Capítulo 25

Eran las siete de la mañana, me moría de ganas de ir con Allison y decirle que la amaba, que la amaba con todas las fuerzas que tengo y no tengo. Pero como bien dijo Esme, primero tenía que arreglar las cosas con Bella, esa era la manera correcta para poder empezar algo con Allison. Porque Allison lo merecía, después de todo lo que hemos pasado, merecía que yo estuviera libre de todo para ella. Bueno si es que ella así lo quiere, de todos modos, si recibo una negativa de su parte no me quedara de otra que intentarlo miles de veces más hasta que diga que sí. No pienso perderla.

—No te mortifiques, cariño. Ella te quiere —dijo Esme, la noche anterior.

Y por su mente pasaron todas las veces que Allison me observó en silencio, tantas veces que no me di cuenta. Cada sonrisa que yo provocaba, o lo ansiosa que se ponía cuando no llegaba rápido de una salida. La mirada dulce con la que preguntaba algo de mí y la sonrisa brillante cada vez que recibía una respuesta. La última imagen fue cuando regrese a Forks, su mirada tan triste con la que entró a la casa, o cuando me veía en la sala abrazando a Bella.

Tan ciego estuve. Nunca me percaté de esos detalles. Ella siempre me ha querido y ahora me daba cuenta de todo el daño que le provoqué cuando me veía con Bella. Nunca me di cuenta de que sufría. Siempre tratando de ser tan fuerte, siempre tratando de salir adelante sin importar cuanto le doliera eso.

Salí de la casa y subiéndome a mi auto me dirigí a ver a Bella, a esta hora de seguro ya no se encontraría Charlie. Me quedé adentro del auto, pensando en lo que le diría. Pero que podía decirle "lo siento Bella, me he enamorado de Allison"

—Eso suena patético, aunque sea la verdad —susurré.

Me bajé del auto, ya no podía alargar más esto. Necesitaba ver a Allison lo antes posible.

Toqué suavemente la puerta, no se me hacía correcto entrar a su habitación como tantas veces lo hice. Escuché sus pasos bajar las escaleras y cerrojo al abrirse. Ahí estaba ella, como los ojos hinchados y las mejillas rojas, sus labios pálidos y resecos. Parecía dañada, rota, una vez más.

—Edward —susurró ella. Supe que le había hecho tanto daño nuevamente.

—Hola, Bella —ella sonrió con tristeza— Yo quería… —aún me sentía molesto con ella, pero verla así me perturbaba.

—¿Quieres entrar? —interrumpió ella.

—Siéntate por favor —pidió.

Ella tomó asiento primero y yo lo hice en frente. Pude ver que se mordía los labios y se apretaba los dedos, claro signo de que no sabía cómo decir algo. Era incómodo, era tanto lo que habíamos vivido, que ahora resultaba extraño estar así, pero era lo mejor.

—Ya sé lo que vienes a decirme. Pude verlo en tus ojos desde el primer momento, supe lo que tú ni te habías dado cuenta. Te habías enamorado de ella —su voz tembló y sus ojos se cristalizan— Sé que mi comportamiento fue el peor, tan solo pido que me comprendas, estoy enamorada de ti y al ver que mis intentos por retenerte eran en vanos, pues estúpidamente intenté desacreditarla ante tus ojos, pero nunca funcionó, y todo me salió al revés —me contó en voz baja y bajó el rostro.

Parecía realmente arrepentida. De verdad había dicho tantas cosas malas de ella, siempre buscándole defectos a Allison y aunque a veces tenía razón, Bella lo tomaba como si fuera el peor ser del mundo, aunque muchas veces sonara exagerada.

—Fui yo la que quedo mal ante tus ojos y tu familia —continuó hablando— Fui yo la que se ganó el desprecio de Rosalie y la decepción de Alice, Jasper y tus padres, y perdí la amistad de Emmett. En verdad lo siento Edward, nunca quise que esto llegara tan lejos. Tan solo pido que me perdones.

De sus ojos escaparon lágrimas. Me acerqué a ella y tomé sus manos. Sentí alivio al ver que la persona que vi ayer tan solo era un arranque del dolor y la desesperación. No había sido ella. Bella era buena. Ella seguía siendo Bella, la dulce castaña que conocí en el instituto.

—Perdóname tu a mí. Mi intención nunca ha sido herirte, tu sabes cuánto te amé, pero…

—Lo que sientes por ella es más fuerte de lo que pensaste, lo sé — suspiró y se secó las lágrimas —Lamento todo lo que te hice pasar.

—No, eso no es así, soy yo el que siempre te puso en peligro. Lamento haber retorcido tu vida.

—No tienes por que lamentarte. Me diste mucho amor y felicidad, y eso es algo que no olvidare —dijo y yo me sentía peor.

—Perdóname, Bella.

—Si eso te hace sentir mejor, te perdono.

—Gracias.

Me quedé en silencio sin saber que más decir. Admiré su rostro en forma de corazón, su cabello oscuro y sus ojos como un chocolate derretido, sus labios delgados y ese gesto de enseñar sus dientes de conejo cuando habla. La amé tanto que no entiendo cómo pudo acabar. De lo único que si estaba seguro era que con Allison nunca se iba a terminar, mi amor por ella era más fuerte de todo lo que sentí alguna vez.

—Entonces…

—Esta es la despedida —terminó de decir ella. Sus ojos de cristalizaron y su labio inferior tembló.

—No llores, no lo merece —dije tratando de hacerle entender que no merezco que derrame lágrimas por mí.

—No puedo evitarlo. Solo espero que seas feliz —dijo con voz ahogada y yo sin poder contenerme, la abracé fuertemente. Ella enterró su cara en mi pecho y sollozó débilmente.

—Tú lo serás, Bella, en algún momento te encontraras el amor de tu vida y lo primero que pensaras fue que me confundiste con él.

Ella se alejó y me miró con las mejillas húmedas.

—Eso espero.

—Así será —dije limpiando los restos de lágrimas.

—Edward, sé que todo este tiempo traté de hacerla ver mal ante ti; pero si de algo estoy segura es que ella te ama como a nadie, y eso lo demostró al pedirte que vinieras por mi cuando ella estaba muriendo por ti. Yo no hubiera tenido el valor para pedirte algo como eso. Ella te ama y lo ha demostrado al ser tan fuerte enfrente de nosotros —aseguró con voz firme— Así que por todo lo que vivimos y por el amor que existió entre nosotros te pido que no la dejes ir.

—Te prometo que así será, pero ahora te toca prometerme algo a mí.

—¿Qué cosa?

—Sé feliz, Bella, busca aquel hombre que ponga tu mundo de cabeza y te amé con locura.

—lo prometo —dijo ella levantando su mano derecha en señal de juramento.

Me acerqué a ella y le besé la mejilla. Me levanté del sofá y caminé a la puerta, ella iba detrás de mí, podía sentir la calidez de su cuerpo. Giré a verla y ella me observó desde el marco de la puerta con una sonrisa que devolví rápidamente.

Bella era una chica fantástica y sabía que no tardara en aparecer alguien que realmente se la mereciera. Ella no era para mí ni yo para ella. En algún momento nuestros caminos giraron en sentidos opuestos y ante mí apareció Allison. Aquella chica que con una sonrisa puede robarme la voluntad.

Manejé lo más veloz que pude. Sonreí al saber que ahora ya nada me impediría estar con mi bonita Allison, con mi chica del mar. Tan solo tenía que llegar y pedirle que se quedara a mi lado por siempre, que haría lo que me pidiera para que perdonara todo el daño que le causé, que me permita tenerla a mi lado y que sea ella mi felicidad. Que sea ella mi mejor encuentro no planeado.

Cuando llegué a la casa vi a Alice caminar de un lado a otro de manera frenética. Estacioné enfrente de ella y cuando me bajé del auto su rostro se veía molesto.

—¡Se puede saber porque demonios te olvidas del celular! —exclamó ella con los brazos en jarra y mirándome severamente.

—¿Qué pasa? —pregunté atrapando el celular que Jasper me había lanzado, cuando lo abrí me di cuenta de que tenía como mínimo cincuenta llamadas perdidas de Alice y otras tantas de Esme.

—Es Allison —murmuró Jasper.

—¿Qué pasa con ella?

Por mi mente pasó la idea de que los Vulturi se la habían llevado, que Alec había vuelto y la había raptado. Definitivamente le haría la guerra al maldito ese.

—Ella se fue, Edward, se fue con Emmett y Rosalie —dijo Esme saliendo por la puerta seguida por Carlisle.

Si hubiera sentido dolor sería comprensible, si fuera enojo también, pero lo único que pude sentir fue nada, simplemente era un aturdimiento insoportable, como si Alec Vulturi infundiera su don en mí. Paralizándome. Era algo que no podía describir. Era signo de que ella se había llevado todas mis ganas, me dejo vacío. Completamente vacío. Ni siquiera las fuerzas de moverme o hablar me dejó, ella se llevó todo, me dejó como una cascara vacía.

—¿Por qué lo hizo? —pregunté, por fin encontré la voz para hablar— ¡¿Por qué se fue?! —grité a nadie. Jasper me envió una oleada de calma que sin saber cómo la repelí.

—Calma, Edward.

—No quiero calmarme, Alice, ella se fue sin decirme nada, sin esperar a que yo le dijera todo lo que sentía —dije.

Era ahora donde sentía el dolor punzante mezclándose con el enojo devastador. Busqué en sus mentes, pero no había ninguna información, tan solo estaba la partida de ella

—¡Maldición!, Emmett y Rosalie la ayudaron, no puedo creer que se prestaran para hacerme eso.

—Sabes que Allison los convence de todo —susurró Jasper.

—Cariño, date cuenta, ella pensó que tu habías elegido a Bella y ella no lo soportó, por eso escapó de ti —dijo Esme acariciando mi rostro— Tratamos de decirle que hablara contigo, pero se encerró en su dolor, sin darnos oportunidad de decirle algo.

—Es por eso, ¿ella realmente pensó que elegiría a Bella? —dije cayendo en mi grave error. No la detuve cuando salió corriendo y no la busqué para que me esperara.

—Que querías que pensara, nunca le has dicho lo que sientes —exclamó Alice con reproche.

—Rosalie dejó esto para ti —dijo mi padre extendiendo un sobre que tenía mi nombre, cuando lo abrí me encontré con la estilizada caligrafía de Rosalie.

"Espero que por tu bien no le hagas más daño.

Estamos en Canadá.

Atte. Rosalie

P.D. Eres un idiota"

—¿Hace cuánto se fueron? —pregunté.

—Hace como dos horas —respondió Jasper.

—Creo que volveremos a Canadá —dijo Alice.

Por su mente vi que lo último que veía de mí, era yo conduciendo por la carretera y después mi futuro desapareciendo entre las aguas. Eso era una muy buena señal. Sonreí, porque si todo pasaba como deseaba, mi futuro quedaría pegado al de Allison y por lo tanto Alice ya no podría verlo.

Me subí al auto y salí rápidamente. No podía esperar un minuto más. Ella tendría que escucharme, no importaba si tenía que amarrarla o secuestrarla, o lo que fuera. Tendría que escuchar lo que sentía por ella y si después de eso quiere irse, yo la seguiría por todo el mundo sin quejarme, no pensaba perderla.

El camino era eterno o el auto avanzaba muy lento. Sea lo que sea, me estaba desesperando. Mis manos apretaban con fuerzas el volante y tenía que aguantarme para no romperlo.

Después de casi cinco horas, vi aparecer la casa ante mis ojos. Ni siquiera supe como estacioné y salí del auto antes de que el motor se detuviera. Inmediatamente vi salir a Rosalie y a Emmett por la puerta. Levanté el rostro y vi a Allison, estaba en el marco de su ventana, abrió los ojos sorprendida e inmediatamente se ocultó.

—¡Allison! —grité entrando a la casa.

Pero antes de que pusiera un pie en las escaleras, el amplió cuerpo de Emmett se interpuso y tomándome por el cuello de la camisa me levantó hasta aventarme en contra de una pared. Tenía el rostro como nunca lo había visto, como si yo fuera el enemigo ahora. Rosalie se apoyó en la pared a lado de mí, con los brazos cruzados y me miraba con mucho enojo.

—Tan solo contéstame algo y dejare que hables con ella —era la primera vez que mi hermano hablarme con tanta seriedad— ¿La quieres?

—La amo, Emmett y te juro que antes de hacerle un daño más, prefiero que me quemen —contesté con sinceridad. Sus ojos me analizaron, como si no creyera mis palabras— Te lo juro Emmett.

—De acuerdo —dijo él y me soltó lentamente.

Subí las escaleras y toqué con suavidad la puerta de su habitación.

—Allison, tenemos que hablar.

Podía escucharla caminar frenéticamente.

—No tenemos que hablar, Edward, ya entendí —dijo ella con voz bajita y lastimada.

Nunca imaginé que me doliera tanto escucharla hablar de esa manera. Su voz siempre había sido melodiosa y dulce, como las notas del mismo violín que tocaba.

—Las cosas no son así, yo…

—¡No quiero escucharte! —gritó ella.

—Quieras o no me vas a escuchar —sentencié girando la manija— Esto es infantil, Allison, una puerta con seguro no me va a detener.

—Lo sé —soltó en el momento que empujé la puerta, haciendo que esta saliera de su base. Pero cuando entré a la habitación, estaba se encontraba totalmente vacía.

—Diablos.

Vi a Allison correr en dirección al bosque. Esta chica me volvería loco, como no imaginarme que saltaría por la ventana.

Salté por la misma dispuesto a perseguirla. Cuando toqué el suelo me encontré a Emmett abrazando a Rosalie por la cintura. La rubia trataba de que una sonrisa no se le escapara, pero el oso descaradamente me sonrió con burla.

—No pudieron detenerla —dije un poco molesto.

—Suficiente es que te dijera dónde nos encontramos —dijo Rose con una sonrisa de suficiencia.

Rodé los ojos. No tenía tiempo de ponerme a discutir con ellos. Ahora tenía que buscar a Allison en la playa, ese era el único lugar donde iría.

POV. Allison

Si fue infantil ponerle seguro a la puerta, como si eso fuera suficiente para detener a un vampiro y más al testarudo de Edward Cullen.

Corrí a la playa con desesperación. No tenía idea del porque él estaba aquí. Se suponía que él tendría que estar en Forks arreglando las cosas con Isabella y planeando la famosa boda de la que tanto la escuché hablar con Alice.

"Tal vez quiere entregarte la invitación o quiere hacer la madrina", escuché como una maldita vocecita se burlaba de mí.

Llegué a la playa y caí sin remedio a la arena. No quería escucharlo, tenía miedo de hacerlo. Ya sabía lo que me diría y no era necesario escucharlo. Tal vez si lo escuchaba el dolor se volvería mucho más real que ahora, más intenso, cogería una forma más concisa y estable. No. No quería eso.

—Pero nunca he sido cobarde, tal vez un poco miedosa en este momento, pero ¿quién no le va a temer al dolor? —dije para darme ánimos— Además, ya es momento de levantarme. No puedo seguir así —con frustración me daba cuenta de que no funcionaba, aun quería seguir huyendo de él— Tú puedes Allison —suspiré.

Lo escuché acercarse, no tenía que voltear para saber que era él, detenido en los límites de la playa, viéndome de manera intensa. Lo había hecho tantas veces, aquí mismo y en Forks. Era seguro que ni siquiera supiera que si me daba cuenta cuando me vigilaba en la playa de la Push, cuando estaba acompañada por los dos lobos.

Cerré los puños para no correr, porque estaba segura de que no sería para huir, sino para tirarme a sus brazos y rogarle que me quisiera un poquito al menos. Apreté los labios por temor a decirle que lo amaba y que me había causado tanto daño, como nunca nadie lo había hecho. Y cerré los ojos en un vano intento de rogarles que no se mostraran tan heridos, tan desolados y abandonados.

Me levanté despacio, casi sin fuerzas.

—¿Por qué te fuiste? —preguntó él.

Sabía que ahora se encontraba atrás de mí, tan cerca que podía sentir su aliento acariciando mi cuello. Me alejé un paso, no encontraría el valor de hablar si lo tenía tan cerca.

—Supongo que tu duda me hizo huir, supongo que ya no soy tan fuerte y que me cansé de fingir —dije de manera baja y me abracé a mí misma, tratando de no derrumbarme— He fingido tanto, Edward, que exploté. ¿Y tú a que has venido? —pregunté girándome hacia él.

Su rostro pintaba desesperación.

—Por ti, siempre ha sido por ti —dijo él— Pero no esperaste para que te explicara las cosas —su voz se escuchó dolida.

—¿Qué querías que esperara Edward? Querías que escuchara lo que sientes por ella. Pues déjame decirte que ya lo sé, lo he visto.

—Las cosas cambiaron, cambiaron desde que entraste a mi vida —juró.

Él intentó tomarme por los hombros, pero yo me alejé y vi como sus manos se cerraron en puños.

—¿Qué fue lo que cambio? Y no quiero mentiras.

—Lo que siento me prohíbe mentirte. Te amo.

—No te creo —sentí la furia crecer dentro de mí— No quiero que me mientas más —lo empujé con fuerzas— No te permito que te burles de mí —mi cuerpo volvía a temblar, pero ya ni sabía si era de dolor o ira, o ambas.

—Maldición, Allison, no te estoy mintiendo y mucho menos me burlaría de ti. ¡Te amo! —gritó.

—Pues no te creo —dije después de algunos segundos.

Realmente quería creerle, pero después de todo lo que había pasado se me hacía irreal sus palabras.

—Créeme, te amo. Desde que te encontré en aquel claro, cuando vi tus ojos verdes haciendo que perdiera mi voluntad. Pero fui un maldito ciego que apenas se dio cuenta el día de la batalla de los neófitos. Ese día me di cuenta de que te amo más que a nadie, porque prefería dejarla a ella para protegerte.

Sus palabras chocaron una tras otras en mi cabeza, casi sin poder entenderlas. Sentía un embotamiento en la mente que hasta me impedía decir palabras.

—Eso no es cierto —pude articular.

—Créeme, por favor. Sé que es difícil hacerlo, pero sólo te pido una oportunidad —él acarició mi mejilla y yo cerré los ojos disfrutando todo lo que él me ofrecía— No hay más verdad que esa… Te amo.

—Pero ella…

—Ella ya no tiene cabida en mi vida porque tú te adueñaste de todo. Te adueñaste de mi amor, de mi mente, de cada pensamiento —dijo en voz baja.

Sentía un revuelo de mariposas en el vientre danzando a un ritmo desordenado, al igual que mis caóticos pensamientos.

—Es tan difícil creerte.

Me alejé y abrí los ojos, su mirada se mostró desesperada y dolida. Me dolía más verlo así, pero no podía consolarlo sin estar segura de todo lo que estaba diciendo.

—He visto todo lo que has hecho por ella, todo lo que sufriste por ella. Ahora no pretendas que crea que te has enamorado de mí.

—Pero…

—Déjame hablar, antes de que se acabe mi valor —pedí y él asintió— No es justo que siga callando. Yo te amo, más que a mí, más que todo y más que a nada. Tal vez fue estúpido, pero no lo pude evitar, sencillamente pasó cuando desperté aquel día o quizás fue la noche antes de morir. Quisiera culparte por todo, pero no es justo, es mi culpa y lo entiendo, es culpa de mis ilusos sueños de querer tenerte y no decírtelo antes, para que no llegáramos a este punto —suspiré cansada, tratando de retener el poco valor que guardaba— Fue tan injusto haber sentido tanto dolor, tú la amas y no puedo culparte por hacerlo, algo bueno debiste haber encontrado en ella. Pero yo no puedo permitir una mentira tan placentera como dolorosa, no puedo permitirme creerte, porque al hacerlo me rompería más de lo que ya estoy.

Quería abrazarlo, quería pedirle que no dijera más ahora, que no dijera una palabra más pues todo me dolía. Aceptar mis sentimientos frente a él, cuando amaba a otra, dolía mucho.

—Ahora escúchame tu a mí. Nunca he estado más seguro de algo, te amo. Encontrarte fue lo mejor que me pasó, si tuviera la oportunidad elegiría el mismo camino tan solo por tenerte aquí ante mis ojos como ahora —empezó a decir de manera lenta y mirándome a los ojos— Cometí errores, pero déjame remediarlo. Fui tan ciego que no vi todo lo que poco a poco iba perdiendo, iba perdiendo tu mirada y tu sonrisa, la razón por la cual existo. Sé que será difícil que me creas, sé que no querrás o no podrás creerme, porque sé todo el daño que te he causado. Pero mírame, Allison, ve que no te miento, nunca podría mentirte a ti, siendo tú la que mejor me conoce; conoces mis miradas y mi silencio, conoces mis gestos y mis palabras. Ahora me doy cuenta de que estuve congelado cien años, cien años esperándote sin saber si llegarías. Fuiste mi salvación aun cuando creía que fui yo tu perdición al condenarte a esta forma de vida —confesó. Quería contradecir lo último, no me condenó él, lo hice yo sola— Eres mi todo, Allison, y no dejaré de luchar por ti, no importa si me lleva miles de siglos para que me perdones y aceptes estar a mi lado. Te encontré y no pienso perderte, no otra vez —dijo él haciendo que prácticamente mis rodillas temblaran, mis oídos zumbaran y si mi corazón latiera, ahora mismo sería como el incesante aleteo de las mariposas— Así que, aunque me pidas que me vaya, no lo haré, luchare por ti.

Negué con la cabeza ¿realmente podría tener el valor para pedirle tal cosa? ¿Podría pedirle que se fuera lejos de mí, ahora que lo tenía tan cerca? ¿Podría irme de nuevo? Una vez fue fácil, dos veces lo veía complicado.

—¿Entonces no tengo ninguna opción? Tú eliges, como siempre —pregunte.

—Lo tienes —lo miré sin comprender, ¿estaba realmente dispuesto a dejarme ir?— Son dos caminos, quedarte conmigo para que yo haga todo lo que este en mi alcance para hacerte feliz y demostrarte que te amo con locura o tratar de convencerme que tú no eres para mí. Pero déjame decirte que la segunda te costara horrores, ¿cómo me llamas tú?, ya me acuerdo, soy demasiado idiota para entender a las primeras —terminó de decir él con una media sonrisa.

—Tengo una eternidad para convencerte —susurré, pero sabía que no creería mis palabras, ni yo misma me las creía.

—Pues empecemos —dijo él acariciando nuevamente mi mejilla y dejé que lo hiciera, ladeando un poco la cara hacia su mano— Convénceme que no serás para mí y convence a tus ojos para que sigan el ritmo de tus palabras.

Si fuera humana me habría sonrojado. Eso era lo peor, mis labios podrían mentirle, pero mis ojos jamás, yo era como una ventana abierta para él.

—Conozco a tus ojos muy bien, no por nada me enamore de ellos, siempre tan puros y cristalinos, como las gotas de lluvia.

—¿Entonces no bastan mis palabras? ¿Aunque yo diga que te odio y no quiero verte? —pregunté y él con sus dedos levantó mi rostro para que lo viera. Su mirada atravesó todo en mí, como siempre.

—No, no bastaran, tus ojos tendrán que gritármelo para que yo pueda creerte, así que por lo tanto me quedare a tu lado hasta convencerte o me convenzas.

—Pues estoy pérdida, ellos nunca mentirán, se han empeñado a siempre decirte la verdad —dije con pesar— Te amo —solté con el temor a flor de piel, sin poder tragarme esas palabras.

Él sonrió y me besó.

Me besó y yo enredé mis dedos en su cabello. Siempre esperé esto, siempre soñé con este momento, siempre deseé que se quedara a mi lado y ahora que lo está haciendo, no perdería mi oportunidad, y no importaba si me estaba mintiendo.

Sentí como abrazaba mi cintura y me pegaba más a él. Sentí su lengua acariciando mis labios y en un jadeo que no pude contener, introdujo su lengua en mi boca, iniciando una cadenciosa danza, tan suave y adictiva. Saboreé todo lo que me daba. Disfruté cada sonido que salía de su garganta, llenándome de ellos como si fueran la última gota de sangre que existiera en el mundo.

—Ni creas que te he perdonado del todo —dije al separarme unos milímetros de él y coloqué mis manos en su pecho para alejarlo un poco, aunque sus brazos me apretaron más la cintura hacia él.

—Lo sé, pero tengo una eternidad para convencerte —repitió mis palabras.

Nuestros labios se rozaban al hablar y yo me moría por un beso más.

—Pues empieza convencerme —dije acariciando sus labios con los míos. Él sonrió y me volvió a besar.

Tenía el presentimiento que todo lo que me dijo era cierto, confiaba que son verdad sus te amos. Pero mientras me convencía profundamente de ello, disfrutaría de cada cosa que él me diera. Disfrutaría de él y todo lo que quisiera darme.

¿Qué es una vida sin riesgo?

Por él era capaz de apostar el corazón y si lo rompía, ya vería como arreglarlo.


Nota: Sé que les puede sacar de onda el cambio de Bella. Pero ella no es mala. En el capítulo 14 hice la aclaración que la castaña pasaría por cambios, pero en si su esencia jamás cambiaría. En fin, espero que no se molesten. Tan solo recuerden…

"No confundas mi personalidad con mi actitud; mi personalidad es quien soy yo y mi actitud depende de quién eres tú".


Bueno, el final ha llegado. Siento un vacío abrumador, es como salir del mundo donde he vivido, aunque fueron pocos meses, me acostumbre tanto a él. Quiero agradecerles a todos por leer y dejar sus comentarios. Darles las gracias a los que estuvieron conmigo desde el primer capítulo y a los que me encontré a medio camino. Muchas gracias.

¡Gracias!:

Luz de Luna

Paz

Angiie0103

Katherine

Lyz

Vanelu

Vaneywanavi

ZeldaPhantomhive8

Erin de Acuario

Yess bt

Sofia2426

Y a todos aquellos que le dieron una oportunidad a mi historia. Literalmente estoy llorando. En verdad me gustaría volver a donde todo empezó; a esa noche enfrente de mi computadora, con el deseo de escribir algo y mi imaginación demasiado vivaracha, queriendo volar a donde encontrara magia


En fin, me despido de todos ustedes. Más adelante haré el epilogo.

Besos.

By. Cascabelita