre sollozos cerrando fuertemente los ojos.

– Míralo – dijo firme Kakuzu agarrando su mentón y forzándola a mirarlo. – Esto es tú culpa, sabes que no aguantará demasiado ¿cierto? Que si continuamos entrará en shock.

– Malditos – siseó Sasuke. – Sakura no les hagas caso, no les digas nada. – Un golpe de puño logró silenciarlo.

– ¡Quiero nombres! – gritó el pelinegro. – El condenado Namikaze es uno de ustedes ¿cierto?

– No, Naruto no… – jadeó, pero no pudo continuar.

– ¿Cuántos agentes más hay en el instituto? ¡Habla! – la golpeó fuerte en la cara.

– Tranquilo Kaku, solo es una niña – dijo Zetsu acercándosele un poco. – Debes tratarla con cariño – agregó, a lo que el pelinegro enseguida entendió la indirecta.

Sonrió de lado – tienes razón. Lo siento florcita – se disculpó falsamente acariciando su mejilla. – ¿Qué sucede? Estás temblando… ¡Oh! – fingió caer en la cuenta de algo. – Esta es tu primera vez ¿cierto?

Haruno abrió los ojos como platos. – No… – se escapó de su boca.

– ¡No la toques! – gritó su novio espantado, desesperado. – No te atrevas a ponerle tus sucias manos encima.

Pero en respuesta el agresor de la agente se volteó a verlo y le sonrió. – No te imaginas las noches que soñé con hacerla mía y envestirla una y otra vez hasta hacerla perder el conocimiento. – Se colocó detrás de ella y comenzó a acariciar su cuerpo haciéndola estremecer del asco y el miedo. El pelinegro pasó una mano desde su nuca hasta la parte más baja de su columna vertebral mientras sus compañeros reían. Lágrimas comenzaron a derramarse de los ojos jades, ahora opacados por el cúmulo de sentimientos y sensaciones negativas. – Es una lástima que no hayas podido desvirgarla Uchiha, creo que yo no podré ser muy delicado, llevo mucho tiempo aguantándome – aclaró. – Creo que hubiera sufrido menos si hubiera estado con alguien antes, porque estoy seguro de que florcita sigue entera – agregó sonriendo para luego morder el lóbulo de su oreja. – De todos modos, confórmate con mirar, no te haces una idea las veces que te imaginé sufriendo por verme a mí con ella, tal y como hacía yo cada vez que los veía besarse – terminó, dando vuelta su cara para poseer su boca descaradamente, la chica dio vuelta la cara con asco, intentando tomar aire que por causa de la angustia y el beso demandante le comenzaba a faltar. Kakuzu comenzó a acariciar su vientre para que el chico viera por donde pasaban sus manos. – Apuesto a que quisiste mil veces estar en mi situación ¿no es así?

El resto de los hombres comenzó a reír ante la escena. – Son patéticos – se burló el Uchiha prácticamente sostenido por las cadenas, provocando que todas las miradas se centraran en él. – Cuarto mafiosos de pacotilla agrediendo a una niña que no puede defenderse. Jajajaja… – comenzó a reírse. – No podrían con ella si estuviera sin esas cadenas ¿cierto? – rió nuevamente. – No me extraña que hayan terminado en esta cueva de mala muerte, de seguro no sirven para otra cosa. No – se retractó – mejor aún, no sabían cómo deshacerse de los parásitos y por eso los envían aquí.

Un fuerte alarido de dolor irrumpe en la habitación, Kisame, ya arto de sus burlas, golpeó fuertemente su pierna con una barra que había tomado en el momento al punto de fracturarla.

Aquello la hizo reaccionar, era ahora o nunca, todo el miedo o la duda que había sentido se fue por la borda al escuchar el dolor de su amado, la adrenalina la invadió y rápidamente entró en acción. Saltó agarrándose de las cadenas y giró en el aire para con las piernas rodear el cuello de Kakuzu hasta dormirlo. Logró soltar las esposas del encadenamiento y caer ágilmente sobre las dos piernas en el suelo aún con los hierros en sus muñecas, preparada para seguir luchando. Siente un pinchazo causado por un dardo con somnífero en el muslo pero lo ignora. Se preparó para escapar y se había inyectado el antídoto, de modo que por unas horas aquella droga no tendría efecto en ella, lo mismo pasaba con Sasuke.

Al momento en que se abrían las puertas de la prisión en donde estaban cuando iban a buscarlos, la pelirrosa había inyectado una cápsula de antídoto en su compañero de celda tomándolo por sorpresa. – Vinieron antes de lo que esperaba, saldremos de aquí, esto es solo un antídoto contra el somnífero que utilizan – aclaró en secreto, a lo que el chico simplemente se limitó a asentir.

Corrió hacia el que le había disparado y lo noqueó fácilmente de un golpe, le sacó el arma con tranquilizantes y le apuntó a Hidan; el hombre cayó inconsciente al instante. Giró sobre sí hasta llegar a Sasuke para impedir que el Akatsuki que lo había quebrado pudiera hacerle más daño.

Una fuerte lucha de piñas y patadas comenzó, Kisame era fuerte, demasiado, y no por su tamaño era menos rápido, así que Jade tuvo que hacer uso de toda su destreza y aplicar todo lo que había aprendido con Jiraiya y lo que había entrenado con Naruto e Itachi. El cansancio y la debilidad que había adquirido en los últimos días comenzaban a hacer estragos en su cuerpo, estaba muy golpeada y le costaba mantenerse de pie, además también pensaba en su novio que de momento a otro entraría en estado de shock a causa del dolor, estaba perdiendo mucha sangre y necesitaba un médico lo antes posible. El Anbu la tomó del pelo y comenzó a jalarla hacia arriba, no había tiempo, debía actuar rápido y salir de ahí antes de que llegaran refuerzos y eso fuera imposible. No lo dudó, alcanzó un instrumento cortante, parecido a una navaja pero más grande y fino que se había caído de la pared en donde estaban todos los materiales de tortura, y cortó su cabello debajo del agarre de aquel hombre para liberarse. Pero no perdió el tiempo y antes de que pudiera reaccionar giró sobre sus talones, estando aún agachada y lo apuñaló en la pierna. Corrió hacia su novio. – Tranquilo, vas a estar bien – le susurró al momento en que le daba un beso. Corrió a tomar otra recarga de tranquilizante y se la disparó a Kisame para inmovilizarlo. Se quitó velozmente las esposas y liberó al chico para luego ayudarlo a esconder – procura no hacer ruido, toma. Si alguien te descubre no dudes en disparar.

– Pero…

– Volveré, no me tardo. – Volvió a besarlo y rápidamente buscó las llaves de las celdas. Cuando las encontró las tomó y comenzó a correr lo más rápido que pudo para liberar a Suigetsu. Cuando la vio, la cara de sorpresa en él no se hizo esperar.

– No lo puedo creer – susurró. Largó una carcajada – ¡eres mi heroína! – La tomó por los hombros y la besó en la mejilla. – ¡Soy libre! – gritó.

– Necesito tu ayuda, no podré sola con Sasuke. – El ex prisionero frenó en seco y la observó serio. – No puedes estar hablando enserio. – El silencio fue suficiente para refutar su teoría. – Lo siento, ya cumplí con mi parte.

– ¡Te liberé! – le gritó la chica al ver que comenzaba a caminar hacia la salida.

– Y yo les conté de las salidas.

– No podremos hacerlo sin tu ayuda, pude no haber venido por ti.

– De acuerdo, iré contigo y les enseñaré el camino, pero irán solos. – Al ver su cara casi de incredulidad agregó: – no esperes que vaya a su ritmo, yo me largo lo antes posible, no quiero arriesgarme a que me atrapen de nuevo.

– Está bien, con que me ayudes a no perderme será suficiente. Regresaron a donde estaba el Uchiha – Sasuke, Sasuke soy yo – llamó al ver que estaba por entrar en estado de shock. – Concéntrate, tenemos que salir de aquí ¿sí? Necesito que me ayudes – agregó pasando el brazo del chico por encima de su hombro y con su mano lo ayudó a levantar abrazándolo por la cintura. – Bien, así es – alentó – un paso a la vez.

– Deben seguir por este pasillo hasta que vean una abertura del tamaño de una puerta a la izquierda, no se metan por ahí, va directo a sus habitaciones. Frente a ésta hay un hueco, mete la mano y jala la palanca que hay dentro, te abrirá una puerta trampa al lado de la puerta más grande. Tomen ese camino y sigan derecho hasta el final, cuando se termine doblen a la derecha, cuando hayan caminado unos cuantos metros se abrirán dos caminos, deben tomar el de la izquierda, al final hay una puerta que los guía hacia el exterior. En caso de que cuando lleguen a la puerta trampa aún esté abierta porque pasé yo, deben saber que es la que está primero yendo desde aquí; si no te das cuenta solo ciérrala y ábrela nuevamente para asegurarte. Suerte – dijo antes de comenzar a correr.

Un fuerte estruendo y un temblor en todo el lugar los hizo reaccionar y aceleraron el paso lo más que pudieron hacia la salida. Cuando llegaron a la puerta trampa se percataron de la abundante cantidad de humo que iba hacia ellos. La agente recostó a su novio contra la pared un momento y se agachó para buscar la palanca que les abriría la puerta hacia su libertad.

– Sakura vete, es imposible, ya no puedo caminar más. – El chico respiraba con dificultad, estaba sumamente agitado. – No podrás arrastrarme hasta el final.

– Escúchame bien Uchiha ¿Crees que he pasado por tanto para rendirme ahora? ¿Te rendirás ahora que ya casi somos libres? Por favor, solo un poco más – suplicó con las manos en sus mejillas antes de besarlo. – No puedes dejarme sola.

Él asintió y con gran esfuerzo, se colocó en posición para seguir adelante, un nuevo temblor los hizo detenerse. Llegaron al final del camino y doblaron a la derecha pero un fuerte estruendo los hizo caer. – No puede ser – dijo Haruno de rodillas, rendida al ver como el techo de la cueva se había derrumbado y bloqueaba el camino que llevaba a la salida. ¿Acaso su final sería ese? No, no podía permitírselo, no podían terminar así. Toda su vida comenzó a pasar frente a ella como una película, el efímero recuerdo de sus padres, los cuidados y el amor de sus tíos, sus amigos, sus compañeros, sus maestros de la academia, su adorado e hiperactivo hermano rubio, su otro buen amigo Itachi y finalmente su gran amor, aquel que había estado en su corazón desde que tenía memoria, ese amor que desde niños nunca había muerto, ese amor que moriría con ella a causa de su necedad y su incompetencia… No, Sasuke no podría morir allí, ella no se quedaría de brazos cruzados. Se puso de pie – vamos – ordenó.

– Por favor Saku, busca tú una salida. Aún puedes salvarte si me dejas, este lugar se cae a pedazos.

– No te dejaré morir aquí, así que levántate y ayúdame.

– Sa…

– Si no vas a decir nada bueno mejor no hables. No dejaré que mueras y punto, ya te dije que yo no fallo en mis misiones.

Continuaron la marcha hacia el camino de la derecha aunque Suigetsu les había dicho que era incorrecto. Un nuevo temblor les hizo interrumpir el paso, aparentemente el derrumbe provenía del pasillo que deberían haber tomado, seguramente aún no se separaban demasiado del lugar. – Tiene que haber otra salida – alentaba la chica exhausta, pero metros más adelante la pared a su izquierda voló en pedazos. La figura de un hombre se asomó por una pequeña abertura que había quedado entre los escombros. Jade se puso en guardia alzando el arma con dardos tranquilizantes.

– Sakura – escuchó que la llamaban.

– ¿Sai? – preguntó dudosa bajito. – ¡Sai! – gritó enseguida. – Por aquí.

El joven se abrió paso rápidamente hacia ellos – ¿cómo se encuentran?

– Sasuke está mal, rápido ayúdame a sacarlo, está quebrado, ha perdido mucha sangre y si no lo ve un médico pronto entrará en shock.

– De acuerdo – asintió – ya envié las coordenadas, Naruto y los demás no tardan en llegar.

– Adelántense, no pasaremos los tres por ahí y yo ya no tengo fuerzas para sacarlo.

– Saku no, no te dejaré – dijo firme el Uchiha.

– Iré atrás tuyo, lo prometo.

– Ve tú primero.

– Sasuke por favor, lo prometiste, dijiste que me harías caso en lo que te pidiera. No me quedaré aquí adentro, solo iré atrás. Sai – lo miró suplicante.

A su novio no le gustaba para nada esa idea y es que se lo llame como se lo llame, corazonada, mal presentimiento, mal augurio o cómo fuera, no le daba buena espina que la pelirrosa se quedara atrás.

– Vamos – indicó el agente levantando al chico quebrado de la misma forma que lo había hecho su novia, su compañero asintió, y aunque a regañadientes, comenzó a caminar. Los tres lograron pasar por la abertura que daba al pasillo de la izquierda que los dirigiría hacia la salida pero cuando estaban a unos cuantos metros por llegar, la ojijade, que venía unos pasos más atrás, divisó unas rocas a punto de desprenderse del techo justo por donde estaban pasando los chicos. Como pudo tomó fuerzas de donde no las tenía y corrió hacia ellos empujándolos fuertemente hacia el frente. Ambos se sorprendieron por el impacto y por la acción que había realizado pero se paralizaron al ver que un pie le había quedado atrapado entre los escombros.

– ¡Rápido, váyanse! – gritó.

Sasuke intentó correr hacia ella. – Sai por favor llévatelo.

– ¡No! No te dejaré aquí – gritó su novio.

– Sai por favor – le hablaba a su compañero porque sabía que el Uchiha no entraría en razón. – Si se quedan moriremos los tres, ¡llévatelo!

Eso pareció hacer un clic en la mente del chico pálido que hasta ese momento se debatía entre qué hacer. – Vendré por ti – le dijo, ella asintió.

– No – susurró el otro cayendo en la cuenta de lo que significaban sus palabras. – No Sai. No podemos dejarla, está herida.

Por un instante sus miradas se cruzaron, el chico se tiró hacia donde estaba ella. – Por favor, es la única manera, necesito que salgas cuanto antes. Te amo.

– No, no te despidas.

– No lo hago, solo prométeme que vivirás, pase lo que pase encontrarás cada mañana un motivo para levantarte.

– No Saku por favor.

– Promételo. – El chico no supo por qué pero asintió.

– Ahora váyanse.

– Te amo – le dijo él tomando delicadamente sus mejillas y besándola tiernamente. – Prométeme que vivirás.

Hizo un gesto afirmativo con la cabeza. – Te veo afuera – susurró dándole ánimos.

– Vamos, volveré por ella, pero si nos quedamos más moriremos los tres en este lugar.

– Lo siento Sasuke, esta vez seré yo quien rompa su promesa – murmuró cuando se alejaron lo suficiente.