Believe
La esperanza no es lo último que se pierde. Siempre hay más, mucho más…
Incluso cuando toda la tensión había acabado, por alguna razón, el sonido de aquella ametralladora "anónima" seguía en mi cabeza, y ahora estaba resonando con absoluta claridad, como si estuviera junto a mí, disparando constantemente contra algún monstruo de esta ciudad.
Incluso podía sentirla. Sí… la sentía vibrando entre mis manos, el dedo apretado contra el gatillo y las balas volando hacia una aberración que apenas podía distinguir frente a mis ojos. Parte debido a la nubosidad de mi vista y parte porque había algo, un visor o creo que era todo un casco, disminuyendo la amplitud visual que se me presentaba.
En parte… si lo que yo no tenia en frente era lo que pensaba, creo que debería estar agradecido. No era algo que deseara tener que ver… otra vez… aunque sabia que tendría que hacerlo tarde o temprano.
Una pelea se estaba llevando a cabo, eso lo tenia claro, pero no que estaba pasando exactamente y como estaban planteadas las circunstancias. Traté de concéntrame para lograr figurar la situación, pero aunque esta ya era la… ¿Quinta? ¿Octava vez? De cualquier forma, todavía era muy nuevo como para que yo pudiera comprenderlo y tratar de manipularlo, si es que había alguna forma de hacer tal cosa.
Así como había ocurrido antes, las sensaciones ajenas se me volvían propias, y más allá de las sensaciones… creo que podía captar las emociones, al menos que estas fueran solo mías ante la confusión, llegando así a conocer una que jamás había sentir: Una diferente clase de miedo, un miedo que se sentía… "metálico", frío y controlado, casi anulado por su portador, quien no le permitiría que este tomara control sobre sus actos. También… creo que había un considerable rechazo hacia estas emociones.
Vagamente podía seguirle el ritmo a lo que estaba pasando… porque cuando lo noté, la "batalla" ya no estaba ocurriendo, sino que había sido reemplazada por una persecución, la cual contemplaba desde el lado persecutor, y fue el ver a las "perseguidas" lo que llevó mi concentración, o lo que sea que me estaba manteniendo en este trance, al olvido total. No sabia porque era ella, no sabia que hacia ahí, sea donde fuera, y no podía ni imaginar el porque estaba sola, pero aquella chica que estaba huyendo era definitivamente Beverly, cargando a una inconsciente Sherry entre sus brazos mientras huía de quien sabe quien… o "que".
Una escapada por un corredor, un momento de duda, y luego la aparición de nadie menos que Ada Wong, precisamente frente a mis ojos y con la escopeta entre sus manos apuntándome.
El sonido del terrible estruendo fue lo último que pude sentir antes de finalmente abrir mis propios ojos en medio del shock. Donde desperté, recostado en el asiento trasero del vehículo policial en el cual escapamos, no me desconcertó en lo mas mínimo. Era el saber lo que estaba pasando en el departamento que habíamos abandonado lo que me tenia realmente preocupado.
– Ya la empeoré… demasiado. – Pensé para mis adentros…
Si bien no tenía ni idea de quien era la persona por cuyos ojos estuve viendo a través hasta hace uno segundos, no necesitaba saberlo para entender que prácticamente nada estaba en su lugar. A estas alturas, mi existencia en este mundo ya había provocado demasiados cambios, y los efectos y consecuencias de estos ya estaban fuera de mi control. Habiendo llegado ya a este punto, difícilmente podría quedar algo que yo pudiera predecir o algún evento que pudiera anticipar para prevenir cualquier clase de infortunio. Sin lugar a dudas… ya había perdido lo que probablemente era la razón principal de que yo todavía estuviera vivo. Todos los eventos desde que tuve aquel "infarto" por primera vez, e incluso algunos eventos anteriores, me estaban indicando lo mismo. Los sucesos ocurrían sin que yo pudiera tener ningún control o conocimiento sobre estos, llevándome a tener mas y mas sorpresas, a las cuales supongo que debía empezar a acostumbrarme. En conclusión: Las cosas iban de mal en peor.
Y como si el terror que eso causaba no era suficiente, lo único que me quedaba para acompañarlo era la depresión. ¿Por qué? Por despertar… despertar una vez mas, una maldita vez mas, en medio de esta pesadilla. Sin importar cuanto quisiera asimilarlo, todavía tenia la esperanza de estar equivocado, de que el destino me diera una placentera sorpresa y me hiciera despertar de regreso en mi vida cotidiana, la cual me fue arrebatada sin siquiera consultarme. Sí, lo sé: Tenia que asimilar esta realidad como la mía propia si es que quería sobrevivirla… pero dejar morir la esperanza de "regresar" era algo que simplemente no podía lograr. Después de todo… no era solamente esta pesadilla, no era solo esta ciudad llena de monstruos. Esto era otro mundo, otra dimensión o realidad, como quieran llamarlo, a la que yo era totalmente ajeno, en la que yo jamás había nacido… ¿Qué se supone que podría hacer yo aquí, incluso si sobrevivía a este infierno? ¿Tener una vida normal? Aun así… jamás podría dejar de soñar con volver a mi antigua vida, donde estaba todo lo que yo conocía: Mi familia, mis amigos y mi historia. Renunciar a la esperanza de volver significaría renunciar a todo lo que había hecho de mí la persona que soy hoy.
Pero tampoco podía quedarme en aquella esperanza, rezando para que todo volviera a ser como antes. Definitivamente NO. Lo que tenía que hacer era entregarme a esta pesadilla de lleno, brindando así todo mi potencial, sin importar si era poco o mucho, para combatir lo que fuera que se presentara en mi camino. Pero claro… tampoco podía hacer eso, ya que eso significaría declinar mi antigua vida. Por eso… no me quedaba mas que el punto en medio, nada mas que estar atrapado… entre ilusión y desesperación.
– Así es la vida – Pensé… aunque casi parecía como si alguien mas me lo estuviera diciendo.
– ¿Alex? – Llamó Ben, desde el asiento acompañante – ¿Estas despierto?
Levanté mi gacha cabeza mirando a los ojos del reportero, perezosamente afirmando con el rostro.
– ¿Estas bien?
– Sí, claro. Nunca he estado mejor – Respondí, haciendo una pausa mientras forjaba la mejor expresión posible para hacerle entender lo estúpida que había sido su pregunta. – ¡Obvio que no estoy bien!
Solo entonces noté como, mas allá de aterrado y deprimido, también me encontraba considerablemente irritable, probablemente a causa de la frustración. Ya había cometido el error de desquitarme con Ben, quien, por la expresión en su rostro, no parecía haberlo tomado muy bien.
– ¿Hacia donde vamos? – Pregunté con tono arbitrario y demandante. A pesar de que sabia que había hecho mal, estaba con demasiado mal humor como para disculparme.
El reportero miró a James, quien a pesar de esta concentrado conduciendo, parecía haber reaccionado a mi reciente arrebato, pero se mantuvo ajeno a este. Nuevamente me miró a mí, dio un suspiro, y respondió:
– Estamos tratando de llegar a la Universidad de Raccoon, como tu pediste – Noté cierto tono de "reclamo" en su voz – Pero se hace difícil ya que…
– ¡Mier…! – Exclamó James, interrumpiendo a Ben y frenando el auto repentinamente, lo cual casi provoca que me caiga del asiento una vez mas – Otra barricada.
Levanté la cabeza, al cual tenía apoyada contra una de las puertas, e ignorando el dolor de mi cuello, mire a nuestra actual ubicación, encontrándome con un escenario indudablemente familiar. James puso la marcha en reversa, apoyó su brazo derecho por encima de su asiento para mirar hacia atrás, mientras yo me corría de su campo de vista, y cuidadosamente regresó nuestro vehículo por donde éste vino.
– Como puedes ver, muchos de los caminos están bloqueados – Explicó Ben – Pero tampoco podemos tomar la autopista ni las grandes avenidas, ya que los zombis suelen acumularse por ahí.
– No te preocupes – Añadió James – Llegaremos.
No podía negar que estaba realmente sorprendido. ¿Realmente ellos me estaban dando tanta confianza? Ni siquiera sabían para que íbamos a ese lugar, y aun así me apoyaban sin cuestionarme, al menos aun. De ninguna forma podía sentirme merecedor de tanta… confianza, ya bastante difícil era el creer que me la daban. Al final, esto no hacia nada para mejorarme la autoestima… pero al menos me ayudaba a enfocarme en lo bueno y en lo que tenía que hacer.
– Gracias, chicos – Les dije, como solo se dice "gracias" cuando realmente se esta agradecido – Gracias por su ayuda.
Realmente no sé, no tengo idea de cómo hubiera logrado esto por mi mismo. Pero cuando me di cuenta de que existía el problema que estoy tratando de solucionar, jure por todo, especialmente por la muerte de Marvin, a quien le debo el haberme abierto los ojos, que me encargaría de esto. ¿Cómo? No me importaba. Solo sabía que tenía que hacerlo, sin importar lo que me costara, y no había ninguna otra opción considerable más que cumplir mi objetivo. Por supuesto, el llevarlo a cabo no solo conllevaría, sino que también causaría varios problemas, lo cual me llevó a la conclusión de que debía hacer esto lo más rápido posible. También, desde que supe que tendría que ir a otro lugar, fuera de lo que estaba dentro de los planes de lo que era "Biohazard 2", la idea de llevar a sus "personajes" a este sitio se sintió como algo prohibido, algo que no debía hacer. Por todas estas razones… me lance a esta misión de manera muy imprudente, sin darme cuenta de que era prácticamente un suicidio.
Al final… y por fortuna, terminé rompiendo la 'regla' y ahora tenia a dos personas acompañándome en este cometido, pero supongo que eran los dos mas indicados para esto, ya que la causa por la que la 'regla' existía era porque sabia que, por múltiples razones, no debía cambiar mucho del destino de los protagonistas de esta terrorífica aventura. Pero en el caso de los 'personajes secundarios' como James y Ben, yo ya había cambiado su destino por completo, especialmente considerando que los dos ya estarían muertos si no fuera por mí. No era que quisiera plantear un 'reclamo', pero sentía que ellos dos eran, no por sus cualidades sino por sus destinos, definitivamente los más indicados como mis compañeros para esta andanza. Claro, también estaba Beverly… pero ella definitivamente no era el tipo de persona que llevas contigo para una misión como esta, incluso si, por lo que he llegado a conocerla, ella probablemente habría elegido venir conmigo si le hubiera dado la oportunidad. Pero era mejor que se quedara con Leon y los demás, quienes podrían protegerla.
Al menos eso quería creer, ya que por la última visión que tuve, las cosas no parecían estar muy bien en el departamento policial. Lo que fuera que estuviera pasando realmente… no tenía idea, pero claramente no era nada bueno. Solo podía hacer una cosa al respecto: Apresurarme a cumplir esta misión y así regresar al departamento policial.
– Pero mantén la calma – Me dije a mi mismo, sabiendo que tenia razón. No podía arriesgarme a ser precipitado o descuidado, no cuando hasta el mas mínimo error podría costarme la vida. Tenia que buscar el equilibrio indicado entre la prisa y la precaución. Lo cual me llevó a formular la siguiente pregunta: – ¿Qué tan lejos estamos de la universidad?
– Lejos – Respondió Ben, quien no parecía tener ningún problema en dar las malas noticias.
– Me temo que tendremos que intentar por las avenidas – Agregó James, captando la atención de ambos.
Ben y yo nos miramos a los ojos por unos instantes, compartiendo la preocupación. Yo no podía tener una idea certera de que tan peligroso podría ser aquello, por lo cual no podía valerme de mi propio juicio para tomar esta decisión por nosotros. La opción que llegó entonces a mi cabeza fue lo que sentí como "lo correcto", pero me tomó unos instantes el juntar el valor para decirlo.
– Si crees que puedes hacerlo, confiaré en tu decisión, James. – Respondí finalmente rompiendo el incomodo silencio que se había formado entre nosotros.
Ambos acompañantes me miraron como pudieron por un instante, mientras yo volvía a tratar de relajarme, dejando mi cuerpo ponerse cómodo como si estuviera por ponerme a dormir una siesta, aunque no era algo que realmente considerara. Ya bastante había sido con una visión gracias a quedarme dormido sin darme cuenta poco después de que comenzamos este viaje.
– De acuerdo, aquí vamos – Dijo James, sonando mucho mas serio de lo que jamás lo había oído – Agárrense fuerte.
Lo último que vi fue a Ben ajustándose el cinturón de seguridad, antes de que yo cerrara los ojos, aislándome tanto como fuera posible de lo que pasaba afuera del auto. Necesitaba relajarme o no podría conllevar los nervios causados por mi decisión. Realmente… no había decidido confiar en James porque tuviera algún respeto por sus habilidades, de las cuales sabia muy poco como para evaluar. La razón por la cual puse nuestra suerte en sus manos fue porque sentía que le debía la confianza por haberme acompañado hasta aquí cuando todavía no le había explicado prácticamente nada. Solo esperaba que esto no resultara ser un error.
El auto evidentemente aceleró cuando entramos a la avenida, y el conductor parecía estar zigzagueando para esquivar cualquier cosa que se interpusiera en nuestro camino, pero mas de una vez podía sentir como chocábamos o atropellábamos algo, y dichos choques casi siempre venían con el sonoro quejido de algún muerto viviente. Nada malo pasaba… aun, nada de lo que realmente hubiera que preocupante, pero nada parecía poder asegurarle eso a mis nervios. Una parte de mi deseaba que este juego de esquivar o atropellar terminara cuanto antes, y otra estaba dispuesta a aceptar que éste recorrido durara cuanto fuera necesario siempre y cuando la situación simplemente no se pusiera peor. Solo podía limitarme a respirar profundamente en un no muy efectivo intento por relajarme en medio del caos.
Pero a veces parece que la vida solo esta esperando a que decidas lo que deseas para arrebatártelo.
– ¿Qué es eso? – Oí exclamar a James, evidentemente sorprendido, lo cual me llevó a reabrir los ojos.
– ¡¡Atropéllalo!! – Gritó Ben, en mi opinión, dejando que su miedo tomara su decisión por él.
Sintiendo un muy mal presentimiento, decidí, mas por miedo a peores circunstancias que por valor propio, alzar mi torso para sentarme, abrir los ojos y enfrentar la realidad ver lo que estaba pasando alrededor. Por un lado, estaba el inmenso número de zombis arreador de nosotros, el cual era mucho mayor de lo que pensaba, dándome a entender que si algo llegara a detenernos estando aquí, seria solo cuestión de segundos para que estos caníbales lograran forzarse a si mismos dentro del auto y extraernos para convertirnos en su cena.
Pero mas allá del pánico de la primera impresión, estaba también el fuego frente a nosotros. No sabia realmente de donde provenía, pero era casi como si hubiera una torre de fuego mas adelante en la avenida, iluminándola claramente, pero como era solo de un lado, solo podíamos ver negras siluetas de los zombis que estaban frente a nosotros.
Pero entre esas siluetas había una diferente, una que era particularmente mas grande y que era claramente la que mis aliados habían notado. Si bien era una silueta de forma básicamente humana, era también preocupantemente alta y de espalda bastante ancha. La figura se sentía, curiosamente, familiar… y cuando vi un desagradable brazo alzarse en lo que claramente era la anticipación por nuestra causa, supe quien era el que nos esperaba… y que el tratar de atropellarle seria una mala, muy mala idea.
– ¡¡NO!! – Grite, estúpidamente esperando que James lograra esquivar a esa figura, pero ya era demasiado tarde.
Ese ser, ese monstruo nos atacó al mismo tiempo que nosotros le chocamos, y todos sufrimos las consecuencias. Fue difícil de explicar, pero se sintió como si una decena de látigos golpeara el techo del auto con la fuerza de un derrumbe, abollando este y aturdiendo a todos los que estábamos adentro. El chocar a nuestro enemigo tampoco fue tan beneficioso. Si bien logramos quitarlo del camino y arrojarlo hacia no sé donde, el impacto nos hizo perder el rumbo a nosotros también, y eso, sumado al hecho de que James parecía haber recibido la mayor parte de los dos golpes, concluyó en la total perdida de control del vehículo. Los resultados simplemente no pudieron ser peores: Chocamos.
Tuvo que haber sido en diagonal o casi de frente, pero por la velocidad, la inercia llevó a la parte trasera del auto a llegar junto al frente hasta el mural con el que nos habíamos estrellado. En conclusión, nuestro transporte quedó "estacionado" contra la pared de alguna construcción.
Imagínense mi reacción cuando Ben hizo la maldita pregunta y James confirmó que no volvería a arrancar. Para ser simple: Estaba sin palabras.
¿Qué nos quedaba? Estábamos en medio de la ciudad, sin ninguna orientación y con docenas, ¡centenas de zombis a nuestro alrededor! Todos y cada uno de ellos acercándose a nosotros entre las llamas que ahora estaban mas cerca que antes y que solo añadían mas y mas sudor a mi piel. Ben y James se gritaban el uno al otro, los dos se quejaban de los golpes que habíamos recibido. Yo, por mi parte, a pesar de que seguramente tenia un chichón o dos en mi cabeza, y que probablemente era un milagro que no me la hubiera abierto, no podía pensar en nada mas que en nuestra desesperanza. A través de la ventana veía como esos caníbales se acercaban tan rápido como podían, dándonos solo segundos de tiempo, que sin lugar a duda serian nuestros últimos segundos de vida. ¿Pero qué, pregunto, ¡QUÉ podíamos hacer!?
¿Huir?
¿¡A donde!? ¡Por todos lados había zombis, por todos lados! ¡Necesitaría un milagro por cada zombi para lograr escapar con vida! Además, ¿A dónde ir? ¿A dónde huir y estar seguro? ¿Cómo se suponía que llegaría a la universidad? ¿Caminando? Sí, claro… ¡Quizás! Caminando como uno de ellos, caminando como otro muerto.
¿Luchar?
Como si existiera esperanza de que tres hombres pudieran derrotar a una plaga que acabo con toda una ciudad enfrentándola de frente. No había suficientes hombres, no había suficientes armas, no había suficiente munición suficiente. En resumen, no había forma de que nosotros fuéramos suficiente como para encarar algo como esto. Luchar seria un suicidio, un ataque kamikaze.
¿Refugiarnos?
No funcionaria. Un auto estacionado jamás seria un digno refugio contra esta calamidad, sin mencionar que dicho refugio ya ni siquiera tenía ventanas que nos pudieran dar segundos extra. Todo había sido destruido entre el choque, la azotada y el estrellarnos. Tres impactos que marcaron nuestra condena, nuestra perdición.
¿Rezar?
Mi subconsciente, o mi cobardía, tenían que estar jugándome una muy mala broma. O Dios no existía… o era en realidad inmensamente cruel. El infierno había sido traído a la tierra, el infierno mismo… ¿Qué sentido podría tener el rezar aquí?
¿Morir?
¿Era esa la única opción que nos quedaba? ¿Morir y olvidarnos de todo esto? ¿Morir y ser olvidados como lo serian todos aquellos que murieron en esta ciudad? ¿Morir y olvidar quienes somos, convirtiéndonos simplemente en otras monstruosidades mas? ¿Morir y olvidarnos de todos los demás, de nuestros amigos y camaradas?
Pero yo todavía podía recordarlos, todavía tenía a mis compañeros en mis memorias, incluso en ese momento donde solo podía pensar en mi salvación. Ellos aun estaban luchando, igual que nosotros, y así como ellos seguirían luchando, nosotros debíamos hacer lo mismo.
Maldito sea mi destino y mi suerte. Maldita sea mi propia existencia en este mundo que nos había condenado a todos, ¡a todos! Nadie iba a salvarse, nadie iba a sobrevivir a este infierno. Yo lo sabía… y era todo por mi culpa, todo porque yo estaba en donde no debía estar cuando no debía estarlo. Ni siquiera pude elegirlo, ni siquiera fui capaz de combatirlo. Pero ahora ya era demasiado tarde. Ya no había mas destino que seguir… ya no habían mas opciones.
O al menos… eso pensaba.
¿Creer?
¿Creer?
¿¡CREER!?
¿¡Creer en QUÉ!? ¿¡En que todo estaría bien!? ¿¡En que mis amigos encontrarían una manera de salvarse a si mismos y que nosotros, a fin de cuentas, iríamos a un lugar mejor!? ¿¡En qué se supone que debía creer!? ¿¡En que existía una esperanza!? ¿¡Esperanza en medio de este infierno que poco a poco estaba consumiendo mi sanidad!? ¡Ya ni en mi mismo podría creer! ¿¡Qué me quedaba!? ¿¡Que me quedaba para creer!?
– ¡¡AL DIABLO!! – Grité al mismo tiempo que pateé la puerta del auto que no estaba bloqueada por el mural, abriéndola y colisionándola contra la cara de un zombi – ¡Si voy a morir, al menos voy a hacer valer estos últimos segundos!
Empujándome con todo mi cuerpo, literalmente salté hacia fuera del abollado vehículo empujando a otro cadáver andante al salir y trazando el cuchillo por frente a su rostro antes de que estuviera lo suficientemente lejos. Otro zombi se aproximaba por mi izquierda, por lo cual lo encaré, apunte la pistola hacia su rostro que estaba a menos de un metro de distancia, y disparé la bala que atravesó su cráneo. Al mismo tiempo, otro de mis enemigos llegó por mi espalda, sujetándome por los hombros, los cuales iba a convertir en su manjar si no fuera porque mi codo se encargó de romperle la mandíbula y de tirarlo a un costado. Su cabeza quedó apoyada precisamente contra el marco de la puerta abierta por la que acaba de salir, y sádicamente me encargue de aplastarle el rostro cerrando la puerta, y si bien mi brazo no lo logro, mi patada se encargó de terminar el trabajo.
El primer zombi que había tumbado estaba empezando a levantarse, pero otra bala disparada se aseguró de que jamás terminara de hacerlo. Aquel que le había rebanado el rostro estaba regresando junto a dos de sus amigos. Yo estaba más que dispuesto a recibirlos…
No estaba luchando por querer vivir. No estaba luchando por alguna esperanza, ni siquiera por salvar a alguien más. Estaba luchando por nada más y nada menos que el simple placer de luchar. Quería seguir. Quería más. Quería que esta adrenalina siguiera en mis venas hasta el momento de mi muerte. Quería hacer valer estos últimos momentos. Quería darles un valor, por mas estúpido que fuera, mas significativo que el de morir sin hacer nada como un cobarde. ¿A quién quiero engañar? Yo estaba luchando por SER un cobarde. Ni siquiera YO sabia que era lo que realmente quería. Solo me quedaba luchar, luchar y pelear mientras que pudiera. Valuar el hecho de que todavía podía pelear y aprovecharlo mientras durara. Matando zombis a balas, casi todas dadas a la cabeza; cortes, generalmente al cuello o a las extremidades, como la mano de ese zombi que irónicamente se quedó sujeta a mi brazo incluso después de que la corte; o simple y puramente a mano limpia, dándome el gusto de sentir que realmente estaba lastimándolos con mis propias manos. Ya podía verlo: Yo matándolos a todos y todos matándome a mí, mis brazos forcejeando hasta el último momento mientras que mis órganos eran devorados. Agonía y pasión mezcladas. En aquel momento, no parecía una mala muerte ni tampoco una mala idea.
Tal y como esperaba, eventualmente ellos tomarían el dominio sobre mí. No se las hice fácil, eso era seguro. Trataban de morderme, de devorarme… y mas de una vez estuvieron demasiado cerca, pero de una manera u otra, yo me escabullía y contraatacaba. Fue necesario que me tiraran al piso antes de poder probar un bocado de mí. O mejor dicho, yo mismo tuve que dejarme caer para evitar el ser mordido, aunque solo fuera para retrasar un poco mas lo inevitable. Ellos simplemente se arrojaron sobre mí, como si fuera plato servido en bandeja de oro, pero aun así no dejé de pelear. Mis manos atraparon por los cabellos a los dos zombis que estaban mas cerca de mi rostro, sosteniéndolos con fuerza no solo para evitar que llegaran a mi, sino también para estrellar esos cráneos el uno contra el otro, luego pasando a ser usados contra el tercer muerto vivo que tuve al alcance, el cual, particularmente, estaba envuelto en llamas. Mientras tanto, mis piernas pataleaban, luchaban como locas, golpeando con los pies o con los codos lo que fuera que encontraran, y creo que estaba manteniendo a mas de un caníbal entretenido y ocupado.
Podría haberme quedado así para siempre, o hasta que mis fuerzas se acabaran por absoluto. Pero esto iba a terminar tarde o temprano. Sin importar cuanto tratara de hacerlo dudar, el tiempo llegaría. De hecho… ya había llegado.
Jamás lo esperé de esa forma…
Estaba demasiado concentrado como para poder oír algo entre los gemidos y los quejidos de mis enemigos, sin mencionar todo lo que se estaba quemando alrededor. Por eso no comprendí al comienzo porque esos cadáveres andantes estaban simplemente dejando de andar, siendo mas fáciles de remover a cada segundo, hasta que finalmente no tenia a ninguno encima. Pero aun muchos alrededor...
– ¡¡ALEX!!
Habiéndome ya puesto de pie otra vez, pistola y cuchillo en manos y listos para recibir a cualquiera que se acercara, mi atención se desvió por solo un segundo hacia el llamado realizado por mis dos compañeros, quienes me presentaron entonces lo que creía perdido: Esperanza.
Ben y James se encontraban ahora parados encima de lo que restaba del auto que nos trajo hasta aquí. Ambos con sus armas en mano, las cuales me habían ayudado a privar a esos hambrientos monstruos de su cena, o sea yo. A sus espaldas estaba el mural contra el que habíamos chocado, y solo entonces me di cuenta de que ese maldito mural NO era tan alto, ¡Podíamos treparlo desde encima del auto! ¡Podíamos salir de esta situación, librarnos de este inmenso número de zombis!
Si tan solo yo no me encontrara ya en el fondo de este... y si tan solo no me hubiera ilusionado tanto con esa esperanza... no habría pasado lo que pasó.
Fue muy rápido para mí como para reaccionar adecuadamente. Para cuando lo supe, el dolor ya me estaba haciendo gritar. Quise mover los brazos, pero estos estaban sujetos y por tratar de alejarme, solo logré perder el equilibrio, cayendo sobre una rodilla en el suelo con la maldita zombi 'hembra' todavía mordiéndome el hombro, arrancando la carne de este. El dolor era punzante, paralizante. No podía pensar claramente y el cansancio, como siempre, estaba tomando efecto en el peor momento.
Los otros zombis también se estaban acercando…
Ya podía verlo: Así iba a terminar, siendo mordido, masticado y devorado hasta morir... luego de un horrible y tormentoso dolor. Este zombi solo era el primero, los otros ya se estaban acercando...
Todo por esta maldita mordida, igual que la que recibí previamente en mi brazo izquierdo, igual que la que Claire recibió en el hombro, igual que la que Leon recibió en su mano...
– Claire... Leon...
Cierto... lo había olvidado: La verdadera razón por la que estaba aquí, luchando…
– Si yo muero ahora…
Ya no habría esperanza… ninguna en absoluto. Solo falsas mentiras, una falsa creencia de que solo necesitábamos salir del infierno para estar a salvos de éste.
– Entonces ellos también…
Ellos y todos.
– Solo yo puedo evitar eso…
Tenía una misión que cumplir, ¿No? Fallar era simple y puramente inaceptable ¿Verdad?
– Solo yo…
Entonces… estas mordidas, este dolor…
Le di la vuelta a la tuerca. Solo había estado tratando de alejarme de esa zombi para librarme de ella, y ese había sido mi error. Reuniendo mas voluntad que fuerza, me levanté pegando mi cuerpo contra el de la zombi y empujándola lejos de mí. No logré que me soltara precisamente, pero si que su cabeza se alejara lo suficiente como para poder alzar mi codo hacia atrás y estrellarlo directamente contra su mandíbula, logrando así librarme de ella definitivamente, además de probablemente dejarlo incapaz de dar otra mordida debidamente. De todas formas, ni que me importara…
Otro zombi, otra mujer, estaba ahora frente a mí, a menos de un metro, pero cuando extendió su abierta mandíbula hacia mí, mi cuchillo la trazó horizontalmente, partiéndole las mejillas y graciosamente, en un sentido morboso, agrandándole la boca. El siguiente golpe, dado a su entrecejo, dejó la mitad superior de su cabeza colgando detrás de la mitad inferior mientras que la caníbal perdía el equilibrio y caía de espaldas. Pero antes de que eso llegara a ocurrir, la sujeté por la enmugrecida blusa con ambas manos y arrojé su podrido cuerpo hacia otro podrido cuerpo que atentaba con meterse en mi camino.
El siguiente fue el zombi de lo que parecía un adolescente de mi misma edad, y con este fue tan rápido como con los otros.
Alzó sus dos brazos hacia mí, pero los desvié con uno mió, evitando así que me sujetara, y en ese momento en el que él se encontraba indefenso, alce una pierna y hundí mi pie en su estomagó para empujarlo lejos de mí, lo cual habría funcionado de no ser porque el muy obstinado logró sujetarse a mi pierna, y al retraer, cayó ante mis pies, de los cuales sin dudarlo ni un instante trató de alimentarse, pero, como muchas veces lo había visto hacer, rápidamente alcé uno de mis pies y le di un pisotón que no le desearía a nadie, al menos a nadie vivo. El primero dejó una mancha roja alrededor de su cabeza pelada. El segundo le pegó la cabeza al suelo. En el tercero, cuarto y quinto, pude sentir los huesos romperse bajo mis pies. El sexto pisotón tocó el suelo, y me dio a entender que ya tenía que dejar este caso.
Una nueva ráfaga de balas quitó de mis costados enemigos que yo ya me preparaba para combatir, pero nuevamente la voz de mis camaradas, que casi se sentía como la de la misma razón, me sacó de mi ímpetu por esta batalla.
– ¡¡Alex, ven rápido!!
Viendo el caminó entre mis compañeros y yo mucho mas despejado que antes, corrí hacia ellos como si nada mas importara. Sacando a un zombi del camino con simplemente embestirlo, llegué hacia el auto y prácticamente salté sobre este. Para entonces, Ben ya estaba apoyado contra el mural de espaldas a éste y con ambas manos juntas frente a sus piernas. Entendí lo que quería: Estaba esperando que yo trepara por su cuerpo hasta el mural, mientras que James seguía cubriéndonos con la única arma automática que teníamos.
– ¡Vamos! ¿¡Qué esperas!?
Mire hacia la sima del mural y supe que podría treparlo. No creo que yo hubiera planeado ser el primero en treparlo, pero sentí que seria lo correcto, ya que desde allí podría ayudar a los otros a subir. Siguiendo el plan del reportero, guardé mis armas y apoyé un pie sobre sus manos, alcé el otro hasta sus hombros, y necesité apoyar el primer pie sobre su cabeza para finalmente alcanzar la sima con mis manos. Por un segundo tuve miedo de que el cansancio no me dejara subir, pero entre la desesperación y el apoyó de las manos de Ben, pude lograrlo.
Di un rápido vistazo al otro lado, encontrándome con un jardín o un patio, no importaba, lo importante era que no había monstruos de este lado. Perfecto. En instantes me posicione encima de los casi veinte centímetros de ancho del mural y extendí mi brazo hacia al compañero al que le devolví el favor subiéndolo conmigo hasta donde estaba, a pesar de que las extremidades me seguían doliendo. Ahora solo quedaba la parte difícil: James.
– ¡James, rápido! – Llamé iracundo.
Los zombis estaban alrededor de todo el vehiculo, subiéndose como podían hasta que las balas los detenían y caían de regreso al suelo, a veces muertos o dispuestos a intentarlo otra vez, y aquel que era el objetivo de estos zombis apenas sí podía mantenerlos al margen… el cual parecía mas pequeño cada vez que volvía a medirlo. Cuando Ben se posicionó correctamente encima del muro como para poder disparar y así ayudar un poco a nuestro compañero, él mismo repitió la misma frase de antes:
– ¡Vamos! ¿¡Qué esperas!?
Maldita buena pregunta. ¿Qué demonios estaba esperando James? ¡Mi mano estaba ahí, a su alcance! Quizás él seria un poco mas pesado que Ben, quizás un poco mucho, pero estaba seguro de que podríamos lograrlo juntos. Así que… ¿¡Qué rayos estaba esperando!? ¿¡A qué lo comieran los zombis!?
– ¡¡James!! – Llamé nuevamente.
Él me miró, directo a los ojos, y sentí miedo. Mas miedo del que podría causarme el enfrentamiento con cualquiera de estos monstruos, mas miedo del que podría infligirme el horrible olor de esta ciudad o el constante resonar en mis oídos, mas miedo del que sentí las tantas veces en las que creí que iba a morir. Porque entendí muy bien la mirada de esos ojos, entendí lo que él estaba sintiendo con respecto a si mismo y con respecto a nosotros. Sentí miedo… miedo de que pasara… eso… otra vez.
– ¡¡JAMES!! ¡¡Toma mi mano!! ¡¡AHORA!! – Yo estaba desesperado. Él solo seguía disparando a los zombis…
– No me hagas esto… no nos hagas esto…
– ¡Rápido! – Exclamó Ben – ¡Los zombis casi te tienen! – Algunos ya estaban sobre el auto…
– Por favor…
– ¡¡James, puedo levantarte, solo toma mi mano!! – Grité como loco…
– No quiero pasar por esto otra vez…
– ¡JAMES! ¡JAMES!
– Por favor, te lo ruego…
– ¡¡JAMES!!
Él volteó hacia su derecha para repeler a un zombi que se había subido por ese lado, y lo logró… pero al hacerlo le permito a otro de esos caníbales lo sujetó por detrás… y fue entonces cuando empecé a oír simplemente 'clicks' de la Beretta de Ben…
– Oh, no… ¡Oh, no! ¡¡oh, NO!! ¡No, no, no, no, no, no, NO!
Oí a James gritar, igual que yo momentos atrás, por una herida siendo causada en la misma zona corporal y de la misma manera. Estaba pasando… otra maldita vez estaba pasando lo que quería evitar, lo que quería permitir a toda costa. No podía ser… ¡¡NO–PODÍA–DEJARLO–PASAR!!
Ni siquiera apunté. Solamente tomé mi arma, extendí mi brazo y disparé. No sé si fui extremadamente afortunado a pesar de ser tan estúpido o si fue extremadamente virtuoso a pesar de estar tan emocionalmente alterado. El resultado era lo mismo y todo lo que importaba: Había salvado a James de ese maldito zombi al que le había perforado el cerebro.
– ¡¡¡James!!! – Gritamos Ben y yo juntos, esta vez no como si le estuviéramos pidiendo, como si le estuviéramos suplicando que nos escuchara, sino ordenándole que lo hiciera, casi en tono de regaño.
Nuevamente él nos miró, esta vez en una manera diferente. Aunque ambas demostraban miedo, había una diferencia.
Él tomó mi mano, finalmente tomó mi mano… y yo sujeté la suya con fuerza y firmeza como jamás sujeté la de nadie. No había segunda oportunidad aquí, los zombis ya estaban a menos de un metro de él en todas las direcciones. Era ahora o nunca. Mente, cuerpo y alma se unirían para llevar a cabo esta tarea.
Endurecí los músculos de mis cuatro extremidades, ya que mi brazo derecho solamente se encargaría de sostener a James. Era el resto de mi cuerpo el que lo levantaría. Mis piernas y brazo izquierdo, apoyados sobre el muro, trabajaron juntos para levantar mi cuerpo y, consecuentemente, el de mi compañero. Mis extremidades rápidamente se enderezaron, y mi torso les seguía de cerca.
Gruñendo y apretando los dientes… levanté a mi rescatado sacándolos de las uñas y fauces de los muertos vivos que hasta el ultimo momento trataron de sostenerse a sus pies. No tardó. Se sintió como los tres segundos mas largos de mi vida, pero creo que ni eso duró. Lo siguiente que supe, en el momento en el que los pies de James se apoyaron sobre el mural, era que yo estaba cayendo…
Me había inclinado demasiado hacia atrás para reforzar la halada, y por ende, cuando ya no había contrapesó, había perdido por completo el equilibrio y no pude hacer nada para evitar caer de espaldas hacia… ¿Qué?
¡Arbustos! O probablemente ese hubiera sido mi fin. Bendito sea quien sea que haya cuidado aquel jardín… algo que sonaba macabramente irónico, pues si lo pensaba, era muy probable que me estuviera refiriendo a otro zombi.
– ¡Alex! – Llamó Ben, a quien escuché caer no muy lejos de mí.
Tratando de bajar del arbusto terminé cayendo al suelo como creí que iba a hacerlo antes, solo que sin tanta fuerza. Ben no tardó en asistirme y ayudarme a levantarme, mientras James bajaba del mural también.
– ¿Te sientes bien? – Preguntó Ben, a lo cual solo pude responderle con una mirada de perplejidad.
¿Bien? ¿Qué si estaba bien? ¿Era broma acaso? Mis heridas físicas… no eran tantas, pero después de una experiencia semejante, si había una forma en la que no podía estar, esa era "bien". Perdí toda la esperanza, me había entregado a los monstruos actuando yo mismo como uno mas, cargué, y todavía cargo, con la culpa de lo que pasará si nuestra misión llega a fallar, y por un segundo sentí… que iba a fallarle a James, que iba a verlo morir como a Marvin. ¿Cómo…? ¿CÓMO podría estar BIEN? Sentía ganas de abandonar toda mi fuerza y compostura y llorar allí mismo…
Pero no lo hice. No porque hubiera logrado encontrar la fuerza para contenerme, sino porque simplemente no pude hacer nada. Simplemente me quede allí, de pie, mirando hacia la nada y con la mente en blanco. Todo lo que sabía… era que había sido un estúpido, un inmenso idiota al actuar como hice. El escape estuvo siempre encima de nuestras cabezas, pero estaba tan invadido por el miedo que no pude pensar claramente y lo único que terminé haciendo fue entregarme al horror combatiendo esos zombis. Si hubiese sido por mí… todos estaríamos muertos ya, muertos. Si no fuera por Ben y James… ¡Ellos eran quienes nos habían salvado! ¡Quienes me habían salvado! Me arrepentí de nunca haberles tenido tanta confianza realmente, pero ahora tenía que mirarles con mas respeto que antes, lo cual dolía, no porque fuera orgulloso, sino porque sabia que sin importar cuanto respeto les tuviera, aun así tendría que seguir mintiéndoles… tendría que seguir usándolos.
– ¿Alex?
Él apoyó su mano en mi hombro e inevitablemente reaccioné ante la irritación de la nueva herida que llevaba ahí. Él se disculpó, pero yo casi sentía ganas de agradecerle por sacarme de mi mar de pensamientos, además de por todo lo que ya había hecho por mí.
– Estaré bien. – Fue todo lo que me digné a responder, y repetir. – Estaré bien…
– Peleas bien, ¿sabes? – Dijo James, acercándose hacia nosotros.
– …adrenalina. - Fue todo lo que dije. No sentía muchas ganas de hablar. – Claro… si ahora al sucumbir al pánico se le puede llamar "adrenalina".
Finalmente James pronunció la pregunta obvia:
– ¿Y ahora?
Ahora… habría que improvisar. Los objetivos y parámetros no habían cambiado. Todavía teníamos que llegar a la Universidad de Raccoon y después regresar hasta el departamento policial. El problema era una sola palabra: ¿Cómo? Bueno, lo primero seria ubicarnos, conocer nuestra posición.
Nunca me espere el resultado…
Me sentía raro desde el momento en el que caí sobre los arbustos, como si el escenario por alguna razón se sintiera natural, pero supongo que ese sentimiento se divagó por el constante recuerdo del actual ambiente de la entera ciudad. Sin embargo, ahora que empezaba a mirar a mis alrededores… literalmente sentía como si la ironía se me estuviera riendo en la cara.
Un jardín, con arbustos y caminos de baldosas, de las cuales estaban varias estaban bastante dañadas. Todo el lugar estaba rodeado por un alto mural que mantenía a los monstruos afuera, sin embargo, ese mural estaba destrozado en su lado este, y a la vez cubierto por el mismo ferrocarril que lo había atravesado, otro elemento familiar. Además, varios derrumbes cubrían gran parte de la zona, sobre la cual también estaban desparramados varios cartuchos y balas vacías, aparte de los restos de lo que claramente era un arma de artillería pesada. Con todo esto, ya no me cabía duda de cual era la criatura con la que chocamos instantes antes de llegar aquí.
Mirando hacia arriba, suprimí toda duda con respecto de nuestra locación al ver lo que eran claramente las ruinas de la Torre del Reloj.
