Hacía ya una semana que habían partido a la guerra. En ese momento, Sasuke se encontraba reunido con los demás Señores de la Guerra en una tienda militar que habían habilitado para que fuese la base estratégica.

Las primeras naciones en llegar al campo donde se suponía que se celebraría la batalla fueron las Tierras del Trueno y las del Fuego. Los demás fueron llegando conforme pasaban los días. El último en llegar, como no, había sido Kakashi, alegando que le habían avisado con muy poco tiempo de antelación.

De momento, Akatsuki no había hecho ningún movimiento, es más todavía seguían con vida, si mal no recordaban, cinco de sus miembros más importantes: Kisame, Deidara, Kakuzo, el hombre enmascarado e Itachi.

Pensar que dentro de poco volvería a ver a su hermano le hacía hervir la sangre, ahora incluso más que en el pasado, pues aquel mal nacido había osado hacerle daño a su mujer.

Todos los allí presentes se encontraban serios, y no era para menos. Aquella guerra era completamente diferente a las demás vividas hasta el momento. Lo normal era que dos Naciones entraran en conflicto por motivos políticos o simplemente por su rivalidad. Sin embargo esta era contra un adversario casi desconocido; una organización que pretendía el derrocamiento total de los regímenes feudales.

Lo problemático, como había dicho Shikamaru, era que todos los miembros de la organización habían pertenecido a alguna de las Tierras Feudales, lo que les daba una ventaja al saber la manera de luchar de los ejércitos. Al igual que se desconocía completamente cuantos miembros formaban el ejército enemigo.

Eran demasiadas cosas a tener en cuenta.

En la reunión de hoy querían organizar a sus ejércitos en divisiones. La mayoría de las decisiones eran propuestas por Shikamaru; decisiones que eran aceptadas de buen gusto por los demás, al fin y al cabo, el líder del clan Nara era el mayor estratega de las Tierras Feudales.

Cuando acabó la reunión, cada uno de los líderes se fue por su lado.

-Sasuke-san- lo llamó Tsunade. La rubia se encontraba seria; era la primera guerra en la que luchaba sola, sin Jiraiya a su lado.

Sasuke se giró para mirar a la tía de su mujer. La rubia tenía unas profundas ojeras, y sus ojos se encontraban vacíos. El moreno no podía imaginar el calvario por el que estaría pasando Tsunade en esos momentos; Tsunade no había tenido hijos, Sakura y Jiraiya eran la única familia que le quedaba.

-Sasuke-san, no sé con exactitud qué es lo que pasó, pero deberías controlar esas ansias de asesinar a tu hermano, el enemigo podría utilizarlas en tu contra- murmuró la rubia con una voz carente de cualquier sentimiento.

-Hmm metete en tus asuntos Tsunade- dijo con indiferencia mientras se giraba para ir a su tienda.

-Desde el momento en el que mi sobrina se enamoró de ti se convirtió en mi asunto- Sasuke se detuvo- No dejaré que por un capricho de niño pequeño mi sobrina pase por el mismo sufrimiento que estoy pasando yo ahora.

Sasuke alzó su cabeza por encima de su hombro, mirando a la ahora única líder de las Tierras Libres.

-Es irónico que me diga eso la mujer que llevó a toda su nación a la guerra por venganza-el tono de Sasuke destilaba sarcasmo. Sabía que ese comentario podía estar fuera de lugar, que en realidad Tsunade solo quería lo mejor para él y para su mujer, pero el ambiente estaba demasiado tenso, y las ganas de volver a casa nunca habían sido tan grandes.

Tsunade sonrió, pero su sonrisa no se vio reflejada en sus ojos, que permanecieron tristes.

-Yo no soy quien decide si nos internamos en la guerra o no Sasuke; ha sido el consejo que representó la voluntad general de todos y cada uno de los ninjas de las Tierras Libres; han sido ellos los que quieren que se haga justicia… Jiraiya desgraciadamente ha sido un mártir en esta guerra… gracias a él muchas vidas se han salvado ya. Siempre será recordado como un héroe- al decir esto pasó al lado del marido de su sobrina- Tú eres el único que puede tomar esa decisión Sasuke, puedes dejarte llevar por la ira y la venganza y quedarte para siempre en este campo de batalla, o luchar con el corazón para proteger a las personas que amas.

La rubia se retiró dejando tras de sí a un Sasuke pensativo.

Si alguien le hubiera preguntado hacía seis meses cuál era su prioridad hubiera respondido sin vacilar: matar a su hermano y vengar a su padre; sin embargo, si le hicieran esa misma pregunta a día de hoy su respuesta no sería tan clara. Tenía ante sí la oportunidad perfecto para cumplir dicha venganza, pero conocía bien a su hermano, la batalla acabaría con los dos; y había hecho una promesa que no estaba dispuesto a romper con su mujer.

Sasuke maldijo por lo bajo mientras salía de la tienda e iba a la suya. Justo cuando se disponía a entrar vio algo por el rabillo del ojo; era su general Suigetsu, que se encontraba sentado en una tienda contigua a la de él. Tenía en sus manos una carta, la misma carta que llevaba consigo desde que partieron al frente. Tenía la mirada perdida y melancólica. Al notarse observado Suigetsu se giró y miró a su jefe.

-Es irónico que una simple mujer sea capaz de derrotarme con tan solo unas cuantas palabras escritas en una carta, ¿verdad jefe?- dijo Suigetsu con una sonrisa triste en sus labios. –Yo, la "Reencarnación del Demonio", que nunca le temí a la muerte y siempre tenía ansias de sangre, ahora solo quiero estar al lado de la pelos de escoba y ver nacer a nuestro hijo- miró para arriba y soltó un suspiro- ¿Usted cree que estoy enfermo, o a usted también le pasa lo mismo?- dijo con una sonrisa mientras miraba a su Señor.

-Hmm… lo que pasa es que eres idiota- contestó Sasuke mientras entraba en su tienda. Pudo oír como Suigetsu se reía y murmuraba algo así como "yo seré idiota pero usted no está en situación distinta a la mía".

Dentro de la habitación, Sasuke se sintió como se venía sintiendo desde que llegó al campo de batalla, vacío. Encontraba todo demasiado impersonal, sin vida. Todo porque su mujer no estaba allí.

Era una mujer metomentodo, con una capacidad sin par para encontrar problemas. Era demasiado orgullosa y no paraba de retarlo. Pero había sido su luz en mitad de la oscuridad. No había día, y noche, que no la echara en falta.

Había días que soñaba que ambos se encontraban la mar de tranquilos tomando el té en el jardín de su casa mientras veían correr a unos niños, sus hijos. Cuando se levantaba y descubría que se encontraba solo en aquella espartana tienda militar, y que aquella visión solo había sido un sueño se maldecía.

Se maldecía por la mala suerte que había tenido: sentirse no querido con su padre, cuando éste comenzó a respetarlo lo había perdido, asesinado por la persona que más admiraba, su hermano; cuando apareció Sakura y su vida se vio iluminada por su luz, toda alegría se vio eclipsada por el estallido de aquella guerra.

Se maldijo porque al fin y al cabo, aquello había sido un sueño, y los sueños, sueños son.


Le dolía mucho la cabeza. Eso fue lo primero que pensó Sakura. Se encontraba tumbada en algún sitio cómodo y mullido. Abrió lentamente los ojos, e intentó incorporarse un poco aturdida. Nada más sentarse comprobó que todo a su alrededor daba vueltas. En ese momento, una arcada le recorrió todo el esófago.

-Ten- escuchó hablar a alguien mientras le tendía una palangana y sujetaba su larga melena pelirrosa. Sakura no pudo pensar en nada más que sujetar con fuerza la palangana y arrojar todo lo que contenía su estómago.

Sakura, con la respiración agitada por lo sucedido, comenzó a relajarse y a sentirse mejor. Fue en ese momento cuando levantó su pelirrosa cabeza y miró a la persona que le había estado ayudando.

Nariko.

Abrió todavía más los ojos. Cuando fue a hablar otra arcada la sorprendió.

-Shhh, tranquila, estas a salvo- habló la pelimorada mientras le sostenía el pelo a la pobre ojiverde, que no podía hacer otra cosa que devolver.

Veinte minutos después, con la pelirrosa ya estable, y después de lavarse la boca, miró a la mujer de su cuñado.

-Conque no fue un sueño- murmuró la pelirrosa en voz apenas audible.

-Jajajaja ya le dije a Itachi que al enseñarte tanto recuerdo cuando nos vieses no nos ibas a reconocer como los verdaderos, pero dijo que era la única manera de hacerte ver la verdad- dijo la pelimorada mientras se incorporaba para atender al pequeño Takeo que acababa de incorporarse de una cunita y estaba restregándose los ojitos.

-Okasan- murmuró el pequeño mientras alzaba sus pequeños bracitos para que su madre lo cogiese y mimase un rato.

Sakura estaba impactada por la revelación. No solo Itachi se había manifestado delante de ella, sino que también lo había hecho su familia al completo; y con dos nuevos integrantes a los que ella no "conocía".

Sakura miró a su alrededor para comprobar que se encontraba en una habitación sin ventanas, pero muy bien acondicionada: tenía tres camas bien hechas, una pequeña estufa en el centro de la habitación. Muchos juguetes se encontraban esparcidos por el suelo. Era más que evidente que en aquella casa estaba siendo habitada desde hacía tiempo.

-¿Dónde estoy?- preguntó Sakura a Nariko, que se encontraba cambiando al pequeño Takeo.

-Estás en nuestra casa- dijo la pelimorada sin mirarla, concentrada en sus quehaceres.

-Eso no es muy revelador- murmuró la pelirrosa con ironía mientras se levantaba de la cama, con paso pausado, pues se encontraba todavía débil. La risa de Nariko no se hizo esperar.

-Jajaja no te enfades Sakura-chan, ahora te lo explicamos todo. Sostén a Takeo un segundo que termine de limpiar esto- dijo Nariko mientras le ponía en sus brazos al pequeño pelimorado, que la miraba con sus ojitos negros abiertos como platos.

-¿okachan?- preguntó el niño mientras miraba a su madre.

-No pasa nada cariño, es tu tía Sakura- dijo la pelimorada mientras seguía recogiendo las cosas que había en la cunita de su hijo.

-¿Obasan?- preguntó el niño mientras miraba a la mujer que lo sostenía- Sakura-obasaaaaaan- dijo mientras abrazaba a la pelirrosa, que se encontraba perpleja. El niño comenzó a revolverse entre los brazos de Sakura- SAKURA-OBASAAAN mimos- reclamaba el niño mientras apretaba más fuerte el abrazo.

Sakura, aun atónita apretó al pequeño contra sí, que contento comenzó a reír, ante la atenta y tierna mirada de Nariko. Sakura al ver que la pelimorada ya había terminado de ordenar le fue a dar al niño. Pero el pequeño, contento de que otra mujer le prestase atención, se aferró a la pelirrosa, haciendo un mohín.

-Jajajaja creo que Takeo no está por la labor de dejar tus brazos Sakura-chan- decía contenta la pelimorada.- Además, deberías ir acostumbrándote.

-¿Acostumbrarme a qué?-preguntó Sakura todavía más desubicada.

Justo en ese momento, irrumpieron en la habitación como un torbellino Raiko seguido de Daichi.

-Dame ese Kunai Raiko-baka- reclamaba el mayor de los niños mientras perseguía a su hermano.

-¡Otochan dijo que podía cogerlo!- decía el mediano mientras se escondía detrás de Sakura; lo que provocó que los niños comenzaran a perseguirse corriendo alrededor de la pelirrosa.

-¡Niños por dios comportaos! ¿Qué pensará Sakura-chan?- gritó Nariko, haciendo que ambos niños parasen en seco y pusieran caras de pleno terror.- dadme ese kunai, os he dicho que no quiero ver armas dentro de casa.

-Otochan dijo que ya tengo edad para llevar kunais, y si otochan dice que puedo llevarlas no hay más que decir- dijo Daichi, hinchando pecho de manera orgullosa, mientras miraba por el rabillo del ojo a su tía, comprobando que estuviese mirándolo.

-U-CHI-HA DA-I-CHI.- dijo Nariko, recalcando cada una de las sílabas del nombre de su hijo mayor- el kunai, ¡YA!

El mayor de los niños dio un respingo, y su cara demostraba puro terror. Con la mano temblorosa le tendió el kunai a su madre.

-Tú y tú- dijo la pelimorada mientras señalaba a Daichi y a Raiko, que se había ocultado tras Sakura- recoged todo este desorden- dijo señalando los juguetes.

-Okachan, yo no he dicho ni hecho nada- decía Raiko mientras sacaba la cabeza tras las piernas de la pelirrosa.

-Te he dicho mil veces que no cojas armas, que no hagas rabiar a tu hermano y que recogieses todo el desorden- decía mientras miraba a sus hijos mayores de manera seria.- y no habéis hecho lo que os dije. Quiero todo listo antes de la cena o no habrá postre, ¿entendido?

-HAAAAAAAAAAAI- dijeron ambos niños mientras comenzaban a ordenar todo.

Nariko se giró hacia Sakura con una gran sonrisa.

-Uchihas, orgullosos como ellos solos; qué te voy a contar que no sepas- dijo mientras iba a coger al pequeño Takeo, que se aferró todavía más en Sakura, haciendo reír a Nariko- al parecer tienes un nuevo fan Sakura-chan.

Sakura, por su parte, sentía que todo lo que pasaba a su alrededor era de las situaciones más surrealistas que había vivido.

-Vamos mejor al salón, tenemos que hablar- dijo con un tono suave indicando a la pelirrosa por donde tenían que ir.

Estaban fuera del pasillo cuando Nariko, ante el silencio, se giró.

-UCHIHA DAICHI, UCHIHA RAIKO, poneos a ordenar- gritó la pelimorada. Tras su grito se volvió a escuchar el sonido de pasos apresurados y objetos siendo arrojados a saber dónde. Nariko soltó un suspiro de resignación.- No sé por qué les digo que recojan… al fin y al cabo meterán todo debajo de la cama y me tocará a mi ordenarlo en otro momento.

-Mujer no seas tan dura con ellos- Sakura escuchó la voz de su cuñado. Itachi se encontraba sentado alrededor de una mesa del té. Iba vestido con un yukata de estar por casa. A Sakura le daba la sensación de estar delante de un padre de familia normal y corriente, no del temible ninja que era su cuñado.

-Los defiendes así porque tú eres igual que ellos- recriminó Nariko mientras tomaba asiento a su lado. Mientras suspiraba frustrada.- y encima soy yo sola contra vosotros cuatro… ¡aaaains kami-sama!¡¿Qué te he hecho yo para darme cuatro hombres tan orgullosos!? Yo solo pido una niña que me ayude a equilibrar la balanza- decía con falso pesar la pelimorada.

-Eso lo dices porque está Sakura-chan delante, porque estas encantada con tus tres hombrecitos y conmigo- dijo jocoso Itachi.

-Tochaaaaaan- gritó Takeo mientras se arrojaba a los brazos de Itachi, que demostró unos reflejos increíbles al agarrar al vuelo a su hijo pequeño, que se reía por las cosquillas que le estaba haciendo su padre.

Sakura todavía se encontraba de pie, contemplando aquella estampa. Fue Nariko quien se dio cuenta de que Sakura todavía estaba de pie, anonadada.

-Sakura-chan siéntate, creo que te debemos una explicación.- dijo en tono calmado Nariko.

Itachi paró de hacerle cosquillas a su hijo, y adoptó una mirada seria. El pequeño Takeo comenzó a revolverse, demandante de más mimos, pero al ver la cara de seriedad que portaba su padre, decidió estarse quieto, mirando a su nueva tía fijamente.

Sakura, tomó asiento muy lentamente, observando a su cuñado. Itachi soltó un pequeño suspiro de molestia y le pasó el niño a Nariko, quien lo acurrucó contra su pecho.

-Antes que nada, siento mucho que nuestra reunión haya sido en esta situación, pero el tiempo va en nuestra contra, y más en tu actual situación- dijo Itachi mientras la miraba con cariño, el cariño que se le tiene a los hermanos.

-¿A qué situación te refieres?- habló Sakura de modo pausado.

-Te has desmayado, has tenido nauseas, y supongo que has tenido dolores de espalda últimamente-dijo Itachi mientras una sonrisa apareció en su rostro. -Tú eres médico-ninja, dime tú qué es lo que tienes.

Sakura fue abriendo lo ojos poco a poco, hasta más no poder. A su vez, su cara fue adoptando un tono muy pálido. Llevó las manos a su todavía plano vientre y cerró los ojos; para luego abrirlos de golpe. Su labio comenzó a temblar.

-No… no… no es posible- tartamudeó Sakura poniéndose todavía más blanca.

-¿Cuándo fue tu último periodo Sakura-chan?-preguntó Nariko mientras le sonreía; estaban completamente seguros que Sakura estaba esperando al próximo miembro del clan Uchiha, pero quería que ella misma se diera cuenta.

Sakura fue a responder cuando una luz se encendió en su cabeza. Su última menstruación había sido antes de llegar a las Tierras del Té, hacía casi dos meses. Debido a todo lo que había pasado en ese tiempo se decía que la falta de la regla había sido por el estrés, pues ella era una persona muy regular. Ahora todo tenía sentido. Volvió a palpar su vientre para auscultarse mejor.

Efectivamente. Allí, en su bajo vientre, había un pequeño pero perceptible chakra ajeno a ella.

Las lágrimas fueron acumulándose en los ojos de la pelirrosa, lágrimas de felicidad.

- Voy a tener un bebé, un bebé de Sasuke-kun- decía mientras ponía una sonrisa que no le cabía en la cara de felicidad. Se levantó de golpe- VOY A TENER UN BEBÉ, TENGO QUE DECÍRSELO A SASUKE-KUN- y la pelirrosa, loca como era, fue hacia la puerta que daba al exterior, pero fue detenida por Itachi, que en un parpadeo había pasado de estar sentado en la mesa a estar delante de ella, impidiéndole el paso- ITACHI-KUN QUÍTATE DE EN MEDIO SI NO QUIERES SALIR POR LOS AIRES, SASUKE-KUN TIENE QUE SABER QUE VAMOS A TENER UN BEBÉ.

-Tsss, te dije que iba a reaccionar así- dijo Itachi a su mujer, que se reía por la reacción de la pelirrosa.- Sakura-onechan, Sasuke-kun todavía no lo puede saber, por eso le dije a Rakki que te trajese en este momento.

-¡¿CÓMO QUE NO LE PUEDO DECIR NADA A SASUKE-KUN?! CON LAS GANAS QUE TENÍA DE TENER UN HEREDERO- gritaba Sakura como una loca- SE ESMERÓ MUCHO PARA CONSEGUIRLO Y AHORA SE HA IDO A LA GUERRA SIN SABERLO.

La carcajada de Nariko no se hizo esperar, haciendo que tanto Sakura como Itachi se sonrojasen mucho.

-Sakura-onechan, no quiero imaginarme a Sasuke-kun en esa situación, así que por favor relájate y toma asiento otra vez- dijo Itachi girando la cabeza, intentado ocultar su sonrojo.-Conociendo a Sasuke-kun se presentaría aquí en el instante en el que se entere que será padre y eso desestabilizara el curso de la guerra.

Ante este último comentario los humos de la pelirrosa se bajaron al instante. Se llevó las manos a su vientre y agachó la cabeza.

-Yo no quiero hacerle mal a Sasuke-kun, pensé que saber que vamos a ser padres le darían todavía más incentivos para volver sano y salvo- dijo la pelirrosa triste.

Itachi suspiró por enésima vez esa noche, y abrazó a su cuñada.

-Sakura-chan no te preocupes, a Sasuke-kun no le va a pasar nada, de eso me encargaré yo- decía el pelinegro mientras abrazaba a su cuñada.- Anda siéntate, que todavía no te he contado nada.- Sakura asintió, mientras se secaba las lágrimas.

-¿Cómo sabíais que estaba embarazada? Ni siquiera yo lo sabía- preguntó curiosa la pelirrosa.

-Rakki es descendiente de Matatabi, un bijuu, una bestia de chakra; ellos son más sensibles al chakra que los Uzumakis- dijo el moreno mientras volvía a tomar asiento al lado de su mujer y de su pequeño hijo, que, incluso con los gritos de la pelirrosa, había conseguido dormirse.- le pedí a Rakki que si quedabas embarazada debía traerte aquí, si Sasuke se enteraba que ibas a tener a su hijo lo más seguro es que hubiera hecho algo para no separarse de ti, y eso complicaría mucho hacer posible la profecía.

-Otra vez la maldita profecía- dijo Sakura enfadada mientras se cruzaba de brazos- ¿me puedes explicar qué es esa famosa profecía en la que se supone que intervendré?

-Eso te lo explicaré más detalladamente después de cenar, cuando no haya nadie escuchando conversaciones ajenas detrás de la puerta- dijo Itachi cruzándose de brazos y miraba a la puerta.

Tímidamente Daichi y Raiko salieron de detrás de la puerta, sabiendo que habían sido cazados por su padre, como era normal.

-La idea fue de Daichi otosan- dijo Raiko mientras señalaba a su hermano mayor.

-¿Qué dices pedazo de baka? Si fuiste tú el que dijo de venir- se defendió el mayor.

-¿Y siendo el mayor le haces caso a un niño de cinco años?¿quién es más baka de los dos?- dijo Raiko con sorna a su hermano.

Daichi comenzó a sonrojarse, sabiendo que esta batalla la había ganado su hermano. Iba a darle un tortazo a su hermano, pero al ver la mirada de advertencia de su padre se lo pensó mejor.

-Tss… mocoso- murmuró Daichi mientras se sentaba al lado de Sakura, enfadado por haber perdido contra su hermano mediano.

-Tú- dijo Itachi señalando a Raiko, que estaba a punto de empezar a reírse de su hermano- te he dicho que no provoques peleas que no puedes ganar.

-Si yo no he dicho más que la verdad tochan- dijo con "inocencia" el pequeño.

-Tss… igualito a su madre- murmuró Itachi por lo bajo, ganándose un zape de su mujer.

-Uchiha Itachi, no empieces- y tras decir esto, Nariko se levantó y llevó al pequeño Takeo a la habitación, para volver a la sala- ¿qué hacéis todos sentados? Venga, arriba. Sakura y yo preparamos la cena, vosotros tres preparad la mesa.

Como si hubiera sido una orden directa de Dios, los tres varones Uchiha se levantaron sobre la marcha y comenzaron a preparar la mesa para la cena. Sakura se giró atónita para mirar a Nariko. La mujer no podía superar el metro sesenta de altura, y parecía tan frágil como una muñeca de porcelana, pero al parecer, era ella quien mandaba en la casa.

-¿Cómo haces para mantenerlos a todos a raya? Por lo que Itachi me enseñó de ti, eras muy adorable- dijo Sakura mientras la acompañaba a la cocina.

-jajajajaja seguro que no te enseñó ninguna de nuestras discusiones- decía Nariko mientras ponía a calentar la sopa que tenía en una olla.- siempre están diciendo lo orgullosos que son los Uchihas, pero se olvidan que nosotras también lo somos- dijo mientras le guiñaba el ojo a la pelirrosa- con el paso del tiempo acabaron comprendiendo a la perfección el dicho de "donde manda capitán no manda marinero", y créeme que en esta casa yo soy el capitán jajajaja.

La pelirrosa sonrió. Viendo la estampa que formaba la familia de su cuñado, deseaba con todas sus fuerzas que algún día, esperaba que cercano, Sasuke y ella tuvieran la misma familia.

-Sakura-chan, ya está listo, vamos- dijo Nariko mientras cargaba la olla- Espero que la mesa ya esté lista- dijo alzando la voz para que sus chicos la escucharan.

Al salir de la cocina, ambas mujeres vieron que la mesa estaba lista y los tres hombres Uchihas sentados en la mesa, expectantes.

-Así me gusta- dijo con una sonrisa en los labios la pelimorada, y comenzó a servir la cena- Raiko-kun no empieces a comer antes de que todos estemos servidos- reprimió Nariko al ver como su hijo mediano estaba a punto de comenzar a comer.

-HMM- "dijo" el pequeño, provocando la risa de la pelirrosa, haciendo que todos se girasen para mirarla.

-jajajaja lo siento, pero es que acabo de comprobar que ese monosílabo parece ser genético en los Uchihas- decía Sakura mientras reía.

-Hmm- "dijeron" los tres Uchihas a la vez, provocando la risa de ambas mujeres, haciéndolos sonrojar. La verdad es que ya les salía de manera involuntaria.

-Lo que te queda por vivir Sakura.- dijo Nariko risueña.

Y así, rodeada de un ambiente familiar, Sakura pudo sentirse, por primera vez en mucho tiempo, tranquila.

Pobre Sakura, se había olvidado que antes de la tempestad, siempre reinaba la calma.


Hello! Pues aquí tienen otro capítulo más. Espero que os guste.

De verdad muchas gracias por el apoyo que me dais a través de vuestros reviews, fav y follows.

Este mes no lo tengo tan saturado (de momento) así que no creo que haya ningún impedimento para poder continuar más seguido con ambas historias.

Sin más que decir, muchas gracias, disfrutad de la lectur0a, y ya saben, a lakunoichiftv le gusta saber que su historia os está gustando.

Un beso y un abrazo, Lakunoichiftv