La historia es una adaptación del libro Tomando Connor de BN Toler y los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. Si tienes la oportunidad te recomiendo que leas el libro original.
Son las cinco de la tarde antes de que esté autorizada a sacar a Emmett. Cuando me ve esperando por él, su boca se aplana, y sacude la cabeza. No es exactamente el saludo que me esperaba. El día coincide con nuestro estado de ánimo; triste. Siento que no he visto el sol en años.
Emmett se queda mirando por la ventana mientras la lluvia golpea contra mi coche, los limpiaparabrisas silbando a toda velocidad. Las ventanas están comenzando a empañarse, pero sigo siendo capaz de ver después de limpiar el cristal con la mano. El viaje a casa está en silencio. Él no me ha dicho una palabra, ni una sola palabra.
Finalmente, llegamos casa, y cuando estaciono el coche y lo apago, vuelve la cabeza y mira hacia adelante en el garaje.
―¿Cómo está tu cabeza? ―pregunta, con voz ronca.
Trato de dominar mi suspiro de alivio. Me está hablando. Eso es algo por lo menos.
―Un poco sensible, pero mejor ―le respondo.
―¿De dónde sacaste el dinero? ―Sus palabras son tensas, su voz profunda. Claramente está infeliz que yo le haya rescatado, como supe que estaría. Pero no me importa.
―Lo saqué de mis ahorros. ―Sólo tenía que poner veinticinco mil para rescatar a Emmett, pero si escapa, estaría obligada al pago total de doscientos cincuenta mil.
―¿Y si me voy? ¿Desaparezco?
―No harías eso ―afirmo.
―Pero, ¿qué si lo hago? ―persiste―. Estarías atascada con el pago de doscientos cincuenta mil dólares.
―Entonces pondría la casa para cubrirlo ―le respondo de forma sencilla y sin pedir disculpas al comenzar a cavar a través de mi cartera. No necesito nada de ahí, pero es una distracción, no puedo mirarlo. Pero Emmett no está teniendo nada de eso. Cuando me agarra del brazo, me detiene, le miro y me encuentro con su dura mirada.
―No deberías haber hecho eso. No te pedí hacer eso.
Dolor e ira surgen a través de mí.
―No necesitaba tu permiso ―cierro―. Sé que eres inocente, y me gustaría usar hasta el último centavo que tengo para ayudar. ―La admisión llegó fácilmente. No pensé hasta que me di cuenta de los extremos a los que me gustaría ir para proteger a Emmett.
Su pecho sube y baja una vez con una inhalación profunda.
―¿De verdad no recuerdas nada?
―No entiendo por qué. Es sólo un punto en blanco grande en mi memoria. Un minuto estaba caminando por la calle y al siguiente estaba sentada en la ambulancia. ―Lo miro, mis ojos suplicantes―. ¿Qué pasó Emmett?
―¿Realmente no lo recuerdas? ―pregunta, estupefacto.
―Lo juro, no lo hago. ¿No me crees?
Su mirada se suaviza.
―Es mejor que no recuerdes.
―Por favor, dime ―ruego.
Él no responde a mi solicitud. En cambio, se gira.
―No deberías haber perdido tu dinero.
Estrechando los ojos, lo miro.
―Felizmente gastaría mi dinero en un hombre que pasó ocho años en prisión ocultando una verdad que debería haber sido revelada hace mucho tiempo.
Endurece su mandíbula y sus ojos se apartan.
―No sé lo que quieres decir.
De repente, estoy furiosa. Él sabe exactamente lo que quiero decir.
―Correcto. ―Me río con desdén―. ¿Vas a mentirme también?
Emmett no dice nada, pero me aturde, cuando tira suavemente de mi brazo haciendo que me incline hacia él.
―No quiero. ―Está tan cerca que puedo sentir su aliento en mi cara y mi corazón palpita cuando su mirada se mueve hacia abajo a mi boca.
―Entonces no lo hagas ―lo motivo en un suave susurro―. Deja que te ayude.
―No puedo ―murmura, con los ojos entornados todavía en mi boca―. Estoy tratando de protegerte.
No puedo evitar sacar mi lengua para lamer mis labios, sin darme cuenta de cuán invitante podría parecerle. O tal vez, inconscientemente, lo sé. Tal vez quiero que vea lo mucho que quiero que me bese.
―Sé que no lo mataste, Emmett.
―No puedes recordar nada. Así que no sabes eso ―argumenta mientras su pulgar se mueve hacia atrás y hacia delante, rozando suavemente contra mi brazo. En un entorno diferente, en otro momento, estaría demasiado perdida en su toque para responder con una respuesta apropiada, pero no hoy.
―¡Sí, lo hago! ―declaro voz alta.
―Solo no quieres creer lo que soy capaz de hacer, pero así es. Lo he hecho antes Bella, y no me arrepiento.
Mi corazón está martillando en mi pecho. Sólo admitió haber matado a alguien sin remordimientos. Sus palabras me deben aterrorizar, salir huyendo de mi coche, pero me quedo plantada. Y tengo la intención de seguir haciendo precisamente eso, hasta que dice:
―Edward no habría querido… esto.
Estrechando los ojos, inclino mi cabeza y pregunto:
―¿Esto? ―Sé lo que está diciendo. Finalmente admite que hay algo entre nosotros; reconociendo el elefante en la habitación. Pero aun así, voy a obligarlo a decirlo.
Emmett finalmente encuentra mi mirada, sus ojos oscuros, dolidos.
―Esto ―dice, en voz baja mientras me aprieta el brazo con suavidad.
No puedo dejar de arremeter contra él.
―Eso no te lo impidió la última vez ―sostengo―. Si Jasper no hubiera llegado esa noche… nosotros… hubiéramos…
―¿Hubiéramos qué? ―cuestiona.
Lo miro. Piensa que no lo diré. Pero se equivoca.
―Me habrías tomado allí mismo, en ese mostrador. Tú lo querías tanto como yo.
Él sonríe un poco.
―¿Quieres decir en la noche que pretendes no recordar? ―Sus ojos se sienten como si estuvieran ardiendo sobre los míos, está mirándome con tanta intensidad.
Bueno. Mentí acerca de no recordar, y él está diciéndolo, una vez más. Nunca me creyó de todos modos, y ya admití mi error así que, ¿por qué estamos repitiendo esto? Así que no me molesto en tratar de explicar por qué mentí. Se lo confirmo.
―Sí, esa noche ―respondo.
Arrastrando su mirada de la mía deja escapar un largo suspiro como si estuviera conteniéndose por lo que está a punto de decir.
―Es mejor que no llegáramos tan lejos.
Estoy loca de ira cuando arranco el brazo de su agarre y abro la puerta del lado del conductor. Me arrastro fuera, tropezando mientras cierro la puerta. Humillación me cubre. He sido una tonta. Emmett no me quiere y sólo utiliza a Edward como su salida. Hago una línea recta hacia la casa, las lágrimas quemando mis ojos cuando me jala hacia atrás.
Él abre la boca para hablar, pero no le doy la oportunidad.
―Vete a la mierda, Emmett ―le lanzo las palabras tan venenosas como es posible. Él se estremece, pero no me deja ir. Puedo ser humillada, pero sé que en el fondo no soy estúpida. Hay algo allí… algo por lo que hemos estado luchando tanto, pero Emmett no es lo suficientemente valiente como para aprovecharlo―. Pasaste ocho años en prisión por un secreto que podría, posiblemente, liberarte. Ese hombre que mataste merecía lo que le pasó. Infierno, se merecía algo peor. Y Edward ―nunca he estado tan enojada con Edward. ¿Cómo pudo?―, Edward estaba equivocado. Estaba tan jodidamente mal dejando que te pudrieras en esa prisión. Nunca le perdonaré por ello.
―No digas eso ―me grita Emmett―. No sabes lo que dices. No tienes idea de lo que pasó.
―Y tú ―sigo sin hacerle caso―, no utilices a Edward como excusa para rechazar lo que te daría felizmente. Tu rechazo es sobre ti, no él.
Me muevo para correr, pero Emmett me tira hacia atrás y me sostiene por los brazos. La lluvia es implacable, arrojándose sobre nosotros, gotea de su nariz cuando se agacha para encontrarse con mi línea de visión. Su voz es más tranquila, más ronca, cuando pregunta:
―¿Qué estás dispuesta a darme?
Trago saliva, la intensidad de su mirada oscura que lleva a mí, chupando el aire de mis pulmones.
―Te daría cada pedazo de mí ―admito quedo, dejando que toda la lucha se drene de mí mientras me sostiene firme―. Mi corazón, mi cuerpo, es tuyo Emmett… si lo quieres. Si acabas por tomarlo. ―Mi voz se quiebra con la emoción en el borde de un sollozo―. Te daría mi todo. ―Él se inclina hacia mí un poco y mi vientre se aprieta mientras me preparo para que sus labios se encuentran con los míos, pero entonces se aleja y se frota la cabeza con ambas manos, dejando escapar un gemido mientras me da la espalda.
Rechazo.
Se tensa mi estómago y las lágrimas siguen llegando. Lo observo por un momento, incapaz de moverme. Necesito. Necesito correr dentro de mi casa y encerrarme en el interior donde pueda sufrir mi vergüenza y miseria. Camina hacia el garaje, con las manos todavía en la cabeza y me deja aquí de pie, empapada y rota. Mi dolor me ancla al suelo, y lo siento en todas partes, por debajo de mí, sobre mí, dentro de mí. No soy más que pesadez.
Finalmente, con una respiración profunda me sacudo y giro, pero no corro. Tomo el primer paso y me obligo a ello. A continuación, el segundo. Y no miro hacia atrás. Al abrir la puerta de la pantalla, camino dentro y la dejo cerrar de golpe detrás de mí. Estoy entumecida y vacía. Sacando mis zapatos les pateo a un lado y luego quito mi camiseta empapada, arrojándola en la mecedora del porche. Debo colgarla, pero me importa un bledo lo que debo hacer ahora mismo. Sólo quiero mi cama. Desabrocharme los vaqueros, bajarlos y salir de ellos antes de patearlos a un lado.
Quiero huir a mi habitación, pero algo se agita dentro de mí, algo se levanta y pone rígida mi espina dorsal. Me grita, sacando mi coraje y voluntad, incluso ante la humillación y el rechazo. Lucha por él. ¿Alguien ha luchado por Emmett? ¿Alguna vez? Tal vez es la idea tontamente romántica que la mayoría de las mujeres creen; la idea de que se lucha por el amor, o tal vez me encanta un hombre como el deseo de ser amada. Me gustaría ser perseguida hasta los confines de la tierra. Tal vez no me gustaría que alguien se diera por vencido conmigo. Sea lo que sea, este sentimiento, vuelve.
Ya estoy de vuelta fuera y a mitad de la escalera antes de darme cuenta de lo que estoy haciendo. Emmett acaba de llegar a la parte superior de los escalones que conducen a su apartamento del garaje cuando se vuelve después de haber oído el portazo de la pantalla detrás de mí. Estoy en la parte inferior de la escalera, y él está todavía en la parte superior, con los ojos abiertos mientras mira fijamente hacia mí en nada más que mi sujetador y bragas.
―¿Crees que eres tan noble? ―le grito―. ¿Perder tu vida en la cárcel para ocultar el secreto de Edward? ¿Crees que mereces sufrir por lo que le pasó? Sé que no mataste al Sr. Volturie. No sé cómo lo sé, pero lo sé. Entonces, ¿por qué Emmett? ¿Por qué estás haciendo esto?
Sus puños se aprietan a los costados mientras su mandíbula se endurece antes de que dé un paso hacia abajo.
―No sabes de lo que estás hablando, Bella. No podrías entender.
―¡Entonces ayúdame a entender! ―lloro, dando un paso hacia arriba, pero extiende la mano, lo que indica que no quiere que lo haga.
―¡No puedo! ―me grita y me aturde, cuando su voz se quiebra.
―¿Por qué? ―pregunto, mi dolor en el pecho mientras observo batallar a Emmett con este secreto, este demonio, solo.
Su pecho se eleva, sus fosas nasales están dilatadas. Está enfadado, frustrado, estoy empujándolo para hablar de algo que claramente no quiere hablar. Baja unos escalones haciendo que yo retroceda. Emmett es mucho más alto que yo, pero con la altura añadida del escalón en el que está de pie, se eleva por encima de mí, haciéndolo parecer cinco veces más grande de lo normal.
―Porque sigues tratando de ver algo en mí que no está allí. ¿Quieres que yo sea tu hombre, Bella? ―Se ríe entre dientes, el sonido ridículo―. Ni siquiera sabes lo feo en mí. No podría mirarme de la misma manera si lo hicieras.
―¡Entonces debo ser fea también! ―sostengo, mi voz en el borde del grito―. Mi fea quiere tu feo. Lo anhela. No somos tan diferentes, y lo sabes. ¡Habría matado a ese hombre también!
Sus ojos se estrechan ligeramente.
―¿Te acuerdas de lo que pasó ayer?
―No ―le contesto rotundamente―. Quiero. Sé que algo malo pasó… vi algo… ―Niego con la cabeza en señal de frustración―. Sé que está aquí, simplemente no puedo recordar.
Él mira hacia otro lado por un momento, luego vuelve su mirada hacia mí.
―No soy bueno para ti.
―¿Por qué no me dejas tomar esa decisión por mí misma? ―contrarresto con igual tono.
Gime y sacude la cabeza.
―Por favor… ―suplica mientras mira lejos de mí―. Por favor, vuelve a entrar. No puedo estar cerca de ti… ―gesticula la mano hacia mí, su mirada fija en la pared del garaje―, cuando me miras de esa manera.
Quiero dejar escapar un grito fuerte y estridente de tan frustrada estoy en este momento. Pero en cambio, me defiendo con las palabras.
―¿Qué importa cómo me veo? ―Me río con desdén mientras me encojo de hombros―. No me quieres de todos modos. ―Entonces, me encuentro de nuevo en mi casa y mis escaleras, dejando que mis lágrimas caigan libremente.
―Bella ―grita en pos de mí, pero yo no me detengo. Apenas me he introducido en el porche trasero cuando escucho el golpe de la puerta al cerrarse antes de que se abra de nuevo, haciendo que golpee. Emmett llega hasta mí. No es difícil decir que está enojado. El momento en que entra es como si una bomba hubiera caído; un efecto de marea de calor que sólo ocurre en los primeros segundos después del impacto. Lo siento arrastrarse sobre mí, y casi resoplo. Pero me planto en mis pies, tratando de parecer fuerte y no afectada a pesar de que mis ojos llenos de lágrimas dicen lo contrario. Su camiseta blanca está empapada, pegada a su cuerpo firme, mostrando las curvas del músculo.
No dice nada.
Yo tampoco.
Solo nos miramos, nuestros pechos subiendo y bajando mientras nos vemos el uno al otro. Sus puños se aprietan en los costados, y está inclinándose hacia mí un poco como si estuviera luchando contra sí mismo el ir hasta mí o no. Finalmente, sus ojos dejan los míos y se mueven por mi cuerpo. Mi cabello oscuro está ondulado y pegado a mi piel, mi sujetador y bragas son las únicas cosas que me cubren, y tengo que luchar contra el impulso de levantar los brazos y cubrirme. Momentos atrás, afuera, no me importaba estar desnuda, pero ahora… que está cerca. Quiero que me vea. Cuando su labio inferior desaparece entre sus dientes… lo sé.
Él me quiere.
Esta vez, no pregunto. Estoy cansado de verlo negarse a algo que desea con claridad. Golpeo mi cuerpo con el suyo. Sus brazos se envuelven alrededor de mí y me aprietan fuertemente a él mientras nuestras bocas chocan. Frenético, perdido en el momento en que me subo a su cuerpo y engancho mis piernas alrededor de su cintura mientras sus manos se mueven hacia abajo y cubren mi culo. Él aprieta la carne dura, y yo jadeo mientras una emoción corre a través de mí. Sus labios se funden en los míos; la lluvia todavía húmeda en mi boca mezclada con el sudor y el aliento lo hace embriagador. Tropieza hacia atrás hasta que sus piernas golpearon la mecedora del porche y luego me pone de pie. Arrastrando su camisa empapada por la cabeza la arroja a un lado; aspira hacia el piso de concreto mientras me mira. Lo he visto sin camisa antes, pero no me gusta esto. No con su cuerpo tenso, dolor en necesidad… por mí. Lentamente, se agacha y empieza a desabrocharse el cinturón, pero se detiene y mantiene su mirada en la mía.
―Es…
Tapo su boca con la mía, tragando sus palabras mientras hago sus manos a un lado y me hago cargo de deshacer su cinturón y pantalón. Deslizando cada uno de mis pulgares para que atrapen sus boxers con el pantalón, y los tiro abajo mientras beso su pecho y el estómago hasta que estoy cara a cara con su erección. Lamo mis labios, preparada para llevarlo a mi boca, pero me da un tirón mientras patea los zapatos y el pantalón. A medida que corre cada una de sus manos ásperas y callosas por mis hombros hacia abajo a mis brazos, tiemblo. Poco a poco, se sienta en el columpio, colocando sus manos en mis caderas para impedirme seguirlo.
―¿Vas a hacer algo por mí? ―pregunta, con voz ronca.
―Cualquier cosa―le ruego, mis ojos bailando de ida y vuelta entre su cuerpo y su erección. Aunque estoy respondiendo a su pregunta, le estoy pidiendo que me deje hacer algo; besarlo, lamerlo, morder; necesito tener alguna parte de mi cuerpo haciendo algo a la suya.
Libera mis caderas, y se inclina hacia atrás estirando los brazos en la espalda del columpio, retengo el aliento a medida que veo todos los fuerte músculos entre sus brazos flexibles.
―Date la vuelta y retira lentamente tu sostén. ―Mis rodillas casi ceden debajo de mí, pero de alguna manera me las arreglo para darme la vuelta. Desengancho mi sujetador y dejo que se escape por mis brazos y caigo al suelo. No dice nada por un momento, sólo el sonido de la lluvia rompe el silencio. Por último, habla―. Quédate justo así ―pide Emmett―. Pero levanta el cabello de tu cuello.
Agarrando mi mata de cabello, lo amontono y lo sostengo sobre mi cabeza con una mano. Entonces, él está detrás de mí, su piel en la mía, su erección presionando en mi espalda baja. Estoy temblando mientras espero su próximo movimiento. Mi necesidad de él consume todos los procesos de pensamiento, cada sentimiento que poseo.
Colocando un suave beso en mi hombro, susurra contra mi piel.
―Ese día que cortaste la hierba. Tenías tu cabello recogido… ―Sus manos se deslizan por mis caderas, lenta y dolorosamente, hasta que están justo debajo de las curvas de mis pechos―. Todo lo que podía pensar era en lo que sería llegar detrás de ti y besar tu cuello. ―Una oleada me recorre mientras reprimo el impulso de inclinarme hacia atrás contra él―. Parece tan poco, lo sé ―se ríe con voz ronca―, pero he malditamente fantaseado con ello una y otra vez. ¿Qué se siente? ¿Cómo sería tu suave tacto de piel contra mis labios? ¿Cómo te gusta? ¿Qué sonidos harías? ―Cuando besa mi hombro de nuevo, sus labios apenas rozando mi carne, un gemido se me escapa―. Maldita sea, Bella ―gime mientras besa mi cuello, cada uno de ellos dándolos con más fuerza―. Es mejor de lo que podía haber imaginado.
Cuando su mano se mueve hacia arriba de mi espalda y enrosca mi cabello, retirando la mía, alcanzo su espalda y sostengo sus caderas para mantenerme firme mientras Emmett Cullen de alguna manera me excita más de lo que nunca he experimentado en mi vida simplemente besando mi cuello.
―No vuelvas a dudar de mi deseo por ti ―dice, entre besos―. No creo que un hombre en su vida haya deseado a una mujer tanto como yo te deseo, hermosa. ―Sus palabras son como cerrojos de placer que atormentan mi cuerpo.
No puedo soportarlo más. Lo necesito. Me alejo y me vuelvo hacia él, y él toma mi mano, me lleva de nuevo al columpio, sentándose en él. Tirando de mí hacia él, besa mi vientre mientras desliza lentamente mis bragas. Mi cuerpo se estremece con deseo mientras me sostengo de sus firmes hombros y salgo de ellos.
―Hay tantas cosas que quiero hacerte, que necesito hacerte, pero ahora mismo… mierda ―se queja―. Bella, sólo te necesito. ―Quiero decirle que me siento de la misma forma, que me siento como si estuviera siendo comida viva de deseo por él, pero mi boca no me deja decir las palabras. En cambio, me subo en su regazo a horcajadas, con la cabeza de su polla cerca de mí, lista para entrar en mí, lo beso mientras voy abajo, pero sus manos firmes me detienen. Cuando me mira, sus ojos entornados, están llenos de lujuria―. Lento, Bella ―me ordena―. Ve dolorosamente lento. Quiero memorizar y recordar cada milisegundo de esto.
Luego jala mi cabeza a la suya y mientras nuestros labios se aplastan juntos, me empujo hacia abajo lentamente hasta que Emmett está asentado dentro de mí tan profundo como puede ir. Pasamos horas en el columpio, lento y constante, profundo y duro. Algunas veces, perdidos en el momento, la pasión, que acelera, pero Emmett me hace ir lento, y yo disfruto en la tortura de la misma. No es sólo hacer el amor, es una danza, una conversación, es… todo.
Y finalmente paso señores, cada vez estamos más cerca del final. Espero que lo disfruten.
