Previamente en el cap 24: Regresan del comité. Bulma le cuenta a Raditz que en el futuro se unirá con Vegeta. Bulma descubre que Vegeta busca unirse con ella en ciertas fechas del mes 9-9, Bulma deja el pelotón del príncipe para poder centrarse en la corporación y en su nuevo trabajo; se desarrolla el combate por su mano, interviene Vegeta para revelar que Turles hizo trampa y por eso venció a su escuadrón; Bulma es secuestrada.

Advertencia: ese capítulo, contiene una escena que puede herir susceptibilidades, traté de escribirla con alturas de mira.


Capítulo 25

El verdadero monstruo

Miró como el líquido traslucido se reducía de a poco, pasando por una manguera de cinco milímetros y que terminaba en una aguja directa en su vena. Su hermano reclamando que no quería inyectarse el antídoto por miedo a la aguja era el escándalo que tenía a todos los presentes irritados, pero él pensaba únicamente en el objetivo de su tío para llegar a ese extremo. Al grupo de médicos les fue difícil dar con la cura, por lo que había entendido, el veneno era extraño y no originario del planeta, usaron a su hermano y a Cauli como experimentos, gracias a la avanzada tecnología lograron dar con el antídoto. Un veneno que entorpecía los sentidos y nublaba la mente, no tenía efectos secundarios, ideal para la situación que acababan de enfrentar.

Raditz bufó por lo bajo, quería irse de esa sala y había sido el último en llegar. Cauli le gritaba al menor del grupo que se callara, Broly recibía en silencio el tratamiento, y él, pensativo y amargado-algo poco común en él-intentaba no prestar demasiada atención al alboroto. Después de noquear a Kakarotto entre varios ayudantes, pudieron inyectarle el tratamiento y a pesar de ser el último en recibirlo, fue el primero al que le dieron el alta. Raditz no entendía, pero no quiso preguntar, no tenía ganas de escuchar algo que no entendería. Todos se fueron de la sala, fue el último en permanecer en una camilla, miraba los estanques recuperativos y se preguntó porque no lo usaban en esa situación, suspiró por quizás octava vez, miró ansioso la bolsa con el antídoto, ya quedaba menos de la mitad.

— ¿Cómo se siente? —volteó hacia el sujeto con bata blanca y asintió sin responder—sus compañeros ya pueden retirarse, en unos quince minutos usted también podrá.

Fueron los quince minutos más eternos de su vida. Cuando por fin salió de la sala médica, ni su hermano ni resto de amigos se encontraba esperándolo, no se los pidió, pero lo pensó. Supuso que al igual que él, estaban cansados y hambrientos. Caminó mientras arreglaba su armadura, tomó su scouter y antes de ponérselo notó el mensaje, con temor y desgano leyó. Terminó con una mueca de desagrado en su rostro y giró hacia el pasillo que lo llevaría hasta las zonas de entrenamiento, miró la hora en su aparato y lo único que podía pensar era en beber un poco de alcohol fuerte, pero no, tendría que enfrentarse al príncipe antes de poder beber, y no sólo él, todo el escuadrón fue citado a su sala de entrenamientos.

Cuando llegó a la sala, estaban sus amigos formados frente al príncipe. Antes de entrar, reverenció al heredero y caminó a su lugar junto a Broly. El príncipe estaba cruzado de brazos, sin mirarlos y en silencio. Los jóvenes se quedaron mirando entre ellos, atentos alguna respuesta de su líder, pasaron cinco minutos así, ninguno se atrevió a hablar o siquiera mover un músculo. Raditz no estaba para esas rutinas, estaba demasiado fatigado y molesto consigo mismo para quedarse y soportar el temperamento del príncipe, infló su pecho con una sonora inhalada de aire y antes de botarlo, el heredero abrió los ojos y lo miró fijamente. El saiyajin de melena larga contuvo el aliento y le devolvió la mirada, curioso, apenas si alcanzó a exhalar y el príncipe se le lanzó encima. El ataque fue breve, el líder del escuadrón dio un certero puñetazo en su quijada y un rodillazo en la boca de su estómago, no se defendió, por algún extraño motivo sintió que lo merecía. Cayó al suelo de rodillas, tosió y escupió sangre, limpió el hilillo de líquido escarlata con el dorso de su mano antes de que rosara su barbilla, levantó la mirada, atento a otro juego de puños, pero nada ocurrió en los siguientes minutos. Frunció sus espesas cejas y lo miró, negro contra negro se enfrentaron en silencio.

Parecía que nadie respiraba, como si todos estuvieran expectantes a las acciones del heredero, pero Raditz tenía la sensación que más bien sus compañeros intentaban pasar desapercibidos para no tener la misma suerte. «Astutos», pensó. Cuando creyó que el príncipe no haría otro movimiento, se levantó. No dejó de abrazar su estómago adolorido, se sentía como un saco de verduras maltratado.

—Son una vergüenza—dijo por fin el saiyajin de estirpe real. El grupo miró el suelo casi al mismo tiempo, sabiendo que merecían ese regaño— ¿Cómo pueden hacerse llamar parte de la Elite, si pierden así de fácil?

—Permiso para hab—murmuró Cauli, pero el príncipe fue rápido en interrumpirla.

—Denegado—ladró mirándola con rabia, la joven agachó la mirada al mismo tiempo que sus mejillas se incendiaban de pura pena—me humillaron. Y eso no lo toleraré.

— ¡No es nuestra culpa! —Explotó el menor, haciendo un berrinche que rompió la formación de perritos llenos de culpa— ¿Cómo íbamos a pensar que…? —el príncipe lo calló con un puñetazo que no vio venir. El resto ni siquiera pestañeó, ya acostumbrados a los escarmientos que siempre se ganaba el menor por impertinente—lo siento…—balbuceó.

—Las excusas agravan la falta—sentenció mirándolos con frialdad—nos hacen falta más expediciones, más peleas y entrenamientos. No podemos tolerar que nos alcancen. Somos la elite. Son mis soldados.

—Pero si es usted el que quiere pasar siempre acá—susurró el menor entre dientes, sólo Cauli lo oyó y le dio un codazo con disimulo para silenciarlo. La joven tragó saliva, ella pensaba igual. Desde que Bulma había dejado el pelotón, las misiones no eran constantes y era primera vez que lo notaba.

—Esta vez no los haré entrenar hasta que no se puedan sus propios huesos—Vegeta contempló en silencio la sorpresa dibujada en cada rostro familiar-que detestaba-eran sus soldados y sabía las capacidades que tenían, confiaba en ellos en las misiones, los había entrenado, sólo eso. Nada más ni nada menos, eran parte de ese grupo selecto que se había vuelto cercano por obligación no porque le naciera y en el tiempo que llevaba liderándolos, no había nacido ni un ápice de estima por ellos. —me da asco seguir viéndolos. Mañana a primera hora, estarán aquí formados y no se detendrán. Ni siquiera para comer. —solo Kakarotto lo miró afligido al terminar de hablar, el resto entendía la situación. El príncipe frunció el entrecejo, no los veía agradecidos, estaba siendo generoso por primera vez con el grupo de insectos y se veían como un cuarteto de animales que van al matadero. — ¡Largo!

Raditz esperó que el resto se adelantara, no premeditó aquella charla. Simplemente sentía la necesidad de hablar con él, quizá de agradecerle. Según el punto de vista del saiyajin de melena larga, a pesar de todo, el resultado había sido el esperado y se debía gracias al príncipe. Pero su humor absurdo le ganó a su intención, y terminó soltando un mal inicio de plática. No había nadie en la sala cuando habló, el príncipe cruzado de brazos parecía esperar también por un cruce de palabra entre ambos y eso lo alentó. Mal presagio que el saiyajin pasó por alto.

—Príncipe—murmuró, dio un par de pasos titubeantes y se detuvo a un metro de distancia del heredero a la corona— ¿Me permite unos minutos?

— ¿No fui claro? —Preguntó, volteó hacia el saiyajin de melena larga y lo miró con sospecha, el primogénito de Bardock no solía ser parlanchín y no recordaba haber platicado antes con él, bueno, con ninguno. Tenía la leve sospecha que lo que el saiyajin quería hablarle tenía relación con Bulma, y no quería escuchar ni una palabra de aquello. —Largo.

—Seré breve—habló sin obedecer y Vegeta no pudo ocultar el asombro. Nadie-a excepción de su novia-se atrevía a ignorar una orden suya, aunque la indignación fue alta, la curiosidad por saber el motivo por el que se arriesgaba, fue mayor.

—Tienes tres minutos—accedió, mirándolo a los ojos. Aunque el guerrero era más alto que el príncipe, Vegeta tenía una técnica para hablar con sujetos más altos que él sin perder la dignidad en el proceso, lo había aprendido desde pequeño, siempre impuso su carácter y actitud de realeza, por lo que, al mirar hacia arriba, para encontrarse con el rostro del guerrero, no perdió ni un ápice de solemnidad e intimidaba de igual forma.

—Entiendo—dijo asintiendo—quería agradecerle, por lo que hizo esta tarde.

—No sé de qué estás hablando—se defendió con rapidez, frunció el ceño e intentó esconder la alarma que sintió, definitivamente se trataba de su novia y empezaba a impacientarse. Si el guerrero lo había notado, era fácil de suponer que no sería el único y pronto los chismes recorrerían los pasillos y de solo pensarlo, sudaba frío.

—Creo que sí sabe—soltó sonriendo sin ganas—si no fuese por usted, el resultado de la competencia hubiera sido trágico para ella. —agachó la mirada avergonzado, entendía que el príncipe estuviera molesto por no darse cuenta que su tío había luchado haciendo trampa, eran un grupo de categoría elite y no era bien visto su descuido, pero sabía que, en el fondo, las intenciones del saiyajin de la realeza eran otras, cualquiera fueran sus motivos, habían resultado bien para su amiga y con eso estaba conforme—por eso, gracias.

No pudo responder, su astucia había inferido rápidamente que las palabras de Raditz tenían más significado del que aparentaban, él lo sabía, o quizás estaba siendo paranoico, pero no dejaba de pensar que el guerrero hacía referencia a su relación con la científica y si era así, se sentía perdido. Nadie podía saberlo, si fuera por él ni siquiera Teeb, debía permanecer en secreto hasta que se coronara y que ya un extraño como Raditz lo supiera, era grave. El saiyajin de melena larga pareció leer sus pensamientos, o tal vez su rostro se había desfigurado por la situación y ya no aparentaba sus rasgos inexpresivos, pero no tardó en hablar al no tener respuesta.

—Sé lo que pasa entre ustedes—prefirió decir y el rostro del príncipe se congeló. Por primera vez desde que lo conocía, Raditz pudo apreciar un sentimiento diferente a desprecio en el rostro del heredero, miedo, asombro, pánico… notó rápidamente que su información no era bien recibida, por lo que se apresuró en explicar—descuide. De mi boca no saldrá ninguna palabra, solo quería explicarle porque me importaba, porque le agradecía lo que hizo hoy.

— ¿Qué es lo que quieres? —preguntó, conteniendo la ira que amenazaba con hacerlo estallar, se sentía vulnerable y expuesto como un debilucho, y encima, no podía eliminar al culpable. Raditz lo miró confundido, negó sin entender su pregunta y el príncipe perdió la paciencia— ¡¿Qué mierda quieres?! ¿Unidades monetarias? ¿Un escuadrón para ti? —preguntó acercándose, el guerrero no se movió a pesar de que le intimidó con su tono de voz, sus ojos negros parecían a punto de estallar y no dejaba de mirar hacia la salida, pensando en si debía huir o no.

—No sé de qué me está hablando—murmuró inseguro—Bulma es mi amiga, solo quiero que ella esté bien.

—No te creo nada—respondió rechinando los dientes—si me estás diciendo toda esta basura es por algo ¿Qué quieres a cambio de tu silencio? —preguntó alzando la barbilla, cruzándose de brazos y meneando su rabo.

Raditz abrió la boca para responder, pero no salió su voz ¿Realmente lo estaba extorsionando? En otro momento de su vida habría sacado provecho de ello, ahora le parecía una broma de muy mal gusto ¿Es que no entendía lo que le decía? El príncipe no era lento, estaba seguro que estaba preso en su miedo de que su relación con Bulma fuera expuesta y lo entendía. Había demasiado rumores sobre la sexualidad del saiyajin heredero, para que de pronto surgiera que la verdad era que se follaba a la mascota favorita del rey. Sería un chisme de aquellos en la corte… pero no le interesaba, no pretendía que su amiga estuviera involucrada en todo ello, no le importaba lo que pensara el pequeño tirano, ni lo histérico que se había puesto por decirle todo ello, lo único que le importaba en ese momento era el bienestar de Bulma.

—Con todo respeto, su alteza—respondió, completamente serio, como pocas veces lucía—no quiero sus unidades, tampoco un cargo. Solo quiero que Bulma esté bien. Que no la vuelva a hacer llorar, al punto de querer irse del planeta.

Vegeta perdió la calma. Se abalanzó sobre el cuello el saiyajin y lo sujetó con ambas manos, lo acercó a su perfil y lo miró directamente, el guerrero no parecía asustado ni nervioso, pero él estaba furioso y temblaba de pura ira.

— ¿Quién te crees que eres para hablarme así? ¿Eh? ¡¿Quién mierda te crees?! —chilló encolerizado.

—S-su amigo—respondió con dificultad por su agarre—no le dije todo esto para alterarlo, sé que intervino por ella, no por su prestigio como líder—continúo diciendo, esperando que en cualquier momento el príncipe le rompiera el cuello, el miedo estaba latente, pero su orgullo de saiyajin no le dejó demostrarlo, aunque sabía que el heredero era experto en leer el lenguaje no verbal—solo quiero que ella esté bien, igual que usted, imagino.

—Maldito imbécil—murmuró sonriéndole. Lo soltó de mala gana, sin dejar de mirarlo mientras medio sonreía, el coraje del guerrero lo respetaba. Nunca le gustó la relación que tenía con su novia, pero el que lo hubiera enfrentado solo para decirle aquello, le hizo admirarlo un poco, solo un poco. —Vete. No quiero que vuelvas a hablar de esto.

—Como uste diga, alteza—dijo y lo reverenció, aguantando el suspiro de alivio, por haber salido ileso de aquella tensa plática—y, le reitero, no hablaré de esto con nadie. Le doy mi palabra.

—Lárgate—ladró, el saiyajin lo volvió a reverenciar y caminó hacia la salida—Raditz—el guerrero volteó hacia atrás y giró por completo para poder oírle—esta conversación, jamás ocurrió. Y más importante, primera y última vez, que tolero estas confianzas.

—Como usted ordene—le respondió, volvió a reverenciarlo por tercera vez y salió de la sala de entrenamiento, Vegeta lo vio irse, esperó a que avanzara lo suficiente para no encontrárselo en el pasillo.

La situación lo dejó en cierto aspecto, nervioso, lo pilló desprevenido, aunque pensó que el entrometerse en el combate sería revelador en cierto aspecto, creyó que su actuación había sido creíble y, si alguno se hacía una idea no tan equivocada, no tendría el coraje de enfrentarlo. Supuso que la amistad de la que tanto hacía alarde su novia, y de la que le enrostró el guerrero alto, tenía un significado más profundo del que creía. Él no tenía amigos, sus cosas no se las contaba a nadie, lo que hacía durante el día o si tenía algún problema, por lo general lo resolvía solo, no. Estaba mintiendo, a menudo le contaba cosas a Bulma, pero porque ella preguntaba y no podía darle un "no" de respuesta. Bulma era lo más cercano a un confidente, era su compañera en tantos ámbitos… sonrió al pensarlo, miró la hora en su comunicador y pensó que era una hora prudente para pasar por el laboratorio.

Su padre seguramente estaba en alguna reunión, a su equipo lo había despachado y en esa aula del palacio no se acercaban saiyajin guerreros, era solo la servidumbre y habitantes de otras especies que colaboraban, y que ahora trabajaban para Bulma. Además, no tenía nada de malo que pasara por ahí inspeccionando el área, era el príncipe heredero después de todo. Era un poco absurdo que buscara excusas, después de todo nadie le preguntaría nada y aunque él las considerara, no todos tenían su intelecto, lo mejor era hacer una visita rápida, sin ser notado.

Caminó a paso rápido, sus botas resonaban en el azulejo, las luces iluminaban bastante en esa área, lo que no funcionaba muy bien era el calefactor, los laboratorios eran más fríos de lo que le recordaba, por eso su novia se quejaba tanto. Las primeras salas eran donde se construían los proyectos que hacía Bulma, y en la sala más amplia e iluminada, que contaba con los últimos avances tecnológicos, en la que ella pasaba gran parte del tiempo era donde los diseñaba, en varias ocasiones la escuchó quejarse que igual participaba en la construcción, pues no le gustaba como soldaban los peridotithos.

Muchas de las salas tenían ventanas con vidrios polarizados en las paredes que permitía observar como trabajaban, a excepción del laboratorio de su novia. Al llegar, miró a ambos lados para asegurarse que no hubiera ningún testigo, se asomó por el umbral de la puerta y la vio. Estaba en medio de la sala, rayando en una pared signos y números que conocía, pero no entendía, en su infancia se los habían explicado, pero no los manejaba como ella, no era necesario, para Bulma era como escribir una carta, así de simple la veía escribir y borrar fórmulas y diseños en 3D de su próximo proyecto, que a la distancia pudo reconocer como su corporación. Medio sonrío, usaba su tecnología y tiempo en el laboratorio para avanzar en eso, si su padre se enteraba seguramente se enojaría, pero quedaría en eso, en enojo, pues no se atrevería a decirle algo otra vez.

Bulma ya tenía fama de ser atrevida e intrépida con el rey, cuando se ganó su posición en el laboratorio, muchos quisieron opacarla con rumores mal intencionados, sin embargo, el tiempo los hizo callar. La joven era la más capaz para liderar el departamento tecnológico, su desempeño se hizo ver y las mejoras en armaduras, comunicadores, agricultura, etc., no tardaron en llegar. Desde que la joven había llegado al planeta, que aportaba, pero ahora era diferente pues nadie se quedaba con su crédito, Bulma se aseguraba que todos supieran que era ella quien creaba todo, le gustaba que la adularan, él a esas alturas consideraba que se lo merecía.

La observó unos minutos más y salió de allí, era temprano para que se vieran a escondidas en su habitación, ella se quedaba bastante tiempo trabajando. Caminó hasta el pasillo principal que conectaba con la sala del consejo, la sala del trono y el comedor, a esa hora su padre estaría cenando, no le vio mal acompañarlo.

Cuando llegó al comedor, su padre compartía la cena con su mano derecha Bardock, al verlo, le fue inevitable recordar a Turles. El menor de los gemelos lo había dejado de mal humor, no creía que un saiyajin de su categoría cayera tan bajo como para usar trampa, pero eso le alertaba de lo interesado que estaba en ganar y eso no le gustaba, su intuición le alertaba que el saiyajin consejero de su padre, tenía segundas intenciones con su Bulma y no estaba siendo celoso ni paranoico, como acostumbraba con cada hombre que se le acercaba, era diferente, tenía argumentos esta vez.

Se sentó con ellos, los oyó hablar de tratados y opinó cuando lo consideró necesario, su padre parecía de buen humor, Bardock por el contrario se veía sombrío, quizás incomodo con su presencia. Sabía que no era del agrado de muchos en el palacio, que si lo respetaban era por su fuerza y desempeño más que por ser el heredero, su rango real era solo un complemento que hacía que la población lo tuviera en un pedestal y apoyara su futuro reinado, pero no había estima de por medio, como lo había con su padre. Se había ganado a la población por su trabajo y lo mucho que le importaba su planeta, tenía carisma el viejo, algo que él no tenía y que sería difícil de superar, no estaba seguro de mantener el mismo consejo cuando se coronara, tenía 18 años y su coronación estaba a la vuelta de la esquina, su padre quería dejarle el trono lo antes posible, no entendía su prisa, pero eso ayudaba a sus intenciones con Bulma. Si los planes de su padre seguían su curso, en cinco o seis años él sería rey, esperaba que ella pudiera ser paciente.

Lo cierto era que, la paciencia la necesitaban ambos. Después de reconocer que sus sentimientos por Bulma eran más que un capricho, y que se trataba de unión saiyajin, que el verse y amarse a escondidas, empezaba a hartarle. Era el príncipe, podía hacer lo que se le antojara con cualquier hembra, pero la que realmente le importaba, la escondía. No le parecía justo para ninguno de los dos, eran años manteniendo lo suyo en secreto y empezaban a cansarse. Sin embargo, sabían de lo importante que era no hacer un paso en falso, eran conscientes del peso que podía caer sobre ellos si su relación se hacía pública antes de ser rey. Su padre estaba de acuerdo con el mestizaje, lo había dejado claro cuando le sugirieron el compromiso con los hadianos, pero también habían hablado de tener un heredero de raza pura, pero si se unía a Bulma, sería solo ella y, por ende, todos sus herederos serían mestizos, además, no estaba seguro que él aprobara su relación con ella. Algo, sus celos de hijo, se lo decían, a menudo sentía que el rey trataba a la humana como si fuera suya y no un trabajador más en el laboratorio, las condiciones y el cuidado que le daba era más que revelador ¿Qué diría si supiera que su hijo e "hija", tenían una relación a su espalda?

A menudo se lo preguntaba. Salió de la sala dos horas después de comer, caminó hacia su habitación a paso lento, su comunicador vibró y al pensar que era ella- como los últimos mensajes que le envío, pidiéndole verse después del combate, a lo que se negó para evitar levantar sospechas-la ansiedad creció. Abrió la bandeja y frunció el ceño al instante al ver el remitente de Teeb, lo leyó de mala gana y su humor empeoró cuando leyó que Bulma se demoraría en ir a verlo, para terminar un modelo a escala de su corporación.

Llegó a su habitación con poco ánimo, se desvistió de modo automático y se metió a dar un baño, no lo disfrutó, no dejaba de pensar en estar con Bulma. Sabía que ella estaba agradecida por su intervención, y eso significaba que el sexo de esa noche sería el reflejo de su gratitud, lo trataría como lo que era, un príncipe. Sonrió al pensarlo, estaba ansioso por estar entre sus brazos. Al salir de la ducha, se vistió con un pantalón y remera de tela ligera, se lanzó a la cama y trató de dormir un poco, antes de que ella llegara.

Se quedó dormido rápidamente, cuando abrió los ojos notó que la luz de afuera que se traslucía por el cortinaje de su balcón, ya no era la misma, había oscurecido hace bastante. Se levantó adormecido y buscó su comunicador, no había ningún mensaje de su novia y la hora le alarmó, ya eran pasada la media noche y Bulma no tardaba más que eso en llegar a su cuarto, las alarmas se encendieron, sintió su estómago tensarse al pensar en la posibilidad de que algo le había pasado, a pesar de que solo eran 15 minutos después de la media noche, su intuición le gritaba que algo andaba mal, tenía una extraña sensación en el pecho que le preocupaba. Escribió un mensaje a Teeb, sus dedos eran torpes por el nerviosismo y se molestó consigo mismo, pero logró enviarlo, donde le exigía al saiyajin ir a buscarla al laboratorio o a su nave y llevarla a su cuarto. Estaba seguro que algo había sucedido, si su Bulma no hubiera querido ir por pereza o por algún enojo mal fundado, le hubiera avisado. Se sentó en el borde de su cama a esperar alguna respuesta, sentía sus tripas revueltas, necesitaba saber que ella estaba bien.


(…)


Bostezó sin cubrirse la boca, estaba cansado. El príncipe había interrumpido su sueño, creyó que con el mensaje de esa tarde-noche donde Bulma le decía que llegaría más tarde bastaría para que la esperara tranquilo sin pedirle nada, pero ahí estaba, camino al laboratorio a buscar a la debilidad del pequeño príncipe.

Aunque a él también le llamó la atención que la joven aun no llegara, no acostumbraba a quedarse después de medianoche, pues el saiyajin le hacía berrinches que eran difíciles de manejar y Bulma, para no lidiar con sus escenas, le daba en el gusto y llegaba a una hora prudente. Los pasillos estaban solitarios, la luz de las lámparas que decoraban las murallas eran su única compañía, había un silencio molesto que le rodeaba, se oían solo sus pisadas y si se concentraba, su respiración. Cuando llegó al aula del laboratorio, dos cosas llamaron su atención, la primera, que no se oía ruido alguno, si ella estuviera trabajando se oiría música terrícola o papeles, teclas apretarse y un sinfín de posibles sonidos que ella hacía al trabajar, pero, todo lo contrario. No había ni ruido ni la luz estaba encendida. Ella no estaba en su laboratorio. Iba a dar la vuelta, si no estaba en la oficina, entonces en su nave, sin embargo, prefirió dar un vistazo por su cuenta. Una vez que confirmó que ella no estaba en ninguna sala, decidió salir hacia su nave hogar.

Los pasajes hacia su nave estaban más silenciosos aun, pasó por el cruce que desviaba hasta el cuarto del príncipe, aceleró el paso y llegó hasta el área al aire libre donde su nave se erguía. Las luces estaban apagadas, la desesperación pronto dominó el cuerpo del saiyajin, su intuición le alertaba, se lo decía, ella no estaba allí… respiró profundamente y caminó hasta la rampa, subió dando pasos largos, llegó a la puerta y golpeó y tocó el timbre con fuerza, más no obtuvo respuesta. Voló alrededor de la nave, buscando por las ventanas, alguna señal de ella, no consiguió nada. Ya cansado, decidió romper la puerta, ella lo mataría, lo sabía, pensó un poco antes de hacerlo, le envió un mensaje al príncipe explicándole la situación, la respuesta del saiyajin fue la clave de la puerta de la nave.

Ingresó los números con urgencia en el tablero que había sido instalado hace un mes, supuso que era para el príncipe más que para alguien más. La puerta se abrió lentamente al presionar el comando correcto, entró rápidamente y encendió las luces, nunca había entrado a la nave, pero la recorrió a toda prisa, buscó en cada espacio y habitación, no estaba. Ella no estaba allí.

Salió de la nave con el pecho encogido, sentía que le faltaba el aire… ella no estaba, ¿En qué otro lugar podría estar?, se le acababan las respuestas, pero lo intentó de todas formas. Recorrió a toda prisa, cada sala en que ella pudiese estar dentro del palacio, les envió un mensaje a sus ex compañeros de escuadrón, ninguno la había visto después de los combates. Y las luces se encendieron en la mente del saiyajin. Los combates… sudó frío, se la habían llevado. Estaba seguro, algún mal perdedor, tragó en seco y antes de dar el aviso al príncipe, se lo dio al rey con el consejo. No era un hecho que solo involucrara al heredero, envió una alerta a todos los miembros del consejo, y copió a Vegeta hijo en el mensaje. Ella había sido secuestrada, no tenía otra explicación a su ausencia.


(…)


Abrió sus ojos, pero los volvió a cerrar, los sentía pesados. Su cabeza parecía que iba a estallar, su sien palpitaba, cerró sus ojos nuevamente, la iluminación de la habitación era demasiada. Intentó llevar su mano a su frente, para calmar de algún modo el dolor, pero esta no se movió, abrió sus ojos de golpe e intentó mover ambas manos, sin embargo, su cuerpo no respondía. Entró en pánico, miró a su alrededor y se vio en una sala completamente blanca, el techo tenía un foco largo con una luz cegadora que le irritaba la vista, por la altura en que se encontraba, podía suponer que estaba en el suelo o una camilla. Buscó algo más que delatara el lugar, solo vio macetas de plantas y muchos tubos de ensayos, era un laboratorio.

—Al fin despiertas—oyó a sus pies, buscó con la mirada al dueño de la voz masculina, segundos más tarde se encontró con el rostro de Turles. Su corazón se detuvo, sintió como el sudor frío recorrió su espalda, su pecho se encogió haciendo que costara respirar, quiso moverse, salir de allí, escapar, pero solo conseguía sacudirse aletargadamente—es inútil—explicó el gemelo—estás bajo los efectos de una droga bastante eficaz. Debo decir, que esperaba que despertaras hace media hora, supongo que la dosis fue mucha para ti.

—Eres…—tosió un poco, sentía su garganta completamente seca, le costaba tragar para humedecerla—eres una bestia ¿Qué significa… esto?

— ¿Qué significa? —preguntó con ingenuidad falsa—significa que siempre consigo lo que quiero—soltó con frialdad que le estremeció, sus ojos negros tenían un brillo malicioso, podía entender sus intenciones y verse allí, vulnerable, drogada y a solas, supo que él tenía razón—puede que demore cinco años… pero lo consigo.

Bulma abrió sus ojos de par en par, a su memoria vinieron las advertencias de Teeb, aquel suceso de su vida que evitaba recordar, casi como si nunca hubiera ocurrido, ahora tenía el rostro del monstruo que la intentó abusar a solo unos metros de distancia. Miró la sala buscando una salida, trató de reincorporarse, sin embargo, ninguna parte de su cuerpo podía obedecerla, solo se sacudía en su lugar, presa de la desesperación, miró al saiyajin, sintió sus ojos escocerse, pero no por miedo. Era pura rabia de no poder salir de allí, de no poder moverse y golpearlo. Se sentía frustrada.

—Fuiste tú—murmuró, sentía sus mejillas sonrojarse y de sus ojos, las lágrimas se acumulaban. Respiró profundamente, tratando de controlar el llanto, no permitiría que ese monstruo obtuviera más de ella—tenía doce años—le reprochó.

—Era el momento perfecto—respondió, acercándose a la camilla en la que estaba recostada—el príncipe te había quebrado la cabeza, me hizo pensar que quizás no durarías mucho en el planeta—Bulma frunció el ceño confundida ¿Vegeta le había hecho qué? Turles pareció entender su confusión y le sonrió con malicia— ¿No lo recuerdas? Ya me parecía raro que no le temieras después de lo que te había hecho. —la joven lo miró con recelo, recordaba claramente el ataque de Turles, pero no como había llegado ahí ¿Estaba diciéndole la verdad? ¿Vegeta la había atacado? No podía recordar qué hacía en ese pasillo a esa hora, solo al príncipe salvándola de esa bestia. Respiró profundamente, tratando de calmarse, esta vez no la vendría a buscar.

Observó a su alrededor, no estaban en el palacio, la estructura lucía similar, pero parecía tener menor solidez, y el blanco de las paredes no se veía en ninguna sala del castillo, no en las que ella conocía al menos. Identificó la puerta no muy lejos de Turles, estaba abierta, volvió su atención al saiyajin y luego a la puerta, si el gemelo se arriesgaba a que ella escapara por allí, podía suponer que, aunque lo hiciera, esa no era la verdadera salida, necesitaba saber dónde estaba.

—Él me salvó de ti en ese entonces, no tendría porque temerle—le recriminó, mirándolo con rabia. Turles sonrió con perversidad y se paró justo a su lado, sus manos estaban desnudas y llevó la derecha hacia su muslo con suavidad. La joven lucía una falda de largo sobre las rodillas, se estremeció al sentir su piel tocada por la del adulto, su mano estaba fría y áspera. Sintió asco, repulsión de solo verlo e intentó correr su muslo, pero solo consiguió sacudirlo y con pocas fuerzas, la mano del saiyajin se afirmó a su piel y carcajeó por su esfuerzo—no me toques.

—Es curioso—comentó, sin dejar de acariciar su piel suave—esa vez, el príncipe intervino. Hoy en la arena de combates, también ¿Será que el heredero, tiene una fijación contigo? —Bulma abrió los ojos sorprendida, claro que tenía una fijación, eso lo sabía, eran novios desde que tenía 14 y él 15 años, pero no contaba con que alguien supusiera sobre ellos, creía que sabían actuar bastante bien frente a los demás. —Esta vez, nadie vendrá. No nos interrumpirán. —murmuró al mismo tiempo que sus manos redondeaban la curva de su muslo, haciendo que sus dedos se abrieran paso en su entrepierna, las hizo subir hasta chocar con su núcleo cálido. —Oh…

— ¡No! —chilló al sentir como sus dedos tocaban su intimidad vestida—no sigas…—trató de moverse, esta vez sus manos pudieron levantarse un poco e intentar empujarlo, pero la fuerza no era la que necesitaba.

—Vaya—comentó al verla—creo que me apresuraré, antes que el efecto de la droga se desvanezca—sintió su pecho apretarse, al mismo tiempo su corazón latió a toda prisa y se estremeció de pies a cabeza al oírlo.

Mientras el saiyajin se desvestía, la joven trató de moverse con todas sus fuerzas, su cuerpo no respondía, sin embargo, empezaba a ver señales de control sobre sus extremidades, no como quisiera, pero era un comienzo. Aunque, así como iban las cosas, sería demasiado tarde. Contuvo la respiración cuando el saiyajin desnudo se subió a la camilla, una mueca de desagrado se adornó en sus labios rosados al ver su virilidad erecta, desvió la mirada, pensando en sus opciones cuando sintió las manos del saiyajin subir su falda, y bajar sus bragas.

—No te atrevas—demandó, imitando el tono de voz del príncipe, tratando de intimidar al guerrero con solo su voz y su mirada gélida. No lo consiguió, el gemelo se rio en su cara y desabotonó su blusa lila.

Cuando el último botón fue liberado, la corriente fría hizo que su piel se erizara. Se tensó cuando el saiyajin subió su corpiño, dejando sus senos libres desnudos. Estaba pasando, alguien más que no era su amado, la estaba tocando y mirando, quería hacer un agujero en la tierra y enterrarse allí, para no volver a salir. Sentía vergüenza, había pensado en todas sus opciones y no era tonta, había llegado a la conclusión que de eso no podría escaparse, el monstruo se saldría con la suya y eso la llenaba de rabia y frustración.

— ¿De qué hablas? —preguntó sin dejar se sonreír, su sonrisa le parecía lo más macabra que había visto— ¿Por qué crees que estás aquí? —se relamió los labios y tocó sin delicadeza su seno derecho—son tan diferentes… en ese entonces eran más pequeñas, me gustaban así. Sin desarrollarse—soltó, sonriendo con malicia.

—Estás enfermo—susurró, asqueada al escucharlo y sentir su mano sobre su piel— ¡Eres asqueroso! Quita tus sucias manos de mi—exigió, sus ojos brillaban de furia, se sentía en completa desventaja, vulnerable. Y lo odiaba, había aprendido de sus amigos y de Vegeta, a no demostrar sus debilidades, realizó una perfecta actuación, no demostró en ningún momento el miedo o la desesperación que sentía, solo la rabia.

—Eso—dijo, conteniendo su alegría—me encanta esa mirada, Bulma—el saiyajin se subió sobre su cuerpo, sus piernas grandes y musculosas no se hicieron problema al abrir las suyas, la joven se sintió pequeña de pronto. El cuerpo del guerrero era más grande y musculoso que el del príncipe, no estaba acostumbrada a aguantar ese peso, ni a abrir sus piernas a ese nivel para contener las caderas del adulto. Se dio cuenta en ese momento, que Vegeta y ella, se complementaban en todos los sentidos. Las manos toscas de Turles la volvieron a la realidad, no podía evitar comparar a su novio con el monstruo que tenía encima. Sus toques eran bruscos, no sentía nada más que asco al ser tocada por el gemelo.

Soltaba quejidos en protesta, cada vez que el saiyajin tocaba o lamía una parte de su cuerpo, sentía la erección del guerrero amenazando su intimidad, la frotaba cada vez que se movía, y ni así la joven sintió un poco de excitación, ya en esas alturas, se rindió. Su cuerpo no se movía, estaba prisionera bajo el cuerpo del consejero, era realista, por más que intentara persuadirlo para que no la violara, el monstruo lo haría de todas formas, era el perfil de Turles. Lo había intentado cuando era una niña, trató de hacerlo en el combate, y no se quedaría sin obtener lo que quería. Sus caricias bruscas y lamidas no duraron demasiado, la cola del saiyajin subía y bajaba por su muslo y eso, inevitablemente la hizo querer llorar. Vegeta le hacía eso… ¿Qué diría ahora, que alguien más la estaba tocando? Recordaba cómo había actuado cuando supo del beso con Broly, ahora definitivamente no querría saber más de ella. Se sintió asquerosa de pronto, sucia por ser tocada por el saiyajin, pensó en la cara de desprecio de Vegeta cuando se enterara y cerró sus ojos con rabia, quería llorar, estallar en llanto, pero no lo haría delante de esa bestia.

Cuando el saiyajin abrió más sus piernas, y lo sintió acomodar su erección hacia su intimidad, se tensó. Estaba pasando, frunció su ceño y con su mirada llena de odio, recibió la primera estocada, no emitió ningún ruido para el deleite del saiyajin, que extrañado la miró al instante en que había entrado en ella. Supuso que esperaba alguna queja de dolor, recordaba claramente las preferencias sexuales del saiyajin, Teeb se las había dicho. El rostro dibujado en confusión del consejero la hizo sonreír, podía adivinar su pregunta y sin dejar de sonreírle, le dijo:

—Perdí la cuenta de las veces que he tenido sexo—su sonrisa burlesca se borró cuando las manos del consejero rodearon su cuello en cosa de segundos, sintió como se le iba el aire de a poco, su garganta quemaba por el esfuerzo y solo pudo quejarse por el dolor de su agarre. Turles la miró con rabia, podía ver y sentir la furia del saiyajin por encontrarse con aquella revelación y a pesar del ardor en su cuello, le volvió a sonreír y el saiyajin salió de su intimidad, solo para volver a entrar.


(…)


A esas horas en el castillo había movimiento inusual, supuso que se debía al aviso de Teeb. Aceleró el paso al mismo tiempo que acomodaba su armadura, se había tenido que levantar de la cama para atender la llamada de urgencia del rey. Entró al palacio y fue directamente a la sala de consejo. Al ingresar, vio al rey apuntando en una pantalla holográfica, al príncipe, sentado a unos metros de distancia, escuchándolos. Bardock frunció el ceño al verlo, entendía la actitud del monarca, estaba alterado, nervioso y molesto mientras daba indicaciones, pero ¿Qué hacía el príncipe entre ellos? Ya no tenía dudas, al heredero le atraía la humana, aunque lo tratara de esconder, ya tenía demasiadas evidencias para asumirlo, sin embargo, nada de eso importaba ya que el rey no lo creía, a menos que lo escuchara asumiendo que le atraía, y eso no pasaría. El príncipe se había esmerado toda su vida en no demostrar ningún sentimiento por nadie, no sería la excepción. Además, estaba lo que le había dicho su hijo hace tanto tiempo, tenía las ligeras sospechas de que entre los jóvenes había una relación, verlo allí, atento a las estrategias le hacía pensarlo.

— ¿Alguna novedad? —preguntó al acercarse, Nappa negó sin preocupación en su rostro, Teeb a su lado revisaba las cámaras de vigilancia.

—Nada importante—el rey vestía su bata, el príncipe también. En el rey podía suponer la prisa por asistir él mismo la búsqueda, en el heredero no. Aparentaba estar calmado, solo escuchaba y miraba las actividades en la pantalla.

— ¿Contactaron con Turles? —preguntó, se acercó al mesón y buscó entre las pantallas disponibles, alguna que le fuera de utilidad.

—No—respondió Teeb—envíe el mensaje a todos, al mismo tiempo. Y él aun no contesta—Bardock levantó la mirada al oírlo, pudo sentir su voz mordaz y el hijo del general nunca era muy expresivo a la hora de hablar.

—Iré a buscarlo—comentó inseguro—necesitamos toda la cooperación—antes de escuchar alguna objeción o respuesta del rey, caminó hacia la salida.

Sentía una punzada extraña en su pecho, una sensación molesta que no alcanzaba a comprender del todo. Era como su intuición, había algo en el rompecabezas que se le estaba escapando, y le molestaba la incertidumbre. La niña había desaparecido hace unos 45 minutos según la información que ellos manejaban, en ese tiempo se podía hacer muchas cosas. La preocupación era inevitable, aceleró el paso, cada vez un poco más, terminó corriendo por los pasillos del castillo, antes de salir de la infraestructura, oyó pisadas acercándose, volteó a ver casi al instante para encontrarse con Teeb, respirando agitado.

— ¿Qué pasa? —preguntó esperanzado, esperando escuchar una buena información.

—Fue él—dijo sin más. El gemelo de la banda roja lo miró confundido, el joven escolta no tenía tiempo para ir con rodeos, por lo que escupió todo lo que pensaba sobre la desaparición de la científica—su gemelo la tiene.

— ¿Cómo dices? —pudo preguntar. Miró enmudecido al saiyajin joven, podía ver en sus rasgos serios que no estaba bromeando ni tampoco mintiendo— ¿De qué mierda hablas?

—No tengo evidencias…—comentó, tragó saliva en seco y lo miró a los ojos, eran de la misma estatura, podía ver el rostro del guerrero con experiencia pintado por la sorpresa y latente indignación—en el vídeo de la cámara de seguridad, no se ve quien se la lleva. Alguien se tomó el trabajo de apagar esa cámara y, sobre todo, tenía acceso a—

—Detente—interrumpió—eso no significa que mi hermano fue quien se la llevó. —respondió alzando la voz, la simple idea le revolvía el estómago.

—No puede seguir haciendo la vista a un lado—negó el joven—sabe de los rumores de Turles, y a menudo trató de invitarla a su laboratorio y cuando yo insistía en acompañarla, inventaba excusas, y ¿Por qué entonces participó en los combates por ella? Es el único que tiene tantos puntos a considerar, piénselo señor Bardock… ¿No le parece raro?

El gemelo no respondió, se dio media vuelta y se impulsó hacia arriba, elevándose, ¿Qué si le parecía raro?, su hermano no tenía laboratorio. No que él supiera. Su pulso se descontroló, sudaba frío y sus manos temblaban, él sabía de los rumores, jamás le preguntó si eran ciertos, pues entre saiyajin no era común las relaciones de confianzas, incluso entre familiares. Siempre tuvieron una buena relación de hermanos, competitiva, pero no en el grado de odiarse, creía que tenían buena comunicación y lo admiraba en muchos sentidos, comenzaba a creer que toda la imagen que tenía de él, era falsa.

No tardó más de tres minutos en llegar a la casa del saiyajin, aterrizó en silencio. Pensó en golpear y esperar, pero si era Turles quien la tenía, eso sería alertarlo, por lo que rodeó la casa buscando una entrada simple de acceder. No encontró ninguna, cansado, lanzó desde su índice un pequeño rayo rojo que, al chocar con el vidrio de una ventana, comenzó a derretirse. Una vez que se hizo el espacio suficiente, metió la mano por el agujero y sacó el seguro de la ventana, deslizó el vidrió hacia la izquierda y entró, con algo de dificultad, pues sus hombros anchos le entorpecieron la misión.

Al entrar, encontró todas las luces apagadas, recorrió las salas a paso lento, esperando encontrarse con el saiyajin en algún momento, pero no había rastros de su gemelo, se quedó de pie en medio del pasillo entre las habitaciones y la salida, pensando. No sabía donde podía estar el consejero, suspiró hastiado, empezaba a impacientarse con todo el asunto, mientras más minutos pasaban, mayor era el peligro que corría la joven. Caminó hacia la salida, pero antes de agarrar el pomo de la puerta, oyó un ruido, detuvo sus movimientos y esperó. Volvió a escuchar, pero no venía de ninguna de las habitaciones, recorrió cada rincón nuevamente, dando pasos sigilosos, pero con prisa, y en la habitación principal, lo volvió a escuchar. Sentía su pulso acelerado, su pecho latía deprisa y su vientre estaba pesado, revuelto, creía que en cualquier momento vomitaba.

Revisó el suelo de la habitación y debajo de la cama, encontró una puerta. Sintió que un balde de agua fría le caía en la cabeza, cada palabra del hijo de Nappa vino a su memoria, y se desesperó. Entró en pánico, no encontró motivos para tener una puerta secreta, la abrió con prisa y apenas la puerta se abrió, volvió a oír el ruido, era un quejido femenino… era su voz. El color se le fue del rostro, saltó hacia lo que parecía un sótano, ignorando las escaleras y dando zancadas largas, llegó a la habitación iluminada, su quijada se abrió de forma automática al ver a su hermano, sangre de su sangre, meciéndose sobre la joven.

Lo siguiente fueron minutos que para él se sintieron eternos, pero que sucedieron rápidamente. Preso por la adrenalina, se lanzó gritando sobre la espalda del gemelo y lo agarró con fuerza, para lanzarlo al suelo. Turles cayó desnudo y chocó su espalda contra un mueble, haciendo que todos los tubos de ensayos se cayeran al suelo, quebrándose.

— ¡¿Cómo pudiste?! ¡Enfermo! —le gritó encolerizado. El gemelo miró sorprendido a su hermano, quien tenía todo el rostro marcado por la rabia y la decepción, sonrío burlesco.

— ¿Enfermo? —preguntó mientras se ponía de pie—no me vengas con esto, Bardock. Siempre lo has sabido ¿Por qué te extraña ahora? —soltó encogiéndose de hombros. El consejero de la banda rosa abrió la boca para decir algo, pero la tranquilidad con la que se tomaba sus actos su hermano menor, lo paralizó. — ¿Es porque, fue el turno de ella? —preguntó, el mayor de los hermanos giró hacia la camilla, donde una Bulma temblorosa intentaba sentarse al mismo tiempo que trataba de cubrir su desnudez, notó la dificultad que tenía para poder moverse, y la ira creció.

—Maldito—soltó rechinando los dientes, sus puños temblaban de ira, miraba su sonrisa burlesca y no lo creía ¿No sentía ni un ápice de culpa por lo que había hecho? ¿Es que no entendía la gravedad de sus actos? —la drogaste…

—Y tú interrumpiste—respondió, borrando su risa, ensombreciendo sus rasgos—podrías haber esperado a que terminara por lo me—un puñetazo en su cara interrumpió sus palabras. Bardock se abalanzó sobre él y golpeó su cara una y otra vez. Pronto la sangre del gemelo menor manchó sus manos, pero no se detuvo.

Turles supo que, si no paraba, podía matarlo. Buscó cerca con sus manos y encontró un trozo de vidrio, sin dudarlo lo enterró en su antebrazo, el consejero de banda roja soltó un alarido de sorpresa y aprovechó para sacárselo de encima. Pisó los vidrios, enterrándoselos en sus plantas desnudas, pero no le importó, Bardock seguía con intenciones de pelear. Alcanzó a detener un puño en su cara, pero recibió un rodillazo en la boca de su estómago a cambio, no era una pelea de práctica, lo podía notar al ver su rostro pintado en ira, esta vez era en serio.

Bulma logró sentarse en la camilla, miraba sin creer como los gemelos luchaban violentamente. Sintió pánico al verlos enfrentarse con tal ferocidad, notoriamente Bardock era más hábil, pero Turles usaba su entorno y objetos para sacar ventaja, le lanzaba líquidos que, si no evitaba, podían quemar su piel. Agradeció enormemente que Bardock interrumpiera, no había pasado más de tres minutos con él encima, pero habían sido suficientes para hacerla sentir sucia y culpable, pero, aun así, no quería verlos pelear. El padre de sus amigos luchaba con rabia, cada puño, patada y rodillazo que daba, lo hacía con intensidad, el menor de los gemelos solo podía defenderse y con suerte alcanzaba a propinarle un combo en el rostro. Cubrió su boca cuando Bardock, tomó el brazo de Turles y lo aventó contra un estante, el vidrio quebrándose resonó en la habitación junto al alarido del saiyajin, que al levantarse pudo ver los trozos de vidrios incrustados en su piel. Había mucha sangre en el suelo, vidrios y madera rota, y los gemelos seguían luchando.

Trató de bajarse de la cama, como su cuerpo no respondía del todo, solo pudo arrastrarse y terminó cayéndose al suelo. Se reincorporó con torpeza, afirmándose de la colchoneta, observó a los saiyajin cuando Turles lanzó una bola de energía al mayor, y este la esquivó empujándola contra un mueble con químicos y Bulma alcanzó a agacharse cuando las botellas estallaron, el ruido la dejó sorda por unos segundos. Se levantó temerosa y vio la esquina del cuarto incendiándose, volteó hacia los gemelos, pero estos seguían enfrentándose. No entendía, Bardock ya lo había descubierto ¿Por qué seguía la pelea? Era el momento en que el monstruo de su hermano fuera apresado y pagara por sus crímenes, no era necesario que siguieran luchando, pero ninguno paraba. El padre de sus amigos tomó del cabello al menor y lo azotó contra el piso, pudo escuchar como la cabeza del saiyajin se quebraba o quizás fue su imaginación, pero el estómago de la científica se revolvió al oírlo. Vio como el mayor daba fuertes golpes en la cabeza de Turles, y aunque se lo merecía, no pudo seguir soportando ver aquello. Eran hermanos… los hermanos no debían pelear ni matarse entre ellos, no se dio cuenta cuando comenzó a llorar.

— ¡Bardock! —gritó, pero el consejero no se detuvo. Desesperada, buscó algo con que llamar su atención, encontró a sus pies un trozo de un tubo quebrado y se lo lanzó, pero su fuerza no estaba recuperada del todo y solo cayó a unos centímetros de ellos, sin embargo, fue suficiente para que detuviera sus golpes y levantara la mirada hacia ella. —detente…

Él iba a responder, a quejarse del porque lo detenía cuando su hermano se merecía eso y más, pero el menor aprovechó la instancia y le dio un codazo, soltó un grito ahogado y Turles se liberó de su agarre. Tenía la frente sangrando, su nariz estaba quebrada y le costaba abrir los ojos, sentía que todo daba vueltas, pero fue consciente del incendio que comenzaba, giró hacia la joven y sin decir una palabra, salió del sótano.

— ¡Bulma! —se quejó, mientras se acariciaba el estómago— ¿Por qué lo hiciste? ¡Se escapó! —dijo alterado, se acercó a ella y la vio desplomarse en el suelo, abrazándose, escondiendo su cuerpo desnudo.

—Son hermanos…—murmuró llorando—eso no se hace… entre hermanos—Bardock frunció el ceño, a pesar de haber vivido casi toda su vida entre saiyajin, aun no los entendía. Para la raza guerrera, el parentesco era lo de menos. Su hermano había cometido una grave falta y debía pagar por ello. Volteó hacia la salida y luego al fondo de la sala, las llamas habían alcanzado todos los muebles y pronto llegarían a la cama, se oía vidrios estallar y el humo hacía difícil respirar, no lo había notado en medio de la pelea, estaba tan furioso con su gemelo que lo único que quería era matarlo con sus propias manos, y ni así podía liberar su rabia.

Sacó una sábana de la cama y envolvió a la joven, la tomó en brazos sin esfuerzo y salió de la sala, se apresuró en llegar a la escalera y vio la puerta cerrada, supuso que Turles lo había hecho para darle tiempo, con una mano lanzó una bola de energía y la destruyó, se elevó y salió sin dificultad. Al llegar a la habitación principal, notó que había fuego en todas partes, rechinó los dientes, molesto, con eso se quemaba toda la evidencia de su posible paradero. Estaba seguro que se iría del planeta, huiría antes de enfrentar la ira del rey, al recordarlo, le bajó la angustia ¿Cómo miraría a su amigo para contarle que su hermano, había profanado lo que él cuidaba desde hace tanto tiempo? Sudó frío, apresuró su salida de la casa en llamas y voló hacia el castillo, él no huiría, debía enfrentar el pecado de su hermano dando la cara.


(…)


Nada rompía el silencio en el salón, más que la respiración agitada del rey. Bardock recordaba pocas ocasiones en las que lo había visto molesto, pero realmente furioso. Cuando Lisab pereció en una purga de clase S, el rey había estallado en gritos y llanto, a solas en el salón de trono, solo él presenciándolo, no se contuvo, dejó salir toda la ira que sentía por la muerte de su compañera, y a los días siguientes, parecía recuperado, aunque sabía que no lo estaba, pero su hijo lo necesitaba bien, por lo que siguió adelante para criar al príncipe. Esta vez era diferente, no veía tristeza en su rostro, solo rabia, frustración e incluso veía señales de venganza, lo entendía, él se sentía igual y, además, avergonzado.

Había sido su propio hermano quien ofendió a la corona, porque lo era, una falta grave hacia el rey. Era sabido el cuidado que tenía hacia la joven, era la única de otra especie que tenía escolta, al rey le importaba que la terrícola estuviera sana en todos los aspectos, había roto las tradiciones por ella. Le dio un cargo, le estaba pagando por ello y todo para que no se fuera. Y estaba seguro que no era sus avances tecnológicos los que le importaban, el rey le había tomado estima a la niña, antes pudo verla como un objeto de utilidad al reino, pero eso había quedado atrás hace mucho tiempo, se atrevía a afirmar que la veía como a una hija. Él no había tenido la oportunidad de tener una hija, pero entendía el sentimiento de proteger a un hijo y fallar.

Todo lo que el rey había hecho por ella, se había ido al demonio por el capricho de su enfermo hermano menor, lo peor de todo era que no había podido hacer justicia. Después de salir de la casa del gemelo, había ordenado a un escuadrón buscar por los alrededores, solo con la instrucción de encontrar a Turles, sin dar explicaciones al respecto, pero fue inútil. Cuando llegó al palacio, se enteró que una nave había despegado sin autorización y que habían desactivado el radar desde dentro de la cabina, lo supo inmediato, sin necesidad de ver las cámaras de seguridad, que se trataba de él. Había huido, el cobarde había salido arrancando, evitando así el juicio e ira del rey.

Se había disculpado de rodillas, pero al rey no le interesaban sus disculpas. No había dicho nada desde que había llegado, y explicado la situación. Teeb se apresuró en tomar a la niña y llevarla al aula médica, el príncipe se puso de pie y salió de la sala como si el espectáculo ya hubiera terminado, como si las consecuencias ya no fueran de su incumbencia y pudiera descansar, con el rostro dibujado por la indiferencia de siempre, se retiró en silencio. Y ahí estaban, lo que quedaba de consejo y el rey.

Nappa guardaba silencio, incluso él era capaz de entender lo delicado del asunto. El rey temblaba en su silla, miraba la pantalla holográfica, pero no leía nada de lo que había, estaba ido en su rabia. Sentía que en cualquier momento estallaría, no era normal que el rey se contuviera de esa manera, a la vez creía que se debía a su orgullo saiyajin, que le impedía demostrar lo que realmente sentía. Su especie ya no era la misma, ahora se dedicaban a realizar misiones, dejando atrás las purgas y eso había ablandado a la raza, y el rey no estaba exento de ello. Hace mucho tiempo que la violencia había dejado de ser la solución a todo, pero sus instintos seguían allí, lo podía ver, en su cola erizada, en sus ojos que brillaban por la rabia y al oír como sus dientes rechinaban. Lo que el rey necesitaba en ese momento para calmar su enojo, era romper el cuello de Turles.

A pesar de ser su hermano, no sentía más que vergüenza por estar relacionado con él. Bulma le había impedido asesinarlo con sus propias manos por el simple motivo de ser hermanos, era irónico porque fue en lo que menos pensó mientras lo golpeaba. Para la raza saiyajin estaba primero el orgullo por su imperio y con ello, su lealtad a la corona, Turles había pisoteado todo ello. Fue un consejero del rey, donde se le otorgó la confianza máxima del reino, y abusó de ello para conseguir sus objetivos. Realmente nunca supo de sus gustos, había escuchado rumores, pero todos los días se oían cosas nuevas, y cada una más retorcida que la anterior, la población se entretenía con ello. Nunca prestó real atención a los chismes que le llegaban, no pasó por su cabeza preguntarlo alguna vez porque, aunque fuera así, no era de su incumbencia, era su vida privada y era allí cuando le resultaba irónico el asunto, tal como él le había dicho, el problema ahora era porque lo había hecho con la protegida del rey…. Si le hubieran puesto atajo antes, si tan solo hubieran hecho las cosas como se debía, si impartieran leyes que protegieran a los más débiles, eso se pudo haber evitado.

Entonces, sintió que era lo que faltaba por hacerse. Levantó su mirada hacia el rey, quien seguía estoico en su lugar mirando la pantalla, habían realizado muchas mejoras en tecnología y estilos de vida, pero ahora entendía que les faltaba mucho para ser una nación desarrollada. No podían seguir aferrados a la supervivencia del más fuerte cuando un tercio de la población no luchaba, tenían que asegurar la calidad de vida para todos por igual, impartir leyes de protección contra los saiyajin no combatientes e incluso contra las especies que trabajaban para ellos, se los debían. No sabía si era el momento de decírselo, pues no veía al monarca receptivo ante algún comentario, tampoco creía que fuera el momento de dejarlo solo.

Pasaron por lo menos treinta minutos para que finalmente el rey hablara, Nappa se reincorporó en su asiento que a esas alturas estaba echado en la mesa por el sueño, Bardock en ese momento sintió por primera vez envidia del general, si fuera un poco como él, no le interesaría lo que había pasado con la científica y solo estaría pendiente del estado del rey.

—Quiero…—comenzó diciendo, su voz se escuchaba grave—quiero que pongas un aviso, a nivel intergaláctico. Buscamos a ese traidor, vivo o muerto. Pon precio a su cabeza—soltó, levantó su mirada y se encontró con la del gemelo con cicatriz.

—Enseguida—asintió, sin un ápice de lastima por su gemelo—daré el aviso al comité y a la patrulla galáctica—Turles había dejado de ser su familia. No podía aceptar que un hombre sin honor fuera tío de sus hijos, al recordar a sus críos, pensó en como explicar la situación con el gemelo. — ¿Alteza?

— ¿Qué? —preguntó. Los ojos del rey presentaban ojeras marcadas, era como si hubiera envejecido diez años en una noche.

— ¿Qué es lo que haremos con la información de Turles? —preguntó—quiero decir, lo declararemos traidor a la corona y prófugo, pero ¿Qué explicación daremos a la población?

— ¿Qué quieres decir? —respondió confundido—la verdad. Que es un espécimen deshonroso para la especie, que cometió una falta grave hacia la corona.

—Rey Vegeta—respiró profundamente, sentía que no era el momento para que él lo escuchara decir ello, pero si iban a poner las fichas en el tablero con el asunto de su gemelo, debían hacerlo bien—el… lo que Turles hizo, no está penado por la ley. —el monarca abrió sus ojos de par en par, su cola se desató de su cintura y en cosa de segundos azotó la mesa, haciendo que la tabla se sobresaltara.

— ¿De qué mierda hablas? ¿Ahora estás del lado de tu hermano? ¿Eres también un traidor, Bardock? —preguntó encolerizado.

—No me malentienda—se apresuró en responder—recrimino absolutamente lo que hizo, pero para la población, nunca ha sido un delito. No es la primera vez que abusan de un ser más débil ¿Por qué ahora se recrimina? Es a eso lo que quiero llegar. —los rasgos del rey fueron mutando de rabia a indignación, era como un volcán a punto de estallar.

—Lo estás defendiendo…—murmuró incrédulo—tú, entre todos—

—Alteza—habló Nappa, interrumpiendo la discusión. Ambos voltearon hacia el general, quien lucía serio en su puesto—creo que lo que quiere decir Bardock, es que, si reprochamos lo que hicieron con la niña, cuando ha pasado tantas veces, puede alterar a la población. Es decir, porqué ahora, porque ella…

Bardock miró con sorpresa al general y ex tutor del príncipe, sabía lo que pensaba el saiyajin de la científica e incluso el rey, pero se había expresado sin demostrar lo que realmente sentía por lo que había pasado, indiferencia total. Estaba señalando lo que realmente necesitaban en ese momento, y era ideal que viniera de alguien neutro para hacer entender al rey.

—Exactamente—asintió el consejero—propongo que dictemos una ley, que defienda a los más débiles. Será un trabajo arduo, porque debemos clasificar las categorías, pero es necesario. El tercio de la población no lucha, y tenemos una gran cantidad de especies que no son saiyajin, y que debemos incluir. Si reprocharemos lo que le hicieron a Bulma, que no es saiyajin, hay que impartir leyes que defiendan a todos por igual…—el rey dejó de escuchar.

Se sentó en su silla y rascó su bigote, una ley que defienda a la población no luchadora y a los de otra especie… jamás lo había considerado, solo defendía lo que le importaba, y ni así había sido suficiente. Había fallado, la habían dañado y no sabía como repararlo. Se sentía impotente, era el saiyajin que lideraba al pueblo y cuando una mocosa débil lo necesitaba, no estaba. Sabía que lo que sus consejeros decían, era cierto, no podía solo protegerla a ella, él debía velar por todo su imperio y no estaba siendo imparcial. Asintió sin mirarlos, cansado, tenía tantas cosas en la cabeza que no sabía a qué darle prioridad, quería ver a la niña, pero no se atrevía, no sabía como darle la cara, él le había dicho tantas veces que la protegería y no fue así.

—Sí… tienes razón—murmuró—no expongas lo que hizo Turles. Debemos impartir esas leyes primero, solo pon precio a su cabeza y decláralo traidor a la corona.

—Alteza—murmuró Nappa—propongo que lo que le pasó a la chiquilla, no salga a la luz.

— ¿Cómo dices? —preguntó confundido el consejero con la cicatriz en su rostro— ¿Por qué deberíamos esconderlo?

—Por varias razones—respondió inseguro, no quería involucrarse en lo que pasaba con la humana, pero si al rey le importaba, debía poner el mismo entusiasmo que en todo lo que hacía para él—no es algo de lo que se deba sentir orgullosa, y es parte de su privacidad… ¿No? —terminó diciendo nervioso, la atención de ambos saiyajin le incomodó. Tanto el Rey como Bardock lo miraron sorprendidos, no esperaban que fuera un aporte después de todas las riñas que había tenido con la joven.

—Tienes razón—asintió el rey—esto lo sabemos solo nosotros, y Teeb. Queda prohibido hablar de esto con alguien más.

—Y el príncipe—respondió por inercia. Cuando terminó de decirlo, el rey ya lo estaba observando con sospecha, Bardock agachó la mirada. Iba a explicarse, pero la bandeja de mensajes en la pantalla holográfica los interrumpió, el ruido constante le irritó y se apresuró en abrirlo. Leyó el enunciado y se quedó callado, no se atrevió a leerlo en voz alta a su rey.

— ¿Qué es Bardock? —preguntó sin prestar demasiada atención a la pantalla.

—Los resultados de los exámenes de Bulma—murmuró con nerviosismo, al no oír respuesta, volteó hacia el rey quien lo miraba con atención, esperando por su lectura en voz alta, carraspeó la garganta y miró la pantalla—eh… bien. Dice que, tiene indicios de haber sido forzada, pero que no hay mayores daños.

— ¿No hay daños para ser su primera vez? —preguntó confundido el monarca, Bardock agachó la mirada, intentando esconder la ansiedad que sentía en ese momento, no quería ver la reacción del rey. Por primera vez sintió que estaba involucrándose demasiado en los asuntos del monarca— ¿Cómo es eso posible? ¿La abusó, o no?

—Sí—asintió, levantó la mirada y relamió sus labios, tratando de calmarse—no había rastros de fluidos de él. Pues interrumpí… pero, el examen dictaminó que, no era su, eh… primera vez, por eso no había mayor daño.

El rey abrió la boca para responder, pero no salió nada. Miró al consejero, quien tenía moratones en su rostro, el brazo vendado y algunos raspones, luego centró su atención a la pantalla, leyendo con sus propios ojos lo que Bardock le estaba tratando de decir. Cuando supo que Turles la había abusado, se culpó una y otra vez por no haberla protegido como correspondía, se sentía frustrado y pensaba en que habían profanado su inocencia y al leer los resultados, se sintió estafado ¿Su Bulma tenía experiencia sexual previa? ¡Tenía 17 años! Había puesto el grito en el cielo cuando supo de los combates porque dijo que era muy joven y que ella debía decidirlo y ¿Todo ese tiempo ya lo había decidido con otro macho? ¿Hace cuánto tiempo que la niña que había llegado del cielo, era una mujer? Sintió su estómago revolverse, la joven tenía pareja… no creía que fuera de esas hembras que estuviera con distintos hombres, pues no tenía ese perfil ¿Debía interrogarla al respecto? Sintió que no correspondía, era su vida privada después de todo, y ya sabía como se podía poner un hijo cuando se le interrogaba en ese ámbito.

—Se estuvo divirtiendo al parecer—murmuró Nappa, leyendo la bandeja. El Rey lo miró con recelo y eliminó el mensaje, sorprendiendo a Bardock en el proceso, el general agachó la mirada en modo de disculpa.

—Esto no sale de aquí—reiteró. Ambos consejeros asintieron, y el rey dio por finalizada la reunión de emergencia, salieron de la sala en dirección a sus casas, y él a sus aposentos. Aunque quedaban horas para dormir, dudaba que pudiera conciliar el sueño.


(…)


Estaba avergonzada, todos sabían lo que le había pasado y no se atrevía a mirar a la cara a ninguno ¿La mirarían con asco? ¿Con lastima? No quería recibir ese tipo de miradas, no era su culpa por lo que había pasado, se repetía que no era su culpa, trataba de convencerse de que no era su culpa, pero ¿Los demás pensarían igual? Seguramente culpaban su ropa, o la hora en la que había salido de trabajar, cuando no había nadie por los pasillos y si ¿Creían que lo había provocado? Sentía sus mejillas sonrojadas, el calor de su cuerpo no se iba, era como un calor mezclado con vergüenza. No sabía a donde la llevaba Teeb, supuso que, a su nave, lo único que quería era dormir.

Arrastraba sus pies al caminar, no miraba hacia delante, solo sus pies, dando un paso tras otro. Bardock no la había tratado mal en el trayecto, o cuando llegó al palacio, se sintió protegida en sus brazos y eso le molestó, estaba agradecida de que hubiera llegado, que interrumpiera, la bestia no había alcanzado a hacer mucho con ella cuando Bardock llegó, pero tenía rabia consigo misma por no poder evitarlo, por no haber sido capaz de quitárselo de encima y defenderse. Aunque el gemelo hubiera resultado herido y escapara, habría querido ser ella quien lo hiciera huir, se sentía tan vulnerable… ahora sentía el peso de ser de una especie débil como tantas veces se lo dijeron, pero con los saiyajin con los que se involucraba nunca fue necesario defenderse. Siempre notó las diferencias en físico y habilidades, sin embargo, esa noche le habían hecho un terrible recordatorio, era una hormiga entre gigantes.

Su rabia iba en contra del culpable, pero también hacia ella. Y no le parecía justo, ella había sido una víctima, no tenía porque ser juzgada o apuntada con el dedo, pero así se sentía. Ahora todos sabrían lo que le había pasado, ya podía ir adivinando las caras que la recibirían en el laboratorio, dibujadas en compasión, asco y burla. No era justo… ella no se merecía eso, era él a quien debían tratarlo así, sabía que se estaba adelantando, pero no dejaba de pensar en qué dirían, qué pasaría, como toleraría todo ello. Tenía ganas de quedarse encerrada en su nave y no salir nunca más, trabajar desde allí si fuese necesario, pero no enfrentar lo que estaba por venir no era su estilo, ella era valiente, podía poner la frente en alto y descartar todos los comentarios que estaban por venir, aunque le dolieran.

—Bulma—levantó la mirada hacia un cabizbajo Teeb, tuvo que esconder el asombro que sintió al verlo, el saiyajin jamás se había visto de ese modo, siempre serio o burlesco con ella—te harán unos exámenes. —giró hacia el frente y recién notó que no estaba en el pasillo hacia su nave, sino que en el aula médica. La misma en la que le habían puesto un dispositivo para no quedar embarazada. Sintió sus mejillas sonrojarse, no quería exponerse a eso… al escrutinio. No se lo merecía, sus ojos los sentía escocerse, quería llorar de pura frustración.

—No… no quiero—murmuró entrando a la sala, volteó hacia el saiyajin y le suplicó—Teeb, por favor. No. No me expongas a esto, otra vez—pidió con los ojos lagrimosos.

—Bulma…—tragó en seco, la culpa no le permitía mirarla a la cara. Si la hubiera llevado él mismo a la hora que correspondía donde el príncipe, nada de eso hubiera pasado, si él la hubiera escoltado a la hora que quiso salir, nada de eso habría pasado. Habían pecado de ingenuos, se sintieron seguros y el recordatorio de que había un monstruo al acecho los había hecho aterrizar de golpe al suelo. —necesitan revisarte… son órdenes del rey.

—No fue mi culpa…—soltó, y las lágrimas cayeron. Algo se quebró en el pecho de Teeb, sintió sus ojos quemar y era la primera vez en tantos años que le pasaba, recordaba que cuando era niño, lloraba después de los entrenamientos, pero a escondidas. Sentía culpa, el daño que le habían hecho estaba sobre su espalda, esas lágrimas que rodaban por su mejilla, las pudo evitar. Se sintió incompetente.

Se inclinó a la altura de la joven, posó sus manos sobre sus hombros y la miró, sus ojos azules zafiro estaban brillosos, sus mejillas sonrojadas y húmedas por las lágrimas, él estaba al borde del llanto, pero necesitaba ser fuerte, ser su pilar en ese momento.

—Escúchame bien—murmuró, en un susurro que solo ellos pudieron oír. Bulma agachó la mirada, ya podía adivinar las quejas del saiyajin y no estaba en condiciones de escucharlo, no ahora—nada de lo que pasó, es tu culpa. No vuelvas a pensarlo—levantó la mirada sorprendida, entonces notó que la mirada de Teeb reflejaba lo mismo que la de ella, vergüenza y culpa. Secó sus lágrimas, sentía que podía seguir llorando toda la noche, pero no demostraría sus emociones, sabía lo mal vistas que eran. —lamento lo que pasó. En serio, si de alguien es la culpa, es mía.

—No—negó—ninguno la tiene…—susurró—solo el monstruo que hizo esto. —Teeb tragó en seco, acarició su hombro, intentando consolarla. Bulma nunca había sido tocada o atendida de esa manera por él, entendió su sentir. Ambos estaban afectados, él no había podido cumplir con su deber, pero quiso creer que, si le dolía, era porque la estimaba, aunque fuera un poco.

Accedió a examinarse, la auxiliar de turno fue más gentil esta vez. Se vio sola en una sala con la paramédico, de piernas abiertas en una camilla. La encargada era de otra especie, tenía la piel naranja con manchas oscuras de color siena tostada, su forma era humanoide, pero sus orejas y boca lucían diferente. Sintió sus dedos suavemente en su interior, revisando con una luz y algunos instrumentos, no duró demasiado, sabía que no encontrarían mucho, pues el saiyajin no había alcanzado a hacer demasiado en su interior. Se vistió en silencio y se despidió de la enfermera, al salir encontró a Teeb enviando un mensaje, alcanzó a leer el receptor, y sintió que se le fue el color del rostro, pero era esperable, se dijo. Si el mismo rey había ordenado esos exámenes, naturalmente quería saber los resultados.

Se fueron en silencio hacia su nave, en el camino, su escolta recibió un mensaje. Lo vio leer y sonreír, volteó hacia ella y sin pensarlo demasiado, posó su mano en su cabeza y desordenó su cabello, Bulma por primera vez vio a Teeb en ese momento, como un hermano mayor.

—Descuida—murmuró sin dejar de acariciar su cabeza—el rey ordenó que nadie hablara de lo que te pasó, será un secreto entre el consejo y la única enfermera que te revisó. Es una orden real, se cumplirá—Bulma asintió sin pensarlo demasiado.

Eso significaba que no la mirarían extraño en su trabajo, si solos los del consejo se enteraban… ¿Vegeta no lo sabría? Al pensar en el príncipe, su pecho se comprimió, no tenía el coraje de mirarlo a la cara y decirle lo que había pasado, estaba segura que él no se lo tomaría bien, había sido tocada por alguien más, los saiyajin eran posesivos y el príncipe era el más claro ejemplo de ello. Su estomago se revolvió, sentía sus tripas sonar y como las fuerzas se le iban del cuerpo. Distinto era mirar a la cara de un grupo de adultos que decidían por los demás, o a Teeb, enfrentar a su novio… no estaba preparada para eso. Si decidía terminarla, lo entendería, eran sus costumbres, pero también le dejaba claro que no eran una relación tan fuerte como creía. Sabía que era la cultura en la que había crecido, pero si realmente la amaba ¿Podía tolerar eso no? Además… ni siquiera había sido abusada completamente ¿Le serviría eso como excusa? Negó al pensarlo.

No debía buscar excusas para que no la dejara, o perdonara. Se repetía por milésima vez, que ella no tenía culpa alguna en lo que le había pasado, si Vegeta decidía alejarse lo entendería, pero no lo aprobaba. Ella pensaba muy distinto a los saiyajin, y aunque hubiera convivido con ellos, podía entenderlos, pero no estar de acuerdo con su estilo de vida. Sabía que, aunque estaba preparándose para esas posibles reacciones, cuando lo viera, estallaría en llanto. Vegeta reflejaba su vulnerabilidad absoluta, quien lo sabía todo de ella, quien había visto sus defectos y virtudes, y aun así la quería con él ¿Podría soportar un dedo apuntándole la espalda? Quería creer que sí. Tenía miedo, no estaba lista para ser rechazada por él, podía soportar miradas de asco, compasión, palabras crueles, de quien sea, pero no de él.

Sabía que podía levantarse al día siguiente, que pasara lo que pasara, ella seguiría adelante, pero enfrentarse al príncipe la rompería por dentro. Turles no había roto su espíritu, no tenía miedo por enfrentarse a un pasillo a oscuras otra vez, sin embargo, les temía a las consecuencias. Ella podía dar vuelta la página, pero ¿Y él podría? La respuesta le hacía sentir mal, su corazón latía a toda prisa y sentía como su cuerpo era dominado por el pánico, tarde o temprano tendría que enfrentarlo, y no podía ocultarle algo así.

Bulma se despidió de Teeb al llegar a su nave, él se aseguró que entrara a su hogar antes de irse. A oscuras en su nave, la joven se quedó de pie en la entrada, ya sola y sin ojos mirándola, sintió que podía derrumbarse. No es que tuviera tristeza por lo que había pasado, solo sentía mucha ira, frustración y la culpa no se quería ir, y la única forma de sacar todo de su sistema, era estallando en llanto, pero se contuvo. Encendió la luz de la sala de estar y se quedó paralizada en su lugar, al ver al príncipe sentado en su comedor, mirándola fijamente, y entonces se quebró.

Las lágrimas caían como si fueran una cascada imparable, sintió que le faltaba el aire y su vista se volvió borrosa por sus lagrimales húmedos, su cuerpo se estremecía tratando de contener tantas emociones, no podía detenerse. Lograba ver sus colores y formas a la distancia, su llanto no le dejaba ver más y lo único que quería, era controlarse, poder decir algo, explicar porque estaba llorando, pero nada salía de su boca más que sollozos. Sentía vergüenza, por exponerse así ante él, por lo que le había pasado, no sabía por donde empezar para explicarle, tenía miedo, temblaba sin poder contener sus reacciones y esperaba poder cansarse pronto, sin embargo, sus lágrimas que caían una tras otra, le alentaban que eso no sucedería pronto. Cerró sus ojos intentando detenerse, le ardían por el esfuerzo, antes de volver a abrirlos, sintió sus brazos rodearla y se derrumbó.

Reconocía su calor, podía estar a oscuras, sin ver su propia mano, pero si él la tocaba lo sabría. No se atrevió a corresponder su abrazo, no se sentía digna, no sabía si él estaba al tanto de sus motivos para estar así, y no tenía el coraje para preguntarle, lo único que pudo hacer fue seguir llorando mientras apoyaba su rostro húmedo en su bata. Sentía las manos del saiyajin subir y bajar por su espalda, consolándola, quería hablar, quería disculparse, pero sentía un nudo en su garganta que le impedía abrir la boca para algo más que llorar.

—L-lo—balbuceó en contra de su pecho, sentía las palabras atoradas en su garganta, necesitaba conversar, decirle lo que le había pasado—lo-lo siento—soltó entre llanto—lo lamento—ni ella misma sabía porqué se disculpaba, si por su escena deplorable de lágrimas incontrolables, o por lo que había pasado, o quizás ambas.

—No—sentenció la voz grave del príncipe, sintió que su pecho dio un vuelco. Se alejó un poco de él para poder verlo, a pesar de no sentirse preparada para ello, necesitaba memorizar cada palabra que le diría, pero detuvo el llanto cuando vio su rostro. Sus ojos brillaban de forma peculiar, no había señales de enojo por su escándalo, y eso le llamó la atención—no es tu culpa—abrió los ojos de par en par al mismo tiempo que más lágrimas caían, él lo sabía. La vergüenza volvió arrasando todo en su cuerpo, estremeciéndola. Agachó la mirada, no pudo mirarlo a la cara en ese momento, se sintió sucia, pero los dedos del saiyajin se posaron en su barbilla con suavidad, y antes de poder decir algo, el príncipe le dio un beso cargado de afecto, no tenía ningún otro sentimiento, como la pasión con la que acostumbraba a besarla.

— ¿Lo sabes? —se atrevió a preguntar, volvió a agachar la mirada, temerosa de su respuesta. Sintió los brazos del príncipe rodear su cintura y apegarla a su cuerpo, él besó su cabeza y el llanto volvió, esta vez, con más calma.

—Sé todo de ti—respondió su abrazo, él sabía lo que le había pasado y aun así estaba allí, sin gritarle, sin regañarla o culpándola, cualquier escenario que pensó que podía enfrentarse al decirle, se desvaneció en ese abrazo. —envié a Teeb por ti, y nos dimos cuenta…

Hundió su cara en su pecho, tratando de no recordar como había pasado todo. En ese momento lo único que quería era olvidar, si Vegeta no la juzgaría, prefería seguir adelante y olvidar que todo eso había pasado, pero no ignorar lo que había aprendido de ello. Debía dejar de ser tan confiada, los monstruos estaban en todas partes, se dijo. Se quedaron en silencio en medio de la sala, él acariciando su espalda con suavidad y ella entregándose a su abrazo, confortándose en su calor.

No dejaba de dudar, pensaba que quizás Vegeta no le diría nada porque era muy correcto, y que esperaría a que las cosas se calmaran, sabía que su príncipe era directo, pero en ese momento la inseguridad hacía estragos en su mente, lo que sí seguía intacto era su impaciencia. Si tenía un mínimo de duda sobre lo que pasaría entre ellos, prefería enfrentarlo ahora y así superarlo más rápido, no estaba en las condiciones de soportar más drama, y si la iba a terminar, prefería que fuera honesto y se lo dijera en ese momento. Se separó de su pecho y lo miró con determinación, el llanto ya había cesado, y solo quedaban sus mejillas rojas por el esfuerzo y las marcas de agua seca, sus ojos hinchados y sus lagrimales irritados.

— ¿Seguirás… conmigo, después de lo que pasó? —preguntó, sin dejar de mirar a sus ojos negros, y en ese momento reconoció el brillo con el que los adornaron. Vio su ceño fruncir y sus labios contornarse en una mueca de molestia, lo había hecho enojar, otra vez. Ya había perdido la cuenta de las veces que lo molestaba, y las que él la hacía rabiar, era mutuo después de todo.

— ¿Cómo me haces esa pregunta? —soltó rechinando los dientes. Observó sus ojos azules vidriosos, sus labios entreabiertos y sus cejas curvadas, estaba confundida y eso le dolió todavía más ¿Cómo ponía en duda lo que sentía por ella? Nada lo separaría de ella, quiso decirle, gritarle que, aunque ella hubiera ido a los brazos de otro hombre por voluntad propia, y luego regresara, él la perdonaría. Podía dejar pasar cualquier cosa, con tal de que estuviera con él, la respetaba en muchos sentidos y si el día de mañana decidía alejarse, también se lo permitiría, que un malnacido se haya pasado de listo y la sometiera a ese calvario, no era la excepción.

No la culpaba por nada, al contrario. Se sentía inútil, no fue capaz de evitar aquello, no estuvo ahí cuando más lo necesitó, era él quien sentía culpa, era él quien se avergonzaba e incluso temía que quisiera terminar por ello, porque no fue capaz de protegerla, solo que no tenía el coraje para preguntar. Su Bulma era valiente, había resistido toda esa mierda, y ahora se atrevía a poner las cosas sobre la mesa, cuando él ni siquiera podía formular una pregunta coherente para ella. No sabía qué decir, como actuar, lo único que podía hacer era darle consuelo, y se sentía frustrado por ello, no le servía. No se merecía a una chica como ella, también quería llorar, disculparse, pedirle perdón. Pero de su boca no salía palabra alguna.

—Es que… después de todo, entiendo si quieres alejarte y preferiría que me lo dijeras ahora—susurró desviando la mirada. Tomó su barbilla y la obligó a mirarlo, antes de formular alguna respuesta, se inclinó y la besó, un beso demandante, trataba de demostrarle la intensidad de sus sentimientos, creyó que después de todo ese tiempo juntos, no era necesario, pero allí estaba, intentando hacerle entender lo mucho que la amaba.

—Jamás—respondió—jamás me alejaré de ti. A menos que tú lo quieras—le respondió en un susurro—lamento lo que pasó, no haber estado allí, para ti. Pero te prometo, que nunca más dejaré que algo malo te pase. Si te quedas junto a mí, te daré todo. Me esforzaré por tu felicidad y aquellos que osen con dañarte, pagarán con sangre. —todo iba bien hasta la última frase, pensó la joven. Era muy romántico hasta que le salió lo saiyajin, era inevitable. Tomó la mano derecha del saiyajin con suavidad y la llevó hasta su propia mejilla, la acarició y cerro sus ojos, sintiendo su calor, le sonrió agradecida. Las palabras sobraban en ese momento.

El príncipe la llevó en brazos hasta su dormitorio, ella quiso darse una ducha primero y él la baño, con ternura, movimientos suaves y sin rastros de lujuria, la mimó por el resto de la noche. La llevó a la cama, la vistió y se recostó con ella, la abrazó y no tardó en dormirse, estaba cansada, pero él se quedó en vela, pensando en ellos, en su futuro.

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N/A: LO SIENTOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO, lo siento tanto. Fueron como un año y cinco meses aproximadamente, me da vergüenza aparecer con una actualización. Este capítulo es más corto en consideración al anterior, el largo del cap dependerá de los sucesos.

Respecto al fic, sé que muchas estarán enojadas por haber hecho que Turles la tocara, pero sentí que era falso que no pasara. Es decir, en el tiempo que se la lleva y que se dan cuenta que no está, y que no le haga nada? no lo hallé coherente, por eso preferí que pasara y aunque recalqué que desde que él lo hace hasta que llega Bardock, no pasaron más de tres minutos, eso bastaba para que Bulma se sintiera como lo describí. Es un poco tonto, pero cuando escribía su reencuentro con Vergeta, me dio penita y casi lloro xDD que tonta no? en fin... ehm dije que a este fic no le quedaban muchos cap, y es verdad. Tengo todo resumido lo que se viene, y en parte es a lo que culpo del porque me cuesta escribirlo. Tengo el final listo, entonces siento que ya lo terminé xD cuando no lo he traspasado al pc, en fin. Las disculpas a estas alturas, poco valen.

El próximo capítulo tiene un salto de tiempo, y bueno, nos acercamos a la recta final, mucho drama, mucho todo. xD

Gracias por leer, a los que dejan rw, JAT tiene 1027 rw en toda esta pausa, los cumplió, es una vergüenza, pero lo cumplió así que felicidades a JAT.

Nos estamos leyendo, que tengan una muy bonita semana y préndanme velas para no perderme tanto.

Arrivederci! :3

PD: siento las faltas ortográficas, palabras revueltas y letras sobrantes o faltantes :