Capítulo 25
"Mi sexto sentido"

Stoick frunció el ceño en cuanto vio a Toothless entrar por la enorme puerta delantera. Sus puños se cerraron inconscientemente y su espalda se irguió. Al dragón tampoco le encantó la vista que obtuvo una vez que llegó a su casa, era extraño ver a Stoick dentro de ésta, ya que siempre pasaba la mayor parte de su tiempo en la otra villa y la otra parte del día con su hermano.

Los segundos pasaron y el silencio empezó a desesperar al Jefe de Berk. Al hombre se le hacía un tanto extraña la atmosfera que rodeaba al inerte Night Fury, ¿Sería su nueva forma? Stoick sabía que él no había estado muy presente desde que el dragón ese se había transformado en un humano, ¿pero cómo culparlo? Lo que le había pasado a Toothless no era natural. Era alienígena. Lo que más intrigaba al hombre era saber si el Night Fury tenía una maldición sobre él, o si era un plan de los dioses. Hiccup le había explicado que Valkiria le había hecho eso al dragón, ¿pero hasta qué punto era necesario preocuparse? Su hijo era peculiar, él lo sabía desde que el bebé nació, pero era una muy mala fortuna que las rarezas de la vida también persiguieran al pequeño adolescente. Primero la muerte de Valh, después el final de la guerra de más de trescientos años y ahora esto, un dragón que se convierte en uno de ellos. Pero eso no era lo más extraño, no, lo que en verdad era extraño era que él estaba aceptando las cosas con inhumana naturalidad. ¿Se estaba haciendo suave? Un año atrás habría degollado al Night Fury sin una explicación de porqué habían ocurrido las cosas, y ahora hasta lo mantenía. ¿Qué clase de maldición lo asechaba?

Stoick bufó y se acomodó mejor en su silla. Toothless reaccionó al movimiento y caminó al otro lado de la habitación, en ningún segundo le quitó la vista al Jefe de Berk. Nuevamente pasaron y pasaron los segundos, ninguno se atrevía a decir palabra, como era costumbre, y pese a que nadie decía nada, ni hacia nada, algo parecía fuera de lugar. Y apenas ese pensamiento pasó por la cabeza de Stoick, éste se dio un ligero golpe en ésta, dándose cuenta de que era lo que faltaba y porque la atmosfera estaba tan silenciosa.

"¿Dónde está Hiccup?" Preguntó el hombre, haciendo que el lugar temblara un poco al escuchar el timbre de su fuerte voz. El pelirrojo estaba acostumbrado a las respuestas concisas y rápidas.

Usualmente éstas eran positivas o al menos le brindaban información para proceder; así que cuando Toothless apenas le miró y le respondió con un simple 'no lo sé' de forma poco respetuosa, Stoick abrió los ojos en sorpresa.

El hombre resistió las ganas de gritarle al muchacho que estaba enfrente de él. ¿Quién era ese enclenque para hablarle de ese modo? Pero Stoick guardó la compostura y recordó para sí que el joven que estaba en frente de él era el mismo dragón que había salvado la vida de su hijo. Dos veces. Toothless entrecerró los ojos ante la furia del padre de su amado y se plantó firmemente en el suelo.

"Puede que no me agrades del todo, bestia. Pero soy un vikingo justo." Contestó Stoick con una voz grave y serena, haciéndole entender que no iba a lanzársele y acabar con el como un salvaje.
Toothless relajó su postura. Sus verdes ojos estaban oscuros, y sus pupilas era tan solo una delgada línea. Pero pese a su sombría mirada, el dragón sonrió de una forma encantadora. "Nadie pone en cuestión tu honor, Stoick."

El Jefe pareció satisfecho con la nueva respuesta y se acomodó nuevamente en la silla que ocupaba. El Night Fury estaba en la esquina del mismo cuarto, donde se hallaba la entrada a la cocina, y una vez que decidió que había pasado suficiente tiempo en donde estaba, entró rápidamente a ella. Stoick no pudo evitar arquear su ceja. ¿Cuál era su prisa?

Decidiendo que no había nada mejor que hacer, el pelirrojo se puso en pie y siguió a Toothless. El Jefe se llevó su segunda sorpresa del día cuando vio al adolescente poniendo agua en una olla un tanto grande ¿El demonio sabía hacer eso? Stoick casi se rió al ver la frustración de éste al intentar prenderle fuego al montón de madera que servía para poner a hervir el agua.

"Esto era más fácil cuando tenía escamas…" Dijo Toothless en un murmullo.

Stoick debatió si ir y ayudarle o quedarse a ver cómo se las arreglaba el muchacho. Pero cuando iba a decidirse, la puerta delantera se abrió nuevamente y la jovial voz de Hiccup inundó la casa.

"Toothless, ya llegué."

Los antes opacos ojos del Night Fury cambiaron casi de inmediato. Éstos tomaron una luz instantánea y las pupilas se hicieron tan grandes que el verde tóxico que inundaba sus ojos casi desapareció.

Para Stoick, ese pequeño gesto no había pasado desapercibido. Sí, era normal que el dragón se transformara de una bestia asesina a un cachorrito juguetón cuando Hiccup andaba cerca. Pero la sonrisa que el dragón tenía cuando se paró para ir a lado de su jinete tenía algo sospechoso en ella…

El hombre levantó sus hombros, y decidió que era tonto preocuparse por una expresión facial. Lo mejor que podía hacer era seguir el ejemplo del dragón e ir hacia su hijo.

Para cuando Stoick dio media vuelta para ir hacia Hiccup, Toothless ya estaba de regreso, en sus brazos había dos costales pequeños (Presumiblemente llenos de comida), y con el Entrenador de dragones, también cargando otra gran bolsa, siguiéndolo por detrás

"¡Papá!" Gritó el pelirrojo cuando vio la enorme figura de su padre. Stoick rio un poco ante la reacción del joven y revolvió el cabello de su hijo. Hiccup le pasó su carga a Toothless, que ya había dejado la primera en la cocina, y miró a Stoick. "¿Qué haces aquí?" Los últimos días el adolescente solo había visto a su padre de vista, después de todo había dejado de ir a las reuniones que se daban en la villa escondida. También había dado por hecho que podía llevar su relación con Toothless sin problemas dentro de la casa, donde abundaba la privacidad. Así que ver a su enorme, duro y firme padre parado en la entrada de su cocina había sido una sorpresa un tanto desagradable.

"Sí, he estado bastante ocupado. Pero me encontré con algo de tiempo libre para venir a descansar un poco y hablar contigo." Respondió Stoick con cautela. En el rostro de Hiccup se podía ver un destello de confusión ante su presencia, pero el jefe decidió ignorarlo por el momento.

Hiccup levantó una ceja. El joven tenía la suficiente experiencia en su vida como para saber que 'tengo que hablar contigo', significaba algo malo, y la mayoría de las veces el error era él. Así que su automática reacción fue pararse derecho, mirar a la cara a su padre y esperar que la charla continuara.

Stoick pareció notar esto también, y su mente le dijo que no deberían repetir el antiguo patrón, por lo tanto, dio unos casuales pasos hacia atrás, como si buscara algo en la habitación. "¿Sabes, hijo? Po-podemos, ya sabes, hablar de eso en la cena. Me muero de hambre."
Hiccup parpadeó furiosamente, no creyendo lo que le decían sus oídos, pero después de asimilar la información, asintió unas cuantas veces. Si lo que su papá le quería decir podía esperar, entonces no era tan malo.

"De acuerdo. Entonces empezaré a cocinar, ¿te parece?" Comentó el chico lentamente, dirigiéndose a la cocina. Stoick se encogió de hombros, dándole a entender que estaba bien, y siguió a su hijo. Al parecer, esa fue una decisión equivocada. Apenas el hombre se volvió a recargar en el borde de la puerta se sintió como un extraño en esa casa.

Hiccup ya se había instalado y estaba enseñándole a Toothless a prender fuego para calentar el agua. A pesar de ser una acción bastante trivial, ambos parecían bastante contentos haciendo esa pequeña tarea. Lo peor de todo era que el joven vikingo parecía arrogárselas muy bien solo. Limpiaba los vegetales, cortaba en perfectos trozos la carne y parecía no hacer un ningún esfuerzo extra. Toothless también hacía su parte, y todo lo que le pedía Hiccup que hiciera, lo hacía, ya fuera limpiar los platos en los que se iba a servir la comida, o checar que ésta no se quemara en la olla. Stoick se preguntó varias veces porque rayos Hiccup no le pedía ayuda a él también. Sí, el hombre sabía que su don en la cocina era más bien escaso, pero había tareas culinarias tan fáciles como arrancarle la cabeza a un Nadder. Pff, cualquiera podía hacer eso.


"¿Y cómo van las cosas con Amminos?" Preguntó Hiccup, mientras se llevaba un pedazo de comida a la boca.

Los tres hombres se habían instalado en la mesa. Hiccup había cocinado una comida típica, que consistía en una sopa de papa, y grandes trozos de carne asados. Stoick estaba en el extremo de la mesa, y de lado derecho estaba Toothless, en medio de ambos vikingos. Todo iba tranquilamente hasta que el adolescente hizo la pregunta.

"De eso quería hablarte." Contestó Stoick, girándose en la mesa para ver a su hijo. Por la forma en la que los ojos le brillaron, Hiccup supo que su padre había llegado al punto cumbre del día. "Gobber y Spitelout me contaron que la gente de aquí sospecha. Y mucho"

El Entrenador de Dragones entrecerró los ojos, sabía que la gente que vivía en la nueva isla actuaba con mucha cautela con ellos, un poco más de la necesaria, pero no imaginaba que fuera por otra cosa que por precaución.

"Pienso decir la verdad. No hay ninguna otra salida. ¡Y por Odín! Estamos hablando de mi hermano, mentirle a mi único aliado no me llevará a nada." Stoick golpeó el puño contra la mesa, parecía que con decir todo lo que estaba pasando en ese instante un peso se le iba de los hombros. "No sé qué va a pasar de ahora en adelante. Amminos no tiene ni idea de lo que pasó en nuestro hogar. ¿Cómo explicarle?"

Ambos se quedaron en silencio unos momentos. Hiccup miró su plato, aun había un pedazo de carne que no había tocado, y luego giró su cabeza hacia Toothless, que jugaba con el tenedor, ajeno a la preocupación de Stoick. El dragón, que en antiguas ocasiones no podía estar ni en la misma habitación que su padre, ahora estaba relajando en su silla. El joven no-tan-Vikingo, recordaba que una vez, poco después de que despertara de su largo sueño, Stoick se le había lanzado con un hacha a su Night Fury, porque pensó que "estaba demasiado cerca de su hijo"; y en otra ocasión, justo después de que él regresara de una cita con Astrid, se encontró con Toothless, arriba de su padre a punto de lanzarle una bola de fuego, mientras el Jefe de Berk golpeaba furiosamente la cabeza del dragón. Al parecer, en su ausencia, a Stoick se le había acabado la paciencia con el Night Fury y lo había retado a un duelo, naturalmente orgulloso como Toothless era, éste no pudo negarse, y así había iniciado todo. Tomó unos cuantos días, pero al final, tanto Tooth como Stoick aprendieron a respetarse el uno al otro. Y si el dragón más orgulloso, y el Vikingo más salvaje habían aprendido a llevarse bien, cualquiera podía hacerlo.

"No es imposible, ¿Sabes?" Dijo Hiccup, iluminándosele el rostro. "La solución es simple. Tenemos que hacer que estén departe de los dragones, que confíen en ellos. Puede qu-"

"¿Y no crees que ya pensé en eso?" Contestó Stoick con una dureza más de la necesaria. El hombre entrecerró los ojos y negó con la cabeza. "Algo tienen nuestros dragones, ellos no… simplemente no son los de antes. A Bertha, ¿sabes lo que le hizo un Nadder a ella, a su dueña? Estuvo a punto de arrancarle el brazo, y lo único que ella quería hacer era darle de comer." Stoick tomó una bocanada de aire al terminar y se recargó pesadamente en su silla. El mundo volvía a estar de cabeza, y lo único que el hombre quería hacer era descansar su cerebro, y volver a la tranquilidad. "El Nightmare de Spitelout le gruñe a todos los que se le acerquen, y los Gronckle no se mueven de lugar, están… estáticos."

Por otro lado, Hiccup se puso a analizar toda la información que su padre le había proporcionado. ¿El Nadder de Berta iba a arrancarle el brazo? ¿Por qué rayos haría eso? Ya había pasado un año desde que los dragones habían creado lazos con sus humanos, ataques de furia por parte de ellos no debían pasar.

Sin embargo, sus dragones no habían sido tratados con el cuidado apropiado las últimas semanas. Hiccup se mordió el labio y todas las responsabilidades de su cargo cayeron en sus hombros como piedras. Tenía que solucionar eso. Pronto.

"Hiccup."

El mencionado irguió su cabeza y miró a su padre. El hombre se había inclinado hacia él y miraba su casi vacío plato.

"Estaba pensando que... bueno, en vista de que nuestros dragones están delicados, pensé que sería una buena idea adiestrar a unos nuevos. Ya sabes, para la batalla por nuestro hogar."

Como Hiccup no respondía, Stoick decidió continuar. "encontramos unas escamas a unos kilómetros de nuestra villa. Gobber está seguro de que hay dragones allí."

Cuando Stoick se dispuso s continuar una inseguridad se apoderó de sus movimientos y sus palabras sabían secas. "Hijo, nosotros no sabemos, no... No podemos enfrentar a los dragones como tú lo haces. Somos lo que somos, y no somos como tú. Tú tienes esa increíble habilidad, solo tu podrás hacerlos dóciles. Si nos ven con las armas…"

"¿Qué quieres decir?" Preguntó Hiccup, que se sentía débil ante la cautela con la que su padre le hablaba. Stoick jamás se andaba con rodeos para situaciones importantes.

"Te llevaremos a donde Gobber encontró las escamas, y tu intenta-"

"No."

Tanto Hiccup como Stoick se congelaron al oír esa voz. Como élno había hablado en toda la tarde, ésta sonaba distante y para sorpresa de ambos, increíblemente firme.

"¿No qué, bestia?" inquirió Stoick, que no estaba en humor como para ser interrumpido, menos cuando era tan difícil hacer lo que en ese momento estaba haciendo.

"No. Lo prohíbo." Fue lo único que respondió Toothless, que se cruzó de brazos e irguió su espalda. "No mandarás a Hiccup a hacer algo que es obviamente tu responsabilidad."

El adolescente se mordió los labios ante la respuesta de su dragón y miró con ojos de plato a su padre.

Por unos pocos segundos, el joven vikingo contempló la idea de tomar a su novio por la cintura y salir corriendo de allí antes de que algo malo pasara. Pero su plan se fue directamente a la basura cuando se dio cuenta de que era inútil y prácticamente imposible. ¿Escapar de Stoick? Sí, claaaro…

Y justo como lo había predicho, el rostro del Jefe de Berk adquirió todos los colores posibles y sus ojos reflejaron lo ofendido y molesto que estaba. Hiccup abrió la boca e intentó decir algo que calmara a su padre, pero lo único que salía de ésta eran sonidos incoherentes y al parecer, Toothless no tenía la mínima intención de disculparse.

Finalmente el hombre estalló, se puso de píe con increíble agilidad, y con el tono de voz más amenazante que pudo fabricar, dijo: "¡¿Cómo te atreves a hablarme de esa manera, demonio? ¡En primer lugar, tú no tienes la mínima idea de lo que pasa actualmente con nuestra villa! ¿Quién eres tú para juzgar algo que no entiendes?"

Pero por más aterrador y peligroso que se veía Stoick, Toothless ni pestañeo, todo lo contrario de Hiccup, que había palidecido. El Night Fury le lanzó una mirada al hombre y justo como había pasado unas horas antes, sus pupilas se contrajeron en una línea muy delgada, y su iris se oscureció.

"Entiendo que eres un cobarde que va a mandar a su único hijo a suicidarse. Dime Stoick, ¿ tienes alguna idea de lo que quieres que Hiccup haga? Un dragón no va a caer a sus pies solo porque sí, al contrario, apenas lo vean lo atacarán con todo lo que ellos tengan para defenderse."

El Entrenador de Dragones salió de su pequeño trance y frunció el ceño. Sí, él no era ningún experto en vida de dragones, pero se consideraba bastante bueno, y se sentía subestimado. Pero cuando iba a protestar, Toothless tomó su mano por debajo de la mesa y la apretó ligeramente. El mensaje estaba claro: no era el momento para hablar. Hiccup lo miró con suavidad, y asintió levemente.

Stoick pareció quedarse mudo por un segundo ante las palabras del dragón, y Toothless aprovechó la oportunidad para continuar. "Mi prioridad es la seguridad de mi jinete, eso significa que no irá a ningún bosque solo y sin armas para intentar domar a ninguna criatura. Y si tengo que aplastar a toda la aldea para que se mantengan alejados, entonces lo haré." Conforme el Night Fury hablaba, éste se ponía de pie. Al final estaba tan derecho como pudo y casi del tamaño de Stoick, solo que de cuerpo más delgado y elegante. Hiccup sintió como si tuviera hilos cocidos a sus extremidades, porque él también se levantó, jalado inconscientemente por ellos. El joven puso su pequeña mano en el brazo de Toothless, que al parecer lo bloqueaba con su cuerpo, y miró a su amante.

"Toothless, yo no…"

"Que quede claro, bestia," Interrumpió Stoick, que ni miró a su hijo cuando lo hizo, con una curiosa voz llena de calma, "que quien manda soy yo, y yo digo que un vikingo tiene que sacrificarlo todo por su familia."

Toothless inclinó su cabeza levemente hacia adelante, y el Jefe de Berk se sintió desnudo ante su potente mirada, nade jamás se había atrevido a ponérsele así de frente. El dragón entrecerró sus ojos y una desdeñosa sonrisa se formó en sus facciones. Y por una fracción de segundo, Stoick supo que el dragón había visto a través de él.

"Sé que no lo dices enserio" Comenzó Toothless, la sonrisa aún pegada a su rostro, "y también sé que eres como yo, y yo jamás dejaría a mi más preciado tesoro en manos de la tan frágil suerte."

Ambos se miraron con intensidad, y cuando era obvio que ninguno de los dos diría otra cosa, Toothless tomó la mano de Hiccup que aun reposaba en su brazo, y lo llevó a la puerta principal, por donde salieron sin decir palabra. Justo antes de que el vikingo desapareciera por la puerta, el hombre vio cómo su hijo giraba lentamente su rostro hacia él y le dedicaba la más tierna y triste sonrisa.

Stoick se derrumbó en su silla.


Astrid caminaba directo a los baños de la isla de Unnir cuando vio a dos familiares figuras salir por la casa temporal de Stoick. La rubia posó sus ojos azules sobre la más pequeña y reconoció a Hiccup de inmediato, así que asumió que la más grande era Toothless, que además tenía esa forma tan característica de caminar, orgullosa y elegante.

La chica gritó el nombre de su novio, que al parecer no la había visto, pero éste no le quitó la mirada a su acompañante, es más, Astrid estaba casi segura de que tampoco la había escuchado. La guerrera contempló la idea de acercarse a ellos, pero recordó la apariencia que tenía en esos momentos y decidió que no era la mejor idea. Estaba sudada y sucia de haber entrenado toda la tarde en el campo de batalla del lugar.

Astrid torció la boca y miró distraídamente el suelo. Se estaba comportando como una de esas niñitas de su isla que tenían como sueño ser la mejor esposa del mundo. Pero… muy en el fondo de su mente, Astrid sabía que estaba aferrándose a las pocas opciones que tenía para, vaya, que ironía… para impresionar a Hiccup.

Sí, la chica sabía muy bien que las cosas con su novio estaban terminando. Era una idea que ya se había planteado varias veces. Ambos no se habían hablado desde la desastrosa cena que había intentado hacer, y la última vez que quiso hablarle ella había huido como una cobarde. Justo como ahora.

Astrid meneó la cabeza un par de veces y frunció el ceño. Ella no huía, y menos de Hiccup. ¿Seguirlo? Sí, era una locura, pero ella había aprendido una cosa o dos de su novio, y si para lograr su objetivo necesitaba tomar medidas drásticas, entonces lo haría.

Con una determinación completamente nueva, la rubia siguió los pasos del pelirrojo con relativa facilidad. Para su suerte, ¿o mala suerte? Toothless parecía más enfocado en guiar a Hiccup por el bosque que en prestarle atención a sus alrededores, y en desventaja del dragón Astrid era bastante liviana y silenciosa.

La guerrera se escondió detrás de un árbol justo cuando la voz de Hiccup rompió el silencio que rodeaba la atmosfera.

"¿Crees que, ya sabes, él esté bien?"

Astrid apoyó su mano contra el tronco y entrecerró los ojos en un intento para escuchar mejor.

"Por supuesto, hasta creo que le hicimos un favor." Respondió Toothless en la distancia. La rubia pasó la lengua por sus labios, preguntándose a quien se referían. Entonces una parte de ella le gritó con fuerza que no era una buena idea estar allí, que se marchara mientras podía, pero su desesperación por saber que rayos ocurría en ese momento era más fuerte.

"Yo sé que él no quería mandarme solo con los dragones. Él solo está… desesperado." Dijo Hiccup, en un tono de voz que parecía pedir perdón por la persona de la que hablaban.

"Ya lo sé. Por eso tuvimos que portarnos así en la cena, ¿No crees? Stoick solo necesita tranquilizarse, y cuando su cabeza se haya enfriado podrás idear un nuevo plan con él, estoy seguro." Toothless habló con tal ternura que Astrid sintió las ganas de salir de su escondite y demandar la razón por la cual le hablaba así a su novio. Pero el nombre de Stoick resonó como campana más fuerte que su enojo. ¿Así que habían tenido una pelea?

"No solo es eso, ¿sabes? Estaba tan concentrado en nosotros que me olvidé de mis responsabilidades, ¿en qué rayos estaba pensando? No porque yo sea feliz, la gente a mi alrededor también lo será."

Astrid se llevó una mano a la boca al escuchar las palabras de frustración de Hiccup. La rubia pensó que su estómago se había subido directo a la garganta, ya que su voz la abandonó por completo. ¿Nosotros? ¿A qué se refería con nosotros?

"No… ¿No lo lamentas? ¿O sí?" Preguntó Toothless con precaución y miedo.

"¿Bromeas? No, Toothless, claro que no. Es solo que tengo obligaciones. No puedo darle la espalda al mundo."

Astrid se apegó lo más que pudo al tronco y se aferró a éste como si su vida dependiera de ello. Estaba confundida, ¿Qué demonios estaba pasando? ¿De que hablaban esos dos?

"Los humanos son criaturas tan extrañas. Nacen con cadenas y mueren con ellas." Pese a la rudeza del comentario, la rubia pudo distinguir la sonrisa que acompañaba a las palabras.

"¿Qué quieres decir con eso?" Replicó el Entrenador de Dragones, y su tono de voz estaba claramente más alegre que el de hace unos segundos.

"¿Por qué están tan apegado a una isla que te dio la espalda por quince años? Como yo lo veo tú no tienes ninguna obligación con ellos. Tú sí puedes darle la espalda al mundo si quisieras. "

Astrid tomó una bocanada de aire, y las palabras del dragón le atravesaron como cuchillos cuando ni siquiera iban dirigidas a ella. Como Hiccup no respondió, la idea de él marchándose sin ni siquiera decir adiós cruzó su mente y su corazón se comprimió cuando se dio cuenta de que el maldito Night Fury tenía razón.

"Darle la espalda al mundo significa olvidar." Dijo suavemente Hiccup. Astrid no pudo resistir más la tentación y se asomó con extrema cautela por el árbol. La imagen que estaba ante sus ojos la congeló en el lugar. Al parecer Hiccup le estaba dando la espalda a Toothless, porque en ese momento el muchacho se estaba dando la vuelta para verlo. El dragón estaba erguido y la tenue luz de la luna iluminaba solo el lugar donde éste estaba parado. Astrid sabía que algo malo iba a suceder, ella lo sabía, sabía que tenía que dar unos pasos hacia atrás y desaparecer. Pero sus piernas se sentían tan pesadas, como si las ramas que cubrían el suelo se hubieran enredado en ellas. La guerrera se aferró al tronco y cerró sus ojos con fuerza.

"Darle la espalda al mundo significa olvidar." Repitió el muchacho lentamente, y luego, con la voz más cargada de amor y necesidad, el chico continuó, "Jamás podría olvidarme de ti, sería el peor de los castigos."

Y apenas las palabras abandonaron los labios de Hiccup, Astrid recuperó la movilidad de sus piernas y, sin ningún otro pensamiento, se echó a correr. No le importaba si esos dos la oían, porque tenía que salir de ahí. No importaba si ella había malinterpretado las cosas, porque tenía moverse.

Astrid corrió y corrió, no miró atrás ni una sola vez. Incluso con las luces de las casas de Unnir acercándose a ella, no paró. Al contrario, aumentó la velocidad. Y mientras sus piernas se movían al compás del viento, Astrid pensó que no importaba cuán lejos se alejara, o cuán lejos quisiera que el momento que acabara de vivir se fuera. Ella no podía olvidar a Hiccup. Simplemente no podía sacarlo de su cabeza.

Para cuando la joven llegó al centro de Unnir, su rostro estaba rojizo de tanto haber corrido y su frente plagada de sudor. La chica miró a su alrededor con movimientos erráticos, las casitas de lugar empezaron a apagar sus luces, y la gente empezó a entrar para buscar refugio. Astrid sabía que su madre estaría buscándola, pero ella no tenía el ánimo como para afrontarla ahora. Sí, su mamá era una buena mujer, pero jamás había logrado entenderla, pedirle consejo no era gran idea.

Así que la joven entrecerró sus ojos y bajó la cabeza. Dejó que sus pies la guiaran a donde éstos quisieran, y al final Astrid terminó en el muelle curiosamente parecido al de Berk, donde el mar chocaba furiosamente contra las olas. La guerrera escuchó el crujir de la madera bajo su peso y sonrió, era un sonido extraño pero bastante agradable.

Pasaron los minutos, y la chica se encontraba sentada en el extremo del lugar. Los enormes barcos descansaban en frente de ella y la luz de la luna iluminaba delicadamente su rostro. Era inevitable pensar en lo que acababa de presenciar.

Después de haber reflexionado por un buen rato, Astrid se dio cuenta de que tal vez había actuado un poco precipitadamente. Sí, a lo mejor éste último pensamiento era una pobre excusa para su corazón, pero tal vez no era así. Después de todo, Hiccup y Toothless siempre habían sido un tanto extraños entre ellos. Ella lo sabía bien, siempre pasaba varias horas con ellos y algunas veces ella se sentía ignorada, seguramente no a propósito, pero aun así pasaba.

Tal vez… tal vez las cosas simplemente habían dejado de funcionar, y su mente solo le estaba jugando los trucos necesarios para que ella hiciera lo que tenía que hacer.

Astrid suspiró y miró la inerte superficie del mar, por un pequeño segundo pensó que si estiraba su mano lo suficiente, alcanzaría el hacha a la que se había aferrado antes de caer a las aguas de su isla, y que se perdió cuando necesitó subir para respirar. Y entonces ella supo lo que tenía que hacer. Astrid tenía que respirar, y dejar que se hundiera lo que le estaba ahogando. Astrid tenía que salir a la superficie y sentir como el aire llenaba sus pulmones.

Y Astrid, lo haría.


La mañana siguiente no tuvo nada de peculiar. Todos se despertaron a la hora indicada, y todos hicieron sus deberes como debía ser.

Hiccup y Toothless se aliviaron bastante cuando al despertar, después de haber regresado de su caminata nocturna, Stoick no se encontraba en ningún lugar de la casa. Ambos estaban tranquilos, sabían que el hombre andaba cumpliendo su deber y no debían preocuparse con él. Hiccup se propuso tener una plática más seria con su padre la próxima vez que lo viera. Ambos tenían que decirse varias cosas.

Y costó mucho trabajo, pero el adolescente logró convencer a Toothless para que se quedara en su cuarto, muy a su pesar ya que tenía que alimentar y cuidar a la traviesa salamandra, mientras él iba con su gente para ayudar con los dragones.

El adolescente no tenía que caminar mucho más para llegar a la villa escondida, cuando una mano lo detuvo.

"Hey, espera."

Hiccup relajó sus hombros ante la familiar voz. Con una mueca que decía: ja-ja, muy gracioso, el vikingo se dio vuelta y se topó con Astrid. "No vuelvas a hacer eso, casi me das un infarto." Replicó el muchacho.

"¡Oye! No es mi culpa que seas tan delicado." Respondió Astrid con un aire bastante relajado. Hiccup pudo ver que la chica bromeaba con él. Por un momento el joven se sintió bastante cómodo con la presencia de la guerrera, pero entonces recordó que ella era un obstáculo entre él y Toothless, y que él era un maldito cobarde que no se atrevía a decirle la verdad.

Astrid notó el silencio de su novio y como su mirada súbitamente se perdía en el horizonte. La rubia negó ligeramente con la cabeza y puso nuevamente su mano en el hombro del joven. "Uh, quería hablar contigo de algo."

El comentario de la chica fue suficiente para sacar a Hiccup de su línea de pensamiento, que parpadeo furiosamente varias veces, y le prestó su atención. "¿Qué ocurre?"

Astrid tragó saliva y sintió como un frio sudor recorría todo su cuerpo. Todavía podía haber marcha atrás para lo que iba a hacer. La joven se mordió los labios y contempló el confuso rostro de su novio. Pero los recuerdos de la noche pasada y su deseo de libertad fueron más poderosos que su miedo. Astrid tomó aire y lo soltó pesadamente. Sus brillantes ojos azules miraron a los árboles que la rodeaban. "¿Sabes? Los últimos meses he estado peleado una batalla que perdí desde que comenzó."

El comentario solo sirvió para que Hiccup, que arqueó una ceja, se sintiera aún más confundido con la súbita aparición de su novia, pero dejó que ella siguiese hablando.

"Hice todo lo que estuve en mi poder para ganar. Cambie de estrategia en muchas cosas y me adapté, literalmente, a los cambios a mi alrededor." Astrid sonrió levemente al recordar todas esas noches en su recámara pensando en que hacer al día siguiente para mejorar su relación con Hiccup. "Pero no importaba cuanto me esforzara, la persona por la que peleaba simplemente ya no era feliz."

Y para Hiccup todo hizo click. Ella se refería a él, obviamente. Se refería a como ambos se habían alejado el uno del otro con extrema facilidad. El adolescente sintió que sus piernas le empezaban a temblar, y que su pecho le empezaba a doler.

"Me di cuenta de que solo me desgastaba a mí misma, y también supe que esa persona no tenía la intención de lastimarme, esa persona simplemente había cambiado y yo también lo había hecho."

Astrid tomó otra bocanada de aire y finalmente miró a Hiccup. La chica se preguntó si le reclamaría lo de Toothless, si le exigiría la verdad. Pero al final decidió no hacerlo, al menos no directamente. Era un tema que seguramente pondría nervioso a Hiccup y que lo haría sentirse culpable. Y por más injusta que la situación pareciera para ella, Astrid aún se preocupaba por el bienestar del chico. La guerrera soltó el hombro del pelirrojo.

"He estado pensando por mucho tiempo que si él y yo ya no somos felices juntos, entonces no tiene caso que lo estemos. "

Hiccup dejó escapar un "ah" de sorpresa y su rostro palideció. "Astrid, ¿Qué estás diciendo?" Fueron las únicas palabras que su cerebro pudo formular. Estaba en shock. Era imposible que todo esto estuviera pasando en menos de cinco minutos. Y era todavía más imposible que la guerrera lo estuviera manejando con tanta fluidez y con tanto cariño en sus palabras. ¿Acaso se había enterado de todo lo que pasaba entre él y Toothless? ¡Era tan absurdo! No podía ser, y si ese era el caso, ¿entonces porque no le estaba gritando y deseando la muerte? La culpa le cayó como mil cubetas de agua fría, una tras otra. Él se merecía eso y más.

Astrid pareció leer los pensamientos del chico, la joven sonrió más que en la ocasión anterior y abrazó a Hiccup, que le regresó el gesto con ingenua incredulidad. "Y he decidido que si esa persona encuentra la felicidad y el amor en otra persona, lo voy a aceptar y lo voy a apoyar. Porque sé que entonces tendré al más grande de los amigos a mi lado."

Astrid cerró los ojos y abrazó con más fuerza a Hiccup. Una sola lágrima cayó por las mejillas de la chica, que no pudo contener el sollozo que salió de su garganta. Se había terminado. Ella lo había terminado y así era como las cosas tenían que ser. Y ella no se arrepentía de nada. Hiccup le había enseñado tantas cosas en el último año, le había traído tantas alegrías. Pero él no era de ella, ni viceversa. Astrid sabía con la certeza de mil mares a quien le pertenecía Hiccup, y lo había aceptado con dolor, pero también con tranquilidad.

Hiccup también cerró sus ojos y respondió al abrazo con conciencia. Dejó que su mano subiera al cabello de la joven y la mantuvo ahí. Olas y olas de gratitud ahogaban su alma. Inevitablemente se preguntó, justo como lo había hecho Toothless, si esto era justo. Sabía que si tuviera que escoger ente ella y su dragón, escogería al Night Fury sin pensarlo dos veces, y eso solo lo hizo sentirse más miserable y patético. Pero seguir engañando a Astrid era algo tan bajo, y algo que ella definitivamente no merecía.

Hiccup resistió las ganas de reclamarle, de decirle que dejara de ser tan noble y que lo mandara al demonio. Que tomara una espada y le atravesara su vació pecho, pero él sabía lo difícil que era para Astrid mantener la calma. Así que se separó lentamente de ella, vio su rostro… el contorno de sus ojos empezaba a adquirir un tono rojizo, y tomó su mano. El joven la miró directamente con toda la suavidad que pudo y vio que ella le regresaba la mirada, la mirada que había cambiado de pasión a dolor, y de dolor a lealtad.

"Gracias, Astrid."


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D:

¡LAMENTO TARDARME TAN FUCKING MUCH! Ah, es que entré a la escuela, y luego me bloqueé y después escribía un párrafo por día…

Como sea, aquí les dejo éste pequeño capitulo. Me inspiré en varias canciones, a ver si logran adivinarlas. Ojojojo.

Bueno, pues ya terminaron Astrid y Hiccup. Quiero aclarar que Astrid no "vio nada" que delatara a Toothless y a su ex. Sí, su plática fue muy sugestiva, pero en realidad ella se dio cuenta de que ambos tenían algo por ahí desde hace unos capítulos, solo que lo que pasó en el bosque le hizo afirmar un poco más sus sospechas. No creo que Astrid se sintiera con ganas de venganza hacia Hiccup, seamos honestas, ella es un personaje bastante noble y creo que en el fondo siempre amó Hiccup como amigos más que como novios. Si su ruptura fue algo súbita, me disculpo, pero tengo que acelerar este fic me cueste lo que me cueste.

Ah, y no sé ustedes, pero a mí me gustó mi metáfora del hacha. Haha, Hiccup es el hacha que la está hundiendo y ella ya no podía más. Lindo, ¿no? XD Pf, lo sé, soy patética.

En cuanto a Stoick, tal vez ahí también fue algo confuso. Él en realidad no quería mandar a Hiccup solo con los dragones, por eso dice en un párrafo que Toothless vio a través de él, pero con tanta presión que el pobre sufre no pensó en lo que decía ni en lo que hacía y la regó… Ya le había pasado antes, se puede repetir. El pasado puede doler, pero puedes aprender de él… Rafiki estaría decepcionado.

OH OHOH, HABLANDO DE RAFIKI: ¿ALGUIEN YA VIO EL REY LEÓN EN 3D? ¡ES LO MAS HERMOSO QUE HAY EN ESTA VIDA!

Bueno, nota de la autora muy larga, ¿no? Lo siento.

Como siempre: muchas gracias por leer y muchas gracias por dejar reviews. Por ahí me llegaron mensajes de gente poniendo esta historia en sus alertas, y eso me halaga muchísimo, pero me encantaría más si me dejaran un comentario. En verdad, es muy difícil escribir un capitulo y no hay cosa más hermosa que te dejen unas palabras de aliento, un simple: "lindo capi, sube pronto" es suficiente para mí y no toma más de 30 segundos.

Bueno, gracias de nuevo y ¡hasta la p-p-p-próxima, amigos!

P.D: Capi más largo de lo normal ;D MI ESTAR ORGULLOSA. Hohoho