¡Hola a todos! Espero que estén teniendo un maravilloso comienzo de semana y que hayan tenido un día genial (a pesar de ser lunes). Acá les traigo el nuevo capítulo traducido de esta historia y como siempre les recuerdo que este increíble trabajo pertenece a sphinxs-legend y que yo sólo traduzco dicha historia por puro amor a Audrey, la historia, y bueno, traducir también jaja. ¡Disfruten!
Capítulo 24: El Monstruo.
Desperté. No podría decirles cuándo fue que me dormí, o posiblemente cuándo me desmayé, pero cuando finalmente pude abrir mis ojos supe inmediatamente que estaba en la Enfermería. El olor estéril y la cama estrecha eran escapatorias familiares. Muy comúnmente me encontraba despertando por misteriosas causas en esta maldita parte del castillo.
Me senté lentamente, reconociendo las distintas pociones que podía saborear en mi lengua luego de ser forzadas en mi garganta mientras dormía. Podía saborear algo de poción reabastecedora de sangre, algunos brebajes curativos, cosas que comúnmente me daban. Rápidamente noté que el sonido era amortiguado y miré para ver que mi cabeza, brazo y mano estaban vendados. Cuando alcé mi brazo lastimado –recordando que mi 'brazo lastimado' era el que tenía mi mano 'sana'- pude sentir que una sustancia gelatinosa rodeaba mis orejas. Cuando alejé mi mano para oler lo que estaba en mis dedos, era una poción que ni conocía.
"Está despierta" un hombre familiar respiró, un alivio como el que nunca había oído en su voz. Mirando a mi derecha, vi a Snape pararse un poco más derecho a mi lado. "Resultó herida."
"¿Realmente estoy despierta?" susurré, observando todo en la sala. No podía superar la sensación de que todavía estaba durmiendo, que estaba viendo otra parte de mi visión sobre la que no tenía control. No tenía ninguna prueba que ya no me encontraba en un limbo entre momentos. "¿Realmente ha terminado?"
"La prueba ha terminado" dijo Snape cortante, tratando de mostrar la menor emoción posible. No respondí, eso no me ayudaba a ubicarme. La prueba había terminado, sí, pero eso no quería decir que había vuelto a donde pertenecía. Estaba segura de que había visto a Harry cerca del tiempo-real mientras se retorcía en el cementerio. Y esos ojos, los ojos de Lord Voldemort sabían que yo estaba allí… durante una visión. ¿Realmente algo de eso fue una visión, entonces? ¿Esto era sólo una continuación? ¿Voldemort volvería y me hablaría otra vez? "¿Recuerda venir a la enfermería? Estaba consciente, aunque ciertamente no era usted misma."
"No lo recuerdo en absoluto" susurré, apoyando una mano en mi cabeza. Latió contra mi mano suavamente, lo cual me hizo aplicar más fuerza a la jaqueca. "¿Y-yo vine aquí por mi cuenta?"
"No sin ayuda" él sacudió la cabeza, apartando la mirada ligeramente. "No se encontraba en el estado que está ahora. Creo que estaba en otra forma de consciencia."
"¿Cómo astral?" pregunté en voz baja, volviendo a pensar en la visión que había visto. Preguntándome cómo rayos Voldemort podría saber cómo hablarme en esa visión -¿o era astral? ¿O era Magnuse? No sabía qué clase de magia encajaría en las tres cosas: ¿un cuerpo físico que no podía moverse, viajando a lugares distantes, y previendo el futuro? Sospechaba que no sería una respuesta que encontraría en la biblioteca.
"Posiblemente astral" respondió lentamente.
"¿Ya lo han atrapado?" pregunté repentinamente, luego de pensar en todas las visiones que tuve. Siempre pensaba en la que mi hermano estaba siendo torturado –cuando esa serpiente hablaba sobre el hombre infiltrado en el castillo- como había tenido razón. Snape me miró con el cejo fruncido.
"¿Disculpe?"
"Tomé" rebusqué en mis túnicas, siseando cuando la quemadura en mi mano se movió y volvió a abrirse. Le extendí el trozo de pergamino que estaba guardado en lo profundo del bolsillo. El trozo de pergamino que le había escrito en lo que parecía una vida de distancia. Snape lo observó curiosamente antes de abrirlo y leerlo. Lo dobló y ubicó en su bolsillo rápidamente.
"¿Cómo lo supo?"
"No quedé en Slytherin por mi encantadora personalidad" fruncí el ceño. "Presté atención. Quedó claro luego de un tiempo –los ingredientes perdidos para la poción multijugos, el hecho de que Harry y yo estuviéramos en el torneo, que la persona necesitase tener acceso a absolutamente todo – sólo estaría completo si fuera alguien aquí en Hogwarts. Alguien a quien veíamos cada día. "¿Lo atraparon?"
"Sí," asintió Snape lentamente. "Era Barty Crouch Junior, disfrazado del profesor Moody. Ha estado en su posición durante todo el año. Potter, debe saber que su hermano fue-"
"Fue atacado por Voldemort. También escapó ileso." Cerré los ojos, respirando profundamente cuando él no negó que había resultado ileso. "Lo sé."
"¿Lo sabe?" dijo Snape luciendo casi aterrado –o al menos aterrado para él. Snape no demostraba emociones, pero la consternación en su rostro fue suficiente para ponerme nerviosa. "¿Y sabe sobre el señor Diggory?"
Me senté con la espalda recta. No había visto a Cedric en el cementerio y él no había estado en ninguna de mis visiones. No había pensado en besarlo y no había oído su voz en lo que parecía ser una eternidad. Y muy de repente, sentí la necesidad de oírla. Justo como necesitaba ver que Harry estaba bien. Justo como necesitaba decirle a Snape lo que vi. Era como que sin oír la voz de Cedric, no creería que realmente estaba aquí. Que finalmente todo había terminado.
"¿Qué le pasó? ¿Dónde está?" Snape alejó la mirada, observando la enfermería como si buscara ayuda. Su silencio me ensordecía, cuando sus ojos finalmente encontraron los míos encontré en ellos una tristeza que aceleró mi respiración. Cuando tomó un momento para examinarme, como si estuviera midiendo cuánto podía soportar de lo que tenía que decir, comenzó a sacudir su cabeza. "Pero él está bien, ¿no es cierto?"
"El-que-no-debe-ser-nombrado no tiene piedad," dijo simplemente, sin parpadear y sin mostrar ninguna emoción en su monótona voz. "Lo lamento, Audrey."
No necesitaba decir más. La mirada en sus ojos era suficiente, pero nunca –en ninguno de mis cuatro años en estos pasillos- lo había oído llamarme por mi nombre. Nunca lo había oído llamarme Audrey, ni nada tan personal. Y supe exactamente a lo que se refería, él intentaba calmarme de lo que sabía que sería un terror. O tal vez intentaba calmar la transición de shock que estaba experimentando. Podía sentir que mi cuerpo se entumecía. Era como si el hormigueo y ruidos apagados que oía gracias a las vendas en mi cabeza no fueran nada comparado con el zumbido en mis oídos. Asentí con la cabeza, en caso de que él estuviera diciendo algo que no pude oír. Cuando finalmente pude volver a mirarlo, noté que mis ojos estaban llorosos.
Me alegraba haberlo oído de él, porque si lo hubiese oído de alguien más, no hubiera sido real. Pero lo había oído de él y sabía que era verdad. Al menos con Snape no me asfixiarían personas tratando de que hacer todo estuviese bien de cualquier manera que creyeran apropiada. No quería su simpatía. No quería la simpatía de nadie. Sé que no quería oír dulces palabras sobre lo buen hombre que había sido o sobre mi perdida –si siquiera recibía eso.
No estaba lista para oírlo. ¿Cómo podría oírlo? Ya sabía qué buen hombre había sido. Ya sabía que había perdido algo asombroso… algo asombroso que realmente nunca pude experimentar. Algo asombroso que yo nunca sabré si era asombroso. Algo asombroso que nunca sabré que era real.
¿Qué se supone que debo hacer ahora?
"¿Por qué lo enviaron a usted conmigo?"
"Me ofrecí," me dijo él luego de aclararse la garganta. "El verdadero Moody ha venido aquí a descansar luego de ser aprisionado por Crouch. Estoy aquí para llevarla con el Profesor Dumbledore si se siente lista. Su hermano ya debería estar yendo con el director."
"Iré" dije inmediatamente, algunos de los hormigueos que entumecían mis sentidos desaparecieron al pensar en ver a mi hermano. "¿Harry se encuentra bien?"
"Usted está más herida de lo que él lo está" dijo él con una leve mueca de desprecio. No me sorprendería si estuviese molesto que preguntara sobre mi hermano en lugar de preguntar sobre mis propias lesiones –él me había dicho que no me preocupara tanto por 'el maravilloso' antes. Pero yo había estado allí, había sentido y visto lo que le había sucedido a él y ya no quería pensar en Cedric. Mi hermano estaba aquí, sólo a paredes de distancia, y necesitaba asegurarme que él estaba bien, que lo que Snape decía era cierto. "La llevaré a su oficina. Dumbledore desea hablar con ambos."
"Sí" balbuceé. Al sentarme más enderezadamente traté de recordar lo que se suponía que debía sentir. ¿Desesperación? ¿Terror? ¿Nauseas? Nunca lo sentí. Aún no sentía dolor. Tal vez estaba en shock luego de oír lo que le sucedió a Cedric. O tal vez no lo sentiría en absoluto -¿acaso me había corrompido? Como lo que había visto en las visiones durante todo el año, ¿la mujer sin emociones que observaba las cosas como si no tuviera alma o como si no le importara? Recordaba la mirada en mis ojos, la seca mirada que no sostenía la mínima preocupación por nadie más -¿Podía ser eso lo que me estaba sucediendo?
"¿Puede pedirle a Madame Pomfrey un poco de poción pimentónica para Harry y para mí?"
Sí, puede que eso sea lo que me sucedía.
Snape asintió con la cabeza ligeramente, tomando mi codo para ayudarme a ponerme de pie. Estaba mareada y me sentía débil. Una debilidad que me hizo mirarme con desprecio propio. No podía creer lo mucho que mis heridas me habían afectado, no podía creer que tuviera heridas en absoluto. Tal vez la bludger me había mutilado mientras tenía la visión, o tal vez había sido otra criatura en las profundidades del laberinto.
Él me hizo agarrarme del poste de la cama de la enfermería mientras iba a pedirle a Madame Pomfrey la poción pimentónica. Frente a la cama de la que me sostenía, vi una figura. Me tomó un largo momento entender lo que –o a quién- veía. Pero pronto lo reconocí como el verdadero Ojoloco Moody. Excepto, que no era para nada él, ni siquiera lucía como el Moody de quien Crouch era la exacta replica. Su cabello desparejamente cortado –probablemente por la poción, no tenía su ojo mágico y el párpado donde estaba acostumbrada a verlo estaba hundido, él estaba delgado y pálido, incluso luciendo frágil de un modo que nunca hubiese esperado de alguien cuyo lema era '¡alerta permanente!'.
"El verdadero Moody," la voz de Snape me sorprendió haciéndome saltar unos centímetros. "Vamos."
Seguí a Snape tan rápido como pude, lo cual probablemente era la velocidad de un gusano, hasta que él volvió a tomar mi codo y sostuvo lo suficiente de mi peso para ayudarme a apurarme. Aunque no podía concentrarme en nada como para prestarles atención a los chismosos retratos o los recuerdos que dejé reproducirse en mi mente en ciertos corredores, noté la ayuda que me brindaba. Si alguien más lo hubiera hecho, probablemente les hubiera gritado que podía hacerlo yo misma y que no me apurasen, pero el modo en que Snape lo hacía sin decir palabra alguna me demostraba que no lo hacía para apresurarme, que lo hacía para apoyarme.
Él y yo pensábamos de modo extraño y terco.
"Cucurucho de cucarachas," susurró Snape. Mis ojos se arrastraron hasta la gárgola cuando pareció vacilar si dejarnos pasar.
"Ella luce horrible" habló la gárgola. Encontré la energía para mirarla fríamente.
"Al menos esta es una circunstancia momentánea para mí" siseé. "Ahora muévete."
La gárgola suspiro antes de moverse a un lado. La gárgola de piedra y yo teníamos una relación muy desdeñosa gracias a las muchas visitas que tuve a la oficina del director. Ella y yo solíamos insultarnos o molestarnos a veces –era casi aliviador tener algo así de normal que sucediese ahora, pero el calor que me produjo rápidamente se enfrió tan pronto como Snape me soltó para abrir la puerta.
"¡Audrey!" me sorprendí cuando fui abrazada por… por… ¿quién era? Me alejé rápidamente, repentinamente aterrada de quién podría estar tocándome. Nadie debería tocarme. No confió en ellos y no quiero confiar en ellos, sólo quería ir a dormir. Quería ver a Cedric. Quería preguntarle a Harry qué le había sucedido. Quería saber por qué no podía haberlo salvado…
"¿Sirius?" estaba casi conmocionada. Sirius no lucía para nada como la última vez que lo había visto. Aún lucía algo tosco –algo que dudaba que desapareciera por completo luego de doce años en Azkaban- pero lucía aseado. Sus ojos, aunque preocupados, tenían un brillo de vida en ellos que los dementores no se habían llevado. Ya no estaba perseguido o sanguinario, Sirius casi lucía paternal.
Me tomó hasta que Sirius me llevó a un asiento para notar que Snape había quedado atrás y que me había soltado. Volteé la cabeza para verlo, tratar de ver qué le pasaba, pero Snape estaba muy ocupado fulminando con la mirada la espalda de Sirius. Estaba tan llena de amargura que ni quería mencionarlo. Ahora no era el momento.
"Siéntate, siéntate" animó Sirius, sentándome en una silla al lado de un individuo de enmarañado cabello. Como en mi visión, me llevó un momento reconocer junto a quién estaba sentada.
"Harry" jadeé, inclinándome hacia delante y aferrándome a él. Él estaba vivo, estaba aquí, realmente había escapado las garras de la serpiente de ojos rojos. Él lucía casi aturdido de verme, tomándose el tiempo para devolverme el abrazo antes de sostenerme a un brazo de distancia.
"¿Qué te sucedió?" me preguntó, casi escandalizado. Sus ojos deslizándose sobre mi cabeza vendada, mi mano, mi brazo y mis ojos. Sólo podía imaginar lo que vio en ellos. ¿Acaso veía la monstruo triste que había visto en esas visiones?
"No preguntes" murmuré, tomando su mano con más fuerza en la mía. Palidecí levemente cuando vi un corte idéntico en su brazo que en el mío. "¿Estás bien?"
"Drea, es Cedric, él-"
"Lo sé" susurré, tratando de contener las lágrimas que comenzaban a formarse en mis ojos. Los cerré por un momento, concentrándome en mi respiración, lo cual era difícil. Era difícil porque sentía una presión en mi pecho y no podía hallar un lugar para respirar. Mi corazón se sentía golpeado, como si estuviera inflamado por el dolor del abuso y por eso ya nada parecía encajar en mi cuerpo.
"Es una buena pregunta, Audrey. ¿Qué sucedió en el laberinto, para ti?" el profesor Dumbledore me preguntó, inclinándose sobre su escritorio y entrelazando sus dedos. No pude evitar mirar algo boquiabierta la escena, la expresión en su rostro era más grave, pero inquietantemente me hacía recordar a la visión que había tenido hace quién sabe cuánto. Son siete, él había dicho. Sólo que lo había dicho con más intención y tenía una mano negra –una mano que actualmente estaba intacta. Aun así, me dio escalofríos y tuve que apartar la mirada.
Un suave aleteo de alas rompió la concentración entre los tres hombres y yo. Fawkes había volado para dejar su percha y llegar hasta Harry y yo. La hermosa ave roja aterrizó en mi rodilla y me ululó por un momento, como siempre parecía hacerlo, antes de mirar a Harry. Fue entonces cuando miré a Harry realmente y por primera vez desde que había entrado al cuarto, y lo que vi no me consoló. Harry lucía más aterrado y más sabio de lo que alguna vez lo había hecho –y de la peor manera. Era así de sabio porque estaba a punto de lastimarse a él mismo. Era así de sabio porque había atravesado el infierno ida y vuelta y ahora sabía y aceptaba las repercusiones.
"Hola, Fawkes" susurró Harry, acariciándolo gentilmente. Sus manos temblaban, pero pareció relajarse un poco más con la llegada de Fawkes. Siempre me sorprendía mucho la manera en que esta ave adoraba a Harry. Se suponía que yo era la buena con los animales y se suponía que Harry era el bueno con las serpientes… pero pensamientos del hombre-serpiente saltaron a mi visión y no terminé el pensamiento. La relación de Harry y Fawkes podía ser discutida otro día.
"Necesito oír a Harry primero," estaba determinada aunque no podía mirar a quien le estaba hablando. Ambos Harry y yo acariciábamos al gran fénix ahora, sólo para no tener que mirar a los adultos a nuestro alrededor. "No creo que mi versión tenga mucho sentido antes que la suya."
Sirius me dedicaba una mirada por el rabillo de mi ojo. No entendía lo que quería transmitir en ella, pero no podía atreverme a mirar lo suficiente para descubrirlo. Vi a Harry observar el cuarto a su alrededor, sus ojos posándose en él por un momento antes de volver a voltearse hacia Dumbledore.
Snape se aclaró la garganta. "Debo ir a ver a Crouch, director."
"Espere-" dije rápidamente, girándome en mi asiento para mirarlo. Él no se movió por un momento, observándome atentamente. Traté de decirle que no se fuera, que lo quería aquí, pero no creo que mi ojos lo dijeran correctamente y no creo que él recibiera ninguna pista de mis intentos de Legilimancia.
"Creo que es una buena idea, Snape." Sirius interrumpió con una especie de gruñido. "Estoy seguro que puedo manejar a mis propios ahijados."
Los ojos de Snape se endurecieron al dejar mi mirada para posarse en la de Sirius. Hubo una batalla silenciosa entre ellos, algo que no hubiera sido capaz de entender incluso en mis mejores días, antes de que Snape volviera a mirarme, asintiera con la cabeza y se diera la vuelta.
Llámeme si lo necesita.
Era su voz –la indudable voz de Snape en mi cabeza- la que me había susurrado. Traté de contestarle, de pensar algo en respuesta sin decir nada en absoluto, pero por algún motivo no podía lograrlo.
No tiene energía. No se esfuerce. El director me lo contará todo luego, si usted lo permite. Por ahora, disfrute el tiempo con su familia.
Aunque los pensamientos eran increíblemente crudos, no podía culparlo. Si alguien sabía de crudeza era y yo sabía que no tenía derecho a comentar en ello. Me volteé hacia Dumbledore, dándome cuenta que me había quedado observando tontamente donde Snape había estado incluso luego que había cerrado la puerta tras él. Ya que nadie sabría la conversación silenciosa que habíamos tenido, probablemente lucía como una gatita perdida. Casi podía oír a Snape burlándome en ese desinteresado monótono de él. Traté no sonrojarme ante la demostración del hombre, pero Dumbledore simplemente sonrió tristemente. Sirius me rodeó con su brazo alentadoramente.
"Necesito saber qué sucedió después de que tocaste el traslador en el laberinto, Harry." Le explicó Dumbledore. Cerré los ojos, tratando de alejar las imágenes de mí. No quería saber exactamente qué sucedió luego –no cuando sabía lo que sucedió al final de todo.
"Podemos dejarlo para mañana por la mañana, ¿no, Dumbledore?" dijo Sirius rápidamente. Él movió su brazo de mi alrededor para estirarse y poner su mano en el hombro de Harry. "Dejémoslo dormir. Que descanse."
Dumbledore volvió a inclinarse hacia delante, ignorando a Sirius y posando sus ojos directamente en Harry. "Si pensara que te haría algún bien induciéndote al sueño por medio de un encantamiento y permitiendo que pospusieras el momento de pensar en lo que sucedió esta noche, lo haría." Explicó Dumbledore gentilmente. "Pero me temo que no es así. Adormecer el dolor por un rato te haría sentirlo luego con mayor intensidad. Has demostrado más valor del que hubiera creído posible: te ruego que lo muestres una vez más contándonos lo que sucedió."
Fawkes soltó un canto que extrañamente fue consolador. Miré a Harry, quien lucía determinado, pero de alguna manera –posiblemente porque había pasado tantos años observando su rostro- sabía que estaba aterrado. Miré a Dumbledore, cuyos ojos aún observaban a Harry e inhalé.
"El traslador lo llevó a un cementerio," dije con tanta fuerza como pude. "Allí se encontró con Colagusano."
"¿Cómo lo-?" comenzó Harry, mirándome con terror. Tal vez eso lo hacía peor, que alguien lo reviviera por él. Dejé de hablar, mirándolo expectantemente. Él pareció darse cuenta de que había hecho la introducción y respiró hondo.
Y luego contó la historia, una historia a la que realmente no podía prestarle atención. Era difícil, no, imposible concentrarme en el resto de la historia luego de uno de los primeros detalles. ¿Cómo pudo Colagusano simplemente matar a Cedric, sólo porque él estaba allí? ¿Y cómo se suponía que prestase atención con ese hecho en mi mente? Mi mente inventó los peores escenarios de lo que pudo pasar, de lo que realmente pasó. Pensando cómo él fue asesinado tan despiadadamente. Pensando en él tratando de defenderse mientras la terrible maldición verde se acercaba a él. Observándolo caer…
"Lo sabía," susurré con un jadeo, lágrimas llenando mis ojos. El shock comenzaba a desaparecer. "Maldita sea, yo sabía."
Harry dejó de hablar, no estoy segura en qué parte de la historia estaba. Los tres me observaban atentamente ahora, pero no podía hacer más que mirar mis manos. Estaban temblando mucho, tanto que se habían caído de Fawkes que aún descansaba sobre mi rodilla. Traté de juntarlas para detener el temblor, pero entre más lo pensaba –entre más me daba cuenta- se volvía peor.
"¿Audrey?"
"Cuando Cedric trató de besarme… cuando me besó – ambas veces vi un destello verde-" una lagrima perdida cayó por mi mejilla al respirar temblorosamente. "Nunca pensé que -¿cómo podría? Le dije que evitara y que sea cuidadoso con destellos verdes. Pero nunca pensé que sería –es decir, ¿quién podría querer matar a Cedric?"
"Tuviste una visión," Dumbledore asintió gravemente. Sirius me observó con ojos muy abiertos.
"Oh, Audrey…"
"No lo sabía," cerré los ojos, pero sólo causó que las luces verdes se repitieran en mi memoria brillando más fuerte. "No debería haberlo dejado ir –le dije que quería seguir sola. Le dije que quería ganar… él quería que fuésemos juntos. Él quería encontrar a Fleur y yo dije que quería intentar ganar. Si tan sólo hubiera venido conmigo, hubiéramos encontrado a Fleur juntos y hubiéramos tardado en llegar al traslador. Si no hubiera tocado el traslador, no hubiera muerto, él-"
"Audrey, no," dijo Harry rápidamente, su voz ronca. "Él y yo sólo fuimos juntos porque yo lo salvé y él me salvó. Si hubiera ido contigo, tal vez hubiera llegado primero solo-"
"Podría haber sido yo," siseé. "Si hubiéramos sido tú y yo, podríamos haber derrotado a Voldemort."
"No, Audrey," susurró Sirius. "No. Eso es imposible."
"Él no te quería a ti," acordó Harry. "Dijo que era mi sangre lo haría más fuerte que cualquier otra. Dijo que la protección que mi –que nuestra madre dejó en mí –él la tendría también. Y tenía razón, pudo tocarme sin lastimarse, me tocó la cara."
"Muy bien, Voldemort ha superado esa barrera." Asintió Dumbledore, cerré los ojos otra vez.
"También vi eso," susurré. "Él te tocó. Sentí el dolor, hasta vomité. No sé si fue real o en la visión, pero vomité por ello."
"¿Esto lo viste en una visión?" preguntó Dumbledore, un destello en sus ojos mientras miraba entre Harry y yo, su mirada cayendo a nuestros antebrazos.
"Un montón de visiones, todas juntas." Susurré. "Pensé que nunca acabaría."
"Interesante, interesante," murmuró Dumbledore.
"¿Qué es interesante, Dumbledore?" preguntó Sirius, sonando tan molesto como yo normalmente lo hubiera estado. En su lugar, Dumbledore alzó una mano para callarlo.
"Dejemos que Harry termine su relato," dijo solemnemente. Harry asintió para si mismo antes de volver a comenzar. Explicó como Voldemort había regresado y lo que le había dicho a sus Mortífagos, decidí no interrumpir otra vez diciendo que yo también había estado ahí para esa parte. Él explicó como Voldemort le ordenó que luchara, como le echó el maleficio Cruciatus.
"Fue entonces cuando encontró el pergamino en mi bolsillo," Harry se detuvo, mirándome por el rabillo de su ojo, hice lo mismo. Harry parecía estar pidiéndome permiso para contar lo que yo había escrito en el pergamino. Ignoré la pregunta y me volví a Dumbledore.
"Encontró la advertencia que coloqué en el bolsillo de Harry. La advertencia de que alguien estaba disfrazado con poción multijugos e involucrándose en el torneo," expliqué. Sirius lucía completamente atónito, hasta Dumbledore alzó sus cejas interesado. "La había puesto en su bolsillo antes del torneo. Fue una revelación que tuve antes de ver a la señora Weasley y a Bill –no pude pensarlo lo suficiente para admitirlo o acusar a nadie. Debería simplemente haberlo admitido…"
"Le dije que alguien estaba infiltrado y que era la misma persona que puso nuestro nombre en el cáliz. Él no lo leyó a tiempo y vi a Voldemort leerlo. Más temprano, Harry había arrancado un artículo del Profeta –Voldemort también leyó eso." Tragué, sintiendo mi garganta cerrarse.
"Le molestó que sus Mortífagos no vieran las señales que ella sí," finalizó Harry por mí, sus ojos fijos en mí. Era como si supiera que mi pecho se contraía nerviosamente, como si intentara asegurarse de que aún estaba respirando. "Creyó que ella era una amenaza-"
"No una amenaza," corregí. "Lo insultó por completo la palabra amenaza, pero seguía diciendo que sería una molestia. Que mis habilidades intimidarían a los Mortífagos y que planean deshacerse de mí sin dudarlo."
"Alguien se ofreció a asesinarla al bajar del expreso," recordó Harry repentinamente, mirando a Dumbledore como si fuese una advertencia. "No podrán hacerlo, ¿verdad?"
"Claro que no," dijo Dumbledore y por alguna razón, lo hizo sonar completamente creíble.
"Dijeron que intentarían cambiar mis lealtades," dije entre dientes, avergonzada de siquiera poner esa idea en sus cabezas. "Que porque estaba en Slytherin y era amiga de Slytherins podría unirme a su causa. Colagusano dijo que yo nunca traicionaría a Harry entonces ellos decidieron que sería más fácil deshacerse de mí."
Sirius apartó la mirada pero Dumbledore asintió, una pequeña sonrisa en sus labios. Sus ojos se posaron en Harry pacientemente. "¿Qué pasó luego, Harry?"
Harry continuó nuevamente con su historia, hablando del intento de duelo con el hombre-serpiente y como sus varitas se habían conectado por una luz dorada. Le costaba hablar, pero ahora no podía ayudarlo. No había visto eso, no sabía qué había sucedido. Además, volvía a estar casi perdida en pensamientos de Cedric –traté de prestarle atención, realmente lo hice, pero la imagen del cuerpo de Cedric me perseguía.
"¿Se conectaron las varitas?" preguntó Sirius, mirando primero a Harry y luego a Dumbledore. "¿Por qué?"
"Priori Incantatem" musitó Dumbledore como respuesta –no es que la hubiera entendido. Sus ojos se enfocaron en Harry por un momento y era como si estuvieran teniendo una conversación como Snape y yo lo habíamos hecho hace sólo media hora. Desearía poder llamarlo ahora. Desearía tenerlo aquí para que leyera mi mente y les dijera todo. Aún o tenía razón para hablar y ya no quería oír más.
"¿El efecto de encantamiento invertido?" preguntó Sirius felizmente. Miré a los tres hombres, los tres sabían exactamente de lo que hablaban aunque yo estaba completamente perdida.
"¿A qué te refieres con 'encantamiento invertido'? ¿Se invirtieron los hechizos que hicieron? ¿Acaso Harry accidentalmente conjuró el maleficio asesino?" eso era imposible sin embargo, porque Voldemort no había muerto. Eso lo recordaba vívidamente.
"¿La pluma de mi varita proviene de Fawkes?" preguntó Harry sorprendido.
"Sí," sonrió Dumbledore casi tristemente. "En cuanto saliste de su tienda hace cuatro años, el señor Ollivander me escribió para comunicarme que tú habías comprado la segunda varita."
"¿Pero qué es eso del encantamiento reverso?" pregunté, mirando a Harry quien apartó la mirada casi culpablemente. Pero ¿por qué? ¿Por qué mi hermano se sentiría culpable luego de todo lo que ocurrió esta noche?
"Entonces, ¿qué sucede cuando una varita se encuentra con su hermana?" preguntó Sirius, mirando de Dumbledore a Harry. Sonaba como si lo podría haber sabido pero no sonaba lo suficientemente seguro como para tomar decisiones.
"No funcionan correctamente la una contra la otra," explico Dumbledore en voz baja. "Sin embargo, si los dueños de las varitas las obligan a combatir… tendrá lugar un efecto muy extraño: una de las varitas obligará a la otra a vomitar los encantamientos que ha llevado a cabo… en sentido inverso, primero el más reciente, luego los que los precedieron…"
Él le dedicó una mirada a Harry que no pude entender, sus ojos deslizándose hacia mí por un momento antes de que volviera a mirar a Harry. Harry asintió, contestando otra pregunta que no entendí, instintivamente tomé la mano de Harry. Una mirada tan culpable y esa mueca sólo podían significar algo terrible, ¿verdad?
"Lo cual significa" dijo Dumbledore lentamente, sus ojos pasando del rostro de mi mellizo a el mío, "que tuvo que reaparecer Cedric de alguna manera."
Mis ojos volaron hacia Harry, amplios y confundidos. "¿Qué?"
"¿Diggory volvió a la vida?" preguntó Sirius duramente. Mi corazón dio un vuelto y latió dolorosamente contra mi adolorida piel. Pero ¿cómo pudo regresar a la vida? ¿Fue gracias a este Priori comosellame? No, era demasiado bueno para ser verdad -¿o no? ¿No merecía finalmente un respiro? ¿Harry no merecía finalmente un respiro? Cedric ciertamente no merecía ser asesinado tan cruelmente. No, él merecía vivir. Pero si él estaba viviendo, ¿por qué no podía verlo? ¿Por qué Dumbledore lucía tan serio si Cedric Diggory no había fallecido?
"Ningún encantamiento puede resucitar a un muerto," dijo Dumbledore apesadumbrado, sus ojos cayendo sobre mí y tratando de hacérmelo entender. Simplemente no podía entender que este era el final de Cedric. "Todo lo que pudo haber fue alguna especie de eco. Salió de la varita una sombre del Cedric vivo… ¿no es cierto, Harry?"
"Me habló," susurró Harry, agarrando mi mano con más fuerza. Él estaba temblando de nuevo y parecía no ser capaz de mirarme. "El… el fantasma de Cedric, o lo que fuera, me habló."
"Un eco," recordó Dumbledore, "que conservaba la apariencia y el carácter de Cedric. Adivino que luego aparecieron otras formas… victimas menos recientes de la varita de Voldemort…"
"Un viejo," dijo Harry, su garganta aún encogida. "Bertha Jorkins. Y…"
"¿Tus padres?" preguntó Dumbledore en voz baja. Físicamente me encontré con el pensamiento de ello y dirigí mi dura mirada hacia mi hermano, quien estaba determinado a mantener sus ojos alejados de los míos.
"Sí," dijo Harry.
Me alejé de mi hermano, observándolo con ojos como platos y me encontré mirando entre las miradas de Dumbledore y Sirius por una aclaración. Por una confirmación. Por cualquier cosa. Snape, ¿por qué no estás aquí? Pregunté, pero no recibí respuesta. No tenía la suficiente energía para encontrar su mente y comunicarme con ella ahora. Ambos hombres lucían solemnes, como si intentaran no moverse y asustarme aún más. Tal vez realmente era como una gatita perdida para ellos: una perdida, asustada gatita que se escaparía si se acercaban demasiado.
Me alejé de Harry, repentinamente rebelde por los pensamientos girando en mi mente. Era como si hubiera vuelto a ser yo misma por un momento; la yo cruel, la enojada que veía lo injusto que era lo que me acababan de decir. ¿Por qué Harry? ¿Por qué me miraban a mí como si yo fuera la más frágil cuando la cordura de mi hermano se les escapaba entre los dedos? No era justo. ¡Nada de esto era justo! "¿Tú viste a nuestros padres? ¿Viste a Cedric?"
"Audrey-" susurró Sirius, pero alcé una mano para detenerlo al levantarme de mi asiento.
"¡No me llames así!" dije cruelmente. "No tienen idea lo que yo vi esta noche –lo que oí esta noche. Tuve visiones en donde me torturaban y moría y veía a otros morir pero no podía ayudarlos. Tuve que sentir todo el dolor que Harry sintió y vivir todo el dolor que ahora sé que tendré que vivir. Tuve que ver a Voldemort hablándome en una visión porque de algún modo podía verme-"
"¿Voldemort podía verte?" preguntó Sirius escandalizado. Dumbledore pareció encontrarlo lo suficientemente interesante para despegar sus ojos de mi hermano y escuchar mis palabras. Fantástico.
"-y durante todo eso tú estabas hablando con nuestros padres muertos y mi-" ¿mi qué muerto? Cedric no era mi novio. Sólo lo había besado. Sólo había tenido tiempo para besarlo. Y luego lo maté. Lo maté porque no había oído a mis instintos. Lo maté porque no había oído las cosas que sabía –que él estaba en peligro. Que yo estaba en peligro. Que nosotros estábamos en peligro.
"Audrey, Harry luchó contra Ya-Sabes-Quien esta noche. Él-"
"Salvó el día. Sí, siempre salva el día, ¿o no?" lo miré, lágrimas dificultando mi visión al sentir mi rostro transformarse en una mueca de desprecio. "Pero siempre lo recompensan, ¿lo has notado? Seguro que tuvo tiempo para dedicarle unas últimas palabras a Cedric, ¿verdad? ¿Acaso mamá te cantó una canción de cuna, también?"
"Drea, por favor-" Harry también lagrimeaba, mirándome desesperadamente. No podía creer lo traicionada que me sentía ¿Había visto a mamá? ¿A papá? ¿Cedric? ¿Por qué yo no pude? ¿Por qué Harry tenía que tener la varita que le permitía verlos? ¿Por qué necesitaba la sangre de Harry y no la mía? ¿Mi sangre no era lo suficientemente buena? ¿Acaso la cerda de Parkinson tuvo razón todo este tiempo?
"¡No!" rugí, Fawkes trató de volar hasta mí, llorando en su camino. Me alejé del fénix. "¡No quiero tus lágrimas y no quiero que me cures. No quiero olvidar esto y seguir con mi vida en la mañana. Quiero estar de duelo ¡Déjenme en paz!" Me apresuré a la salida, sin ser capaz de evitar el impulso que mi corazón me había dado para alejarme de la oficina. Incluso cuando Sirius gritó mi nombre, no pude detenerme. Oí a Dumbledore diciéndole que me dejase ir, que había pasado por más de lo que él sabía esa noche –lo cual me hizo querer regresar a gritarle más.
Dumbledore no tenía idea por lo que había pasado esta noche, no se había tomado el tiempo de preguntarme. Para ser honesta, realmente no me importaba lo que él pensaba que había o no pasado esta noche, pero estaba molesta por haberme marchada antes de poder hablar. Pero necesitaba hacer algo para salir de allí. Necesitaba hacer algo para alejarme de la imagen de mis padres y de Cedric gritándole a Harry que corriese que me perseguían. No quería que así fuese como imaginara a mis padres. No quería que fuese así como recordaría a Cedric. Cedric había sido calmo y tranquilo y dulce. No debería haberme forzado a pensar en sus últimos momentos –como un eco- y sobre cómo había muerto gracias a mi propia idiotez.
¿Y por qué Harry pudo hablar con nuestros padres y yo no? Harry siempre parecía tener esas experiencias de las cuales yo nunca tenía oportunidad de vivir. Harry los había visto en el Espejo de Oesed, había oído la voz de mamá como su pensamiento feliz para los Patronus, y ahora los había visto como -¿como qué? ¿Fantasmas?... ¿o como ecos?
¿Por qué no a mí? ¿Por qué yo nunca podía vivir esa clase de cosas? ¿por qué yo nunca podía vivir algo tan personal y tan significativo como ver a mis padres muertos? Porque ellos eran mis padres también. Nadie parecía recordar que Lily y James Potter tenían una maldita hija también. ¿Por qué yo nunca podía ser la heroína que era recompensada viendo a sus padres o la que tenía un momento en el que todos se preocupaban por mí? Hasta cuando me había envenenado un maldito dragón, todos se preocuparon por él.
¿Cuál era mi problema?
¿Qué me faltaba que Harry tuviese?
Miré a mi alrededor sin rumbo cuando finalmente dejé la oficina del director. Una parte de mí quería regresar, los corredores vacíos parecían más intimidantes que nunca. Pero no podía regresar –no luego de la escena que había hecho y el hecho de que la verdad aún dolía. Harry tenía todo. Incluyendo segundas oportunidades por millones.
Grité, tirándome del cabello que tiñó mi vista de rojo en el momento que cayó sobre mi cara. Nada respondió a mi grito de furia, gracias a que nadie estaba en ese corredor. Pensándolo bien, ¿quién querría venir al séptimo piso si no era para verlo a él o ir a la sala común de Gryffindor?
Comencé a caminar, tratando de despejar mi mente. No podría decirles a dónde me dirigía, pues no lo sabía. Mi mente estaba demasiado desordenada en las revividas imágenes de mi multi-visión y mis tripas aun doliendo ante la idea de Cedric cayendo bajo la ira de un hechizo verde. Era demasiada distracción como para pensar en cosas tan insignificantes como mis pisadas.
Antes de que siquiera supiera dónde esas pisadas me había llegado, levanté la vista para ver la fea cara de la dama gorda. Aparentemente mi subconsciente había decidido llevarme a la sala común de Gryffindor –aunque no entendía por qué estaba aquí. Harry aún estaba con Sirius y Dumbledore y yo estaba de pie en un pasillo vacío, esperando que alguna clase de inspiración se encendiera en mí.
"Necesitas una contraseña, Slytherin." Ah, sí. Casi me había olvidado que mi relación con el retrato de Gryffindor era tan mala como la que tenía con la gárgola del director.
"Una Slytherin cuyo mellizo es un Gryffindor," rodé os ojos. "Y es buñuelos de plátano."
Gracias a Salazar había estado en la sala común de Gryffindor con los Weasleys y Harry tan solo hoy más temprano -¿tan solo fue hoy? Si no hubiera recorrido el castillo con ellos, no había manera de que hubiera ingresado. Para ser honesta, con lo mucho que me preocupaba que alguien estuviese en el castillo, me sorprendía que siquiera presté atención.
Ahora mi mente comenzaba a divagar otra vez. Era maravilloso tener una pausa entre pensamientos de luces verdes y cuerpos cayendo al suelo para poder pensar en Ojoloco –o mejor dicho, Barty Crouch Junior- y pensar en todo lo que me había hecho en este día. Mes. Año.
Noté que no había nadie en los dormitorios, probablemente los hicieron quedarse en el campo luego de lo sucedido. Mirando el reloj, vi que tan sólo eran las 11:00pm, la prueba había terminado hace una hora y media. Aparentemente Dumbledore quería estar seguro antes de dejar ingresar a los estudiantes y encargarse de aquellos que luego de los eventos de la noche sufrirían trastornos por estrés postraumático.
Con mis pensamientos aún en el traidor, me dirigí al cuarto de Harry. Había que subir las escaleras, no estaban en el mismo nivel como lo estaban los dormitorios de Slytherin. Su habitación era mucho más acogedora que las nuestras. Seguro, nosotros teníamos calaveras en los postes de la cama y decoraciones inmaculadas con la verde mirada del lago, pero había algo sobre la calidez de las frazadas y alfombras rojas, llenas y feas camas que lo hacían más atractivo. Fui al pie de la cama de Harry, confiando en mis instintos cuando noté que era allí a donde ellos me llevaban.
¿Cómo podría no confiar en mis instintos ahora?
Abriendo el baúl de Harry fue fácil y encontrar la capa de invisibilidad en el fondo de su baúl fue extremadamente simple. Se la había devuelto la semana pasada y ya estaba maltratando la cosa. Lo toqué suavemente, preguntándome para qué habían usado esta capa. Si hubiera sido capaz de ver a mi padre todas las veces que Harry lo había hecho, se lo hubiese preguntado. Le hubiera preguntado cómo era hacer bromas en el castillo en ese entonces. Si Flich había sido tan molesto y si ese maldito gato siempre había odiado a todos –hasta a mí. Le hubiera preguntado cuál fue su mejor broma en la que la utilizó y cuánto la había usado luego de convertirse en animago.
Coloqué la capa sobre mis hombros, escondiéndola fácilmente en los dobleces. Harry no sería capaz de usarla por mucho –cada vez estaba más alto. Con el tiempo, esta no podría cubrir sus pies y cabeza al mismo tiempo.
Sorprendentemente, ser invisible era un alivio. Aunque no había nadie aquí y todo lo que quería era enfrentar a quien se atreviera a cruzarse en mi camino, me sentía más libre. Posiblemente hasta liberada de toda la presión bajo la que había estado en el torneo, las pruebas, los artículos, hasta el pequeño estrés que Cedric poseía. Era como una luz en mi pecho, el sentirse invisible. El sentimiento que podría salirme con la mía.
Y repentinamente una idea apareció en mi cabeza. Repentinamente, me di cuenta que podía salirme con la mía. Era invisible. Tenía Magnuse –podía ser completamente ilocalizable y al mismo tiempo, podía ser completamente…. ¿completamente qué?
Mis pies decidieron contestar la pregunta.
Fue difícil, caminar hasta el primer piso desde la cima de la torre de Gryffindor. Me sentía cansada, apenas tenía energía. Había tomado un poco de chocolate del baúl de Harry, pero el ímpetu que me dio no fue suficiente para durar demasiado. En retrospectiva, desearía haber bebido un poco de la poción pimentónica que Snape tenía para Harry y yo… por otro lado, no necesitaría preocuparme sobre eso en un rato. Algo me decía que mi adrenalina estaba a punto de curar estos problemas.
Fuera de la oficina del profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras se encontraban McGonagall y Snape. McGonagall lucía exhausta y agotada, su cabello no estaba en el severo y pulcro moño en el que regularmente la veía. Parecía que había luchado con él, o posiblemente corrido, causando que fragmentos se escaparan y se desviaran del aspecto áspero en el que trataba de moldearlo. Ella y Snape se susurraban acaloradamente, de vez en cuando lanzando duras miradas hacia el hombre encadenado en la silla de la oficina.
Barty Crouch Junior lucía casi igual a como lo recordaba en el Pensadero. Aún tenía ese cabello color paja, ojos hundidos, pero ahora tenía un dejo de locura en cada uno de sus movimientos que no había estado presente cuando rogaba por su vida. Tal vez era por eso que mis profesores más estrictos no se atrevían a estar en el mismo cuarto que él.
"El Señor Tenebroso vendrá por mí, Snape. ¡Cuando lo haga te matará, traidor!" Ah, o tal vez ese era el porqué. Las palabras me hicieron fulminar con la mirada al hombre de pelo pajoso. No era tan viejo –debería ser unos diez años mayor a Bill Weasley, si eras capaz de sobrepasar su locura brutal. Snape se tensó levemente pero le dio la espalda al hombre, alejándose un poco de él y saliendo por la puerta de la oficina. Miré a McGonagall, quien susurraba una especie de amenaza al Mortífago, antes de alejarse y acercarse un poco más a Snape.
Tomé la oportunidad al verla. Díganle instinto –y como ahora sé que nunca volvería a ignorar mis instintos, actué rápidamente.
Sobrepasé a mis dos profesores, manteniéndome bajo la capa no sabrían que yo estaba allí. Aún murmuraban mientras observaba el cuarto atentamente, observando la cabeza de Crouch rodando sobre su espina. Él sonreí y hablaba para sí mismo –algo sobre la masacre de los sangre sucia y traidores cuando él regresara.
Ya saben, lo usual.
Volví a helarlo con la mirada, yendo a la puerta y tocándola donde mis profesores no podían verla.
Comencé a concentrarme antes de planear lo que sea que iba a hacer. Extendí mi energía, enfocándome en la madera con nudos y áspera bajo mis dedos. Traté de imaginar la madera hinchándose, imaginando que se abría y rompía y encantaba –pero la madera era tan rígida e hinchada que no se abría sin importar lo que hiciera. Era casi como si mi energía le pidiera a la puerta que me fuera leal. Era la única manera que sabía que funcionaría y no tenía la energía para transformar la puerta en algo más. ¿Pero hablarle a la madera? Bastante raro, pero más fácil. Agotador, pero más fácil.
Sentí las yemas de mis dedos calentarse y luego enfriarse rápidamente, como enviándome una clase de mensaje. Algo afirmativo, de alguna forma eso lo entendía. Era como si acordara conmigo, acordando que lo que estaba haciendo era para vengar, para justificar, para validar las muertes que este hombre causó y causaría…
La puerta se cerró de un portazo.
La puerta cerró con llave.
McGonagall y Snape inmediatamente fueron a la puerta: golpeando, hechizando, maldiciendo, gritando. Intentaron todo, y observé mientras lo hacían. No tenía la suficiente confianza en la poca energía que tenía para cerrar la puerta bajo mis no-tan-buenos talentos de Magnuse. Esperé otro minuto escuchando para oír a la profesora McGonagall retirándose en busca de algo –o alguien- antes de sacarme la capa de invisibilidad.
"¡Ja!" el Mortífago de ojos hundidos rió. "Audrey Potter -veo el daño que el Señor Tenebroso te ha causado. ¿Ves? ¿Ves su poder? ¡Puede controlarte desde cualquier lado!"
"No, no a mí," dije de mal modo. "Estoy aquí para mirar al hombre que asesinó a Cedric Diggory."
"Si no hubiera tocado esa copa, podría haberse salvado. Tenía buena sangre, buen talento." El hombre casi sonaba decepcionado, pero no sonaba arrepentido.
"Y pensar que sentí lastima por ti," siseé. "Cuando te vi arrastrado, siendo encarcelado por tu padre –pensé en cómo no te entendían. La presión, la crudeza, que no siempre era blanco o negro. Te defendí."
"No es blanco y negro," mofó él. "¡Es la vida y la muerte! Es una pena que se haya derramado sangre buena, pero fue por algo mucho más grandioso que el chico Diggory-"
"A ti no te importaba. Realmente no te importa la buena o mala sangre, sólo querías matarlo," acusé, presionando mi dedo contra la calavera tatuada en su antebrazo. La misma que había visto formarse en mi brazo y sangrar. La miré con asco, una ira creciendo en mí nauseabundamente. "¿Te sientes mejor? Te encarcelarán por servir a tu amo –sólo que esta vez no escaparás."
"¿Escapar?" su risa era demasiado fuerte, demasiado loca. "El Señor Tenebroso recompensa sus seguidores, Potter. Él me sacará de Azkaban, ¡o yo lo haré cuando él vuelva al poder! Como aquellos más leales a su última causa –seré el más recompensado."
No sabía si esto era verdad o no. No sabía si Voldemort había sacado a Mortífagos de Azkaban antes, pero no quería arriesgarme. No pude evitarlo cuando mi varita de repente se encontraba en mi mano y repentinamente pegada a su yugular. "Entonces yo te mataré."
Él ya no se reía, pero sus ojos aún mantenían ese brillo histérico.
"No tienes las agallas," me burló. "Eres una cobarde."
"Voldemort es un cobarde," siseé intencionadamente.
"¡No digas su nombre! ¡Eres una cobarde, Audrey Potter, y el Señor Tenebroso lo sabe!"
"¿Yo? Yo no me oculté en el cuerpo de otro para controlar vidas secretamente." Gruñí, presionando mi varita con más fuerza. Él hizo una mueca y trató de alejarse, pero al estar encadenado a una silla no le permitió moverse mucho.
"¿Pero tú te escondes en la sombra de tu hermano y tienes demasiado miedo para tomar el control?" No sabía si era una declaración o una pregunta gracias a la presión de sus dientes por la presión en su cuello, pero la oración en sí me enojo.
"SI no hubieras asesinado a mi posible novio, ayudado a que Voldemort regresara, y básicamente condenado a Harry y a mí a escapar de por vida, esto podría ser una conversación interesante." Ladeé la cabeza amenazadoramente, volviendo a apretar mi varita en su garganta. "Pero lo hiciste."
"Oh, ¡gracias al cielo, Ministro!" la voz de McGonagall sonó del otro lado de la puerta. "La puerta se ha cerrado, no pode… ¿qué está-? ¿Por qué trajo eso aquí?"
Miré sobre mi hombro antes de volver a mirarlo. "Vienen por ti, Crouch."
"No pueden -¡el Señor Tenebroso no me abandonará ahora!" el hombre volvió a reír. Si no hubiera estando tan enojada, hubiera sentido pena por la patética excusa de hombre frente a mí. Azkaban realmente le había afectado, con ese demente brillo en sus ojos y la peligrosa dependencia de un reptil.
Dejó de reír cuando el cuarto comenzó a enfriarse. Increíblemente frío, algo que me causó piel de gallina en los brazos aunque no fuera necesario. Hizo más frío, aún más frío… una vela detrás de la cabeza de Crouch se apagó. A su risa la remplazó un gemido mientras sus ojos se agrandaban y aguaban.
"Dementor," susurró, su respiración jadeante. Hubo un momento en el que temí, al darme cuenta lo que intentaba ingresar al cuarto casi me aterré –pero el dementor no vendría por mí. No, tenía otro pez que pescar.
"Te dije que vendrían por ti, Crouch." Me encontré sonriendo, pero no era la sonrisa que usualmente usaba. No era una de felicidad ni una satisfecha, era… vengativa. Sus hundidos ojos amplios me miraron.
"¡Te besará también! ¡No puedes esconderte de él bajo esa capa!"
"Oh, no necesitaré hacerlo." Me alejé, observando la puerta comenzando a temblar. "Siempre ha sido una romántica. Mi pensamiento feliz es verlo besándote. Lo veré besarte hasta la muerte."
Coloqué la capa sobre mí, apartándome del camino de lo que sea que ahora sucedería. No pude evitar escuchar mientras él comenzó a protestar y gritar, mirando mientras intentaba zafarse de las cadenas. Su terror era extrañamente satisfactorio.
La puerta no se abrió de golpe, de hecho estalló –astillas volando por aquí y allá. Supongo que eso era una forma de arruinar el Magnuse que había logrado usar en ella. ¿No habían pensado en ello antes? ¿O me estaba debilitando tanto que simplemente lo dejé pasar? O, más espantosamente, ¿me emocionaba ver el castigo de Crouch?
Snape y McGonagall entraron al cuarto con sus varitas en alto. Miraron alrededor del cuarto cautelosamente buscando lo que causó que la puerta se cerrase y pegase –pero me escondí bien. Observé mientras ellos notaban que no había ningún peligro notorio y las bajaron, sus ojos cayendo sobre Crouch quien aún protestaba en su silla.
"¿Es-?" Cornelius Fudge jadeó, mirando al hombre en la silla. "¿Qué –cómo –quién?"
"Un Mortífago, ministro. Escapó de Azkaban," le explicó Snape. Fudge pasó su mirada desde el maestro de pociones al Mortífago, atontado.
"Pero ¿cómo?"
"¡Mi señor me salvará!" gritó él. Pero no miraba a las personas en la oficina, sus ojos estaban completamente fijos en la pesada figura negra en la entrada. "¡El señor tenebroso vendrá, recuérdenlo! ¡Todos los traidores morirán!"
"¿Creen que Ya-Saben-Quien le dio órdenes?" preguntó Fudge incrédulo, sus ojos pestañeando entre mis profesores, antes de entrecerrarse nuevamente en Crouch.
"Por supuesto, sirvo sólo a mi señor." Anunció en voz alta. "¡Ha vuelto! ¡El Señor Tenebroso ha vuelto!"
Esto estaba tardando demasiado para mi gusto. Me moví tras su silla, moviéndome lentamente para que no pudieran verme bajo la capa. Iba a ritmo lento, contando que el Ministro y mis profesores hablaban entre sí en susurros. Cuando finalmente llegué tras su silla, traté de pensar en mi otro movimiento… ¿qué haría ahora?
Estaba aquí. Estaba tras su silla, el hombre que hizo la muerte de Cedric posible. Él me había arrancado la vida que conocía: un novio, sencillez, seguridad; ¿y qué me había dado a cambio? Miedo y muerte. Eso me dio. Este hombre asesinó todo lo que esperaba de mí, todo lo que podría haber tenido.
No tenía la energía para usar ningún tipo de magia contra él. Estaba exhausta, pero en el fondo de mi mente sabía que yo siempre tenía un truco bajo la manga para ayudar a arruinar el hombre responsable de todo lo ocurrió este año. Necesitaba hacer lo que sabía –y sabía cómo asustar. Aterrar a la gente. Gente idiota.
Me incliné hacia él, a diez centímetros de su cara antes de inhalar profunda y temblorosamente.
Mi respiración no sonó como quería que lo hiciera. Quería que sonara como la aterradora respiración de un dementor. Quería aterrarlo hasta el punto que gritara y pidiera que lo regresaran a Azkaban, sólo para quedarse en la celda y alejarse de ellos. Pero tal vez la suerte estaba de mi lado, o tal vez él estaba demasiado aterrado para notar la diferencia entre lo que yo había hecho y la realidad, pero Crouch comenzó a gritar.
No tuvo tiempo de pensar en el dementor del otro lado de la puerta. Comenzó a retorcerse y alejarse de la criatura del otro lado de la puerta que había volteado su cabeza hacia nosotros. Podía sentir todo el pánico y desesperación que irradiaba de la piel de Crouch. Tal vez sentía la amargura en mi pecho. Quién sabe qué más atrapó la atención del dementor y causó que volara al cuarto y se acercara hasta donde Crouch y yo estábamos.
Tome un paso al costado, dos pasos, siete pasos… traté de alejarme del dementor y aunque estaba ciego, de alguna manera sabía que él sabía que yo estaba en la habitación. Que estaba aquí, observando la justicia cumplirse para el monstruo en la silla.
Y tal vez yo era un monstruo también. Tal vez era un monstruo porque no traté de escaparme del cuarto, que comenzaba a helarse con toda la desesperanza. Tal vez era un monstruo porque no pude apartar mi mirada de la escena frente a mí mientras él se movía hacia Crouch, inclinándose sobre él con lo que sabía que era una resonante respiración podrida. Lo miré encorvarse hacia el hombre que gritaba en la silla, respirando el miedo y la esencia de un alma que no creía que el hombre poseyera.
¿Potter?
Era la voz de Snape. Sabía que era la voz de Snape, pero hasta en mi emoción enfermiza no pude hallar la energía para responderle. Ni siquiera me importaba que Snape supiera que estaba en el cuarto –no pude apartar la vista de la pesada figura encapada inclinada sobre Crouch- quien se calló mientras los otros trataban repeler al dementor.
El cuarto se enfrió cuando él se apartó de un Barty Crouch muy distinto. Su rostro pálido y placido, una destreza natural a sus rasgos. Sus ojos, vacíos y sin ver, recorrieron el cuarto como tratando de entender dónde se encontraba… tal vez el hombre había tenido un alma al fin y al cabo.
El dementor se volteó hacia los otros en la habitación, su rostro lentamente girando hacia ellos y finalmente hacia mí. Estaba intentando determinar a quién atacar luego: quién era el enemigo. Pero ya no había nada que él pudiese hacerme. No ahora que noté que esto, este monstruo de cara placida, era mi pensamiento feliz. Lo vi perder su alma y no sentí simpatía. No sentía remordimiento por el alma que se había perdido por alguien que se la había vendido a un hombre quien podría matar inocentes como él lo había hecho.
¿Eso me convertía en un monstruo? Me sentí casi sonreír, antes de observar un brillante patronus llenando la habitación, sacando al dementor por la puerta. La luz se reflejó en las paredes de la habitación y casi causo un reflejo en el interior de la capa… apenas reconocí lo que vi. Era mi reflejo, pero no era yo en él. ¿Tan rápido había pasado? Ya me había convertido en el monstruo que vi en mis visiones –la de mirada fría e impasible en mis ojos que sólo ahora tenía sentido.
Tal vez me estaba convirtiendo en un monstruo, pero por alguna razón parecía que la crueldad era lo único que tenía sentido. Que la crueldad era lo único que hacía que esto estuviera bien. Es injusto, había dicho –y ahora, y ahora podía hacer que sea justo. Incluso si tenía que convertirme en algo horrible para lograrlo. Había hecho justicia por todo lo que sucedió hoy.
Y lo había hecho por él.
Por Cedric.
Audrey definitivamente está mostrando su lado oscuro... ¿o es simplemente una etapa? ¿Realmente se está convirtiendo en un monstruo de ojos verdes? ¿O ésta es simplemente su manera de lidiar con tanto duelo y dolor? ¡Las cosas están por ponerse intensas! (no puedo evitar que me salga la fangirl interna, perdón pero no perdón jaja).
A los reviewers:
Jeka Cullen S: Voldemort definitivamente recuperó su poder ahora que puede ver en qué anda ella. Deberás ver si puede cambiar algo de lo que vio, ¡pero al menos tiene una buena ventaja para saber cómo evitar algunas cosas! Gracias por tomarte el tiempo de comentar.
Sakuranokimi: Es muy difícil de entender en Inglés así que completamente elogio a SwiftAlice por ser capaz de traducirlo; fue realmente increíble y estoy muy agradecida que esté haciendo este trabajo. ¡Muchísimas gracias por comentar!
Ryhen y Vainshyuu: Ryhen - se suponía que fuese confuso, no te preocupes. ¡No quería dejar a la luz un montón de giros en la trama y no hacerlos pensar en ello! Fue confuso hacerlo en Inglés así que estoy segura que escribirlo en español ha sido mucho trabajo; estoy muy feliz que SwiftAlice se tomó todo ese tiempo. Tienes razón, Audrey vio que iba a besar a Malfoy, pero sabe que puede cambiar el futuro de sus visiones si realmente lo intenta... entonces, ¿lo hará?
Vainshyuu- Tienes razón con que es un capítulo muy extraño, pero espero que te haya mostrado partes interesantes que te emocionen leer luego. Me alegra que no entiendes todo y que no haya dejado todo a la luz, también me alegra que hagas preguntas, aún si no las puedo responder. Gracias por comentar :)
¡Nos estamos leyendo! Y a todas las mujeres allá afuera,¡feliz día de la mujer atrasado! Ojalá hayan tenido un gran día y lo hayan disfrutado, se lo merecen.
¡Saludos!
