Hechizos congelados
Gracias a que las paredes mantenían el calor durante la noche, Daphne salió de su Sala Común únicamente con la falda y la camisa, donde debajo guardaba un camisón azul de seda para dormir. Sin apenas hacer nada de ruido, cruzó los pasillos de las mazmorras preguntándose qué estaría haciendo Pansy en aquellos momentos ¿Y si Umbridge las había atrapado?
Observó la gran escalinata que llevaba al séptimo piso y esbozó una sonrisa al subir el primer peldaño.
(...)
—Vino de Saúco.
La Dama Gorda repasó con extrañeza a la figura y, con un encogimiento de hombros, se abrió.
La Slytherin dejó escapar un silencioso "Woah..." al comprobar la calidez de la Sala de los Leones y la sensación tan acogedora que la embargaba. Segundos después de examinar con curiosidad los pequeños detalles, se fijó en la obertura que dirigía hacia una escalera y otra.
"¿Y ahora cuál elijo? Ni siquiera me dijo su habitación..."
Apenas estuvo un minuto pensando cuando escuchó unos pasos amortiguados y descubrió cómo Ginny aparecía atándose el cinturón de una bata escarlata. Daphne quedó de pie, sin saber qué hacer puesto que la Leona había apoyado el hombro en la pared sin bajar el último escalón.
—Buenas noches, Daphne —saludó sin apenas dejar que saliera la voz, sacándose el resto de cabello que se había quedado debajo del cuello de la prenda.
—Buenas noches, señorita Weasley, uhm... Es muy cálida, debe de ser una maravilla pasar aquí las tardes de invierno.
Tuvo la necesidad de comentar algo sobre la sala común. Se sentía como si acabara de entrar en el hogar de la joven, a pesar de que no era así. Ginny, con los brazos cruzados para calentar sus manos, dio un par de pasos asintiendo con la cabeza al mirar en general la estancia.
—La verdad es que sí, tenemos la costumbre de no apagar el fuego para que por las mañanas no sea un suplicio levantarse —balanceó el cuerpo ante el silencio que estaba creando Daphne al escudriñar con más atención los detalles—. ¿Cómo te ha ido el enfrentamiento con tu grupo?
—Bien, no han puesto demasiados inconvenientes —murmuró, mientras echaba un vistazo al tablón de anuncios.
—¡¿En serio?! —se tapó la boca y bajó el tono— ¿Cómo ha sido posible? ¿No te han dicho nada? ¿Bromeas?
—Soy una Greengrass, sé lo que hago, y tú eres una Weasley, saben lo que puedes llegar a hacer —volvió a enganchar el anuncio de los Saltaclases de los gemelos Weasley, y dio una vuelta sobre sí misma—. Por ahora estamos a salvo, se podría decir —sujetó la reina del ajedrez mágico que se situaba en un rincón de la sala y miró las líneas detalladas de la pieza—. ¿Son de mármol? Creía que todos teníamos los mismos materiales en las salas.
—Uhm, ¿a qué te refieres?
Ginny se acercó intrigada a la Slytherin que se había apoyado en la pared más cercana al juego de mesa, y aceptó la pieza que le ofrecía.
—En nuestro ajedrez las piezas blancas son de plata y las negras de oro.
—¿Qué?!
—Y pensaba que era igual en todas las salas —frunció levemente el ceño—, ya acabo de comprobar de que no es así.
La Gryffindor bufó al tiempo que devolvía la reina a su puesto.
—Está claro que no veis la de privilegios que tenéis en Hogwarts y fuera de la escuela, seguramente el ajedrez fue un regalo de algún padre muy rico para los amigos de su hijo o hija Slytherin. Así que...Sí, nuestras piezas son de mármol. Y las de Ravenclaw son de hierro y de turmalina negra —¿hacía falta decir que había entrado en la torre de las Águilas para pasar las tardes rodeada de chicas que la empujaban a estudiar sin parar? Nah—, creo —acabó añadiendo, para quitar interés. Siguió a Daphne con la mirada hasta que esta se entretuvo a observar la decoración de la chimenea —. Y... por cierto, si tus amigos no tienen problemas con "nuestra relación" ¿qué haces aquí?
—Quizás lo mismo que tú, si me esperabas... —bromeó con sus pupilas distrayéndose con las chispas del fuego.
—Oh, siento decepcionarte —atravesó la Sala hasta situarse enfrente de la mayor, teniendo que alzar la cabeza para mantener el contacto visual—, pero estaba esperando a 'mione.
—¿Tampoco ha venido aún? Por Merlín, ¿qué demonios estarán haciendo?, son casi las cuatro de la madrugada.
—¿De verdad lo estás preguntando? Es evidente, pienso yo, muchos sentimientos contenidos.
—Necesitarán hablar de sus cosas, seguramente.
Alzó las cejas ante la mano de Ginny que jugaba con su corbata.
—¿Crees que hay algún Slytherin por aquí para demostrarle lo sensual y maravillosa que llego a ser? —se burló.
-0-
Golpeó el suelo con la palma, empujando su cuerpo para levantarse del él sin éxito. Recogió el brazo hacia su rostro completamente sudado y rojo, con los rizos enganchados en él, y gimió con frustración por no poder levantar demasiado el tono. Se mordió el labio inferior manteniendo la ruborizada mejilla contra el suelo y el cuerpo siguió el frenético ritmo del placer que le proporcionaba Parkinson situada sobre su espalda.
La falda, colocada encima de las caderas para no molestar, la ropa interior justo debajo suyo y la camiseta rasgada que cubría sus bíceps pero enseñaban los hombros y parte de la espalda comenzaban a empaparse de sudor, otra vez. Hermione intentó zafarse de todas ellas, pero Pansy la obligaba a mantener la posición. Ni siquiera ella podía moverse ya de la clase de la Torre de Astronomía.
¿Quién iba a decir que Pansy la atacaría de esta forma una y otra vez en la misma noche? La sonrisa de Hermione se distinguió a través de todos los bucles que caían sobre su rostro imitando de su cuerpo al retorcerse por buscar el orgasmo ¿para qué iba a engañarse? Si esto era en parte lo que quería.
Abrió más las piernas para girar el cuerpo y quedar boca arriba, alzando la espalda para notar más la hábil lengua de la Serpiente. Sabía que estaba a punto, ya llevaba mucho tiempo buscándolo. Y la mirada juguetona de Parkinson le indicaba lo mismo. Con el índice mordiéndoselo para no gritar fuerte y la otra mano presionando la cabeza, empezó a contraerse, moviendo la pelvis siguiendo la ola de placer.
Hasta que el dedo en los dientes no fue suficiente para contenerse y su gemido resonó por todas las paredes de piedra, seguido de otros de tonos más y más altos.
La Slytherin acabó reptando por el acalorado y descargado cuerpo de la Gryffindor y plantó un cariñoso beso en la frente.
—¿Todo bien? —preguntó, riendo entre dientes.
Hermione, con un ademán de mano, pidió más tiempo para respirar y tranquilizarse.
Pansy apoyó su cabeza encima del pecho de la Leona y sonrió de lado al percibir el frenético bombeo del corazón. Escucharlos le encantaba más que el mismísimo grito de orgasmo. Bueno, quizás un poco menos.
La Slytherin se levantó completamente desnuda y caminó por la clase buscando un espejo. No encontró ninguno pero sabía que si sus dedos estaban llenos de mordiscos de Hermione por otras veces, su cuello estaría aún peor. Encogiéndose de hombros, se sentó en una mesa como si fuera una reina contemplando su reinado y no pudo evitar sacar aire por la nariz y morderse el labio al observar la erótica imagen que le proporcionaba Granger con las ropas rasgadas y estirada en el suelo, todavía respirando con ganas.
La melena, más desordenada de lo habitual, cubría parte del rostro de la joven.
—¿Dónde quieres ir a jugar ahora? —inquirió, cuando vio a Hermione girarse hacia ella.
—Debemos volver... dentro de poco habrá una patrulla de prefectos y pueden atraparnos.
—¡Pero si no sabes qué hora es! —las carcajadas provocaron una sonrisa divertida en Hermione, quien bufó para desengancharse los mechones de pelo de la boca.
—Muy tarde, eso seguro.
—Mmh mmmh —asintió, contoneándose hacia a la Leona.
Hermione se levantó y recibió con gusto el abrazo. La mejilla que antes tocaba el suelo comenzó a calentarse cuando la apoyó en el hombro y Pansy, con las delicadas uñas, cosquilleaba su columna, repasándola de arriba a abajo y acompañando el gesto con unos húmedos besos en el cuello y la clavícula.
Se sentía completamente acogida en aquellos brazos, escuchaba ambos corazones ir al unísono y la respiración, que si más no parecía que iba a convertirse en risa, de Pansy chocando contra la oreja. Pero... se sentía tan extraño... era como si en verdad no fuera Pansy Parkinson, Pansy 'la sarcástica Slytherin de toda la vida' Parkinson.
—Perdóname por escoger este camino, gatita —Logró oír al echar la cabeza hacia atrás para que Pansy lamiera su garganta—. Sé que es un camino muy peligroso...
Al escuchar la palabra, Hermione directamente se imaginó una lápida. Poco original, sí, pero sabía perfectamente lo que representaba. Hermione la detuvo de que continuara cosiendo su mandíbula a besos agarrándole la cabeza con ambas manos.
—Pans, escúchame, cuando tu memoria regrese... Será mucho más fácil que entiendas que tendremos que separarnos. Es muy necesario, y, uhm tranquila, que no voy a explicarte nada de tu anterior vida —añadió al notar la amenazante mirada.
—Yo no... P-pensaba que ya habíamos elegido —la frase acabó en un susurro, y apartó las manos de Hermione para dirigirse hacia la terraza.
—Tú no has escogido todavía el camino, Pansy —le contestó, aunque la voz apenas llegaba cuando la Slytherin salía a la terraza de la torre.
Al levantar la vista, vislumbró el manto estrellado sobre ella y el horizonte cubierto de bosque y montañas nevadas. Dejó las manos sobre la baranda de piedra para sustentar el cuerpo y buscó, desde esa enorme altura, hacia abajo buscando los jardines.
—Sí que he elegido —susurró, con la cabeza inclinada. Aunque no se sentía nada segura.
Hermione apoyó su hombro contra la entrada a la terraza, agarrando sus brazos como si los estuviera cruzando y escudriñando el cielo, medio ausente medio concentrada.
—Pansy Segunda de Slytherlandia sí, pero Pansy Parkinson no —desvió la atención en el movimiento que hizo con su dedo al acariciarse los labios "aunque nos hubiéramos besado..."—... ella sabe los peligros que nos acechan en un futuro.
—¿Y por qué si lo ves así, estás aquí, detrás mío, casi desnuda?
—Yo... —dio un suspiro prolongado con los párpados cerrados— porque soy más idiota de lo que creía y...Parkinson... ella, más bien tú con memoria, a pesar de nuestras peleas y de su orgullo me demostró que no todo es blanco y negro y que una amistad entre nosotras no era imposible, tan extremadamente imposible —recalcó. Arqueó las cejas al recordar los pocos pensamientos que escribía entre las páginas de los libros de una forma codificada, y no le importó nada compartirlo—: Aquel día de diciembre escribimos la primera página de nuestra historia y, lentamente, nuestra mente acogió más esperanzas y nos creíamos capaces de congelar el mismísimo infierno, nos alimentábamos las ilusiones a través de gestos... —suspiró, esbozando una derrotada sonrisa para sí misma. Sí, tenía que dejar el nuevo hobby de leer historias de amor y aprovechar esas horas para seguir estudiando, pero daban tantas esperanzas...—. Q-quién nos iba (¡y me iba!) a decir que acabaríamos pensando seriamente en luchar contra nuestros destinos. Pero, sigo viendo la realidad y el amor no me ha cegado; una de nosotras debe de proteger su corazón y ser inteligente para evitar que lleguemos a tales extremos... Ahora, mi esperanza está en que Parkinson renuncie a amarme antes de que sea demasiado tarde.
—Estamos jugando con fuego, Granger.
La nombrada giró su rostro para encontrarse cara a cara con una mirada que no le gustaba nada.
—Y lo sabes —continuó Pansy con un hilo de voz—. Y lo sé, y aún así te mantienes a mi lado, dejando que me enamore más de ti, más, más y más ¿crees que si yo me enamoro, la otra Parkinson continuará evitándote y mantendrá una fría barrera entre vosotras? ¿Tan segura estás de que ella correrá en dirección contraria a ti? ¿que utilizará todos los hechizos posibles para lograrlo? Hermione... esos hechizos me da a mí que los dejamos atrás y se congelaron por el camino hace mucho —fue dando pasos lentos durante el discurso hacia ella—. Y parece que no te des cuenta de que en verdad es inútil escapar porque crees que con sólo una de nosotras huya de la otra, todo acabará. Te equivocas... —rió, negando con la cabeza— ¿Sabes cuál es el verdadero problema aquí? Que por mucho que planees huir, si yo me enamoro te buscaré hasta el fin de mis días... Si tú caes, la hemos cagado, si yo caigo, la hemos cagado. Nuestro camino ya tiene un final aunque queramos evitarlo. No hace falta elegir nada, no es necesario seguir jugando con fuego. Pansy Parkinson se enamoró de Hermione Granger aunque no seas capaz de verlo. Por lo tanto... debes de pensar en el presente y la pregunta es esta ¿nos unimos y dejamos de pensar en el futuro porque ya sabemos que acabaremos juntas y luchando contra el mundo o continuamos perdiendo más días en discutir si debemos mantener una relación o no?
—Aceptaré estar contigo hasta que recuperes la memoria.
—¿Por qué sigues con lo mismo? Mierda, Hermione.
—Porque sé lo que pasará cuando ocurra y serás tú huyendo por tus obligaciones y responsabilidades. Y es lo mejor y lo que... quiero.
—¡No! Juro que me quedaré a tu lado. Te lo prometo... recuerda mis palabras cuando ocurra.
—Pansy...
—Si te digo te quiero... ¿no te lo creerías?
—Sí, pero... son palabras que me cuesta mucho imaginar que las diría Pansy Parkinson y, aunque ella guardara sentimientos hacia mí, sé cómo era, todavía tengo a Parkinson latente en mí, no quiero que suene frío pero ahora mismo es como si tú fueras un reflejo de ella al que no puedo creer por mucho que me digas que yo era amada.
La Slytherin apretó los dientes, enfadada de las palabras y del escaso contacto visual ya que Hermione se adentraba a la clase.
—Para ti yo no soy Pansy Parkinson sin mi memoria, ¿verdad? —agudizó el tono de voz para imitar al de Hermione—. "Para amarme no lo eres porque se hace difícil que Parkinson lo haga, pero para hacerme llegar al orgasmo sí ya que es más probable que pase" ¿Es así como piensas? ¿Que te hubiera dado placer día tras día mientras estudiábamos en Hogwarts?, pero ¡uh! Ni se te ocurra pensar en el amor. Decapitación con un hacha oxidada al que piense que se pueda amar a una persona totalmente opuesta a t- tch tch —con un dedo toqueteó los labios de Hermione para que no interrumpiera—. ¿Qué pasaría si no recupero la memoria? ¿Cuánto tiempo tardarías en empezar a pensar que sigo siendo Pansy? ¿Meses, años? ¿La vida entera?
Hermione arrugó la nariz.
—Mira, si no recuperas la memoria me veré obligada a enviarte al extranjero o al espacio, lejos de mí. Porque —se le bajó la voz, avergonzada—, porque no sabes tú lo difícil que es hacerme la sorda y la ciega para no escucharte ni verte y no enamorarme más —echó un bufido, como si estuviera enfadada consigo misma—. Necesito que aparezca Parkinson porque sé que ella se alejará, y si no lo hace —agitó las manos para recrear una escena de explosiones, muertes y ahorcamientos—. Y así es como sucederá y acabará nuestra historia. O si no, no iría nada mal la picardía de Parkinson para luchar contra los mo- —carraspeó para no acabar la palabra mortífagos.
—Pues espero que Trelawney tenga una visión y vea ese final porque así ya estaríamos tranquilas de que no pasaría.
Hermione se rió.
—Ya, ya, ni inventando profecías acierta.
Se quedaron en silencio. Cuando de pronto la Gryffindor alzó sus ojos con el ceño fruncido.
—¿Qué acabas de decir?
—¿Eh? —Pansy buscó a alguien con la mirada—. ¿Que qué he dicho yo?
—Sí, sí.
—Que... —hizo un movimiento con los dedos al intentar recordar y explicarlo—. ¿Tengo que hacerlo-? Que espero que Trelawney tenga una visión sobre lo que tú has dicho porque si lo hace significará que no nos pasará eso —dio una bocanada esperando ver alguna reacción de Hermione para saber si explicar más la burla o no—, porque nuestra profesora de Adivinación no acierta casi nunca.
—¿No te has dado cuenta de lo que has dicho, verdad? —empezó a reír con ganas, sin creerse lo que estaba escuchando—. ¿Te acuerdas de la profesora Trelawney desde que despertaste en la enfermería?
Pansy lo pensó.
—Pues... No, claro, ni siquiera sabía que esto era una escuela o que, ¡oh! Ni que una profesora se llamaba Trelawney...Y ahora me estoy acordando de cuando estaba en una de sus clases con la bola de cristal y..., dentro de la bola veía un mar y un acantilado, íbamos en coche... ¡en un coche volador! Y creo que yo era la que conducía, tú estabas a mi lado... Era de noche... —se quedó ensimismada en su recuerdo al ver de nuevo las escenas de la bola—, y luego caíamos hacia el mar. Ahí se acabó lo que vi.
La Gryffindor acabó de arreglarse el uniforme y de colocárselo bien mientras esperaba a que Pansy bajara de su mente.
—Es normal que no te creas la visión, yo tampoco lo hago —dijo la Slytherin, acariciándose las manos.
—Tranquila, a mí nunca me gusta explicar esto, pero yo también tuve una especie de presagio cuando estaba en la sala común y Ginny hacía sus deberes de Adivinación con la bola, y entre broma y broma vi...N-no pongas esa cara —titubeó al ver el rostro de concentración de la joven—. Mmh, vi... Me cuesta mucho decirlo en voz alta —susurró, pidiendo con la mano a Pansy para que se acercara—, vi una vez un prado y una niña pequeña estirada en la hierba. Y... una elfina tomando el té a mi lado —se carcajeó, incrédula—. Esa niña se parecía mucho a ti, mucho. Pero cuando pensé que podrías ser tú, apareciste para llevártela en brazos.
—¿Yo?
—Sí, Pans, tú. Poco tardé en entender que aquello no era un prado sino el jardín de alguna casa.
—Uau, ¿en serio viste todo eso?
—No, idiota —la empujó de un hombro, riendo—. Soy nefasta para Adivinaciones, ni me gustan ni me gustarán.
Sí, vio todo eso. Aunque las imágenes eran tan borrosas que no sabía diferenciar quiénes eran las personas que aparecían.
—Tampoco hacía falta... Ha sido cruel —se quejó la Slytherin.
—¿Cruel?
—Cruel por jugar con mis sentimientos, ya me estaba ilusionando con que ese sería nuestro futuro y no cayendo al mar desde un coche volador.
—Aww, no me digas que ahora eres tan sensiblera como yo.
—¿Por qué tienes ese tono como si te estuvieras riendo de mí?
—No me río de ti —contestó, poniéndose seria.
—Entonces deberías aclararme en qué situación nos encontramos tú, yo y nuestra relación.
—Mmmh... —con las manos temblorosas empezó a jugar con la falda arrugada—...ehm... en una muy peligrosa pero supongo que... a mí me encantaría luchar junto a ti contra cualquier obstáculo.
—¿Eso quiere decir que estamos juntas?
—E-esto...—tosió— ¿Y si al recuperar la memoria te olvidas de estos días? ¿sabes que antes nos era más difícil soportarnos, no? ¿que nos odiábamos?
Pansy posó una mano en la cadera y sonrió de lado provocando en Hermione un sonrojo al cruzarse en la mente el pensamiento de que parecía que Pansy Parkinson había vuelto. Jamás hubiera pensado que aquella mirada burlona creada por casualidad la echaría tanto de menos y, extrañada, no pudo evitar fruncir el ceño al comprobar que la Serpiente le tendía la mano.
—Gatita, todo el mundo sabe y sabrá que nuestra historia comenzó por amor al odio y, como del odio al amor hay un paso,... ¿saltamos?
-0-
—¿Acabas de tocarme el culo? —preguntó Ginny con voz rasgada.
Lo ideal era mantener la voz baja para que sus compañeras de dormitorio no las escucharan.
—¿Yo? Estoy poniéndome el camisón —susurró Daphne, desnudándose.
Ginny salió de un salto de su cama y lanzó las sábanas a un lado, mostrando un gato peludo y somnoliento.
—Crookshanks, fuera, ves a una butaca de la sala, va, que no hay sitio para ti hoy —agarró en brazos al gato y lo dejó cerca de la puerta.
—¿Tienes un gato?
—Es el de Hermione, no le gusta dormir solo y al ver que su dueña no aparecía pues vino a mí.
—Qué mono.
—Hasta que al día siguiente te das cuenta de que hay más pelos en la cama que en tu cabeza.
La Gryffindor volvió a tumbarse con cuidado para no producir mucho ruido y ladeó el cuerpo para dejar más espacio. Daphne, enfrente de ella, continuaba desabrochándose la camisa fijando la mirada en el paisaje invernal de la ventana.
—Qué envidia, en nuestras ventanas, si se les puede llamar así, sólo vemos agua y algún que otro bicho raro. Desde estas alturas se puede ver todo —comentó, doblando la camisa y dejándola encima del baúl de Ginny. La ropa de ésta estaba totalmente desperdigada por el suelo—. Te iría bien ser un poco más ordenada, tardarías menos tiempo en vestirte por las mañanas.
—Ah, no, es un caos controlado —hizo un ademán para evidenciar el desinterés.
—¿Sabes? Debo de reconocer que me asustaste en la sala común cuando tocabas mi corbata. Por un momento pensé que...
—En tu cara se podía leer que no te esperabas esa frase —rió entre dientes y escuchó cómo alguien se removía dormido—. Tendrás que soportar mis bromas pesadas de ahora en adelante.
—He soportado cosas peores.
Ginny, boca abajo, hundió su rostro sonriente en la almohada y espió de reojo, sin ser vista, a Daphne mientras ésta se desprendía de la falda y las medias.
Abrió los ojos más de la cuenta cuando Daphne se libró del sujetador y desvió la vista, maldiciéndose a la vez que la Slytherin se vestía con el corto camisón.
—¿Cuál es el plan? ¿Levantarme antes que las demás o da igual que me vean? —preguntó Daphne, levantando el edredón y acomodándose dentro de la cama.
"No me había dado cuenta de que las camas fueran tan pequeñas", pensó Ginny, con la cara de Daphne cerca suyo. Se retiró más hasta rozar el borde.
—Mmh... Sí, que no quiero que escampen rumores tampoco.
—¿No son tus amigas?
—Siguen siendo cotillas... y si Ginny Weasley ha dormido junto con una Slytherin, el morbo es demasiado fuerte.
—¿Y si no dormimos?
—¿Qué?
—Podemos ir a dar una vuelta hasta que sea la hora de desayunar.
—E ir mañana como si hubiéramos ido a una gran fiesta de final de curso con alcohol y drogas —ironizó.
—Ya es la madrugada del viernes, ¿por qué no?
—¿En serio?
—Sí, ayer fue jueves.
—No me refería a eso —bufó.
—Sé a que te referías, pequeña.
Ginny alzó una ceja.
—¿Pequeña? Me temo que tendré que darte unas clases sobre si soy pequeña o no —hinchó el pecho, dispuesta a demostrarlo como si se tratara de sus hermanos mayores quien la habían desafiado.
—Oh, vaya —sonrió con travesura— ¿No te gusta que te llamen pequeña? Ais, que la pequeña de los Weasley se molesta —rió, intentando remover la melena a Ginny.
—¡E-ey! Para, ugh, no sabía que fueras tan...
—¿Tan qué?
—Insoportable.
—No pensé que la pequeña de los Weasley tuviera complejo de inferioridad.
—Calla, no es verdad.
—¿Qué más da cómo te llame si sabes que no lo eres?
—¿Te gustaría que te llamara rubia? Vale, vale, no es un buen ejemplo, ¿lagartija? O quizás puedo ser más directa y expulsarte de mi cama rápidamente.
—Te desafío a intentarlo. En silencio, que te pueden escuchar, señorita Weasley —añadió, para provocarla un poco más.
Ginny la empujó de los hombros hasta que Daphne le agarró sus manos y las impulsó hacia la almohada.
La Slytherin bufó al notar la enorme resistencia gracias a los entrenados brazos de la Leona y se dejó caer hacia atrás, ocasionando que la menor ganara la primera batalla. Con una pierna, rodeó la cintura de Weasley y la situó bajo su cadera. El lacio y largo cabello dorado que caía como una cascada impidió que pudiera ver la maniobra de Ginny poniéndose de rodillas y agarrándola de los brazos con fuerza. Daphne cayó sobre su propia espalda y su pelvis se mantuvo en el regazo de la menor, enganchada al vientre, con las piernas todavía alrededor de la cintura.
¿A qué hora se le ocurrió decir en el Vestíbulo que Ginny Weasley sería la esclava de esta relación ficticia?
—¿Qué estáis haciendo? —dijo una voz adormilada.
—Eeh... nada, tranquila, puedes seguir durmiendo —susurró Ginny.
—¿Ginny, eres tú? ¿-? Ginny, por la santa paciencia de McGonagall hacia tus hermanos, acepto que te gusten las mujeres pero no que te las traigas y nos despiert... Oh, mierda, mierda, ¡es una Slytherin?!
—Sssshhh, ¡no! Bueno, un poco... Sí. Pero no está aquí por mí, quiero decir, eehh, sí que lo está pero no porque queramos hacerlo aunque con esta posición lo parezca es que... resulta que todo empezó al querer demostrar a los Slytherins que estábamos juntas porque una amiga se metió en un problema y teníamos que salvarla y entonces otra amiga nos metió en otro problema y... ¿Sabes? Olvídalo, queríamos follar como bestias.
—Maldita sea, ya puedes ir sacando a esta Serpiente de aquí antes de que ponga huevos.
—¿Y dónde... ya sabes, eh? —contestó Ginny, alzando las manos demandando una posible pelea.
—Demonios... Apunta sitios. Va, ¿a qué esperas?—Ginny frunció el ceño y buscó un pergamino en su baúl—. En el armario de las escobas, biblioteca, torre de Astronomía...
—Espera, espera, sitios con cama.
—Entonces la enfermería si te lo preparas bien y Pomfrey no os escucha desde su despacho.
—...Supongo que gracias.
—Ahora aparta de mi vista a esta Slytherin antes de que me ponga a gritar y a despertar a las demás.
—Ah, en realidad ya estábamos despiertas.
—Sí, no ha sido buena idea gritar "¡Es una Slytherin!", esta frase pone alerta a cualquier ser viviente.
—Por Merlín, todas a dormir, ¡ya! —Ginny fue a taparlas con las sábanas una a una, molesta—. Tú vístete, ahora mismo nos vamos —agregó, fijando su mirada en Daphne.
—¿Y quién es la afortunada, Gin? Su cara me suena...
—Nadie, ¡a dormir!
—Creo que es del curso de Hermione, la he visto varias veces con Malfoy y Parkinson.
—Ooh, ya veo.
—Debes de ser bastante buena como para que Ginny se haya fijado en una lagartija —le comentó una a Daphne.
Antes de que pudiera contestar, Weasley la sacó a empujones recogiendo los ropajes y amenazando a las muchachas con la mirada para que no despertaran a los demás. Bajaron sin cuidado por las escaleras y Daphne se cubrió la cara para defenderse del uniforme que le tiraba.
—¡Tendría que haber hecho caso a mi instinto y no dejarte entrar! —procuró que el tono no llegara a ser oído por nadie excepto Daphne.
—La escena ha sido divertida, deberías de admitirlo.
—Agh, hablemos en la Sala de los Menesteres que todavía nos estarán espiando.
Daphne sólo frunció el ceño al no reconocer el lugar.
—Antes de ir adónde sea... ¿qué te parece si voy a buscar alcohol? ¿prefieres una botella triangular de Jarabe de cereza y gaseosa? ¿te apetece más una whiskey de fuego? ¿o tus gustos van más hacia el alhelí o ron de grosella? ¿Por qué me miras así? Es fácil obtenerlo cuando Umbridge conoce a tus padres y acepta que haga mis propios negocios aquí en la escuela. Supongo que creen que me ayudará en un futuro —se encogió de hombros, colocándose la corbata.
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—Te acompañaré hasta tu Sala Común —susurró Pansy, liderando el andar por las escaleras.
—¿Y si alguien nos descubre?
—Podemos matarlo.
Hermione rió entre dientes pero la expresión de confusión de la Slytherin la hizo detenerse.
—¡¿No hablarás en serio?
—Si su muerte significa que continuaremos juntas, sí, hablo en serio.
—¿Cómo puedes ser tan cruel?
Pansy se rascó la nuca.
—Porque no me importa nada más que mantenerte a mi lado. Las dos sabemos que es peligroso amarnos así que comenzar a dejar de lado los principios básicos y tener claro el objetivo es ir por buen camino.
—No pienses de esta manera, quiero tener a una novia con corazón, no a una asesi-...
—¿Por qué te has callado?
—P-por nada, simplemente ámame y sigue siendo la de siempre, no cambies ni hagas estupideces, ¿vale?
—Está bien... por ahora. Pero si llega el día donde sea necesario actuar con esta crueldad por nosotras, te aseguro que pasará.
Pansy depositó un suave beso en la frente de Hermione y dejó que continuara hasta el retrato de la Dama Gorda.
—Dulces sueños, gatita.
—Buenas noches, Pansy —viró el rostro a la Dama Gorda—. Vino de Saúco.
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Ginny le dio la oportunidad a Daphne de crear el interior de la Sala de los Menesteres con la excusa de que era un lugar reservado únicamente para los Gryffindors y que era muy importante guardar el secreto.
El lugar que había creado, a pesar de no estar en contacto con el exterior de Hogwarts, contenía inmensos ventanales que propiciaban un paisaje nocturno moteado de estrellas y rodeados de un mar calmado con la orilla plateada por la luna. Ginny depositó su túnica y el pijama en un sofá azul de seis plazas en forma de L y se dirigió con la boca abierta hacia el ventanal deseando que se encontraran en aquella impresionante playa. Con la espalda apoyada en el cristal, continuó observando los muebles de aspecto reluciente y valioso.
Al entrar en la Sala se podían ver dos suelos separados por un escalón, el primero era de parquet de tono beige el cual ocupaba una extensión considerable y que incluía el sofá, una mesa de cristal frente a éste, varias estanterías a la izquierda y una chimenea al lado de la entrada; el segundo suelo se encontraba más atrás del sofá y estaba en un nivel más por encima. Ginny subió el escalón para seguir curioseando y distinguió una cama enorme con el dosel cerrado, dos mesitas de noche con sus lámparas de bombillas tintadas de rojo y, más alejada, una puerta que resguardaba el servicio donde no faltaba el jacuzzi.
—¿Te gusta? —preguntó, aproximándose a la mesa de centro de cristal para sentarse y tener la chimenea enfrente.
Daphne dejó la botella de whisky envejecido de Ogden, una de las mejores botellas que tenía reservadas, y esperó a que Ginny dejara de escudriñar el lavabo. Una vez la Leona cerró la puerta, esta continuó observando, boca abierta, la inmensa estancia.
—Es... wow, muy grande a pesar de ser sólo un dormitorio y una sala de estar.
—En un espacio pequeño acabaría agobiada.
—La Madriguera queda descartada, en este caso.
—No me digas que hubieras pensado en tu casa.
—Venga ya, ¿beber alcohol en mi propia casa? Mi madre sería capaz de materializarse para darme la bofetada más fuerte de su vida y hacerme tragar veinte botellas de whisky con su cristal.
La Slytherin rió acomodándose en el sofá e invitó a la Gryffindor para que se uniera al tiempo que llenaba el fondo de dos vasos con hielo.
—Hay el líquido exacto para darle un trago y no ahogarte al toser —estiró el brazo para dárselo a la Gryffindor que acababa de sentarse a su lado.
Ambas se cruzaron de piernas.
—Pues nada —levantó el vaso—, por la noche.
—Por la noche.
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—Vino de Saúco.
Con sorpresa, el retrato se abrió ante Pansy sin enviarle una mala mirada y esta pudo examinar con todo detalle la Sala Común. Sin saber muy bien qué hacer, se sentó en una butaca frente el fuego y apoyó la mejilla en la palma de la mano ¿había sido buena idea entrar? Antes de decidir en si adentrarse en la Sala Común, llevaba más de diez minutos cavilando en las escalinatas de fuera puesto que se sentía incapaz de dormir después de despedirse tan fríamente "¿Pero ya estás dentro, no? ¡Vamos!"
Dio una bocanada para hincharse de coraje y se desprendió de los zapatos para subir las escaleras sin hacer ruido. En cuanto llegó la hora de escoger qué puerta escondía a Hermione, escuchó un golpe seguido de un quejido. Sonrió, mofándose de la torpeza de la joven, y abrió con delicadeza para evitar cualquier crujido hasta tener el espacio suficiente y poder espiar con un ojo.
Allí estaba, con las luces nocturnas del paisaje modelando su silueta desnuda y doblando la ropa con suma precisión. La oscuridad absorbía todos los colores y formas de la estancia dejando ver únicamente la figura recortada en la ventana y los bucles brincando de un lado a otro, imitando el movimiento del rostro al buscar la ropa de dormir.
Pansy mantuvo la postura sin intención de adentrarse o retirarse del lugar. Tenía la impresión de que los pensamientos y sensaciones que últimamente rondaban por su cabeza se los prohibía sin piedad cuando era totalmente Pansy Parkinson. Y sabía que alguna razón de peso se encontraba tras ese comportamiento ¿por qué sino, incluso al olvidar los recuerdos, se mantenía tan alerta respecto a los sentimientos hacia Hermione?
Sus ojos siguieron los movimientos de la Leona con fascinación mientras por dentro notaba que dejaba de pensar progresivamente, como si la mismísima Granger embotara su mente con tan sólo continuar sus quehaceres diarios. En aquel momento, al añadir más centímetros en la obertura y con la cabeza apoyada en el marco de la puerta, se sentía capaz de observarla día y noche tras un telón donde nadie pudiera molestarla, contemplando cómo su gatita iba madurando y aprendiendo, admirando el éxito que año tras año llegaría a alcanzar, notando la experiencia que obtenía con cada logro minúsculo y enorme. Percatándose de que la gatita que ahora podía ver, se convertiría en una Leona con todas las letras. Y ella misma se sentiría sumamente orgullosa de aquella gratificante evolución aunque sólo pudiera observarla sin llegar a estar con ella.
La sonrisa de Pansy se esfumó al comprender qué le ocurría a su otro yo ¿por qué destruir el impresionante futuro que deparaba a Hermione por amor? Por mucho que la deseara, por mucho que la amara, tenía claro que aquello guiaría a Granger hacia otro camino donde a cada paso la alejaría más y más del original que seguiría la Leona por su propio pie. Más, como Hermione había dicho, hacia su funeral.
Comprendió que Pansy Parkinson únicamente se contentaba con observarla desde lejos sin interferir, tras un telón dónde ningún sangre pura la pudiera dañar por los sentimientos que guardaba con ferocidad y, a consecuencia, evitaría que el dolor salpicara a Granger y ésta continuaría alzándose hasta alcanzar sus sueños.
Suspiró con resignación, desviando la mirada húmeda y llena de dolor hacia el suelo.
Qué descorazonador llegaba a ser comprender la actitud de Pansy Parkinson.
—¿Pansy?
El susurro fue como una suave caricia en la oscuridad y no pudo evitar alzar la mirada para admirar la silueta.
—Dime.
—¿Qué haces aquí?
—Simplemente quería despedirme mejor y... aquí estoy.
—Ah, no te preocupes por eso, todavía nos estamos acostumbrando inconscientemente a decirnos palabras cariñosas y no insultos o frases sarcásticas —rió entre dientes procurando no despertar a nadie.
—¿Puedo preguntarte algo?
Hermione parpadeó varias veces al escuchar el tono. Parecía que la Slytherin no estaba para bromas.
—Eh, claro, ningún problema.
—Si cuando recupere la memoria no me acuerdo de estos días, ¿qué harás?
—Pues... no lo sé... —fue a sentarse en la cama, seguida de Pansy, y su rostro empezó a ensombrecerse a medida que pensaba en la posibilidad y su reacción—. Seguramente lloraría de impotencia.
—¿Y te alejarías?
—Lo haría, pero ya es demasiado tarde. Para mí. Si recuperas la memoria y no recuerdas el enorme paso que hemos dado, no me quiero ni imaginar lo duro que sería intentar volverte a tener a mi lado... Deberías de ver lo tozuda que llegas a ser una vez te entra algo en la mente. Y si ese algo es alejarte de mí... Tengo miedo de que te despiertes un día y parezca que todo esto haya sido un sueño porque ahora creo en ti e intento meterme en la cabeza que, al recuperar los recuerdos, continuarás amándome.
—Gatita...
—Por eso... —apartó el libro de quidditch que tenía en la mesilla para levantar otro de una portada roja. Su voz le cambió como si recitara la frase de un personaje—, pediré al universo antes de irme a dormir que no me separe de ti, y si ocurre, que nuestros caminos vuelvan a cruzarse. Como lo han hecho tantas veces, y tantas veces nos han separado —acabó bufando y dejando sin cuidado el libro en el mismo sitio.
No le acababa de gustar nada la realidad.
Abrazó a Pansy haciendo pucheros y apoyó la cabeza en el hombro para notar el ligero balanceo que provocaba la morena al mecerla.
—"Querido Universo..." —comenzó a recitar la Slytherin con mofa.
Hermione rodó los ojos y se tumbó en la cama llevándose a Pansy por delante.
—Ahora me toca a mí preguntar —demandó la Leona, abriendo las mantas para poder acurrucarse juntas.
—Estoy preparada.
—¿Podemos abrazarnos y despertar juntas?
—Podemos amarnos y soñar hasta el fin de los tiempos, Hermione.
