Crónica 22. Sigue peleando, hermano. Un mensaje… ¿Del mas allá?

-Eso es una cita, Shun-replicó Hyoga, mientras se cruzaba de brazos y veía al peliverde caminando de un lado para el otro, arreglando papeles.

-¡No es una cita!-Se quejó Shun.

-De acuerdo: actividad extra curricular ¿Te suena mejor?

-Sólo quiero mostrarle un sitio antes de que nos vayamos-respondió Shun.

-¿Acaso te vas para siempre?

-No…

-Entonces es una cita.

-¡Dije que no es una cita, Hyoga!-exclamó

El rubio sólo enarcó una ceja en respuesta, y mientras contenía la risa burlona se giró hacia el moreno que estaba a unos pasos de ellos, sentado en un sofá. Ambos lo miraron y él arrugó el semblante.

-Lo siento, chico, pero él tiene razón-dijo Gabriel-Eso es una cita.

Los gemelos también estaban ahí, sentados al lado de Gabriel, mientras veían discutir a Hyoga y Shun.

-¡Hasta ellos te pueden decir que es una cita, lo que no entiendo es por qué no lo aceptas!

Esta vez fue el turno de los hermanos de concordar con Hyoga. Una vez que tuvo a todos de su lado se dio la vuelta para seguir hablando con Shun, mientras ellos susurraban entre ellos.

-No me hace ninguna gracia ponerme de parte de alguno de estos dos-dijo Gabriel - equivale a apostar en contra de algún titán o algo así, creo que pierdo de cualquier manera.

-Tienes toda la razón-dijo Alain, mientras Adrian asentía.

-Bueno, asumiendo que sea una… cita…-musitó Shun, aunque la palabra cita casi ni se oyó-ella no tiene por qué saberlo.

Vaya suerte la del Shinigami, ya que mientras ellos discutían ahí, en el comedor…

-¡Es una cita!-exclamó Esmeralda, emocionada.

-Increíble, vamos mejor que lo esperaba-dijo Solange.

-¿Una cita? ¿Con quién?-Preguntó Ariel, de pronto.

-Con Shun-respondió Esmeralda.

-Déjame adivinar-dijo Hannabi, suspirando con fastidio-Te has enamorado de él ¿Verdad? Ya te habías tardado.

-oh, vaya-suspiró Ariel-Parece que me he perdido de mucho. Una cita con el Shinigami… ¿No estás asustada?

-¿Por qué debería estarlo?-preguntó Zoe, inocentemente.

-Eso lo dice ella porque le tiene terror a Shun-dijo Solange-No te preocupes.

-Y creo que soy la única ya. Esmeralda, no pareces temerle más-comentó Ariel.

-Le tengo mucho respeto sí, pero él está cambiando, Ariel y creo que eso tiene algo que ver con Zoe.

-Ya veo-respondió Ariel, pensativa.

-Tenemos que…

En ese momento Shun y el resto entraron al comedor, interrumpiendo la conversación de las chicas. Así pasaron la siguiente hora comiendo y hablando de cualquier otra cosa, menos de la cita de aquellos dos, aunque Shun estaba completamente seguro de que hasta las plantas de Mithrandir lo sabían y no lo ayudarían a esconderse, como quería hacer ahora.

Después, Gabriel le comunicó a Shun que la casa solicitada en aquel estado venezolano no estaría lista hasta dentro de un par de días, por lo que ambos se fueron al distrito dos para dejar todo listo de manera que no colapsara en ausencia del peliverde.

Una vez terminados los asuntos, Shun llevó a Zoe por los caminos del distrito que ella todavía no había visto. Ahora iban en otro auto deportivo, pero la pelinegra estaba más concentrada en las personas la saludaban nada más verla asomada por la ventanilla, disfrutando del aire frio de la antigua Rusia y de todos esos sitios desconocidos.

Mientras tanto, Hyoga, Gabriel y los gemelos estaban de regreso en el Santuario. Sus compañeras se habían quedado en la ciudad imperial por órdenes del rubio, quien lo prefirió así. Aun cuando los Ángeles pelearan siempre con sus parejas, en el enfrentamiento contra el loto habían demostrado poder pelear solos perfectamente.

-¡Santo cielo, cuantas escaleras!-exclamó el español, mientras se sentaba en el piso, tratando de recuperar el aliento.

-Te falta condición física-dijo Adrian, riendo.

-Sólo es perezoso-comentó Alain.

-No me jodas, hombre-gruñó Gabriel.

Los tres estaban frente a la enorme estatua de Athena que estaba rodeada por algunas ruinas. Hyoga permanecía callado, serio, miraba la figura que proyectaba su sombra sobre ellos, mientras cada centímetro de aquel lugar le devolvía en ecos los recuerdos de las batallas que se dieron en ese mismo sitio donde él estaba.

La miró sintiéndose ajeno a ella, al santo que él solía ser. Guardó silencio unos minutos más y luego siguió su camino, flanqueado por dos de los otros tres Ángeles. Corrieron la enorme cortina que ahora estaba desgarrada y pronto se encontraron en el Salón del patriarca.

Hyoga apretó la mandíbula. Demasiados recuerdos…

Adrian y Gabriel recorrían el lugar en silencio, mientras que Alain los esperaba afuera. El moreno sólo podía imaginar las terribles batallas que sus amigos habrían enfrentado, la cantidad de perdidas y su piel se erizó. Luego cruzó la estancia, pasó al lado de una gran silla que miraba hacia la puerta y corrió la cortina que estaba detrás de esta. Hyoga lo vio entrar a la que era la habitación de Athena, protegida siempre por la figura del patriarca. Sólo que esta vez no había nadie que impidiera a algún hombre entrar en esas habitaciones.

El rubio siguió su camino, se detuvo de nuevo frente a la estatua de Athena y encendió su cosmos, sólo un poco, y lo mantuvo así durante al menos una hora. Cerró los ojos y se concentró en percibir algún tipo de energía. En su mente recorría cada espacio del Santuario, buscando cualquier resto de cosmos que se encendiera, que respondiera a su llamado.

Nada.

No había nadie con quien encontrarse, ni nada que rescatar de entre las ruinas.

Hyoga suspiró muy levemente y bajó la vista. No quería reconocerlo, pero estaba realmente decepcionado.

-Sigue buscando…-Escuchó.

Todos sus sentidos se alertaron, su piel se erizó, sus músculos se tensaron y volteó en la dirección que de donde vino esa voz. Alain también.

En ese momento, Gabriel y Adrian lo alcanzaron.

-No encontramos nada que…

Gabriel le indicó al pelinegro, Adrian, que guardara silencio. Rápidamente él notó la energía que alertó al resto de sus compañeros; todos tratando de identificar la presencia que parecía rodearlos.

-¿Sientes eso?-preguntó Hyoga, mirándolo.

-Sí-respondió Gabriel-Es una fuerza…extraña.

A Gabriel volvió a erizársele la piel, la ola de energía fue mucho más fuerte. Imposible de dejar pasar.

-Sigue buscando…-Volvió a escuchar Hyoga, en su mente.

Ahí estaba de nuevo, la voz, la reconocía perfectamente. Miró a Gabriel por un instante, pero éste solo parecía estar buscando la fuente del poder.

-No creo que lo haya escuchado o ya estaría sacando sus armas-pensó Hyoga.

-Estoy viendo algo-dijo Gabriel.

Hyoga frunció el ceño. El moreno cerraba los ojos como si algo muy brillante le dificultara la visión. Gabriel no tenía ningún tipo de habilidad psíquica, por lo que le era difícil controlar la situación.

-No logro entenderlo.

-¿Qué vez exactamente? ¿Ves a alguien?

-No veo a nadie, solo veo…algo.

-¿Qué es?

-…Fuego. Veo fuego.

Hyoga guardó silencio, incapaz siquiera de formular la idea en su mente. El poder de Gabriel está basado en el elemento fuego, así que probablemente era más fácil enviar el mensaje por medio de él que por los gemelos. Aún así, no albergaba ninguna esperanza. No se permitía hacerlo.

Entonces el rubio y los otros lo supieron: Lo que sea que estuviese llamándolos tenían que encontrarlo con urgencia.

Sin ningún tipo de indicación por parte de Hyoga, los cuatro desplegaron sus alas y volaron sobre el Santuario. Todos supieron exactamente a donde ir y aquel lugar no hizo otra cosa que sacudir la natural seguridad del rubio.

Finalmente, después de algunos minutos, llegaron a Gyali; Una isla griega del archipiélago del Dodecaneso. Hyoga cerró los puños con fuerza, mientras la ansiedad se colaba hondo en su corazón.

-Es ahí-dijo Gabriel, pronunciando las palabras que Hyoga guardaba para sí-Está dentro del volcán.

-Dentro del volcán-pensó.

Siguieron caminando, escalaron y se adentraron en el volcán. El calor se hizo insoportable, pero los cuatro sabían que tenían que llegar.

En Mithrandir, Misha se sentía intranquila.

-Hyoga, ¿Qué sucede?

Sin embargo, Hyoga no era capaz de enfocar su atención en nada más que lo que tenía frente a él. Su corazón palpitaba con tanta fuerza que le provocaba mareos, pero nada lo hacía apartar la mirada. Estaba simplemente petrificado, como Adrian y Gabriel.

-No puede ser…

- ¿Qué demonios?-exclamó Gabriel.

-Esto es una locura-balbuceó Adrian.

-No sé qué están viendo ustedes, pero puedo percibir su asombro.

-Está justo ahí, Alain-susurró Adrian-su energía, puedes sentirla.

-Ahí no hay nada, Adrian.

-¡¿Qué dices?

-Hyoga, ahí no hay nada-repitió Alain.

Pero el rubio no escuchaba. La impresión era demasiado fuerte, Alain lo sabía y debía hacerlo reaccionar. Se abrió paso entre los dos, se detuvo justo a su lado y tocó su hombro. Se conectó con su mente y vio lo mismo que sus amigos, por medio de los ojos de Hyoga.

Por un instante estuvo solo, aislado del mundo y la imagen apareció en su mente: Aquella cueva natural, con ríos de lava a su alrededor y al fondo la razón por la que Hyoga, su líder, aquel ser que respetaba y admiraba estaba petrificado del susto:

Era un hombre.

Portaba una armadura, de colores rojos y naranja, con hermosas y enormes alas. Estaba sentado en la roca, con las manos apoyadas en las rodillas y permanecía con los ojos cerrados.

-Este sujeto…es increíblemente fuerte-pensó-No puedo confiar en lo que veo.

-Tenemos que salir de aquí, ahora-exclamó Gabriel, trayendo a Alain de regreso a la realidad.

El gemelo entonces encendió su cosmos.

-Yo soy aquel que reinará sobre tus emociones-rezó, mientras las enormes alas se abrían de par en par.

Utilizó su poder para eliminar el miedo que se anidaba en los corazones de sus compañeros, logrando así que Hyoga reaccionara.

-Esto no es posible…él… ¡él estaba muerto!-exclamó Hyoga, retrocediendo un paso.

Para su sorpresa, dejó de sentir el cosmos de sus tres compañeros y pronto estuvieron solos él y la figura sentada. Éste último le regaló una mínima sonrisa que más bien parecía producto de una mala broma de su mente.

-Tú… ¿Realmente estas…?

-Lo entenderás pronto, Hyoga-escuchó éste en su mente.

Luego, lentamente abrió los ojos y de verdad, sonrió.

-Hasta entonces, te los encargo a ambos. Sigue peleando, hermano.

Luego el lugar se fue iluminando poco a poco y el suelo debajo de ellos rugió.

-¡Terremoto!-exclamó Adrian.

Hyoga se sintió de nuevo separado de sus hermanos a los que, ahora lo sabía, extrañaba con toda su alma.

-¡No!...

Corrió para tratar de alcanzarlo, como hiciera Shun alguna vez, pero Gabriel y Adrian lo detuvieron, obligándolo a retroceder.

-¡Tenemos que irnos, Hyoga, este lugar se está derrumbando!-gritó Gabriel.

Enormes trozos de roca empezaron a caer y los cuatro Ángeles se vieron rodeados rápidamente de lava y fuego.

-¡Maldición! ¿Cómo vamos a escapar?-preguntó Adrian.

-Él se encargará-respondió Alain, suavemente.

El destello de luz fue tan grande que todos se cubrieron los ojos, pero antes vieron perfectamente el enorme ave de fuego que se elevó detrás del hombre sentado y los envolvió entre sus alas justo antes de la explosión.

En Mithrandir, Shun seguía manejando, viajando al sitio que quería visitar con la pelinegra. Cuando un fuerte presentimiento que lo obligó a pegar un frenazo, despertando a Zoe.

-¿Qué sucede?-preguntó ella, alarmada.

El peliverde no respondió. Se llevó la mano hacia el antebrazo donde el tatuaje empezaba a escocerle. Tomó el celular y llamó a Hyoga, pero apareció la contestadora inmediatamente.

-¿Qué es esto tan extraño que siento?

De pronto, una sensación de tranquilidad recorrió su cuerpo. Sin darse cuenta, el Shinigami volvía a protegerlo. Esta vez de un recuerdo mortal.

En Gyali, todo había pasado. Los gemelos y Gabriel permanecían en el piso, incorporándose, adoloridos pero ilesos. Cuando el moreno miró hacia el volcán, quedó tan sorprendido como Adrian: todo estaba perfecta calma, como si nada hubiera pasado.

Sin embargo, había una prueba clara de qué si había sucedido algo.

-Eso es…

Hyoga estaba de rodillas en el suelo, con la cabeza baja, sin moverse. Frente a él había una enorme ave de fuego que se acercaba poco a poco, batiendo sus alas suavemente, mientras disminuía en tamaño. Siguió haciéndose más y más pequeña hasta que Adrian y Gabriel distinguieron una caja de piedra iluminaba desde adentro y donde el ave entraba poco a poco, hasta que la caja se cerró.

Pequeñas llamaradas salieron por entre los bordes, y la caja parecía flotar frente al rubio, esperando, pero el espectáculo ya había pasado. Hyoga seguía sin moverse.

-Hyoga…-susurró Gabriel.

El moreno hizo el intento de levantarse e ir a su lado, pero Alain y Adrian lo detuvieron. El mayor solo negó con la cabeza.

Entonces Hyoga, aún en la misma posición, levantó una mano, tomó la agarradera de cuero que llevaban siempre las cajas de pandora y la jaló suavemente hacia sí. La caja se movió hasta tocar su frente y él, sin importarle quien lo viera, apoyó los brazos sobre la caja, como si esta pudiese devolverle el abrazo y dejó que las lágrimas corrieran libres por sus mejillas.

-Cientos de veces volé sobre esta isla. Pero siempre estuve acompañado por Shun.

Me hiciste venir por tu armadura cuando estuviera solo. Sabes de su dolor ¿Verdad?...Ikki.

El rubio no movía un sólo músculo, pero las lágrimas seguían corriendo. Los gemelos, incluso Gabriel se conectaron con su dolor. Su pérdida.

Hyoga solo siguió llorando, especialmente porque, en medio de la explosión, escuchó otras palabras que traían una promesa. Le dolía profundamente no poder compartirlo, pero debía mantener en secreto para todos, hasta el momento indicado.

Luego, cuando estuvo tranquilo, habló de nuevo.

-Chicos-dijo suavemente, llamando su atención-Shun no debe saber de esto.

-¿A qué te refieres? ¿Por qué?-preguntó Adrián.

El rubio se levantó aun mirando la caja de pandora y los otros tres se le acercaron.

-Esta armadura…es la del fénix. Le pertenece al hermano mayor de Shun. Su muerte es la razón por la que su alma está rota. Él no tiene la fuerza suficiente para enfrentar la memoria de Ikki ahora. Lo matará.

Los tres se tensaron al escucharlo, la tristeza en su voz y el dolor.

-Nadie más que Misha y nosotros sabremos que la armadura estará en Mithrandir ¿Entienden? Estoy es muy importante. La vida de Shun estaría en peligro.

-¡Sí!-respondieron los tres.

-Bien. Ya no hay nada más que hacer aquí. Larguémonos de este lugar.