No me he olvidado de los fics! Lo prometo! Es que con las navidades y la familia y demás se me va el santo al cielo y al final me quedo sin tiempo para escribir jajajajajaja perdón perdón! Pero ya estoy aqui :)!

Esto es una petición que me hicieron de que fuese Regina quien fuese detrás de Emma, era invitado así que no se quien la pidió, y no estoy segura de si era algo así exactamente lo que buscaba, pero si lo lee espero que le guste!

Feliz Año a todo el mundo y que os traigan muchas cositas los Reyes esta noche ^_^!

Los personajes de OUAT no me pertenecen. Contadme que os parece y espero que os guste :)!


SQT 25: The date.

Habían conseguido vencer a Pan y salir todos enteros de Neverland, ahora lo único que quería Emma era olvidar todo lo que había pasado allí. Absolutamente todo. El pánico de no encontrar a Henry, su sentimiento de orfandad, el miedo de tener que dejar allí a sus padres, su confesión a Neal, el beso a Hook, y sobretodo…

- ¡Regina!

Dijo al entrar en la comisaria y ver a la alcaldesa cómodamente sentada en su escritorio. Emma empezaba a pensar que esa mujer tenía algún problema con esperar sentada en una silla como cualquier persona normal. No, ella tenía que hacer suyo el lugar, tenía que tomar el control. Saludó a la rubia con un educado asentimiento de cabeza y una sonrisa sincera.

- ¿Qué haces aquí?

Preguntó Emma fingiendo tranquilidad e indiferencia por su presencia. Regina se encogió un poco de hombros con una risita.

- Apenas nos hemos visto desde que volvimos de esa condenada isla, y creo que ya va siendo hora de afrontar las cosas.

- No sé a qué te refieres.

Respondió evasivamente la rubia entrando al pequeño despacho acristalado y alejándose de la órbita de Regina, pero la mujer se levantó del escritorio y caminó con un ligero golpeteo de tacones hasta el marco de la puerta.

- Entonces déjame refrescarte la memoria. Esta noche. Con una cena.

Las cejas de Emma casi se le salen disparadas por la frente de la sorpresa.

- ¿Qué? ¿Estas intentando…pedirme una cita o algo?

- No lo estoy intentando, te la estoy pidiendo.

Dijo Regina aclarándose la garganta y metiéndose las manos en los bolsillos del abrigo nerviosamente. Emma la miró algo conmocionada por un momento antes de echarse a reír.

- Ya. Claro. ¿Y porque iba a creerme eso?

Esta vez la morena se quedó sin palabras, podía haberse esperado un rechazo, una excusa o cualquier otra cosa, pero no que no la creyese.

- No te entiendo.

Emma volvió a reír.

- ¿Qué tramas, Regina?

- ¿Tramar? Tan solo te estoy pidiendo una… - Volvió a aclararse la garganta, más insegura que al principio. – cita.

La rubia se cruzó de brazos y la miró seriamente.

- ¿Por qué?

Ahora la sorprendida fue Regina, dio un paso dentro del despacho.

- Quizá por lo que paso en Neverland. – Emma apartó la vista. – Veo que tú también piensas en ello.

- No, yo…aquello no fue… Estábamos en una situación muy tensa.

Regina levantó una ceja y dio otro paso hacia la rubia, sacando las manos de los bolsillos.

- ¿Esa era tu excusa para colarte cada noche entre mis mantas? – Dijo en voz baja a escasos centímetros de Emma. - ¿O para gritar mi nombre entre los arboles? – Se inclinó hacia delante y mordió lentamente el lóbulo de Emma. – Seguro que esa isla nunca había visto nada igual.

Completó riendo y agarrando la cintura de la Salvadora, que por un momento se había olvidado de como respirar, luego apartó la cabeza para poder mirar a la morena.

- ¿Qué es lo que quieres realmente?

Regina empezaba a frustrarse, todo lo que quería era una cita con esa mujer cabezota. Resultaba que en aquella isla se había dado cuenta de que Emma no era insoportable, más bien al contrario, y no quería que las cosas acabasen ahora que habían vuelto a Storybrooke.

- Ya te lo he dicho, una cita. Solo eso.

- No, tu tramas algo, aunque aún no se él qué.

Respondió Emma riendo, era imposible que Regina de verdad quisiese una cita con ella, y mucho menos que se rebajase a pedírsela. Lo que había pasado en Neverland…prefería no pensar en ello todavía. La morena iba a protestar, pero justo en ese momento entró Henry en la comisaria y las dos mujeres se separaron bruscamente.

- ¿Estabais peleando?

Preguntó el chico con el ceño un poco fruncido, pensaba que sus madres ya habían superado eso.

- No cariño, más bien al contrario.

Respondió Regina volviendo a guardar las manos en los bolsillos. Henry entrecerró los ojos con sospecha exactamente del mismo modo que lo hacia su madre alcaldesa.

- Piénsalo.

Le dijo la morena a Emma echando a andar hacia la puerta, ese día Henry iba a pasarlo con la rubia.

- La respuesta es la misma.

Respondió Emma sin poder evitar reírse un poco.

- Entonces tendré que hacerte cambiar de opinión.

Dijo Regina riendo también con una mueca antes de salir definitivamente de la comisaria. Henry miró a su madre sin comprender.

- ¿De qué iba eso?

- Ojala lo supiese.

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Al día siguiente al entrar a trabajar Regina no estaba esperándola allí, pero si había una gran cesta llena de manzanas rojas. Rojísimas. Emma rodeó el escritorio sobre el que estaban las manzanas sin dejar de mirar la cesta con sospecha. Cogió un bolígrafo de la mesa y golpeó un poco una manzana, como esperando que pasase algo, pero las manzanas eran solo manzanas. Sacó su teléfono sin dejar de mirar la fruta y llamó a Regina.

- Buenos días, sheriff.

Dijo una voz alegremente al otro lado de la línea.

- ¿Esto es una amenaza o algo así?

- No, es un saludo. Es algo que la gente suele hacer cuando se relacionan unos con otros.

Respondió Regina riendo de buen humor.

- Las manzanas que han aparecido misteriosamente en la comisaria. ¿O vas a decirme que no tienes nada que ver?

Explicó Emma sentándose en el escritorio frente a la fruta, la morena volvió a reírse.

- Claro que tengo algo que ver, ¿conoces a alguien más en este pueblo que tenga esas manzanas?

La sheriff finalmente cogió una brillante manzana roja con expresión divertida y le dio vueltas en su mano.

- Honeycrisp, si no recuerdo mal ¿verdad? Capaz de soportar una tormenta.

Rio Emma recordando otra cesta de manzanas que Regina le había llevado hasta su habitación misma de la pensión de la abuelita en unos términos muy diferentes.

- Veo que te acuerdas.

Respondió Regina complacida.

- ¿Cómo olvidarlo? Nunca me habían amenazado con manzanas.

- Es una ventaja tener buena memoria, yo recuerdo perfectamente que me abriste la puerta sin pantalones.

La manzana cayó de la mano de Emma golpeando la mesa ruidosamente y rodando por ella hasta que la rubia volvió a cogerla impidiendo que cayese al suelo. La Salvadora se aclaró la garganta intentando encontrar algo que decir, pero tenía la boca un poco seca de repente.

- No son una amenaza. – Dijo Regina ahorrándola tener que hablar. – Tan solo quiero asegurarme de que no pasas hambre en el trabajo y que comes algo sano. Las manzanas lo son.

Su voz sonaba totalmente inocente, pero la risita del final arruinó un poco el efecto de gesto inofensivo.

- Ya, eso díselo a mi madre.

Rio Emma mirando la roja manzana en su mano.

- Bueno, cuando no están envenenadas son buenas para la salud. - Rio también la morena. – Si te apetece algo que no sean manzanas siempre puedes venir a cenar conmigo.

Añadió casi con tono interrogativo. Emma dio un mordisco a la manzana.

- Buen intento.

Respondió divertida antes de cortar la llamada y seguir comiéndose la manzana.

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Al tercer día Emma entró en la comisaria casi sabiendo que encontraría algo sobre el escritorio, pero no había nada. Sintió incluso algo de decepción, no es que disfrutase de la atención de Regina ni nada parecido, pero era un entretenimiento divertido para sus horas de trabajo. Entró en el despacho acristalado con una pequeña mueca de disgusto, y en la silla vio nada menos que un oso de peluche, lo cogió sin poder evitar una sonrisa. En mitad de la suave barriga del peluche había un gran corazón. En la silla, donde antes había estado sentado el oso, había una nota: "Apuesto a que te has puesto un poco triste cuando no has visto nada sobre el escritorio." Emma rio, reconociendo la elegante letra de la alcaldesa, siguió leyendo. "Aprieta ese enorme corazón, tiene un mensaje para ti." La rubia dejó la nota a un lado y observo al oso con una chispa de diversión en los ojos, ciertamente era un peluche adorable, nunca se habría esperado ese tipo de detalles por parte de Regina. Aun no sabía que estaba tramando ni que buscaba conseguir con todo esto, pero si era algún tipo de trampa desde luego era la trampa más extraña que había visto en su vida. Apretó la barriga del peluche y una mecánica voz infantil dijo en tono alegre: "Love me!" Emma rompió a reír sin poder evitarlo, sacó el teléfono pensando en llamar a Regina como había hecho el día anterior, pero se lo pensó mejor cuando una idea le cruzó por la mente. A lo mejor todo eso no era ningún tipo de plan, a lo mejor Regina de verdad quería una cita con ella, sin segundas intenciones. En Neverland habían conectado muy bien a un nivel que ninguna de las dos esperaba, había sido una experiencia…bueno, inexplicable, el contacto con Regina siempre hacia que se calmara, que recuperase fuerzas y esperanzas. Haberla tenido con ella en aquella aventura había sido un verdadero apoyo y no sabía cómo habría acabado la cosa si no lo hubiesen hecho juntas. Pero aquello era Neverland, con una situación extrema, y ahora estaban en Storybrooke sin ninguna amenaza a la vista. ¿De verdad estaba preparada para salir con Regina Mills? Se mordió un poco el labio inferior con una pícara sonrisa solo de pensarlo. Pero no. ¿Qué dirían sus padres? ¿Su hijo? ¿Todo el pueblo? No es que la opinión de los demás fuese importante para que ella tomase decisiones, pero para complicar las cosas estaba Neal y un pirata más que insistente. No sabía si en ese momento estaba preparada para meterse en ningún tipo de relación, para involucrarse con nadie. Lo mejor sería dejarle las cosas claras a Regina y rezar para que la reina parase. Pero eso podía hacerlo otro día, hoy podía tan solo sentarse a hacer su trabajo con el peluche visiblemente colocado en una esquina de su escritorio.

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Dos días después fue a Granny's a buscar su comida preguntándose por qué el día anterior no había tenido noticias de Regina, ni una llamada ni un regalo en la comisaria. Nada. A pesar de que había decidido pedirle a la morena que parase, esa falta de presencia por su parte la frustró un poco. Estaba pensando en ello cuando Ruby le puso delante un plato. La rubia la miró con una interrogativa ceja levantada.

- Aún no he pedido nada.

Dijo mirando al plato, no era exactamente su plato habitual, era algo más elaborado, más completo. Ruby rio un poquito.

- Lo sé. Alguien lo ha pagado para ti.

Explicó la camarera divertida, Emma casi no quería preguntar quién, podía imaginarlo, aun así Ruby decidió darle la información inclinándose sobre la barra y gesticulando "Regina" antes de volver a reírse. Emma sintió como se sonrojaba un poco, una cosa era dejarle cosas en la comisaria y otra ir haciendo participes a otras personas, para colmo, en ese momento el locutor de la radio de Storybrooke dijo su nombre. "…para Emma Swan, no ha querido dejar su nombre, pero ha dicho que ella sabrá quien se la dedica" a continuación empezó a sonar "Lovefool" de The Cardigans y Emma se puso definitivamente roja al notar las miradas de los demás clientes.

- Me pregunto quién te la dedicará.

Bromeó Ruby mirando divertida a su amiga, que intentaba hacerse todo lo pequeña que podía sobre el taburete para pasar desapercibida.

- Déjame en paz.

Gruñó la sheriff de mal humor. No le molestaba la comida gratis y ciertamente era una buena canción, dejando de lado el claro mensaje que cierta alcaldesa quería mandarle con ella, pero demostrarlo de manera tan publica ya era demasiado. Si seguía así al final todo el mundo sabría lo que pasó en Neverland y… ¿y realmente porque la importaba que alguien pudiese enterarse? No se avergonzaba, claro que no, pero aun así una cosa era lo que pasó allí y otra muy distinta esto. Tenía que hablar con Regina. Pero es podía esperar a que se terminase la canción, y la comida.

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Una vez más no había nada esperándola cuando entró en la comisaria al día siguiente, así que por si acaso no iría a comer a Granny's. Su padre entró apenas unos quince minutos después de ella, y la miró extrañado.

- ¿Qué haces aquí?

Preguntó dejando la caja de donuts sobre uno de los escritorios, mirando también extrañado la cesta de manzanas que seguía allí, aunque con menos manzanas de las que tenía al principio.

- Coge una, están buenísimas.

Dijo Emma pasando por su lado y cogiendo ella misma una manzana, ignorando los donuts, que fue lo que más extrañó a David.

- ¿Qué haces aquí?

Volvió a preguntar el hombre.

- ¿Trabajar?

Respondió ella como la mayor obviedad del mundo, masticando su manzana.

- Regina ha dicho que tienes el día libre.

Dijo él señalando con el pulgar hacia la puerta como invitándola a irse ahora que podía, pero en vez de eso Emma frunció el ceño.

- ¿Desde cuándo decide ella mis días libres?

- ¿Desde qué es la alcaldesa y tu jefa?

Respondió David sin saber que era lo que le pasaba a su hija. Aunque con todo lo de la magia, los cuentos de hadas y Peter Pan raptando a su bisnieto Henry, casi se había olvidado de que había cosas tan normales en el mundo como las jerarquías laborales o que Regina era alcaldesa y Emma trabajaba para el ayuntamiento, o lo que era lo mismo, para la morena.

- Creo que quiere que la ayudes a algo, porque está esperando fuera.

Añadió el hombre acomodándose en la mesa con un donut y un periódico. Emma volvió a fruncir el ceño, ¿de verdad su padre no veía nada raro en todo eso? Con un gruñido le quitó el donut de la mano y se lo cambió por una manzana, tirando con rabia el dulce a la basura al salir con su manzana aun a medio comer en la mano.

- No puedes hacer esto.

Dijo bastante molesta a Regina, que la esperaba fuera apoyada en su Mercedes negro.

- Soy la alcaldesa, claro que puedo. - Rio la morena. - Además no sé de qué te quejas, te he dado el día libre.

- A lo mejor no quiero el día libre.

- Pues lo tienes. Así que si ya no tienes nada que hacer, ¿te apetece venir a comer conmigo?

Preguntó la morena con naturalidad y una brillante sonrisa. Emma tenía que admirarle la persistencia, eso desde luego. Cómo no respondía, Regina hizo una floritura con la mano y una perfecta rosa roja apareció en ella. Se la ofreció a Emma sin perder su sonrisa, pero al ver que la expresión de la rubia seguía siendo igual de seria, suspiró un poco, bajando la flor.

- Mira Emma, de verdad que no insistiría tanto si pensase que no puede haber nada entre nosotras, pero después de lo de Neverland… Bueno, tú también estabas allí, tuviste…tuviste que sentirlo. – Emma no respondió. – De verdad creo que podemos tener algo positivo. Una cita, solo te pido una cita, si después sigues sin pensar que sea buena idea, o no sientes nada por mí, te dejare en paz, lo prometo.

La rubia aun no decía nada, sobre todo porque no sabía que decir, ni sabía si quería que Regina la dejase en paz.

- No puedes dejarme comida pagada, ni dedicarme canciones. Ni mandar a mi padre a hacer mi trabajo para…intentar tener una cita conmigo.

Dijo en vez de pedirla que parase como había planeado unos días atrás.

- Bueno, legalmente tu padre es también sheriff y últimamente no estaba haciendo su trabajo, tenía que arreglar eso. ¿Qué hay de malo en compensar también todos los días que tú has trabajado y él no?

En eso Regina tenia parte de razón, pero tampoco es que hubiese habido mucho trabajo en la comisaria como para necesitar dos sheriff, prácticamente no se había necesitado ni uno, casi todo lo que había hecho Emma era adelantar papeleo, que siempre solía llevar atrasado.

- ¿El problema es la gente? ¿No quieres que la gente sepa…?

Regina no supo cómo terminar la frase, ¿qué la gente no sepa que, exactamente? No es que tuviesen una relación o algo así, y tampoco es que hubiese aireado lo que paso entre ellas en Neverland. La cara de la morena se entristeció visiblemente al pensar que quizá Emma se avergonzase de lo que había pasado, que quizá hubiese interpretado mal las señales y realmente solo estuviese molestando a la rubia.

- No es que me avergüence, no es eso para nada, es solo que… Regina, no sé qué es lo que quieres, ni siquiera sé que es lo que quiero yo. Han pasado muchas cosas y…no sé si podría soportar además una charla de mis padres por lo que hago o dejo de hacer.

Explicó Emma resoplando con cierta molestia.

- No vas a venir a comer conmigo, ¿verdad?

Probó Regina con pocas esperanzas y una sonrisa resignada que la rubia imitó.

- No. Ni siquiera sé si quiero…si puedo estar con alguien ahora mismo. Seguro que me entiendes.

Dijo dándose la vuelta para ir hacia su escarabajo, pero antes de poder moverse, Regina volvió a tenderle la rosa, cuando la rubia levantó una ceja, la alcaldesa solo se encogió de hombros y dejo la flor en su mano. Emma no pudo evitar una pequeña sonrisa, girando los ojos antes de ir hasta su coche. Regina sonrió viendo cómo se alejaba. Emma no la había pedido que parase, no había negado que ella también sintió algo en aquella isla, ni había rechazado la idea de que pudiesen tener algo.

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Al día siguiente Ruby se presentó en la comisaria con una bolsa de papel que dejo muy sonriente frente a Emma. La rubia la miró extrañada y la camarera se sentó frente a ella sin perder su sonrisa.

- Es de Regina.

Dijo como si fuese una confidencia. Emma giró los ojos, pero aun así abrió la bolsa y sacó de dentro un perfecto triangulo de tarta.

- Es de frutos rojos.

Informó Ruby rebuscando dentro de la bolsa hasta encontrar un pequeño tenedor de plástico que le pasó a su amiga para que pudiese comer.

- No deberías darla cuerda con esto.

Dijo Emma apuntándola con el tenedor antes de hundirlo en la tarta y darle un bocado.

- No veo que te quejes. – Rio Ruby. – Además ¿qué tiene de malo? Solo intenta conseguir una cita.

La sheriff casi se atraganta al escucharla, la miró con cierto pánico mientras tosía, no podía ser que Regina se lo hubiese contado todo, sería mala suerte que justo en ese momento dejase de ser la mujer reservada que siempre había sido.

- Por dios, no te asustes Emma. No me ha contado nada raro o embarazoso si es lo que estás pensando, simplemente era muy obvio, lleva un par de días preguntándome por ti y demás. Así que se lo pregunte directamente, y claramente ella me lo negó, pero al final no la quedo más remedio que admitir que quería una cita contigo.

Explicó Ruby encogiéndose un poco de hombros y pasándola una servilleta para se limpiase algunas migas de tarta que habían salido disparadas al toser.

- ¿Y no te ha dicho porque?

Preguntó Emma con cautela, aún no había descartado del todo la idea de que Regina tramaba algo.

- No, supongo que por la gente suele pedir citas ¿no? No lo sé, al principio no estaba muy segura de sí ayudarla con lo de invitarte a comida y eso, pero luego pensé ¿por qué no? Parece que ha cambiado ¿no? Todo el mundo merece otra oportunidad, y vosotras dos siempre habéis…ya sabes.

Dijo la camarera riendo.

- ¿Siempre qué?

Preguntó Emma en tono amenazante.

- Siempre habéis tenido esa especie de relación extraña, conexión. No sé. Pero no sería tan horrible que salieses con ella ¿sabes?

- ¿Desde cuando eres del equipo Regina?

- Bueno, Reina Malvada o no, no se puede negar que esa mujer es endiabladamente sexy.

La sheriff la fulminó con la mirada por encima de su tarta a medio comer y Ruby rompió a reír.

- Y si esa reacción no son celos, yo no soy una loba. – Se levantó de la silla para volver al trabajo. – Piénsalo.

Dijo a modo de despedida igual que le había dicho Regina varios días atrás.

- Mi madre…

Empezó la rubia con cierto temor.

- No sabe nada, y yo no se lo voy a decir.

Rio Ruby antes de marcharse. Emma siguió comiendo su tarta pensativa, la verdad es que esos días no había podido sacarse a la reina de la cabeza, quería pensar que era porque la mujer parecía estar siempre presente de alguna manera, aunque fuese a través de sus pequeños regalos, pero ya de antes pensaba bastante en esa morena, y todo había empezado en la maldita Neverland. Ruby tenía razón, Regina era sexy, más de lo que la gustaría admitir y más de lo que era capaz de aguantar cuando estaban juntas, supuso que esa había sido una de las razones para que siempre volviese a ella en la isla, pero ¿y ahora? En Storybrooke seguía queriendo ir a ella. Regina la atraía, claro que sí, ¿algo más? No lo sabía, podía ser, era probable, no sabía si quería arriesgarse a descubrirlo. Pero desde luego algo tenía que hacer, Regina no esperaría para siempre. En eso pensaba observando los restos de su tarta.

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Esa noche cuando Henry llegó después de pasar el día con Regina, soltó sus cosas y fue directo a hablar con Emma, su madre le miró esperando a que hablase.

- Mamá me ha dicho que te diga que me mires y lo pienses.

Su madre le miró con cierta resignación, sin saber ya si enfadarse o no. Sabía perfectamente a lo que se refería Regina, Henry y ellas dos podían ser una gran familia feliz, todo podía ser perfecto, pero aun así eso seguía sin convencerla, si todo salía mal las cosas podían empeorar mucho, y eso no sería bueno para el chico.

- ¿El que tienes que pensar?

Preguntó su hijo curioso. Emma hizo un gesto con la mano para quitarle importancia y se levantó a buscar su móvil a la habitación de arriba. Regina se lo cogió enseguida.

- No puedes usar a Henry.

Dijo Emma algo molesta, mirando escaleras abajo para asegurarse de que no subía nadie y nadie le prestaba atención. Escuchó la risa de Regina al otro lado.

- Lo has pensado ¿verdad? Seguro que ahora tienes la imagen en la cabeza, igual que yo.

La rubia resopló, esa mujer tenía que parar de una vez antes de que las cosas se le fuesen demasiado de las manos.

- Regina tienes que parar, si mis padres se enteran les va a dar algo.

Ahora quien resopló fue la morena.

- Esto no tiene que ver con tus padres, es entre tú y yo. Mira, estoy frente a tu edificio, ¿por qué no bajas y me dices lo que quieras?

Sugirió Regina con voz dulce.

- No voy a bajar.

Siseó Emma al teléfono, volviendo a asegurarse de que nadie subía.

- Por favor. – Pidió la alcaldesa suavemente. – Solo…si vas a pedirme que pare al menos déjame verte.

Era un tono que Regina no usaba habitualmente, de echo Emma nunca había escuchado que lo usase con nadie más, y las veces que lo había usado con ella fue cuando Henry estaba en la mina y cuando la pidió que la dejase morir como Regina, al menos esta vez no había ese borde de dolor en su voz. Aun. Finalmente Emma cedió y sin dar ninguna explicación entendible dejó a su familia poniendo la mesa para cenar y bajó, cogió a Regina del codo hasta que estuvieron fuera de la vista de cualquier posible curioso de su edificio. Todo había sido tan rápido que prácticamente no había visto el gran ramo de rosas que Regina llevaba en la mano, se lo ofreció con una ligera sonrisa.

- Puede que no seas una chica muy de flores, pero me apetecía darte algo bonito.

Emma miró las rosas un poco confundida, no recordaba la última vez que alguien le había dado rosas exceptuando la que le dio la propia Regina unos días atrás y que ahora estaba en un vaso con agua en su mesilla.

- No las he creado con magia, son compradas.

Prometió Regina que pensó que Emma no cogía las rosas porque pensara que eran algún tipo de truco mágico, al final la rubia cogió las flores con cuidado, algo conmovida por el gesto.

- Chica de flores quizá no, pero de chocolate estoy segura de que sí.

Añadió la morena descubriendo la mano que tenía tras la espalda con una caja de bombones con la típica forma de corazón.

- También comprados.

Dijo con una sonrisa quitando la tapa de la caja y ofreciéndole uno a Emma, prácticamente sin pensar la Salvadora abrió la boca y se lo comió intentando no tocar los dedos de Regina. Masticó mirando a la mujer frente a ella pensando en cómo decir lo que debía decir, pero la morena se le adelantó.

- Sé que me vas a decir que pare, si de verdad quieres lo dejaré, en serio. Pero solo si es porque tú quieres y no por otros motivos, porque si tus p…

- Besé a Hook.

La cortó Emma, desde luego eso no es lo que quería decir, pero fue lo que salió. Regina se quedó con la boca medio abierta a punto de pronunciar alguna palabra que nunca llegó a salir, en vez de eso, solo pudo decir:

- Oh.

De repente se hizo un incómodo silencio, Emma no sabía porque había dicho eso, no sabía que pretendía con ello, sobre todo porque aquel beso no significó realmente nada.

- Vaya, lo siento, no sabía que él y tu… Te pido disculpas por mi insistencia.

Dijo Regina haciendo una educada inclinación de cabeza para despedirse, ahora mismo todo lo que quería era marcharse de allí.

- Fue en Neverland.

Contó Emma rápidamente, sin poder extender las manos para parar a la otra mujer porque las tenía ocupadas.

- De verdad, no es necesario que sigas, no volveré a molestarte.

Respondió rápidamente la morena para que no siguiese, saber que había sido en la isla era aún peor, ya que allí había sido donde ellas dos empezaron a acercarse la una a la otra, y ahora esas esperanzas eran destrozadas por un garfio.

- No, lo que quiero decir es… No sé lo que quiero decir, pero…quiero que sepas que besé a Hook, y que no significó nada.

Regina había decidido en ese momento que sus zapatos eran muy interesantes, y desde luego preferibles a tener que mirar a Emma, se sentía terriblemente estúpida, de verdad había pensado que podía pasar algo bueno entre ellas después de tanta lucha estúpida.

- No significó nada, acababa de salvar a mi padre y yo me sentía en deuda con él y… luego Neal…

Exacto, ahí estaba la otra afilada esquina del problema, Neal. Cuando el pirata contó que Pan le había dicho que estaba vivo no pudo quedarse con el grupo para ver como Emma iba en valeroso rescate del padre de su hijo. Y si el beso a Hook no había significado nada, desde luego no podría decir lo mismo del hijo de Rumpelstiltskin.

- Le dije que le quería, y que probablemente siempre lo haría…

Explicó Emma. Regina no entendía que estaba haciendo ¿quería acaso torturarla por su insistencia? ¿Quería dejarla claro de la manera más dolorosa posible que nunca pasaría nada entre ellas? ¿Qué quería a otra persona?

- Le dije que le quería y es verdad, fue mi primer amor, es…el padre de Henry, estaba dispuesta a robar por él, a llevar una vida de fugitiva, siempre significará algo para mí.

- ¿Por qué me estas contando esto, Emma?

Cortó Regina levantando por fin la vista hasta la rubia con ojos cansados, solo quería irse a casa.

- Besé a Hook, pero no significó nada. Y siempre querré a Neal, pero no de forma romántica, eso no será posible nunca más después de todo lo que hemos pasado, le quiero, pero no estoy enamorada de él. Quiero que lo sepas todo antes de… - Regina alzó una ceja esperando que continuase. – Quiero esa cita contigo. Si tú aun quieres.

Dijo algo insegura cogiendo una de las rosas del ramo que Regina le había dado y ofreciéndosela a la morena, quien miró a Emma, luego la rosa y luego a Emma otra vez sin bajar su arqueada ceja.

- No lo entiendo. ¿Por qué ahora sí?

- Porque como tú has dicho, si mi motivo para decirte que no, no es porque yo no quiera esa cita, ese motivo no debería ser válido…. O algo así he entendido yo. El caso es que quiero y que le den a lo demás.

Explicó Emma atropelladamente haciendo reír a Regina.

- ¿Estás segura?

La rubia asintió.

- Yo también he pensado mucho en lo que pasó en Neverland.

Admitió la Salvadora, alegrándose de volver a ver una sonrisa en la cara de Regina.

- Pasaré a recogerte mañana para llevarte a cenar. A las 8.

Una parte de la morena quería irse ya para celebrarlo y otra no quería moverse de allí.

- ¿Por qué no me recoges a las 7 y hacemos tiempo hasta las 8?

Contradijo Emma con una mueca infantil Regina estuvo de acuerdo con una risa ligera.

- Espera, no iras a pedirme matrimonio ¿no?

Preguntó la rubia un poco asustada mirando las flores y la caja de bombones en su mano. Regina rompió a reír sin poder evitarlo.

- ¿En esta cita? No. ¿Algún día? Probablemente.

Respondió la alcaldesa guiñándola pícaramente un ojo antes de alejarse con un alegre contoneo que hipnotizó a Emma, quien se quedó escuchando con una media sonrisa como iba desapareciendo el sonido del taconeo.

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La primera cita siempre era la peor, a pesar de se conocían mutuamente bastante bien, al principio era difícil saber qué hacer. Regina recogió a Emma bajo la severa mirada de sus padres, que estaban enterados de todo desde que el día anterior su hija había vuelto al apartamento con un ramo de rosas, una caja de bombones y una sonrisa casi imposible.

Regina la llevó a cenar, pero era incapaz de comer, no quería que nada saliese mal, no quería estropearlo ahora que por fin había conseguido una cita con Emma. Jugueteaba con la comida mientras mantenían una conversación normal y corriente, y había algo familiar en cada palabra que decían. Era casi imposible de creer que estuviese pasando. Ya se conocían. No de Neverland, no de Storybrooke, era como si se conocieran de siempre, como si hubiesen recorrido un larguísimo camino juntas y no entendieran porque habían esperado tanto para dar ese paso. La imagen se dibujaba cada vez más clara con cada palabra que decían. Después de haber tenido tantas dudas y de haberse negado tanto a confiar en nadie, la cabeza de Emma le decía que esto sería diferente, que Regina era diferente, que era la única persona con quien podría envejecer, con quien debería envejecer, con quien querría envejecer. Y no era autoconvencimiento, era real. Y no entendía porque se había resistido tanto a esa cita si estaba resultando ser todo lo que quería. ¿Quién habría imaginado que la Reina Malvada tenía ese lado romántico, y quien habría imaginado que a la Salvadora le gustaría? No, en esa cita no iban a prometerse, pero ¿algún día? Probablemente sí. Y esa idea era un excelente motivo para sonreír.