N/A
Un nuevo capítulo.
Gracias por leer.
Espero les guste.
Disclaimer:
Prince Of Tennis no me pertenece
No Estás Solo
Cap. 22: Regreso A Casa
Sus heridas estaban siendo tratadas por especialistas pero aún así se sentía extraña, algo no estaba bien, se sentía aún insegura y eso no debía suceder, no había manera en que sucediera pero al parecer era así — ¿Sakuno? —ladeo la cabeza y se encontro con su pelirrojo que la miraba un poco desconcertado, de nueva cuenta estaba viendo por la ventana, eso era un mal signo, la gente empezaría a creer que quería suicidarse — ¿Por qué sigues conmigo? —la pregunta fue un susurro pero fue escuchada por Bunta que la miraba indignado, entendía el porque de aquella mirada pero era la verdad, estaba... sucia por lo sucedido.
No había manera en que volviera a ser la misma, con el paso de los días se había dado cuenta de ello, una semana más había pasado y no entendía el porque la necedad de estar a su lado — ¿Vas a empezar de nuevo? —se mordio el labio ante aquello, no, no era empezar de nuevo, era imposible que le pidieran que siguiera como si nada, que lo intentara de nuevo después de lo sucedido, lo había meditado demasiado, no había manera alguna en que siguiera como siempre, Ian la había torturado de una manera horrible, aunque no hubieran marcas visibles estarían las invisibles, de eso estaba más que segura la verdad.
— Solo digo la verdad —sentencio con voz clara, ni siquiera quería regresar a casa, a esa casa donde ahora sabía que incluso Ian había entrado, no quería volver a esa propiedad — Bien, entonces quedate con tu verdad —dicho esto tomo la pequeña manita de Kaien para salir de ahí azotando la puerta, mordio su labio bajando la mirada, todo era complicado, no sabía que hacer, el sonido de la puerta abrirse la alerto, no era él sino su padre quien la miro con una leve sonrisa — No quiero ver a nadie —dio media vuelta para recostarse pero al parecer a este le dio lo mismo porque tomo las sábanas del hospital y se las quito.
Se sorprendio por aquello, estaba dispuesta a decirle unas tres verdades pero el sonido de una bofeteda hizo eco en toda la estancia — Vas a perder todo si sigues con esa maldita actitud, lo que te sucedio fue horrible pero lo que estas haciendo no tiene nombre, no te dire que hagas algo porque eso es tuyo pero solo te diré que como sigas así... te quedaras sola —espeto dando media vuelta para salir de la habitación... estaba comenzando a quedarse sola.
Acomodo en su sillita al pequeño Dylan, ahora ya sabía su nombre, el rubiecito jugaba con su sonaja más que feliz, escucho pasos y ladeo la cabeza viendo a su suegra quien le sonreía con calma — No quiero escuchar nada —pidio casi suplicante, no le apetecía que abogaran por la cobriza cuando no lo merecía dada su actitud de víctima — No, no cariño, no venía por eso, Catalina esta preguntando por ti —no había podido verla puesto que claramente había estado más al pendiente de la cobriza que no quería verlo tan seguido, asintió de inmediato tomando en sus brazos a los niños para cargarlos, Kaien se quedo con su abuela.
— Sera mejor que no los lleve —señalo para recibir un asentimiento como respuesta, no quería alterar en lo más mínimo a la pelirroja, sin embargo, así caminaron hacía el hospital de nueva cuenta, entraron con pasos calmados y justo cuando paso por la habitación de Sakuno noto el descontento al girar el rostro pero después volvio a mirar al frente — Te esperare aquí —entrego al pequeño rubio para caminar hacía la habitación siguiente, toco y después abrio, la ojicafé estaba sentada sobre la enorme cama leyendo algo con una expresión entre divertida y enojada, una novela de romance por lo que podía apreciar, mujeres.
— Cuanto tiempo —saludo a Catalina que alzo la mirada de golpe, sus ojos parecieron brillar con más fuerza, le sonrió con cálidez viendo que esta se levantaba de la cama con pausas, intento ayudarla pero en su mirada había una clara determinación para hacerlo sola, sus manos temblorosas se encerraron sobre su cintura, su rostro cayo en su pecho y la escucho reir un poco — Tardaste demasiado niño, me sentía sola —le recrimino causando su risa, era demasiado divertido verla de esa manera, sinceramente parecía aún una niña — ¿Tarde demasiado? No querías ver a nadie —comento juguetonamente recibiendo un golpe.
Al menos estaba mejor, así es como quería verla, riendo por todo, no sufriendo por lo que aquel tipo le había hecho — Se que no lo encontraron, Ian vendrá y creo que lo sabes —vaya, hablarían de temas serios al parecer, la pelirroja se separo poco a poco y condujo sus manos hacía el cuello de su camisa para acomodarlo con una sonrisa leve, era una gran amiga, así lo sentía... Catalina era la esperanza de saber que Sakuno se recuperaría del todo porque después de todo la ojicafé ya lo había hecho y lo más increíble era que lo había hecho... sola.
Se levanto de la cama casi tropezando con las sábanas pero le dio lo mismo, abrio la puerta cuando se encontro con su madre esperando en los sillones de la sala de espera acompañada de sus dos pequeños hijos quienes reían tiernamente, toda una familia, su mirada se enfoco en la habitación lateral, justo cuando pensaba salir de la suya una mano se lo impidio, su padre quien la miraba negando con la cabeza, eso tenía que ser una broma, por nada del mundo pensaba permitir que su prometido porque aún lo eran estuviera a solas en una habitación con una mujer, antes muerta que permitir aquello, no en sus narices.
— Aparta —le espeto a su padre de mala manera viendo la sorpresa en los ojos de este, si, nunca le había hablado de esa manera pero necesitaba alejar al pelirrojo de aquella mujer — Sakuno, cuida como me hablas —lo hizo a un lado de una mala manera saliendo de su habitación llamando la atención de su madre quien dio un jadeo ahogado al ver su mirada de muerte, abrio la maldita puerta de un golpe viendo a Marui que la miraba desconcertado, estaba recostado y con aquella mujer pelirroja encima, no en una posición comprometedora o algo sino que denotaba la amistad de esos dos pero podía haber algo más.
La tal Catalina miro en su dirección e igualmente parecía desconcertada por su presencia ahí — Veo que ya conseguiste a tú nueva pareja —siseo dando media vuelta para azotar la puerta y caminar hacía su habitación, paso de sus padres quienes la miraron preocupados, le dio lo mismo aquello y solo abrio su habitación — ¡No quiero ver a nadie nunca más! —gruño para azotar su puerta y dejarse caer una vez estuvo dentro, la cabeza le daba vuelta, el regreso a casa ahora le parecía más que lejano, no veía manera alguna en que pudiera volver a ese hogar, ni siquiera quería considerarlo en lo más mínimo y punto.
Se levanto y se arrastro hasta su cama, la suavidad de la misma la recibio, su cabeza punzaba demasiado, tomo una almohada esperando a que él abriera la puerta dispuesto a explicar lo que sus ojos habían visto, error número uno porque el pelirrojo en ningún momento abrio la puerta... ¿la había olvidado ya?.
— Deberías ir donde ella —miro a Catalina y le sonrió en respuesta, no lo haría, si lo conociera sabría que nunca le sería infiel, si se empeñaba en creer lo contrario era ya su asunto no el suyo, estaba cansado de que siguiera con esa actitud, no pensaba soportarla en lo más mínimo — ¿Cómo sabes que Ian vendrá? —en el fondo sabía la respuesta a su misma pregunta, porque Sakuno aún seguía viva, porque su obsesión aún no terminaba, así de sencillo — No sirve de nada que te tortures Marui... si quieres a Ian tienes que analizar todo —ya sabía eso pero aún así no daban con él, era como si tuviera una capa invisible.
Siempre se movía pero no sabían de ello hasta que sus huellas hubieran pasado, cerro un momento los ojos y tomo aire, todo el asunto lo estaba acabando aunque no pensaba admitirlo de momento — Es mucho de momento pelirroja, Sakuno no coopera, entiendo lo que paso o como mínimo estoy intentando entenderlo pero solo se encierra en que no entiende el porque sigo a su lado... ¿tanto le cuesta ver lo qué siento por ella? —susurro esa pregunta recibiendo a cambio un golpe en el pecho producto de la ojicafé que lo miro con reproche, no podía permitirse el autocompadecerse, eso no podía estar en su lista.
— Ian siempre deja huellas, solo puedo decirte que investigues a la persona dentro de la policía, escuche que había alguien, nunca lo llamo por su nombre pero decía que eran amigos de infancia —eso era un buen punto, como siempre lo ayudaba a pesar de que eso quería decir que tenía que recordar algunas cosas poco agradables — Te debo miles —su amiga solo negó con la cabeza, era verdad pero había descubierto que a esta le daban lo mismo las cosas materiales, solo quería sentirse amada por alguien — Catalina... —la llamo con suavidad viendo como sus ojos se posaban en su rostro, se iba a arrepentir quiza.
— ¿Te gusta mi padre? —o quiza no lo haría porque dos personas que amaba y estimaba sinceramente serían felices, había notado que la pelirroja miraba de más a su padre y que su padre hacía lo mismo pero ninguno daba el "paso", su padre había estado pendiente de ella desde el incio aunque intentara decir que solo lo hacía porque era una víctima, si lo era pero había algo más detrás de esa excusa — S-Si... —murmuró insegura y entonces sonrió después de tener días sin esas sonrisas que hacían que el rostro te doliera, el regreso a casa de Sakuno tendría que esperar más porque no la llevaría si la cobriza no aportaba.
Mientras tanto podría ayudar a esas dos personas que merecían ser felices — Bien... bien —la abrazo con cuidado sintiendo su respiración cálida... al menos alguien sería feliz.
La puerta se abrio dejando ver a Bunta que traía en sus manos la bandeja de comida — Largo —señalo la puerta con uno de sus dedos causando una leve sonrisa en sus labios, la ignoro obviamente y coloco la bandeja sobre la mesa de centro — Levantate de la cama y ven a comer, no me obligues a sacarte a las malas —arremetio con voz dura causando una sonrisa irónica en sus labios, le dio la espalda cuando sintio como los edredones eran jalados, una mano se cernio sobre su muñeca, sus rostros quedaron a centímetros, estaba más que furioso, bastaba con verlo para darse cuenta de aquello pero le daba lo mismo.
— Tienes tres para soltarme —tironeo del agarre pero solo consiguio que colocara más fuerza, se mordio el labio porque vaya si la estaba lastimando solo que no se lo haría ver — Basta de tu actitud Sakuno, si, la vida fue cruel contigo, si, tarde en llegar a ti pero basta ya con esto, ¿qué diablos quieres?, ¿quieres quedarte sola?, ¿quieres qué te deje? —se mordio el labio para volver a tironear del agarre, como último recurso le propino una patada que lo hizo jadear de dolor — ¡Largo! ¡Ve con tu nueva novia y a mí dejame sola! —le gruño para golpearlo en el pecho con sus pies, Bunta la tomo de los mismos haciendole daño.
Gimio de dolor cuando la mano del pelirrojo se cernio sobre sus cabellos y si, lo merecía porque le estaba arañando el cuello, esa escena era como las tantas que sufrio a manos de Ian solo que en esta no buscaba defenderse de algo malo sino que estaba buscando algo que le dijera que todo estaría bien, la esperanza de que Bunta no la dejaría sola, que cuanto más lo hiciera a un lado más estaría junto a su persona — ¡Basta Sakuno... para ya! —forcejeo de nuevo sintiendo como las lágrimas se deslizaban de sus mejillas, estaba llorando de rabia, dolor, impotencia, necesidad, lloraba por todo lo sucedido y por lo que sucedería.
— T-Te odio —gruño sintiendo como la jalaba a sus brazos para que se calmara un poco, sus suaves manos se posaron en su espalda dandole un abrazo cálido, se aferro a su pecho y lloro como una pequeña niña... el regreso a casa se veía más lejano pero estaba en casa, los brazos de Bunta eran su casa, no podría volver a su hogar pero estaba en casa... se sentía en casa.
Sus dedos se deslizaron por su espalda, la suave caricia la estremecio, al menos no rechazaba su toque como las veces anteriores — ¿Estás mejor? —la noto removerse así que se aparto poco a poco, no quería presionarla más de lo que ya había hecho, lo menos que deseaba era hacerle daño de nuevo — Sakuno —la llamo cuando noto que se levantaba de la cama, la sola idea de que estuviera furiosa, de que lo odiara en verdad lo hería profudamente, sus pasos la llevaron hacía el sanitario y cerro los ojos cuando dio un portazo, realmente no quería ni verlo en pintura, estaba aún en su contra, lo mejor era irse a la de ya.
Se levanto de la cama para colocarse sus zapatos, camino hasta la puerta tomando la perilla — ¿A dónde vas? —giro el cuerpo y la vio en el marco de la puerta del sanitario, la miro desconcertado, no tenía ni idea, su actitud se estaba convirtiendo en algo más que bipolar — Necesito aire —señalo abriendo la puerta pero sus suaves manos se posaron en su cintura impidiendole que se moviera, el contacto era cálido pero no lo necesitaba — Pensé que querías quedarte —era cierto pero no con esa Sakuno, no con la mujer que no deseaba su prescencia a pesar de decir que si lo quería cerca, no quería nada con esa mujer.
— No contigo —la ojicaoba se separo de golpe al escuchar sus palabras, eso si que era una sorpresa, le sonrió con un poco de culpa viendo como temblaba levemente — Me enamore de la mujer que reía, que siempre sonreía a pesar de lo malo que la vida la tratara, no se quien eres tú, no eres la mujer que amó, eres una mujer que se empeña en decir que la vida no es buena, que no necesita a nadie... no eres la Sakuno que amó y estoy intentando amarte aún con más fuerzas —noto sus ojos brillosos por las lágrimas retenidas, la estaba haciendo llorar pero era necesario, era más que necesario devolverla a la vida.
— D-Detente —murmuro con la voz ahogada pero si en ese momento se detenía nada bueno saldría, tenía que hacerle saber como se sentía porque también estaba sufriendo — Tienes dos hijos, dos pequeños ángeles, tienes a tus padres, personas que se preocupan por ti, dime porque te empeñas en decir que no nos quieres cerca, cariño... ¿qué has hecho contigo misma? —y lo que más temía se hizo realidad en ese momento cuando su mano impacto contra su mejilla, estaba llorando de rabia, la mirada que le dedico era de odio puro, un sentimiento que se negaba a creer que le profesaba pero si era odio, odio puro.
Estaba respirando con dificultad — ¡¿Lo qué yo me hice?! ¡Me lo hiciste tú! ¡Tardaste mucho en ir por nosotros, sufrí por tu culpa, pase el infierno por ti, por tu cobardía, porque no nos buscaste a tiempo! ¡¿Tan difícil es entender qué te odio?! ¡Te quiero lejos de mi vida, no quiero nada de ti, no necesito a Kaien o a Dylan... no los necesito! —soporto cada golpe que le dio, no se quejo en lo absoluto de las patadas y demás golpes que le dio, al final retrocedio asustada aún viendolo con furia, se mantuvo en su posición, solo se quedo viendo como apretaba los puños y se quitaba las lágrimas de un manotazo, no quería ser débil.
— Entiendo —le sonrió por última vez para dar media vuelta, ya había tenido suficiente... el regreso a casa no se veía lejano, se veía imposible en esos momentos.
— Cariño, no es en serio, tienes que saberlo —tomo al pequeño rubio en sus brazos y sujeto la manita de Kaien que avanzaba pasito a pasito, había tenido suficiente de la Sakuno que estaba en esa habitación, le había dicho que lo odiaba, perfecto porque él no quería verla más de momento, necesitaba alejarse de todo lo que le hacía daño y la ojicaoba le estaba haciendo un daño horrible — ¡Bunta-kun por favor! —miro a su suegra sintiendose la peor persona del mundo pero sabía que si se quedaba nada bueno saldría de ello, ya todo estaba dicho, ya las cartas estaban echadas, no había manera en que todo fuera como antes.
Bajo las escaleras con pasos calmados, necesitaba alejarse de ahí cuanto antes — La amo, la amo tanto que duele, acaba de decir que me odia, no puedo estar cerca porque no va a mejorar y creo que ambos lo saben, necesita entender algo, no se que es pero no nos incluye de momento, solo dígale una cosa, que la amo, solo eso, solo eso tiene que recordar, Kaien y Dylan iran conmigo a uno de mis departamentos, mi padre me informara de la investigación de la policía, no perdere detalle y ayudare, siento tanto irme —y era verdad, quería quedarse a su lado pero desgraciadamente no era bienvendido en su vida.
— Tenemos que irnos —se despidio abrazando a su suegra que lloraba, entendía que era porque no quería dejarlo ir, no quería que alejara a sus nietos pero no pensaba alejarlos, iría a visitar a Catalina y a ellos en casa pero a la habitación de Sakuno no volvería y lo mejor era no pisar tampoco el hospital, acomodo a los niños cuando sintio que alguien lo miraba, ya sabía quien era, no eran alucionaciones, esa persona los vigilaba y apostaba todo a que estaba feliz de su partida, en cuanto lo tuviera en frente lo golpearía haciendolo pagar por todo el daño que les había hecho, eso era lo que más deseaba hacer cuando lo viera.
Entro al auto y se coloco en el asiento de conductor, emprendio la marcha siendo seguido por las tres camionetas de seguridad, una delante y las otras detrás, habían más escondidas pero sabía que el sujeto no las vería, estaba moviendo fichas y esperaba de verdad que el sujeto no se diera cuenta de que era lo que estaba haciendo, no podía llamar demasiada la atención, Catalina tenía razón, tenía que seguir huellas y sobretodo tenía que hacerlo por debajo del agua... estaba listo para mover a todo el mundo y encontrarlo, quiza solo así Sakuno volvería a ser la misma... solo quiza entonces.
N/A
Espero les haya gustado.
Gracias por leer.
