¡Hola!
Primero que todo, debo decir que ya acabé satisfactoriamente mi periodo académico este año. Es momento de aprovechar mis vacaciones por fin.
Si quieren saber qué fraguó esta vez mi cabeza para este capítulo escrito en mi estrecho pero valioso tiempo libre durante las noches, entonces continúen leyendo.
…..
Capítulo 25: Nuevo comienzo
Lo había sacado de la cárcel sin pedírselo, lo había acompañado hasta su casa y ahora se dedicaba a curarle las heridas.
– E-en verdad lamento lo de tu sanción.
Naruto suspiró al recordar la fuerte reprimenda que su jefe le había dado.
– No te preocupes, Hinata. Me lo merecía. Nunca antes había pel… ¡ouh!
– Lo siento – se disculpó ella apartando de inmediato el algodón de su labio partido –. Cuántas heridas, Naruto… ¿Por qué de repente Suke y tú pelearon de esa forma?
– Ese idiota… – murmuró Naruto recordando las últimas palabras de Sasuke. Mucho le costaría comprender su nuevo comportamiento, ni siquiera pudo averiguar la razón por la que le había hecho tanto daño a Sakura. El Sasuke que él conocía, al que estaba acostumbrado, nunca habría sido capaz de tal cosa, ni siquiera antes de haber establecido una relación con ella –. Peleamos por Sakura.
A Hinata le tembló la mano, se le secó la boca y comenzó a sentir ese molesto y desagradable ardor en los ojos que anuncia al advenimiento de las lágrimas. En el caso de las suyas, de completa desilusión.
De modo que Naruto aún estaba enamorado de Sakura.
Bajó el rostro por si acaso comenzaba a llorar. No quería que él la viese llorando y mucho menos tener que explicar el doloroso por qué.
Él nunca le correspondería. Esa era la cruel verdad.
– ¿Eh? ¿te sientes bien, Hinata? – preguntó Naruto desconcertado al verla de esa forma.
– S-si… no te preocupes – se excusó ella sin mirarlo y levantándose –. Y-ya me tengo que ir, Naruto. Que tengas una buena noche.
– ¿Qué? Oye, no… espera ¿Por qué te vas así de repente? – habló él también poniéndose de pie y siguiéndola – ¡Hinata!
La exclamación de su nombre la mantuvo estática en el umbral; Hinata vaciló en si seguir o quedarse allí al recordar las palabras que una vez Ino le dijo:
"Tu mayor problema es la inseguridad en ti misma. Eres una chica hermosa, tierna y virtuosa. Yo sí creo que le gustes a ese soquete; sólo que sus sentimientos por ti aún duermen, y nadie más que tú podría despertarlos. Sé valiente y honesta con él. Debes comprender que algunos hombres son muy lentos o ciegos y les cuesta expresarse o tomar iniciativas. Especialmente a un tonto como Naruto, al que se le deben abrir los ojos con los dedos porque él solo no podría".
– N-No sabía que Sakura te gustase tanto que fueses capaz de debatirte con Suke por ella – se atrevió a decir mientras le salían más lágrimas, pero aún sin voltearse a verlo –. T-tú debes quererla mucho, entonces.
– Si, tienes razón, la quiero mucho – admitió Naruto. Hinata cerró los ojos con dolor y se mordió el labio inferior –, ¿Cómo no hacerlo si somos buenos amigos? – continuó el rubio – No pude quedarme tranquilo después de escuchar que ese arrogante cabrón la lastimó demasiado.
Hinata abrió los ojos de golpe a la vez que un enorme peso abandonaba su cuerpo tensionado.
– ¿E-Eso quiere decir que a ti no te gusta Sakura?
– ¿Eh? – Naruto puso cara de confusión – No. Hace mucho que renuncié a esa pretensión. Yo me peleé con Suke porque el muy idiota le hizo daño.
Ella se dio la media vuelta y con una pequeña sonrisa y las mejillas bañadas de lágrimas y también sonrojadas, expresó contenta:
– Gracias… muchas gracias, Naruto.
Naruto quedó perplejo en ese instante al comprenderlo todo. Sus lágrimas explicaban muchas cosas que él siempre – y torpemente – se preguntó con anterioridad.
Recordó entonces las muestras de interés por parte de Hinata. Desde pequeños siempre lo miró con dulzura, en varias ocasiones la sorprendió vigilándolo, siempre creyó que era grandioso cuando otros lo consideraron un enano idiota, siempre demostró confiar en su fortaleza incluso cuando él a veces dudaba de sí mismo, y oh… era cierto… ¿Cómo pudo pasar desapercibido esa ocasión en la que se le confesó?
¡Tarado, ciego y torpe! ¡Por andar más pendiente del enemigo lo olvidó!
De modo que era así… esa chica en verdad lo amaba. ¡A él!
Naruto tragó saliva. Estaba complacido, pero podía jurar que se sentía demasiado poco para lo que Hinata merecía.
¡Y sin embargo, ella estaba llorando! ¡Estaba llorando por él!
¿Acaso no la haría feliz correspondiéndole? ¿Acaso él no sería feliz con ella?
Definitivamente no volvería a cerrar los ojos. No después de haberlos abierto y ver con claridad lo que por tanto tiempo estuvo oculto. Eso que guardaba en el corazón.
Se le acercó y le tomó el rostro entre sus manos con delicadeza.
– Recuerdo que la última vez que te vi llorando fue hace muchos años… entonces éramos más pequeños – habló en un bajo tono, sólo para ella –. Nunca me ha molestado proteger al que lo necesita, pero… siempre tuviste un efecto especial en mí; verte sufrir me llenaba de mucho coraje; y no sólo porque te costaba defenderte, sino por… – le limpió las lágrimas con los dedos –, creo que es una lástima que estos lindos ojos se empañen.
Ella abrió más sus ojos y se sonrojó mucho también.
– ¿Li-lindos ojos? – repitió absorta.
– Hermosos – corroboró él con seguridad y una pequeña sonrisa –. Siempre supe qué hacer por ti cada vez que llorabas: involucrarme en tus peleas, defenderte de otros, ayudarte a encontrar el camino a casa… pero ahora – cerró un poco los ojos y el tono de sus palabras descendió mucho más al decir: –, no se me ocurre otra cosa que…
Hinata también fue cerrando sus ojos perlados poco a poco y acercándose a él también hasta que ambos se unieron en un beso.
Su primer beso.
El primero de muchos.
El que representaba el comienzo de una excelsa y larga relación.
El más bonito.
El que nunca olvidarían.
….
Con mente y corazón frío, Sasuke había decidido vengarse de Pain por aquella vez en que lo mandó a asesinar con sus caminos del dolor; por ello y porque se libraba de un enemigo más en Akatsuki, decidió planear una manera de hacer que su muerte fuera miserablemente peculiar.
– ¿Es así? ¿estás seguro? – preguntó Sasuke a su receptor.
– Sí. Es sencillo descubrir la debilidad de tus enemigos cuando ellos mismos lo revelan. Yahiko, nombre verdadero de Pain, creció junto a Konan y Nagato. Los estima en gran medida, y aunque usualmente no lo demuestre, yo he logrado percatarme de ello con mis investigaciones a través de observaciones y pequeñas pruebas.
– De modo que las debilidades de Pain son su novia y su mejor amigo – Sasuke apartó la vista; en ese sentido Pain le recordaba a un "alguien muy lejano".
– Así es.
– Bien – el Uchiha volvió a fijar sus ojos en él. Ya tenía un propósito macabro en mente –. Esto es lo que vas a hacer, Salamandra Hanzou.
…
Las razones por las que había aceptado ir a su casa eran que estaba desesperada por encontrar una solución a su roto corazón y que confiaba en él. Ese chico ya le había brindado consuelos y consejos, y siempre se mostraba presto a ayudarla. Sakura ignoraba sus motivos, pero no se encargaría de buscarlos. Al menos por ahora.
– …Cuando entré… lo vi con… – más lágrimas salieron de sus ojos que en seguida se cerraron. Itachi le extendió un nuevo pañuelo que ella aceptó y usó –, lo siento.
– Descuida… ya no es necesario que sigas – habló él comprendiéndolo –. Estaba con otra mujer.
– La misma que… la misma de la que me salvaste aquella vez – concluyó Sakura por fin su doloroso relato.
Itachi frunció el ceño indignado y furioso a la vez con ese hombre cuyo rostro y nombre no conocía aparentemente, pues la pelirrosa no se lo quiso revelar.
Tenían ya dos horas de estar allí. Sin pedírselo, ella había comenzado a contarle su situación a diferencia de las otras veces en que a él acudió sin darle detalles de sus problemas; solo que por obvias razones, omitió cierta información, empezando por la identidad de su ahora ex novio.
Itachi suspiró sin dejar de observarla. Sabía que ella no se merecía lo que le ocurría, pero la vida no siempre era justa, y eso era debido a algunas personas.
– "El amor es un pájaro – comenzó él, citando lo que en una ocasión leyó en alguna parte –, no debes encerrarlo, ni cortarle las alas; sólo dejarlo ir si es su deseo".
Sakura dejó de llorar en ese momento, mirando el suelo y analizando en su mente cada palabra. No había escuchado en mucho tiempo nada más cierto. Para empezar, ¿Por qué había ido a buscar a Sasuke cuando él ya había decidido partir de su vida? ¿Qué más pensaba exigirle si ya habían terminado su relación?
Fue principalmente su culpa el haber recibido aquella decepción inesperada; pero estaba bien, ahora sabía cómo era él.
– Entonces, Sakura – continuó Itachi –, ¿vas a seguir llorando así o vas a levantar el rostro, superarlo y superarte?
– Yo,,, – ella sonrió alicaída, pero con un pequeño atisbo de esperanza al mirarlo a los ojos. Por alguna razón y cada vez que lo hacía cuando estaba triste, encontraba en esos ojos una perspectiva distinta, un poco de seguridad, optimismo, paciencia, consuelo y fe, como si él quisiera (y lograra) transmitirle su fortaleza –, ya no quiero seguir llorando, Taiichi – volvió a inclinar la mirada para observar su propia mano cerrarse en torno a la punta de uno de los cojines del sillón –. No puedo permitir que algo como esto me atropelle sin ninguna posibilidad de levantarme… necesito salir adelante.
– Y lo lograrás – afirmó él, alzándole el rostro a ella con el índice y pulgar en su barbilla, exigiéndole mirarlo otra vez –. Confío en ti, Sakura – entonces abrigó en su mano la mano tensa de ella, haciendo que se relajara a su contacto y soltara el cojín. Itachi sonrió con simpatía –. Además, yo estoy contigo.
Sakura miró su mano cubierta por la de él y se regocijó con alivio. Sonrió también, esta vez de forma auténtica, con gran certidumbre y mejor ánimo – no el suficiente para lucir feliz porque apenas comenzaba su proceso, pero sí uno alentador y confortable para su estado –; era una sonrisa bonita y casi reluciente que hizo que Itachi se sonrojara un poco.
Y es que todavía no comprendía qué había en esa chica que lo hacía sentir de esa manera.
…..
Salamandra Hanzou era un asqueroso asesino y traficante que servía al clan Yakuza y a otros líderes en secreto, entre esos: Danzou Shimura.
También había establecido vínculos fuertes con Akatsuki desde hacían muchos años atrás, y todo el tiempo les cumplió con fidelidad cada vez que establecían pactos o hacían tratos. Pero esta vez se dejó comprar por el líder de los ANBUS.
Hanzou prometió llevarles al portador del Biju de las seis colas a los Akatsuki para que éstos se encargaran de investigar por las buenas o por las malas a través del muchacho la ubicación de la pieza. Para eso citó al mismísimo Pain en un lugar desolado con zonas rocosas extensas y colinas altas y abundantes; según le dijo, solo tenía permitido llevar a un acompañante, por lo cual Pain decidió ir con Nagato.
Ambos arribaron al punto exacto donde harían el intercambio con Hanzou.
Se apearon de su camioneta y esperaron por casi media hora, el cielo llegó a cubrirse de enormes nubes negras hasta romper en lluvia.
– Paciencia – murmuró Yahiko.
No hizo falta echar mano de esa virtud por más tiempo. Encima de una de las más grandes elevaciones, aparecieron una gran cantidad de cazadores ANBUS y Hanzou… pero éste último no estaba solo, tenía como rehén entre sus manos a Konan atada de pies y manos, amenazándola con una daga.
La habían raptado.
– ¡Konan! – exclamaron alarmados Yahiko y Nagato a la vez.
No comprendían nada, pero tampoco era difícil hacerlo, a través de sus ojos pudieron ver todo el engaño.
– ¡¿Qué significa esto?! – preguntó Yahiko furioso – ¡¿Por qué estás ahora con los ANBUS?!
– Su organización se ha convertido en un estorbo para mí – contestó Hanzou –. Yahiko, tú eres el líder, así que debes morir aquí. Si intentas resistirte – puso el filo en el cuello de una enojada Konan –, esta mujer morirá.
Yahiko constriñó los dientes. Hanzou los miró con superioridad. Pocas cosas le gustaban tanto como el poder.
Lanzó la daga al suelo cerca y en medio de los dos Akatsukis.
– Tú, el de cabello rojo – habló Hanzou que no recordaba el nombre de Nagato –, usa eso para matar a Yahiko. Si lo haces, dejaré que la mujer y tú vivan.
– ¡No lo hagas, Nagato! – suplicó Konan – ¡No se preocupen por mí, escapen ustedes!
– Nagato – comenzó Yahiko, llamando la atención de su amigo –. Mátame – ordenó mirándolo.
Nagato se asustó, mostrando en sus facciones el terror que le producía ese precepto y su indisposición a cumplirlo. El pobre comenzó a respirar con dificultad.
– ¡Nagato! – apuró Yahiko.
– ¡Detente! – imploró Konan.
– ¡Apresúrate! – bramó Hanzou – ¿o quieres que esta mujer muera?
Nagato observó la daga antes de acercarse con cuidado y recogerla. El filo se sentía más helado de lo normal, pero no sólo por la lluvia, sino también por la promesa de muerte que gritaba. La sujetó con fuerza y miró entonces en lo alto a su amiga:
– Konan.
Y luego se volteó para encarar a su amigo.
– Yahi…
No pudo siquiera terminar de pronunciar su nombre cuando Yahiko, vino corriendo y se estrelló contra él, haciéndolo retroceder por el impacto, penetrando la daga en su cuerpo y causándole una herida de muerte.
Nagato abrió los ojos como platos, intentando asimilar lo que acababa de pasar.
– Tú y Konan deben sobrevivir…– dijo Yahiko en voz baja por sobre el hombro de su amigo, derramando sangre de la boca y sonriendo valientemente –, pase lo que pase.
Se deslizó del cuerpo de Nagato con todo su peso e inevitablemente cayó al suelo muerto.
– ¡Yahiko! – prorrumpió una destrozada Konan que de inmediato se desplomó en el suelo arrodillada, no pudiendo soportarlo, no queriendo creerlo. Acababa de ver la muerte, más específicamente, el suicidio de su novio. Su novio que por ella se había sacrificado.
Nagato se quedó inmóvil y con la misma expresión de lejanía como quien apenas se está adaptando a la realidad.
– ¡Mátenlo! – ordenó Hanzou a los ANBUS rompiendo su promesa de dejarlo con vida.
Los ANBUS apuntaron sus armas, pero los ojos de Nagato se abrieron más en señal de rabia y en un instante salió corriendo, esquivando por poco algunas balas. El pelirrojo subió la elevación en que estaba su amiga y al verlo Hanzou tan cerca, se apartó de un salto para seguir retrocediendo, olvidándose de su rehén que ya no importaba, después de todo, Yahiko ya estaba muerto.
Sin embargo, no le convenía dejar a los otros dos vivos, de modo que lanzó una bomba a Nagato mientras recogía a Konan, haciendo que el lugar explotara.
Después del estruendo Hanzou se fue levantando, mirando la nube de humo que había quedado.
– ¿Le di? – se preguntó.
Pero no fue así. Como pudo darse cuenta, el chico al parecer había logrado saltar de la cima con su amiga, escapando así de la explosión.
Nagato dejó en el suelo a Konan ya desatada justo al lado del cuerpo de Yahiko.
– Nagato – murmuró ella.
– Llévate a Yahiko – le ordenó –, y escapa rápido.
– Pero tú…
– Olvídate de mí – le entregó las llaves de la camioneta –; ¡vete rápido!
Y ella obedeció al tomarlas y cargar con dificultad el cuerpo de Yahiko hasta el vehículo que por suerte estaba bastante cerca.
Ya se había disipado por completo el humo que generó la explosión; así que al verlo, los ANBUS se prepararon para atacarlo.
– ¡Mátenlo! – exclamó el líder ANBU de esa misión.
Nagato volvió a huir, pero no por cobardía; aprovechando el terreno desigual en alturas, la lluvia profusa y el día oscurecido, se ocultó entre las rocas, madrigueras, colinas y montañas pequeñas, camuflándose en rápidos movimientos, sacó su arma de fuego del cinturón que tenía puesto bajo la túnica y fue disparando a los ANBUS sin que estos se dieran cuenta, ignorando de qué lado venían los tiros. Fue difícil para los miembros del escuadrón del infierno reaccionar coherentemente, se sintieron acorralados pese a que se trataba de un solo hombre contra todos ellos y dispararon hacia donde creían que se encontraba el escurridizo Nagato que salía y se escondía de acuerdo a su estrategia, vaciando y cargando de nuevo su arma.
Hanzou prefirió escapar de ese tiroteo, comprendiendo y sorprendiéndose a la vez de lo fuerte y astuto que era Nagato; ese chico tímido y silencioso que después de todo resultó ser alguien a quien no se podía subestimar. Cuando ya quedaban pocos del grupo de ANBUS, Nagato salió ya sin ningún preámbulo y terminó de matar a los últimos tres por las espaldas, acabando de una vez esa sangrienta cacería. No por nada era junto con Itachi de los más diestros de Akatsuki.
En silencio y agotado de haberse movido tanto, jadeó sonriendo de ironía porque el maldito de Hanzou, quien más merecía morir, había escapado.
De pronto escuchó un vehículo acercarse. Miró en derredor suyo y aparte de muertos por todos lados, halló a lo lejos la camioneta. Konan había vuelto por él.
Nagato subió y junto a su amiga se alejaron de ese lugar, llorando amargamente por el cuerpo de Yahiko sin vida que también se llevaban.
….
Al funeral del gran Pain sólo asistieron casi todos los miembros de Akatsuki. Fue un evento taciturno, silencioso y frío; nadie lloró. Konan se mantuvo con la mirada perdida y unas enormes ojeras bajo los ojos sosteniendo entre sus manos un conjunto exuberante de flores de papel que ella misma había hecho, Tobi lo observó todo desde la distancia recordando la muerte de Rin: mientras los demás cumplían su compromiso de estar presentes para despedir a su compañero, aunque poco o nada les importase. Sólo Nagato no asistió, él fue marcado para siempre por el papel que jugó en la muerte de su mejor amigo, en ese momento debía encontrarse en algún lugar de su casa, encerrado entre las sombras; a Konan le preocupaba porque por mucho que se esforzó, apenas consiguió que el chico pelirrojo probara unos cuantos bocados de comida, ya llevaba un par de días así, pero ese poco tiempo bastó para que su aspecto cambiase, luciendo ahora cadavérico, más delgado, con la piel pegada a los huesos y los pómulos prominentes.
Cuando todos se marcharon en sus vehículos, Itachi meditó acerca de los móviles que pudo tener Sasuke para hacer tal cosa, era algo que iba más allá de la venganza, como líder ANBU lo habían intentado matar en diversas ocasiones y de muchas formas, pero nunca había tomado represalias contra sus adversarios de tal manera, buscándoles sus debilidades y atacándoles por la espalda; era más bien costumbre que los apartase o derrotase él mismo en combates limpios. A Itachi le preocupaban las consecuencias que traería la muerte de Pain para su hermano; por eso fue a hablar con él restándole importancia al riesgo que entrañaba ir a verlo a una hora que él sabía podía encontrarlo en su casa.
– No sé qué demonios te trae aquí – le espetó Sasuke en tono acre –, pero mucho nos conviene que te largues cuanto antes.
A Itachi le resultó extraño que le hablase así; pero no sólo eso. Notó además que sobre la mesita pequeña había un cenicero de cristal con desechos recientes de cigarro. ¿Desde cuándo empezó su hermano a fumar?
– ¿Ya enterraste a tus hombres caídos? – le preguntó con ojos entornados.
Sasuke lo miró con fastidio y reparó en sus ropas: todo de negro, entonces sonrió de medio lado con perversidad comprendiéndolo.
– Eso creo. Si mal no recuerdo, Tora me dijo que ayer fueron enterrados todos los ANBUS que mató tu compañero Nagato – respondió con displicencia –. Sé que no viniste sólo para averiguar si mis hombres ya se encuentran bajo tierra, así que adelante: di lo que tengas que decir y márchate.
Por lo general su hermano asistía a todos los sepelios de sus hombres porque los respetaba y consideraba que merecían despedidas dignas, pero a Itachi ni siquiera le hizo falta enterarse de que Sasuke los había mandado a sepultar en fosas comunes y aisladas como si fueran perros.
Itachi lo observó por largo rato, evaluándolo y comprendiendo que su hermano había cambiado por alguna razón, y tal razón sólo podía sustentarse en alguien como Madara, ¿Por qué será que no lo sorprendía?
Sasuke solamente robaba, pero ahora también asesinaba, estaba ascendiendo en una escala de perversidad. Lo que sea que le haya dicho Madara a su hermano, lo había afectado demasiado, primero Orochimaru y ahora a Pain, ¿Qué seguía?
– No era necesario matar a Pain – dijo con calma.
– Lo hice porque se me dio la gana – contestó Sasuke tajantemente sosteniendo su mirada con altivez. Itachi no le daba miedo–, además, se lo merecía.
– ¿No te importa hacer más enemigos?
– Tú sabes que nunca me ha importado.
– Te equivocas – Itachi frunció un poco el ceño –, hasta ahora me entero.
– Hmp – Sasuke le dio la espalda –, ¿eso es todo?
– Sí. Ya me marcho – respondió el Uchiha mayor –. Piensa bien en lo que estás haciendo, Sasuke. Deja a un lado esa arrogancia y actúa con prudencia; te prometo que algún día todo esto acabará.
– Promesas… promesas… promesas – se burló Sasuke –. Sé muy bien lo que hago, así que no me vengas con ridículos consejos, aparentando ser un buen hermano con experiencia suficiente para instruir al más pequeño. Te piensas conocedor de todo y…
– Al contrario, ignoro mucho – le contradijo en seguida Itachi –, y soy consciente de ello; pero no quiero, Sasuke, que caigas en la decadencia – hizo ademán de irse –. Cuídate mucho, hermano.
En ese momento la voz de Karin se escuchó a lo lejos, venía de la habitación de Sasuke y lo llamaba. Itachi se detuvo.
– No sabía que andabas con una chica.
– Pues esa es entonces otra cosa de la que recién te enteras – le dijo Sasuke impávido –. Tú también deberías conseguirte una novia, a ver si así dejas de meterte en mis malditos asuntos.
Sería imposible hacerlo razonar y tampoco valía la pena intentar contradecirlo más. Itachi decidió dejarlo tranquilo, marchándose por fin de allí.
….
Sakura continuó trabajando por su cuenta; frecuentando a sus amigos de vez en cuando – gran dicha le dio al enterarse de la nueva relación entre Naruto y Hinata – y por supuesto, intentando reponerse de todos los agravios que recibió por parte de los dos hombres que más amaba: su padre y Sasuke.
Los tiempos cambiaron, y en lugar de escuchar o ver al halcón, Sakura sólo percibió al cuervo.
Fueron meses provechosos, pero no habrían sido lo mismo si no los hubiese gastado al lado de Itachi. Durante ese periodo de tiempo su evolución fue cuesta arriba, y muy alto llegó; incluso hasta el punto de pensar que derramar lágrimas por Sasuke era una ridiculez. La pelirrosa se fortaleció en gran medida.
En una ocasión recibió una desconcertante carta del señor H que le decía que se había ido de la ciudad probablemente para no volver. No especificó dónde estaba y tampoco le dijo lo suficiente para considerarse al menos una despedida digna de la relación amistosa que mantuvieron. Sakura quedó descontenta con esto por cómo se dieron las cosas entre ellos la última vez que se vieron, y lo lamentó mucho. Iba a echar en falta a ese anciano que había llegado a apreciar tanto; sin embargo, aprendió también a superarlo, desde su corazón le deseó lo mejor y lo dejó ir. Sakura aprendió a ver la vida y cada circunstancia que en ella repercutía con optimismo. Volvió a adoptar sus viejos hábitos con la única peculiaridad de que esta vez no los realizaba sola, sino en compañía del Uchiha mayor.
Llegaron a alternarse tanto que en poco tiempo se convirtieron en mejores amigos. Salían a correr para ejercitarse en las mañanas tres veces a la semana, él la acompañaba y ayudaba a hacer las compras de todo lo que necesitaba y luego terminaban cocinando – en este aspecto Sakura descubrió que él lo hacía muy bien –, hacían competencias de lectura por quién terminaba primero de leer un libro que seleccionaban previamente y después discutían y opinaban del mismo. Él le regaló muchos libros.
Por petición de ella, Itachi también la acompañaba a ir de shopping para luego ver una película en el cine o charlar en una playa, algunas veces cenaban en un restaurant para no tener que cocinar e inclusive iban a bailar, siempre probando lugares nuevos y después seleccionando los favoritos para frecuentarlos.
Sakura se adaptó a él. Cuando estaban juntos no temía ser ella misma, no le importaba pensar en voz alta y decir la verdad sobre cualquier cosa.
Itachi por su parte se acostumbró a tocarla; pero no se trataba de mimos o caricias íntimas y sugestivas que incitasen a subir otro nivel, más bien eran afectos inofensivos y amistosos: la agarraba de la mano a veces, la abrazaba con ternura o fuerza de acuerdo a la ocasión, la levantaba en brazos para hacerla gritar y reír, le acariciaba una mejilla, le besaba la frente… incluso la halagaba cuando ella menos se lo esperaba (en tiempos de enfermedad, fatiga, desánimo o rabia), diciéndole que era hermosa. Ella también le correspondía de forma similar, se ponía puntitas para darle besos en la mejilla cuando se despedían, se aferraba a su brazo cuando a veces caminaban y se subía a su espalda para que él la llevara. Las personas les preguntaban si acaso eran novios, lo cual siempre negaban. No obstante, hubo una ocasión en la que para ambos resultó ser extraña la cercanía a la que llegaron.
Itachi fue a su apartamento un día. Ella había dejado la puerta sin seguro porque ya se lo esperaba mientras estaba en su cuarto en ropa interior escuchando música a un alto volumen y sacando las prendas de su armario sin decidir qué usaría. Cuando él arribó, entró y cerró la puerta.
– ¡Sakura, ya estoy aquí! – anunció.
Pero no recibió respuesta alguna. Continuó llamándola mientras recorría la casa y sin resultado alguno. Fue a la cocina, al balcón y al baño externo hasta que llegó a su habitación.
– Sakura, ¿estás ahí? – preguntó poniendo un oído en la puerta y percibiendo la música, pero ella no respondió –, ¡Sakura!
La llamó hasta cansarse la garganta, intentó marcarle al celular para decirle que estaba allí y que saliera por favor porque él no se atrevía a entrar a su habitación, pero ella no contestó haciendo que el chico se preocupara. ¿Y cómo no hacerlo si después de todo ese tiempo él notaba que aún los seguían vigilando? Y es que pese a que ella le explicó que se trataba de su padre velando por su bien, el Uchiha se mantenía recelado, de manera que por último recurso y como medida desesperada, exclamó:
– ¡Voy a entrar, ¿de acuerdo?!
Y lo hizo justo cuando ella se encontraba modelando apenas con unas bragas puestas frente al espejo. La pelirrosa se volteó aterrada al verlo y de inmediato se encontró buceando en las aguas de la vergüenza.
– ¡Ta-Taiichi! – exclamó con la cara roja.
Lo primero que hizo fue cubrirse los senos con los brazos, pero demasiado tarde porque él ya los había visto e inevitablemente les había tomado una foto con los ojos que siempre guardaría en su memoria.
Itachi se cubrió también los ojos con una mano y se volteó apenado.
– ¡Lo siento! – profirió sin saber qué más hacer con la mano ahora en la frente – Yo... creí que… no pensé que estuvieras… te he estado buscando y llamando… ¡en verdad lo lamento, Sakura!
Terminó saliendo de la habitación a pasos rápidos y fue a sentarse en la sala. Percibió que la música se apagó quedando todo en silencio. El temor por una posible y futura reacción de enojo por parte de ella lo desesperó un poco. Itachi se levantó y comenzó a caminar de un lado a otro, preguntándose qué cosas le diría Sakura. Si lo trataba de atrevido o imprudente, lo aceptaría, pero no deseaba que ella volviera a enojarse tanto como antaño y optara por la rígida medida de no volver a hablarle porque quizá esta vez sí sería en definitiva.
Después de unos minutos, Sakura salió a pies descalzos ya vestida con ropa casual: unos shorts y una blusa de silueta holgada. El Uchiha ahora sentado pudo ver de soslayo a la pelirrosa que se acercaba. Lo inesperado fue que en silencio ella se sentara a su lado.
No se dijeron nada por un buen rato en el que ambos sonrojados ni siquiera se miraron; hasta que…
– B-Bueno – se atrevió ella a hablar con una sonrisa apenada –, ¿no crees que es un poco tarde para salir? – preguntó tontamente porque no era nada tarde.
Al contrario de lo que Itachi pensaba, Sakura no estaba enojada en lo absoluto.
– Lo lamento, Sakura – dijo él con la vista baja –. No debí entrar así…
– Está bien… mejor olvidémoslo, por favor – pidió más sonrojada.
Él asintió de acuerdo. Poco a poco fueron rompiendo el hielo que se había formado después del incidente; así que entablaron pláticas triviales que los entretuvieron e hicieron dejar a un lado ese otro asunto incómodo.
Eran cerca de las seis de la tarde e Itachi seguía en casa de ella, se encargó de hacer la cena y después de haber comido encendieron la tv para terminar viendo un programa sobre animales salvajes.
– De modo que – comenzó Sakura con una ceja levantada – los cuervos son inteligentes, ¿eh?
– Los cuervos son muy inteligentes – aseguró él –, pero también algo crueles y despreciables con otras aves. No se la llevan nada bien con búhos, águilas y halcones.
"Halcones".
– Comprendo… sin embargo, allí no dice nada sobre que persigan a las personas. Nunca te lo había preguntado, pero ¿Por qué siempre que estoy contigo al aire libre escucho o veo a uno de esos animales?
Él se echó a reír.
– Antes criaba cuervos – se explicó –; nunca los encerré porque no me gusta hacerlo y tampoco son aves que toleren o se adapten a una jaula; ellos volaban libres y siempre volvían a mí por comida. Supongo que están acostumbrados, pero no me quejo. Me gustan. ¿Qué hay de ti? ¿Nunca domesticaste un animal poco común?
– Bueno… – Sakura levantó la vista, pensativa –, para ser sincera, recibí gustosa la mascota que Lady Tsunade me regaló, era… bueno… era una babosa. Se llamaba Katsuyu. La mantuve en un acuario para peces con tierra húmeda y le integré rocas, hojas y elementos naturales diminutos, la alimentaba con frutas y lechuga. Sé que era un animal pequeño, sin gracia y quizá algo asqueroso, pero no tanto como esos sapos de Naruto. Katsuyu sí era adorable.
– Como su dueña – alegó él con grata simpatía.
Sakura se sonrojó, pero para ocultarlo puso cara de enojo y lo contradijo.
– No lo soy – se cruzó de brazos a ojos cerrados y el ceño fruncido.
– Lo eres – reafirmó el Uchiha.
– Que no.
– Sí que lo eres… especialmente cuando ríes.
– Eso es imposible.
– Te probaré que no – apostó él, volteándose hacia ella.
En sus ojos negros ella pudo leer una amenaza inminente y previendo lo que haría, se levantó rápidamente para echar a correr, pero él la sujetó antes de que se alejara y consecuentemente la atrajo de nuevo hasta tirarla en el sillón y hacerle cosquillas.
Sakura rio con ganas y comenzó a patalear y moverse de un lado a otro para librarse de esas inquietas manos. Él la acorraló con su cuerpo para no dejarla ir y continuó en lo suyo, le encantaba el sonido de su risa.
– ¡No más! – pedía ella entre carcajadas.
Cuando empezó a dolerle el estómago, decidió defenderse realmente porque necesitaba al menos respirar mejor, de manera que se esforzó por levantarse y quedar sentada en el regazo de él para de inmediato empujarlo y tenerlo esta vez ella debajo.
Itachi se detuvo quedando sus manos puestas en la cintura de ella mientras su cadera era rodeada por las piernas blanquecinas y desnudas de ella cuyas rodillas se apoyaban en el sillón. Ambos se miraron a los ojos, estaban demasiado cerca y Sakura jadeaba con una sonrisa cansada. El Uchiha levantó la mano para quitarle una lágrima. La había hecho llorar de risa.
– Te dije que así lucías adorable – le dijo en voz baja.
Pero era más que eso. La pelirrosa sonrió más abiertamente, se sonrojó un poco y se mordió el labio inferior. Para Itachi la imagen tierna de la chica que tenía casi encima parecía cada vez más borrosa ante sus ojos porque ahora desprendía un aura sensual que le estaba afectando cada sentido y el fluir naturalmente estricto de sus pensamientos por lo general racionales.
En ese momento una de las tiras de la blusa se le cayó a ella de los hombros. Sakura se la miró tímidamente e intentó levantar una mano para arreglársela, haciendo que sus senos bajo esa prenda holgada oscilasen en el aire y se notaran por encima de la tela. Él recordó el lindo color níveo de la piel de sus pequeñas eminencias, las areolas rosadas y los botoncitos hinchados en que terminaban; internamente se preguntó a qué sabrían y se le hizo agua la boca. El agarre de sus manos en la cintura de ella aumentó con anhelo y fue una de esas manos la que cometió el error de devolver esa tira a su lugar porque ello provocó que algo llameante y apremiante explotara dentro del Uchiha.
La expresión desconcertada y un poco nerviosa de Sakura fue lo que hizo que por fin Itachi volviera a pensar con claridad y despertara de esos antojos repentinos por hacer que ella se le recostara encima porque ¡vive Dios! Quería abrazarla, dibujarle caricias y besarla por todas partes.
Pero ¿Por qué?
¿Por qué? si él no era de naturaleza libidinosa, ¿a cuántas mujeres mucho más hermosas había rechazado en un pasado a lo largo de su vida? De toda índole se le habían confesado, partiendo desde simples camareras y estudiantes hasta modelos de físicos perfectos. ¿Y qué importaba que hubiera sido sólo por el encanto de su personalidad, su apariencia externa o su dinero? Lo cierto era que ninguna de ellas le había importado.
Entonces lo comprendió.
– Sakura… – la fue apartando con delicadeza –, tengo que irme.
Itachi evitó mirarla mientras se iba levantando.
Era eso.
Sakura le gustaba.
Fue consciente desde el principio que por ella sentía un cariño especial, le infundía una agradable estimación y una enorme necesidad por ayudarla y apoyarla, además de disfrutar estar a su lado por lo bien que se complementaban, pero esto… esto era distinto, y no podía ser más patente: ella había despertado sus instintos más bajos. Esa era la gran verdad. Acababa de avivar e inflamar su apetito sexual.
– E-Espera – salió ella detrás de él – ¿Qué sucedió, Taiichi? ¿Por qué te marchas tan pronto? Nos estábamos divirtiendo.
Itachi apretó la mandíbula. Su ingenuidad sólo la hacía más hermosa y apetecible para él. Sería mejor ordenar sus pensamientos a solas porque si llegaba a confundir las cosas o volver a actuar con el mismo arrebato de la vez que bailaron y la besó, corría el riesgo de provocar que las cosas entre ellos se acabasen para siempre.
– Tengo algo que hacer – se excusó fingiendo una sonrisa y poniéndole una mano en la cabeza –. Nos vemos.
– Espera – ella lo sujetó de un brazo haciéndolo voltearse –. No sé qué sucede contigo, pero al menos despídete como es debido – acto seguido se puso de puntitas, pegó su cuerpo al de él suscitándole un ardor indescriptible que lo hizo contener la respiración por la deliciosa calidez que exigía más. Sakura le envolvió el cuello con los brazos y le dio un beso en la mejilla –. Adiós… vuelve pronto – se separó de él y le guiñó uno de sus ojos verdes.
Él quiso abrazarla y no soltarla, pero aquello sólo agravaría su estado, así que se conformó con asentir, sonreírle otra vez e irse.
Una vez detrás de la puerta se dio cuenta de que quizá no era tan difícil advertir lo que en realidad le estaba sucediendo porque, vamos, su corazón se lo gritaba:
Se estaba enamorando de ella.
…..
Sakura había tomado la decisión; y no sólo por la fuerza y determinación que Itachi le había infundado al sugerirle que fuera por lo que quería, que se levantara, que lo intentara, que se arriesgara, que luchara… sino también por la imperante necesidad de enmendar las cosas y rehacer su vida.
Ver la enorme casa que se levantaba frente a ella le trajo muchos recuerdos, la mayoría de ellos hermosos. Era después de todo su antiguo hogar.
Sakura suspiró antes de atreverse a tocar la puerta. La mucama la reconoció desde luego.
– Señorita, cuánto tiempo sin verla. ¿Qué la trae por aquí?
– Hola – Sakura sonrió –, vine porque… ¿se encuentra mi padre?
– Si, desde luego, adelan… – la mujer se detuvo recordando algo –. Oh… lo lamento mucho… es que el señor Haruno hace tiempo dio órdenes de que no se le dejase entrar.
Sakura sonrió con tristeza y resignada calma. Había olvidado que su padre no la quería ni ver. A punto estuvo de irse cuando su madre la vio desde dentro de la casa.
– ¡Hija! – la llamó, aproximándose emocionada – ¡oh, hija, qué alegría verte!
La saludó con un gran abrazo y la invitó a pasar. La mucama no se atrevió a recordarle las órdenes de Kizashi porque Mebuki era la señora de la casa y tenía tanta autoridad como su marido, así que se fue de allí a trabajar.
Madre e hija fueron a parar al jardín, fue grato para ambas revivir esos viejos tiempos en que tomaban té o café y comían deliciosos bizcochos y galletas, una costumbre que habían adoptado desde que Sakura fue muy niña, solo que para entonces tomaban leche.
Hablaron de las vidas de cada una: Sakura estaba muy bien de salud, continuaba trabajando, había terminado su relación con Sasuke Uchiha, y estaba arrepentida de haberse involucrado con él (en el fondo no estaba segura de esto porque fue feliz mientras duró lo suyo con ese bandido) y manifestó sus razones de haber llegado allí.
Mebuki dijo que su vida ya no era la misma tampoco debido al genio de su marido. Le contó a Sakura que desde lo ocurrido, Kizashi andaba muy amargado, silencioso y pensativo, a veces lo sorprendía mirando una de sus fotos cuando pequeña, sonriendo con dulzura y acariciando la imagen, que no había día que no mencionara lo de derrocar la organización completa de cazadores ANBUS y acabar con Uchiha Sasuke, y que esas promesas se intensificaban acompañadas de maldiciones cuando los ya nombrados criminales atacaban y se salían con las suyas. Por último recalcó que en una ocasión se exaltó demasiado y sufrió un infarto leve mientras gruñía con rabia echando pestes contra el Uchiha.
– ¡Por Dios! ¿Por qué no me dijiste nada? – cuestionó Sakura alarmada.
– Lo siento, hija, supuse que tu presencia en su estado delicado sólo lo complicaría y no me equivoqué cuando estando ya mejor él me pidió que no te lo mencionara.
– Mi padre… – Sakura bajó la cabeza con ojos vidriosos. Cuánto daño había causado su error –, lo lamento tanto, mamá.
Unas pocas lágrimas se le salieron, y fue justo en ese instante en que su padre llegó allí. Se sorprendió de verla primero y luego se le crispó la cara completa y las manos.
– ¡Qué haces tú aquí! – espetó enfadado.
– Yo… – Sakura se levantó – vine a hablar contigo.
Habían pasado meses ya. Verla de nuevo le recordó su enojo, pero ya no con tanta intensidad.
– No tenemos nada de qué hablar.
– Sí que tenemos. Sólo quiero que me escuches – expresó con firmeza –. Yo… quiero volver a la policía. Me necesitan y yo a ustedes.
– ¿Qué te hace pensar que es como dices? No te equivoques, niña. En la policía lo que menos queremos es a gente como tú – puntualizó esta vez más seguro –. No sé todavía cómo pudiste caer tan bajo; y mira que tener el descaro de venir aquí como si nada…
– ¡Terminé con Sasuke! – exclamó Sakura impaciente. Su padre se quedó mudo – Yo… tenías razón… no imaginas cuán arrepentida me encuentro… él me hizo mucho daño… tanto que he llegado a repudiarlo… me asquea…
Kizashi primero la miró con gravedad viendo en ella a su pequeña niña que necesitaba consuelo, pero entró en escena otra vez su orgullo.
– ¿Piensas que con eso es suficiente? Que te hayas dado cuenta de tu error, Sakura, no arregla nada. Ignoro qué te haya hecho ese maldito, pero no es mi problema; ahora vete de aquí.
– ¡Por favor! – insistió desesperada –, por favor, permíteme reintegrarme a tu equipo. Quiero dar lo mejor de mí, quiero compensar lo que hice y al igual que tú, quiero acabar con la plaga de los ANBUS… además… papá – se atrevió a llamarlo otra vez así, a él se le encogió el corazón –, te extraño… y te amo… ya no soporto tu indiferencia y esta distancia... no soporto que me odies… me duele – se le quebró la voz al final.
A él le temblaron las cejas y a Mebuki le conmovieron tanto esas palabras que había empezado a llorar.
– Sakura – él se libró de ese nudo en su garganta al tragar saliva –, ¿Qué tan dispuesta estás a atraparlo? Dime… conociendo sus mañas y posibles ubicaciones, ¿serías capaz de entregarlo?
Ella lo miró aterrada. Por primera vez se enfrentaba a ese interrogante, pero ya conocía la respuesta. Y era un no.
– Dios – suspiró intentando controlarse –. No me pidas eso, te lo suplico… todo menos eso… Lo que pretendía era capturarlo por nuestros medios, vencerlo limpiamente en la guerra... yo… sé que por él atravesé muchas dificultades y soporté mil dolores, pero… es demasiado… es demasiado intentar siquiera apuñalarlo así, me lo impide el corazón – juntó sus manos al frente –.Quizá no te parezca justo o racional, pero te suplico que me comprendas, por favor.
Él negó con la cabeza como si estuviera decepcionado.
– Así no va a funcionar – respondió –. Vete de aquí mejor, Sakura. No hay manera de que te deje volver a la policía.
Sakura cerró los ojos y para no llorar volvió a recordar las palabras de Itachi:
"Lo que sea que hayas hecho no creo que sea suficiente para justificar el odio eterno de tu padre hacia ti. Si realmente estás arrepentida, ve con él, manifiéstaselo y pide otra oportunidad. Y si él de verdad te ama, sabrá comprenderte y recordará que eres su querida hija de carne y hueso, como todos e inclusive como él: proclive a cometer errores. Si no te perdona, Sakura, acéptalo y vete tranquila con la frente en alto y la convicción de que lo intentaste, y de que al menos tú si te perdonaste. Ninguna aprobación ha de ser indispensable en tu vida más que la tuya."
Dejó escapar el aire que había estado conteniendo y sonrió optimista.
– Debo irme, madre – se dirigió a Mebuki –, estaremos en contacto para salir algún día, ¿de acuerdo?
Tomó su bolso de la silla y se lo puso en el brazo.
– Adiós, papá – dijo por último al señor Haruno.
Y pasó por su lado con la cabeza en alto.
Cuando Mebuki estuvo segura de que su hija cruzó la puerta principal, se dirigió furiosa a su marido.
– ¡¿Qué es lo que sucede contigo?! ¡¿Cómo pudiste…?!
– ¡Tú no sabes nada de esto, mujer!
– ¡Pero claro que sé y mucho más que tú! – se defendió levantando más la voz –. Te aferras a estúpidos principios arcaicos y leyes rígidas e inflexibles que tú mismo te inventaste, olvidándote de lo más importante, y eso es saber ser un buen padre. ¿Por qué te cuesta tanto comprender a tu hija?
– ¡¿Comprenderla?! ¿te estás escuchando? ¡Lo que hizo Sakura no tiene nombre! Y para ser honesto, no creo demasiado en ese supuesto arrepentimiento – mintió. Lo cierto era que estaba convencido de las palabras de su hija; nunca la había visto ser más transparente – ¿Cómo sé que Sasuke Uchiha no la está manipulando para que vuelva a la policía y lo siga protegiendo desde dentro del bando de sus enemigos?
– ¡Kizashi, eres de lo peor! ¿Cómo puedes pensar tales cosas sobre tu hija? – se escandalizó más Mebuki –. Dime… dime… si Sakura hubiese cometido muchos crímenes, y a ti te tocara matarla con tus propias manos, ¿lo harías?
– ¡Pero claro que no! – respondió él casi dolido al imaginarse tal cosa.
– Entonces, querido, comprende cómo Sakura se siente respecto a ese muchacho. Reconoce que fue muy valiente de su parte decidir arremeter contra él, pese a lo mucho que debe amarlo todavía. Su corazón ha de estar sangrando, pero ella lo oculta y soporta – se levantó y le puso una mano en la mejilla a su marido que había cambiado de expresión –. Nuestra hija quiere hacer las cosas bien… no le exijas más de lo que puede dar… sé compasivo, sé comprensivo; aún es muy joven y está aprendiendo de sus errores… no le cierres las puertas… sabes que criamos a una buena niña, ¿verdad?
El señor Haruno bajó la vista. Su esposa se quedó allí por unos minutos antes de pedirle que pensara mejor las cosas y decidiera dejarlo solo.
A solas él se preguntó si acaso había sido muy injusto con su hija.
…..
Sakura lo observaba con atención y fascinación mientras él cocinaba.
Se parecía a Sasuke. No dejaría de creer que se parecía mucho a Sasuke; fue eso lo que en medio de un trance a oscuras hizo que ella se dejara besar por él aquella vez. Y ahora sin embargo, se preguntaba si estaría bien permitir que esa fuera la única vez. Sakura tenía que admitir que su apariencia la atraía demasiado por lo similar a la del ANBU Uchiha, pero a Itachi en cambio se le podían atribuir virtudes especiales y excepcionales que terminaban de complementar su figura, virtudes que lo hacían maravilloso, virtudes que Sasuke no tenía y que a ella le encantaban.
De repente y como un rayo, se le cruzó por la mente el recuerdo lejano de unas palabras:
"Enamórese de alguien que conozca bien. O de quien al menos esté segura nunca le hará daño. Alguien que la trate como se trata a una flor, alguien que usted sepa que se merece."
Todo eso fue dicho con gran solemnidad. Un consejo que entrañaba las mejores intenciones; el único problema era que Sakura no se acordaba de la persona que se lo dijo; pero era un detalle intrascendente.
Se mordió el labio inferior sin quitarle la vista de encima. Aquel chico podía encajar muy bien en ese perfil. Podía enamorarse de él. Sería perfecto si se enamoraba de él.
– Hey – Itachi le llamó la atención con una sonrisa –. Deja ya de mirarme de esa forma y ve a atender la puerta.
Sakura se sobresaltó y escuchó que alguien tocaba su puerta. Salió de la cocina y la abrió, descubriendo detrás a un mensajero con un paquete.
– ¿Haruno Sakura?
– ¿Sí?
– Firme aquí, por favor.
– Debe ser un error, yo no esperaba nada – dijo mirando la encomienda.
– Pues a mí sólo me dieron su nombre y dirección, señorita. Esto debe ser suyo.
Muy recelada firmó el papel y recibió su paquete. Lo puso en la mesa y con cuidado lo abrió. Al momento de ver su interior, Sakura profirió un pequeño gritito de emoción: eran su uniforme, su placa, su identificación policial y su arma de fuego acompañados de una nota que decía:
"Bienvenida otra vez, hija"
Esta vez fue imposible no llorar un poco de felicidad. Agarró sus cosas entre manos, sintió la tela de su uniforme imaginándose ya portándolo de nuevo, siendo la Sakura despierta y firme de antes. Volvía a ser feliz.
– Gracias, papá – murmuró con los ojos cerrados.
Pero había alguien más a quien tenía que agradecer, y tal persona se encontraba a unos pocos metros.
Sakura se levantó y fue corriendo a la cocina.
– ¿Está todo bien? Te escuché grit…
Itachi no pudo terminar de hablar cuando ella se guindó de su cuello y con toda la osadía de que fue capaz, lo enmudeció con la boca. Fue primero un beso torpe porque sus dientes colisionaron un tanto, pero después ambos se adecuaron y fue todo labios y lenguas. Duró sólo unos segundos antes de que ella se separase primero.
– Sakura… – murmuró él, intentando comprender ese arrebato inesperado –, ¿sabes lo que haces?
– ¡Estoy profundamente feliz, Taiichi, mi padre acaba de aceptarme de nuevo en la policía!
– ¡Enhorabuena! – la congratuló, sin embargo, aún no comprendía qué tenía eso que ver con… el beso – Pero…
– Es un nuevo comienzo y quiero que tú me acompañes, Taiichi…– contestó ella y se aferró a la camiseta de él con las manos –. Nadie me ha apoyado tanto como tú… el tiempo que hemos pasado juntos me ha hecho quererte. Me siento afortunada de tenerte.
Tal vez fuera un criminal y que tanto su hermano como él ahora podían estar amenazados por esa pequeña oficial de policía, pero ¡qué diablos! Él también la quería, ¡y quería tenerla!
– Entonces… – Itachi la atrajo por la cintura con una mano – ¿Tú y yo? – preguntó en un bajo tono, muy íntimo.
– Estoy de acuerdo – respondió Sakura fehaciente – ¿Y tú?
Él sonrió levemente antes de responderle con un beso más profundo y duradero que el anterior.
…..
Sasuke vio delante de sí un camino único, solitario y largo que se perdía en una espesa oscuridad que no permitía ver a dónde llegaría. Dar un solo paso al adentrarse lo hizo sentir un poco más poderoso de lo que era, más capaz, más activo, fuerte e imperial; pero también solo. Nadie había a su alrededor y dudaba que pudiera encontrar en ese camino a alguien.
– ¡Sasuke!
Esa voz era inconfundible. El Uchiha miró hacia atrás que era de donde había venido el llamado de su nombre y se sorprendió – aunque ya se lo esperase – de ver a Sakura claramente... muy claramente; había luz donde ella estaba parada.
No otra vez…
¿Por qué tuvo que aparecer ella?
Sasuke prefirió voltear y continuar caminando a la oscuridad.
– Ya lo sé… ya sé que no puedo hacer nada– comenzó ella dolida. Tristemente enojada –. Te quiero, Sasuke… no pensé que acabarías así. No pude ayudarte en lo que más me necesitabas y tampoco detenerte – se refirió al día de la ruptura en su apartamento –. Sólo pude quedarme parada y llorar… ¡soy patética! – reconoció cerrando los ojos –, ¡pero, Sasuke…! Si aún tengo un lugar en tu corazón, por pequeño que sea, ¡no te vayas, por favor! Si estuviéramos juntos todo sería como entonces.
En ese momento él se detuvo, volteó a verla con dolor en los ojos e ironía en una falsa sonrisa.
– En verdad eres una molestia.
Y de repente se vio a sí mismo llegar hasta ella en un parpadeo, atravesándole el pecho con su propio brazo. Pudo sentirlo incluso, era cálido y húmedo, la sangre comenzó a emanar mientras ella perpleja con los ojos muy abiertos se quedó observándolo. Un escalofrío se apoderó de Sasuke al percatarse de que ella no lo miraba a él, sino a través de él. Le sacó la mano empapada en rojo puro y entonces, ella cayó al suelo… estaba muerta.
– ¡No! – exclamó él al darse perfecta cuenta de lo que había hecho, no pudiendo creerlo.
Se alarmó tanto que comenzó a moverse con brusquedad. Pudo sentir que dio una patada a alguien, pero lo ignoró al sentarse por fin en su cama.
– ¡No puede ser! – siguió gritando. Encendió la luz de la lámpara a su lado y comenzó a repararse la mano. Estaba limpia.
– ¿Qué, qué? – preguntó una voz a su lado igual de asustada. Era Karin – ¿Qué sucede, cielo? ¡¿Qué pasó?!
– No – Sasuke se revisó el dorso y la palma –. No pasó… no pasó…
– ¿Qué? ¿Qué fue?
Una pesadilla. Eso había sido. El Uchiha se alivió, intentando controlarse, pero sin dejar de escrutar bien su mano para asegurarse bien de no tener ni un sólo vestigio de sangre. Sufrió un par de espasmos involuntarios mientras aún se calmaba y Karin le acariciaba el cabello diciéndole con ternura que sólo había sido un mal sueño.
Pero ¿Qué demonios? No recordaba haberse acostado con ella. ¿En qué momento se había metido en su cama? ¿No podría dormir solo acaso?
– ¿Qué fue lo que soñaste? – quiso saber la pelirroja.
– Nada – farfulló ya mejor.
Se acostó de nuevo pensando no poder sacarla por lo muy tarde que era (tres de la madrugada), pero muy tentado a hacerlo. Por otro lado…
"Sakura".
Literalmente le había atravesado el corazón, pero, ¿no fue esa una representación de lo que hizo en la realidad? Se lo había partido; ¿Cuánto habría llorado ella por él? Ni siquiera se había detenido a pensarlo antes.
Sasuke volvió a quedarse dormido intentando encontrar las razones por las que había soñado algo tan terrible sobre ella.
Esta vez escuchó los graznidos de varios cuervos tan pronto vio a su hermano frente a sí muy cerca y recibir una patada de él que lo hizo estrellar contra una pared; Sasuke comenzó a ponerse de pie e hizo que destellos de electricidad visible comenzaran a salir de su mano, pero Itachi en seguida lo agarró de la muñeca, apagando esos relámpagos, le pisó un pie para inmovilizarlo y le dio un puñetazo en el abdomen.
El Uchiha mayor observó a su hermano menor y extendió hacia su rostro una mano.
– Perdóname, Sasuke.
Con sus dedos índice, medio y pulgar lo hizo abrir un ojo por los párpados, hundiéndoselos cada vez más hasta sacárselo. Sasuke profirió un grito desgarrador como alma que pena en el infierno. Se puso la mano por sobre su órbita vacía y la sangre comenzó a correrle por entre los dedos y derramarse en el suelo.
Itachi tenía su ojo en la mano.
– Ahora el otro.
No… otra vez no… era demasiado… demasiado real.
Sasuke aspiró profundamente y volvió a quedar sentado en la cama, respirando con fuerza, temblando y sudando frío. Volvió a encender la luz, se levantó arrebatado y fue a verse al espejo del baño para comprobar que tenía ambos ojos y que lucía muy pálido.
– Qué… pesadilla maldita – habló entre jadeos.
– ¡Sasuke! – Karin lo llamó preocupada – ¡Sasuke, qué sucede!
Primero Sakura y después Itachi.
¿Por qué? ¿Qué significaba todo eso?
No pudo dormir más sino hasta las seis de la mañana. A las ocho Karin se levantó y al salir a explorar esa guarida ANBU, descubrió a Tora que por allí se paseaba. Muy preocupada le contó de la mala noche que tuvo su novio y le preguntó qué pudo pasarle o si él sabía qué había consumido. Después de todo, habían estado el día anterior hablando y armando planes con otros ANBUS.
– Nada – respondió Tora –. Él estaba perfectamente.
– Entonces por qué…
– ¡Tora! – habló Sasuke con autoridad llamando a su súbdito –, ven acá, y tú, Karin, ya vete de aquí.
– Cielo, ¿te encuentras bien? ¿Cómo amaneciste?
– Estoy bien. Márchate pronto, esta es una guarida ANBU.
– Sasuke, me preocupas, quiero saber…
– Que te largues – ordenó entre dientes. Había amanecido más amargado de lo usual.
Karin se resignó y se tuvo que terminar yendo.
Tora acudió al encuentro con su jefe.
– Tengo una tarea para ti – le informó Sasuke.
– Lo escucho.
– Quiero que a partir de ahora en tu tiempo libre te dediques a espiar a Sakura, que le tomes fotos y me las traigas.
– Pero – Tora se levantó –, ¿Cómo puede atreverse…? Han pasado ya meses desde que no ve a la oficial, ¿Por qué no la deja tranquila? ¿no cree que ella lo merece?
– No he pedido tu opinión – masculló Sasuke.
– No se trata de eso, señor. La oficial Haruno ha de estar reconstruyendo su vida, involucrarse usted en eso otra vez minaría todos sus esfuerzos. Es justo que ella viva en paz.
– ¡Qué rayos te importa a ti eso! – estalló el Uchiha – ¡¿Quién te crees al hablarme de esa manera?!
– Hablo por la oficial – se excusó Tora –, es que ella…
– Cállate – Sasuke le puso el filo de la katana en el cuello –. Te estoy dando una orden, Tora… y tú…
Tora tragó saliva y volvió a doblegarse como siempre le tocaba hacer frente a Sasuke.
Terminó la oración:
– Debo cumplirla.
….
¡Continuará!
¡Por fin acabo este capítulo bastante largo!
Esta vez me aseguré de variar bastante en las situaciones para entregarles a ustedes un buen paquete de diversas emociones.
Como recordarán, en la pasada entrega a Sakura le tocó sufrir demasiado. Honestamente me sentí bastante incómoda estar reiterando esos sucesos invariables del manga porque me disgusta que precisamente en la historia original sean siempre las mujeres las que sufran por los hombres y pese a eso sigan detrás de ellos (con excepción del caso de Obito), por eso esta vez quise darle alas más grandes a nuestra protagonista para que vaya de vuelta a sus andanzas con redobladas energías… oh, sí, y con un regalo adicional bien merecido: nada menos que nuestro querido Itachi Uchiha.
Voy a recalcar además los momentos NaruHina e ItaSaku que resolví incluir. El primero porque pensé que ya era hora de mostrar, y el segundo porque… bueno… a mí me encanta Itachi; y aunque creo que Sakura y Sasuke hacen buena pareja, desde que vi Road to ninja me pareció que la pelirrosa lucía bastante bien junto al apuesto y astuto hermano mayor de nuestro protagonista.
Él mejor que nadie encaja en el lugar que le asigné en este fic porque aparte de Naruto es el único que puede darle batalla a Sasuke, superarlo en talla y hasta derrotarlo con creces; así que, ¿Por qué no hacerle competencia en esta ocasión?
A propósito, ¿recuerdan que antes les mencioné que estaba participando en un concurso de cuentos? Pues compartiré mi dicha con ustedes al confesar que quedé en primer lugar. Estoy contenta de que mis esfuerzos valieran tanto la pena porque para redactar esa corta historia me dediqué con fervor y auténtica dedicación; yo diría que el triple de la que aplico a este fic que considero un mero pasatiempo, algo informal.
Un abrazo enorme a todos los que leen.
Nos vemos en el próximo capítulo.
Hasta entonces.
Sigma Shey.
