No podía creer su mala suerte. Después del nacimiento de su princesa pelirroja, Harry tenía pensado tomarse unas vacaciones para poder estar con su familia, pero el trabajo casi se triplicó, absorbiendo todo su tiempo. Llegaba muy cansado a casa, así que solo pasaba poco tiempo disfrutando de sus hijos y después a dormir para levantarse muy temprano al día siguiente.
Ginny ya había regresado a trabajar, aunque ahora solo se encargaba de cubrir los eventos más importantes en el Quidditch para no dejarle tanto trabajo a Molly.
Una noche, Harry llegó tan cansado que solo se quitó los zapatos, su saco y se fue directo a cargar a Lily, para después acostarla sobre su pecho. James y Albus se unieron a él inmediatamente, contentos de ver a su padre aunque sea por un momento.
-¿Se portaron bien hoy?
-Sí, Albus y yo atrapamos a un gnomo.
-Hola, mi amor - llegó Ginny con el biberón de Lily – ni cuenta me di que llegaste.
-Solo quería acostarme y estar con los niños. Dame el biberón, yo se lo doy a Lily.
-Papá ¿podemos ver caricaturas?
-Claro.
-Aun no se han bañado.
-Déjalos, Ginny, quiero estar con ellos.
Ginny negó con la cabeza, Harry a veces solía ser peor que sus hijos, pero verlo acostado con Lily en brazos y James y Albus cada uno de un lado, se le hacía demasiado tierno.
-¿No me vas a preguntar cómo me fue hoy? – le dijo Ginny acomodando la ropa limpia que tenía en un canasto.
-¿Cómo te fue? – le preguntó Harry más concentrado en darle la leche a Lily.
-Hay nuevos integrantes en los Cannons – Harry asintió sin voltear a verla -¿adivina quién es uno de ellos?
-No sé – le contestó Harry cargando a Lily para darle pequeños golpecitos en la espalda para que eructara, cosa que no le gustó a la pequeña pelirroja empezando a llorar.
-Dean Thomas ¿puedes creerlo? Después de tantos años, por fin es un jugador profesional.
Pero Harry no la escuchaba, estaba más atento en Lily que en lo que le decía Ginny.
-Vamos, nena, un eructo para papi.
En eso, Lily dio un gran eructo haciendo reír a James y a Albus. Ginny, al ver que Harry estaba riéndose con sus hijos, prefirió dejarlos para ella continuar con sus labores domesticas.
Harry había ido a una misión durante dos semanas con Kingsley, así que para Ginny su trabajo se le había incrementado. Los Cannons habían tenido cambio de integrantes debido a que los antiguos jugadores querían un mejor sueldo y más prestaciones, haciendo que la prensa estuviera al acecho para tener toda la información. Entre ellas, Ginny, que no se creía nada de lo que decía el entrenador. Como ella ya conocía a la perfección el mundo del Quidditch profesional, sabía cuando algo andaba mal.
Robert Burke, el jefe de Ginny, la tenia sumamente presionada, quería toda la información y sobre todo que sea verídica, nada de chismes ni suposiciones.
Con Harry lejos y ella con toda la presión de la casa, los niños y el trabajo, estaba volviéndose loca.
Una tarde, al salir de una rueda de prensa con el entrenador y dueño del equipo, sintió una mano en su hombro.
-Estuviste muy dura hoy, Ginny, el entrenador casi te quería matar con la mirada ante tus preguntas.
-Dean, hola ¿Qué haces aquí?
-Vine a buscar al entrenador, pero no quiere hablar con nadie, lo dejaste muy enojado.
-No entiendo porque simplemente no dice la verdad. El problema es él, no los jugadores.
-No cambias, calabacita – le dijo Dean sonriendo.
-¿Calabacita? No me decías así desde…
-Que éramos novios – Ginny asintió sonriendo - ¿Y Harry?
-En una misión, ya sabes, aurores – suspiró Ginny.
-¿Qué pasa?
-Estoy muy cansada, necesito… - se le quedó viendo con los ojos entrecerrados – tu me puedes ayudar, Thomas.
-Thomas. Siempre me decías Thomas cuando querías que yo hiciera algo.
-Necesito que me digas exactamente donde y cuando son los entrenamientos de los Cannons y así…
-Weasley, Weasley, Weasley, cálmate ¿Acaso quieres acorralar al entrenador, atarlo y darle veritaserum para que te diga todo lo que pasó con los ex jugadores?
-No es mala idea.
-Estás loca, calabacita.
-Dean, tú lo viste ahorita, en las ruedas de prensa se hace el loco y no contesta nada. Tengo toda la información que han dado los ex jugadores y quiero que me diga exactamente qué fue lo que paso, y lo necesito ya. Estoy demasiado cansada – Ginny se tocaba la cabeza haciendo pequeños círculos en la sien – y muero de hambre.
-Te invito a comer – Ginny se le quedó viendo – si significa tanto para ti saber los horarios y el lugar donde vamos a entrenar, te los diré, es más que obvio que el entrenador se está escondiendo, porque esa información no debe de ser confidencial.
-Lo sé, maldito cobarde, pero voy a saber toda la verdad y…
-Vamos – dijo Dean sonriendo mientras negaba con la cabeza y la jalaba del brazo.
Durante las dos semanas en que Harry no estaba, Ginny pudo conseguir (gracias a Dean) la información que necesitaba. Todo para que al final, el mismo entrenador renunciara a su cargo, debido a las constantes presiones de la prensa, en especial de Ginny.
Ella estaba tan contenta de haber sido la primera en obtener toda la información, haciendo que el profeta se vendiera como pan caliente ante el escándalo de los Chuddley Cannons.
Ese día, los Cannons hicieron una fiesta para celebrar la renuncia de su entrenador, que en realidad era un bueno para nada, y lo único que hacía era fraude con los sueldos de los jugadores. Ginny había sido la invitada especial del equipo.
Harry regresaba ansioso para ver a sus hijos. Los había extrañado tanto que lo único que quería era abrazarlos por un buen rato. Cuando llegó a casa, le dio un beso en la boca a Ginny y le quito a Lily de los brazos.
-¡Vengan con papá!– James y Albus corrieron para abrazarlo.
-¿Cómo te fue? – le preguntó Ginny.
-Aburrido, juntas y más juntas.
-Papi ¿Qué me trajiste? – le preguntó James.
-Les traje regalos a los tres.
Harry, con su varita, abrió su maleta dejando a la vista juguetes. Los niños corrieron contentos por ellos.
-A Lily le traje un vestido divino que vi en una tienda – le dijo Harry a Ginny, haciendo que el vestido volara hacia ella.
-Esta hermoso, Harry.
Ella se quedó callada viendo como James y Albus abrían los juguetes desesperados, y Harry le hacía cariños a Lily en sus brazos. Harry no le había traído nada a ella, se sintió un poco triste, pero no le dio tanta importancia.
-¿Qué te parece mi nuevo corte de cabello?
Harry volteo a verla y le sonrió.
-Te ves bien.
-Mañana es el cumpleaños de mi jefe, organizó una fiesta. Mamá dijo que se podía quedar con los niños si quieres acompañarme.
-Estoy muy cansado, Ginny, prefiero quedarme con los niños.
-Papi ¿jugamos?
-Claro que si, campeón.
Harry se sentó en la alfombra de la sala junto a sus hijos dejando a Ginny un poco confundida. Entendía que Harry extrañaba a los niños y quería estar con ellos, pero ¿y ella? tal vez en la noche, ya cuando los niños estén dormido, él le dedicaría más atención.
Pero llegó la noche y lo encontró dormido junto a Albus con un cuento sobre su pecho. Prefirió no despertarlo, comprendía que estaba cansado.
A la mañana siguiente, Harry se levantó muy apurado, dándoles un beso a todos de despedida y tomando un pan tostado para comérselo en el camino al ministerio.
Cuando llegó a su oficina, tenía una pila de papeles en su escritorio, trabajo acumulado debido a su viaje. Le dolía la cabeza y se sentía demasiado estresado. Ron llegó un poco adormilado a darle la bienvenida a su jefe y sobre todo, a darle un informe detallado de todo lo acontecido en su ausencia, ya que Ron era el que se quedaba en su lugar cuando él no estaba.
Después de hablar de trabajo, Ron se preparó un café y se relajo en el sillón frente al escritorio de Harry, mientras que él continuaba trabajando.
-Hermione ya regresa al ministerio la próxima semana. Mamá se enojo porque los niños se quedaran con mis suegros, dice que ella puede con tus hijos y los míos – le dio un trago a su café – pero Hermione no quiere darle tanto trabajo.
-¿Cómo esta Hugo? – preguntó Harry sin despegar la vista de sus papeles.
-Enorme – sonrió Ron orgulloso.
-Ginny solamente trabaja medio tiempo, tal vez por eso se enojó tu mamá – dijo Harry dándole la vuelta a la hoja de su informe.
-Pero a veces se le acumula el trabajo, como este tiempo que no estuviste. Por cierto, ya no te pregunté ¿Qué te pareció la nota que publicó Rita Skeeter hoy?
-¿Qué nota? – le dijo Harry aun sin voltear a verlo, seguía con sus papeles.
-Lo de Ginny y Dean Thomas.
Harry por fin volteo a verlo sorprendido.
-¿Qué? ¿Dean Thomas?
-¿Qué no sabías? Dean ahora juega con los Cannons y se hizo un escándalo con el entrenador, al final el tipo renuncio, así que Ginny tuvo mucho trabajo y al parecer – Ron se encogió de hombros – Dean le ayudó.
Harry frunció el ceño, desorientado y mareado, como no entendiendo bien lo que le estaba diciendo su mejor amigo.
-¡Accio profeta!
El periódico voló a manos de Harry. Ron lo veía un poco preocupado, mientras Harry buscaba la nota. Cuando la encontró se quedó paralizado: Ginny y Dean reían juntos en la fiesta de los Cannons.
Harry veía directamente la foto y de pronto recordó, tan claro como si hubiera usado un pensador, aquel día en su sexto año después del entrenamiento con el equipo de Gryffindor, cuando él y Ron llegaban al segundo piso y apartó el tapiz para tomar el atajo a la sala común. Recordó con precisión a Dean y a Ginny besándose apasionadamente, como si los hubieran pegado con cola.
-Son tonterías de Rita Skeeter – le dijo Ron.
Pero Harry tenía la mirada fija en la foto. Ginny reía a carcajadas con una bebida en la mano ¿hacia cuando no la veía reír así? Y Dean a un lado de ella sonreía viéndola como atontado.
Además de recordar lo que había pasado hace años en Hogwarts, empezó a sentir exactamente lo mismo. El monstruo que había permanecido dormido por mucho tiempo, despertó en su estómago y le arañaba las entrañas.
-Ginny no me había dicho nada – dijo casi en un susurro, arrugando un poco el periódico.
-Pensé que sí. Todo te dice.
-Pues esto no ¿Por qué será? – dijo Harry ya sin disimular su enojo.
-No te pongas así, habla con ella.
-Una fiesta – dijo medio leyendo la nota – mientras yo estoy trabajando ella está en una maldita fiesta ¡con su ex novio!
-Ginny ha estado muy presionada, se merecía un descanso.
-Claro, olvidaba que era tu hermana – Ron rodó los ojos.
-Habla con ella para aclarar las cosas.
-Por supuesto que lo haré.
Cuando llegó a su casa, los niños corrieron enseguida para abrazarlo, pero ahora él no se mostró tan entusiasta al verlos, solo les dio un beso a cada uno y subió a buscar a Ginny. La encontró frente al espejo arreglándose para salir.
-Hola, amor ¿Cómo te fue?
-¿A dónde vas? – le preguntó muy serio, haciendo que Ginny lo viera por el reflejo de espejo con el ceño fruncido.
-A la fiesta de mi jefe.
-¿Otra fiesta? – elevó un poco la voz. Ginny volteó a verlo.
-Ayer te dije que hoy tenia la fiesta de mi jefe, te invité pero no quisiste ir.
-Pues cambié de opinión. Veo que te diviertes mucho en las fiestas – le mostró el periódico.
-Esa Rita – resopló Ginny – pero ya la puse en su lugar. Como si yo no te contara todo lo que hago. Imagínate, me preguntó si tú sabías que Dean estaba en el equipo de los Cannons ¿puedes creerlo? – Ginny negó con la cabeza sonriendo – es una tonta.
-No recuerdo que me lo hayas dicho – le dijo aun muy serio, cruzándose de brazos.
-Claro que si, estabas aquí con los niños y te dije que Dean había entrado al equipo.
Harry se quedó callado, recordó como cada vez que él llegaba de la oficina, Ginny le hablaba de sus cosas, pero él no le ponía demasiada atención, a veces porque estaba demasiado cansado y otras porque se enfocaba más en los niños.
-Apúrate, la fiesta empieza en media hora y hay que llevar a los niños a casa de mamá – Harry asintió - ¿Cómo me veo? – Ginny se dio una vuelta haciendo que su vestido y cabello (ahora más corto) volara.
-Te ves bien – le dijo entrando al baño.
Cuando llegaron a la fiesta, Harry no conocía a casi nadie. La mayoría era gente relacionada al Quidditch. Solo saludo a unas cuantas ex compañeras de Ginny del equipo de las Arpías, pero a nadie mas ¿desde hace cuanto no le pone atención a su deporte favorito? Recordaba como él y Ginny veían juntos los partidos y hasta hacían apuestas (la mayoría relacionadas a actividades en la cama). Conocía a cada uno de los integrantes de los equipos y sus entrenadores. Pero el trabajo y después sus hijos, le habían absorbido demasiado tiempo, pero ¿y Ginny? ¿Y su esposa? Vio a un hombre que la saludaba de beso, y la hacía girar sobre ella misma.
-Ginny estas hermosa, ni parece que hace meses tuviste una niña.
Ginny sonreía dando las gracias, así que Harry se acercó a ella para tomarla de la cintura. Ginny le presentó a cada uno de sus compañeros de trabajo, a quienes solo conocía por sus nombres ya que ella le hablaba de ellos. Cuando de repente ve venir a Dean Thomas directo hacia él.
-Harry, que gusto verte – le dice Dean dándole un abrazo. Harry le correspondió el saludo sonriendo de lado. El monstruo bramaba en su interior exigiendo que corrieran a Dean de la fiesta – Hola, Ginny – saludo a Ginny dándole un beso en la mejilla. Harry simplemente se quedo serio y acercó más a Ginny hacia él por la cintura.
-Hola, Dean.
-¿Te cortaste el cabello?
Harry volteó a ver a Ginny, él no había notado eso en ella cuando recién llegó de su viaje.
-Sí, decidí hacerme un cambio.
-Te ves genial, hermosa, como siempre.
-Gracias, Dean.
-Les recomiendo los aperitivos de camarón, están riquísimos.
-Claro, los pedí especialmente para mi mejor reportera – llegó Robert, el jefe de Ginny, saludando a Dean, a Harry y dándole un beso a Ginny – sé que te encantan los mariscos.
-Gracias, Robert, que detallista.
-Te ves hermosa. Harry, te sacaste la lotería con tu esposa.
-Lo sé – dijo Harry asintiendo, pero al mismo tiempo sintiéndose culpable.
Durante toda la fiesta vio como Ginny se desenvolvía a la perfección en ese ambiente. Ella era divertida, lista, fuerte y atractiva. Eso fue lo que hizo que se enamorara de ella, pero por el trabajo y por preocuparse más por ser un buen padre, los últimos meses dejó a un lado el ser un buen esposo. Ginny jamás le reclamó nada, ella siempre estaba ahí para él, tal y como lo hizo durante sus años en Hogwarts.
-¿Estas cansado? – le preguntó Ginny sentándose a un lado de él y recargando su cabeza en el hombro de Harry.
-No.
-¿Qué te pasa?
Harry suspiró, no quería admitirlo pero tenía que hacerlo.
-Estaba celoso.
Ginny se levantó frunciendo el ceño para verlo de frente.
-¿Celoso? ¿No me digas que aun haces caso de las tonterías de Skeeter?
-Verte reír con Dean – Harry negó con la cabeza imaginándose la escena – despertó al monstruo que hay dentro de mí, aquel que me arañaba cuando te vi por primera vez con él, besándose.
-Harry, eso fue hace tanto tiempo.
-Lo sé. Sé que no tengo porque desconfiar de ti, pero… quería matar a Dean, y solo porque hace muchos años fue tu novio y porque ahora te hacía reír como yo hace tiempo no lo hago.
-Has tenido mucho trabajo y los niños…
-¿Y tú?
-Yo te amo.
-Yo también te amo, pero me siento tan culpable de no haberte puesto atención. Dean se dio cuenta que te habías cortado el cabello y yo no; otros te dicen que te ves hermosa y yo no; tu jefe es detallista contigo y yo… - resopló – ni siquiera te traje un regalo de mi viaje.
-No te preocupes. Te conozco tan bien y sé todo lo que hay en tu corazón y en tu mente. Lo sé – le sonrió.
-Supongo que hice algo bueno en mi vida para tenerte – le acarició la cara.
-Salvaste al mundo mágico y aun lo sigues haciendo. La verdad no me sorprende, no estarías contento si supieras que hay gente en peligro. Quizá es por eso que te amo tanto.
Harry se acercó a ella para besarla, la vio a los ojos y después se acercó a su oído.
-Por favor, ahora que Dean está en el Quiddicth, mantén el monstruo en mi interior tranquilo, él lo hace enloquecer – le dijo en un susurro como diciéndole un secreto.
-De acuerdo – le dijo Ginny también en un susurro, riéndose.
-Te ves hermosa con tu nuevo corte de cabello y con ese vestido – continuo Harry hablándole en el oído. A Ginny le brillaron los ojos -Te debo un regalo.
-Cierto ¿Qué será? ¿Un nuevo vestido como Lily?
-No, señora Potter – Harry sonrió – al contrario… nada de ropa.
