—Rayos, ahora, ¿A dónde voy a ir? Bravo, Helga. Para que sigas saliéndote de tu casa, sin pensar en un plan primero.

La rubia caminaba por las calles de Hillwood, con la cabeza baja. Una chamarra rosa oscuro le cubría el cuerpo y, gracias a la capucha que tenía integrada, es que la niña había conseguido ocultar una buena parte de sus facciones y ojos.

A pesar de lo tarde que era, no podía arriesgarse a que alguien la reconociera y le dijera a su madre que estaba fuera. Lo que menos necesitaba en esos momentos era fallar en su plan.

No ahora que por fin había reunido el suficiente valor como para hacerlo.

Con cuidado, Helga se movió por las frías y empedradas callejuelas con un solo destino en mente.

Antes de hacer cualquier cosa o tomar una decisión, había algo que en verdad quería hacer. Por lo menos una última vez.

Iría a la casa de Arnold y lo vería una vez más, aunque sea por el ventanal de su habitación. Y si reunía el suficiente valor, tal vez le dejaría una nota antes de irse; mientras no tuviera que enfrentarlo, no tenía ningún problema con volver a su hogar.

Con su sitio elegido, la rubia sonrió y dijo.

—Bien, Helga, niña. Mejor nos apresuramos a llegar a su casa; ya me duelen un poco las piernas.

La pequeña apresuró sus pasos y, en poco tiempo ya se encontraba frente al ventanal de la habitación de su amado.

Por la hora, era lógico que Arnold ya estuviera dormido. Sin embargo, la rubia se sorprendió al ver un montículo dentro de las sabanas, así como una suave luz que salía de ellas.

Era claro.

Arnold seguía despierto y, si no tenía cuidado, podía salir de entre sus cobijas y la descubriría. Con ese pensamiento en mente, la niña se acurrucó en la esquina más alejada de su cama y se dedicó a mirar los movimientos del chico.

No paso mucho para que el cabeza de balón saliera de entre las sabanas, linterna en mano, así como un pequeño libro que sujetaba con fuerza.

Había estado leyendo algo, y por el tamaño del tomo suponía que no era algo de la escuela.

Helga estaba segura de que el cabezón se levantaría para dejar el libro en su mesa o en el pequeño librero junto a él, pero el rubio tenía otra idea en mente. Puso su mano sobre la tapa del tomo y la pasó con cuidado por la superficie, al tiempo que lo miraba fijo.

La rubia no esperaba aquello por parte de Arnold.

Era como si el chico estuviera viendo a alguien.

De repente, la frente del rubio se arrugó y sus ojos subieron con rapidez, posándolos en el ventanal sobre su cabeza. El movimiento tomó a Helga desprevenida, pero no por eso se dejó intimidar.

Estaba segura de que el sitio en donde se encontraba no podía verla, así que solo se dedicó a mirarlo.

Al poco tiempo, la vista del niño descendió y con una serie de movimientos torpes se metió de nuevo en la cama, con el libro todavía en su mano. Pasaron unos minutos para que el cabeza de balón se quedara dormido, aun sin soltar aquel pequeño tomo.

La rubia le sonrió con ganas y, sacando una pequeña manta de entre sus cosas, se metió al pequeño cobertizo que tenían en el techo y se acurrucó entre las herramientas de jardinería, y el par de jaulas para palomas que guardaban hay. Usando su mochila de almohada, la pequeña se tapó con cuidado y, antes de quedarse dormida, volvió a sonreír y dijo.

—Hasta mañana, Arnold. Descansa.

—¿Dónde dejaste mis tijeras para podar, Kokoshka? Te dije que me las dieras después de que las usaras.

—Lo siento, Ernie. Es que Susie me vio con ellas y se enojó. Dijo que para que las quería, si nosotros no tenemos plantas en nuestro cuarto.

—Lo mismo me pregunto yo.

Helga se despertó con violencia.

Aquellas voces estaban cerca de donde se encontraba. Demasiado para su gusto.

¿Cuánto había dormido? ¿Cómo es que no se había despertado más temprano?

Se había hecho el firme propósito de levantarse antes que todos los residentes de Sunset Arms, para que nadie la descubriera. Y ahí estaba, hecha un ovillo en el cobertizo al tiempo que guardaba a velocidad la mullida cobija que la había estado tapando hacia unos momentos.

Era claro. Estaba frita.

Antes de que los señores la descubrieran, Helga se levantó y de un fuerte empujón abrió la puerta del cobertizo.

Ninguno de los hombres se esperaba eso; ver a una niña medio despeinada, saliendo del cuartito con una mochila de buen tamaño sobre sus brazos. Sin embargo, los reflejos de Ernie fueron más veloces que sus pensamientos.

Estiró una mano y alcanzó a agarrar uno de los tirantes de la mochila, que no tardó en jalar para frenan los pasos de aquella vagabunda. La rubia no se dejó intimidar y tiró de esta; se alcanzó a escuchar cómo se rasgaba una parte de la tela, pero a ella no le importó.

En el momento en que el señor se distrajo por el sonido, la niña le arrebató la tira de poliéster y corrió con todas sus fuerzas a la escalera de incendios. Bajo los escalones de dos en dos, procurando no tropezar con sus pies.

Se encontraba tan entretenida con los señores que seguían gritándole, que no se dio cuenta de la presencia de Arnold hasta que casi chocó con él.

—¿Helga? ¿Qué…?


Hola, hola.

Ya llegó el jueves, ¿Y saben que viene?

Nuevo capítulo de la historia, y ni les cuento como estaba mientras terminaba de corregirlo. Hasta yo necesitaba saber que sería de la pobre Helga.

Ni yo puedo creer el rumbo que está tomando todo, y como se están dando las cosas. Con eso les digo todo.

Bueno, ya me emocioné con todo el asunto así que ahora toca contestar los mensajes :D

serenitymoon20: ¡Hola!

Ya sabes que tus comentarios son muy bien recibidos, Serenity. Eres de mis primeras lectoras y apreció mucho tus opiniones, por eso, ¡Te juro que no lo hago a propósito lo de terminar justo en lo bueno!

Hay ocasiones en que de verdad frenan mis dedos justo en situaciones peliagudas, y por más que quiero meter más cosas, hay veces en las que no puedo. Si de por si me cuesta hacer más largos los capítulos, imagínate con los finales :S

¡No mueras! Ya te traje otro y en la tarde del jueves. Gracias a que faltó mi profesora y no tuve clase, pude terminarlo antes.

JossyRuCasti: jajaja, si, ¿verdad? La pobre esta sufre que sufre, y lo peor de todo es que poco puede hacer para que los adultos la escuchen. ¡Gracias por leer la historia!

Chiryta: Muchas gracias.

Mi error. La verdad es que no soy muy buena promocionándome, por eso tengo pocos lectores y la mayoría llega de suerte.

Que bueno que te este gustando. Claro que si, ya veras; de que acabó la historia la acabó.

Y con esto acaban los mensajes.

Ya sé, otra vez deje el capítulo en lo mejor. Tengan paciencia, me estoy apresurando a escribir el que sigue y le estoy agregando tantas cosas como puedo, así que espero compensarlos con él.

Me despido. Gracias a tod s por sus lecturas, por agregar la historia a favoritos y por los mensajes que me dejan.

Cuídense.

Nos leemos el lunes.