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- (24 de diciembre 2013) -

Callie y Arizona se habían reunido temprano esta mañana. El frío clima de Seattle se enseñoreaba, nubes grises se asomaban en el cielo y el viento gélido estremecía sus cuerpos. Vestían chaquetas gruesas, bufandas se enrollaban en sus cuellos y guantes de lana cubrían sus manos. El vapor se escapaba por sus bocas, era el día más frío desde que había llegado el invierno y aun cuando el clima hacía de este día un poco melancólico, no había nada mejor que compartirlo juntas.

Caminaban de la mano, sonriendo y conversando mientras el dependiente del lugar al cual habían llegado les mostraba lo poco que quedaba. Si bien no era una buena fecha para encontrar un buen árbol, lograron encontrar algo más que decente y estaban felices. Ahora debían ir un centro comercial en busca de los adornos y todo lo necesario para darle un toque especial al apartamento de Callie.

La mañana transcurrió rápidamente y disfrutaron de la simpleza de la cotidianidad, algo que encajaba con total naturalidad entre ellas; era como si llevasen toda una vida en común. El tomarse las manos, el robarse un beso, el detenerse en un abrazo, sonreírse ante la sorpresa de una broma; todo era simplemente increíble.

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De regreso la temperatura del apartamento era considerablemente distinta al exterior y estaban agradecidas de su calefacción porque disfrutarían de la calidez del lugar. Por lo mismo cuando llegaron se despojaron de sus chaquetas e implementos para el frío y se sentaron a compartir un delicioso café, pronto comenzarían con su tarea.

Conversaban y se reían. Había recuerdos y la nostalgia por instantes se asomaba. Sus mentes vagaban a sus propios pensamientos y silencio era lo que compartían, pero nada era incómodo.

Arizona no dejaba de pensar en que todo lo que estaba viviendo era nuevo. Nunca compartió tanto y con tanta facilidad con otra persona, ni tampoco deseo hacerlo. Pero con Callie era distinto. Incluso ir de compras era algo que quería seguir haciendo, porque cuando había pedido su opinión en la compra de algo o le pregunto cómo se vería en casa o cualquier pequeña cosa, le hizo sentir parte de ella y algo tan simple como eso le daba una sensación de pertenencia. La morena la incorporaba en su vida de manera simple, sin esfuerzo y se encontró queriendo cosas que nunca antes deseo; cosas que nunca creyó podría desear. Ahora pensaba en un futuro, una vida en común y miraba con anhelo hacia adelante. Arizona se sonrío de sus pensamientos, estaba feliz de esta nueva etapa de su vida.

Así siguieron compartieron y la tarde paso sin darse cuenta. Callie escucho con mucha atención las historias que Arizona recordaba de ella y su hermano, las travesuras que hacían cuando eran pequeños y la vida con sus padres. La morena no podía dejar de sonreír ante lo adorable que era su novia, había un brillo especial en sus ojos cuando hablaba de su hermano o padres y eso a Callie le maravillaba; podía sentir cuan cercanos eran todos e imagino lo difícil que fue para ellos perder a Tim.

La morena dio un suspiro profundo. Mientras compartían todos esos recuerdos un destello cruzo su mente. El de su propia familia y el cómo sus padres se habían alejado de ella hace tantos años. Pero empujo rápidamente esos recuerdos, porque solo se debía centrar en que delante de ella estaba una mujer maravillosa que amenazaba con copar y arrasar con todo su corazón. La morena se sonrió ante la tranquilidad de sentía.

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La noche había llegado y ninguna de ellas sabía si estas fiestas serian como tradicionalmente se celebran. Lo único que les importaba en este momento era estar juntas, las cenas y regalos no eran su prioridad.

Mientras que en el resto de las familias, posiblemente los niños estaban ansiosos por ir a dormir para que llegara pronto la mañana y recibir sus obsequios; Callie y Arizona estaba en silencio, mirando como las luces del árbol parpadean y brillan constantemente.

Finalmente todo lucia hermoso y Callie se sentía satisfecha, miro alrededor y después de mucho tiempo volvió a sentir su apartamento como un hogar nuevamente. La morena cerró los ojos, todo esto lo provocaba la mujer que tenía con ella; ya no sentía sola.

Pensamientos, recuerdos y anhelos se mecían en el ambiente. También silencios compartidos gratamente, que daba pasó a muchas sensaciones y sentimientos mezclados.

En un respiro, sin saber cuánto tiempo llevaban en silencio, Callie tuvo que contener un nudo que comenzó a apretar su garganta. Volvió a respirar profundo, no quería estar triste; pero había algo en su corazón. Emily.

"Todo vendrá a su tiempo", así había dicho Laura; pero inevitablemente su pequeña estaba allí y le causo melancolía. Volvió a respirar intentando manejar la emoción.

Arizona noto un cambio en Callie, pero no dijo nada. No podía ver completamente su rostro en estos momentos, pero la sentía intentando luchar con su respiración.

La rubia estaba sentada en el sofá frente al árbol, la morena estaba recostada con su cabeza en sus piernas y su cuerpo extendido de medio lado a lo largo del sofá.

Callie se perdió por un momento entre el constante parpadeo de las luces y la introspección. Se había ido a otro lugar sin querer, a un lugar donde existía su hija y donde la veía alrededor jugando, hablando, sonriendo y abrazándola. Era inevitable no pensar en su hija y en lo que podría estar haciendo con ella en estas fechas de no haber partido tan tempranamente.

Arizona se dio cuenta de ello, no necesitaba escuchar donde estaba su cabeza; solo se limitó a acariciar su cabello en un gesto de cuidado y amor. Después de un momento largo escucho la voz de Callie salir suavemente, casi con miedo.

- Le extraño... – lo dijo con su mirada perdida en las luces y se detuvo.

Arizona espero y le dio un apretón en el hombro para instarla a continuar. Ella creía que debía dejar salir todo lo que sentía y quería que su novia tuviese la confianza para llegar a ella con las cosas que guardaba en su corazón, esas que dejaba lejos del resto del mundo. Ella quería ser la persona de Callie, esa que conocía todo de ella; con la que se podría abrir sin importar que.

- Extraño a Emily... – Callie volvió a hablar, Arizona asintió y su mano fue al brazo de la morena; le acaricio delicadamente hacia arriba y abajo en un gesto de apoyo y comprensión. - me gustaría estuviese aquí, verla... – Callie sonrió con tristeza y después de un momento se dio vueltas hacia la rubia, se acurruco y se escondió en Arizona como una niña pequeña. La rubia acomodo su cabello revuelto, despejando el costado de su rostro y le susurro.

- Lo sé cariño... lo sé... – Callie saco su rostro y miro hacia arriba a su novia.

- No quiero estar triste - una lagrima rodó por las mejillas de la morena - estoy aquí, estoy contigo y quiero disfrutarlo... no quiero arruinarlo... – la rubia con su pulgar seco la lagrima que se escapó de Callie y le dio un sonrisa.

- No arruinas nada... estoy aquí para ti... estoy contigo, estás conmigo... lo estamos disfrutando... Emily es una parte importante de tu vida, por lo tanto lo es para mí también... ella estará con contigo siempre... - una sonrisa de Callie asomo... – Calliope... quiero que sepas que estaré aquí para ti... quiero que puedas decirme todo sin que sientas que arruinas algo o que está mal... quiero que confíes en mí, porque estoy aquí sin importar como sean los días... habrán días felices y otros quizás serán más tristes... pero quiero estar allí en todos... quiero conocer cada parte de ti y no solo un pedacito... – la morena escucho en silencio, su corazón a pesar de la tristeza de no tener a Emily estaba hinchado y latiendo; aunque pareciera ilógico se sentía feliz también... se preguntaba si eso era posible.

- Eres increíble ¿lo sabes? - Arizona se ruborizo ante el cumplido, la morena suspiro profundo y la miro, casi no creyendo que era real... le sonrió y sintió alivio - eres todo lo que podría pedir para recomenzar con mi vida... eres maravillosa...

La rubia se inclinó para depositar un suave beso en la frente de Callie y retrocedió mirándola con una sonrisa suave y sus ojos llenos de amor. Se miraron por lo que pareció una eternidad, Arizona quería decir cuánto la quería, decirle que la amaba... pero prefirió guardárselo, no era el momento.

La morena levanto su mano y suavemente la llevo al rostro de la rubia, con yemas de sus dedos le acaricio solo rozándola. Se quedó perdida en ese acto por un momento recorriendo con su mirada, por donde sus dedos se deslizaban, adorando y contemplando la belleza que tenía en frente. Arizona cerró los ojos mientras sentía y disfrutaba del suave tacto, se sentía absolutamente perdida en las emociones.

Lentamente Callie se incorporó y se sentó al lado de la rubia enfrentándola. Cuando Arizona sintió la pérdida del contacto abrió los ojos e inclino su cabeza hacia un lado con una suave sonrisa mientras la morena le miraba. Arizona de un momento a otro se sentía nerviosa. La morena miro a sus ojos y luego a sus labios, comenzó a acercarse lentamente a su rostro. Callie sintió el nerviosismo de Arizona y se detuvo a milímetros, podía sentir la respiración de la rubia hacerle cosquillas.

Ambas sentían como si estaban a punto de su primer beso.

Pero no de cualquier primer beso. Se sentía como ese beso que sabes que cambiara tu mundo, ese que llevas esperando y soñando, ese que no creíste que podía existir o llegar. El que te hace ansiosa, que te pone los pelos de punta sin siquiera tocarse, el que te aprieta el estómago y hace que tu corazón quiera salir del pecho; ese que nos hace recortar los años porque no sabemos muy bien cómo empezar. El que va matando en la anticipación, que hace el momento previo casi eterno y parece que nunca llegara aun cuando lo queremos dar tan mal. Ese que hace que se detenga todo a tú alrededor y que provoca que el tiempo se congele.

Ese beso único y perfecto. Ese que sabes que quieres dar el resto de tu vida y que solo lo dejaras de dar cuando la vida se desvanezca frente a ti.

Callie conocía esa sensación, lo había vivido una vez antes; pero aun así era distinto. Estaba agradecida de todo lo que hasta ahora había vivido a pesar del dolor, guardaría toda su vida el maravilloso recuerdo de Laura. La morena sabía que todas las experiencias que se viven son distintas unas de otras y aquel primer amor había sido importante en su vida, por eso nunca se atrevería a compararlo. Cerraría ese libro que había llegado a su final y comenzaría uno completamente nuevo y distinto. Lo que sentía hoy era increíblemente poderoso, quizás porque había sido difícil volver a mirar hacia adelante y allí estaba el valor de esta nueva etapa. Tenía una nueva oportunidad de amar y dejaría todo en ella, porque era único y no comparable con nada.

Arizona no sabía qué hacer, no sabía si dejarse llevar o contenerse; sus nervios le hacían pequeña y la volvían torpe. No conocía esta sensación, nunca había experimentado algo así. Solo lo había soñado, lo había imaginado; pero nunca creyó que se haría real.

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Fue así como todo pareció transcurrir en una eternidad, aun si solo unos segundos pasaron antes de que sus labios se tocaran. Un suave y sutil contacto, que les hace sentir la inmensidad de sus sentimientos; se separan aun rozándose ínfimamente.

¿Qué les sucedía? No era la primera vez que compartían un beso, ya habían tenido más que eso; pero todo se sentía tan nuevo y poderoso.

Reanudan su conexión de forma lenta y sus labios se tocaron nuevamente... pequeños besos en una esquina, en la otra, solo en el labio inferior, agarres suaves... sus narices se rozan sin querer y se sonríen... juegan con su nerviosismo para ahuyentarlo... amagues de besos siguen, sus cabezas se ladean buscando encajar mejor y sus labios juntos bailan.

Solo se besan, solo labios; pero después de un momento sus lenguas quieren participar y tentativamente comienzan a pedir permiso. Se tocan y la corriente se enciende, se unen y el choque eléctrico se propaga... se enredan, se acarician y todos los circuitos explotan.

Se exploran intensamente ahora, labios y lenguas hacen que el nerviosismo inicial comience a disiparse para ir dando paso a otras sensaciones.

La morena es un poco inclinada hacia la rubia en el beso, una de sus manos se apoya en el respaldo del sofá y la otra en la rodilla de la rubia; mientras la propia mano de Arizona esta sobre la de la morena. No hay más que ese contacto corporal, con solo sus labios y lenguas interactuando; pero el espacio de la sala se hace cada vez más pequeño y el aire comienza a fallar.

Se separan, pero solo permitiendo el paso de un hilo de aire a través de sus bocas que están ligeramente entre abiertas; mientras sus lenguas salen en punta y se tocan, ninguna quiere dejar huir el momento. Solo intentan que sus pulmones reciban un poco de oxígeno. Callie trazan la forma de los labios de la rubia con su lengua y pronto Arizona agarra la suya entre sus dientes, la chupa. La morena atrapa los labios Arizona y vuelta otra vez, se besan.

Lenguas y labios mezclados, saboreando sensaciones únicas. Todo se siente diferente e inmenso, ninguna quiere dejar de sentirlo y lo quieren para el resto de sus vidas.

Hay algo en el aire, algo que parece hacer encoger la sala, algo de una fuerza estrepitosa. Es como estar en medio de un campo magnético o como si dos imanes de polos opuestos estuviesen uno frente a frente luchando con la fuerza de la física para no acoplarse completamente aún; pero no se pueden luchar con la fuerza que les atrae.

La intensidad de sus sentimientos y sensaciones han ido creciendo, ya los nervios se disiparon. Sus labios son cada vez más deseosos de atraparse y saborearse, es una danza sincronizada y sensual.

Sus manos ya no pueden estar quietas, la rubia comenzó a subir y bajar su mano por brazo de Callie. Mientras, la morena corre la suya desde la rodilla hacia arriba por el muslo, ida y vuelta, lentamente, cada vez más arriba. Ambas se exploran pero sin traspasar muchos límites, amagando a más pero sin romper las barreras que hasta el momento habían mantenido. Aun así, sus cuerpos comienzan a reaccionar y a rogar por más, es algo difícil de manejar y controlar. Sienten como si de un momento a otro el piso desaparecerá y juntas caerán a un abismo dulce y sin fin.

Callie podía sentir como un cosquilleo se está formando al final de su espina dorsal, era como si su cuerpo estaba comenzado a despertarse de un sueño profundo y largo. Eso era una sensación y una reacción que no cualquiera había despertado, ahora su cuerpo estaba reaccionando en sensaciones profundas y poderosas tan solo compartiendo besos y sutiles caricias. No es que no se haya sentido encendida antes con Arizona, pero hoy era distinto y doblemente intensificado. Ella sabía que era porque ya no había nada que la reprimiera, se sentía libre para disfrutar de su conexión... no había miedos, culpas, ni restricciones... su corazón latía por la mujer que tenía con ella y era todo lo que desde ahora en adelante quería sentir.

Arizona tampoco era indiferente a lo que pasaba y sentía como su cuerpo se encendía segundo a segundo de una manera inusitada. Sin embargo estaba contenida, no queriendo arruinar el momento con una mala decisión o cualquier cosa que pudiera romper lejos a Callie. Si bien hace días la morena había espantado todos sus miedos e inseguridades, no quería precipitarse; pero era difícil porque este momento superaba cualquier otro momento compartido, incluso aquella noche en la playa.

Pero de pronto, sin saber quién se movió primero, Callie estaba sentada recta contra el respaldo del sofá y Arizona estaba a horcajadas sobre ella. No supieron cómo estaban allí, solo fue un movimiento rápido y brusco que les hizo jadear en conjunto.

Dejaron de besarse para mirarse intensamente. En sus ojos la excitación y el deseo estaban reflejados. Callie subió sus manos por los muslos de la rubia y a llegar a sus caderas la atrajo fuertemente hacia ella sin dejar de mirarla, Arizona gimió e inmediatamente agarro el rostro de la morena con ambas manos y capturo sus labios apasionadamente.

Se besaron con intensidad, Callie se aferró al cuerpo de Arizona atrayéndola hacia ella tanto como pudo y la rubia no pudo evitar moverse sobre la morena; su cuerpo reaccionaba autónomamente.

Cada terminación nerviosa de ambas mujeres pulsaba incontrolablemente y querían llegar hasta el final, pero un rayo de lucidez cruzo la mente de la rubia pensando en lo que estaba ocurriendo y se obligó a detenerse. Respiro profundo y se dio un momento, porque recordó que se estaban tomando las cosas con calma y no quería empujar.

Callie no entendía lo que pasaba y miro un poco confusa, aun así seguía embargada por las sensaciones que estaba experimentando.

- Calliope... lo siento... yo no lo pude evitar. - la morena solio asintió, estaba perdida en la otra mujer - pero... deberíamos... parar... - Arizona trato de decirlo más para sí misma que para Callie.

- ¿Por qué? - la voz de la morena era un susurro. La rubia estaba en falta de palabras, la voz de Callie era increíblemente caliente.

- Porque si no lo hacemos ahora... yo no podré detenerme luego... - la rubia solo quería seguir y perderse en Callie, pero la sola idea de que la morena se sintiera presionada y luego quisiera alejarse, le asustaba. - y... yo solo... - la morena le estaba haciendo la tarea difícil.

Mientras Arizona intentaba terminar lo que decía, Callie puso un beso en el cuello y dejo su nariz allí para atrapar el olor cautivante de su novia enviándole un escalofrió que recorrió todo el cuerpo de Arizona.

La mente de la morena parecía de alguna manera adormecida, pero estaba segura de lo que quería... quería a la rubia y necesitaba de ella, se sentía lista para el siguiente paso y quería demostrarle a su novia que estaba allí.

Callie se movió con Arizona sobre ella hacia la orilla de sofá. Se iba a levantar, cuando Arizona la detuvo. - Espera, que... ¿qué... haces?... - silencio - no quiero que te sientas presionada... está bien tomarse el tiempo que necesite, tú sabes que voy a esperar. - La morena la miro y le sonrió, definitivamente adoraba a su novia.

– No me estas presionando... - beso su mejilla - quiero... – deposito un beso en labios - necesito... – se acercó a su oído y le susurro. – necesito más de ti... - volvió para hacer frente a los ojos azules oscuros y puso su mano en el cuello de la rubia mientras con el pulgar rodaba en su barbilla - no quiero esperar más, todo lo que quiero lo tengo aquí... en ti... estoy lista y... – se acercó para besarla, la boca de Arizona quedo entreabierta esperando y casi rosando sus labios se detuvo. – quiero llevarte a mi cama... besarte... respirar tu aroma... sentir tu cuerpo... – capturar los labios de Arizona, pero la rubia se hecho hacia atrás.

- ¿Tu... quieres? - la rubia aún sin ser capaz de creer completamente lo que escuchaba pregunto.

- Yo quiero todo contigo... – Diciendo eso, no espero más y se levantó; con ello Arizona se bajó de ella y besándose fueron haciendo su camino a tientas hasta la habitación mientras sus camisas iban saliendo en el camino y quedaron solo en sujetador.

Traspasaron el umbral de la habitación y Callie atrapo a Arizona contra la pared, se consumieron en besos, sensaciones y toques. Todo lo experimentado era demasiado intenso. Se besaban como si su vida dependiera de ello, se acariciaban temiendo que en algún minuto desapareciera la otra.

En un respiro la morena subió a la rubia a su cintura y la mantuvo contra la pared. Arizona envolvió sus piernas alrededor y sus manos se aferraron a su cabello mientras se besaban, la sensación de Callie en su contra la amenazaba con derretir.

En un movimiento rápido la morena camino hacia la cama dejándola caer suavemente en su espalda y se quedó de pie observando a la rubia recostada, ella se apoyaba en sus codos sonriendo invitándole a unirse a ella; pero la morena se detuvo un momento para contemplar la belleza que tenía delante de ella. Allí le miraban los ojos que habían visto a través de ella y la sonrisa que había vuelto su oscuridad en luz. Se sentía abrumada por todo lo que estaba experimentando.

La rubia se acomodó más al medio sin apartar la mirada, Callie parecía adormecerla con los sus ojos marrones. Su pecho subía y bajaba mientras respiraba; su corazón comenzó a latir aun con más fuerza cuando vio a la morena acercarse lentamente subiendo de rodillas a la cama.

Poco a poco fue acercándose y lo que antes era frenético, se había convertido de un momento a otro en lento y reverente, pero sin dejar nunca de ser excitante.

Callie fue acercándose al cuerpo de la rubia. Aun en sus rodillas se inclinó, dejando sus manos de apoyo a cada lado de la rubia... beso su frente, la punta de su nariz y dedico un momento a sus labios... luego bajo por el mentón, al cuello y volvió a sus labios... besos lentos, suaves y húmedos.

Se separó, respiro profundo y miro a su mujer.

- Arizona... - su voz salió suavemente e hizo una pausa tratando de controlar su respiración - esta noche somos solo tú y yo... mi corazón es tuyo y está latiendo solo por ti – Callie estaba abriendo su corazón y entregándoselo completamente a Arizona. - No tengo miedos, ni dudas... yo... quiero todo contigo...

- Calliope... – guardo silencio por un momento – lo sé, lo puedo sentir... y yo... quiero que sepas... – silencio – Dios!... – la rubia quería decir cómo se sentía pero estaba nerviosa - yo... te amo Calliope... - trago el nudo en su garganta - No puedo guardarlo más, porque estalla aquí... - puso su mano en el pecho - y me siento feliz... mi corazón es tuyo... todo lo que quiero es hacerte feliz, que seamos felices juntas... - hizo una pausa - no quiero asustarte con mis sentimientos, no necesito escuchar lo mismo de vuelta... es solo que no lo puedo contener más... y sé que tu... - la rubia fue interrumpida por dos dedos que se pusieron en sus labios.

- Shuuuu... puedo sentir que me amas cuando me miras, cuando me sonríes... y... haces que quiera amarte también... llegar aquí, estar así contigo hoy... no es simplemente el deseo de mi cuerpo... es también el de mi corazón, que le gano al miedo, a las culpas y al pasado... se hizo escuchar... esto no es solo acerca de sexo, esto se trata de amarnos; de entregarnos todo... era el paso que no podía dar, pero esta noche estoy segura... quiero hacerte el amor...

- Calliope... - la rubia no sabía dónde dejar todo lo que sentía, era tanto que no le cabía en el pecho. - yo... - las palabras no podían salir. La morena le sonrió.

- También te amo Arizona, me has hecho volver a respirar.

- Te amo... te amo tanto.

Fue así como las palabras murieron, ya estaba todo dicho; ahora era todo acerca del sentir y de amar.

Se acercaron al unísono y sus labios conectaron como una forma de sellar su declaración. El amor estaba allí, ambas lo sentían; ahora solo quedaba disfrutar de él y de lo que la vida tenía para ellas.

Mientras se besaban, comenzaron a explorarse nuevamente; pero esta vez sin las mismas prisas. Lo que quedaba de sus ropas fueron saliendo hasta que sus cuerpos quedaron completamente desnudos e hicieron contacto al fin... piel con piel, corazón con corazón... miradas profundas, amor, reverencia, adoración, deseo y excitación.

Sus pieles se rozaban, el calor aumentaba y sus cuerpos se estremecían. Poco a poco iban avivando el fuego que sabían les consumiría. Gemidos y respiraciones pesadas retumbaban en la habitación en ecos de amor.

Por momentos, la premura y la necesidad salvaje de atender cada rincón de sus cuerpos, les amenazaba con llevarlas en carrera directa y rápida al punto culminante de su conexión. Pero ralentizaban y bajaban el ritmo sin dejar huir el calor, solo queriendo tomar todo su tiempo para sentir y re-descubrir cada milímetro de sus cuerpos.

Arizona volteo a la morena para quedar a horcajadas sobre ella, las manos de Callie subían y bajaban por sus piernas. Se miraron por un momento, contemplándose y admirándose. Grabando todo de ellas en su mente y en su corazón. Esta no era como su primera vez, esto era distinto... ahora había confianza, conocimiento; pero sobre todo había libertad y amor.

La rubia recorrió con sus ojos el cuerpo de Callie mientras esta con sus manos recorría sus piernas y se dio cuenta de algo que no había notado. Callie no llevaba las argollas en su collar... frunció su ceño y miro a la morena, ladeando su cabeza pregunto sin decir palabras; la morena solo sonrió y en sus ojos estaba la respuesta. Arizona sintió salir el corazón de su pecho, esto era lo que había deseado por tanto tiempo y ahora lo tenía... si bien ya se lo había dicho hace algún momento en palabras, ese acto solo confirmaba que la mujer que amaba había dejado ir su pasado y los miedos... se sentía realmente amada y sus propios miedos ya no existían.

La rubia beso sus labios y comenzó a bajar dejando besos a su paso... cuello, clavícula, pecho... Callie tenía sus ojos cerrados, disfrutando de todo... podía sentir la adoración que le estaba profesando la rubia, sentía el amor de su novia en cada toque y en cada beso.

Cuando llego al pecho beso su cicatriz y se separó, acaricio con sus dedos lentamente toda la longitud de la marca y la morena cerró los ojos. Volvió a dejar besos continuando su camino por el abdomen, su ombligo y sus costillas... volvió a detenerse, otra cicatriz. Un rayo de tristeza le invadió, cada marca en el cuerpo de Callie le hablaba de su dolor y el como marco su vida aquel trágico accidente... respiro profundo y allí mismo la rubia se hizo el propósito de hacerla feliz y estar para ella siempre, era todo lo que quería y para lo que quería vivir.

Para Arizona hoy era como si recién conocía el cuerpo de Callie, la vez anterior fue maravilloso; pero hoy sentía la confianza para recorrer cada rincón, para detenerse en cada pedacito de ella. Hoy sentía una conexión total, sin trabas, sin impedimentos. Hoy se habían dicho que se amaban... hoy se estaban entregando por primera vez en cuerpo y alma.

Hizo su camino de retorno hacia arriba, con la misma delicadeza y adoración, mientras encajaron sus cuerpos de forma perfecta y sus corazones amenazaban con salir fuera. Cuando estuvo frente al rostro de Callie, la miro, acaricio su rostro y la beso con ternura, con amor, con devoción, con deseo... la morena sonrió en el beso, esto se sentía como volver a nacer.

Se besaron con pasión, sus manos recorrían sus cuerpos, sus pechos se rozaban, sus bocas chocaban... la necesidad crecía y le estaban dando la bienvenida a besos cada vez más ardientes. Los rastros de humedad ya se podían evidenciar, cuerpos cada vez más sudorosos, respiraciones cada vez más pesadas y palpitaciones cada vez más descontroladas.

De un momento a otro, sin darse cuenta, Arizona estaba en su espalda y Callie sobre ella. La morena quería que esta noche se tratara de ella, quería demostrarle cuanto la amaba, el cómo estaba agradecida de su paciencia. Quería hacerla sentir como nadie nunca la hizo sentir antes.

No se apresuraría, se tomaría su tiempo para llevarla al máximo del placer. Callie disfrutaba del sexo, a veces le gustaba duro, urgente, rápido... llegar con fuerza en medio de la locura y la premura... pero también le gustaba hacer uso de la paciencia y el tiempo... había todo un mundo por explorar que ella sabía podían llevarles aún más lejos en el placer y el éxtasis.

Cuando estuvo segura que la rubia había leído su mirada y sus intenciones, se separó y quedo en sus rodillas, una en medio de sus piernas y la otra por fuera. Se inclinó para dejar suavemente los brazos de la rubia hacia arriba sobre su cabeza y sin dejar de mirarla comenzó a acariciarla en recorridos largos... bajando por sus muñecas, antebrazos, axila, el costado de sus pechos, cintura, cadera, muslos y pantorrillas... sus manos se deslizaban en toques sutiles y delicados, alternando dedos, uñas y besos húmedos.

La morena estaba recorriendo cada centímetro del cuerpo de Arizona y la rubia sentía como su cuerpo empezaba hormiguear, por cada poro de su piel exudaba excitación y necesitaba tocar a Callie; pero en su intento sus brazos fueron obligados hacia arriba de nuevo.

Se mordió el labio y cerró los ojos con fuerza, estaba completamente excitada. La morena la estaba llevando a un mundo desconocido, un mundo nunca antes experimentado tan solo con toques y besos.

El sexo para la rubia era solo placer físico antes, que lo alcanzaba rápidamente; nunca dedico mucho tiempo a más, ni antes ni después del acto. Nunca se quejó, era bueno para ella de esa manera; pero esto era completamente distinto... era como si poco a poco iba acumulando más y más con cada caricia. Todo era absolutamente erótico y sensual, demasiado para contener. La manera en que Callie la tocaba, la miraba, le hablaba... todo era demasiado y ella estaba allí, a merced de la morena y su cuerpo ya no podía quedarse quieto.

Después de un tiempo creando una revolución en el cuerpo de la rubia, pero siempre evitando sus pechos y sus rincones más preciados, Callie comenzó a descender lentamente por el cuello dejando besos a su paso y jugando con su lengua para dejar rastros de humedad. Sus labios llegaron por primera vez a los pechos de la rubia, su lengua comenzó a trazar patrones alrededor y cuando hizo contacto con el pezón, sintió el endurecimiento bajo la punta de su lengua. Entonces lo atrapo en su boca, comenzó a chupar variando en intensidad, sin dejar su lengua quieta. Mientras sus dedos no dejaban de estimular el otro pecho.

Arizona podía sentir como si sus nervios estaban conectados, porque cada estimulación se replicaba como corrientes hasta a su bajo vientre. Sobre todo cuando Callie se dedicaba a su pecho derecho, era como si ese pecho estuviese conectado a través de algo invisible con su centro directamente; porque cada vez que Callie le estimulaba allí, sentía como si se descargaban corrientes directo a su sexo y era casi como tenerla entre sus piernas. No podía creer que la morena estaba descubriendo puntos de placer que ni ella misma sabía que tenía.

La rubia estaba totalmente perdida y entregada, nunca había sentido su cuerpo de esa manera. Todo lo que la morena hacia a ella era nuevo. Sus quejidos y gemidos era altos, su voz se hacía audible y su pelvis se movía a cada sensación que experimentada tratando de buscar fricción.

Callie sin de dejar la atención en los pechos de la rubia, comenzó a bajar una mano queriendo alcanzar aquel lugar donde solo ella tenía la libertad de explorar ahora. Bajando por el costado llego al hueso de la cadera y con su rodilla roso la sensibilidad de la rubia.

- Ah! - la boca de la rubia se abrió. Callie se hecho hacia atrás y le sonrió. Alejo su rodilla y sintió como la rubia quiso buscar la fricción desesperadamente.

- Paciencia amor - le dijo en voz suave y baja acercándose al oído. - veras que vale la pena... - mordió el lóbulo de la oreja y se volvió para mirar los ojos de la rubia, mientras su mano empezó a aventurarse por el costado de su cuerpo más abajo.

Callie no podía dejar de mirar cada expresión y reacción de su novia, mientras su mano seguía descendiendo. Se detuvo cuando llego a la altura de sus rodillas para ir hacia entre sus piernas... recorría arriba y abajo interiormente, sin tocar lo que tanto quería Arizona.

La rubia extendió una de sus piernas a un costado involuntariamente y Callie se sonrió, sabía lo que necesitaba Arizona.

Sé separó y se colocó de manera más cómoda entre las piernas de la rubia, siempre de rodillas; sus manos fueron por debajo de las piernas de la rubia y se las doblo, instándola a dejar las plantas en el colchón.

La morena recorrió con su mirada el cuerpo esplendoroso que tenía delante de ella. Ojos azules oscurecidos, labios rosa, cuello alargado, pechos firmes, abdomen plano, caderas marcadas y piernas delicadas. Sin inhibiciones, ni cohibiciones, su mirada fue a su pelvis, se detuvo y luego viajo más abajo; se mordió el labio cuando vio los brillos visibles de excitación que se presentaban delante de ella.

Sus manos bajaron y subieron por los muslos internos de la rubia, mientras dejaba pequeños besos y mordiscos en sus piernas. Cuando al fin sus dedos hicieron el primer contacto sintió la humedad y el calor que irradiaba de la rubia.

Arizona se estremeció. Todo comenzó suave, pero con cada toque extra, con cada movimiento diferente, con cada recorrido que hacían los hábiles dedos de Callie sus pulsaciones se acrecentaban y su humedad se escapaba. - No dejes de hacer eso... - la voz ronca por la excitación salía y su cuerpo se movía a un ritmo sensual. Una sonrisa se dibujaba en la cara de Callie, ver a la rubia de ese modo le estaba volviendo loca.

Callie estaba haciendo todo lo correcto y más. La respiración de Arizona se hacía cada vez más difícil. La morena con paciencia fue creando sensaciones cada vez más intensas, mientras alternaba movimientos rápidos con algunos más lentos. Arizona sabía que no necesitaba mucho más para dejarse ir porque Callie estaba estimulando cada punto de manera perfecta; pero quería más.

- Calliope... necesito...

La morena sabía que es lo que necesitaba, pero bajo la intensidad de sus atenciones sin dejarlas completamente. Arizona lo noto y sintió el desespero de su cuerpo. - No... No te detengas... - su voz salió apenas en un ruego y antes de que terminara de decir algo más, la morena sin previo aviso le penetro profundo con sus dedos y los dejo quietos.

- Ah! – la boca de la rubia se abrió, sus ojos se cerraron con fuerza y se mordió el labio acomodándose a la sensación. Callie espero unos segundos para el acomodo y luego comenzar a crear un ritmo, entraba y salía mientras que con su pulgar estimulaba aquel punto perfecto.

Callie le dio un beso en una de sus rodilla y le hablo.- Abre más las piernas. - ordeno y sin dejar de darle placer se acomodó de mejor modo entre las esbeltas y firmes piernas de Arizona para comenzar a acercarse, cuando estaba cerca con su otra mano extendió los pliegues de la rubia y su lengua fue directo a probarla.

- Oh dios mío! - la rubia levanto sus caderas y agarro el cabello de la morena. Ya estaba allí, cerca, en el límite.

Callie continúo con sus ministraciones expertas, dedos y lengua se combinaron para llevar al alta a la rubia. La morena podía sentir su propia excitación y su humedad haciendo estragos, pero sabía ya llegaría su tiempo.

El ritmo fue creciendo y Arizona se estaba perdiendo, su voz hacía eco en la inmensidad de la habitación. El sudor aparecía en su pecho, su espalda se arqueaba, sus manos firmemente agarraban ahora las sabanas, su cabeza iba hacia atrás. Una sensación electrificada se extendía por cada rincón de su cuerpo y sentía como su sangre se acumulaba en sus nervios expuestos anticipándose a lo que ya venía.

Callie disfrutaba de los movimientos de la rubia, podía sentir como sus paredes interiores se apretaban alrededor de sus dedos; entonces doblo su dedo anular dentro de sus músculos para tocar el nervio que hizo convulsionar a la rubia.

- Oh Mierda! - la rubia no podía pensar, su razón se estaba evaporando... ¿Qué le estaba haciendo Callie? - Callio... Calliope... - su pensamiento se nublo.

Una fuerza abrazadora tomo control de cada fibra de su cuerpo y de su mente. Su cabeza bombeaba fuertemente, su rostro completamente enrojecido y su corazón explotaría en cualquier momento.

Pronto el ritmo ya no pudo ser controlado y se dejó ir, espasmos y contracciones involuntarias podía sentirse arrasar con cada parte en su bajo vientre. Se entregó a cada sensación poderosa y avasalladora que tomaba control de su cuerpo. Sus ojos se cerraron con fuerza, palabras incongruentes salían de su boca.

El vértigo de sus sensaciones y emociones, le sobrepasaban y arrasaban; sus movimientos eran frenéticos, ya no tenía control sobre sí misma. Hasta que llego y exploto, sintió como si el colchón de un momento a otro desapareció de bajo de su cuerpo; era como si iba cayendo en picada al precipicio más dulce jamás conocido. Llego al orgasmo más poderoso que jamás había tenido, apretó sus piernas fuertemente alrededor de la cabeza de Callie y se presionó sin contemplaciones a la boca de la morena... sus movimientos se aferraban a las ultimas sensaciones.

Callie comenzó a ceder, a ralentizar a medida que vio a la rubia ir bajando. Se separó quedando en sus rodillas pero antes de sacar sus dedos de Arizona... con malicia volvió a doblar su dedo anular y junto a eso presiono aquel nervio expuesto ultra sensible por las actividades realizadas.

- Ah! - dolor fue lo primero que sintió la rubia, pero acompañado del placer casi enfermizo que la reactivo y le hizo empujar sus caderas. La morena se sonrió, adoraba lo que veía y lo que estaba provocando. - Mierda santa! - El placer de Arizona se re-intensifico, su cuerpo tuvo vida propia a pesar del dolor; porque el placer que le provoco fue una locura y una bendita tortura.

Su mundo colapso, se entregó y cayó al precipicio del placer entregado por Callie. Su cabeza se apagó y su cuerpo se derrumbó, su humedad se derramo como nunca antes en su vida. Su pecho subía y bajaba, sus oídos zumbaban fuertemente, el corazón no dejaba de saltar a mil por hora y el oxígeno parecía faltarle.

Callie se detuvo, sus dedos aún estaban atrapados y podía sentir las paredes de la rubia pulsando todavía. Suavemente fue deslizándolos hacia afuera y paso su lengua suavemente antes de alejarse.

Se enderezo completamente entre las piernas de la rubia y miro a la mujer que amaba completamente extasiada, perdida y abandonada.

Arizona sintió el vació y la lengua suave, pero no podía hablar, no podía abrir los ojos. No podía reaccionar, trataba de controlar su respiración y nivelarla, pero parecía misión imposible.

Después de un momento, que pareció una eternidad, poco a poco fue abriendo los ojos y allí le esperaban unos marrones con total intensidad. Su cerebro estaba absolutamente apagado, no había palabras para explicar lo que había sentido. Su cuerpo aun lo sentía hormigueando por cada rincón, la morena había sacudido su mundo.

Callie sonrió, mientras Arizona intentaba volver a la tierra. - ¿Estas bien? - la morena miro a la rubia y esta solo pudo asentir.

En un movimiento Callie se arrastró hacia un lado de la rubia, se colocó de medio lado y apoyo su cabeza en la mano esperando a que la rubia pudiera abrir los ojos. Arizona sintió la mirada de su novia, volteo su cabeza y finalmente abrió los ojos para hacer contacto con los de Callie.

La morena la miro intensamente, se llevó los dedos a la boca y los lamió. Arizona, aún en medio de la bruma post orgásmica, se colocó de lado, enredo sus piernas, agarro el rostro de la morena y la beso. Cuando probo su propio sabor, no pudo dejar de moverse contra la pierna de Callie... seguía encendida, el calor no se había mudado y podía ir de nuevo con esta mujer, una y otra vez esta noche, sin importar si su vida se iba en el ello.

La morena se dio cuenta y sonrió, le encantaba sentir así a la rubia. Su mano se aventuró entre ellas nuevamente, pero Arizona con mucho esfuerzo agarro su muñeca. - Mierda. - se apretó tanto como pudo a Callie, sin ningún tipo de movimiento; estaba rígida tratando de contenerse.

- No... - Callie se río.

- Estas segura, tu cuerpo dice otra cosa - la morena lo dijo susurrando y la rubia asintió con desespero. Callie estaba en absoluta necesidad de atención; pero si el cuerpo de rubia estaba listo de nuevo, ella la complacería.

Habían pasado solo unos minutos y la rubia no podía entender que le pasaba a su cuerpo. Sentía todo adolorido, pero aun así completamente sensible a cualquier estimulación.

- Es tu turno. - se mordió los labios - Yo podría seguir... y siento que puedo... aun cuando todo duele, aun quiero... diablos! no sé lo que me hiciste a mí... - la morena mueve su pierna suavemente con una sonrisa maliciosa. - Demonios!... - hizo una pausa y trago grueso - quiero hacerte sentir tan bien como me has hecho sentir tú, quiero dedicarme solo a ti... - respiro pesado, se estaba haciendo difícil concentrarse. - pero dame unos minutos por favor y deja de...

Callie detuvo sus palabras con un beso, le encantaba como Arizona se preocupara por ella de igual manera, pero verla así deshaciéndose; le provocaba más.

Se separaron y la morena se acercó a su oído. Lo beso, jugo con su lengua allí un momento, chupo y soplo... un escalofrió recorrió todo el cuerpo de la rubia; definitivamente estaba encendida y no había forma de apagar el fuego. - Podemos hacerlo juntas – le dijo Callie y se movió en su contra. - También me gusta así, créeme... - se sonrió, mordió su labio ante los ojos de la rubia y volvió a moverse en su contra, Arizona cerro los ojos. - Tendremos toda la noche para más... - se sonrió.

La rubia asintió e instintivamente abrió más sus piernas para darle espacio al acomodo a la morena. Callie se acomodó uniendo sus centros y humedad, sus cuerpos se movieron sincronizadamente; suave en principio pero dando paso poco a poco a más.

Arizona puso las manos en las caderas de Callie y la morena al lado de la cabeza de la rubia apoyando su peso para no aplastarla. Sus pechos rebotan cerca de la cara de Arizona y esta no pudo evitar atraparlos en su boca. Lamiendo, succionando y mordiendo, creando placeres inigualables en la morena.

Callie estaba muy lista después de llevar a la rubia a su alta, todo aquello la tenía al borde; no necesitaba de mucho, pero aun así estaba dándole más larga al momento. Sentía las manos de Arizona recorrer su cuerpo, apretaba su trasero fuertemente y la presionaba aún más a ella.

Gemidos y quejidos se enfrentaba, era el preludio a su final.

Aceleración, presión, desaceleración, control y vuelta... rostros enrojecidos, respiraciones incontroladas... un ciclo que alternan para extender el máximo las sensaciones. Pero lo inminente se acercaba... calor, humedad, sangre bombeando con fuerza, corrientes recorriendo cada milímetro de sus cuerpos que les elevan a una sensación sublime.

Las palabras de Callie irrumpen, su respiración es errática y sus movimientos no paran. Su cuerpo va a explotar, deja caer su frente en el hombro de la rubia, muerde sus labios y abre su boca. - Ah! - le siguen gruñidos y quejidos. Muerde el hombro de la rubia, se presiona contra ella en varios golpes fuertes e irregulares. - Oh! - levanta su frente y extiende su cuello hacia atrás, el sudor en su pecho brilla.

Arizona sigue el ritmo, ellas van al unísono y están allí; en el borde. Explosión de mil sensaciones distintas invaden sus cuerpos. Llegan, una detrás de la otra. Se presionan fuertemente una a la otra queriendo exprimir al máximo cada gota de placer. La liberación llego estruendosamente y viene el abandono de sus cuerpos.

Respiraciones enganchadas, no se mueven de su posición, intentan recuperar el aliento que parece suspendido en el espacio. Sus cuerpos ya no se mueven, pero están presionados firmemente... humedad mezclada y calor abrazador... sus frentes caen una contra otra... sus respiraciones se mezclan, sus labios se enredan suavemente y se separan. Se miran.

- Te amo. - la morena lo declara.

- Yo también te amo. - Un beso suave.

Callie se remueve lentamente del cuerpo de la rubia y se coloca a su lado de espalda mirando el cielo. Solo unos segundos pasan y Arizona se acerca por el costado, se abraza a su cintura y coloca su cabeza en el pecho de la morena.

Sus respiraciones luchan por normalizarse y después de un momento de silencio, las palabras vuelven a hacerse presente.

- Fue maravilloso - la rubia habla – realmente increíble... en mi vida había experimentado nada igual. - la morena besa su frente.

- Eso sucede cuando haces el amor. - la morena acomoda el pelo de la rubia. - para mí también fue maravilloso.

- Eres realmente increíble... solo dame unos minutos y me dedicare a ti... - Callie se ríe.

- Todo lo que necesito ya lo tengo... pero no me opondré si quieres darme más - su sonrisa es amplia, Arizona se separa un poco y le mira.

- Hey! También puedo romper tu mundo Calliope. - le hace un guiño y besa sus labios. - solo dame unos minutos a que me recupere de lo que acabas de hacer a mí; que por cierto... wow!... - la morena la mira sensualmente.

- No tienes idea de lo que puedo hacer a ti... esto es solo el comienzo. - Arizona sonrió ante insinuación, el calor estaba regresando o ¿nunca se ha ido?

- No me caben dudas, pero antes te mostrare hasta donde te puedo llevar yo. - la rubia le dio una mirada oscura llena de intenciones y arremetió en los labios de la morena, pero esta vez con la intención de dedicarse completamente a ella; no podía esperar más.

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Creo que ya estamos casi al final y realmente espero hayan disfrutado la lectura. Escribí dejando que las cosas fluyeran, pero aun así, no quisiera que esto haya salido morboso o de mal gusto porque no es lo que hago, lo que busco o lo quisiera que fuera. Así es que si sonó de ese modo mis disculpas.

No olviden que sus comentarios son los que me animan y me impulsan, los que me hacen mejorar y saber si voy por buen camino. Realmente quiero saber lo que piensan, así es que espero sus opiniones.

Hasta el próximo!