Capítulo 25: Navidad

Lexa se pasó las manos por el pelo de nuevo mientras se miraba en el espejo del baño. Estaba nerviosa, no iba a mentir. Esa iba a ser la primera navidad en familia, la primera navidad real que nunca había vivido. Si bien era cierto que había pasado siempre la navidad con Anya, Costia y Lincoln, ellos nunca habían hecho todo lo que se supone que se tenía que hacer en una fecha como aquella. Simplemente se reunían, se divertían y al final de la noche se intercambiaban pequeños detalles como muestra de lo importantes que eran para cada uno.

Aquello era totalmente diferente. Habían decidido celebrar la cena en casa de Clarke, sintiéndose más cómoda en un lugar conocido que en el restaurante que habría elegido la Sra. Griffin y a pesar de ser solo ellas cinco, la presencia de la madre de Clarke seguía poniéndola nerviosa.

Sabía que a pesar de todo sería la noche perfecta, no solo iba a pasarla con su mejor amiga y prácticamente hermana, que estaba totalmente feliz con su relación con Raven, sino que la pasaría con Clarke, que su simple presencia hacía cualquier acto insignificante fuese especial.

Echaría de menos a Lincoln, pero había sido invitado a pasar la navidad con la familia de Octavia y no podía rechazar esa invitación, aunque por lo menos pasarían la Nochevieja juntos. Ya habían organizado una fiesta con todos los amigos para celebrar el final del año actual y la entrada del próximo año. Un año en el que su vida había dado un giro de 180º, un año que iba a ser simplemente centrarse en su trabajo y en sus estudios y al final había derivado en conocer a la mujer más maravillosa que podría imaginar y no solo eso, sino que además tenían una relación y vivían juntas. Parecía la vida perfecta que nunca se había imaginado vivir, algo que creía no merecer y algo que no se esperaba nunca disfrutar. Pero ahí estaba, materializándose frente a ella dándose cuenta que era lo que siempre había querido, nada más que aquello.

De repente sintió unos brazos rodeando su cintura y unos labios que se posaban en su nuca con dulzura y no pudo evitar que una enorme sonrisa apareciese en su rostro de manera automática.

- ¿Nerviosa? -murmuró Clarke en su oído mirándola a través del espejo.

- Un poco -confesó Lexa mientras se giraba para mirar a la otra directamente a los ojos.

Clarke sonrió con dulzura sin soltarla y cuando Lexa se había girado por completo no dudó en besarla con suavidad.

- Será una cena tranquila, te lo prometo -dijo Clarke separándose levemente para mirarla de nuevo- La prueba de fuego ya la pasaste el otro día con mi madre -se rio ligeramente.

- Nunca he tenido una navidad de verdad -murmuró Lexa avergonzada.

- Lo sé -dijo Clarke apretando su cintura levemente y se quedó unos segundos en silencio antes de continuar- Te hubieran encantado las navidades con mi padre… -dijo en apenas un susurro sintiendo como la emoción comenzaba a llenar su pecho al recordarlo.

- ¿Y eso por qué? -indagó Lexa con cuidado.

- Era muy divertido -comenzó a contar Clarke- Teníamos esta extraña tradición en la que la noche de navidad cenábamos tortitas con trocitos de chocolate y a la mañana siguiente siempre venía a mi habitación al alba para despertarme emocionado por los regalos, como si fuera un niño igual que yo. Se sentaba durante horas mientras jugábamos con lo que me hubiese traído Papa Noel.

- Me hubiese encantado conocerlo -dijo Lexa sin dudarlo con una sonrisa nostálgica en su rostro- Suena como un gran hombre.

- Lo era… -susurró Clarke mientras sus ojos se llenaban de lágrimas.

Lexa automáticamente la arropó entre sus brazos dejando que llorase contra su pecho hasta que se desahogase. Cuando los sollozos parecieron disminuir y se separó para mirarla, Lexa aprovechó ese momento para limpiarle con el pulgar las lágrimas que aun invadían sus mejillas mientras la miraba a los ojos intentando transmitirle tranquilidad.

- Lo siento -murmuró la rubia ligeramente avergonzada por haberse puesto así.

- No tienes que disculparte. Es normal que lo eches de menos -le dijo de manera tranquilizadora.

- Es que todo es tan diferente sin él -soltó un gran suspiro- Mi madre y yo no somos capaces de estar juntas en casa porque todo nos recuerda a él, por eso siempre quedamos en algún restaurante. Con él podía hablar de todo y sabía que no me iba a juzgar, solo me escucharía y me apoyaría. Siempre lo hacía -se volvió a abrazar a Lexa apoyando su cabeza en el pecho de la otra.

- Entonces ya sé a quién saliste -dijo en tono de broma Lexa mientras le acariciaba la cabeza con suavidad.

- Me gustaría pensar que si… -susurró Clarke- Que me parezco a él.

- No puedo opinar sobre eso, no lo conocía -reconoció Lexa- Pero lo que sí puedo decir es que eres una persona maravillosa, atenta, amable, cariñosa… -se quedó callada un segundo antes de continuar- Tú nunca me juzgaste y eso fue muy importante para mí, lo más importante de hecho -confesó.

Clarke alzó la cabeza y sin decir nada besó a Lexa deleitándose con esos labios que la volvían loca al igual que la dueña de los mismos. Movió los labios contra los de la otra lentamente, atreviéndose a rozar con su lengua sus labios y sintiendo como Lexa avanzaba un poco más haciendo que sus lenguas se rozasen en un baile sensual.

Después de unos segundos se separaron con la respiración ligeramente agitada y una pequeña sonrisa en sus rostros.

- Gracias -susurró Clarke.

- Gracias a ti -respondió simplemente Lexa.

La sonrisa de Clarke se amplió y se separó de ella completamente, dejando a la morena ya echando de menos ese calor que era el cuerpo de la otra, contra el de ella.

- Tengo una sorpresa para ti -dijo Clarke caminando hacia la habitación.

Lexa alzó una ceja sorprendida y la siguió.

- ¿Una sorpresa? -preguntó Lexa.

- Si, es uno de tus regalos de navidad -abrió su armario y se puso a hurgar en el fondo del mismo- Es un poco… intimo, así que decidí dártelo en privado -sacó una caja del armario y se la tendió a Lexa con una sonrisa divertida en su rostro.

Lexa cogió aquel paquete mirándolo aun confundida y luego dirigió su mirada hacia Clarke.

- ¿Tengo que tener miedo? -murmuró.

- No -dijo Clarke riéndose- Eso creo al menos.

Lexa la miró aun con la ceja levantada, no muy convencida pero aun así abrió el paquete lentamente y cuando se dio cuenta de lo que era, una traviesa sonrisa comenzó a formarse en su rostro.

- ¿Es lo que creo que es? -preguntó divertida.

- Si crees que es una bala vibradora con control remoto entonces sí, es lo que crees -respondió Clarke riéndose ligeramente.

Lexa gruñó y de improvisto pegó a Clarke contra el armario, besándola con pasión sin poder contenerse. Clarke gimió contra sus labios, sorprendida, pero enseguida se dejó llevar correspondiendo de la misma manera.

Lexa dejó sus labios para bajar hasta su cuello dándole pequeños mordiscos antes de susurrar en su oído.

- Póntelo -dijo con voz autoritaria.

Clarke ya sentía como sus piernas temblaban y sus ojos se abrieron de par en par al escuchar aquello.

- ¿Qué? -preguntó con la respiración agitada.

- Quiero que te lo pongas para esta noche -dijo con un gruñido mordiendo su cuello un poco más fuerte.

Clarke gimió con fuerza sintiendo como se comenzaba a mojar solo con esa simple orden y el tratamiento que estaba recibiendo en su cuello.

- Pero… -comenzó a protestar, pero fue rápidamente cortada por Lexa.

- No rechistes -gruñó- Esto es lo que querías, que te tuviese toda la noche delante de todo el mundo. con esto dentro de ti manejando la vibración a mi antojo sin dejar que te corras. Si no lo quisieras, no me lo hubieras dado antes de la cena, ¿no, puta? -le dijo con voz ronca en su oído para después mordisquear su oreja.

- Dios… -gimió Clarke- Si, mi Comandante.

Lexa siguió mordisqueando su cuello y lamiéndoselo mientras la mano que no sujetaba la caja se deslizó debajo del vestido que se había puesto Clarke para la cena y desviando un poco su ropa interior, pasó los dedos por su intimidad notando su humedad.

- Tal como me gusta -gruñó Lexa- Totalmente mojada para mi…

Acarició su clítoris suavemente haciendo gemir aún más a Clarke a la vez que se retorcía de placer.

Clarke quería que la follara allí mismo, no estaba segura de poder aguantar toda la noche con aquella estimulación en su interior sin correrse y poder hacerlo antes de ponérselo ayudaría tremendamente con ello.

Pero su suerte no estaba en ese momento por la labor, porque justo en ese momento, con los dedos de Lexa deleitándose con su clítoris, el timbre de la puerta les interrumpió.

Lexa se separó con una traviesa sonrisa en su rostro y le entregó la caja.

- Póntelo -volvió a ordenar y sin esperar respuesta salió de la habitación para abrir la puerta.

Clarke se quedó apoyada contra el armario aun con las piernas temblando y después de un largo suspiro se dijo a si misma:

- Me va a matar un día de estos esta mujer -murmuró para después obedecer lo que le había dicho Lexa.

Lexa caminó hasta la puerta con una sonrisa en su rostro, aquella noche iba ser más interesante de lo que pensaba en un principio. Le encantaba que cualquier momento con Clarke se volviese especial en un segundo.

Cuando abrió la puerta se encontró con la señora Griffin que la miraba con expresión neutra. No sabía que esperar de aquella mujer, parecía encantadora pero después soltaba pequeñas puyas que podían destrozar a cualquiera mientras ella fingía que no pasaba nada. Ese tipo de comportamiento prepotente no le gustaba en absoluto y aunque esperaba que con el paso del tiempo eso cambiase, tampoco es que tuviese muchas esperanzas dado como seguía tratando a Clarke a pesar de todo.

- Ayúdame con esto cariño -fue lo que dijo la madre de Clarke a modo de saludo mientras señalaba el montón de paquetes detrás de ella.

- Por supuesto Sra. Griffin -dijo Lexa de manera obediente cogiendo los paquetes y comenzando a meterlos en el interior mientras que Abby se internaba en el apartamento sin esperar invitación.

Abby caminó alrededor del salón observando la decoración navideña, el árbol con los regalos ya debajo y la mesa puesta para la cena. Pasó un dedo por uno de los muebles como evaluando su limpieza y después de una pequeña mueca se limpió la mano. Todo esto mientras Lexa cargaba con los paquetes mientras la miraba esperando alguna indicación sobre como colocarlos.

- ¿Dónde quiere que los ponga? -preguntó después de unos minutos sin que aquella mujer le prestase atención.

- Colócalos bajo el árbol cariño -dijo con una leve sonrisa en su rostro.

Lexa obedeció y justo en ese momento apareció Clarke ya totalmente preparada. Se acercó a su madre y le dio un beso en la mejilla.

- Me alegro que hayas venido, mamá -le dijo sonriendo.

- Yo también cariño -respondió Abby- Aunque no entiendo porque tenemos que cenar aquí. Había elegido un magnifico restaurante en el que nos tratarían como reinas.

- Hemos decidido entre todas que este año preferíamos algo más hogareño -le respondió sin perder la sonrisa- Lexa se ha pasado todo el día cocinando para la cena -comentó mirando de reojo a la morena que se removía inquieta al lado del árbol sin saber que hacer a continuación.

- ¿En serio? -preguntó Abby impresionada.

- No es nada Sra. Griffin, me gusta cocinar -dijo Lexa sonriendo ligeramente avergonzada.

- Entonces veremos que tal cocinas -dijo Abby alzando una ceja levemente.

Lexa tragó saliva. Aquello iba a ser otro de sus exámenes, estaba segura. La noche de la cena con Abby y Clarke la había evaluado respecto a su personalidad, ahora les tocaba a sus dotes culinarias. No sabía por qué, pero intuía que se iba a pasar toda su vida siendo evaluada por aquella mujer y los pelos se le ponían de punta solo de imaginarlo.

Sacudió la cabeza ligeramente y caminó hasta colocarse al lado de Clarke, poniendo una de sus manos en la cintura de la otra.

- Espero que le guste -dijo Lexa con sinceridad.

Abby la miró detenidamente durante un momento y después desvió la mirada buscando a su alrededor.

- Me vendría bien una copa de vino -murmuró.

- Por supuesto mamá -dijo Clarke rápidamente- Ahora mismo te sirvo la copa, Raven y Anya no tardaran en llegar.

- ¿Dónde están? -preguntó con interés Abby.

- Anya tenía que trabajar y Raven ha ido a buscarla -respondió Lexa mientras Clarke se perdía en la cocina para buscar el vino.

- ¿Trabaja en navidad? -dijo Abby confundida.

- Bueno… -Lexa se removió inquieta- En el club hoy hay mucha gente y Anya se ofreció a trabajar esta tarde.

Abby frunció los labios a modo de desaprobación, pero no dijo nada al respecto. Segundos después Clarke apareció a su lado de nuevo, tendiéndole la copa de vino a Abby, que en cuanto la tuvo en sus manos, bebió un sorbo.

- Vamos a ir colocando las cosas -le informó Clarke a su madre- Siéntete como en tu casa.

- Es mi casa -refutó Abby automáticamente.

Clarke giró los ojos, pero no respondió, en cambio cogió la mano de Lexa tirando de ella en dirección a la cocina.

- Cada vez que tu madre me mira parece que me odia -dijo Lexa en cuanto entraron en la cocina y no podían ser escuchadas.

- Ahora ya sabes cómo me siento cada vez que me mira -bromeó Clarke.

Lexa la cogió de la cintura pegándola a su cuerpo y la besó con suavidad.

- ¿Has hecho lo que te ordené? -dijo con voz ronca mientras la miraba a los ojos.

-Sí, mi Comandante -respondió Clarke con una traviesa sonrisa entregándole el mando del juguete.

- Perfecto… -susurró Lexa.

La morena miró el mano y tocó el botón que ponía en marcha la vibración. Justo en ese momento Clarke gimió suavemente mientras se apoyaba en su hombro.

- ¿Te gusta? -preguntó Lexa divertida.

- Es… -Clarke intentaba concentrarse mientras sentía como aquella bala estimulaba sus paredes con la vibración- Placentero.

Lexa gruñó volviendo a besarla mientras subía poco a poco la vibración.

Clarke correspondió al beso, pero llegado un momento la vibración era tan fuerte que ni siquiera era capaz de moverse, solo tenía la boca ligeramente abierta mientras pequeños gemidos se escapaban de sus labios y los ojos se le entrecerraban de placer.

En ese momento Lexa, que la estaba mirando con interés, bajó de nuevo la vibración al nivel mínimo provocando que Clarke suspirase levemente y recuperase el control de su cuerpo.

- Creo que me voy a divertir mucho con este juguete -comentó Lexa aun con la traviesa sonrisa en su rostro.

- No seas malvada -le recriminó Clarke.

- Te encanta que lo sea… -se acercó y lamió los labios de Clarke sin llegar a besarla a la vez que subía de nuevo la vibración.

Clarke se estremeció y sintió como sus piernas comenzaban a temblar.

- Lexa… -dijo con un pequeño gemido.

La morena simplemente volvió a bajarlo al mínimo.

Escucharon de repente la puerta del apartamento abrirse con la llegada de Anya y Raven dándose cuenta que el momento de jugar había acabado, o por lo menos de esa manera, porque Lexa pensaba jugar durante toda la noche.

Antes de coger la comida para ponerla en la mesa, le susurró a Clarke al oído:

- Recuerda, prohibido correrte.

Clarke se quejó con fuerza sintiendo como su ropa interior ya estaba empapada, pero aun así asintió de manera obediente.

- Así me gusta -murmuró Lexa para después darle un pequeño azote que la hizo saltar, antes de regresar al salón.

Fue una cena tensa y divertida a partes iguales. La parte tensa provenía principalmente de Abby, mientras que la divertida, evidentemente, procedía de las reacciones de Clarke ante los juegos de Lexa.

Se había pasado la noche alternando diferentes velocidades. En el momento menos oportuno, generalmente cuando Clarke hablaba con su madre, Lexa tomaba la decisión de subir poco a poco la velocidad hasta que Clarke comenzaba a trabarse con las palabras dificultándole hablar, mientras se aferraba al mantel de la mesa y el sudor recorría su frente. Pero justo cuando parecía que la rubia no podía más e iba a correrse allí mismo, Lexa bajaba de nuevo la velocidad, dejándola en una graduación aceptable, pero no por mucho tiempo.

El muslo de Clarke comenzaba a sentirse húmedo por la excitación, incluso el asiento se estaba humedeciendo ya que su ropa interior ya había quedado completamente empapada y no podía retener ningún liquido más.

Clarke estaba desesperada, ya no era el hecho de hacer eso frente a la gente que la excitaba tremendamente, sino que aquella estimulación la estaba volviendo loca. Había estado a punto de correrse en innumerables ocasiones ya y comenzaba a sentir como su cuerpo bañado en sudor no podía soportarlo mucho más.

- Clarke, ¿Te encuentras bien? -dijo Abby preocupada casi al final de la cena al ver como su hija estaba totalmente roja y bañada en sudor.

- Si -dijo Clarke rápidamente sintiendo como la vibración aumentaba ligeramente- Creo que el vino comienza a afectarme -mintió, aunque al parecer su madre no se dio cuenta porque enseguida regresó a la conversación que mantenía con Raven.

La vibración se mantuvo en un nivel alto sin reducirse y Clarke llevó su mano al muslo de Lexa, apretándolo con fuerza y mirándola de manera suplicante. Lexa alzó una ceja divertida sin reducir la velocidad, retándola.

- Por favor… -dijo Clarke en un susurro que solo pudo escuchar Lexa.

Lexa negó con la cabeza bajando un poco la velocidad, negándole de esa manera el orgasmo, otra vez.

Poco después de aquello, sin que nadie lo esperase, el timbre de la casa sonó con fuerza y todo el mundo se quedó callado, mirándose confundido.

- ¿Esperáis a alguien? -preguntó Abby rompiendo el silencio.

- No -dijo Raven confundida.

- Clarke, ve a ver quién es -dijo de repente Lexa como si nada.

Todas la miraron confundidas mientras que Clarke la miró con pánico. No estaba segura de que en esos momentos sus piernas aguantasen su peso, pero la expresión de Lexa no dejaba lugar a dudas, quería que se levantase, quería verla caminar en ese estado de excitación y sabía que no tenía opciones para negarse.

Sin decir nada se levantó lentamente y caminó, como pudo, hasta la puerta mientras sentía como la humedad se deslizaba por su muslo hasta llegar a sus zapatos y esperaba que nadie más se diese cuenta.

Cuando abrió la puerta se encontró con una señora de unos 50 años que la miraba de manera tímida.

- ¿Desea algo? -consiguió formular Clarke, confundida.

- Quería saber… -comenzó a balbucear la mujer mientras se frotaba las manos claramente nerviosa- ¿Vive aquí Lexa Woods?

Clarke frunció el ceño evaluándola.

- ¿Quién lo pregunta? -indagó desconfiada.

Antes de que la señora pudiese responder, Clarke sintió una mano en su cintura y la presencia de Lexa a su lado.

- ¿Quién es? -preguntó Lexa mirando aquella mujer mientras fruncía el ceño.

- Soy la madre de Lexa, ¿vive aquí? -dijo por fin la mujer.


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