Disclaimer: Demashitaa! PowerPuff Girls Z no me pertence.
Demashitaa: No Hai
El inicio de una Pesadilla
Makoto se cruzó de brazos, intentando no demostrar su incomodidad. Cinco personas y un pero de juguete hablador lo estaban mirando como si fuera le ultimo vaso de agua en el desierto. Lo hacía arrepentirse de estar ahí.
-Entonces… -Dijo, aclarándose la garganta. – ¿Para que soy bueno?
Los presentes par parpadearon, volviendo a la realidad.
-¡Claro, profesor, casi lo olvidamos! –Dijo Ken. –Iré al laboratorio para preparar todo. –El hombre asintió.
-¡Preparar las cosas para el villano, wan!
Miró al chico frente a él y lo examinó rápidamente. Tenía un aspecto muy decaído. Se aclaró la garganta, nunca había tenido ningún contacto con algún villano, normalmente los veían a través de la pantalla, luchando con las chicas, pero tener uno de frente era bastante extraño. Sobre todo a un chico que le recordaba usualmente a la encantadora pelirroja, solo que él no era precisamente encantador. ¿Cómo se le hablaba a un villano?
-Muy bien Brick…
-De hecho, soy Makoto. –Corrigió. –Y necesito sentarme. –Hasta ahora nadie había captado su pequeña dificultad para respirar y al parecer, aun no lo hacían.
-Sí, Makoto. Soy el profesor…
-Utonium, si. –Se apresuró. -¿Qué tal si vamos a la parte importante? No piensen que me siento cómodo de estar aquí, en territorio enemigo.
-Qué borde… -Musitó Kaoru, cruzada de brazos.
Miyako intervino antes de que lo bueno de la situación se viniera abajo por pleitos insignificantes. Tenían que apresurarse.
-Profesor, la sustancia.
-Bien, vamos al laboratorio. –Dijo el hombre, comenzando a caminar. El chico suspiró fastidiado, se acababa de sentar.
-Makoto. –Llamó la pelirroja, caminando con todos. –Necesitamos que nos digas que paso con lo de la sustancia. Cualquier cosa que sepas.
-En realidad, yo no sé nada. Ni si quiera sabía que la teníamos. Hotaru fue el que me lo dijo.
-¿Hotaru? –El chico asintió. -¿Y como es que el lo supo' –Cuestionó ella, con desconfianza. Makoto estuvo a punto de responder, a decir por su cara, molesto, pero Miyako intervino.
-Sobre eso… -Comenzó, haciendo que los tres pararan y la miraran. –Bueno, yo le dije algunas cosas a Hotaru, porque… lo que pasó fue que…
Momoko suspiró.
-Bueno, ya no importa como lo supo, aunque es obvio ahora. –Continuaron su camino. - ¿Como es posible que no se hayan dado cuenta de eso? –Cuestionó. -¿Si sabes que se necesita una operación para eso? ¿Cómo pasas desapercibida una operación?
-Taiga tiene experiencia haciendo esa clase de cosas. –Se encogió de hombros. –Tal vez antes nos metió alguna otra cosa o que se yo.
-Ya veo.
Cuando Llegaron el chico se quedó pasmado. Había muchas cosas que no le parecían nada seguras, y el sabía sobre cosas no seguras. No quería que este hombre lo tocara con algunas de esas.
-Brick…
-Makoto. –Utonium suspiró.
-Sí, Makoto. –Necesito que te sientes aquí. Le señaló una enorme máquina. Una enorme, con una especie de camilla debajo de un carrito.. –La camilla te introducirá en la…
-¡Eh! –Se precipitó. -¿Esa cosa va a tragarme?
-¡No, idiota! –Chilló la pelirroja. –¡Solo va a analizar tu organismo!
-Necesitamos ver si hay algún daño. –Dijo el hombre. – Después, te limpiaremos la sangre.
-¿Y como exactamente va a hacer eso? ¿No irá a drenarme la sangre, o sí?
-¡No idiota! –Chilló esta vez la pelinegra. -¡Hasta yo se que eso sería estúpido!
-Con unos nuevos rayos desarrollados por mi y Ken. –Dijo el hombre, señalando al pequeño.
-Vaya, tienes un nombre bastante feo. –Señaló le pelirrojo, recordando al idiota de Ken Kimura.
-Eres algo molesto. –Se quejó el niño, cruzado de brazos.
-Y tonto, wan.
Makoto entrecerró la mirada sobre ellos amenazadoramente, que si se hubiera sentido mejor y tenido mejor aspecto, tal vez hubiera inspirado miedo.
Muy bien, muy bien. –Comenzó el profesor, haciéndola de mediador, no quería quedarse sin hijo. –Prosigamos. Aseguro que no hay ningún peligro con esto.
El chico les miró con desconfianza, pero terminó sentándose ahí. Ya había llegado demasiado lejos para ponerse a desconfiar ahora. Utonium comenzó a hacer movimientos en la máquina provocando que sonara un "zoooom" bastante fuerte.
-Síntomas. –Pidió el hombre, a lo que el pelirrojo lo miró con la ceja alzada.
-¿Síntomas?
Si, síntomas. –Reiteró. –Que has sentido últimamente como consecuencia de la sustancia.
-Creo que es suficiente con ver mi cara. Creí que era un científico inteligente.
-¡Oye, idiota! –Le chilló Koru junto a Momoko, La pelirroja gruñó. –Este hombre es el pase directo a tu cura, así que sé más respetuoso. –Rodó los ojos. –Comienzo a pensar que esto no es una buena idea.
-Como sea. –Terminó el chico. Él no se fiaba de la gente tan fácil. – Simplemente me siento mal.
-¿Podrías especificar? –Makoto gruñó. ¿Qué acaso estaba en una cita médica?
-Dolor de cabeza, cuerpo, me falta la respiración, y duermo todo el día. Me canso mucho más rápido que antes.
El profesor Utonium comenzó a anotar todo, asintiendo y murmurando afirmaciones a lo que el chico decía, como si se lo esperara ya. –Y supongo que tiene que ver, pero no podemos transformarnos.
-¿Cómo?
-No podemos transformarnos, ninguno de los tres. –Dijo, claramente refiriéndose a él y sus hermanos. –Por lo tanto no podemos volar, ni nada parecido. Parece que hace interferencia.
-Eso no me lo esperaba. –Dijo el científico, llevándose una mano a la barbilla. -¿Dices que no sabes en que momento ocurrió lo de la sustancia? –Cuestionó el hombre. Makoto comenzaba a sentirse acosado, no le gustaban los interrogatorios.
-Que no. No tengo idea de cuando sucedió.
-Aun así aseguras que fue Taiga el que la indujo.
-¿Quién más sino? –Murmuró, fastidiado. –Estas preguntas comienzas a cansarme.
El científico miró al niño pequeño, el que parecía su copia en miniatura, como comunicándose con la mirada, mirada que no sabía si interpretar como buena o mala.
-¿Qué sucede, profesor? –Cuestionó la pelirroja, mirando al hombre, que parecía pensativo.
-Bueno. –Comenzó. –Creo que los hechos comienzan a tener un poco más de lógica. No sé si deba decirte esto. –Se dirigió al chico. –Pero tengo una teoría.
-¿Sobre que? –Cuestionó Miyako, interesada.
-Sobre el hecho de que hayan sido operados sin darse cuenta. –Se acercó a la mesa de experimentos, sin dejar de hablar. –Creo que Taiga sabía perfectamente los efectos nocivos de esta sustancia. –Dijo el hombre. –Y me parece lógico ahora, con todo lo que ha explicado Miyako, me refiero al hecho de que lo traicionaran, que quisiera, bueno… deshacerse de ustedes de alguna manera.
-¿Quiere decir matarnos? –Dijo el chico.
-Es una forma algo dura de decirlo, pero…
-¿Es lo que no debía decirme? –Cuestionó el chico, con aburrimiento. -¿Sabe cuantas veces ese idiota ha intentado asesinarme? He perido la cuenta. Una más no me sorprende.
El hombre, e incluso las chicas, estaban impresionadas por la indiferencia y naturalidad de las palabras del de la gorra.
-Y si, vaya que si, ahora todo tiene lógica. –Gruñó. –Ese maldito bastardo…
Ken abrió los ojos apesumbrado, no estaba acostumbrado a escuchar ese tipo de lenguaje, se imaginaba que Kaoru lo usaba, pero se contenía frente a él. Miyako notó el rubor de pequeño ante la palabra.
-Makoto, hay un niño pequeño aquí, no digas malas palabras. –Pidió. Él la miró casi estoicamente y giró su mirada al hombre de nuevo.
-¿Y bien? ¿Puede quitarme esto? –Utonium asintió.
-Primero hay que ver si no hay ningún daño interno por la sustancia. Puede haber corroído algún intestino. Pero no hay mencionado nada de vomito, por lo que probablemente no ha sucedido. Igual lo haremos para estar seguros. –Makoto no quería aceptarlo pero esos aparatos ruidosos y olores a químicos le ponían bastante nervioso, ya muchas malas experiencias había tenido con esos. Pero aun así lo hizo, no quería verse débil frente a ellos.
Todo fue demasiado rápido, en menos de un minutos había salido de esa capsula enorme y ahora tenían los resultados.
-Perfecto, estas sobre el borde. –Dijo el hombre, analizando los papeles y radiografías exprés. –Justo a tiempo de eliminar la sustancia, comienza a esparcirse cada vez más rápido.
-¿Podemos apresurarnos? –Pidió Miyako. -Aun faltan dos.
-Calma Miyako. –Dijo el profesor. –Ken ya tiene todo preparado, así que no duraremos nada.
El profesor Utonium se dirigió a una nueva máquina y se la señaló al chico.
-Esta puede doler un poco, pero nada insoportable. –Makoto volvió a subir a la camilla y una vez que estuvo adentro, esta vez, la capsula se cerró.
-¿Profesor? –Cuestionó Miyako.
-¿Sí?
-¿Es esa con la que nos volvió más poderosas. –Lo vio asentir. –Pero esa duele mucho.
-Lo sé. –Asintió de nuevo, pero se dirigió al lugar, y la encendió. –Puedes gritar todo lo que quieras.
Makoto, dentro de la capsula, alzó la ceja, con desconfianza.
-¿Gritar? –Una vez que la máquina comenzó a emanar los rayos blancos y grises, entendió porque. Dolía bastante. Los primeros segundos logró aguatar, pero no pudo contener el grito para sofocar el dolor.
-Vaya, aceptemos que aguanto bastante el grito. –Se admiró Kaoru, viendo el resplandor blanco, con los lentes especiales proporcionados por el profesor.
Cuando la máquina se abrió, el humo y el aire hizo que los cabellos se les revolvieran bastante, dejando el lugar impregnado de neblina durante varios segundos. Cuando todo comenzó a disiparse, el silencio quedó alrededor.
-Usted dijo, que eso, no dolía.
-Bueno, ha sobrevivido. –Se mofó Kaoru.
-¿Cómo te sientes' –Cuestionó el hombre.
-No sé. –Dijo. –Eso me dejó peor de lo que me sentía. ¿Cómo se que funcionó?
El hombre lo metió de nuevo a la capsula para analizarlo comprobando que en efecto, no tenía nada más. Simples efectos secundarios de la máquina de rayos (Aun tenía que nombrar su invento)
-¿Tan rápido? ¿Es todo? –Dijo el pelirrojo.
-Tan simple como eso. –Asintió. –Ahora, vamos a lo importante.
Hotaru se levantó tarde, bastante tarde, era cerca de la 1 de la tarde cuando abrió los ojos, y a decir por la cara de Koiji, él tampoco tenía mucho de estar despierto. Se quedó ahí, boca abajo, como un costal de papas. Normalmente el no dormía tanto tiempo, pero la noche anterior se había sentido fatal, sin embargo, aunque había dormido cerca de 15 horas, se sentía como una gelatina.
Hubiera seguido en cama, si no hubiera sido porque un punzante y agudo dolor en el estómago le hizo soltar un quejido, y posteriormente, le dejó esa asquerosa sensación en la garganta de querer vomitar.
Se levantó como alma que lleva el diablo, dirigiéndose al baño lo más rápido que pudo, sacó a pequeño Arturo de malas maneras, sin pedir permiso, ante las protestas e insultos de este, y tras cerrar la puerta… vomitó.
-¡Primero el idiota de tu hermano me saca del baño y ahora vienes tú. –Hotaru caminó cabizbajo.
-Se acaba de levantar, deja de molestar. –Desmintió.
-¡No ese! ¡El otro idiota de tu hermano! –Chilló.
-¿Está despierto?
-¡Gracias al cielo se ha largado!
-¿Salió? –Se murmuró a si mismo, extrañado.
-¡Creí que una vez que se fuera me dejarían entrar al estúpido baño con gusto! ¡Por primera vez en 3 meses decido tomar un baño y me interrumpen!
Hotaru produjo una cara de asco, dirigiéndose a la habitación que les correspondía a los tres. No se había dado cuenta que la cama de su hermano mayor estaba vacía al salir.
-¿Sabes a donde fue Makoto? –Cuestionó al pelinegro tan solo entrar.
-¿Cómo voy a saberlo yo, si acabo de despertar? –Se quejó en la misma posición en la que lo había dejado.
-¡Qué asco, el rubio idiota ha vomitado!
Hotaru no le prestó atención al comentario, y se desparramó de nuevo en la cama, dispuesto a no hacer nada el día de hoy, sin embargo, Koiji truncó sus planes.
-Bonito día has elegido para enfermarte. –Escuchó a su espalda, sin entender el comentario.
-¿A que viene eso?
-¿Lo has olvidado, verdad? –Koiji se sentó en el colchón. –Vaya que estás mal hermanito idiota. Normalmente soy yo el que olvida las cosas.
Hotaru dio media vuelta en la cama, encontrándose con el rostro de Koiji.
-Inauguración de la C.E.D. la competencia por la cual te recuerdo, has entrenado todos estos meses. –Al rubio se le descolocó la cara.
-¿Es hoy?
-Ya te he dicho.
-Pero es sábado. –Se quejó. –Y no puedo levantar siquiera un dedo, menos un balón de baloncesto.
-Vaya que lo olvidaste. –Dijo. –Es dentro de unas horas. Deberías prepararte.
Koiji ya no dijo nada más, sino que comenzó a prepararse el mismo. Tampoco se sentía del todo bien, desde que había colapsado a mitad de un partido días atrás, no se sentía en sus cinco sentidos, pero no podía faltar a esa competencia. Desde que había comenzado a tener una vida normal, una de las pocas cosas que le habían interesado, era el futbol. Había conseguido ser capitán de equipo en tan solo unos cuantos meses. No podía perderse eso. Era la única cosa de la escuela que le importaba.
Además, una simple enfermedad no podía tumbarlo, no era una nenita.
Menos una sustancia. Aunque viéndose en el espejo, sabía que no se veía tan mal como el menor, que aún seguía en cama. Se vio tentado a imitarlo, pero se contuvo, solo sería unas horas. No habría ningún partido ese día, pero era esencial que estuvieran presentes, podrían ser descalificados.
Esperaba que Makoto estuviera a tiempo, porque él y todos los tíos que se creen súper guay con guitarras y esas cosas, cantando sus cancioncillas chungas, darían el concierto de apertura, como lo llamaba el entrenador. Suponía que el ya estaba en mejores condiciones, con eso de que había salido del lugar sin avisar. Así que no se preocupó tanto.
Ja.
El profesor miró al chico sentado en la camilla, rodeado por las tres chicas largos segundos. El percató aquello y levantó la mirada aun apretándose el lugar donde le habían sábado sangre.
-¿Qué? –El profesor se dedicó a mirarlo unos segundos más y seguidamente a las hojas que habían resultado de su máquina.
-Jamás lo habría imaginado… -Murmuró más confundido que sorprendido. –De todas las personas hubieran sido los últimos en los que habría pensado…
Las tres chicas se miraron entre sí.
-¿Sucede algo, Profesor? –Se aventuró a preguntar Momoko. El hombre solo se impulsó con su silla hacia adelante, para alcanzar la pantalla donde identificaba las sustancias que Peach localizaba.
-Sí, de hecho sí, Momoko. –Dijo tecleando algunas cosas. –Creo que hemos descubierto una de las incógnitas que surgieron hace unas semanas. –Oprimió el botón rojo y siete puntos blancos aparecieronen la pantalla.
Tres estaban en las afueras de la ciudad y cuatro en el lugar donde estaba ubicado el laboratorio. Las tres chicas miraron incrédulas al pelirrojo sentado en la camilla, que ya estaba bastante fastidiado de ser observado tan detenidamente.
-Sí tengo cáncer solo díganmelo y ya.
-¿Este tipo es el cuarto punto que está en el laboratorio? –Cuestionó compungida Kaoru. –Por favor profesor, dígame que no.
El hombre solo siguió tecleando.
-Creí que estabas infectado con los rayos Z negros… -Murmuró Miyako pensativa.
-Lo estoy, rubia. Qué este aquí no quiere decir que sea su bueno o algo, solo lo hago porque me conviene. –Momoko se cruzó de brazos y suspiró.
-Makoto Him eres un completo mentiroso. –Lo miró detenidamente.
-¿De que hablas?
-Estás infectado con rayos Z blancos. No se desde cuando, pero eso seguramente afectó los rayos Z negros y… vaya ahora todo tiene lógica.
-Estás loca, yo no tengo… eso. –Murmuró medio ido, como si tener rayos Z blancos fuera una porquería. Ella asintió.
-Oh, si. Si que lo estás Him. Y no solo tú. –El profesor asintió.
-Si Brick está infectado con rayos Z blancos, sus hermanos deben estar también. –El hombre se giró levemente. –Pero aun así, queda un punto en la pantalla por descifrar.
-No, no. Esperen. Yo soy malo, temible y rudo. Soy un villano. Vi-lla-no.
Akatsutsumi rodó los ojos.
-Los villanos no ayudan a capturar enemigos prestando su ADN, Him. Deberías saberlo.
Él ya tenía la cabeza bastante revuelta. El era un villano. ¿Por qué lo era, no?
-Brick..
-Makoto, Makoto, en este momento soy Makoto. –El chico se talló la cara. -¿Es tan difícil de entender? ¡No pueden andar ventilando mi identidad por todos lados!
El hombre parpadeó.
-Eh… Makoto. –Continuó. –Será mejor que traigas a tus hermanos al laboratorio. Según los datos analizados, la sustancia esta invadiendo cada vez más su organismo. No debemos perder tiempo.
-¡Espera, espera! –Chilló Kaoru. -¿Han visto la hora que es? Tenemos un par de horas par a hacer esto. ¡Hoy se inaugura la CED!
Miró a la cica del moño.
-¡Me prometiste que solo sería un momento!
-Cálmate Kaoru, Yo también tengo que estar ahí ¿recuerdas? –Dijo. –Pero esto es más importante. Solo llegaremos un poco tarde.
-¡Estuve entrenando meses enteros! ¡Nos descalificarán si llego tarde!
Todo el mundo pasó a ignorarla, mientras seguía gritando indignada.
-Como decía, mientras más rápido mejor. –Se explicó el hombre. –Tu apenas pudiste sobrevivir a daños mayores, pero sabemos que tal este la suerte de tus hermanos.
-¡Más te vale que traigas a Koiji pronto! –Chilló, furica Kaoru. Estaba indignada. -¡Si yo llego tarde, el también! ¡Y también el oxigenado!
El pelirrojo rodó los ojos.
-Ellos no pueden volar, ni transformarse. –Dijo. –Ya se lo había dicho, la sustancia no nos deja.
-Si, lo sé. –El hombre se dio unos golpecitos en la barbilla. –Me temo que no habrá otra manera. Tendremos que usar el mini jet para ir.
A Miyako se le iluminaron los ojos.
-¿Ese avioncito súper moderno para diez personas que no nos deja ni mirar porque teme que lo destruyamos?
-Ese precisamente.
La rubia pegó un grito infantil.
-¡Yo me apunto! –Dijo, alzando una mano.
-Todos iremos. –Asintió. -¡Pero no toquen nada! Na-da.
Kaoru Gruñó.
-Mientras esto se haga pronto, su avión estará a salvo. –Utonium titubeó.
-Como sea, vamos rápido, Makoto vete al frente para que le digas al profesor por donde debe ir.
El edificio estaba tranquilo, realmente tranquilo. Tranquilo como en los últimos meses era costumbre, y a decir verdad, no le agradaba. As se limitaba a deambular por su piso, escuchando los ronquidos de Billy, el patético instrumento de fuzzy, y el ruidajal de los inventos de Mojo. Claro, cuando no salía a robar algo a la ciudad o acusar algún desastre con la banda gangrena. Pero sus ratos de diversión ahora se limitaban a escasos minutos en las calles, para regresar a la monotonía del edificio.
Se desparramo de malas maneras en el sofá, soltando un bufido sonoro.
-Todo por culpa de ese trío de inútiles… -Murmuró.
Antes de que a los RowdyRuff Boys les hubieran modificado el ADN, las cosas en el edificio eran más divertidas. No había un solo minuto del día que el lugar estuviera en silencio, salvo cuando Taiga se dignaba aparecer y tomar alguno de ellos, para hacerles sabrá Dios que cosas.
Pero desde que habían sido enviados a su misión, las cosas habían estado cambiando. Peleaban, pero solo entre ellos, en ocasiones cuando el los insultaba, se armaba un pleito, pero no tan divertido como antes. Sus peleas se limitaban a cosas simplemente, no tan estúpidas como antes.
Ni siquiera pasaban tiempo en el edificio, una de las razones por las que estaba en silencio. Y cuando estaban ahí, Brick –o Makoto, como solían llamarlo ahora Boomer y Butch. – se ensimismaba en su guitarra –robada, claro esta. – Y los otros dos, no dejaban de botar o patear balones. Se la pasaban hablando de sabrá Dios que cosas, tan seriamente que si le hubieran contado que tres RowdyRuff Boys hablaban si quiera de un tema con seriedad, se hubiera reído en su cara.
Debía admitirlo, pero esa misión los había hecho madurar. Y, no le gustaba en lo absoluto.
Prefería las versiones anteriores, cuando andaban de arriba para abajo, picándose la nariz y enseñando traseros a Dios dar. Gastando bromas pesadas, como bañarlos en lodo, llenarlos de púas, y más.
No las de ahora, que actuaban con cautela y se reservaban cualquier cosa, que incluso –esto también le costaba admitirlo. –Habían llegado a inspirarle miedo. Como la vez que Boomer los lazó contra la pared de la sala de estar y había dejado un tremendo pozo en la pared, que hasta ahora permanecía ahí. Había durado una semana electrocutándose a cada rato.
Pero eso se había acabado.
Decidido, se levantó del sofá, resonando sus pasos a medida que avanzaba, ya verían esos niños si no volvían a ser los de antes. Se dirigió al ultimo piso, el de los tres más jóvenes del lugar, y una vez que llegó, abrió la puerta de un sopetón, sin avisar.
-¿Qué mierdas quieren? –Se quejó el pelinegro de malas maneras, abrigándose.
-Vaya están muy silenciosos. –Dijo el hombre de piel verde. -¿Les comieron la lengua los ratones?
-No creo que te importe, imbécil. –El pelinegro cerró una maleta que estaba preparando, donde metió un balón de futbol.
-¿Y su líder de pacotilla? Ya ni siquiera es bueno para molestar, era lo único para lo que servía. Al igual que ustedes.
-Lárgate de aquí. –Resonó la voz del rubio, que había estado callado, tirado boca abajo en su cama. –Salió hace rato, no preguntes a donde.
-¿Acaso fue a ver a su enamorada? ¿La PowerPuff rosa? Que romántico.
Un cojín algo viejo y sucio se estampó en su cara, pero esta vez se dio cuenta que la fuerza empleada no fue suficiente. ¿Qué les pasaba a estos críos, ya ni siqueira peleaban como antes?
-Desaparece si no quieres que te desaparezca yo. –Gruñó el pelinegro, echando a un lado su maleta, junto a una que claramente, era del rubio.
Ace gruñó, y se retiró, soltando algunas maldiciones por lo bajo. Hotaru, recostado aun boca abajo en su cama, pero ya vestido con su respectivo uniforme, esperaba la hora en que tuvieran que largarse al dichoso evento de inicio, o como se llamara, de la competencia con la que Koiji lo tenía tan harto.
Sí, a él también le importaba y eso, pero, enserio, no tenía ánimos de nada.
Escuchó a Ace alejarse sin moverse de lugar, porque si se movía siquiera un centímetro, sentía que el estómago se le revolvería de nuevo. ¿Por qué el parecía mucho más afectado que sus hermanos por esa sustancia? ¿Debía asustarse porque eso solo significaba que estaba cada vez más cerca de la muerte?
No le importó mucho. Se iba a disponer a cerrar los ojos, aun a sabiendas de que podría no volver a abrirlos, y escuchó un ruido bastante estrepitoso en la ventana, o más bien, fuera de ella.
-¿Qué diablos es eso? –Se encendió Koiji. –Como sea una de esas malditas bromas de la banda gangrena, los voy a…
Al escuchar que su hermano no terminó la oración se puso alerta para escuchar lo que pasaba, pero sin intención de participar en las estupideces de sus compañeros de edificio.
-Hotaru…
-¿Que?
-Ven.
-Hazte cargo tu solo, bien que puedes, y déjame en paz.
-Hotaru. –Volvió a llamar, pero este solo se quedó ahí. -¡Hotaru! –Una almohada se estrelló en su cabeza, mandándole la sensación de mil agujas picándole el cráneo.
-¡¿Qué quieres maldita… sea.
Se quedó igual que su hermano, mirándose desde la cama lo que veía a través de la ventana.
-¿Qué hacía Makoto arriba de una avión en miniatura con el profesor Utonium?
-¡Hey ustedes dos! –El pelirrojo, que parecía con fuerzas renovadas, se asomó por la ventanilla lateral del avión. -¡No es para que se queden ahí de pasmados, idiotas! ¡Suban rápido!
Haciendo caso omiso a la orden del pelirrojo, se quedaron en su lugar, en el la cama, Koiji frente a la ventana. Eso definitivamente era muy extraño. Y para hacer la situación más paranoica, una pelinegra, salió hecha una furia de algún lugar del avión, volando hasta entrar a la habitación. Los dos se alertaron.
-¡Hey, loca! –Chilló Koiji. -¿Qué se supone que haces, no puedes entrar aquí! ¡Eres una PowerPuff Girl Z! ¡Largo!
El pelinegro respiró dificultosamente después de intentar correr a la intrusa, y el rubio se quedó ahí nomas, observando la ventana.
-¡Cierra la boca, Koiji Him! –Chilló frenética. -¡Por tus descuidos ahora llegaré tarde a la competencia más importante de todo el maldito año! –Lo apuntó acusadoramente. -¡Así que si yo caigo, caes conmigo idiota.
-¿De que hablas, loca? –Cuestionó alejándola, pero en ese momento era Buttercup, y Buttercup era demasiado fuerte para Koiji, sobre todo, un Koiji maltrecho en ese momento, así que ella ni se movió de su lugar.
Mientras Koiji seguía intentando sacar a la pelinegra de su habitación, dos figuras femeninas más se hicieron presentes en la habitación.
La rubia se acercó a él.
-Lo lograste Hotaru. –Anunció alegre, pero quedamente.
-¿No me digas, enserio? –Cuestionó, sorprendido. Ella asintió. Eso explicaba porque el pelirrojo estaba dentro del aquel avioncito con el profesor Utonium.
-Si enano. –Los dos rubios pasaron a mirar al pelirrojo. Hotaru se dio cuenta que era Brick. Ya podía transformarse. –Y solo por esta vez dejaré pasar el hecho de que me ocultaste un millón de cosas y actuaste sin mi permiso, pero la próxima vez que lo hagas, te golpearé, ¿Me oyes? –Dijo amenazante. –Ahora, sube al maldito avión antes de que alguien se de cuenta que esta aquí. Esa cosa es muy ruidosa, y no nos conviene que Taiga se de cuenta.
-Pero… no me puedo transformar. –Recordó.
-Oh, no hay problema con eso. –La rosa, se le acercó, lo tomó de la sudadera, y se elevó le el aire, con la rubia detrás de ellos.
-¿Qué? ¡Tan fácil cedes, Hotaru? ¡Maldito oxigenado, vuelve acá! –Dijo el pelinegro, a estas alturas agotado por el enorme esfuerzo que hacia para quitar a la pelinegra del camino. -¡Traidor!
Koiji ya se había percatado de que su hermano mayor parecía estar mucho mejor, incluso ahora podía transformarse, lo cual significaba que había aceptado la propuesta de la líder de las PowerPuff Girls Z. ¿Pero porque tenía que hacerlo el día más importante de su corta vida? No lo haría, punto. Podía esperar un par de días más.
-Sube ahora. –Ordeno la pelinegra. –No estoy aquí perdiendo el tiempo que debería estar preparándome para que no vayas a subir al maldito aparatejo ese.
-¡No es un aparatejo! –Chilló Ken, desde dentro.
-Ni que fueras quien para obedecerte. No iré. M e iré a la competencia, aun así muera a mitad del evento. Punto.
-Mira maldito…. –Brick cortó e insulto de la pelinegra, acercándose al pelinegro, y tomándolo de las solapas dela camisa.
-Óyeme, imbécil… no me arriesgue a hacer eso para nada. –Dijo, juntando sus frentes amenazadoramente, haciendo que el pelinegro tragara saliva. -¡Soy el líder y tu hermano mayor, y si digo que subes a ese puto avión, subes. Y punto. O juro que ahora que no puedes transformarte te aventaré por esa ventana, a cinco pisos del suelo.
Butch lo apartó con un codazo. Maldita sea, no tenía opción. Miró con odio a la pelinegra y se cruzó de brazos, enfurruñado.
-Pues no me puedo transformar. –Sentenció. La pelinegra, hizo un movimiento de mano.
-Pues yo no pienso ayudarte a subir a ese avión. Terminé mi trabajo aquí. –hijo, y salió volando por la ventana. Los dos chicos se quedaron pensando lo mismo: ¡Si no ha hecho nada!
-¡Te digo, está loca! –El peli naranja no discutió aquel hecho y tomo al pelinegro de la camisa. Cuando llegaron al avión lo tiró de malas maneras sobre el asintió.
-Vámonos rápido. –Dijo el pelirrojo. –Hasta ahora nadie se dio cuenta, pero podemos levantar sospechas. Será mejor apresurarnos.
El profesor no perdió el tiempo, y se apresuró a arrancar de nuevo, de regreso al laboratorio. NO quería alarmar a nadie, pero Koiji y Hotaru tenían muy mal aspecto a como los recordaba. Lo había notado en cuanto entraron –bueno, Koiji fue lanzado contra el suelo. – Sobretodo Boomer, que parecía incluso incómodo de moverse. Esperaba que corrieran con la misma suerte que su hermano.
Makoto, esta vez le cedió el lugar a Ken –lo obligó a ir al frente, más bien. – el profesor ya sabía como regresar, y estar a solas con el en la dichosa cabina, no le agradaba. Era extraño estar con ese hombre cuando siempre deseó asesinarlo por el simple hecho de estar del lado de las PowerPuff Girls Z.
Se preguntó si así como sus hermanos se veía antes de llegar al laboratorio, pálido-amarillento y con ojeras. Debía admitir que ese profesor si sabía lo que hacía. Ignoró las quejas de Kaoru, que ya se había transformado, y las de su hermano sobre la dichosa CED.
Se limitó, mientras el profesor ascendía al cielo, a mirar a través de la ventanilla que no hubiera nadie alrededor que pudiera percatarse del pequeño avión, que a pesar de ser de un tamaño pequeño para un avión, seguía siendo lo suficientemente grande para no pasar desapercibido. El lugar parecía estar despejado.
Una vez que alcanzaron suficiente altura para despegar respiró más tranquilo. En cuestión de un minuto estarían en el laboratorio.
Desde los árboles, Gotokoshi maldijo sin molestarse en hacerlo bajamente. Los tres mocosos se habían largado con las PowerPuff Girls Z, lo cual significaba que Brick había aceptado el trato, y él, se había equivocado. Estaba en grandes, grandes problemas.
No podía ocultárselo a Taiga, pero decírselo sería correr un riesgo enorme. Podría hasta matarlo. Se había descuidado al ocultárselo, debió haberle dicho lo que planeaban las tres chicas desde que lo supo. De haber sido así, esto no habría pasado.
-¡Apresúrate Ken, lo más rápido que puedas! –Gritó le profesor.
Momoko tragó saliva, el hombre estaba muy acelerado, eso no le agradaba. Era verdad que ahora eran dos chicos infectados con la sustancia mortal, y uno de ellos se veía peor que aplastado por un camión, pero tan solo llegar, comenzó a gritarle ordenes a Ken y a Peach, poniéndola nerviosa.
Regresó su mirada a los dos chicos. No sabía si era por la altura, o por el viaje rápido, o las dos cosas combinadas, pero Hotaru parecía a punto de ir al primer retrete y expulsar todo lo que pudiera salir en un segundo.
Cuando lograron llegar con los dos chicos al laboratorio, Ken iba de ahí para allá como loco encerrado en un pequeño cuarto.
-Hombre, ustedes de verdad no se mueren de hambre. –Dijo Koiji mirando todos los aparatejos a su alrededor, pero sobretodo, la enorme cocina., y esa pantalla con un montón de menús en ella.
-Podrán comer todo lo que quieran una vez que saquemos la sustancia ZV4 de su sangre. –Dijo el profesor.
-Se arrepentirá de decir eso, -Murmuró Kaoru, imaginándose la cocina desmantelada en cinco minutos.
-De verdad necesito ir al baño. –Se quejó el rubio. Precisamente por eso, no se había movido de su cama en el edificio.
El profesor lo miró rápidamente, una mirada pensativa.
-Bueno, entonces, serás el primero. –Señaló. –Sube ahí.
El rubio obedeció apesumbrado. Después no quería quejas por manchar con vomito el pulcro suelo del lugar.
-Dime cuantas veces has vomitado. –Cuestionó el hombre, a estas alturas, para el era obvio.
-¿Por qué eso es importante? –Cuestionó. Utonium suspiró, ¿Qué a ningún RowdyRuff Boy podía hacerle una pregunta?
-Para saber que tanto daños internos hay.
-Solo dos. –Musitó. El profesor asintió. Empezando la operación que había hecho con el pelirrojo. Y justo como lo había esperado, la sustancia había traspasado uno que otro intestino.
-¿Qué dice? –Cuestionaron los otros de lejos, pero no respondió, solo siguió indicándole al rubio que hacer.
Momoko, junto a los demás, comenzó a repartir los lentes protectores. Una vez que todos tuvieron puestos, el profesor pudo encender la máquina, y el grito no se hizo esperar. Koiji arrugó la cara.
-¿Qué pasa si prefiero morir en lugar de entrar ahí?
-Pero que cobarde eres. –Regañó Kaoru. Estaba mucho más irritada que de costumbre. No ayudaba el hecho de que el pelinegro estuviera en la misma situación. Querían molerse a golpes.
-Sólo deja que me quiten esto, y verás. No vas a recordar ni tu nombre, PowerPuff.
-Ya lo veremos, Rowdy.
-Cállense los dos. –Sentenciaron los rojos, Miyako solo suspiró. Si Taiga no los mataba, sería porque ellos mismos explotarían el lugar antes de que el villano lograra hacerlo el mismo. El humo de la máquina abriéndose los hizo callar a todos. Cuando se disipó miraron al rubio.
-Creo que no funcionó porque me siento igual o peor. –Admitió, pero Utonium tranquilizó.
-Te recomiendo que te mantengas en calma. –La sustancia ya no está en tu sangre, pero por alguna razón, te afectó más rápidamente a ti. Traspasó algunos órganos.
-¿Qué? –Chilló, asustado. -¡Soy muy joven para tener un órgano perforado!
-Hey oxigenado, solo cállate y ven acá. –Dijo Kaoru.
-¡No soy oxigenado! –Se quejó.
-Si, al parecer ya se siente mejor. –Asintió el hombre. –Pero necesitas mantener el reposo, ya te daré algunas de las medicinas que yo fabrique, especiales para as chicas. Tus órganos sanaran, no es como si tuvieras un enorme agujero en ellos. Pero te costara trabajo caminar durante unas horas.
El rubio parpadeó.
-Butch, tu turno. –El pelinegro obedeció a regañadientes.
-Y solo para aclarar, soy Koiji. –Utonium suspiró, anotando mentalmente no olvídalo por su bien. Para suerte del chico, a diferencia de sus hermanos, no tenía tantos daños. Fue demasiado rápido.
-¿Eso es todo?
-Si. –Asintió el hombre, soltando un suspiro relajado. –Ahora, solo necesito traer las medicinas especializadas. Miyako, Kaoru, necesitaré su ayuda.
Las dos asintieron y los siguieron arrastrando al rubio con ellas, ya que el era el que lo necesitaba. En realidad, el hombre solo necesitaba a la azul, pero no confiaba en dejar a la pelinegra en una misma habitación con su contraparte, temía que el laboratorio desapareciera.
-Tú. –Dijo Koiji, señalando a Ken y a Peach, quienes se quedaron quietos, atemorizados. –Me prometieron comida. Quiero comida.
-Pero…
-Oye, oye. Ustedes experimentaron con mi sangre, me deben un favor. Y quiero comida. –El chico gruñó.
-Esta bien. –Dijo, frunciendo el ceño. –Villanos malagradecidos y maleducados.
-Que raros son, wan. –Dijo Peach, acompañando a Ken, con Koiji detrás. Momoko bufó una vez que atravesaron la puerta.
-En serio, tu hermano es demasiado borde. –Dijo, girando su vista al pelirrojo, que seguía transformado. El desvió la mirada, incómodo, y ella, instantáneamente hizo lo mismo.
Al parecer, con todo lo sucedido no se había percatado de ese pequeño hecho hasta ahora, que tenían unos minutos de tregua. Los seis estaban juntos. Estaban cooperando para la misma causa, juntos.
Sabía que debía estar contenta y tranquila, pero solo se sentía demasiado extraña. Durante esos meses habían atravesados por muchas cosas complicadas, habían tenido muchos roces. Y no todos ellos malos. Pensó la rosa, e instantáneamente, se abofeteó. SE abofeteó, literalmente.
Brick la miró como si ella estuviese loca.
-¿Y ahora que te sucede, histérica? –Ella gruñó.
-¡Nada idiota! –Se sintió estúpida, poniendo el ambiente más tenso entre ellos.
Lo miró de reojo, atrayendo memorias a su mente.
. .
.
-¡Pero vamos, preséntense! –Canturreó el hombre, que comenzaba a incomodar a los tres.
Un pelirrojo de ojos extrañamente rojos como la sangre, con un cabello revuelto y una gorra roja hacia atrás. Su sonrisa era pícara y con un toque de travesura, al igual que el brillo de sus ojos.
-Soy Makoto, Makoto Him.
.
. .
.
Makoto miró a Momoko a gatas, avanzando entre los escritorios y mochilas desparramadas, intentando cubrirse del montón de pelotas de papel que volaban por todo el salón de clases. Sonrió con malicia, momento perfecto para actuar, pensó.
Se acercó a la pelirroja y pasando frente a ella, le pisó la mano, divertido, y cuando ella chilló ante el dolor, fingió no saber que pasaba.
-¡Tú, torpe! ¡Me has pisado!
-¿Me hablas a mi? –La adolescente se puso roja de la ira.
-¡Sí! ¡Me has pisado!
-Mmmm, no. Te has equivocado. –dijo, y se giró sobre sus talones, ignorando estoicamente a Momoko, dejándola con el griterío en la boca. Ella se enfureció más, y fue a hacerle frente. Makoto paró al ver que se posicionaba frente a él, molesta. -¿Qué?
Frunció el ceño y cruzó los brazos, indignada.
-Discúlpate. –ordenó. El pelirrojo sonrió, altivo.
-No. –Momoko, pateó el suelo molesta.
-¡Hazlo! –él pareció pensarlo, y tras sonreír sínicamente, respondió.
-mmm, no, Taponcito. –Momoko crujió la quijada.
-¿Cómo… me has dicho?
-Taponcito. –dijo, comenzando a explicarse.
-Y –comenzó ella, intentado no romperle la cara. –¿Se puede saber el porque?
-Eres enana, como un tapón de alberca.
.
. .
.
-Borrón y cuenta nueva. –Optó por decir.
-¿Eh?
-Supongamos que nada de esto ha pasado, nunca nos conocimos, nunca nos peleamos, nunca nos hicimos amigos, nunca nos volvimos a pelear y esta noche nunca existió. Hasta ahora que llegamos a la banca.
Momoko pareció meditarlo unos segundos, terminando por sonreir y asentir.
-Soy Momoko. –Him la miró como si acabara de salir de un bote de basura. –Dijiste que apenas nos conocimos. -El rodó los ojos.
-Makoto Him. –Se presentó como si no la conociera. –Y tú tienes el tamaño de un tapón de alberca.
-Maldito seas Him. –Murmuró con complicidad divertida. Había cosas que simplemente no cambiaban.
.
. .
.
-Por el amor de Dios, Makoto, no vayas a pensar mal, ¿vale? –advirtió, y como toda la lógica de la desesperación lo dictaba, Momoko tomó a Makoto del cuello de la camisa, lo empujó hacia ella y lo besó. Todo bajo la lógica de "si acaba de comer chocolate tiene que saber a chocolate su boca".
.
. .
.
-¡Cállate!
-Los creía más inteligentes, mis niños. –Blossom miraba con furia al rojo, recordando cada momento que ilusamente lo había comparado con Brick por el parecido que le había encontrado algunas veces. Hasta que su mente trajo recuerdos que en ese momento deseo no recordar.
Había besado a un RowdyRuff Boy Z.
Se llevó las manos a la boca silenciosamente, pensando en lo estúpida que había sido. En lo muy, muy estúpida que había sido.
.
. .
.
-No puedes cerrarme la puerta en la cara y dejarme aquí sin más. Maldición, Momoko. Es la segunda vez que intentó hablar contigo de buena gana y me mandas al demonio. –Dijo Makoto, frunciendo el ceño.
-No quiero volver a verte en todo lo que resta de mi vida porque no dudaré en asesinarte, ¿Entendiste? –Y sin más Momoko le estampó la puerta en las narices. Se recargó en la puerta de espaldas.
-No me iré de aquí hasta que vuelvas a abrirme, ¿Me oyes? –Escuchó detrás de la puerta, y conteniendo las lágrimas que no entendía porque intentaban salir, logró articular.
-Pues a ver quien se cansa primero.
.
. .
.
Las personas cambian, Momoko.
-Supongo… supongo que puedo intentarlo.
.
. .
.
¿Por qué habría de hacerlo? –Cuestionó él con el ceño fruncido. –Creí que no querías mi ayuda, ¿No? Me lo dejaste ya bastante claro.
Ella parpadeó, incrédula.
-Bueno, muñeca. –Continuó. –Ahí tienes. ¿Quieres deshacerte de Taiga tu sola? Lo harás tu sola. No nos necesitas.
.
. .
.
-¿Lo harás? –Murmuró apenas en un susurro audible solo para ambos. Ciertamente estaba muy sorprendida.
Él intentó poner su cara más seria, e indiferente, pero se encogió de hombros, suspirando, dejando caer los hombros.
-No vine a ofrecer galletitas de niñas exploradoras.
.
. .
Recordó cada momento, incómodo, bueno, y malo que había pasado con ese torpe chico, y suspiró. ¡En que momento había sido todo tan complicado? Todo lo que había sucedido tratando de evitar justo lo que ocurría ahora: Trabajar juntos. Solo que ahora, sabía que eso precisamente era lo que necesitaban.
Deseaba poder ser como Miyako y en un instante eliminar la incomodidad con Hotaru, no como ella que a pesar de intentarlo siempre había cierto espacio de incomodidad cuando estaba con el líder de los rowdys, pero después de todo, ella misma se había encargado de aquello.
Asintió para sus adentros, terminaría lo que había empezado. Lo miró al otro lado de la mesa, y se acomodó en su asiento, frente a él.
-Err… -Comenzó, nerviosa. Tragó saliva. –Lo siento.
-¿Qué?
-Que lo siento, ¿Sí? Yo… ¡Maldición! Se que esto es mi culpa, esta situación tan incómoda, y lo siento, ¿Vale? Búrlate todo lo que quieras. Solo estaba haciendo lo que pensé que estaba bien. Y…
Brick parpadeó. Definitivamente, las chicas eran sumamente extrañas demasiado.
-Está bien.
-No no está bien. –Dijo, intentando explicarse. –¡No era mi intención! ¡Entiéndelo! –Comenzó a gritar.
-¡Hey cálmate! –Gritó el también, acallándola. –Cielos, de verdad que estás loca.
-Es solo que. –Suspiró, ¿Por qué se ponía tan nerviosa cuando hablaba con él? –Yo, estaba intentando hacer lo correcto. Estaba asustada porque toda esta ciudad depende de las tres, pero yo soy la líder. Y ustedes siempre habían sido villanos. No sabía que pensar. Supongo que sabes lo que se siente.
Brick se sentía algo incómodo escuchando a la chica hablar con tanta soltura, pero asintió.
-Me equivoque, lo siento. –Pero sonrió. –Pero ahora que están de nuestro…
-Wow, wow, wow, rosita. –Dijo el pelirrojo. –No te confundas, ya te lo dije, soy malo. Un villano. –Dijo, cruzándose de brazos.
Momoko lo miró, con la cabeza ladeada, no creyendo en sus palabras. Lo miró cortos segundos, y posteriormente, se inclinó sobre la mesa.
-Dime la verdad. –Dijo la chica, poniendo sus manos sobre la mesa, y mirándolo inquisitivamente. – ¿Nunca, ni una sola vez durante todo este tiempo, pensaste en pasarte a nuestro bando?
El chico se quedó desprevenido por esa pregunta y parpadeó unos segundos. Pero no tardó en responder de la misma manera.
-Claro que no.
-Hablo enserio, Brick.
-Yo también. –Ella sonrió con triunfo.
-No fue lo que me dijiste días atrás. –El gruñó, avergonzado al verse descubierto, intentando no hacerlo notar. –Pero, es normal, ¿No crees? Brick, tienes mi ADN y rayos Z blancos.
-Ni me lo recuerdes. –Dijo, apretando la quijada. Se sentía muy confundido, ¿Quién era él realmente? Ella comprendió.
-Vaya, si que eres idiota. –Le sonrió. Él levantó la ceja.
-¿Sí?, mira quien habla, adicta. –Se sonrieron, ella amigablemente, y él con esa sonrisa pícara característica suya. En ese momento, El profesor, las chica y Hotaru entraron con varios botecitos transparentes con líquidos naranjas y verdes.
-Momoko, necesito tu ayuda para algo, ¿Podrías venir?
-¿Ah? ¡Claro! –Asintió, parándose rápidamente.
Brick se quedó en su lugar, quedándose con los dos azules en el lugar.
-Eso se ve sospechoso. –Alegó Hotaru, mirando el frasquito. –Ya he tenido muchos problemas con sustancias en mi vida, como para tener uno más.
-Te digo que el profesor las fabrica con las sustancias especiales para nosotras. Resultara igual en ti.
-Solo tómate el maldito frasco, Hotaru. –Dijo Brick. –Y vamos a desmantelar la cocina de este lugar antes de que Koiji lo haga solo.
Gotokoshi tomó aire antes de entrar por la ventana que siempre lo hacía. Taiga sospecharía al instante que algo sucedía pues no tenía planeado nada que justificara su entrada. Se armó de valor y entró.
-¿Qué haces aquí' –Cuestionó el hombre tan solo al verlo entrar. – No recuerdo que tengamos asuntos pendientes, Gotokoshi.
El de capucha tragó saliva.
-Ya lo sé, mi señor. –Dijo. –Vengo por una situación alterna.
-¿Alterna? –Cuestionó, entrecerrando la mirada sobre él. –A que diablos te refieres.
Gotokoshi explicó el plan que habían tenido las tres chicas, su suposición de que ellos nunca ceptarían, y el reciente hecho, que ellos habían escapado del edificio. Taiga explotó, aventando los frascos con los que experimentaba al suelo, algunos explotaron en la lejanía dellaboratorio.
-¡Debiste habérmelo informao en cuando lo supiste! –Bramó.
-Mi señor…
-¡Dime que se supone que haga ahora! –Continuó. -¡Ese pacotilla de Utonium los curará!
-Yo, lo siento, Taiga-sama, yo…
Taiga no le dejó terminar, y haciendo una bola de energía negra, la impactó contra el hombre. La muerte fue instantánea. Siguió rompiendo cada cosa que estuviera a su alcance, maldiciendo al recién fallecido, a las tres chicas y a los rowdyrruf Boys, pero sobre todo, a Utonium.
-Esto no puede continuar así. –Dijo, respirando dificultosamente. –Tengo que actuar rápido, ahora están muy débiles. Si dejo pasar más tiempo las cosas se podrían complicar.
Utonium venía con Momoko, Ken y Peach caminando detrás de él. Acababa de descubrir una pequeña inquietud que le había surgido cuando analizaron la sangre de Brick… bueno, Makoto, y ahora solo quería anunciárselo a los chicos. Lo que le sorprendió, fue que ninguno de los cinco restantes en el laboratorio, estaban en el lugar.
-Ya. –Dijo al aire la chica, soltando un suspiro cansado. –Creo saber donde se metieron.
Condujo al profesor a la parte alta del laboratorio, donde estaba esa "fascinante computadora llena de menús" como había dicho el pelinegro.
-¿Pero que… -Musitó el científico, seguido de su hijo, mirando el desastre en el lugar. Envolturas de burritos, cajas de pizza, botes de helado. Un desastre.
-Los villanos son demasiado cochinos, wan. –Ninguno de los dos dijo nada, pero estaban totalmente de acuerdo. El sonido del microondas indicando que lo que fuera que había en su interior estaba listo los hizo girar su vista al lugar.
-¡Kaoru! –Chilló Momoko, indignada de que lejos de detener a esos vándalos de destruir y vaciar la cocina del profesor, los ayudara. Llevaba un gran plato con algunos Hot dogs y papas fritas.
-¿Qué? –Cuestionó. –Tenía hambre.
El profesor cerró la boca al darse cuenta que la tenía abierta, y miró a los tres hermanos pelearse por el control remoto, golpeando entre movimientos y arrebatos a la pobre Miyako, que al parecer ya se había dado por vencida.
-¡Es mío, llegue primero aquí. –Chilló Hoaru. -¡Ustedes estaban comiendo!
-¡Que me importa, dámelo ahora!
-¡Cállense los dos, soy el mayor, por lo tanto yo debo de tener el mando! –Arrebató la cajita, sin prestar atención al hombre. Akatsutsumi bufó.
-¡Basta ya los tres! –Regañó. -¡Estamos intentando salvarles el pellejo a ustedes tres y a Tokio, y lo único que hacen es vaciar el lugar y pelearse por el televisor!
Los tres la miraron unos segundos para proseguir con sus pelitos, por lo que tuvo que meterse entre ellos y tomar el control remoto.
-No puedo creerlo. –Se quejó. Sobre todo que estén mirando eso. –Cambió el canal poniéndole en una novela juvenil japonesa. –Eso está mejor, ahora, vámonos todos.
Ellos renegaron y le acusaron por poner eso en la televisión, pero terminaron frente al hombre con cara aburrida.
-¿Y bien? Esta loca nos quito el televisor y puso una estupidez en el, asi que espero que sea bueno.
Ken se cruzó de brazos enfurruñado. ¡Ellos eran unos villanos! Hasta hace unas horas habrían pagado por destruir el laboratorio y a las chicas, pero en este momento se sentían como en su casa, peleando por el televisor y acabándose su comida.
Utonium aclaró la garganta y tomó aire.
Para empezar. –Dijo, con cansancio. –No sé si Brick ya les haya dicho, pero cuando analizamos su sangre descubrimos que no solamente tienen el ADN de las chicas. Sino también rayos Z blancos.
Koiji dejó de masticar lo que fuera que tuviera en la boca, atragantándose con él. Hotaru se quedó quieto, como en trance.
Brick miró mal al hombre por haberlo dicho sin esperar a que él lo hiciera primero. Hotaru fue más rápido en salir de su leve shock.
-¿Eh?
-¿¡Qué!? –Dijo el pelinegro una vez que logró tragarse aquellos con lo que se había atragantado. -¡Yo no puedo tener eso! ¡Tengo una mente criminal! –Se defendió. -¡Hasta el blandengue de este rubio la tiene!
-¡Oye, yo no soy un blandengue!
-Bien, bien, bien. –Dijo el hombre, ya medio acostumbrándose a estos chicos tan escandalosos, tomando el control de la situación. –Más tarde se quejaran de eso.
Ellos siguieron mascullando cosas inentendibles, seguramente quejas o expresando su incredulidad.
-Mientras vaciaban mi cocina, estuve investigando el hecho de que tuvieran rayos Z blancos, y descubrí, que contrario a lo que pensábamos, sobre le hecho de que Taiga los hubiera agregado años más tarde, siempre los tuvieron en su organismo. –Dijo el hombre. –Debido a que fueron creados con el ADN de las chicas, y el ADN de ellas está infectado con rayos Z blancos, inevitablemente, al crearlos, Mojo jojo mezcló rayos Z blancos y negros sin darse cuenta.
-Claro. –Dijo Brick. -¡Claro!, ¿Quién más podría ser tan idiota y descuidado para hacer tres genios malvados con rayos Z blancos? Bien hecho mamá.
Kaoru le miró burlonamente al líder.
-¿Cómo has dicho?
-¿Qué? ¡No te importa! –Dijo. -¡Lo que importa es que el simio es un idiota!
-Chicos, no es tan malo. –Dijo Miyako.
-¡Es horrible! –Dijeron los mayores. Hotaru permanecía callado pero aun así tenía cara compungida como si aquello fuera tremendamente extraño o molesto para él.
-Descubrí además otras cosas que deben de saber. Pero creo que será mejor que primero descansen, porque aun están débiles para transformarse. Así que Brick, te recomiendo que regreses a tu forma normal.
-¿Qué? ¿Descansar? ¡Tenemos que irnos! –Saltó Kaoru. –Aun podemos llegar a tiempo a la competencia.
-Me largo. –Anunció Koiji. –Con o sin ustedes, por primera vez estoy de acuerdo con esta.
-Esta tiene nombre y se llama Kaoru. Pero tienes razón. –Asintió la chica. Aun podemos llegar si nos apresuramos.
Ellos estaban dispuestos para salir del lugar tan rápido como pudieran, llegar a la apertura de la competencia, Koiji, Kaory y Momoko podrían registrarse como respectivo equipo, y Makoto y Miyako podrían ir con Asashi rápidamente. Mañana se encargarían de terminar ese asunto con Taiga, o incluso si convencían a esos tres, más tarde por la noche.
Tenían que aprovechar que estaban cooperando y que aun estaban a tiempo.
Y hubiera seguido con sus planes, sino hubiera sido interrumpidos abruptamente, por lo ultimo que ellos hubieran imaginado que pasaría.
La primera en darse cuenta fue Miyako. Vio un extraño punto acercándose tan rápido que se detuvo a observarlo mejor. Y podían haberla llamado loca, porque ella, creía que tenía la forma de una persona, pero… las personas no podían volar. Fueron, literalmente, pocos segundos los que transcurrieron cuando se dio cuenta de las cosas, porque ella juraba que cinco segundos antes había estado a muchos metros de distancia como para no reconocerlo, pero ahora estaba a punto de impactarse contra las enormes ventanas de cristal.
-¡Cuidado! –Escuchó la voz de Momoko, y se cubrió por inercia con los brazos, agachándose en el proceso. Al instante escuchó el ruido del vidrio romperse en mil pedazos.
No perdieron el tiempo.
-¡Hyper Blossom!
-¡Powered Buttercup!
-¡Rolling Bubbles!
Se elevaron para enfrentar al hombre dentro del laboratorio, aun intentando disimular su asombro.
-Taiga. –Dijo la líder, pero el solo miraba a los tres chicos parados en el suelo, mirándolo con mala cara.
-Vaya, que bien se ven ahora, miss niños. –Dijo, claramente, mofándose y molesto. –No me puedo imaginar gracias a que será. –Dirigió su mirada al científico parado al fondo del laboratorio, que lo miraban con asombro.
-¿Taiga?
-Un placer encontrarnos de nuevo, Utonium. –Dijo el hombre. –A puesto a que de todos los Taiga de Tokio jamás imaginaste que era yo. –Rio amargamente, y el profesor permaneció callado. –Nadie lo pensaría jamás.
-¿Profesor? ¿Usted conoce a este hombre?
-Eso no interesa. –Cayó el villano. –No vine para perder el tiempo, como sabrán.
-¿Cómo te enteraste de esto? –Cuestionó con brusquedad el líder.
-Digamos, que tengo mis maneras de enterarme de las cosas… o tenía. –Simplificó. –Ya deberías saberlo. Así que, recapitulando: No permitiré que me detengan.
El no perdió e tiempo y rápidamente comenzó a atacarlos. Los tres rodaron por el suelo, evadiendo los ataques, hasta que las tres chicas lo interceptaron.
-¡Profesor, corra! –Gritó Miyako. Los envolvió en una burbuja y los lanzó por las escaleras para que pudieran ir al sótano, donde estuvieran más seguros. Ya intentarían llevarse a Taiga del lugar.
-¡Hard Brick!
-¡Strong Butch!
¡Explosive Boomer!
Miyako los observó transformados, todos sabían que no estaban en condiciones de pelear, el profesor recién se lo había dicho, lo cual era preocupante.
-No sé cuanto tiempo podremos hacer esto, estamos muy debilitados. –Se apresuró Brick. –Hagamos esto rápido.
Las otras dos chicas salieron disparadas hacia atrás, rompiendo todo a su paso. Ellos comenzaron a pelear, pero era muy difícil, se sentían demasiado pesados, como la primera vez que despertaron en la cabaña de Mojo y descubrieron sus poderes. Era como empezar de cero.
-Qué lastima que no puedan ser útiles en este momento mis niños. –Taiga lanzó un ataque, que no recibieron gracias a una burbuja de Miyako. Buttercupp y Blossom ya regresaba para ayudar a Bubbles con la pelea.
Ellos intentaban atacar tan rápido como podían, pero sabían que no estaba sirviendo de mucho. Sus ataques eran débiles y no le hacían ni cosquillas al hombre. No tardaron mucho en quedar inconscientes, atacados por uno de esos aros de energía negros.
Kaoru chasqueó la lengua. Esto no estaba funcionando. Taiga había escogido todo a la perfección, el momento en que ellos no podrían ser más que una carga y la pelea se limitaría a ellas, lo que no sería suficiente. Ese hombre era demasiado astuto.
-¡Burbuja explosiva! –Chilló Miyako, mientras Blossom intentaba congelar el brazo robótico del traje de Taiga, peor caja vez que lo intentaba el rompía el hielo.
-¡Yo-yo poder!
-¡Guadaña! –Ningún intento de ellas lograba derribar al hombre, ni sus tres mejores ataques combinados. Lo único que estaban haciendo era destruir el laboratorio sin ninguna ganancia.
-¿Eso es todo lo que tienen? –Dijo. –Vaya, es una lástima. –Las miró jadeantes y agotadas, alegre y experimentando la mayor adrenalina en su vida. Las PowerPuff Girls Za su merced. Lo haría rápido, necesitaba llevarlas a su laboratorio. Después tendría tiempo para divertirse torturándolas.
Bastaron unos cuentos ataques más para que las tres se estrellaran contra una de las paredes. Era su oportunidad.
-¡Aro oscuro! –Las atrapo, lanzándolas contra todas las sustancias del laboratorio, y lanzando una bola de oscuridad, creando una explosión.
Había sido una pelea muy corta y patética, pero ahora podría cumplir su plan a como de lugar.
Tomó a los seis y se alejó del lugar, volando rápidamente, tan alto como pudo volar para que ningún ciudadano se percatara de ellos, no es como si pudieran hacer algo al respecto, pero no quería entrometidos.
Durante la explosión, ella casi había perdido la consciencia por completo. Su cuerpo había desfallecido y experimentado un ardor peor que aquella vez en la primera batalla contra Taiga que accidentalmente había sido electrocutada por la enorme red eléctrica de Boomer.
Estaba consiente pero su visión era casi nula, al igual que sus fuerzas. No quería imaginarse como podrían estar los RowdyRuff Boys, si recién habían recuperado sus fuerzas y aun estaban muy débiles.
Se sintió como un trapo siendo conducido por los aires a un lugar sin rumbo, solo luchando por mantenerse consiente, lo que cada vez se le dificultaba más. Cuando llegaron a donde fuera que Taiga los había llevado, sintió su cuerpo aterrizar contra el frío suelo, y su cabeza golpear algo lo bastante duro, para ahora si, quitar la consciencia totalmente.
No supo cuanto tiempo pasó, pero cuando abrió los ojos, su visión parecía seguir igual de nublada que antes, pero poco a poco pudo ir enfocando mejor las cosas.
Todo era de colores opacos y muy oscuros, podía escuchar una gotera cerca. Se sentía helada y escuchaba su respiración dificultosamente. Una voz la llamaba, no estaba muy lejos, era la voz de un joven que no alcanzaba a reconocer. Alcanzó a tocar unos barrotes.
-¡Blossom! –Ella comenzó a respirar más como un ser humano que como un bicho a punto de morir. –Todo va a estar bien, resiste –Escuchó, pero no comprendió del todo. –¡No cierres los ojos! ¡Aguanta un poco más!
Giró su mirada hacia donde provenían las voces, y a lo lejos, logró identificar más celdas. Alcanzó a ver en una de ellas, frente a la celda suya tres figuras. No alcanzó a identificar quienes eran, pero detrás de ella, si logró escuchar los sollozos de Miyako.
Deja vú. Pensó. Esto ya lo había vivido, pero... ¿Cuándo?
Seguidamente, un bulto blanco se interpuso entre su borroso campo visual. Pronto pudo identificarlo: Taiga. No supo realmente que fue lo que sucedió en su interior, ni de donde saco las fuerzas necesarias, pero tan solo cuando sintió que la mano del hombre se acercaba a ella, bramó tan fuerte como pudo, golpeando su mano para apartarlo.
-¡Aléjate de mi estúpido! ¡No te me acerques!
Cuando logró sentarse pudo enfocar completamente todo. Ellas estaban dentro de una celda, frente a la celda de los chicos, que al parecer, ya estaban despiertos. Taiga estaba frente a ella, hincado a su altura. La miró con odio, odio reprimido, pero con sed de venganza. No quiso temblar frente a él, así que se pellizco para guardar la compostura.
-¡No la toques! –Escuchó a Brick gritar, pero ella estaba ocupada haciéndole frente al hombre. No podía flaquear en ese momento.
-Todo esto, es tu culpa. –Le escuchó decirle hiriente. –Esto no hubiera pasado si no hubieras tomado aquella decisión. –El hombre pateó la celda, pateando con ello una piedra que logró darle en un brazo herido, soltó un quejido reprimido.
-¡Aléjate de ahí, mal nacido!
Blossom jadeó, estaba segura que eso ella ya lo había vivido, en algún momento. Levantó la mirada, y Taiga se giró a la celda de enfrente. Los tres chicos estaban de pie, claramente desesperados por hacer algo, pero hasta ella misma sabía que en esos momentos, no había mucho que se pudiera hacer.
-¡Cierra la boca, Brick! –Bramó como un león enojado, golpeando la celda. La cabeza le retumbó por el tremendo ruido. -¡Eran mis elegidos! Y me traicionaron. Me traicionaron de la peor manera. ¡Uniéndose a mis peores enemigas, las causantes de mis mayores desgracias! Ahora pagarán las consecuencias.
Miró a ambas celdas consecuentemente y sonrió, comenzando a reír quedamente, para terminar soltando una carcajada. Se miraron entre ellos, confundidos.
-Son tan estúpidos. –Dijo. –Creyeron que podrían contra mi y miren donde han terminado. Disfruten sus últimos minutos de vida.
Blossom logró parase dificultosamente, recargándose en la pared, miró a las dos chicas a lado suyo, preguntándoles con la mirada si estaban bien. Ambas asintieron, Buttercup con el ceño fruncido, y malherida, pero segura. Y Miyako, aunque tenía las mejillas empapadas en lágrimas, golpes por todo el cuerpo y los ojos enrojecidos, tenía esa mirada de decisión que siempre la hacía salir adelante. Estaban bien.
Miró a los chicos enfrente y le devolvieron la mirada, asintiendo en silencio.
-Solo porque estoy de buen humor, les contaré mis planes chicas. –Dijo, tomando una silla cercana, y sentándose como si fuera un padre contento de contarle una historia antes de ir a la cama a su hijo. Ellos lo aniquilaban con la mirada, pero el hombre parecía no inmutarse.
-Los sucios traidores de mis chicos ya la conocen, así que centrare mi atención en ustedes.
Buttercup murmuró algunos insultos silenciosos para el hombre antes de que iniciara.
Como sabrás, necesito matarlas. –Comenzó. –Pero, eso podría hacerlo allá afuera sin necesidad de traerlas aquí. La verdadera razón por la que hice que mis tres inútiles chicos se infiltraran para traérmelas fue sencilla: necesitaba su sangre. Así la implantaría en mi para duplicar mis ya incrementados poderes para mis propósitos. Después las mataría fácilmente aquí, en mi laboratorio y nadie se enteraría y yo podría hacer pagar a todos los miserables que no creyeron en mi. Iniciando por ese estúpido profesor Utonium.
-¿El profesor? –Cuestionó Miyako. -¿Por qué lo conoces?
-Eso no importa. Lo importante es que ahora estoy cerca de cumplí mi objetivo.
-Hay un pequeño detalle. –Dijo Blossom, incrédula.-Puedes crear nuevas criaturas con nuestro ADN, pero si le agregas de nuestro ADN a otra persona, nada pasará, es como las transfusiones de sangre.
El hombre rió.
-Que inteligente eres. –Le dijo mirándola. –Pero no has tomado en cuenta que su ADN no es normal. Desde que fue alterado con la sustancia Z, es totalmente diferente al de una persona normal. –Así que no solo puedo crear criaturas idiotas, como ellos. –Dijo mirando de reojo a los Rowdys quienes chasquearon la lengua. –Sino alterar el ADN de otra persona para mejorarlo. ¿Se imaginan? –Dijo atravesando las rejas y tomando a la rubia de los hombros, que se sobresaltó. –Toda la raza humana peleará por mi invento, les probaré que no estoy loco y una vez que caigan, los mataré, a todos y cada uno de ellos, así como ellos se dedicaron a divulgar que estaba loco. Pasé años en los manicomios, hasta que logré escapar. Ahora todos pagaran.
Los seis fruncieron el ceño.
-Maldito bastardo. –Murmuró Buttercup.
-¿Qué dijiste, Niña verde? –cuestionó poniéndose una mano en la oreja. -¿Qué quieres ser la primera voluntaria? ¡Perfecto! –Dijo con sarcasmo.
-¡No les pondrás ni una mano encima idiota! –gritó Butch, desde la otra celda. Ignorando el comentario, siguió caminando.
–Cuando todo esté listo, serás la primera, niña. –Detrás pudo escuchar un golpe a los barrotes de las celdas, supuso que fue Butch, era el más impulsivo, y había descubierto que rabiaba cuando hablaba de la verde, pero poco le importó. Ya nada podría detenerlo. Nada.
Estaba cerca de por fin culminar su sueño.
Sonrió maléficamente. Un sueño que para ellos, sería la peor pesadilla que habrían tenido en sus vidas.
Hola :)
Disculpen si encuentran algunos errores de ortografía, le dí una leída bastante rápida e intenté corregir casi todo lo que ví mal, pero creo que esta vez se me han pasado algunos detallitos, ya ustedes dirán xD
waaa, no se como sentirme acerca de esto, solo queda un capi y el epílogo. Es trite pero a la vez me siento emocionada, ya que es el proyecto más grande que he realizado y estoy a punto de terminarlo después de tanto esfuerzo de mi parte y muuuuuuucha paciencia de la suya jaja.
En fin, no sé si tengo algo más que decir, creo que no. Así que me despido :)
¡Besos embarrados de nutella para todos!
