SEXO. Para qué negarlo, no puedes vivir sin ÉL


- CAPÍTULO 11 -

Quinta Parte

Retozó y se serpenteó en la cama antes de conseguir despejarse del todo. La luz de la mañana se filtraba a través de la ventana y se vertía directamente sobre su rostro pero, lo que en otros momentos la molestaría sobremanera, aquella mañana se le antojaba incluso delicioso. Aún extasiada y flotando entre las nubes por la satisfactoria noche que había pasado, decidió quedarse unos segundos más enredada entre las sábanas, boca arriba, recordando momentos concretos de la penumbra mientras perdía la mirada en el blancuzco techo. Y uno de esos momentos, o mejor dicho uno de los artilugios causantes, helado como el témpano, estaba marcándose en su trasero. Arqueándose sobre el colchón y a tientas con la mano, consiguió atrapar las esposas que habían sido co-protagonistas de su espléndida noche de amor y sexo. Estirando el brazo y cogiéndolas desde uno de los aretes, las dejó colgando sobre ella y comenzó a mecerlas. El sonido de la aleación la provocó placenteros escalofríos... Allí, observándolas, no pudo dejar de pensar en lo diferente que eran ahora sus relaciones sexuales. ¿Quién le iba a decir a ella que llegaría el día en que exploraría las diversas facetas del sexo? Hacía unos años ni siquiera se le pasaba por la cabeza ser ella la que dominara sobre el hombre y ahora podía hacerlo, y lo hacía. Ahora se sentía con la confianza suficiente como para ser ella quién propusiera los juegos, ser pícara e incluso pervertida. ¿Había sido siempre así y no lo sabía¿O era él quién estaba provocando el cambio? Se sentó en la cama con las rodillas pegadas al pecho, abrazándoselas, y con el ceño fruncido, meditando. Le parecía curioso percatarse de la ligera contradicción; su ex pareja la intimidaba para que ella hiciera lo que él quería, consiguiéndolo a la fuerza y, sin embargo, con Ranma, quién no ejercía ninguna presión sobre ella, hacia las cosas que en su antigua relación se veía forzada a hacer e incluso otras que ni se imaginaba. Era ahí dónde surgía la duda. ¿La libertad y la confianza que Ranma la ofrecía, la hacía despertar esa faceta sexual que podría estar reprimida en su antigua relación¿O esa libertad y confianza la estaba cambiado por la influencia de él o por el simple hecho de sentirse libre? Levantó la mano y volvió a contemplar las relucientes esposas. Cuando quiso darse cuenta, en sus labios estaba dibujada una enorme sonrisa. ¡Qué demonios! Esa era ella y punto. ¿Por qué seguir engañándose? Nadie la estaba cambiando, él no quería cambiarla. Ranma la estaba ayudando a liberarse sexualmente, a olvidarse de sus complejos, a sentirse preciosa debajo, a un lado o encima de él, a ser ella misma y a expresarse en ese ámbito tan íntimo de su vida.

Se levantó de la cama de un salto, dejando las esposas sobre el colchón. ¿Por qué seguir buscándole tres pies al gato? Se preguntaba de camino al cuarto de baño. Era feliz y disfrutaba al máximo de su cuerpo. Gozaba de ser tocada y de tocar... ¿Por qué seguir pensando en lo que hacía o no hacía con su ex-pareja? Cerró la puerta con fuerza y se acercó al lavabo. Abrió el grifo y esperó a que el agua saliese templada antes de empaparse la cara y la nuca. Cuando terminó, cogió la pulcra toalla sobre la encimera de mármol y se secó el rostro con ligeros toquecitos. Mientras abría la puerta del baño, con intenciones de caminar hacia la cocina para devorar lo primero que encontrase y recuperar las energías perdidas durante la noche, su teléfono móvil comenzó a reclamarla desde el dormitorio. Maldijo mentalmente primero porque estaba realmente hambrienta y segundo, porque el dormitorio parecía más bien el lugar escogido por dos leones para pelear por su presa. Era digno de fotografiar. Observó las mesitas de noche, pero en ninguna de ellas se encontraba el insistente teléfono. Guiándose por su oído, finalmente se arrodilló en el suelo y se asomó por debajo de la cama... Ahí estaba el dichoso aparato brillando, vibrando y sonando estridentemente. ¿Cómo había llegado allí? Estiró la mano todo lo que pudo y lo cogió a tientas. En la pantalla relucía el nombre de "Diana Casa".

—¡Estaba a punto de llamarte! —exclamó poniéndose de pie y caminando hacia los pies de la cama para recoger el níveo edredón nórdico —¡Lo juro!

—Te creote creo —contestó con reluciente ironía —Sobre lo de ésta noche...nos viene bien quedar a eso de las diez ¿Qué tal por vuestra parte?

—Se supone que no hay problema. Pero espera —se cambió el teléfono de mano y caminó hacia el salón — porque ni siquiera sé si Ranma está en casa ahora mismo —Se asomó a la cocina y se percató de que un plato con diferentes dulces parecían esperarla sobre la encimera, al lado del frigorífico. Mientras se acercaba preguntó —¿No ha habido mejoras con Mike ésta noche?

—Absolutamente nada. Es más, ha estado especialmente distante desde que le propuse quedar con vosotros... - hubo una pequeña pausa —Él como siempre tan sociable ¿sabes?

Akane frunció los labios con desagrado al escuchar la respuesta de su amiga. Era una situación verdaderamente extraña... Sonrió emocionada al ver la nota que yacía al lado del platito y que decía "Buenos días Dama. Me hubiera encantado poder despertarte como merecías, pero mi proovedor de esposas me ha llamado para que vaya a recoger otro par más. Imagina lo que haré contigo ésta noche, bella. Regresaré sobre las cinco y ¡no te olvides de llamar a Diana!" Mientras resbalaba sus dientes sobre su labio inferior una sonrisita se dejó escuchar.

—¿Qué pasa? —preguntó Diana desconcertada

—Que Ranma no está en casa... —le confirmó sin ninguna preocupación, cogiendo uno de los dulces y mordiéndolo.

—¿Y desde cuando eso te alegra? Pensé que te encantaba tenerlo cerca.

Akane se giró para salir de la cocina, pero un fosforito post-it amarillo pegado a la nevera llamaba irremediablemente su atención: "Llama a Diana".

—¡Y me gusta! —Decía tragando el trozo la galletita y yendo hacia el salón de puntillas como si pretendiera darle un susto a alguien —Pero me ha escrito una nota, que ha puesto al lado de un plato de dulces para desayunar, en el que al final me recordaba que te llamase. Y otra pegada en la nevera que dice lo mismo. Me da la sensación de que ha dejado post-it fluorescentes por todas partes que dicen "Llama a Diana".

— Qué mono... —suspiró con nostalgia —Las únicas notas que Mike me dejaba siempre decían "Nos vemos a las siete, nena".

—¡Dios mío, tienes que dejar de juntarte con Sarah! —exclamó como si el pánico la desbordara —¡Ya hablas como ella¡Pareces su clon! —y llegó al salón y, en efecto, en la televisión, en la mesita, en el estante de los libros, en la lámpara... Había post-it pegados en todos los lugares posibles sin que se llegara a empapelar el cuarto. Estirando la mano libre arrancó de la puerta uno de los papelitos, jugueteando con él entre sus dedos —El apartamento de Ranma parece un limón gigante —masculló dando otro mordisco a la galleta y apoyándose en el marco. La sonrisa volvió a dibujarse en sus labios —. A las diez estará bien.

Seis horas más tarde, después de haberse pasado la mañana leyendo, Akane rebuscaba en la cocina algo que preparar para comer y que no supusiera ningún riesgo de incendio. Después de indagar cerca de diez minutos por todos los armarios, se percató de algo interesante, especialmente proviniendo del apartamento de un hombre ¡Ranma no tenía ni una sola lata de conservas¡Genial¡Maravilloso! Eso quería decir que el cien por cien de las posibilidades se dirigían a una previsora llamada a los bomberos de su parte antes de que empezara a cocinar cualquier cosita de nada y todo se consumiera por las llamas. Ella y sus malas dotes culinarias. Resopló.

¿Y dónde demonios estaba? Había intentado localizarle de todas las maneras existentes pero le fué imposible; su móvil no estaba disponible. Ni siquiera pudo hablar con Naomi, lo que la hizo preocuparse sobremanera. Caminó por la cocina sistemáticamente, formando círculos, mientras sopesaba las posibilidades de la incomunicación de su pareja y se daba golpecitos con el índice sobre la mejilla, pensativa. ¿Quería decir aquello que podía haberse ido de viaje¿Sin despedirse¿Sin una llamada, un mensaje, una nota¿Cualquier cosa? Le había pasado algo. Eso era. Sí, tenía que serlo, porque si no Naomi le hubiese cogido el teléfono para tranquilizarla, pero no, la "secretaría" parecía haber sido tragada por la tierra. ¡Ay Dios¡Le había pasado algo! Dió un salto en medio de la cocina, mientras sentía como su corazón se desbocaba. No, Ranma no estaba bien, podía presentirlo.

Entonces, cuando creyó que la agonía la trastornaría del todo, escuchó como unas llaves se introducían en la cerradura. Corrió por el pasillo hasta llegar a la entrada para encontrar a una Kira fatigada, con el rabo gacho, y a un Ranma tan empapado como si el diluvio hubiera decidido caer únicamente sobe él.

—¿Dónde has estado? —gritó cerca de la histeria— Y ¿De dónde vienes así?

—Del gimnasio —dijo sin más, observándola con cautela y cerrando la puerta tras de sí.

—Así que me dejas miles de notas para que me acuerde de llamar a Diana, pero no eres capaz de dejarme alguna que ponga que te has ido al gimnasio para evitar que me vuelva loca de preocupación ¿No? —gritó gesticulando exageradamente, poniendo, finalmente, los brazos en jarras —¡Llevo llamándote toda la mañana¡Naomi tampoco me lo coge!

—Lo siento Dama —se disculpó con ojos tristones mientras se acercaba a ella —, no creí que fuera a tardar tanto. Además, tuve que llevar a Kira a una revisión y eso me quitó cerca de tres horas —agachándose lo suficiente como para quedar a la altura de aquellos preciosos ojos acaramelados, susurró utilizando un tono lleno de divertida culpabilidad —¿Perdonas a éste pobre desmemoriado?

—No vuelvas a hacerlo —adelantó el dedo índice y le empujó con él, amenazándole —La próxima vez te castigaré —observando la sonrisa traviesamente placentera que comenzó a dibujarse en el condenadamente atractivo rostro de él, se apresuró a aclarar —... ¡Y no de ninguna forma que te guste, pervertido! —consiguiendo que aquel gesto lujurioso se convirtiera en uno lleno de decepción.

Akane se giró caminando altanera, digna, como si hubiera ganado alguna clase de batalla que ambos peleaban. A drede, movía sus caderas sinuosamente, sabiendo que él la estaba mirando fijamente, y se encamino por el pasillo con dirección al dormitorio pero, antes de siquiera llegar a la puerta de la cocina, se sintió volar en el aire. Ranma la había cogido por la cintura y, moviéndola como si se tratase de una bufanda, la colocó entre sus brazos.

—Vamos a darnos una ducha —susurró sobre su cuello, saboreándolo justo después con un profundo mordisco. El gemido placentero que escapó de los labios de ella casi le hace caerse de bruces al suelo —No hagas eso... todavía.

—¿El qué? —preguntó imitando una aniñada inocencia que sabía sólo hacía que excitarle aún más. Y justo después, le escuchó blasfemar, al mismo tiempo que con su mano izquierda, con la que podía casi rodearla por completo, comenzaba a masajear uno de sus pechos con firmeza.

Akane llegó a pensar que Ranma debía esconder algún tipo de estimulante por la casa. No era normal que tras una mañana completa en el gimnasio y habiendo llegado al apartamento como había llegado, tuviera la energía suficiente para mantenerla toda la tarde ocupada con la exploración de su cuerpo. Y aún más increíble era que tuviera aquel desparpajo para salir al encuentro con Diana y su prometido, cuando ella estaba agotada.

Y la conclusión era que llegaban tarde. Muy tarde. Pero, lo que había conseguido que ella le sacará al menos un par de metros a Ranma de ventaja en la carrera por llegar, era que había averigüado la forma en la que él tenía pensado sonsacarle a Mike lo que le sucedía. Tras diez minutos de revoloteo y un par de paradas abruptas en medio de las aceras por donde caminaban, su italiano de ojos azules había desembuchado para que dejara de rondarle.

—¡No puedes hacer eso! —gritó moviendo mucho los brazos y parándose en seco, girando en redondo para encararle —¡No puedes Ranma!

Dama —estuvo a punto de chocar contra ella, pero consiguió parar a tiempo. Poniéndose los puños en las caderas, añadió —Te aseguro que tengo mucha más experiencia que tú en sonsacarle a la gente lo que quiero.

—¡Emborracharle para saberlo es inmoral! —gritó volviendo a caminar hecha una furia —¡Un abuso! -volvió a pararse y ésta vez si que él se tropezó con ella y la empujó un poco. Con el ceño fruncido se giró para acusarle —¿No te remuerde la conciencia, ni un poquito, hacerle eso a Mike? —Ranma dejó los ojos en blanco.

—¿Y a vosotras no os remuerde la conciencia, ni un poquito, el pedirme a mí que interrogue a Mike para que luego os cuente lo que me ha dicho confidencialmente? —masculló en un tono ciertamente sombrío. Akane abrió la boca, dispuesta a reprocharle, pero tan pronto como lo hizo la cerró. Frunció los labios y se quedó pensativa contemplando el cielo. Después, con ojos lastimeros, le miró fijamente. Ranma sonrió para sí mismo; su Dama se había dado cuenta de que todos eran partícipes de ése juego y de que los tres tenían sus motivos para sentirse culpables. Tomó el rostro de Akane en sus manos, con una ternura infinita —Sé lo que tengo que hacer y sé hasta donde tengo que llegar. Si queréis saberlo, no hay otra forma. Dime; sí o no —Ella asintió lentamente no demasiado convencida. Ranma se acercó y la besó con suavidad, susurrándole después sobre sus aterciopelados labios —Confía en mí, bella.

Akane y Diana bailaban en la pista de baile de la planta baja, al ritmo de la apabullante música pop, rock y dance. Dejando a los hombres en la barra, charlando animosamente, ambas se habían distanciado lo suficiente para que Mike no sospechara nada y para no quitarles la vista de encima. Eran hombres, pura testosterona intoxicándose con alcohol. Sencillamente no podían permitirse el lujo de no vigilarles.

Tras media hora bebiendo, las dos comenzaron a impacientarse y a preocuparse, especialmente Diana.

—¡¿No crees que ya han bebido suficiente?! —gritó al oído de Akane.

—¡No estoy segura! —Miró hacia ellos. Era curioso porque Mike estaba prácticamente tumbado sobre la barra del bar mientras que Ranma parecía estar en perfecto estado. Eso no le cuadraba en absoluto, especialmente porque le había visto ingerir una cantidad de alcohol lo suficientemente elevada para que, al menos, se tambaleara un poquito —¡A lo mejor si nos acercamos lo estropeamos! —Diana elevó los hombros, mirándola indecisa —¡Deberíamos esperar un poco mas!

Ambas giraron sus vistas hacia ellos, sin dejar de bailar, contemplándoles con curiosidad. Entonces sucedió. Las dos echaron a correr todo lo rápido que podían, mientras sorteaban a la gente.

—Eshperaaa, eshpera... —balbucía Mike apoyado en la barra, contemplando con ojos vidriosos a un Ranma que fingía su embriagez -¿Me eshhtás diciendo queee... tú —levantó una mano, señalándole —...encooontrasshte a tu herrrmano, follándosee a tu novia?

—Sssi —contestó cogiendo la copa de whiskey que tenía en frente y bebiéndola de un trago. Se dijo que debía dejar de beber, porque aquellos recuerdos comenzaban a descontrolarle con el alcohol que estaba ingiriendo. Pero tener a Mike repitiendo cada palabra que él decía, no ayudaba en absoluto. De repente, el prometido de Diana estalló en una carcajada que llamó la atención de las personas que estaban a su lado y, al mismo tiempo, golpeaba la tabla al ritmo de las risas. Ranma estrelló la copa con fuerza contra la barra, ligeramente descontrolado. Estuvo a punto de romperla.

—Sherráaa hijoo putaa tu hermanooo —mascullaba entre carcajadas, perdiendo el equilibrio hacia delante. Consiguió recolocarse en el taburete, aunque le costó bastante situarse —Chst, auuunque te voy a decir que... —hipó —si esshtaba tan buena como Akane...yooo tammbién me la hubieraaa tirado —y volvió a carcajearse con fuerza. Ranma presentía que Mike estaba a punto de irse de la lengua; pero le estaba costando horrores contenerse las ganas de golpearle.

—¿Y quéee pasa con Dianaaa? —preguntó fingiendo que se le trababa la lengua, como si no pudiera hilar pensamientos —¿Me la regaalaaas?

—Toooda tuya... —se apoyó con el brazo derecho sobre el borde de la encimera, mientras que le hacía una seña descoordinada con la mano para que se acercara —Veeen, veen...Miiraa, voy a coontarte un secreto, pero tú shshsh —se llevó el dedo índice estirado sobre los labios justo antes de proseguir —Diiiana yaa no me pooone. Llevaaamos taaaaaaaaanto tiemmpo juntos —Se irguió de repente, solemente, orgulloso —queee para mí, es como shii fuera mi heerrmana. ¡Me hee acosshhtumbrado a ellaa! —Ranma asentía con una sonrisa fingida, como si comprendiera a la perfección lo que Mike le contaba. Estaba a punto de lanzarse contra él, y no era el alcohol el que le estaba provocando aquellos deseos —Shinn embargo Akaaane —Mike volvió a echarse sobre la barra. Inmediatamente Ranma se tensó, como un león al acecho esperando el momento propicio para atacar —¿Perooo tú hassh vishhto el cuulo que tieeene? —Volvió a carajearse —¡Perrro cooomo no se lo vaas a veer¡¡Shiii te la tiiiras!! Peero¡eh! —bajó el volumen de su voz, a lo que pretendía ser un susurro —Cuuuando te caanses de ellaaa, esshhpero que mee la dejeees. A eessheee culooo yo le haríaa uunn... —la voz se le quebró.

Suficiente. Ranma tuvo suficiente. Su puño se lanzó contra el fláccido abdomen de Mike, en un golpe seco y preciso que se incrustó justo sobre el diafragma, para dejarle sin un rastro de aire en el cuerpo. El hombre se contorsionó hacia delante, ahogándose y peleando por respirar, pero él le sujetó por la camisa antes de que se golpeara contra la barra del bar o cayera al suelo, evitando así que nadie de los estaban cerca se percatara de lo sucedido. Si algo tenía aprendido, era que no debía llamar la atención.

—Vamos a dejar una cosa muy clara —masculló con las mandíbulas apretadas. Su voz nítida y grave, cargada de ira, de celos, del sentido de la posesión e invadida por los recuerdos de la traición de su hermano. Se acercó , prácticamente rígido, hasta el oído de ése miserable —Akane es mía —Estuvo a punto de soltarle y agarrarle por la garganta. Sabía que la sensación de asfixia sería mucho más latente, y él disfrutaría viendo como ése cabrón sufría por lo que había dicho, por lo que estaba a punto de hacerle a Diana. No soportaba la idea de que SU Akane estuviera en los pensamientos lascivos de ése cretino —Y si la tocas, la hablas, la rondas, la llamas... —cada palabra era declamada a la perfección, remarcando casa sílaba —... incluso si solo se te ocurriera pensar en ella, ten por seguro que no solo recibirás un golpe en el estómago —Alejándose lo suficiente, se colocó frente a frente, clavando su gélida mirada, dura como el acero, sobre la despreciable beoda de Mike —¿Entendido?

—¡Te has vuelto loco! —gritó Diana corriendo hacia ellos, interponiéndose entre los dos. Ranma desvió la vista hacia Akane, quién se quedó un poco rezagada, y a punto estuvo de arrepentirse de todo aquello cuando contempló cómo ella le observaba; con gesto decepcionado. Soltó a Mike rápidamente y Diana corrió a sujetar a su prometido, colocando sus manos sobre el pecho masculino —¿¡Qué demonios pasa contigo?!

Pero Ranma no podía soportar la idea de que Akane fuera la fantasía sexual de un cabrón como ése que estaba haciendo sufrir tanto a la mujer que supuestamente amaba y a la que había pedido matrimonio. Y unido a la imágen fugaz que se le presentaba en esos momentos de Mei en la cama con su hermano, la frialdad, la rabia y la ira volvieron a apoderarse de él como un mar embravecido en donde las olas golpeaban y ahogaban con fiereza todo lo que encontraban por delante. Despreocupadamente, sacó varios billetes que dejó sobre la barra, entre las dos últimas copas que él y Mike habían tomado.

—Te engaña —anunció elevando la voz, girándose y contemplando fijamente a Diana. No pudo evitar desviar un segundo sus pupilas hacia Akane y retornarlas rápidamente sobre la primera. Parecía aterrorizada e incrédula y su vista fué posándose de un hombre a otro hasta que, de repente, dió varios pasos hacia atrás, acercándose a Akane, cómo si todo encajara en su sitio. Ranma se adelantó y se apresuró a sujetar a Mike, quién tenía el rostro enrojecido y aún continuaba peleando por aire. Echándose uno de los brazos del tipo por sobre los hombros y enrollando uno de los suyos al rededor de la cintura del hombre, Ranma caminó fuera de la discoteca, seguido de ambas mujeres.

—Ranma —susurró Akane una vez fuera, abrazando a su amiga —¿Qué te ha dicho?

Él no contestó y siguió andando en busca del coche de Diana. Mike balbucía inteligiblemente, mientras recobraba el aliento. Ranma solo sentía deseos de dejarle caer en la acera a peso muerto, darse la vuelta e irse a desfogar su ira contra algo duro y pesado; inflingirse dolor físico, era en ocasiones, la única manera que tenía para aliviarse. Finalmente, tras unos minutos arrastrándole, divisó el coche. Cuando llegó a él, apoyó a Mike contra la carrocería y se alejó, observando como se tambaleaba en busca del equilibrio. Diana se acercó y le sostuvo temblorosamente.

—Ranma, gracias por tu ayuda —susurró con los ojos empañados por las lágrimas que procuraba contener —. Gracias a los dos, de verdad.

—Diana —intervino Akane —...quieres que te...

—Marchaós a casa —interrumpió mientras con una mano sujetaba a Mike, para evitar que se derrumbara, y con la otra abría la puerta del co-piloto—. Ya es muy tarde y estaréis cansados. Me las arreglaré.

Ambos esperaron hasta ver como el coche conducido por Diana se alejaba por la solitaria carretera y cuando, desapareció, Akane se giró y miró fijamente a aquellos ojos grises que relucían en la oscuridad como plata líquida. Y, cuando a punto estuvo de comenzar a reprocharle su comportamiento él se lo impidió con su ronca voz.

—Lleva tú el coche, yo he bebido demasiado —le lanzó las llaves al aire, sin preocuparse por si las cogía o no —. Cuando lleguemos a casa contestaré a todas las preguntas y soportaré todos los gritos que quieras darme por lo que he hecho ahí dentro. Pero ahora no, Akane.

Ella se limitó a fijar su mirada sobre la silueta masculina cuando se giró y comenzó a caminar en la dirección en donde se encontraba el coche. Nunca había visto aquellos ojos grises tan brillantes, tan feroces, tan cargados de algún sentimiento profundo y negativo, que incluso ella pudo sentir el dolor que él estaba padeciendo. Un dolor que no lograba entender. Era como si el asunto le hubiera afectado personalmente y eso la hizo temblar de preocupación e impaciencia. Corrió por la acera hasta darle alcance y caminó a su lado, sin tocarle, sin hablarle, mientras aún seguía estupefacta por el hecho de que ni siquiera se tambalease un poco.


Autor: AnDrAiA / Cap. Publicado: 18 de Enero de 2007 / Edición para: FanFiction


¡Hola¡¡Feliz año 2007 a todos!! Espero que hayáis tenido unas buenas fiestas y que los Reyes se hayan portado bien ;) Mi particular regalito de Reyes, un poquito atrasado eso sí... la parte del capítulo cinco que me ha costado horrores re-escribir. (Queda una parte más, la seis, para que éste capítulo finalice) Espero que me digáis qué os ha parecido.

Por si queda algún despistado, perdí todo el archivo de ésta historia, así que todo lo que llevaba adelantado por escrito y que no publiqué se perdió (el capítulo doce entero, por ejemplo, se ha esfumado) así que, es por ése motivo por el que he tardado tantísimo en actualizar con ésta parte que yo considero un tanto en baja forma :P Vamos, que no esperéis ni de casualidad el ritmo que llevaba antes. Para la próxima parte tendréis que esperar otro tanto.

No sabéis lo que me cuesta re-escribir cada cosa, porque tiendo a ser muy insegura con las cosas que escribo, así que imaginad ahora... siempre que re-escribo alguna parte me vuelvo loca diciéndome a mí misma "no es tan buena como lo primero que escribiste y que perdiste por no tener trescientas copias de seguridad". En fin, tendremos todos que tener paciencia :P

Muchas Gracias a todas las personas que han contactado conmigo a través de e-mail para saber qué sucedía con la historia y a quienes me animaron después de saber lo que había pasado. De verdad que agradezco infinitamente a todos los que se han preocupado, a los que habéis tenido una paciencia infinita, dejándome mi tiempo y mi espacio para poder proseguir con ésta historia y a todos los que me habéis hecho llegar vuestras palabras de ánimo y aliento. Me han ayudado muchísimo. Sinceramente, gracias. Gracias a todos por estar ahí.

Aprovecho para recordaros que abrí una página web llamada Silver Sand es(.)geocities(.)com(/)silversandweb en donde coloco primero todo lo que publico y además, dejo todos los fanfictions que vaya escribiendo, curiosidades, proyectos, ideas, borradores, etc, además de historias originales (aunque realmente todas lo son, puesto que lo que escribo son alters). También hay un 'Foro' en donde se encuentra el apartado pre.lecturas. Allí voy colgando trocitos de futuros proyectos, tanto en fanfiction como en historias originales, para que los lectores me déis vuestra opinión y preferencia a la hora de leer una historia.

Espero que os paséis por allí, participéis de la página y que os parezca entretenida :)

Ya sabéis que cualquier comentario, sugerencia y/o apreciación son siempre bien recibidas.

AnDrAiA

El nombre de los personajes, así como la serie de Ranma 1/2 pertenecen única y exclusivamente a Rumiko Takahashi, Viz Comunication, Fuji Tv, Glénat y todos los respectivos editores que han adquirido derechos de publicación en los diversos países en los que fué editada dicha a obra. Tomo prestados los nombres sin ánimo de lucro, ni finalidad comercial, por lo que no estoy incumpliendo ninguna ley.

Así mismo, la historia original aquí narrada, tiene sus derechos reservados bajo mi autoría.

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