NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE NICK, SOLAMENTE ME DIVIERTO ESCRIBIENDO ESTAS HISTORIAS

¡Hola a todo el mundo! Ya sé, ya sé que siempre me tardo muuuucho en actualizar esta historia ¡pero al menos no la he abandonado!... no da gracia ¿verdad? bueno ya me calmo... No quiero entreneterlos mucho, solamente quiero agradecerles por seguir leyendo mi historia, espero que les guste =)

Comentarios:

Kaoru: ¡Tus deseos son órdenes! =D

KataraCleo Mansen: ¡Hola! muchas gracias, me encanta que te gusten mucho mis historias, ojalá esta no sea la excepción.

Mitzka Avatar: Wow ¡cuantas palabras tan bonitas! de verdad me encanta saber que puedo transmitirles bien las emociones, es lo más importante, y no está vez no tardé un año en actualizar :) espero terminar pronto esta historia ya le falta poco.

Ma: Jamás de los jamases pensé que sería una especie de "ídolo" como lo mencionas, pero eso me halaga demasiado, simplemente comencé a escribir porque me encanta pero como mi ritmo de vida ha cambiado pues no he podido leer o escribir como antes lo hacia en fanfiction. Me alegra que después de todo este tiempo aún leas mis fics y aún te gusten, eso significa que sigo haciendo bien mi trabajo a pesar de todo y ojala pueda terminar mis historias pronto o retomarlas bien estas vacaciones, muchas gracias =)

Maryel Tonks: Sí, Zuko ha sido un personaje difícil en esta historia, ese chico no se decide xD y por Katara en este capítulo ella se sentirá mucho más feliz.

Marianne: ¡Petición cumplida! =D

Higushi: este... ¿despierta? xD

lupita leal: ¡A leer más! =D

¡A leer!


Capítulo 25

La Isla Ember

.

.

El viaje en el barco de la Nación de Fuego no fue tan malo como Katara se lo había esperado, ciertamente cada bandera y cuadro con el emblema de la Nación era un golpe a su orgullo y corazón, pero debía admitir que los soldados eran muy amables con ella, la trataron en todo momento con el respeto y cortesía de la realeza, y claro su hermano y cuñada hicieron del viaje mucho más ameno.

Físicamente el viaje había sido como todos, pero emocionalmente fue desgastante y cansado. Aunque Sokka y Yue se esforzaron en hacer que el viaje fuera lo más placentero posible por ella, haciendo que olvidara los pormenores de la penosa situación, en las noches la congoja de saber que pronto se casaría con un desconocido la hacía llorar hasta quedarse dormida. Era el mismo ritual, se colocaría la pijama sobre el moreno cuerpo, se recostaría en la cama, ocultaría el rostro con la almohada y dejaría que el llanto y los sollozos fueran ahogados por la misma. Al amanecer, con los ojos hinchados, se levantaría cuidadosamente procurando no ver la insignia de la Nación de Fuego sobre la cama y se lavaría la cara concienzudamente, antes de vestirse.

Emocionalmente, cada día era un día menos de libertad, con cada hora que pasaba se acercaba más a su destino. Y sin quererlo, Sokka y Yue terminaron siendo una afrenta contra ella. Todas las noches lo veía irse a recostar en el mismo camarote, y Katara recordaba que después de la boda compartiría cama el resto de sus días con el mismo y desconocido hombre. A veces, cuando creían que ella no estaba, Sokka le hacía cariños al vientre de su esposa y ella le decía en dónde pateaba el bebé. Katara los miraba y pensaba que Zuko era el príncipe heredero, y que como su esposa, ella debería darle hijos en el futuro. Ella tendría que cargar en su vientre el bebé de un hombre extraño, en un país extraño, rodeada de gente extraña con una cultura completamente ajena ¿Cómo podría siquiera permitir que Zuko la tocara? ¿Y cómo soportaría cargar nueve meses a un bebé de un desconocido en su vientre? ¿Cómo se miraría al espejo después de haber perdido semejante dignidad?

El viaje del Polo Sur a la Isla Ember duró solo seis días, pero para Katara fueron eternos. Cada día se enfrentaba a la realidad de que se condenaría a sí misma a una vida de sumisión y servicio. Ella nunca pensó que su vida sería así, pero cada mañana cuando se levantaba y miraba su reflejo, se recordaba porqué lo estaba haciendo. Era por la paz del mundo. ¿Qué importaba que ella no sería feliz el resto de su vida? Si el mundo estaba a salvo, eso era lo que importaba. Se lo repetía una y otra y otra vez, para armarse de valor y salir a enfrentar su realidad.

Conforme más se acercaban a la Isla, más se fue aligerando la ropa. De los pesados abrigos invernales pasó a un bello y fresco vestido azul con el emblema de su tribu. Sabía que serían los últimos días en que usaría con orgullo su emblema, sus ropas azules, y sus joyas reales. En el Palacio que sería su hogar tendría que usar el color rojo, el emblema de la llama y las joyas que heredara de la corona.

Katara se animaba a sí misma recordando que el príncipe Zuko le había escrito aquella nota escondida, algún extraño presentimiento le hizo creer que aquél hombre era una buena persona. Ella no descartaba la posibilidad de que ese hombre extraño con el que iba a casarse podía ser bueno, atento y caballeroso, que quizá no sería la mujer más feliz del mundo, pero podría llegar a apreciar a su futuro marido y llevar una vida de relativa calma. No quería perder del todo las esperanzas.

Pero siempre que pensaba en que se casaría, recordaba la sonrisa de Aang cuando recorrieron el Templo Aire del Sur y lo feliz y natural que hubiera sido desposarse con él en las alturas, cambiar su insignia por la de los Nómadas Aire, y vivir con él viajando de región en región a donde el Avatar necesitara ir, lo sencillo que hubiera sido imaginar la noche de bodas, los hijos, el futuro, el cambio.

Se miraba en el espejo y veía el collar sagrado que su madre le dio cuando era joven, y recordaba cómo ese collar la amparo y protegió cuando estuvo en prisión. A veces, cuando más desesperada estaba, le daba la impresión de que el collar brillaba como si quisiera alentarla, darle valor. Recordaba perfectamente cada palabra que su madre le había dicho en la prisión ese día.

Cuando estaba embarazada de ti, fui víctima de un embrujo provocado por malos espíritus—comenzó Kya—Estabas muriendo en mi interior. Fue cuando se me apareció una hermosa mujer, un espíritu, que me consoló. Ella me dijo que era el Espíritu de la Luna y que encargaría de protegerte. Me dijo que eras una persona muy importante para el mundo, y que si no nacías, el destino de la humanidad se vería afectado.

¿Era esto lo que tenían planeado los espíritus? ¿Qué ella se sacrificara a sí misma casándose con el príncipe Zuko para salvar a la humanidad?

La mañana en que llegaron a la Isla Ember Katara tuvo un sueño, que fue más bien una revelación.

Soñó con una hermosa mujer de cabellos blancos tan largos que llegaban hasta el suelo, usaba un vestido blanco también con hermosos broches azules que decoraban la holgada falda y sus desnudos brazos, tenía la piel más pálida que alguna vez había visto y los ojos tan azules que parecían dos joyas incrustadas en su fino rostro de perfectas facciones. La mujer estaba parada enfrente de ella y transmitía una paz que aún en medio de tanto tormento espiritual, la calmó.

Katara no entendía qué estaba pasando, pero en ese mismo sueño, llevaba puesto un precioso vestido celeste y el mismo medallón que su madre le dio. El medallón brillaba, y la hermosa mujer la contemplaba con una sonrisa. "No te preocupes" le decía dentro del sueño "Todo saldrá bien" después de eso, la mujer flotó hasta estar a un metro de distancia y estiró su brazo, tocando con la punta de sus dedos el medallón. Katara sintió en ese momento que una enorme paz llegaba a su alma, acompañada de esperanza y fortaleza. "Eres muy valiente" tras decir eso, la mujer desaparecía en un brillo.

Al ponerse su vestido para bajar en la Isla, Katara recordaba el sueño y veía el medallón. Realmente se sentía esperanzada, sentía que ese día algo cambiaría, algo muy bueno. El medallón sobre su pecho incluso brillaba más, si es que eso era posible. Katara salió del camarote con una tenue sonrisa y recibió feliz los cálidos rayos del sol tropical sobre su piel.

—¿Lista, Katara?—le preguntó Sokka, quien tampoco se la había pasado precisamente alegre durante todo el viaje. Él y su esposa se recostaban todas las noches abrazándose intentando ser fuertes por ella ¡Era una situación tan espantosa!

—Sí—la voz de Katara sonaba fría y ella estaba increíblemente pálida, de golpe le había llegado la realidad de que no había marcha atrás, pero la esperanza y coraje que sintió en el sueño aún no la abandonaban, y con esa fuerza bajó del barco al puerto.

Yue y Sokka caminaron detrás de ella, seguidos por una escolta de soldados vestidos de rojo. Katara caminó en el puerto hasta la escolta del príncipe Zuko. Aquél hombre de ojos dorados la estaba esperando con una sonrisa, y ante ello, Katara no tuvo más opción que bajar la mirada por un momento.

—Príncipe Zuko—hizo la reverencia correspondiente—Gracias por darme la bienvenida.

—Es todo un honor tenerla aquí, princesa Katara—él también la reverenció, y dio su pleitesía a los reyes del Polo Norte—Sus majestades, gracias por acompañar a mi prometida.

—Ella es mi hermana—respondió Sokka un poco hosco—Nunca la dejaría sola.

—Un verdadero honor—Zuko mandó unas señales a su escolta—Ahora mismo los llevaré al lugar donde descansaremos hoy. Verá, princesa, esta Isla es en donde tradicionalmente se llevan a cabo las vacaciones y fiestas maritales de los soberanos y herederos. Quisiera que usted me ayudara a planear las veladas pot-maritales, y además, tener una agradable tarde en donde podamos convivir antes de la boda. Mañana por la mañana partiremos a la capital, y también quisiera que usted diera su opinión sobre la ceremonia.

Yue inmediatamente notó que las intenciones del príncipe eran sinceras, puesto que no actuaba con un formalismo practicado. Eso le causó buena impresión, pues un hombre que permite a su prometida tanta participación en el compromiso es porque desea verla cómoda, y eso hablaba de un caballero. Yue pensó que quizá el príncipe estaba tomando una actitud parecida a la de Katara, quizá él tampoco quería la guerra y se estaba obligando al matrimonio. Quizá. Ella no lo conocía mucho, pero tenía un buen presentimiento.

Sokka por su parte hervía de rabia. Y Katara simplemente asintió, agradeciendo las amabilidades del príncipe y su hospitalidad.

—Usted no tiene nada que agradecer princesa, por favor, síganme.

Zuko los llevó a una carroza que estaba esperándolos, en donde los cuatro pudieron tomar asiento cómodamente. Katara iba al lado de Zuko y aquello le causó cierta incomodidad, no terminaba de acostumbrarse a verlo como su prometido. El viaje duró no más de quince minutos y en ese tiempo, Zuko se encargó de llevar a cabo una buena conversación.

Llegaron a un bello complejo que evidentemente le pertenecía a la familia real. Entraron y vieron una decoración exquisita, era un lugar elegante y se sentía muy agradable. Zuko llevó a Sokka y Yue a su habitación, que era muy grande y cómoda, también les dijo que como eran sus invitados podían pedir lo que quisieran. Después se llevó a Katara a la que sería su recámara.

—Pase, princesa.

Era una habitación grande también, y con un precioso balcón hacia el jardín.

—¿Desea que lo acompañe a algún lugar, príncipe?—le preguntó, de pie frente a él.

—En realidad no, princesa—su mirada parecía algo nerviosa—Usted permanezca aquí y relájese, tómese su tiempo. Cuando termine estaré tomando el té en el comedor. Y un consejo, no hagan mucho ruido.

Katara iba a preguntarle a qué se refería, pero el príncipe cerró la puerta muy rápido y no le dio tiempo de nada.

Consternada, miró alrededor. La habitación era bonita y espaciosa, definitivamente podría pasar ahí un rato agradable, su último rato ameno antes de regresar a la realidad. Pensaba en eso cuando escuchó que se abría una puerta, era la que daba acceso al baño privado de la recámara. Miles de pensamientos cruzaron por su mente, podía ser un espía en el mejor de los casos, o un asesino en el peor. Quizá todo había sido una trampa, quizá querían matarla para asegurar la guerra, quizá querían secuestrarla y deshonrarla, quizá…

Un hombre vestido como guardia y muy esbelto apareció frente a ella. Tenía el casco del uniforme bajo el brazo, llevaba una banda en la frente rodeada abundante cabello castaño y una sonrisa inigualable. Katara lo reconoció al instante, nadie más podía tener esa mirada, esos ojos, ese porte… pensó que se había vuelto loca, la impresión fue tanta que colapsó. Se puso a llorar y caminó muy lentamente hacia él, como si cualquier movimiento brusco pudiera hacerlo desaparecer.

Para Aang ver a su hermosa Katara había sido como una aparición, apenas escuchó que Zuko se había ido, salió para encontrarla. Sabía que había pasado mucho tiempo, y que ella lo consideraba muerto, por eso tenía que hablar con ella de frente para aclararle muchas cosas. Era tan hermosa como lo recordaba, esa piel morena, esos ojos azules, llenos de lágrimas por la sorpresa y el anhelo, por la impresión y la incredulidad. Ella estaba tan aturdida, que él fue hacia ella y la sostuvo en sus brazos, haciendo que Katara finalmente colapsara y se echara a llorar sobre su pecho como una niña pequeña, aferrándose a él como si en cualquier momento fuera a desaparecer.

—Mi niña valiente—le susurraba él con ternura—Ven, mi princesa, vamos a la cama. Necesitamos hablar de muchas cosas. Ven mi niña, vamos.

Katara se dejó ser en brazos de Aang y fue hacia donde él la llevó sin ninguna resistencia, los dos tomaron asiento en la cama. Aang la calmaba y besaba sus cabellos mientras ella desahogaba todo el dolor de su alma.

—¿Cómo?—fue lo único que salió de su boca—¿Cómo?

Ya más calmada. Katara miró a Aang a los ojos esperando una respuesta.

—Es una muy larga historia—le dijo Aang—Que no sé por dónde empezar…

Katara se limpió el rostro, y lo miró fijamente.

—Por favor dime.

Aang le contó la emboscada que sufrió en la Nación de Fuego y cómo duró en coma mucho tiempo, que al despertar estaba confundido y no tenía la más remota idea de qué había pasado, como la chica Onji le contó sobre la situación del mundo y el enorme enojo que sintió cuando Zuko llegó con él para explicarle todo. Todo lo dijo de forma cuidadosa, meticulosa, para que no hubiera la menor duda de los hechos. Katara escuchó todo, su rostro no reflejó absolutamente ningún sentimiento, y sus manos estaban plácidamente colocadas sobre su regazo. Cuando Aang terminó de contarle los acontecimientos, Katara se puso de pie y caminó hacia el balcón, abrazándose a sí misma.

Tenía pensamientos cruzados en su mente, seguía asimilando la historia de poco en poco. Al final, volteó para ver a su verdadero prometido y le hizo una sola pregunta.

—¿Confías en Zuko?

Aang se sorprendió de lo concisa que Katara podía llegar a ser, bajó los ojos para meditarlo un momento y poder darla la respuesta correcta.

—Sí—le dijo—Confío en él.

Katara asintió. Si Aang confiaba en él entonces ella podía hacerlo también. La historia de la familia de Zuko casi la hizo llorar, de no ser porque tenían poco tiempo para hablar ¿Cómo una persona podía ser tan malvada como Ozai?

—Katara, debemos detener a Ozai antes de que empiece la guerra. Zuko me dijo que todo estaba planeado para que la guerra se desatara el mismo día de la boda.

—Eso es en dos días—dijo ella con preocupación.

—Tenemos que organizarnos muy bien para proteger a la Tribu Agua del Sur, y también para protegerte a ti.

Ese comentario hizo que un interruptor se encendiera inmediatamente en la cabeza de Katara, quien reaccionó frunciendo el ceño y con una actitud a la defensiva.

—Yo no necesito protección—reclamó—Mi pueblo sí.

—Katara, por favor—le suplicó Aang—Quiero saber que estarás segura.

—Sin ofenderte Aang, y con todo el cariño que hago acopio por lo mucho que te he extrañado, yo no soy una niña indefensa ¡Yo sé perfectamente cómo cuidarme!

—Yo no estoy diciendo lo contrario, pero yo me quedaría más tranquilo si…

—¿No confías en mí?—cuestionó, con una voz cautelosa y mirada penetrante.

Aang respiró hondo y vio en los ojos de su prometida algo que no había visto antes: cicatrices. Entonces recordó las cosa terribles que Onji le dijo sobre su princesa, y cayó en la cuenta de que en todo ese rato que llevaban platicando, él no le había preguntado a ella cómo estaba.

—Claro que confío en ti—le dijo, agarrando sus dos pequeñas manos morenitas y besándolas tiernamente—Dime, princesa ¿Qué hay en tu corazón?

En ese momento, esa enorme coraza de fortaleza que Katara había construido alrededor de sí misma y de su corazón comenzó a colapsar, los ojos grises de Aang eran la puerta a su alma, en sus brazos se encontraba su hogar, y se dejó caer en los brazos del único hombre que había amado sollozando, contando valerosamente todo lo que había vivido.

—Lo lamento tanto mi amor—le dijo, acariciando su cabello—Lamento haberte dejado sola cuando más me necesitabas.

—Yo te odié en ese tiempo—confesó la princesa, calmada y reposando tranquilamente en el pecho de su prometido—Pensaba que me habías usado para después abandonarme. Entonces encontré a Toph y ella me contó que habías muerto, te lloré y me culpé a mí misma por haberte culpado…

—¿Toph está bien?—preguntó.

—Sí, ella está bien.—Katara intentó recordar a dónde había ido la bandida ciega, pero estaba muy aturdida emocionalmente—Y heme aquí, contigo, saben los espíritus que jamás imaginé esto.

—Mi princesa, hemos sufrido mucho los dos—apretó las dos manitas morenas con fuerza—Pero estamos juntos y los dos podremos salir de esto.

—Yo confío en que podremos con esto y con más.

—Mi princesa del sur, tan valiente y tan fuerte—le besó la frente—Confío en ti.

Aang y Katara duraron abrazados un rato más, para después comenzar a platicar sobre cómo debían proceder para evitar la guerra. Habría mucho tiempo después para terminar de ponerse al corriente, pero muy poco tiempo para detener los planes de Ozai.

-o-

Katara entró al comedor, en donde se encontraba el príncipe Zuko tomando el té con unas galletas. Un sirviente se acercó a la princesa ofreciéndole té, y ella aceptó. Katara tomó asiento al lado del príncipe y agarró una galleta en lo que le servían su taza de té verde.

—¿Todo bien princesa?

Katara sostuvo su taza de té y tomó un sorbo.

—Sí, es una casa hermosa—le dijo con una sonrisa—Gracias por su hospitalidad, majestad.

—No tiene nada que agradecer. Y ya que pronto nos desposaremos, creo que sería bueno comenzar a hablarnos por nuestros nombres. Puede llamarme Zuko ¿Puedo yo llamarla Katara?

Un poco sonrojada, la princesa asintió.

—Y bien… Zuko… ¿Cómo van los planes dela boda?

—Mañana zarparemos y llegaremos en la tarde al Palacio, ahí podrá revisar todos los preparativo y hacer los cambios que desee. Katara, esta es su boda, quiero que la realice como más le guste. Y eso implica también su vestido y joyas, no se sienta en ningún momento obligada a seguir las tradiciones de mi familia.

—Gracias por su consideración—Katara volvió a comer otra galleta. Zuko le dio una señal al sirviente para que se retirara, dejando a la pareja sola en la habitación.

—Hablemos en voz baja—le susurró.

Katara asintió y se acercó al príncipe para escuchar lo que tenía que decirle.

—Veré a Aang esta noche para que él me ponga al corriente de lo que han planeado, y mañana le dejaré a usted una carta al fuego para que durante el viaje se entere de cómo van ocurriendo las cosas.

—Muchas gracias príncipe Zuko—le respondió—Esperaré su carta.

Después de haber intercambio esa pequeña información, la pareja continuó tomando el té y platicando cosas triviales. Zuko le preguntó sobre su familia y tradiciones del Polo Sur. Katara le preguntó sobre el protocolo en la corte de la Nación de Fuego y las tradiciones ceremoniales correspondientes a la boda.

Una vez que terminaron el té, y principalmente por las apariencias, la pareja salió a la playa en donde caminó un rato. Katara adoraba la playa, muy pocas veces había podido disfrutarla en sus viajes reales, así que aprovechando un momento de poca tensión, se levantó el vestido hasta las rodillas y sumergió los pies en el agua. Zuko la miraba a poca distancia.

La silueta de Katara era preciosa, el viento mecía su cabello dulcemente y el agua bañaba los morenos pies con ternura. Zuko aún estaba enamorado de ella, y le encantaba poder disfrutar de una pequeña intimidad con la dueña de sus sueños antes de que todos los problemas del mundo colapsaran. Ya no se hacía falsas ideas ni se dejaba manejar por el odio, ahora entendía que Katara no lo amaba, pero quizá después de que todo terminara podrían ser amigos. Con el tiempo a lo mejor los espíritus le permitían conocer a una buena mujer que sería su reina, hasta entonces, tendría que simular.

Una hora más tarde aparecieron paseando en la playa Sokka y Yue. Con mucha emoción, Yue se unió a Katara en sus juegos con la orilla del mar. Sokka y Zuko estaban sentados observándolas, muy tensos, pero amables uno con el otro. Aprovechando que los guardias estaban lejos, Sokka habló.

—Aang me encontró y hablamos por unos minutos—hablaba en voz baja—Me puso al corriente de todo.

—¿Todo estará bien?

—Mientras cuide y respete a mi hermana, todo estará bien.

—Créame que no deseo causarle ningún mal, pero fue lo único que se me ocurrió para ganar más tiempo.

—¿Mi hermana lo sabe?

—Ella está enterada de todo.

—Mi hermana es la mujer más fuerte que he conocido—dijo orgulloso—Pero aún así nunca dejaré de cuidarla. Y si ella o mi esposa salen lastimados en el proceso, pienso hacer que su padre pague aún más.

—Cuenta con todo mi apoyo.

—Yo no termino de confiar en usted, y quiero que eso le quede muy en claro. Pero sí confío en Aang y por eso hago todo esto.

—Espero que cuando todo esto termine, pueda confiar en mí.

—Si todo sale bien, no lo dudo.

No dijeron nada más que fuera relevante después de eso.

-o-

Aang estaba en su posición de guardia vigilando muy de cerca a su morena princesa. Estuvo de pie durante horas mientras Katara se divertía con Yue en el agua del mar y vio con impotencia cómo después de una tensa charla, Zuko y Sokka se animaron y juguetearon en el agua también. A él le hubiera encantado participar en el juego, abrazando a Katara y robándole ocasionalmente un beso, pero eso era imposible.

Tenía que fingir que era un guardia imperial, era necesario para poder seguir a Zuko y a todos los demás bien de cerca, tal y cómo lo dictaba el plan. Lo único bueno es que Sokka y Yue ya estaban al corriente también de la situación, y según Zuko, Toph también estaba enterada. Ojalá fuera cierto. Pero por mientras, tenía que mantenerse al margen y vigilarlos, fingir que era un guardia, acorde a lo planeado.

Pero se le hizo más complicado cuando Katara y Zuko, después de los jugueteos en el mar, decidieron dar un paseo por el jardín. Él los siguió a una distancia prudente, como lo marcaba el protocolo, y observó fijamente lo mejor que pudo cómo la pareja merodeaba entre flores y fuentes. Katara se veía relajada y su sonrisa era genuina. Y Zuko se veía contento de poder disfrutar aunque sea un día con algo de privacidad con ella.

Finalmente tomaron asiento en una banca frente a la fuente y ahí platicaron cosas que no podía escuchar. Platicaron hasta que llegó el atardecer y Katara se disculpó para irse a asear y recostarse. A la mañana siguiente saldrían muy temprano por la mañana.

Aprovechando que la princesa iba a sus aposentos, Aang la escoltó y cuando nadie estaba cerca, entró a la habitación. Ya era suficiente actuación por un día. Katara estaba en el baño privado de la alcoba, por lo que Aang aprovechó para quitarse el casco y la pesada armadura de los hombros. Se sentó en la cama esperando impacientemente a su legítima novia.

Katara salió del baño vestida con una pijama pequeña, se asustó cuando vio a Aang pero se contuvo de gritar. Se sentó al lado suyo secándose el cabello con una toalla.

—¿Pasa algo?—le preguntó.

—No, nada, sólo quería saber que estabas bien.

—Sí, estoy muy bien. Gracias Aang.

—Vi que platicabas mucho con Zuko ¿te está tratando bien, verdad?

—¿Qué? ¿Estás celoso?

Katara lo dijo en forma de broma, pero por la forma en que reaccionó Aang con el ceño fruncido pareciera que no estaba tan errada. Aang se puso de pie rápidamente y caminó hasta la entrada del balcón, donde se recargó en el marco de la puerta en una posición muy tensa.

—Oye, Aang.

—¿Sí?—la voz sonaba muy contenida.

—¿Estás molesto?

Katara colocó sus dos manos sobre la espalda del Avatar, y él inmediatamente comenzó a relajarse. Ella recostó su rostro en su espalda y lo abrazó por detrás con ternura.

—No deberías, Zuko solamente es amable.

Aang sabía que ella tenía razón, estaba celoso. Muy celoso porque Zuko podía convivir con su princesa y él aún tenía que esconderse.

—Tienes razón.

Sin siquiera avisar, Aang sostuvo el rostro de Katara y la besó tiernamente, deslizando sus labios sobre los de ella intentando recordar ese dulce sabor que llevaba tanto tiempo extrañando, era aún mejor de lo que recordaba. Ella le respondió al beso, que se volvió largo y pasional. Pero debieron separarse, después de todo, no era el momento correcto.

Aang se puso el casco y la armadura nuevamente, tenía que irse con Zuko. Estuvo al pendiente de que nadie lo viera salir y sigilosamente se deslizó afuera de la habitación de Katara. La princesa se recostó en la cama, recordando el sabor del beso y pensando que si todo salía bien, pronto podría estar nuevamente con el Avatar que tanto amaba. Deseaba de corazón que así fuera. Viendo a la luna, la princesa se quedó dormida, le esperaba un largo día mañana.


¡A que no se lo esperaban! jijijiji xD

Eso es todo por ahora ¿les ha gustado este reencuentro entre Aang y Katara? No los puse a hablar mucho sobre el pasado porque me parecía muy redundante, ya lo he hablado muchas veces en capítulo anteriores. Ojalá les haya gustado mucho ¡Nos vemos!

chao!