The Lonely Mountain

Copyright

El fanfiction "The Lonely Mountain" con todos y cada uno de sus capítulos está escrito única y enteramente por mí, "Jules in Neverland". Cualquier traducción o copia será sin mi consentimiento, y por tanto, será perseguida y no pararé hasta que quede correctamente denunciada y baneada. Nunca está bien ir por ahí copiando o traduciendo fics ajenos, sobretodo sin permiso, y es algo ilegal y denunciable por copyright.

A su vez, este fic está basado en la película de Disney "Frozen" cuyos derechos pertenecen exclusivamente a Disney y el resto de sus productores. Este fic está escrito sin ningún ánimo de lucro, y sólo utiliza de Frozen los personajes originales de la película con sus nombres y las localizaciones originales de la película. La trama y el resto de personajes y localizaciones inventadas están creadas por mí sin copia de ninguna parte y cualquier parecido con alguna otra cosa de otros sitios es meramente casual.

Atte. Jules

ANOTACIONES DEL CAPÍTULO: Así que aquí está el final. Nos seguiremos leyendo, ha sido un gran placer escribir para vosotros. Me alegro inmensamente de haber tenido ese gusto, y de haberme podido enamorar de esta historia y estos personajes. Un gran abrazo. Jules. (El siguiente será ya el epílogo)

IN MEMORIAN PJNSR.

Capítulo 24:

Pasaron las semanas y con ellos los meses, y no muchas cosas cambiaron en Arendelle. Anna estaba entrando en la biblioteca donde Elsa estaba leyendo, un bonito y caluroso día, en el que todos estaban aprovechando el buen tiempo para hacer cosas divertidas, y Anna sólo quería hablar con la reina de Arendelle, que por cierto es también su hermana mayor, un rato, de mujer a mujer. Pero eso no impidió que Elsa se sorprendiera un poco al verla entrar en la sala, y la miró con una pequeña sonrisa, sabiendo que si entraba ahí era para pedirle algo.

—Puedes salir por ahí con tu marido sin tenérmelo que pedir cada vez An...

—No, no es eso —interrumpió Anna con una risita nerviosa antes de permitirle a su hermana si quiera terminar la frase—. Es sólo que... bueno, tú tienes... cada mes tú...

—¿Yo qué? —Elsa dejó el libro que estaba leyendo en ese momento aún lado de la mesa para prestarle completa atención a su hermana pequeña, y la contempló alzando las cejas mientras la pelirroja se sentaba en un sillón frente a ella—. Anna...

—De acuerdo —Anna respiró hondo y juntó las manos mirándola seriamente—. Tú tienes la regla.

Elsa rió a carcajadas y cuando se recuperaba fue a sentarse junto a su hermana, asintiendo.

—Yo soy una mujer, por supuesto que la tengo, ahora mismo no si es lo que quieres decir. ¿Necesitas ayuda con eso o... algo? —Elsa le sonrió tomándole la mano.

—No, no. Es sólo que... creo que algo está mal conmigo, ¿sabes?

—¿Por? Yo te veo perfectamente sana.

—Elsa, cielo, voy a contarte algo, ¿vale? Pero no puedes bajo ningún concepto, ni siquiera en situaciones de vida o muerte, contarle nada a nadie. Se queda entre tú y yo.

—Está bien, te doy mi palabra. Vamos, Anna, estás empezando a asustarme.

—Acerca tu oído...

Kristoff y Finn caminaban entre risas y bromas hacia el interior del castillo, pasando por los pasillos después de haber estado enredando y echando el rato en el barco del moreno.

—Príncipe Kristoff —un criado se acercó a paso apresurado a ellos, que pararon en seco mirándole con curiosidad—. La Princesa Anna quiere verle lo antes posible. Dice que tiene que hablar con usted urgentemente.

—Oh... —Kristoff y Finn intercambiaron miradas de curiosidad—. En ese caso, no le haré esperar.

—Vamos, te acompaño, así veré a Elsa —Finn sonrió de oreja a oreja y se encaminaron escaleras arriba rápidamente. Ambas mujeres les esperaban en una de las salas del palacio, sentadas en un sofá, charlando.

—¡Hey! —Elsa se levantó alegremente, le revolvió el pelo a Kristoff, y besó a Finn, tomándole de la mano—. Cariño, ven, quiero estar un rato contigo a solas...

—Claro —Finn sonrió y ambos salieron.

Kristoff besó a Anna sentándose a su lado.

—Bueno —Kristoff sonrió—. ¿Querías algo?

—Sí, hablar contigo un rato —Anna le acarició la mejilla con dulzura.

—¿He hecho algo malo? —Kristoff la miró alzando las cejas, preocupado.

—Oh, no, has hecho algo muy bueno —Anna sonrió— el caso es que no me encontraba muy bien, así que fui al médico de palacio y...

—¿Y?

—¡Estoy embarazada! Bueno, hay muchas posibilidades de que lo esté, todo apuntaba a eso...

Kristoff la miró abriendo mucho los ojos y la besó.

—¡Eso es genial! —el rubio la abrazó con fuerza y Anna rió—. Oh, Anna, me habías preocupado... ¡estoy tan contento!

—Sí, Elsa ha ido a decírselo a Finn, verás la cara que van a poner todos cuando se enteren —Anna rió y le miró unos segundos en adoración—. Nuestro primer hijo...

Kristofff sonrió mirándola y la besó.

9 MESES Y MEDIO DESPUÉS

El pueblo de Arendelle estaba de fiesta. El tercero en la línea de sucesión al trono había nacido poco antes y aquél día, sería presentado al pueblo, por lo que todas las casas y locales estaban decorados llenos de colores, los ciudadanos, con sus mejores galas, y todos se agolpaban a las puertas del castillo buscando los mejores sitios, incluyendo miembros de la realeza de países vecinos.

—¿Lista? —Kristoff miró a su mujer sonriendo.

—Oh, yo sí pero... —ambos bajaron la mirada hacia la reina que le ponía caras y le hacía ruiditos a un bebé en una cura—. Elsa, es hora...

—Sólo un momentito más —Elsa rió haciéndole cosquillas al bebé, Finn sonreía contemplándolos enternecido—. ¡Oh, es tan lindo! ¡Mira la nariz Anna! ¿Has visto esa naricita? ¿Y esos pies? ¿Y...?

—Elsa, soy su madre, sé que es la cosita más perfecta de Arendelle —Anna sonrió y cogió a su hijo en brazos, dándole un beso en los pocos mechones rubios que tenía—. ¿Vamos?

Caminaron por un corto pasillo hasta llegar a un gran salón, lleno de gente, donde en una zona más elevada, les esperaban los tronos.

—Bueno Arendelle —Elsa sonrió mirando la sala abarrotada de gente, que los miraba expectantes llenos de curiosidad—. Os presento a mi sobrino, el Príncipe Nikolaus Piettersen Bjorgam de Arendendelle. Princesa Anna...

Anna sonrió y levantó al niño, de tres semanas de edad, en el aire, y todos aplaudieron. Era un niño regordete, rosado, con grandes ojos oscuros y unos mechones rubios, y rostro amable.