Bueno, como el nombre del chap lo adelata... este es el último capi. Espero que lo hayan disfrutado. Muchísimas gracias por los reviews. Para los que se preguntan si, por el final, tedrá o no un epílogo, desde ya aviso que no habrá más extensión. Creo que este fic se extendió un poco más de la cuenta, casi tomó vida propia, las cosas surgían solas jaja... Me parece que no da ya para un epílogo. No obstante, sólo para que sepan, por si la próxima vez que escribo algo encuentran cierta similitud, les cuento que, a raíz de una escena del final de este capítulo, me surgió una idea para un nuevo fic,aunque naturalmente más corto. Casi diría un one-shot extendido. Quizás cuando lo empiecen a leer (si es que les interesa xD) les va a resultar familiar, pero solo por eso... Creo que se va a llamar INCONSCIENTE, o algo referido.

Espero que lo disfruten. HASTA LA PROXIMA.
Besos.. CECI

Capítulo 25: EL FIN

¿La verdad? ¿Y qué era, en términos técnicos, la verdad? Si para él, la única verdad latente era que la amaba y que haría cualquier cosa por conservarla a su lado. Y para ella, la verdad única, era que, no importaba lo que sentía por él, no importaba lo que significara perderlo nuevamente; si él se había acostado con ella, ya nada sería igual. No, no importaba perderlo otra vez. Ya lo había perdido hace nueve años. Lo había vuelto a perder hacía una semana. Podía perderlo una tercera vez y ser infeliz por el resto de su vida... sí, podía. Podía sin ningún inconveniente. Excepto quizás, precisamente ese, el de SER INFELIZ POR EL RESTO DE SU VIDA.

Harry sopesó internamente ambas posibilidades. Se imaginó siendo un traidor, un infeliz y un sinverguenza, y diciéndole que eso jamás había sucedido. Que era invención de su maquiavela imaginación y que, aunque seguía dolido por lo de la semana anterior, la amaba con locura y la quería a su lado. O... ¡O...! Podía ser el valiente hombre que siempre aparentó ser, ponerse en la piel del responsable y digno caballero, y asumir la responsabilidad de sus actos. Aseverarle que él mismo había ido a hablar con Vivian y ella le había rectificado la veracidad de dichos actos. Entonces agregaría que, aunque seguía impresionado por lo de la semana anterior, la amaba con locura y la quería a su lado. Dependiendo de la ruta que tomaran los acontesimientos, se sentiría dolido (para no levantar sospecha) o impresionado (para explicar la pequeña incomodidad que seguía sintiendo a su lado).

En cualquiera de los casos, ella, conociéndola como la conocía, se alejaría de su lado. Adiós mundo maravilloso al lado de Ginny. Adiós mundo magnífico en el cual, Harry Potter, encabeza una bella familia. Y no... no era capaz de dejar eso de lado. No podía renunciar a semejante futuro. Pero, si le mentía como sugirió Vivian, sus actos y su propia torpeza lo denunciarían. Era incapaz de mantener un secreto tan alto y grave, durante tanto tiempo. Y en dicho caso, la pérdida sería aún mayor.

-¡Demonios!- pensó- Ahora sí estás frito, Potter.

Ginny continuó mirándolo, esperando alguna reacción, por mínima que fuera. En su interior ansiaba que toda esa locura no fuera mas que eso, y que ella misma pudiera culpar a su propia falta de confianza. Lo veía en sus ojos... aquello no era cierto. Él no podría haber sido capaz de semejante acto.

-Harry, ¿Te acostaste con ella?- preguntó nuevamente, pero concientemente más tranquila, como sabiendo qué respuesta seguiría a continuación. Harry se detuvo unos instantes más.

-No...- dijo. Y vio la cara de Ginny, mitad tranquila, mitad ilusionada. No obstante ella alzó una ceja, como si algo de todo eso le continuara haciendo ruido- No...- repitió- bueno, en realidad... eso no es del todo cierto.

-¿cómo es eso?- comenzó a impacientarse.

-Que... no es un 'No' rotundo.

-¡Harry!- se exasperó.

-Bueno, ¡SI!- soltó, más apricionado por su conciencia que por la pelirroja- Si, técnicamente sí me acosté con ella...- soltó avergonzado, y agregó con rapidez- ¡pero en realidad no! No recuerdo nada del hecho, ni siquiera la busqué concientemente.

-No puedo creerlo...- se levantó atormentada- debía suponerlo, ¡Debía suponerlo! ¿Por qué me enceguecí tanto?- se culpaba.

-Porque me amas- le contestó parándose él también- Y porque sabes que yo te amo... Porque querías que todo siguiera como hasta ahora... por lo mismo que yo dije que no. Pero no puedo mentirte. Sería más fácil para mí engañarte, decirte que jamás pasó nada y que te amo y que ya no estoy dolido contigo. Todo eso es mentira- ella se volteó a mirarlo directamente- en lugar de eso, necesito serte sincero... NECESITO decirte que te amo, que fue un error y que ni siquiera me acuerdo. Necesito decirte que fuiste una estúpida por escribir esa agenda, y yo un idiota por creerte. Pero yo también fui un idiota por engañarte y quebrar tu confianza. Creo que a los dos nos gustaría cambiar algunas cosas y... sin embargo, los dos nos dimos cuenta que, una vez pisado el pantano, sólo resta hundir el resto del cuerpo...-se miraron intensamente durante varios segundos- ¡Dios es testigo de cuánto te amo!- ella no respondió, lo cual lo molestó más- ¡Por Dios, si quiero casarme contigo! Has sido la única mujer en mi vida.

-Eso no es verdad...

-La única que me ha importado- continuó inmutable- la única que he sentido mía. Me importa un cuerno un par de copas y resaca, jamás recordaría eso ni me interesaría hacerlo. Los únicos recuerdos que me interesan son los tuyos, los míos...

-Esto no está bien- sollozó ella.

-No, claro que no. Pero ya lo arreglaremos- se acercó para abrazarla. Ella se alejó.

-No. Esto no está bien- recalcó- No quiero esto... No quiero que nos hiramos mutuamente. No quiero más ojo por ojo.

-Esto no fue fruto de un ojo por ojo.

-Tú fuiste con ella porque estabas enojado conmigo... querías darme una lección.

-¡Quería no sentirme miserable!- le corrigió.

-¿Acostándote con ella?

-Pensando con claridad... Quería otra perspectiva.

-Bonita perspectiva te ha dado- dijo con sarcasmo- mejor me voy, esto no nos lleva a ningún lado- dijo y comenzó a caminar hacia la puerta, tomó su saco del respaldo de la silla, y apoyó la mano en la aldaba de la puerta.

-Sabes que el problema no es que me haya acostado con otra mujer...- dijo seriamente, lo cual la detuvo a ella en seco. Se quedó de espaldas a él, oyendo atentamente. Él comenzó a caminar lentamente en su dirección, como acusándola- sabes que no es ése tu problema.

-¿Ah no?- se dio vuelta- ¿Y qué sabes tú de mis problemas?

-Tú problema es que amabas la idea de que yo no conociera sexo que no te inmvolucre- se acercó a ella, acorralándola. En su rostro había una mezcla de seducción detectivezca, acusación judicial y erotismo adolescente- Amabas la idea de ser el único historial femenino en mi vida. El único roce erógeno en ella- hablaba pausadamente, como preso de un transe altamente atractivo y desorbitante. Ese transe que lo atravesaba a él, se transmitía en el movimiento del aire que producían sus palabras, y que acariciaba tiernamente el rostro de ella. Sus párpados amenazaban con perder tensión, y sus rodillas flaqueaban al entender que estaban a un centímetro del roce perfecto. No obstante, su mente la presionaba para que lo detuviera, para que callara todo ese absurdo que brotaba de sus labios- Es tu ego, tu envidia femenina, lo que te impide perdonar- se acercó inadvertidamente hasta su oído para susurrarle- tu carácter caprichoso nos separa, Ginny, ¿no lo ves?- ahora, su voz, sonaba más calmada, comprensiva pero no menos seductora.

¿La estaba seduciendo? ¿Pretendía lograr que ella se hiciera la tonta sólo por un par de roces bonitos? Ella pareció volver en sí. Se separó completamente de él, pegando brúscamente su espalda a la puerta y mirándolo con enojo.

-¿Mi culpa? Yo estaba contenta... ¡Yo era feliz!

-¡Y yo también!- se quejó él, volviendo a su postura normal, de chico inocente.

-Si, con dos mujeres a tu disposición, ¿quién no lo sería?

-Estás sacando las cosas de contexto, Gin... yo no lo busqué.

-No, sólo tocaste su puerta.

-¡Basta!- golpeó la puerta, a su lado- Esto no va a ningún lado... necesitamos escucharnos.

-No quiero escucharte.

-¡Yo sí!

-¡Pues escucha el portazo, porque yo me largo!- se escapó de su estilo de prisión, abrió la puerta y se fue, azotándola tras ella.

-¡Maldición, Ginny!- golpeó la puerta tras ella.


Ginny se encerró en su cuarto. Por alguna razón, aquel hecho la hizo sentir niña de nuevo. Aquellas paredes coloreadas paupérrimamente de rosado, volvían a ser su refugio luego de tantos años. En ellas guardaba nuevamente sus pensamientos y dolor. Y, como entonces... el causante de ellos era sólo uno.

Se acostó en su cama y casi se dejó aplastar por sus pensamientos. Aunque, pensándolo mejor, a veces era mejor no pensar. Quería dormir. Si antes, por una simple duda, no había podido lograrlo; ahora, con semejante certeza sería imposible incluso cerrar los ojos. Sólo olvidarse de todo. Pero, ¿con qué propósito?. Si dormía, sus problemas no se irían con el sueño. El hombre de su vida la había dejado de lado, había corrido a los brazos de otra mujer, y ahora... ahora quería volver a los suyos de nuevo. ¿Y por qué ell no podía tolerar la idea de que él hubiera estado con otra? Más allá de que lo amaba y lo lógico era sentir cierta posesión hacia el otro. Pero, si se hablaba con la verdad, él jamás había hablado d exclusividad, de hecho, hasta el último momento, él pensó que elegiría a otro. A Nicco más específicamente.

Le rogó al cielo que el sueño se adueñara de ella y aquietara su mente. Respiró profundo un par de veces, y luego cerró los ojos justo antes de que las lágrimas comenzaran a brotar nuevamente.


Ginny abrió los ojos. Estaba desnuedam en su cama, cubierta con la frazada, y acobijada por un par de brazos algo familiares. Siguió con la vista el recorrido del brazo, también desnudo, hasta que dio con el rostro del hombre.

-¿Qué haces aquí?- le preguntó extrañada.

Él, que tenía los ojos levemente cerrados, los abrió para mirarla algo extrañada.

-Tú me llamaste ¿Lo recuerdas?- sonrió adormilado.

-Si.

-Y te pedí venir a verte.

-Si.

-Pues... aquí estoy- sonrió encantador- Ginny- la abrazó con nostalgia- cuánto extrañaba lo simple de estar a tu lado.

-Pero... ¡discutimos!- se separó aún sin entender.

-¿Cuándo?

-Esta noche. Te acostaste con otra.

-Si... pero lo hablamos- él se separó para analizarla, preocupado- me dijiste que lo entendías...¿recuerdas?

-¡Jamás dije eso!

-Pero si tú me llamaste para eso. Luego vine y...- miró sus cuerpos desnudos- bueno, todo lo demás.

-Harry es una tontería lo que me dices.

-Pues entonces has actuado como una tonta...

-¿Perdón?

-Que estamos aquí gracias a ti... y yo te lo agradezco. Si tú no lo deseas entonces...


Ginny despertó con unas suaves pisadas de alguien que intentaba salir sigilosamente de su cuarto.

-¿A dónde crees que vas?- le preguntó a la sombra que llegaba a distinguirse tomando la manija de la puerta. Él se detuvo- Harry déjate de pavadas. Ya sé que intentaste usar mi hechizo.

Harry se dio vuelta y la miró apenado.

-Dios, mira a lo que hemos llegado- rió apenas.

Él no parecía entender sus reacciones. Precavidamente, dejó en el suelo las ropas que no había llegado a ponerse y traía en la mano.

-Ven, acuéstate... hablemos ahora más tranquilos- le hizo una seña sobre el colchón mientras se hacía a un lado para dejarle un espacio a él. Ella seguía desnuda, sin saber cómo había logrado él para sacarle las ropas sin que ella despertara.

Harry se acercó con cautela. Ahora llegaba a distinguirle las facciones, y parecía realmente compungido. Vestía sólo sus pantalones y las medias. Se acomodó a su lado, acurrucándose en las sábanas.

-Lo siento- dijo- fue una estupidez. Debí saber que te darías cuenta.

-Ya está.

-Tenía que intentarlo Ginny. No sé qué más hacer para no perderte.

-Creo que... teniéndome la paciencia que me tuviste, ya está.

-No entiendo.

-Harry... No quiero seguir así. Sé que en tu casa dije muchas cosas sobre nosotros y el hecho de no poder tolerar ese desliz tuyo. Pero... a fin de cuentas, el hecho de que te emborracharas y eso pasara, fue mi culpa. Fue mi estupidez. No lo quise, jamás deseé hacer algo que nos perjudicara a ambos, pero fue más fuerte que yo. Y antes de dormirme, pensándolo un poco, me di cuenta de que, tenías razón. Todo esto es una excusa para no confesar que lo que me hiere, es no haber sido la única en tu vida.

-Ginny, no recuerdo nada... No recuerdo ningún momento posterior al alcohol, no exagero. Técnicamente, sigues siendo la única en mi vida. Y, ¡Dios!, aunque no lo fueras, cómo hago para explicarte que eres la única en mi corazón... creo que es un lugar más privilegiado, ¿tú que dices?- ella le sonrió pero no contestó- Ginny, antes que Vivian, dejé a Rooney por ti. Y sólo tú llegaste a saber profundaente lo que él significaba para mí. Creo que ese fue un lazo más significativo. No abandoné nada físico cuando lo dejé a él... abandoné lo que consideraba una parte de mi corazón. Sólo para enfocarlo en ti, en tu amor, en nosotros. En esto que amo.

-Y lo sé. Sólo que recién ahora lo entiendo- lo abrazó- Jamás quise separarme de ti. Ni por un momento. Y cuando te fuiste ese día, por descubrir esa endemoniada agenda yo... pensé que me moría.

-Lo mismo sentí al verte huír de mí, anoche. Tenía tantas cosas que explicarte.

-No, Harry, tú no tienes nada que explicarme. De ahora en más... no tendrás que explicarme nada, siempre y cuando tu amor siga como cuando eramos niños, intacto.

-¿Intacto? Ginny, yo te amo más que cuando fuimos niños. Entonces no entendía del amor, ni de lo que significabas. ¿Entiendes que lo que más deseo en la vida, es que tu tengas mi hijo? Eso es algo que antes no hubiera tolerado... No, intacto no... Engrandecido... Auténtico, si lo prefieres. ¡Genuino!, pero jamás intacto.

-Te amo, Harry. Y puede que te suene cursi o incierto, pero creo que no he dejado de amarte desde que me dejaste hace tantos años atrás.

Él acarició su mejlla, y acercó su rostro lentamente hasta que sus labios lo llenaran de aquel éxtasis que lo atrapaba con frecuencia, cuando la besaba. El beso se extendió tanto tiempo que ambos parecieron dejarse consumir por él. Entregaron sus existencias al otro en aquel beso.

FIN.