CAPÍTULO XXV

-¡Buenas tardes Sr. Leagan!, pase, Candy lo está esperando.- dijo con amabilidad la Srta. Pony.

-Gracias, es usted muy amable- se dirigieron a la salita donde estaba ya esperándolo Candy.- ¡Hola Candy!-

-¡Sr. Leagan!- fue a abrazarlo

-Llámame padre Candy, soy ahora tu padre, y próximo abuelo- sonrió y la vio a los ojos.- ¡eres muy hermosa, sabes, mi hijo….- se le cortó la voz y las lágrimas brotaron, ambos se estrecharon en un largo abrazo, al desahogarse ambos se dirigieron al sofá y platicaron durante largo rato, ella preguntaba por Sebastián y Celia y todo lo referente a la casa, así como lo había dispuesto la casa quedó en buenas manos y esperando algún día su regreso.

-Me da gusto que Celia y su marido hayan conservado el empleo, son unas personas muy amables, algún día regresaré con mi hijo para mostrarle el lugar en donde su papá y yo pasamos momentos inolvidables-

-Así será hija-

-Vamos, Sr. Leagan, entremos-

-Hija, llámame padre-

-Sí, padre- y volvieron a brotar lágrimas de esos ojos esmeralda al tener ese gesto con ella.

Mientras tanto en Chile…

-¡Sr. Neil!, ¡qué alegría volver a verlo!, pensábamos que estaba muerto.

-Lo sé Celia, pero, es una historia larga de contar, lo importante es que estoy aquí, dime, ¿dónde está mi esposa?-

-su esposa, la señora Candy se fue a Chicago con el señor Albert.

-¿por qué se fue?-

-Ella se sintió devastada señor, no quería irse, pero su señor padre la motivó para que fuera a descansar y reposar su embarazo, el Dr. Cuevas dio su visto bueno y se marchó, pero prometió volver-

-¡Oh!, mi dulce Candy- una lágrima brotó de sus ojos.

-No se preocupe Sr. Neil, primero hay que recuperar energías y luego va a buscar a su esposa- dijo Florencio el cual estaba también muy agotado por el intenso viaje.

-Yo, si me lo permite, después de descansar un poco quiero ir a visitar a mi familia, deben estar muy desconsolados creyéndome muerto- dijo Ricardo

-Lo mismo deseo hacer yo Sr. Neil- comentó Florencio.

-Claro, no tienen por qué pedirme permiso, tienen libertad de hacer lo que deseen, que yo también deseo hacer lo mismo, primero comenzaré por Sewell, debe estar muy ocupado tratando de dar con mi supuesto cadáver- lo dijo con un dejo de nostalgia - ¡extraño tanto a Candy!- pensó Neil.

Al pasar un momento de descanso se dispuso a asearse y cambiarse de ropa y se dispuso a salir.

-Pasa Candy- dijo el Sr. Leagan- hay alguien que quiere verte.

Al entrar al hogar de Pony ahí estaba la tía abuela acompañada de Sara Leagan, Candy al entrar no sabía cómo reaccionar, pero alguien lo hizo por ella.

-¡Oh Candy!- ¡perdóname por favor! – Sara se acercó a ella y con lágrimas en los ojos y de rodillas le tomó de las manos- sé que he sido una egoísta, una tonta sin escrúpulos y elitista, sé que no merezco tu perdón, pero- Candy quería hablar- no, Candy, déjame hablar… desde que supe de la desaparición de mi hijo he sufrido terriblemente, lo único que tenía eran los telegramas de mi esposo, al principio no lo quise creer, después la angustia se fue convirtiendo en dolor y… ahora entiendo lo que hice mal, con mis hijos y contigo, sobre todo contigo, Candy, te suplico me perdones- y lloró amargamente.

-Sara, no es necesario, levántese, no soy quien para perdonarla, usted es la madre de mi esposo y abuela de este bebé el cual lleva su sangre, usted está perdonada desde hace mucho, sus acciones me llevaron a las mejores etapas de mi vida, algunas dolorosas, otras inmensamente felices, no le guardo rencor- entonces Sara se incorporó y la abrazó y así duraron un buen rato, entre lágrimas pero esas ya no eran de tristeza, sino de profunda alegría y reconciliación.

Así departieron por un buen rato casi toda la familia, en la hora de la comida se unió Eliza, la cual aunque no le gustaba mucho la resolución de sus padres, obedeció ya que no quería quedarse desamparada por sus padres. –Buenas tardes Candy, es un gusto verte, espero que tú y mi sobrino estén bien de salud-

-Buenas tardes Eliza, sí, gracias por preocuparte, estamos bien, el doctor viene seguido a revisarnos, pasa por favor- dijo con amabilidad Candy.

-Bueno familia, ya que estamos casi todos reunidos, quiero anunciarles algo, mi sobrino Williams como ya saben está en Nueva York, así como Archie, lo está entrenando ya que mi sobrino es caprichoso y quiere viajar como voluntario a África, no me gusta mucho la idea, pero dice que necesita tener el alma tranquila y yo no he podido detenerlo, me duele pero lo amo más que eso.- dijo la tía abuela- así que procedamos a comer, luego vendrá Williams a despedirse como es debido-

-"¡oh Albert!, yo sabía que ese espíritu aventurero no podía estar dormido por tanto tiempo"- pensó con alegría Candy y se dispuso a compartir los alimentos con su familia. Al caer la tarde se despidieron de ella prometiendo visitarla más seguido, así después de las despedidas Candy se fue a descansar un rato al viejo árbol, ahí se perdía en sus pensamientos.

-Tú eres mi único consuelo, mi regalo, la prueba de mi amor, ya que, de todos a los que he amado y se me ha arrebatado, sólo tú me haces inmensamente feliz y me das impulso para seguir viviendo- unas lágrimas furtivas se escaparon de sus ojos- ¡oh Neil, te extraño tanto!

-¡Candy!, hija, es hora de dormir- la despertó de sus cavilaciones la hermana María-

-Ya voy hermana María- se dispuso a descansar, aunque en sus sueños ella seguía manteniendo la esperanza de que Neil estuviera vivo.

*** En Rancagua temprano por la mañana

-¡Señor Sewell!, ¡no va a creer quien lo espera afuera!

-¿Quién me espera?

-Soy yo, Neil Leagan

-¡Neil!, hijo, ¡estás vivo!- se quedó mudo de la impresión por unos momentos y luego se avalanzó hacia él - ¡qué alegría que estés vivo!, cuéntame, cuéntame todo lo que pasó.

Se sentaron en la oficina de Sewell, la que daba una vista espectacular hacia Santiago, llena de luz y ahora con la visita del hijo perdido, relucía mucho más que en otros días y Neil se dispuso a contarle todo, hasta el más mínimo detalle.

-¡Debes contarle a tu papá de inmediato!, se pondrá feliz, y tu esposa no cabrá de alegría-

-mi hermosa Candy, claro que se pondrá feliz, pero a ella quiero darle la noticia personalmente- sonrió Neil.

-entonces, ¿qué deseas hacer?- preguntó con suspicacia Sewell

-le enviaré un telegrama a mi padre avisándole la noticia, pero le daré indicaciones explícitas de que no se lo diga a nadie más, pero no sería justo que él no se enterara primero, es mi padre y la persona a la que más amo en esta vida como a mi amada Candy.

-Entonces, vamos a enviar el telegrama, deja le hablo a mi secretaria para que lo mande- En seguida habló a su secretaria, le redactaron el mensaje y salieron hacia la casa de Sewell a comer y a celebrar.

Ya entrada la noche Neil se dispuso a ir a descansar a su casa, pero Sewell no se lo permitió, lo quiso tener ahí para sentir su cercanía, sabía que pronto partiría a buscar a su familia y eso lo tenía inmensamente feliz.

Era una mañana hermosa en Lakewood, la mansión Leagan daba muestras de vida muy temprano, al señor le gustaba madrugar, se disponía a dar un paseo matinal cuando su mayordomo se dirigió a él con premura.

-Señor Leagan, ha llegado una carta para usted-

-Veamos, oh, es de Chile, tal vez sea lo referente a la mina- abrió el telegrama y… -¡Dios mío!, eso es increíble, ¡es un milagro! Y las lágrimas brotaron nuevamente de sus ojos, pero esta vez eran lágrimas de felicidad.

¡Hola chicas!, antes que nada una gran disculpa por no actualizar pronto, la carga de trabajo y la escuela vio comprometida mi salud, aunado a un vacío inspiracional que pasé, gracias a Dios ya estoy diagnosticada y con tratamiento, espero no les haya causado mucho inconveniente tanta espera, sólo falta un capítulo más y dor por terminado el fan fic, espero sus comentarios, las extrañé mucho en este tiempo. Les mando un gran abrazo. :)