Y bien, aquí llegamos al final de Entre Tus Alas. Gracias por los comentarios y el apoyo, ojalá pueda seguir con mis otras historias.

Los veranos siempre son mi época productiva en Fanfiction :)

P.d.: La letra en este capítulo es de la canción "Entre tus Alas" de Camila.


"Contigo, mi mundo ya no es oscuro. Contigo en mi cielo, no vuelo sin rumbo. Eres mis alas, acompañándome al frente. Me enseñaste que veré el arcoíris cuando la tormenta haya pasado." Wings – Flyn Zeng.


Capítulo 25. Entre tus alas.

Ginny no había podido dormir, y acababa de nuevo allí en el prado, aquel lugar en el que siempre había hallado algo de consuelo. Cedric también estaba allí, recostado en el césped, mirando al cielo.

Esa noche, Ginny observó, las estrellas brillaban con más intensidad que de costumbre.

- No pude dormir – dijo, mientras se sentaba junto a Cedric. – No sabiendo…

Que Fred ya no estaba. Que su familia estaba irremediablemente rota.

Cedric la abrazó con fuerza.

- Lo sé – dijo él. – Lo sé, Gin.

Antes también habían perdido a Percy, pero Ginny se daba cuenta entonces de que siempre habían conservado las esperanzas, que él volvería como efectivamente había hecho durante la batalla.

Era distinto aquel dolor, porque sabía que nunca podrían recuperar a Fred.

- Quédate conmigo, Cedric.

Sabía que no soportaría perderlo a él también, y desde la batalla sentía como si estuviera a punto de perder a todos, aunque el peligro aparentemente hubiera pasado, era como si todo pudiera irse en un segundo.

En lo que ella tardaba en pestañear.

- No me iré a ningún lado, Gin. – dijo él, mirándola intensamente. - Créeme, tengo intenciones de quedarme contigo para siempre.

Había veneración en su mirada, en su tono de voz, y en sus labios cuando tocaron su piel.

Él nunca había mentido, nunca había fallado a su palabra antes. Ella podía creerle.

Y mientras se dejaba llevar en una nueva corriente de caricias, besos y suspiros, Ginny supo que en ningún lugar y con nadie podría estar tan segura como lo estaba junto a Cedric.


Reconstruyeron la Madriguera todos juntos, y poco después estuvieron de vuelta en casa. Los Diggory y los Fawcett también volvieron.

Luna se reunió con su padre en San Mungo, por fortuna las heridas que había recibido por parte de los mortífagos no habían sido mortales.

Kingsley fue elegido ministro de magia, y como primera medida anunció que aquellos héroes de guerra que quisieran unirse al cuerpo de aurores serían bienvenidos de hacerlo. Así que Cedric volvió al Ministerio, donde también había un montón de reconstrucción por hacer.

Un cementerio había sido edificado en una colina cercana al colegio, en el que se honraba la memoria a todos los héroes que dieron su vida en la Batalla de Hogwarts.

George seguía inconsolable, pero al menos volvía a comer y hablar, y tenían esperanzas de que lentamente comenzara a recuperarse. Ginny no quería perder también a ese hermano.

Y así, poco a poco, entre piezas rotas y desencajadas, todos trataron de encontrar su lugar en ese nuevo rompecabezas.

- Mira esto – dijo Cedric al llegar para almorzar un día de esos, a fines de agosto – aquí.

Le pasó el periódico de El Profeta, abierto en la página del anuncio que enseguida llamó la atención de Ginny.

- ¡Harán pruebas para Las Arpías de Holyhead! – exclamó ella, sonriendo – Por las barbas de Merlín, esto es genial.

Claro, apenas tenía diecisiete años, pero ese siempre había sido su sueño, y de todas formas no tenía pensado volver a Hogwarts, no estaba lista para ello. Hermione había tratado de convencerla, como había intentado con Ron y Harry, pero Ginny ya había tomado una decisión al respecto.

- ¿Crees que en verdad que lo lograré?

- ¿Bromeas? Por supuesto que lo harás. – dijo él, sonriendo y dándole un beso en la mejilla. – Tengo completa confianza en ello.

- Te adoro – dijo ella, feliz.

Su madre llegó en ese momento, interrumpiendo su burbuja.

- Ginny, Cedric querido, necesito ayuda para poner la mesa en el jardín, ¿podrían?

- Por supuesto, Molly.


Esa noche había una doble celebración: el primer juego de Ginny como cazadora titular de las Arpías, luego de dos años jugando en el equipo, y además la inauguración de un nuevo local de Sotilegios Weasley en Hogsmeade, lo cual hacía extremadamente felices a todos al ver que George estaba dispuesto a recuperar su ritmo normal de trabajo. Además, Harry había llevado a Daphne Greengrass con él. Ninguno conocía mucho a la chica, excepto por el hecho de que en el colegio había ido al mismo año que el trío y que había estado en Slytherin, pero a todos les hacía felices saber que Harry tuviera por fin a alguien.

- Por la familia, - dijo Bill, ofreciendo un brindis con la copa en una mano mientras sostenía a su pequeña Victoiré en la otra - ¡salud!

- ¡SALUD!

Hubo risas y anécdotas, y entre todo aquello, fue Ron quien preguntó.

- Por cierto, Gin, nunca nos contaste cómo exactamente fue que tú y Cedric se hicieron amigos. Eso siempre nos pareció un gran misterio.

Ellos se sonrieron.

Siempre fui un esclavo de la libertad, de esos que saben flotar

Y que besan el cielo

- Pues volando – dijo ella, encogiéndose de hombros. – Éramos sólo unos niños.

- Ginny tenía seis años y se escapaba de casa para practicar su vuelo sobre una escoba, y daba la casualidad de que yo hacía lo mismo.

Y hasta que apareciste por ahí, me decidí a aterrizar

Y quedarme en tu suelo.

- No puedo explicarme como nunca nos dimos cuenta de eso – dijo Arthur, meneando la cabeza y luego riendo.


Ginny, sentada en la cama, miró el dormitorio de Cedric. Había estado allí contadas veces, pues casi siempre era él quien iba a su casa, pero de todas formas recordaba a la perfección donde solía ir todo (y es que Cedric era muy ordenado).

- ¿Y a dónde han ido todos tus posters del Puddlemere United?

Cedric arqueó una ceja.

- Pues los llevaré conmigo a Hogwarts, por supuesto. Ya están empacados.

A Cedric le habían ofrecido un puesto en el colegio, como profesor de Defensa contra las Artes Oscuras, y él había aceptado. Pasados los años más delicados en el Ministerio, con el barco volviendo a navegar sin problemas, él había decidido que ese cambio le haría bien.

No era el único: Neville también dejaba el departamento de Aurores para tomar la plaza de Herbología.

Y es que Hogwarts también los necesitaba.

- Vale. Te enviaré una firmada de las Arpía de Holyhead, por si recapacitas – dijo, mientras se levantaba de la cama y caminaba hasta la puerta. Pudo oír la clara risa de Cedric siguiéndola – Iré a ver si tu madre necesita algo de ayuda…

Él la tomó del brazo, haciendo que se detuviera.

- Gin, espera. Hay algo más de lo que quiero hablar contigo.

Tenía que hacerlo en ese momento en que había reunido el valor, porque de lo contrario no hallaría el "momento perfecto" nunca.

- ¿Si?

Descubrí mi fe en tu ilusión, mi alma reconoció tu voz

Y así se fue detrás de ti mi corazón

- Sé que somos jóvenes. Que todavía estás en el inicio de tu carrera y esto tal vez… tal vez no sea lo que estabas contemplando en este momento. Pero hemos estado juntos por años, y yo he estado seguro desde hace tiempo de esto, de que quiero pasar el resto de mi vida contigo.

- Ced…

A ella se le formó un nudo en la garganta, comprendiendo lo que él quería decir. Y entonces él sacó un pequeño anillo plateado del bolsillo, brillante y hermoso, y se arrodilló frente a ella en la puerta de su habitación.

- Ginny Weasley, ¿me harías el extraordinario honor de convertirte en mi esposa?

Y hasta hoy, pensaba que la libertad estaba en otro lugar

Y hoy la llevo por dentro

Realmente no había mucho que pensar, pensó ella, mientras lo miraba, a esos expectantes ojos grises. Lo había amado por tanto tiempo, desde que era sólo una niña, y Cedric había estado a su lado en todos los momentos importantes, siempre…

Y si, para las convencionalidades del mundo ella podía ser demasiado joven a sus veintiún años, pero estaba completamente segura de los lazos que la unían a Cedric.

- Sí. Por supuesto que sí.

Ambos sonrieron como tontos mientras él deslizaba el anillo en su dedo, y luego la besaba apasionadamente, demorando otros buenos minutos en bajar al comedor.


Cedric apuntó con la varita al pizarrón dejando unas últimas indicaciones.

- Así que, no olviden lo que hemos practicado hoy. El encantamiendo desarmador puede parecer algo básico, pero enfrentados al peligro puede serles de mucha utilidad. A un amigo le salvó la vida más veces de las que ustedes podrían contar con una mano y… - miró hacia atrás, donde una de las alumnas de Slytherin levantaba la mano - ¿si, Jones?

- Profesor Diggory, ¿tiene usted novia?

Tuvo que hacer un esfuerzo para no reír, pero decidió que evitar la pregunta no serviría de nada.

- Si, Jones. Una prometida, de hecho.

- ¡Se va a casar?!

- Bueno, no estamos aquí para discutir mi vida. ¿Alguna otra pregunta respecto a la clase?

Y cinco minutos después, el salón estaba vacío. Él comenzó a ordenar las butacas, puesto a que en treinta minutos llegarían los estudiantes de primer año.

- Wow, en serio estas salas no han cambiado nada.

Y se sorprendió de ver a Ginny cruzando la puerta.

- ¿Qué haces aquí? – preguntó, sonriendo.

- Vine a visitar a Neville, claro está – contestó ella – y luego pensé, ya que estaba de paso, que podría pasar a saludar…

Con un movimiento de varita, ella cerró las puertas y se acercó a él.

- Ehm, Gin…

Me asomé al laberinto de tu amor, aquí encontré mi verdad

Y en ti está lo que quiero

Ginny ya estaba a su lado, rodeando su cuello con sus brazos y mirándolo, invitante.

- Te he extrañado.

Estaba totalmente perdido.


Cuando llegó el momento, Ginny caminó al altar serena y sonriente. Nada de nervios, nada de inseguridades.

Todo, mientras fuera con Cedric, siempre resultaría correcto.

Y aunque ella rió y se divirtió estando con su familia y con sus amigos, en aquel perfecto e inolvidable día de sus vidas, lo mejor del día fue llegar por fin a su pequeña y perfecta casa en Hogsmeade, donde por fin eran solo ellos dos.

Ya no sería necesario que ocultara lo mucho que necesitaba a Cedric para dormir tranquila en las noches (muy parecido a aquel día, durmiendo en una bolsa de dormir en el gran comedor) porque lo tendría a su lado siempre.

Abrazándola, como en ese momento.

Besándola, como en ese preciso instante.

Y si una persona pudiera explotar de dicha, entonces eso le habría sucedido a ellos, mientras entre besos y risas hacían el camino hacia su dormitorio.

Siempre fui esclavo de la libertad

Contigo puedo tocar lo que soñé tanto tiempo