XXV. Protege lo que amas.

—Esto es... un giro inesperado en los acontecimientos— comentó Kirishima mientras lo miraba de arriba a abajo; tenía que disimular muy bien que no sabía de su existencia. Takafumi se lo había contado como una especie de prueba intangible de su más absoluta confianza y él no quería traicionarla, por eso lo había ayudado a compartir el peso de ese secreto, incluso a sabiendas de que su solo testimonio servía para poner a Usami tras las rejas, o iniciar una investigación muy seria, al menos. — También su regreso, Kamijou. Definitivamente Usami no va a quedarse de brazos cruzados apenas sepa esto... es una movida muy arriesgada ¿están absolutamente seguros?

—No estamos para acciones a medias, Señor Kirishima— contestó Hiroki con un poco de altivez— si estamos aquí es porque queremos definitivamente ponerle un alto a esto, antes de que más gente salga lastimada... o muerta.

Zen desvió la mirada, aún la imagen de An pidiendo ayuda de forma desesperada estaba fresca en su memoria y cada vez que lo pensaba sentía una furia hervir en su interior contra quien fuese el responsable de semejante monstruosidad, no solo Akihiko Usami, si no quien ejecutara sus órdenes con tal sangre fría.

Cuando Kirishima leyó quien sería el fiscal a cargo del ministerio público para llevar la investigación casi salta de la silla.

—Esto es... muy peligroso. — Colocó de nuevo el acta sobre la mesa— ¿Está seguro?

Miyagi apretó el puño.

—Si— contestó Shinobu con absoluta determinación— Kamijou no puede hacerlo, y Miyagi está llevando el caso de Asahina... Este caso estaba a mi cargo en un principio, es lo más lógico.

—Está exponiéndose, Joven Takatsuki... entiendo que quiera hacerle justicia a su padre, sin embargo... usted aun es joven, y por lo que pude constatar, Usami no tiene intenciones de ponernos las cosas sencillas...

—Nada de lo que diga me hará retroceder, Señor Kirishima— no titubeó ni un momento al responderle.

—La venganza nunca le traerá buenos resultados en este oficio.

—Si quisiera vengarme no estaría tratando de resolver esto de manera legal.

Zen se estremeció al escucharlo y exhaló un suspiro— Ustedes son sus mentores... ¿qué opinan?

Hiroki y Miyagi cruzaron miradas solo por un segundo.

—No nos queda más que apoyarlo, Señor Kirishima— contestó Hiroki por los dos... algo en el aspecto de Miyagi realmente contradecía esa declaración, pero... no podía retenerlo más. Sólo podía protegerlo con su vida y esperar lo mejor.

—Bueno, en ese caso... creo que no me queda más que autorizar la reapertura de este caso y vincularlo con la muerte de Isaka y Asahina como este documento lo plantea. Con la declaración de Onodera pues... creo que tenemos suficiente material para iniciar un proceso contundente contra Usami... esta vez no podrá librarse tan fácilmente. Ahora deben tener el doble de cuidado los tres, Usami no va a tomar esto a la ligera.

—Lo sabemos, Señor Kirishima... estamos listos para esto— contestó Hiroki con aplomo.

—Ahora bien... con respecto a Kusama y Takano...

Hiroki abrió los ojos hasta más no poder.

— ¿No pretenderá que los entreguemos?— exhaló realmente preocupado por lo que supuso que iba a decir. También vio como las manos de Ritsu comenzaron a temblar.

—Son asesinos, Kamijou... es obvio que tienen que pagar por ello, el sicariato es ilegal.

— ¡Pero van a declarar! Incluso están pensando en contar todo lo que saben, no podemos meterlos en una cárcel ¡Usami los matará como a Mino!

—Kamijou— Kirishima lo instó a tranquilizarse con un gesto de las manos— Protección de testigos...

— ¡Protección de testigos delató a Tōdō! y nada me sacará de la idea que están detrás de la muerte de Mino también— volvió a espetar histérico— ¡No voy a entregarle a Nowaki para que lo maten! ¡Y es mi última palabra!

—Kamijou, eso es desacato— Kirishima frunció el ceño y su voz se hizo más firme.

—Señor Kirishima— intervino Shinobu en tono conciliador— Ellos están dispuestos a entregarse, pero eso pasará una vez que la corporación Usami y sus influencias sean desmanteladas... de esa forma podremos garantizar su seguridad.

— ¿Están diciéndome que están protegiendo a unos asesinos?

Ritsu golpeó la mesa con el puño cerrado y todos callaron en seco.

—No se refiera a él de esa manera— gruñó con voz baja sin siquiera mirarlo.

— ¿Entonces cómo quieres que lo llame? Mataron personas por dinero, bajo órdenes de un hombre cruel y sediento de poder sin detenerse a pensar en sus familias o en las vidas que llevaban— Kirishima dejó que el encono que sentía contra Masamune lo dominara— por supuesto son unos asesinos y deben responder ante la ley como tal.

—Solamente estamos pidiendo más tiempo— Shinobu trató de negociar, pero Kirishima estaba decidido a no ceder.

—Entonces no pienso declarar— espetó Ritsu sin más— A menos que se le garantice la seguridad a Masamune y a Nowaki no pienso decir ni una sola palabra de lo que sé.

— ¡¿Que te has creído?!— Kirishima realmente se mostraba frustrado ante su atrevimiento— ¡No estás en posición de hacer exigencias ¿recuerdas?! Tú tienes tanto que perder o más que ellos.

—Entonces arrésteme si eso lo va a complacer— no subió la voz, pero se mostró más firme, más amenazante. Simplemente no permitiría que pusieran en peligro a quien le era más importante en todo el mundo— pero no pienso aceptar que la sospecha de que puedan hacerle algo a Masamune en la cárcel pase bajo la mesa sin la menor importancia.

Hiroki miró a Ritsu con una mezcla de sentimientos entre la sorpresa y la comprensión, la sola idea de que Nowaki terminara como Mino o Todo le estremecía el cuerpo y le oprimía el pecho hasta casi hacerlo llorar y ahí estaba con las manos temblorosas, con la voz atorada en la garganta, con los pensamientos a mil por hora sin saber que hacer mientras que Ritsu defendía a la persona que le era más valiosa a capa y espada, incluso dispuesto a morir por él en una cárcel.

"Voy a protegerte con mi vida si es necesario"

¿Cuantas veces había escuchado de Nowaki esas mismas palabras, esa misma entrega? ¿Esa disposición a arriesgarse por él sin titubear? Nowaki lo amaba, y daría su vida por la suya... ese sentimiento de aprehensión, de desesperación por solo imaginarlo en peligro, de miedo de verlo tras las rejas a la merced de Usami y sus aliados, ese empuje de esconderlo, de huir donde nadie pudiera separarlos... ¿eso no era amor también?

—Señor Kirishima— hizo una pausa antes de hablar— No vamos a entregarles a Takano ni a Nowaki hasta que su seguridad sea garantizada— Son nuestros testigos más importantes junto a Onodera... no voy a permitir que mueran.

Kirishima iba a gritarles que no estaba dispuesto a ocultar a dos asesinos, más movido por los profundos celos que sentía hacia Masamune que cualquier otra cosa, pero alguien llamó a la puerta y antes de que se diera cuenta la imponente presencia de Yokozawa se hizo notar, él nunca se atrevía a interrumpir sus reuniones y desde que le habían dado de alta en el hospital no lo dejaba solo en ningún momento, cosa que a Kirishima evidentemente no le molestaba en lo más mínimo.

—Señor Kirishima— llamó con voz firme— ¿puede venir un momento? hay algo de lo que quiero hablarle.

—Yokozawa estoy en medio de algo...

—Es importante— le interrumpió con aún más decisión y Zen tuvo que acceder, posiblemente de verdad era urgente.

—Permítanme— excusó sin bajar la guardia y le siguió— ¿Qué ocurre?— preguntó apenas cerró la puerta.

—Todo lo que estaban gritando se escuchó hasta aquí— comentó Takafumi con serenidad— Y... no quiero cuestionar tu juicio, pero me parece que estás siendo muy injusto... y que esto tiene que ver con otra cosa, más que con el hecho de que fueron hombres de Usami.

—Takafumi... son unos criminales— exclamó en un susurro— mataron personas ¿Que nos dicen que no lo están haciendo ahora?

—Zen ¿dos asesinos estarían dispuestos a entregarse y declarar si estuvieran haciendo eso?— preguntó en actitud conciliadora.

— ¿Lo estás defendiendo?— le devolvió la pregunta con mirada acusadora.

— ¿Toda tu actitud es por eso?— lo miró con un dejo de sorpresa en su voz— ¿Estás haciendo esto por desquite?

—Takafumi, ese hombre te hizo daño, se...

—No me uses a mí para pagar tus frustraciones contra Masamune, Zen— dijo con reproche— Lo que pasó, ya pasó y si Masamune está dispuesto a ayudarnos fue porque al ver lo que había pasado en el incendio y que casi morías, sintió que era el momento de romper el silencio por fin.

— ¿Entonces dices que debo agradecerle?— bufó— Takafumi... eso no borra lo que hizo...

—Entonces arréstame también— le extendió sus muñecas para que lo esposara— Yo supe durante años que Masamune era un asesino, lo tuve en mi casa y lo ayudé a huir... eso es obstrucción de la ley ¿verdad?

—Basta, Takafumi— espetó mucho más indignado.

—No, Zen. Si quieres hacer justicia por encima de todo, hazla... aunque te recuerdo que Usami se enterará que durante años supe el paradero de Masamune, que sé casi todo lo que él sabe y que posiblemente también me maten.

Kirishima chasqueó los dientes en un gesto que Takafumi jamás le había visto antes de ese momento.

— ¿Por qué insistes en defenderlo?— preguntó totalmente irritado.

—Esto no se trata de ti, ni de mi... ni del pasado— dijo con voz amable, casi paternal— Usami ha hecho mucho daño... te puso en peligro y no sabes cuánto rencor le guardo por eso, pero este no eres tú. Estas actuando desde los celos, desde la rabia... ese no es el Zen Kirishima justo e imparcial que defiende la ley pero sigue siendo un humano... no es el que me salvó— puso una mano en su hombro y trató de sostenerle la mirada a pesar de lo que estaba por decir— no es de quien yo... me... enamoré.

Sus mejillas se tiñeron de rojo y Zen dejó escapar un profundo suspiro antes de relajar su rostro.

—Sabes que es ilegal— contestó ya con voz mucho más calmada, menos a la defensiva.

—Puedes darles una amnistía hasta que esto pase— contestó con rapidez— así no sería ilegal.

—Eres increíblemente astuto— Zen dejó escapar media sonrisa— Tramposo.

—Aprendí del mejor.

— ¿Por qué lo apoyas? digo, si Onodera no hubiera aparecido... tu...

—Lo hago porque simplemente no soporto verte actuar así, por nada más— palmeó su hombro un par de veces— además... no cambiaría lo que ha pasado en estos últimos meses por nada en el mundo.

— ¿Eso es una confesión?— su mirada se tornó insinuante. Takafumi le dio un ligero golpe en el hombro.

—Lo digo por Hiyo... idiota— contestó evadiendo su mirada al darse cuenta de lo vergonzosas que habían sido sus palabras— ahora regresa... ya has causado demasiado alboroto y la situación ya está muy tensa para empeorarla.

Le dio la espalda para comenzar a caminar cuando lo sorprendió con la guardia baja trayéndolo hacía si y besándolo en los labios como solo Zen sabía hacerlo, drenándole la fuerza de sus piernas y borrando su entendimiento con el gentil toque de sus manos y su experta forma de besar.

— ¿Que sería de mi sin ti?— susurró una vez se separaron. Takafumi lo alejó de un manotazo.

—Es tu trabajo, idiota... pudieron descubrirnos— Estaba sonrojado e incómodo, realmente le generaba impotencia no poder resistirse a sus muestras de afecto y ser tan vulnerable a sus besos.

—Por eso dejé el resto para cuando estemos en casa— caminó de nuevo hacia su despacho metiendo las manos en los bolsillos de su saco como si la molestia de hacía un rato hubiese sido una ilusión suya.

—Este grandísimo idiota— espetó al verlo caminar, pero en el fondo se sentía aliviado... había vuelto a ser el mismo de siempre.

—Bien— suspiró una vez entró de nuevo a la oficina. Hiroki notó que su rostro estaba más compuesto, más sereno... quizás ese hombre llamado Yokozawa le había dicho algo que lo hizo cambiar de opinión. — Voy a concederles una amnistía para Takano y Kusama... la firmaré directamente, por ello protección de testigos no se va a enterar y su paradero o existencia no saldrá de esta oficina, pero deben asegurarse, que en cuanto termine esta investigación van a comparecer ante la ley por sus crímenes.

Hiroki exhaló un suspiro de alivio mientras que veía como en los labios de Ritsu se dibujaba una sonrisa y en sus ojos se acumularon un par de lágrimas, de a ratos olvidaba quién había sido Nowaki en su pasado, pero... él amaba era al del presente, al que luchaba por resarcir sus pecados, por detener la matanza en la que había participado por años.

—Gracias, Señor Kirishima— dijo con sinceridad. Su corazón volvía a latir dentro de su pecho al saber que por un tiempo más... estaría bien.

—No tienen que agradecérmelo— contestó Kirishima— Hago esto porque no tendría caso encerrarlos bajo la sospecha de que Usami pudiera hacerles algo para sacarlos del medio, los necesitamos con vida para que declaren en su contra y si están dispuestos a colaborar, podemos darles ese voto de confianza.

—Señor Kirishima— llamó Ritsu— Muchas gracias por esto, pero... ¿Que lo hizo cambiar de opinión?

—Nada en particular— contestó con media sonrisa—, es solo que... pude ver las cosas con mejor enfoque gracias a alguien. Sólo no los pierdan de vista... no vaya a ser que se arrepientan.

Hiroki casi sonrió, era muy difícil que Nowaki se alejara de su vista...

—No creo que eso pase— contestó con seguridad.

—Entonces no queda más que decir. Empezaremos con los trámites para iniciar la investigación y comunicaremos a los abogados de Usami del segundo proceso esta misma tarde— miró a Ritsu— El que esté vivo es motivo de fiesta para la prensa sensacionalista y no de la buena manera... absténgase de dar declaraciones que pongan en tela de juicio la investigación ¿de acuerdo?

—Por supuesto— respondió Ritsu— conozco los riesgos que eso implicaría.

—Muy bien, pongámonos en marcha entonces— concluyó Kirishima la reunión y todos salieron de la oficina, en el pasillo se cruzaron con Ishi y Misaki quienes regresaban del archivo. El más joven tuvo que reprimir su cara de sorpresa en cuanto vio a Kamijou, pero más aún cuando vio a Onodera vivo y sobre sus pies.

—Takahashi ¿Qué te pasa?— preguntó Ishi— de repente te pusiste pálido.

—Yo... recordé algo muy importante que tengo que hacer... dame un momento— dijo y se volvió para casi correr de regreso hacia el archivo mientras marcaba unas teclas en su celular.

—Entiendo. Entonces eso es lo que pasa— dijo Usami con absoluta calma mientras hablaba por su teléfono celular, sin embargo su mirada estaba clavada sobre Hatori en un gesto claramente amenazador— Tomaré cartas en el asunto lo antes posible... Por favor Misaki cálmate, no va a pasar nada... respira y actúa con normalidad, pueden descubrirte ¿dónde estás?

Hizo una breve pausa en la que Hatori supuso que el muchacho le indicaba su ubicación. Desde que había entrado al clan, la única persona con la que Akihiko Usami hablaba en un tono completamente diferente, casi dulce y relajado era precisamente con Misaki, y era el único dentro del grupo al que todos le tenían el más inexplicable de los miedos...

Hatori sabía que cualquier movimiento en falso que Misaki detectara en contra de Usami era una sentencia de muerte, sin explicaciones, sin segundas oportunidades... y eso lo hacía el más terrible de todos los Conejos porque su lealtad era ciega y absoluta.

—Confía en mi ¿sí? saldremos de esta. Tu no hagas nada por el momento ¿Está claro?— ordenó con firmeza, pero sin ser demasiado rígido— hablaremos aquí... te amo.

Había olvidado ese pequeño detalle... Usami y Misaki mantenían una relación desde hacía algunos años, él era su favorito, su mejor aliado, la más preciada posesión. Si la empresa Usami se manejaba como un tablero de ajedrez y Akihiko Usami era el rey... entonces Misaki era la reina, se movía a su antojo, conquistaba a su antojo... y protegía a su rey matando a su antojo.

Usami colgó la llamada y colocó el teléfono sobre el escritorio para mirarlo con expresión severa, dura y fría, a Hatori le costó un poco mantener la compostura mientras un escalofrío de terror le recorría la espina.

— ¿Y bien?— preguntó demandando una explicación, suponía de que se trataba, pero no se esperaba que Kamijou y sus hombres usarían esa carta tan rápido tomándolo desprevenido. — ¿Puedo saber por qué esto escapó de tu control, Hatori?

—Señor Usami...— recordó de golpe que las excusas eran poco prudentes, ya habían puesto a otros antes que él en esta situación... las excusas mataron a Asahina y pusieron en la mira a Yukina... y él necesitaba a Usami de su parte— No tengo excusas... no me esperaba que actuarían con tanta premura y menos que Onodera tuviera las agallas de aparecerse vivo en ese tribunal.

—No estás aquí para suponer o esperar— contestó con la mirada aún más sombría— Estás aquí para actuar, Onodera no se hubiese presentado en este tribunal poniéndonos en peligro si tu hubieras cumplido con tu trabajo... Se suponía que matarías a Masamune... con quien fuera que estuviese.

—Lo sé Señor... mis disculpas— reverenció conteniendo los nervios, pidiendo en su fuero interno que no tomara represalias... no contra él, al menos.

— ¿Qué hay de los documentos que se perdieron? ¿Los encontraron ya?

—No señor.

Usami arqueó una ceja.

—Te estás mostrando realmente incompetente últimamente y sabes que no estoy para incompetencias...

Hatori apretó los puños recordándose mentalmente que por más que le irritara, Usami era el único que podía ayudarlo.

—Realmente lo siento… tendré más cuidado de ahora en adelante.

— Hatori— giró el sillón dándole la espalda— ¿cómo está?

Abrió los ojos en incontenible sorpresa, rogando internamente que no atacara ese flanco, todos menos ese.

—M-mejor— lo escuchó titubear por primera vez en mucho tiempo y casi recordó al muchacho desesperado que, al igual que Nowaki, clamó por ayuda— Gracias a usted.

—Si quieres que esa condición no cambie — volvió a girarse para mirarlo fijamente, su voz se tornó amenazadora, lo estaba sentenciando— muestra resultados.

—Entendido, Señor— volvió a reverenciar.

—Busca a Yukina y a Kisa, tengo trabajo para ellos— ordenó volviendo a su usual tono frío, hizo una última reverencia y salió de la oficina.

— ¿Serás tú el único que en realidad hace esto por mí... Misaki?— suspiró mirando hacia la ventana con el ánimo realmente decaído.

Que duro era ser un rey cuyos peones solo permanecían a su lado bajo amenazas.


Cuando regresaron a casa, eran altas horas de la noche; después de la reunión con Kirishima, el resto del día se había ido entre papeleos para comenzar a procesar la investigación. Al estar sin secretaria y adecuarse a la nueva oficina, debían realizar simultáneamente muchas otras tareas; y el caso Usami no era fácil tampoco de plantear, ahora menos con toda esa nueva información que tenían a la mano.

—¿Has visto mi teléfono?— preguntó Miyagi mientras buscaba en su maletín infructuosamente.

—No, seguramente lo dejaste en el auto— contestó Shinobu revisando sus bolsillos en busca del aparato sin encontrar nada.

—Voy a buscarlo— decidió para volverse rumbo al elevador— Espérame adentro.

—Trata de no tardar mucho, viejo... voy a empezar a cocinar— dijo con un dejo de altivez mientras giraba la llave en la perilla para entrar, en honor a la verdad, últimamente Shinobu no soportaba estar lejos de Miyagi demasiado tiempo, la paranoia de que pudiera pasarle algo mientras estaban separados lo asaltaba constantemente.

—¿Mucho miedo de estar solo, mocoso?— preguntó con arrogancia arqueando una ceja. Shinobu se sonrojó en el acto.

—¡Claro que no! ni que fuera un niño— espetó casi gritando— ¡solo ve!

Y lo vio abordar el elevador con aquella risa melodiosa que tanto amaba de él.


La distraída recepcionista del edificio estaba limándose las uñas con especial pereza cuando un muchacho alto de ojos color del chocolate y una brillante sonrisa se acercó. Tenía un par de aretes en la oreja izquierda y una espesa chaqueta verde oliva con cuello de piel, un pasamontaña gris cubría la gran mayoría de sus cabellos, pero aun así algunos mechones castaños salían delatándolo.

—Buenas noches, señorita— saludó con especial cortesía. Notó como a la muchacha le costó recuperar el aire.

—B-buenas noches— saludó en respuesta con la voz temblorosa y un leve sonrojo en sus mejillas. Ya estaba acostumbrado a esa respuesta, y gracias a su cara la gente soltaba con facilidad lo que él quería saber... que manejables y predecibles eran.

—Estoy buscando a un amigo... él me dijo que vivía aquí pero no recuerdo en cual apartamento me mencionó que vivía... Su nombre es Shinobu Takatsuki.

La muchacha dudó unos segundos.

—La verdad, es que... verá. Yo no puedo darle esa información sin confirmar su identidad— contestó aun con las mejillas coloradas— si me dice quién es pues, puedo decirle que lo visita y bajará a buscarlo.

— Lo que pasa es que— se acercó a su rostro poniéndola aún más nerviosa— es una visita sorpresa. Hace muchos años que no nos vemos y... recientemente regresé al país, es mi mejor amigo en el mundo, casi como un hermano... ¿no me dejará verlo?

— p-pero...— dudó un poco más evadiendo su mirada, pero notó como sus manos temblaban; esa era la abertura que necesitaba.

— Por favor— susurró levantando su mentón con los dedos acercando más su rostro al de la, de por si sonrojada chica, que por fin le sostuvo la mirada comenzando a respirar agitadamente.

—Está bien— parecía hechizada— piso 3, apartamento 3-C.

Media sonrisa se dibujó en los labios del joven.

—Gracias, preciosa— juntó sus labios con los suyos, sólo rozándolos un poco. La chica cerró los ojos totalmente encantada de que aquel muchacho tan principesco y guapo la besara, pero poco después comenzó a sentir como el aire se iba de sus pulmones y comenzó a forcejear tratando de apartarlo hasta que las fuerzas la abandonaron y quedó inconsciente entre sus brazos.

Kou se la quitó de encima con un gesto de absoluto desprecio y la colocó en el escritorio como si estuviera profundamente dormida. Hizo una señal a Kisa quien vigilaba la puerta de vidrio del elegante conjunto residencial.

—¿Lo tienes?— preguntó mirando a la chica desmayada sobre la recepción y chasqueó los dientes. Odiaba que tuvieran que recurrir a esos métodos.

—Si— contestó removiéndose una especie de película transparente de los labios para meterla en el bolsillo de su abrigo. Shouta rodeó el escritorio hacia la parte interna, y marcando algunas teclas en la computadora, todas las cámaras de seguridad comenzaron a repetir la misma última toma, pasando por alto su presencia.

—Listo, vamos— dijo removiendo una pequeña tarjeta del computador y caminando al ascensor con Yukina tras él.


Al regresar a casa lo encontró sentado en el sofá de la sala. Sus ojos intensamente azules lo miraron con devoción, haciéndolo sentirse realmente enternecido.

—Bienvenido a casa, Hiro— sonrió con voz amable. Hiroki había olvidado en qué momento se había acostumbrado a que lo recibiera cada vez que llegaba, o a que lo despertara con un abrazo o un beso, o con cualquier otra acción vergonzosa digna de una pareja de recién casados. Orgulloso como era, muchas veces rechazaba categóricamente aquellos gestos, pero muy en el fondo de sí mismo, sabía que eran hermosos recordatorios de que ya no estaba solo, de que, para bien o para mal, Nowaki estaba junto a él... y de que su presencia se había convertido en el pilar fundamental de su lucha, dándole la fuerza necesaria para no rendirse, incluso cuando sus fuerzas empezaban a flaquear.

Se lanzó sobre el sofá a su lado sin responderle y le extendió un sobre blanco sin siquiera girarse a verlo.

—¿Qué es esto?— preguntó con curiosidad.

—¿Es que todo tienes que preguntarlo?— espetó con altanería— ¿No puedes simplemente abrirlo y averiguarlo?

Nowaki sonrió levemente y recibió el sobre, abriéndolo en el acto. Cuando comenzó a leer el contenido del documento sus ojos se abrieron hasta más no poder— Hiro.. ¿Esto es...?

—Es hasta que la investigación termine— respondió— Fue la única forma de... ¡oye ¿pero qué haces?!

El ojiazul lo tomó desprevenido estrechándolo con fuerza entre los brazos, aun con el sobre entre las manos.

—Gracias, Hiro— musitó con una voz profunda y sincera que hizo que Hiroki se sonrojara en el acto.

—No te emociones tanto, es solo hasta que todo esto termine— dijo tratando de ocultar el temblor en su voz—. No te garantizo nada en cuanto Usami sea encerrado.

—No importa. Es tiempo más que suficiente para protegerte.

—¿Por qué no te preocupas más por ti?— lo apartó con la mano— ¿Te has puesto a pensar lo que podría pasarte? ¡Deja de ser tan temerario!

Lo vio reír un poco y se sintió realmente indignado— ¿Acaso estás burlándote de mí?— Se levantó del sofá totalmente ofuscado— Olvídalo has lo que...

Nowaki lo atrajo hacia él y lo encerró entre sus brazos con tanta fuerza, pero al mismo tiempo con tanta gentileza que inmediatamente sintió como los colores se le subían de nuevo al rostro, acumulándose en sus mejillas hasta hacerlas arder.

—Jamás podría burlarme de ti— dijo en una voz dulce— Estoy tan feliz de que te preocupes por mí, Hiro.

Sus manos subieron lentamente a sus mejillas, para atraerlo hacia su rostro para besarlo lentamente.

—I-idiota— susurró en cuanto se separó— ¿Por qué estarías tan feliz por esa pequeñez?

—No es una pequeñez si se trata de ti— susurró contra sus labios apoyando su frente en la suya— Porque más que nada, más que nadie, incluso por encima de mí... Tú eres la persona más importante en mi mundo, Hiro.

En cuanto escuchó eso se sintió tan extraño... era la primera vez que sentía que podía llorar de felicidad. Con algo de indecisión subió sus manos a su espalda, correspondiendo a su abrazo y cerrando los ojos dejó que Nowaki nuevamente lo besara. Sabía que era una medida temporal, que esa amnistía no duraría para siempre y que, en algún momento, él tendría que saldar deudas con la justicia, pero... cuando ese momento llegara buscaría la forma de salvarlo una vez más... igual que Nowaki lo había salvado en su momento, renunciando a su propia vida en el proceso.

Y de un momento a otro sus caricias dejaron de ser inocentes para convertirse en brasas que comenzaron a quemar la piel bajo su camisa incrementando su calor corporal a niveles casi dolorosos. Le resultaba altamente irónico como podía ser tan cursi e infantil en un segundo y tan sensual y lujurioso al siguiente, como si de verdad hubiera dos personalidades dentro de él, pero, en cierta forma le gustaba ser el detonante de esas emociones tan vehementes, le gustaba que Nowaki lo deseara hasta la saciedad, de la misma forma que el calor de sus manos en su piel le resultaba irresistible.

—Tonto— jadeó intentando resistirse fútilmente cuando sintió sus labios sobre su cuello—. N-no es el m-momento...

—Pero quiero tocarte, Hiro— fue lo único que obtuvo en respuesta sin que el pelinegro mostrara la más mínima intención de detenerse, al contrario, sus manos subieron desde su cintura por todo su torso trazando las formas de su delgado cuerpo, encendiéndolo más con esa calidez tan conocida por el castaño, pero al mismo tiempo tan nueva... el toque de esas manos jamás se borraría de su memoria porque aunque él no le dijera nada, Nowaki había descubierto esas zonas que encendían sus más bajos instintos con tan sólo un roce de sus dedos.

— ¡Ah! i-idiota— Tuvo que hacer acopio de toda su fuerza para controlar los jadeos que deliberadamente salían de sus labios contra su voluntad, era como si su yo racional no contara con su cuerpo en esos momentos en que la pasión despertaba y respondía solo a sus atenciones por más que intentara resistirse.

Ignorando totalmente sus advertencias; Nowaki descubrió su pecho quitándole la camisa, lanzándola al suelo como si en ese preciso momento la ropa fuera lo de menos, para mirarlo fijamente con esas brillantes orbes azules a las que Hiroki simplemente no podía poner resistencia, una sola mirada de esas y ya no tenía escapatoria... y lo más terrible era que sentía que el otro sabía eso.

Atrapó sus labios una vez más, mordiéndolos, lamiéndolos. Era una mezcla entre la obscenidad y la ternura tan curiosa y tan cautivante a la vez; con solo besarle de esa manera borraba cualquier rastro de cordura dentro de él y lo hacía olvidar por un momento de la situación en la que estaban y por muy disparatado que suene, incluso agradecerla, porque de no ser por esa persecución no sentiría en carne viva aquel amor. Era como si la sensación constante de peligro elevara su adrenalina y su deseo por él, ante la ansiedad de perderlo en cualquier momento.

Cuando sus labios bajaron a su cuello ya estaba perdido, no había lugar para el orgullo en su posición, y en realidad no lo necesitaba demasiado, porque Nowaki cuidaba tanto que se estuviera sintiendo bien que no necesitaba siquiera guiarlo, era como si conociera cada uno de sus puntos débiles a la perfección, irrumpiendo sin piedad dentro de él con ese calor que desprendía, convirtiéndolo en una vorágine de sentimientos encontrados entre el placer, la vergüenza y el deseo.

Sentía la cara arder cuando una vez más su lengua bajó por su pecho, haciéndolo echar la cabeza hacia atrás, era tan cálida como el resto de su cuerpo, dibujando cada rincón de su ser con sus caricias que para cuando se dio cuenta ya tenía el pulso cabalgándole por las venas totalmente fuera de control y la respiración agitada mientras se aferraba a su cabello con las manos.

— ¡Ngh! N-Nowaki... ah...— Por mucho que intentara, ningún pensamiento coherente podía armarse en su cabeza, menos podría tener algo inteligible por decir entre los gemidos que se resbalaban por sus labios como un caudal. Cada parte de su cuerpo le indicaba que estaba siendo apasionadamente arrastrado por un tifón, y ese tifón tenía cuerpo, alma y una desenfrenada forma de amarlo que las palabras no le alcanzaban para describir lo bien que se sentía todo aquello.

Sintió su aliento tibio sobre su ombligo, junto con sus jadeos. Tanto silencio en la habitación era propicio para llenarlo con el timbre de sus voces que resonaban por las paredes, repitiéndose hasta llenar sus oídos, sacudiendo sus fibras, haciéndolo estremecer.

Delicadamente le desnudó por completo, arañando un poco la piel de sus piernas al hacerlo. Rebasado totalmente por todo lo que estaba sintiendo dentro de su cuerpo y fuera de él, Hiroki levantó las caderas sin poner un ápice de resistencia, sintió como las yemas de sus dedos bajaron lentamente desde su estómago hasta su vientre, haciéndolo gemir aún más, erizándole la piel. Sentía relámpagos viajar por su espina, elevando su libido a niveles que nunca creyó sentir cuando sintió sus manos frotar su intimidad con parsimonia, pero sin detenerse un solo instante mientras sus ojos no dejaban de mirarlo, haciéndolo conocer nuevos niveles de vergüenza. Sabía cuánto le excitaba verlo así, en esa posición tan contraria a como era siempre, totalmente sometido al delicioso suplicio de sus manos.

—Déjame hacerlo con mi boca— jadeó tan suavemente en su lóbulo que un escalofrío lo recorrió sacándole otro gemido que retumbó en la habitación y Hiroki deseó que las paredes fueran muy gruesas para que los vecinos no lo miraran acusadoramente al día siguiente.

Sólo dejó escapar un suspiro como asentimiento mientras lo vio bajar de nuevo hasta sus piernas, no sin antes besar de nuevo lo que encontrara a su paso. Aquello iba a volverlo loco sin duda, pero la vista de sus labios recorriéndolo por entero era algo que nublaba sus sentidos.

Sus manos casi traspasan la tela del sofá cuando sintió la calidez de su boca atrapando su centro llenándolo de húmedas atenciones. Los gemidos colmaron sus labios mientras lo veía moverse explorando cada rincón, superando los niveles de deleite que ya conocía, nublando su mirada y apagando totalmente su razón. Rato después sintió uno de sus suaves dedos abrirse camino entre sus entrañas, recordó cómo se sintió incómodo y hasta un poco doloroso la primera vez, pero ahora era diferente... en contra de su inquebrantable orgullo debía admitir que amaba sus manos, tanto como a todo su cuerpo, pero sus manos en especial le llevaban al cielo mostrándole un calor desconocido que lo marcó para siempre, haciéndolo tan suyo como Nowaki era de él.

—Ya...— alcanzó a jadear—d-duele...

—Pero, parece que te sientes bien.

—s-si sigues así... yo...

—Está bien, no me molesta— contestó con una sonrisita.

— ¡t-tonto! eso no es lo que quise decir— Sus mejillas ardían al decir eso con aquella voz, pero debía decírselo. — Q-quiero... que lo hagamos j-juntos...

Hiroki casi sintió un incendio dentro del cuerpo cuando lo miró de aquella forma tan lasciva después de quitarse el suéter y su pecho se rozó con el suyo cuando subió hasta sus labios para dejarle un suave beso.

—Esa cara es injusta, Hiro— dijo con los ojos fijos en los suyos— Perdóname, pero ya no puedo aguantar más.

Y acto seguido se quitó el resto de la ropa para acomodarse entre sus piernas e iniciar la invasión de su interior. Hiroki cerró los ojos y arqueó la espalda cuando lo sintió entrar y de nuevo la sensación de inmenso calor dentro de él le borró la conciencia por unos instantes, perdiendo el control incluso de su propia voz, que no podía articular otra cosa que no fueran gemidos mientras sus manos trepaban por su espalda, aferrándose con fuerza a él.

Quien viera su relación desde un punto de vista externo podía llamarla coincidencia o dos personas unidas por ser víctimas de las circunstancias; pero para Hiroki, el sentimiento que embargaba su pecho iba más allá de aquellas banalidades, la palabra amor en su extensión podía quedarse corta en esos momentos de completa entrega, lo amaba demasiado y era tal el miedo de perderlo en el momento que menos se esperase que se entregaba por completo a él, no solo en el cuerpo, sino en el alma, la mente e incluso el espíritu... queriéndolo cada vez con más locura, con más vehemencia.

— ¡Ah! N-Nowaki...— sentía arder las entrañas con cada una de sus estocadas, y con cada una de ellas sentía la necesidad de abrazarse a ese calor hasta que lo quemara por completo. Así de intenso era su amor.

Se asió de sus cabellos totalmente superado por el inmenso placer producido de la fricción de sus cuerpos. Ya no sabía dónde terminaba su cuerpo y empezaba el suyo, ya no hallaba de que garganta provenían los gemidos o los suspiros, sólo podía estar consciente de las descargas eléctricas que sacudían su espina y del beso febril que Nowaki le dio al aumentar el ritmo de sus movimientos haciéndolo apretar los dedos de las manos y los pies.

—Hiro, te amo... más que a nadie en el mundo— lo escuchó casi sollozar sobre sus labios para derramarse tibio y sedoso dentro de él, perdiendo el sentido por unos segundos mientras se estremecía debido a la placentera sensación del clímax alcanzado una vez más entre sus brazos.

Sin dejar de mirarse, Nowaki subió su mano hasta su mejilla besándolo gentilmente, para después caer sobre su hombro; Hiroki sintió su pecho un poco agitado mientras él mismo trataba de recordar cómo respirar. Aunque se sentía un poco apenado de estar en esa posición tan poco decorosa en medio del recibidor, lo dejó estar por unos momentos, sintiendo entre tanto la sedosidad de sus cabellos entre sus dedos y suspiró ante la certeza de que nunca podría estar de esa manera con nadie más.

—O-oye. Ya bájate... estas pesado— dijo después de unos minutos, cuando ya no podía soportar lo bochornoso de aquella posición.

—Lo siento— le contestó con una sonrisa y se acomodó a su lado, estrechándolo entre sus brazos como siempre que estaban así. Y como el sofá era un poco más angosto que la cama donde dormían, pues tuvo que pegarse más a él para que los dos pudieran tener el suficiente espacio para reposar unos momentos después de aquella actividad. Hiroki se sonrojó sobremanera cuando cayó en cuenta de la posición tan vergonzosa en la que había quedado, pero se sintió aun peor al darse cuenta que no le molestaba en lo absoluto estar lo suficientemente cerca del más alto como para sentir su tenue respiración sobre sus cabellos.

El ruido del teléfono sobre la mesa de té los despertó de golpe, pero la noticia que estaría por recibir definitivamente los reubicó en su desventurada situación.

—Kamijou. Soy yo— La voz de Miyagi no era relajada como solía serlo, ni siquiera era firme como en sus peores momentos, era desesperada, impotente, casi al borde del llanto.

— ¿Miyagi?— contestó Hiroki medio adormilado con Nowaki a su espalda— ¿pasó algo?

—Tienen a Shinobu, Kamijou.