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Capítulo XXIV

Por lo visto la reina ya había anunciado su llegada ya que Dorothy estaba en la habitación de Candy tratando de despertarla.

Señorita Candy, Candy despierta – le tocaba el brazo, zarandeándola.

Cinco minutos – pidió ella.

Bueno, entonces ya no entrarás a la junta con la reina – le advirtió sonriendo.

¿Qué has dicho? – gritó Candy al comprender que se quedarían fuera.

Sí, que ya no entrarán a la biblioteca – repitió la castaña un tanto divertida.

Terry levántate, tenemos que ducharnos. Dorothy alista mi ropa – ordenó la rubia haciendo que Terry saliera volando de su habitación a que se preparara.

Candy y Terry se alistaron en menos de quince minutos, era increíble tal rapidez, cuando llegaron al lobby Albert se quedó impresionado.

Chicos, ¡qué rápidos! – exclamó Albert sonriendo.

¿Qué quieres decir Albert? Y ¿la reina? – preguntó Candy.

Pues que fueron rápidos, la reina llegará en una hora más o menos – informó el rubio y ambos chicos miraron feamente a Dorothy.

Lo siento, pero no me dejaste terminar de decirte las cosas... como siempre – sonrió y huyo de allí.

Está bien, pasó algo cuando no estuvimos – alzó la ceja en son de sorpresa.

No, nada – soltó el rubio.

No quedo muy convencida, bueno vamos a comer algo porque estamos famélicos, permiso – tomó a Terry de la mano y lo jaló al comedor.

Nos la hizo Dorothy ¿verdad? – le preguntó mientras la rodeaba por la cintura con el brazo.

Ya me las pagará, ¿qué quieres comer, mi amor? – preguntó Candy, dándole un beso en la mejilla.

A ti – respondió dándole un beso en el cuello.

Terry, estás loco, me refería a la comida – lo alejó dándole un golpe en el hombro.

Ah bueno, yo creo que fruta y algo ligero. Candy, sabes de que se tratará esto de la reunión con la reina – preguntó él mientras tomaba un par de huevos del tazón que Dorothy había dejado.

Pues de la reliquia esa, aún hay cosas que no entiendo – soltó sin pensar.

Terry jaló la silla hacia atrás para que Candy se sentara, se pasaron el almuerzo entre risas y sonoros besos, hasta que fueron interrumpidos por Albert.

Candy, temo interrumpir, pero la reina ya llegó y los necesito a todos en la puerta para recibirla, por cierto Albertito ya llegó también – se sonrió alegremente.

¿Qué hace aquí? – preguntó Terry irritado.

Todos en la familia tenemos nuestra parte de acción – se mofó Albert del castaño.

Pues ahora entiendo menos – comentó Candy.

Lo entenderás todo después, espero. Vamos pues… - los apresuró.

Terry y Candy se levantaron dejando las servilletas sobre la mesa. Cuando llegaron a la puerta, todos se habían formado a los lados, incluso su padre y la tía abuela, frente a ella se encontraba Anthony, este al verla le sonrió y Terry sin darse cuenta le tomó la mano a su novia; Candy al sentirlo volteó a verlo y le sonrió, Anthony sólo miró hacia el suelo, aceptó al final que la había perdido.

La reina había llegado, su escolta la siguió muy de cerca, Albert y la matrona de la familia la condujeron a la biblioteca la cual ya estaba preparada, arreglos de rosas por todos lados y servicios de té llegaron minutos más tarde, junto con pequeños dulceros.

Todos se sentaron donde la mirada de la matrona se dirigía, por lo que de ellos nueve se quedaron frente a la reina. Todos los demás se miraban sin comprender nada.

Richard, pensé que estabas en inmersión – soltó la reina al Duque de Grandchester.

Su alteza, espero que se encuentre bien. Si de hecho estábamos ahí, pero nos hemos encontrado con una sorpresa, George – Richard le pidió el medallón.

Enseguida duque – se lo dio amablemente.

Ahora veo que es cierto, ¿a quién ha encontrado? – cuestionó intrigada.

A Candace, su alteza – le informó y todos miraron a la rubia, ella atinó sólo a sonreír.

Ya veo, con que una Andley; eres doctora ¿verdad Candy? – le cuestionó ella solemnemente.

Sí, su alteza – asintió.

Ya veo, buena tarde Terrence – lo saludó muy sonriente y a la vez seria, dirigiendo la mirada a su derecha.

Su alteza, ¿cómo ha estado? – le hizo una venia muy galante.

Por lo que veo, tú estás mejor que yo. Lo que me pregunto, cuando no voy a tener que salvarlos, mi familia ha tenido a algún par de ustedes dándome problemas – se quejó la reina.

Su alteza, nos hace sentir como villanos – reprocharon los Grandchester.

Villanos… no se me había ocurrido antes, no diría villanos, más bien tontos enamorados – declaró ella sorprendiendo a todos.

Quiere decir que… - se interrumpió Terry.

Sí que no sólo tú has estado en el aprieto en el que te encuentras, esta historia va mas allá de William Andley y de tu bisabuelo, data de hace muchos años atrás, creo que así entenderás del por qué sus familias están en problemas constantemente y ahora Candy si que tienes algunos de ellos, eres la sexta mujer que al parecer se ha enamorado de los celosos, posesivos y malhumorados Grandchester – enumeró las hermosas cualidades de los Grandchester.

Terry y Richard se miraron menos complacidos.

Sabes que es la verdad, que tu no hayas conquistado a Shara no quiere decir que Terry no sea como los acabo de describir.

La reina tenía razón, todos los Grandchester tenían esos defectos, aún no sabía por qué, pero eso era una de las cosas que nunca podía cambiar.

Nos conoce bien su alteza – profirió Terry sin cuidado.

Tú lo has dicho Terrence, bueno supongo que los Duff andan cerca – susurró.

Sí, están en el tercer piso de esta casa, su alteza – informó George.

Bueno, tendré que tener paciencia, porque aquellos son especiales – rodó los ojos.

Supongo, ¿qué haremos, su alteza? – cuestionó Richard.

Pues primero tenemos que hablar del medallón, después ya veremos – solucionó ella.

Está bien, pues comencemos entonces, ¿quién comienza? – preguntó Albert.

Creo que primero debemos saber que dice el contrato del "embrujo de William" – sugirió Elroy.

George podríamos ver qué tiene la caja donde viene el contrato – cuestionó Albert.

Por supuesto, la pondré sobre esta mesa e iré sacando cosa por cosa – ahora el que sugirió fue George.

George sacó la caja de roble rojo que tenía bajo llave con el contrato del señor William, después de deslizar la tapa, el mismo George se quedó mudo, ahí se encontraban varios objetos. Primero sacó una caja más delgada que las demás, buscó cómo abrirla, no encontró y lo único que logró ver fue un cerrojo, un tanto conocido.

¿Qué pasa George? – cuestionó Albert.

Tiene que ver esto, creo que necesitaremos la llave del medallón – informó el castaño.

¿Qué cosa dices? – cuestionó el rubio.

Lo que ha oído, Candy dame la llave – se la pidió.

Sí – la sacó del medallón y la extendió.

Increíble pero cierto, la llave de la caja era la misma que la del medallón, ahora todo se complicaba, qué enredo era el que se traían entre manos, de haber estado los Duff presentes hubieran creído que los Andley-Grandchester pretendían culparlos de todo cuando no encontraran la llave que abría el otro medallón, el falso. Y más porque al parecer éste lo tenía William Andley.

¿Qué tiene esa caja Candy? – le preguntó cuando ella sacó una de las cajas.

Una caja de terciopelo con el escudo real, tía abuela – informó la rubia.

Tráemelo aquí, es deber de la reina abrirlo – le pidió la matrona a su sobrina.

Candy caminó hasta extender la caja que había sacado de la otra que tenía George. La reina la tomó y abrió, algo no concordaba bien, debía haber alguna confusión, el medallón que tenía frente a ella, era exactamente igual al que seguramente había encontrado Candy.

No entiendo qué pasa, Candy muéstrame el medallón que encontraste – le pidió la reina nuevamente.

Candy extendió la caja donde había puesto el medallón que había sacado del fondo del mar, al abrirla todos se sorprendieron, la reina tomó ambos medallones y todos se habían quedado mudos.

¿Cuál es el real y cuál el falso? – pregunto Albert.

Hay una forma de saberlo, pero es destructiva – les sugirió Candy.

¿No hay otra forma? – preguntó Archie.

No que yo conozca – contestó Albert y Candy al mismo tiempo.

Les parece si abrimos las demás cajas y vemos qué encontramos – sugirió Terry.

Está bien, por lo mientras, Candy ve si encuentras alguna diferencia y también si puedes hacer algo más para demostrarlo – sugirió Albert.

Sí Albert, Terry ven conmigo – la pidió Candy a su novio.

Por supuesto – la siguió y no le prestaba atención.

Dorothy, tráeme mi caja de exploración – le pidió Candy a la castaña.

Sí señorita Candy – le obedeció y salió.

Dorothy desapareció por la puerta e inmediatamente entró, pero en vez de dirigirse a Candy se dirigió a Albert y la reina.

Señor Andley, es preciso que salga, hay problemas – le dijo cuando entró intempestivamente depositando la caja de exploración en el piso.

¿Qué sucede Dorothy? – preguntó él preocupado ante la cara de desconcierto de ella.

La condesa Margaret está afuera y muy enojada porque no se le ha invitado a la reunión – le informó la castaña.

Pero… ¿cómo supo que estábamos aquí? – murmuró Albert sin comprender.

No lo sé, pero está enfurecida y quiere entrar, tuve que atracar la puerta para que no lo hiciera, fue por su esposo para que entrara – le explicó ella rápidamente.

Efectivamente, Margaret no tardó en llegar a la biblioteca, de pronto se oyó un tumulto afuera de ésta, todos adentro se miraban, la reina se levantó e inmediatamente todos los demás le hicieron una venia, la reina miró la puerta y decidió salir.

Déjenos entrar, tenemos el derecho, somos invitados – golpeo Henry la puerta con fervor.

Maldición William, esto es un ultraje – profirió Margaret.

Cuide usted su lenguaje Henry Duff, ¿qué sucede? – preguntó la reina al ver que aquellos dos no decían nada.

Su alteza… perdónenos, pero debemos entrar a esta reunión, no pueden empezar sin nosotros – suplicó Henry.

No lo creo señor Duff, deben esperar unos días, estamos hablando solamente, nada que a ustedes les incumba – le informó la reina a ambos.

Pero mi señora, no puede usted excluirnos como si fuéramos cualquier plebeyo – Henry abogó por su abolengo.

Creo haber dicho que no y no se exponga usted a un arresto, así que dígale a su señora esposa y demás familiares que no se atrevan a interrumpirnos, eso es todo, puede retirarse. ¿Me ha entendido, señor Duff? – le aclaró ella nuevamente.

Sí…. Su alteza – Henry y Margaret hicieron una venia con la cabeza y se dirigieron hacia las escaleras.

William entremos – ordenó la reina.

Los demás permanecían sentados, menos la reina, Albert, Candy y Terry, donde estos últimos estaban extendiendo unos aparatos y algunas soluciones. Al cerrar la puerta, George siguió sacando otra caja, parecía ser un diario.

Hay un diario, pero tiene también algunos años encima – analizó George la caja.

Permíteme George, esto puede ser delicado, al parecer la cubierta está perfectamente conservada, esperen hay una cinta. Veamos dice: Candice White Andley – cuando acabó de leer, Candy se sorprendió.

Candy pudo escuchar lo que Albert decía, levantó la mirada y observó lo que su padre tenía entre las manos.

Pero cómo, Candy tú no habías escrito nada ¿verdad? – preguntaron todos al mismo tiempo.

No, no lo hice – casi lo juró.

Esperen aquí hay algo, una carta. Es del señor William Andley y es para la señorita Candy – informó George extendiéndosela a ella.

Buen día Candy:

Me da tanto gusto de que hayas sido digna representante de la curiosidad de las damas Andley, te felicito por eso. Si has llegado hasta el diario de la familia podrás darte cuenta cuánto me es grato haber sido como un padre para ti, podrás también saber qué ha sucedido con las tres familias involucradas. Primero, los Duff, son tus familiares directos, Margaret y Henry son tus abuelos y tu madre se llamaba Violet Duff, su única hija; mientras que a estas alturas ya sabrás quién es tu padre, ya que él no soy yo, aunque nunca negué que me hubiera encantado serlo.

Candy soltó una lágrima, su buen amigo y padre William había sido su incondicional, le fomentó el estudiar medicina y le aconsejó el seleccionar la pasantía en cirugía, aunque en realidad le dijo que lo que ella escogiera, por él estaba bien.

La familia completa lo sabrá, menos los Grandchester porque dudo que Terrence y Richard no se encuentren ahí, primero por la alianza y después por el embrujo, que no es más que una casualidad Candy. Terry es el hombre perfecto para ti, pero hay características muy suyas que debe de cuidar para no exasperarte, su amor es profundo y verdadero, pero su peor enemigo es el mismo.

Terry se quedó impresionado por estas afirmaciones.

El diario que has encontrado en la caja del contrato de nuestra sociedad contiene cuatro pequeñas: la primera, tiene un medallón mandado hacer por la reina para unir a nuestras familias; la segunda contiene ésta carta y el diario familiar que tiene aproximadamente unos cuatro siglos atrás, ten cuidado con él; la tercera contiene una carta que se redactó hace unos años cuando yo era niño, mi hermano mayor recibió la información de mi padre y el redactó una carta con poca información acerca de ello, en la cual se habla de la problemática con los Duff; en la cuarta, mi niña, esa deberás leerla sólo en la presencia de Terrence Grandchester, ya que sin duda nadie sabe que ustedes ya han entablado una relación sentimental o al menos espero que se estén conociendo.

Candy estaba sorprendida ante esa afirmación, como sabía que ella y Terry ya eran novios. Sonaba complicado.

Pero todo ello no podrá salir, si nadie ha encontrado la otra llave, sobre la cual creo que tú debes ya haber encontrado, he de decirte que en la última inmersión Albert encontró pertenencias del barco en las que venía el otro medallón, si Candy, hay otro medallón, así que no destruyas ninguno de los dos, ambos son verdaderos. El consejo de la reina tuvo a bien desobedecer y elaboró los dos medallones en oro y brillantes, ambos tienen las mismas características, uno se guardó en el palacio real y el otro nos fue dado.

Pero si lo encontraste, también encontraste un espejo y un cepillo de plata, debajo del espejo hay una carta que puso ahí Margaret Duff. La carta es de su abuela, donde según mi padre me contó que los Duff comenten traición a la corona de su majestad. La verdad se encuentra en esa carta, nadie la ha leído porque hasta entonces no ha sido necesario abrir ésta caja. Por el contrario, si ha sido necesario, es porque los Duff ya se habrán enterado que Violet ha muerto, que tienen una nieta y que ellos se oponen a la unión con Terrence porque según ellos son parientes. Ellos piensan eso, aunque la realidad es otra, tú mi preciosa niña, no tienes por qué preocuparte, Terrence ni por casualidad tiene sangre Duff, aunque ellos lo crean así.

Bueno creo que he podido resumir algunas cosas, de los muchos secretos que encontraras en el diario familiar Andley, mi pequeña es hora de irme, me toca mi última inmersión y hay cosas que debo dejarte en claro, ya que tú serás la próxima en suceder mi cargo. Por cierto, cuando Grandchester sea alguien en tu vida, pídele que no se deje dominar, él entenderá, bueno eso espero.

William Andley.

Candy había terminado de leer, Terry cerró la boca que había abierto al escuchar la última línea, George sólo sonrió, Albert no sabía nada de aquella carta y estaba sorprendido con lo que decía, entonces caminó hasta George y tomó el diario, para luego extendérselo a Candy, tenían que saber todo lo que decía el diario. Esto al parecer tardaría mucho tiempo, demasiado porque debían tener cuidado con las hojas que lo componían, cuatro siglos eras demasiados. Candy se levantó del sofá y caminó hasta su caja de conservación y pretendió cortar las hojas para ponerlas en plásticos para su conservación, ya que muchas desprendían polvo y podía suponer que poco le faltaba para que se desintegraran. Por otro lado, Albert sugirió que le tomara fotografías sin flash ya que la luz cerca de la ventana era buena. Así lo hizo, mientras ellos dos comenzaron con el diario, George sacó la tercera caja, era verdad, tenía una carta con el sello roto, parecía que había pasado tiempo ya que estaba resquebrajado.

Albert le dijo a George que debería leer la carta en lo que ellos avanzaban con el diario.

Estimado hermano:

Supongo que a estas alturas ya has de saber lo que sucede con cierta familia de nobles, ciertamente han cometido traición a la corona, cómo se le pudo haber ocurrido a Gregory venderse a los franceses. La familia ha quedado impresionada, ya sabes lo que sucede con la traición, la horca definitivamente.

Además deberías saber que las mujeres y los niños han huido al sur de Europa, creo que oí que se dirigían a Italia, Gregory ha sido encarcelado y no le permiten visitas. Tenía todo calculado, menos que lo apresaran antes de tiempo. Mis contactos dicen que sus hermanos también han viajado hacia allá, por el momento no podemos hacer nada, todas las pruebas están en contra, sólo espero que nuestra unión sea benéfica y que dure lo que el amor nos depare.

Henry Grangchester.

No dice nada que ya sepamos, pero lo que no sabíamos es que los hermanos Duff no se apoyaron en el sacrificio de Gregory, ya que huyeron junto a los hijos y sus mujeres – comentó Elroy al no creer lo que había escuchado.

Pero después de tantos años, cómo fue posible que el papá de Candy y Violet se conocieran – preguntó Annie, seguida por Patty.

El destino supongo, ellos no eran responsables del pasado familiar – resolvió la matrona.

Candy ¿cómo van con eso? – preguntó Richard acercándose.

Creo que nos llevará algunos días, tenemos que ser muy cuidadosos y apreciar la luz del día y por lo visto, pronto anochecerá – dedujo Candy por la posición del sol.

Bueno, pues entonces nos toca esperar y convivir con esa familia tan problemática, señora Elroy – la reina la llamó.

Sí, su alteza – se levantó inmediatamente.

Creo que debo decirle o pedirle que me indique cual será mi habitación. Quiero refrescarme antes de la cena – pidió ella.

Por supuesto, la acompaño – le indicó el camino.

Con su permiso me retiro a mi habitación, los veo a todos en la cena. Una cosa más, nadie puede enterarse de lo que ocurre en estas sesiones, así que les pido prudencia – hizo un anuncio y se disculpó para retirarse.

La familia lo sabe, su alteza – aseguró Albert.

Bien, pues me retiro – George abrió la puerta y la reina salió.

Terry ¿te vas a quedar? Y ¿tú Albert? – les preguntó a ambos.

Pues si tú quieres – aceptó Terry.

Candy – la llamó Albert.

Sí Albert – respondió un tanto preocupada.

No puedo por el momento, vengo en un par de horas, hay que organizar a los del tercer piso. Pero avanza con Terry, ya ha observado lo que se tiene que hacer – sugirió él en tono de que le fastidiaba la idea de que tenía que ir con los Duff.

Sí – asintió y le sonrió, situación que no pasó inadvertida por Terry, quien sólo rodó los ojos.

Los veo después, por cierto cerraré la puerta con llave y los vendremos a socorrer a la hora de la cena. Los Duff no deben de enterarse de que es lo que están a haciendo – advirtió el rubio.

Sí Albert, gracias – Candy se limitó a voltearse y seguir con lo que estaba haciendo.

Por fin solos, he deseado tanto besarte - la tomó por la cintura, volteándola para besarla.

¡Ay Terry! Sigue siendo enredado, no entiendo ¿qué es lo que está sucediendo? – se soltó del beso preocupada y colocando su frente en el pecho de él.

Necesitamos esta información, oye mi amor… - quiso que le prestara atención.

Sí – levantó la mirada.

Aparte de ser médica, ¿te especializaste en esto? – señaló la caja de exploración.

No, aprendí de mi madre, ella lo hacía desde que era un bebé, realmente quién sabe más es George y Albert, ellos sí que se han dedicado a esto, cuando era niña los veía haciéndolo y ayudando a mi tío William – le informó ella a su novio.

Ya veo. Candy… - la llamó al comprender.

Sí.

Creo que este no es el tiempo, pero… - volvió a abrazarla apretándola a él.

Pero… Terry te amo, hazme el amor – terminó cediendo al ver la sugerencia de su novio.

Pero Candy, debemos avanzar, la luz aún es buena – esa proposición le hizo demostrar un tic a la rubia.

Entonces esta noche – le advirtió.

Si no acabas muy cansada, por supuesto que te haré el amor – le sonrió a la rubia.

Terry – le reclamó y lo jaló posesivamente para plantarle un beso.

Así me gustas más – le dijo cuando ella se había alejado lo suficiente.

¿Continuamos? – preguntó ella señalando el trabajo que aún les quedaba.

Sí – asintió.

Candy lo besó antes de continuar, sólo un pequeño beso, ya que si le besaba como tenia ideado no avanzarían gran cosa. El diario tenía cerca de mil hojas llenas por ambos lados, con caligrafía de damas Andley como había dicho su tío William. Había frases que no entendía, las fotos ayudarían mucho, cuando eran las seis más o menos, el ocaso era inminente; entonces Candy se recargó con las manos en la ventana, cerrando los ojos, mientras Terry se encontraba sentado en el sofá, con la cabeza hacia atrás y los ojos cerrados.

Terry…- lo llamó con la voz cansada.

Dime – abrió los ojos y rodó la cabeza.

Me siento rara – Candy no lograba separarse de la ventana.

Define rara, mi amor – le sonrió irguiendo la espalda, sin dejar de verla.

No sé, todo se mueve – apenas logro poner la cabeza en el marco de la ventana y se estaba desvaneciendo.

Candy, qué tienes – Terry logró llegar a ella antes de que su cabeza golpeara el suelo. Bueno, Albert ven a la biblioteca, trae las sales, Candy se ha desmayado – le pidió e informó él por celular.

Terry botó el teléfono y cargó hasta el sofá en el que antes se encontraba recostado. Albert llegó minutos después con George, Dorothy y las sales.

¿Qué sucede Terry? – le preguntó el rubio impresionado por la noticia.

No sé estaba recargada sobre la ventana y de pronto me avisó que se sentía rara, cuando me levantó, sólo comenzó a desvanecerse – comentó preocupado.

Dorothy las sales – le pidió ella.

Sí señor Albert, tome – se las paso ya abiertas.

Veamos que tiene, mmm el pulso bajo, Dorothy ¿qué comió Candy? – le preguntó el rubia a Dorothy.

No mucho, sólo algo de fruta y picó algo de huevos – respondió ella, recordando lo que había recogido de la mesa.

Ya sabemos que pasé, Dorothy trae el maletín de Candy. George vigila la puerta y cuando hayamos salido asegura las ventanas y pon todo en orden, trata de no tocar de este lado y cierra la biblioteca – le ordenó a ambos, los cuales se retiraron a hacer lo que se les ordenó.

Sí señor – obedecieron al momento.

Dorothy fue por el maletín que le encargaron, cuando llegó, Albert sacó el glucosímetro y le pinchó el dedo con una lanceta, como lo temía, Candy no había desayunado ni probado bocado todo el día y lo que comió no era suficiente, cuando se sintiera mejor debía de llamarle la atención ya que ella misma se olvidaba que debía comer a pesar de la preocupación.

Terry podrías llevarla a su habitación. Alla le daremos las sales.

Si Albert.

Terry salió de la biblioteca con Candy en brazos, Anthony y los chicos se encontraban en la sala de té con la tía abuela cuando Albert y Terry pasaron por ahí dirigiéndose a la escalera. Anthony quiso saber que sucedía, pero la tía Elroy le ordenó que se quedara donde estaba.

Tía Elroy ¿qué sucede? – preguntó Anthony intentando levantarse, siendo retenido por la señora Elroy.

Anthony toma asiento por favor, no podemos darnos el lujo de que los Duff sepan lo que ha sucedido, recuerda que aún no conocen a Candy – le pidió la matrona.

Lo siento tía, pero ¿estará bien? – le preguntó volviéndose a sentar.

Por supuesto que sí, sólo se ha de haber dormido – mintió ella.

Terry siguió a Albert justo cuando habían llegado al primer piso, Albert abrió la habitación y Terry depositó a la rubia en la cama, Dorothy tomó las sales y las pasó por debajo de la nariz de Candy, haciendo que la rubia reaccionara lentamente. George entró con dos bandejas de comida, seguido por Mary la cocinera. Ambos las colocaron en una mesita y abandonaron la invitación.

Candy, ¿cómo te sientes? – le cuestionó su padre.

Mareada – se tomó la cabeza y trataba de enfocar a su padre, que al no conseguirlo terminó cerrándolos.

Candy ¿cuándo fue la última vez que comiste? – le cuestionó como retándola como cuando era apenas una estudiante.

A medio día, pero no fue mucho – advirtió ella un regaño por parte de su padre.

Exactamente, ¿en qué habíamos quedado cuando terminaste tu entrenamiento como médico? – preguntó el rubio.

Que no debería de malpasarme, estaba preocupada, ya sabes que se me olvida – se defendió.

Bueno luego discutiremos eso, por el momento tengo que prepararme para la cena con la reina, ustedes comerán aquí y por lo mismo espero que se retiren a descansar – le sugirió.

Sí Albert, pero por favor que nadie me visite no quiero a nadie aquí – le pidió al rubio, suponiendo que quería descansar.

Sí Candy, daré la orden. Terry hazla que se alimente – le pidió de favor cerrando la puerta.

Sí Albert, lo haré – respondió el castaño.

Terry sigo mareada – advirtió la rubia.

En verdad, ¿por qué será? – respondió ligeramente enfadado.

¿Estás molesto? – cuestionó la rubia cuando se dio cuenta que él le contestaba rudamente.

No para nada, ahora comamos. Candy… diablos, si estoy molesto Candy, jamás vuelvas hacerme eso – le pidió enojado levantándose de la silla en la que estaba.

Pero Terry, para eso te tengo a ti, ahora tú te acordarás de que debo de comer – le sugirió.

Sí como niña pequeña – le dijo soltando un suspiro. Pues entonces comeremos, mmm sopa y estofado. ¿Esto comerá la reina? – preguntó él preocupado.

No, para ella es otra cosa, esto es mi castigo por no comer, puras proteínas – se dejó caer en las almohadas.

Bueno mi vida, nos castigaron – sonrió ante la reacción de la rubia.

Yo te recompensaré a ti, después Terry – responde la rubia sin dejar de recostarse en las almohadas.

¿Qué cosa me darás? Quizás pastel o… me gusta esa idea – sonrió ante la mención de una noche fenomenal en los brazos de su novia, acercándose a ella hasta posicionarse cual pantera delante y encima de ella, dándole una ligera mordida en el cuello.

A mi más, la verdad te extraño – lo jaló dándole un beso.

Candy… ahora comerás, después dormiremos y más tarde quizás regresaré a hacerte el amor – le advirtió.

¿Cómo que quizás? ¡Me lo prometiste! – reclamó la rubia bastante enfadada.

Ya veremos honguito, ven hay que comer – la instó sin discutir.

Ayúdame aún estoy mareada – le pidió levantando las manos, abriéndola y cerrándolas en son de ayuda.

Vamos te cargo, honguito mañoso – sonrió el al ver el cinismo de Candy.

Terry y Candy comenzaron a comer y al final ya cuando iban por las dos últimas cucharadas del postre ella se quedó profundamente dormida. Terry retiró el vaso que tenía en las manos y la llevó a la cama, después la desnudó y le puso el pijama que se encontraba debajo de las almohadas, era un deleite a sus ojos vestir a su novia cual muñeca de trapo; después la metió a la cama y la arropó, dándole un beso en los labios. Cuando estaba por retirarse.

¿Terry ya te vas? – le preguntó ansiosa.

Sí, debes descansar – le respondió.

Pero…- intentó opinar.

Nada Candy, debes hacerlo – le dijo abriendo la puerta.

Buenas noches – le dijo ella volviendo a quedarse dormida.

Buenas noches y descansa – salió él dirigiéndose a su habitación y tomando una ducha para dormirse.

La cena había transcurrido sin alguna alteración, había casa llena y los Duff se comportaron a la altura, todos habían preguntado por Candy y Terry, Albert le dio una disculpa a la reina por su ausencia informándole en privado lo que sucedió con su hija y que ahora Terry y ella estaban descansando.

Eran aproximadamente las dos de la madrugada, la mansión entera estaba en silencio, el único ruido existente era el agua de las fuentes en el exterior. Candy había despertado, tenía sed, somnolienta se levantó y dirigiéndose al baño, sirvió agua en un vaso; después de tomarlo, se vio en el espejo, seguramente Terry le cambió la ropa, lo cual le hizo sonrojarse. Entonces se acordó de la promesa de Terry y de la necesidad que tenía de sentirse amada en esos momentos, tomó una linterna y se dirigió a una pared detrás de su clóset abriéndola con dos toques de su pie izquierdo, abriéndose al instante y emitiendo un crujido, ella conocía perfectamente los pasadizos y antes de adentrarse en este decidió sacarse el pijama por la cabeza portando solamente la bata, únicamente eso. De una caja cerca de las cajoneras, tomó un par de sobres y detrás de ella cerró la puerta introduciéndose en la obscuridad del pasadizo.

Se dirigió sigilosamente hacia la puerta que comunicaba a las habitaciones del otro lado de donde se encontraba la de ella, iluminando el camino y continuó hasta empujar la de la habitación de Terry. Él yacía semidesnudo en su cama, la ventana estaba entre abierta, Candy caminó y la cerró cuidadosamente sin hacer ruido, después se posicionó con la luz de la luna, iluminando la escasa vestimenta que portaba en esos momentos y debajo de ella la silueta de su cuerpo. Al verlo así con apenas una sabana ocultando parte de su cuerpo, Candy se descubrió hambrienta, la carcomía el deseo que sentía al verle en ese estupor en el que se encontraba su novio, con los grandes pectorales acompasados con el subir y bajar de su respiración.

Candy se quitó la bata, dejándola caer y comenzó a caminar hasta la cama de él, perfiló su rostro con el dedo índice y con cuidado de no despertarlo, le dio un beso en la nariz, a lo que él no hizo nada, después repartió más besos a lo largo del rostro y del pecho de su novio; lo amaba tanto y en ese minuto lo necesitaba demasiado, necesitaba que calmara su memoria y que detuviera su angustia con amor, con besos y con placer.

Terry abrió los ojos muy despacio al sentir el placer que le prodigaban los besos de Candy, sorprendiéndose así misma por las reacciones de su novio.

Candy… - la llamó cuando ella bajaba hasta su miembro.

Mmm – emitió al sonreírle por la travesura que tenía planeada para él.

Deberías estar descansando – recomendó él con voz enronquecida.

Si quieres me voy – sugirió cuando ella tomaba la punta del miembro entre sus labios.

No, no es eso, pero debes recobrar fuerzas – no sabía qué decir ya.

Esto me da fuerzas para seguir, Terry ámame y luego descansaremos, por favor… - pidió mordiendo el glande del miembro erecto de su novio.

Él estaba sorprendido por el ataque de Candy, la amaba más de lo que él podría imaginar, al verla con tan sólo la luz de la luna, se sorprendió, levantó el torso y la besó, tomándola por la nuca y lo obligó a recostarse, sonriendo ante la actitud poco cooperativa del castaño quien profirió un pesado gruñido; Candy deslizó sus senos sobre el miembro haciendo que Terry soltara un sonoro sonido gutural y al mismo tiempo ella llegó hasta los labios de su novio, haciendo que ambos jadearan uno por el fabuloso toque caliente- frío de la piel que Terry le ofrecía; otro al sentir ese par de senos hacer bien su trabajo.

Después de esto, Candy se posicionó entre los muslos de él haciendo que soltara otro gemido por sentir su humedad en uno de estos, el levantó el torso para tomar sus labios y besarla con desenfreno; se removió contra el muslo de él con los mismos movimientos que los besos de Terry le exigían, demostrándole cuán húmeda se encontraba, lo que a él le enorgulleció; soltando una risa y volviéndola a besar.

¿De qué te ríes? – preguntó separándose de sus labios.

Sabes ¿cuán feliz me estás haciendo? – le cuestionó viéndola a los ojos.

Ah sí, pues más feliz me haces tú a mi – le contestó.

Candy y Terry se exploraron las bocas por un tiempo interminable, ambos se acariciaban cada espacio conocido y después de un largo rato, Terry no pudo resistirlo más, la colocó en la cama y ella sacó un preservativo que colocó debajo de la almohada, él muy solicito lo colocó en el miembro erecto mientras ella le acariciaba la pierna y la parte interior del muslo, Candy lo veía venir con una gran sonrisa en la boca y levantando la cadera de ella, se introdujo con una sola embestida, fuerte y precisa.

Candy gimió sonoramente, el vaivén de sus cuerpos comenzó armonizando gemidos de ambos, ella lo deseaba desde la tarde anterior y ahora se veía colmada por los besos, las caricias y las embestidas de su novio. Habían disfrutado algunas horas de sí mismos cuando al final Terry sintió que la rubia estaba llegando al orgasmo, secundándola segundos después. Terry la sintió temblar al liberar la pasión contenida, dándole más besos para acallar el gritó que seguramente emitiría cuando llegaran al clímax, era entonces cuando él se quedó dentro de ella a pesar de que la erección ya había cedido, ella lo seguía aprisionando y comenzó a besarlo profundamente, no podía dejarlo ir, sólo quería tenerlo cerca.

Terry – lo llamó con un suspiro.

Mmm – apenas pudo emitir ese sonido mientras recuperaba la calma por el esfuerzo. Estuviste fenomenal – susurró e intentó salirse de ella tomando el inicio del preservativo para sacarlo.

¿Ya no me deseas más? – preguntó ella al ver que el castaño depositaba el sobre y el preservativo en el bote de basura, el cual se encargaría de desaparecer en otro momento.

Mmm – se giró viéndola con ojos hambrientos.

Bueno sólo era una pregunta – ella se sonrojó ante su desilusión por su parte y la no mención de la opinión de su novio con una mirada de reprobación por esa suposición.

Candy y Terry hicieron el amor tres veces más esa noche, entrada la madrugada Terry acompañó a Candy a su habitación y le puso la pijama, después de arroparla se despidió de ella con un beso avasallador que hizo que la joven suspirara quedándose dormida.

Después se retiró silenciosamente y al llegar a su cama se dejó caer en ella, las sábanas y almohadas tenían el aroma de su novia, abrazó una de ellas y se quedó dormido, profundamente, soñando con el cuerpo de Candy y con esa fenomenal sorpresa que le dio.

Continuará…

Lo sé no tengo perdón de Dios, jajaja, pero ya les di un súper mega capítulo para compensar los casi dos meses en lo que las he tenido abandonadas, pero con los inicios de clases y los materiales que preparar pues en ocasiones no tengo tiempo, además de que me enfermé de anginas, menos, tenía un malestar terrible y dolores de cabeza.

Espero que les haya encantado, porque no me quedaba la noche de pasión que ella quería para Terry, pero Dios me iluminó con la secuencia que se pone emocionante con los detalles del diario ¿no lo creen?

Hasta el próximo capítulo. ¡Feliz Lectura!