Tengo que admitir que tardé mucho en actualizar, pero la verdad que no en escribirlo, tuve un momento de extrema inspiración que tuve que dejar todo lo que estaba haciendo antes de que se me olvidara.

Espero que me perdonen y verán que quedó larguito, será algo interesante, háganme llegar sus opiniones. Los exámenes están por acabar y pronto estaré libre (al menos de exámenes)

Meroko-Y-Chan

-¡Suficiente! Dios… déjenme tranquila- Mimi grito dándoles un almohadazo a Yolei y otro a Anika en el rostro.

Las otras dos se quejaron pero siguieron riéndose.

-Te besaste en el hospital con Tai. Y yo que creí que ibas a estar con Davis- se carcajeo la peli morada roja del esfuerzo. Lágrimas se escurrían de sus ojos rubíes.

Anika asintió- Tú misma te delataste, Meems.

Lanzo un resoplido y frunció el ceño- ¿Quieren que lo admita abiertamente?- dijo elevando las manos- Bien. Sí. Lo bese. No significo nada. Un tonto beso cualquiera. Como el que tú te diste con ese tipo Hideki- miró a Yolei- o como el que tú le diste a Willis en la convivencia de la preparatoria.

Yolei rio como poseída restándole importancia al asunto, pero por el contrario, Anika se puso colorada. A ella no le gustaba que los comentarios graciosos fueran hacia ella. Cubrió su rostro con las manos evitando ver la sonrisa triunfante de Mimi.

-Eso no tiene sentido. Willis y yo nos besamos por un juego y fue hace dos años, chicas- admitió avergonzada.

-¡AJA! Pero no negaste que te gusto Reeds y como tú misma lo dices. Yo también lo digo. Fue solo un beso tampoco es como si fuera mi amor platónico y el que me da una razón para vivir. Ni mucho menos un príncipe azul, esos… esos están podridos hasta la médula-

Comento haciendo una mueca de desagrado, recordando momentos en lo que ella creía estar en un cuento de hadas.

-Ya… hablando en serio, Mimi. ¿Sientes algo por Tai? Así, de verdad.

La castaña suspiro resignada. Estaba claro que ninguna de sus amigas la dejarían en paz hasta que ella dijera algo contundente. Su paciencia se agotaba. Las amaba pero a veces eran demasiado irritantes. La oji verde sonreía con complicidad otra vez. Yolei se acomodaba mejor en su lugar sobre la cama de la castaña. Puso los ojos en blanco. Se divertían a costa suya. Tomo asiento en su sillón giratorio frente a su escritorio y decidió ponerse seria. Aunque le supusiera mucho trabajo.

-¿Qué se supone quieren que les diga?- pregunto incomoda.

-Lo que dije. ¿Sientes algo por Tai?

-Sí, Yolei. Siento algo por Taichi. Simpatía. Ya no puedo decir que lo odio. Pero no significa que lo amo.

-¿Segura?

-Sí, Anika. Segurísima. Les digo algo que las consuele- sonrió ante las expresiones curiosas de sus amigas y rió- Si me gustaba…

-ENSE…

-Cuando tenía 10 años. No sé… pensaba que era muy valiente y protector, como un príncipe- esto último lo que dijo haciendo un mohín de nauseas.

-Aw… ternurita. Amor de infancia. Se preocupaba por ti.

-Tonterías. Amor de infancia no correspondido. Además aunque se preocupaba por todos, su atención se centraba en Sora.

-¿QUÉ?

La peli morada chilló sorprendida mientras daba un respingo y lanzaba impresiones al aire. La otra joven abrió mucho los ojos y se abrazó más a la almohada que tenía contra su pecho.

-Lo que oíste, Inoue. Él estaba enamorado de Sora. Se conocen desde los cinco años y no se imaginan cuanto lloro cuando ella fue raptada por Etemon. Incluso arriesgo su propia vida. Por favor, chicas. Si eso no demuestra que la quería más que como una amiga, no sé qué lo hace. Yolei tú estás en las nubes. Antes de que ocurriera todo el drama con los demás, justamente en la navidad del 2002, él mismo la animo a que se le declarara a Matt…

-Estás de broma ¿Eso paso?- dijo incrédula.

-Sí. Sora me lo había contado. Ciertamente ella también lo quería, pero luego Matt entro a su vida y bla, bla, bla...

-eso no me lo contaste- reclamo Anika interesada.

La oji miel se encogió de hombros- Nunca me preguntaste. Total. No es asunto mío y solo lo dije para aclararles que me gusto. ¡Hace mucho!

-No se vale. Siempre tienes buenos argumentos y nunca podemos ganar en una discusión- La peli negra hizo un puchero gracioso y luego su expresión cambio a una picara- Bien. Lo besaste por algo que no sabes explicar, en el hospital. Pero nuestra amiga Yolei aquí presente dijo que se besaron hace un tiempo.

-Ustedes nunca se rinden. ¿Eh? Escúchenme muy bien. No lo voy a repetir- sentencio harta- NO me gusta Tai. NO estoy enamorada de él. NI lo voy a estar. Solo me medio agrada como una amistad distante. NO quiero oír más del tema. Y ti Yolei deja de estar comentando semejantes estupideces con Kari y Sora, o te juro que todo el bendito esfuerzo que hiciste porque me acercara a ella se irá a las alcantarillas de un santiamén. Y tendrás que aguantarte sola, todas la preguntas de mi actitud y no me importara. Las dos son mis amigas y supérenlo, hay un momento en que todo ya se vuelve estúpido, y este es. Davis molesta pero ustedes se pa…

-Diablos… que buena reprimenda le estás dando, Meems. ¿Qué hicieron para molestar al león?

Willis hablo en tono burlón, entrando a la habitación naranja de Mimi. Su cabello que goteaba decía que recién se había dado una ducha.

-Tú novia Anika y Yolei no me dejan en paz- dijo molesta- Cállala con un beso, Willis- contesto la castaña.

La señorita Reeds, nuevamente se puso roja como una manzana y protesto siendo ignorada por Mimi. Yolei volvió a reír con ganas y el rubio vio con desconcierto a Mimi que a grandes zancadas se encerró en el baño de la habitación.

-¿Desde cuándo soy tu novio, Anika?- parpadeo sorprendido.

-Por favor, no digas más- pidió volteando su rostro para evitar los ojos perplejos de su amigo.

Eso era todo. Solo amigos. Nada que ver. Sí, pudieron haberse besado en el pasado, pero fue en la preparatoria y porque les pusieron ese reto en la fogata que habían hecho en su convivencia de generación. Eso le había dado tanta vergüenza, que pasaron varias horas para que le volviera a dirigir la palabra al oji azul. Mientras ella no sabía ni dónde meterse, él siguió charlando con Mimi sobre quién escalaba más rápido la pared de cuerdas. Eso le había ofendido el orgullo. Se imaginó que si en lugar de ella, Willis hubiera besado a una roca. Bueno. Entre ella y la roca, al rubio le hubiera afectado de alguna forma besar a la roca, que a ella.

Sonrió divertido con la situación y vio a Anika. Estaba bien claro el notable cambio en la peli negra estando con Mimi y Yolei. Giro su cabeza y se encontró con cierta peli morada observándolo con suspicacia- ¿Qué te pasa?

-Nada. Es solo que notaste lo mismo que yo. O incluso creo que algo más- respondió con simpleza. Las comisuras de sus labios levantadas por completo en una gran sonrisa.

Al parecer y hasta ahora. Ella era la única que disfrutaba de la situación verdaderamente sin alguna incomodidad.

Kari suspiro profundamente mientras que con el ceño fruncido observaba más de cuatro conjuntos de ropa esparcidos en su cama. Había quedado con Tk para encontrarse en la colina de los lirios, "su lugar", los dos tenían muy claro que debían hablar sobre su situación, porque aunque solo fuera una semana estando separados, para ambos era doloroso no hablarse luego de estar tanto tiempo juntos. Sabía que no debía darle importancia a lo que se pondría, porque no era ninguna cita, era una charla sobre el conflicto que había entre ellos. Solamente.

Camino hacia el espejo de cuerpo entero adherido a la pared junto a su cama y vio su reflejo. Sonrió satisfecha con lo que veía. Su atuendo no la delataría tres horas antes de su encuentro ya estaba debatiéndose sobre qué se iba a poner. No demostraba que iba a una cita, pero no se veía desaliñada. Una leggin rosa con estampado floreado en turquesa y una blusa también turquesa y unas botas cortas en beige. Lucía bien sin exagerar.

Dio unas bocanadas de aire para luego tomar su celular y lo metió en su bolsillo, se dio unas pocas palabras de aliento en su cabeza y abrió la puerta de su cuarto para irse a ver con el rubio de sus sueños y sufrimientos.

Diez minutos después lo encontró, justo donde él se le había declarado y su pecho se contrajo. La intención de hablar con él, se evaporo y quiso devolverse, con suerte no la había notado todavía. Pero se dijo que no fuera cobarde y afrontara sus problemas.

Camino tratando de no hacer ruido y se posiciono delante del oji azul que estaba sentando sobre uno de los columpios de madera. El levanto su mirada y en encontró con los melancólicos ojos de Kari. Sonrió, pero ella solo lo saludo con un vago movimiento de su mano y se sentó en el otro columpio.

-Ya estamos aquí, Tk. Hablemos.

-Sonará grosero, sin embargo ya lo he intentado Kari, y no me quieres escuchar, sé que por más que te diga que cometí un error y estoy pagando mi castigo, no cambiarás la nueva opinión que tiene acerca de mí- dijo fijando su vista en el suelo. Su tono serio era muy destacable considerando que siempre hablaba con simpatía y amabilidad.

Suspiro desganada- Es difícil verte y no recordar la primera vez que me has defraudado… y de la peor manera. Entiéndeme por favor, Takeru. También sufría cuando hiciste ver y pensar que la palabra de Davis no valía nada.

-Lo sé. Ya me disculpe con él. Ayer en la noche cuando le dieron de alta. Fue una conversación dura e incómoda, pero al final todo se arregló. Somos amigos de nuevo y me arrepiento de lo que le dije. Actué como un novio paranoico y celoso, cuando ya ni siquiera era tu novio, Kari. No tenía derecho hacerlo y ver como lo defendías, me hizo estallar en furia.

Se veía arrepentido, y eso la conmovía, pero no podía ceder tan fácil. Los ojos que tanto quería estaban oscurecidos por la amargura, su cabello más revuelto de lo normal, como si antes de que ella llegara, él hubiera estando agarrándose con nerviosismo la cabeza pensando cómo expresarle a ella todo lo que pensaba. Después de todo, Tk siempre había sabido decir lo indicado con respecto a ella y aunque la situación fue tensa, trataba de decir lo correcto.

-Estuve por tanto tiempo enamorado de ti, que cuando supe que te tenía junto a mí, todavía me parecía que era una mentira ruin y que al acabar, volvería a la realidad de que solo eras mi amiga. Ese día en el salón de castigo, tú lo sabes y yo lo admito, sí bese a Utau, y estoy muy consciente de ello. En cuanto se acercó yo debí alejarla, y no lo hice, pero hay momento en los que uno queda en shock y no llega a reaccionar, al menos no a tiempo- admito avergonzado- ese día cuando te escuche decir esas palabras que me aterran, que me alejara de ti y el dolor plasmado en ellas, me dijo el ultimátum de algo peor, y bueno, así fue, ocurrió la pelea con Davis y ahí mismo termine de hacer más grande la distancia entre nosotros. Creo que ya he dejado muy claro que te sigo adorando enteramente, y con Davis fuera del problema, solo me falta recuperarte.

Cada una de las palabras calo hasta lo más profundo de su ser. Todas se escuchan reales y sinceras. Ese era el muchacho del cual ella se enamoró. Kari quiso sonreír antes esas dulces palabras, que parecía que con cada sílaba de ellas, una caricia invisible soplaba sobre sus mejillas, pero se contuvo. Aparto sus ojos del brazalete con un dije de corazón en su muñeca izquierda y los dirigió hacia el rubio a su lado. Aun sentía desconfianza, algo que nunca creo sentir sobre él.

Cuando termino de hablar, creyó que Kari respondería de inmediato, una característica que compartían es que saben que decir en cualquier momento. Siempre había sido así, y de esa forma lograban consolarse mutuamente cuando estaban tristes. No obstante, su querida castaña estaba sumida en un silencio desgarrador que provocada que el miedo en Tk creciera, sobre que la había perdido por completo. Si no fuera porque estaba meditando lo que él dijo y pensando sobre si perdonarlo o no, él hubiera podido quedarse observándola todo el tiempo, detallando cada expresión en su rostro pacifico. Kari volteó haberlo luego de unos minutos en lo que se pasó viendo con un exagerado interés el brazalete que nunca se ha quitado, siempre le gusto bastante.

-Te entiendo…- susurro suavemente- te entiendo y me alegra mucho que hayas hecho las paces con Davis, de verdad. Ustedes son tan diferentes pero aun así, son los mejores amigos que he visto, la impulsividad de él se complementa con tu razonamiento, las acciones que uno hace, el otro las compensa que las suyas propias. Siempre me ha gustado verlos bromear juntos, aun cuando a veces discuten por tonterías. Fue muy duro para mi verlos golpearse, Tk… - tomo otra bocanadas de aire dándose más valor, porque el que había conseguido al llegar, ese ya se estaba agotando demasiado rápido para su gusto- Y peor cuando Davis sufrió el accidente, me hubiera gustado tener a ti, para tranquilizarme. Aun así, ya es muy bueno que estén contentos otra vez.

-Por favor, deja de hablar de Davis, Kari. Quiero hablar de nosotros- dijo con impaciencia muy clara. Ella solo se estaba con rodeos mientras jugaba con un mecho de cabello.

Soltó una risita nerviosa, cuando se ponía a darle vueltas a los asuntos importante no paraba de hablar- Lo siento. Mira Tk. Te soy sincera, yo te sigo queriendo y mucho, pero perdonarte así a lo fácil no creo que sea lo indicado, quiero saber que aunque lo digas, me demuestres que me quieres en verdad y a eso también me refiero a que no coquetees indirectamente con otras chicas. Esa es la peor forma de recuperar a una persona querida.

Sin intención de hacerlo, Tk rio y Kari lo secundo.

-Eso lo tengo claro, no te preocupes- le aseguro sonriéndole dulcemente- si me das una oportunidad, me asegurare de demostrarte de todas las formas posibles que eres lo más valioso para mí, Kari. De eso no lo dudes. Dime que sí, te lo pido.

Esos ojos suplicantes eran demasiado para ella que lo quería tanto, deberían dar reprimendas por mirar de esa forma, que provocada que se sintiera derretir entre los dedos. Miro arriba y abajo, varias veces repitió ese movimiento y por último se centró nuevamente en Tk. Todos cometían errores, en el pasado si se sentía mal, era porque ella aún vivía en el siglo pasado y esperaba que se le declarara, por miedosa a ser ella la que diera el primero paso, dejando eso de lado, como lo dijo hace unos minutos ella misma, el besar a Utau, fue el único fallo que el joven haya cometido con ella. Para todo había una primera vez.

-Me haré la difícil, tendrás que esforzarte- respondió sonriendo con amor.

El rostro de Tk recupero de nuevo su luz habitual y se levantó acercando su rostro al de Kari. El corazón de la castaña golpeteo nervioso por la cercanía, hace tanto tiempo que no lo veía de esa forma. Para su sorpresa y encanto al mismo tiempo, Tk dejo un beso en su mejilla mientras que le acariciaba la otra con su mano.

Si iba a empezar otra vez, quería demostrar que no era un imbécil que se sumergía en los labios rosas desde un principio. Aunque lo quisiera.

-Tendrás que ganarte de nuevo a Tai.

Una preocupación más. Un graciosa pero terriblemente peor.

-¡Maldición!- se quejó Willis sentando en el sofá de la sala del apartamento. Estaba vestido con un jean oscuro, una camisa tipo polo en azul oscuro y un chaleco sin mangas de jeans en color gris. Sus brazos cruzados detrás de su cabeza observando desde su posición la puerta del cuarto de Yolei y el de Mimi intercaladamente.

-¿Cuánto más piensan tardar?- reclamo fastidiado Daniel golpeando insistentemente la puerta de Yolei. Willis y él tenía más de cuarenta minutos esperando a que las chicas acaben de alistarse para la fiesta del amigo de Mimi. Él traía puesto, una chamarra verde sobre una camisa ajustada blanca y jeans grises.

-¿Ya puedo salir, Anika? Estoy lista desde hace treinta minutos- era muy cierto. Hace rato termino de vestirse y maquillarse, pero su exageradamente coqueta amiga peli negra se tomaba muy enserio causar impacto en la fiestas. Lo consideraba estúpido, ella se preparó en su habitación y Anika junto con Yolei en el cuarto de esta última. No entendía por qué ella tenía que esperar. Las que querían impresionar desde el primero momento eran sus amigas, no ella.

-Un minuto más Daniel- contesto Anika a su primo desde la otra habitación. El castaño puso los ojos en blanco mientras el rubio se carcajeo. Ciertamente el también ya se aburrió de esperar a las chicas- Y tú, Mimi. ¡Saldrás cuando te diga!

Desde afuera se escuchó a la castaña maldecir, y esta vez ambos jóvenes rieron con ganas.

-Mujeres- murmuro molesto mientras se encaminaba a sentarse junto a Willis. Esto iba para rato y casi que aseguraba que llegarían a la fiesta, pero más bien a limpiar lo que quedo de la celebración.

Una de las puertas se abrió- ¡Te escuchamos, Daniel!- reclamo Yolei saliendo seguida de Anika. Los chicos se pusieron de pie y observaron de pies a cabeza a las chicas. Tenían que admitir que se veían preciosas, hasta un ciego lo diría.

-Ahora si… miren nada más, esto vale la pena toda la tardanza- se contoneo la oji verde modelando y soltó una risita.

-Nosotras valemos la pena, Anika- concordó la otra joven mientras de acomodaba el cabello, que se había tomado el tiempo de rizar sobre sus hombros.

La joven americana, llevaba un vestido ceñido al cuerpo de manga larga hasta la mitad de la pierna, trae unos bordados dorados que resaltaban entren los diferentes tonos de azul brillante de la tela y nos tacones de aguja negros, y quitándole formalidad al conjunto collares plateados con unas cuentas en color verde agua, su cabello caía como una cascada negros por sus hombros hasta la cintura.

Por su parte Yolei, con un vestido purpura oscuro corto, cruzado solo de un hombro, lo combinaba con unas leggin negras y botas negras hasta debajo de la rodilla. Lo conjuntaba todo con un maquillaje ligero para no hacer más oscuro su conjunto festivo.

Sonrieron satisfechas con las miradas de admiración de sus amigos, sin embargo un inconfundible silencio provoco que Anika frunciera el ceño y caminara hacia la puerta de Mimi con las manos en la cintura. Dio un ligero pero sonoro golpe en la puerta.

-¡Ya puedes salir!- chillo indignada. Ella quería que las tres salieran al mismo tiempo.

-Ya voy su majestad- exclamo Mimi saliendo mientras revisaba algo en su celular que le parecía más importante que desfilar por su sala como si se tratara de una tarima de modelaje. ¡Si hasta había pasado en una camisa grande como camisón y calcetines!

A diferencia de sus amigas, la castaña llevaba puesto algo no tan elaborado, pero aun así su belleza natural rebasaba cualquier intento de querer parecer sexy. Una falda negra cola de pato, uno chaleco de jean en tono celeste y unas tennis de tacón cuña en color negro, acaban su vestuario y la hacían lucir bien, con un maquillaje que solo consistía en delineador sobre sus parpados y un ligero rojo fresa en sus labios.

-No tenían que durar tanto para estar bien, chicas- comento Daniel riendo- Mimi quedo estupenda y no tardo nada, solo en salir y eso fue porque ustedes la obligaron.

Yolei gruño y le dio un pequeño puñetazo- Cállate castaño entrometido, nadie pidió tu opinión.

-Tranquila, Yolei no le hagas caso, solo lo dijo porque sabe bien que por más que se arregle no se le va quitar lo ridículo.

-¿Ridículo, yo?- pregunto fingiendo estar ofendido- Yo no necesito producción yo nací lindo.

Willis bufo queriendo irse ya, si Mimi y Daniel comenzaban su rutina de contra ataques, ninguno iría a la fiesta jamás- Lo que tú digas princeso Daniel. Ahora salgamos de aquí.

Cinco minutos después, ya habían ido por el "convaleciente" Motomiya a su casa y por fin habían emprendido camino a la casa del primo de Takuya, donde este iba a celebrar su cumpleaños esa noche.

-Si este es mi auto ¿Por qué no estoy conduciendo?- repitió indignada Mimi. Daniel era el que iba conduciendo el auto, a su lado en el asiento de copiloto iba Yolei que les gano la carrera para quedarse con el puesto. Y en la parte de atrás iban Willis en la ventana, a su lado Mimi, Anika y en la otra ventana, Davis.

-¿Y por qué Yolei está en mi lugar? Siempre voy de copiloto- se quejó el moreno.

-Créeme, después de ahora nadie quiere que te acerques a un auto de una u otra forma, Davis- contesto Yolei causando que sus amigos rieran.

Todos iban en un escándalo y bromas, la castaña los secunda, pero en realidad no estaba atenta a lo que se decía. Sus ojos estaban fijos en las luces de los edificios fuera del auto. Sintió un empujón en el hombro derecho y volteo a ver a Willis.

-¿Pasa algo?- le dijo curiosa. Era un susurro, aunque no tenía lógica entre tanto ruido, más bien tenían que elevar la voz.

-Eso te lo iba a preguntar. Vamos a una fiesta, Meems, no a un velorio.

Suspiro, no le quedaba de otra, Willis podría ser la persona más burlona del mundo, pero eso no quitaba que fuera muy observador, eso siempre se le hacían complicar las cosas a ella, no había forma de ocultarle las cosas al rubio por mucho tiempo.

-Son las chicas, me tienen desesperada con este maldito asunto y sus cotilleos, antes era graciosos ahora es molesto, Willis. Yo sería la primera en darme cuenta si siento algo por ese tipo, pero estoy segura de que.

-O tal vez, quieres que no sea así. Hace mucho que no sales en serio con alguien, y la idea de que haya una posibilidad de que estés sintiendo algo por él te intimida.

Era el colmo que él la conociera más que ella misma. Daba vergüenza ajena.

-Hablamos luego de eso ¿sí?- pidió casi suplicando. Willis soltó una leve risa y finalmente asintió. No había porque hablar de un tema serio en un momento como este, al menos para Mimi que hablar de algo relacionado con el amor era un castigo.

-Solo espero que se detengan- hablo mirando de reojo a Anika.

-Yo también, a veces pueden ser obstinadas. Yo te defiendo, Meems- otra ola de risas de les escapo y Mimi se levantó un poco para dejar un beso en la mejilla del rubio.

-Eres el mejor, Lawrence.

-Lo sé.

La fiesta estaba a reventar, desde fuera de la gran casa, sobresalían las personas de un lado para otro. Riendo, bailando, bebiendo, comiendo, en fin, hacían todo lo posible y por haber en una celebración. Tenía que admitir que Takuya conocía probablemente hasta a los vagabundos de todo Tokio.

-¡Que empiece la fiesta!- chillaron sus amigas abrazándola por los hombros y empujándola hacia dentro.

-Sin duda, unas cuantas preciosuras quedaran encantadas con mi belleza- se jacto Daniel chocando palmas con Willis.

Unas cuantas chicas desde una esquina junto a grandes sofás gritaron a Yolei agitando sus manos en modo de saludo, la peli morada sonrió y se llevó a Anika a rastras con ella.

-¡Vaya! Y se suponía que venían con nosotros- comento Mimi arqueando las cejas.

Un segundo después sintió unas manos posarse en su cintura y un aliento helado en su cuello. Un escalofrió horroroso se extendió sobre su columna vertebral y soltó un gritito indignado. La fiesta quizás tenía unas dos o tres horas de haber empezado, pero tampoco como para que los tipos ya estuvieran borrachos y acosando a cuanta chica se les cruce. Se dio la vuelta para darle una muy bien merecida bofetada a ese descarado. ¿A dónde demonios se fueron Daniel y Willis? Pero cuando estuvo por estrellar su mano en el rostro del desconocido depravado. Una sonrisa la desconcertó y unos ojos rubíes muy alegres y chispeantes la encontraron a ella perpleja.

-¡Preciosa, llegaste!- festejo Takuya en un grito feliz, levantándola en brazos y dándole un fuerte abrazo que la castaña respondió con una risa animada. Olvidaría por completo todo lo que había estado rondando en su cabeza desde la discusión y burlas de las chicas. Era el cumpleaños de su gran amigo y lo iba a disfrutar. No todos los días tenía a sus mejores amigos reunidos en una fiesta.

-¡Por supuesto que sí, Kambara! Como iba a faltar. Tenía que verte en acción.

- Y mira nada más, te luciste, estás preciosa, pero claro que así es. Solo chicas lindas pasan a mi fiesta. No se lo digas a Zoe, sino me ahorcará.

-Lo tendré en cuenta- contesto divertida- de causalidad, habrás olvidado invitar, ah no sé… ¿Al presidente de Japón? Por dios Takuya apostaría todo lo que tengo a que más de la mitad de las personas aquí ni siquiera saben tú nombre.

-¡Bah, da igual! Nuevos amigos- ahí estaba ese contagioso positivismo- ¿Y qué, que tal mi casa? Fue una gran idea venirme a vivir con mi primo. Quién diría que un abogado gane tanto, estoy reconsiderando mis prioridades. Pero hablaremos de mi bello futuro más tarde. Mis respetados 19 años son el evento del milenio, ahora que recuerdo ¿Cuál es tú cumpleaños?

Había un muy ligero balbuceo en las palabras del cumpleañero que de inmediato lo delataron, el festejado siempre tenía que ser el primero en embriagarse, aunque la diferencia era que Takuya se tomaba en serio su vida, cualquier aspirante a médico valoraba la vida y él no iba a ser la excepción, era de los pocos chicos que ella conocía que les preocupara emborracharse.

-En una semana, estamos en julio Takuya, cumples el 3 y yo el 12.

-¡Qué lindo! Soy como tú hermano mayor preciosa, soy más grande.

-Y más viejo, definitivamente morirás primero- sentenció cruzándose de brazos.

Estudio el lugar por un segundo y se dio cuenta que en verdad fue buena idea no arreglarse tanto, todas las chicas iban con unos tacones que parecían más altas que las ahora inexistentes Torres Gemelas. En cualquier segundo, cuando el alcohol hiciera efecto en sus vacía cabezas teñidas mal oxigenadas caerían al suelo y harían el ridículo más grande que el de por si estaban haciendo ahora mismo con ese maquillaje tan exagerado.

-¿Qué?- dijo el chico mirando a un grupo de chicas con mucho maquillaje y vestidos muy cortos.

-¿Enserio invitaste a esas tierrosas? – pregunto incrédula.

-¿Tierrosas? ¿Y eso qué es?

-Un término como decir zorra. A Zoe no le gustará mucho saber a quienes invitaste. Te hará sufrir, Kambara.

.Oh, vaya. Esas supongo que son amigas de invitados. Tampoco voy a estar en la entrada cuidando quien entra y quién no- poco le importaba que chicas estaban presentes. Zoe era su novio y la cuidaba mucho como un tesoro. Además, su pequeña rubia de ojos esmeraldas confiaba mucho en él, pero tenía un carácter de los demonios, como comparación, siempre usaba el de Mimi, sin embargo el de Zoe era un poquitín más suave.- No viniste a hablar de mi posible muerte, sino a divertirse. ¡QUE SIGA LA FIESTA!- grito abrazando a Mimi por los hombros y los invitados que estaban a su alrededor elevaron su vasos gritando con el anfitrión.

Tai caminaba entre de la multitud de la fiesta de Kambara. Era imposible no pensar que el chico si sabía muy bien cómo organizar una fiesta e invitar a chicas hermosas. Hasta ahora llevaba cinco números de teléfonos, de chicas de la universidad y otras completamente desconocidas pero que le parecieron muy atractivas. Se había separado de Matt quien se había encontrado con el baterista de su antigua banda de la preparatoria y el rubio se quedó hablando animadamente con su amigo y la novia de este. Sora estaba por algún lugar con Kari y sus amigos. Aunque no le gustaba mucho que su hermana estuviera en una fiesta universitaria llena de sujetos embriagados y pervertidos, pero por lo menos lo consolaba saber que la pelirroja estaba con ella y la cuidaba por él. Kari no le permitiría que él estuviera detrás de ella vigilando y tampoco le hizo mucha gracia ver con quién estaba Kari, al parecer se había perdonado con Tk, lo único bueno era que la pequeña se veía contenta y no como antes que deambulaba deprimida. Lo tendría muy vigilado a ese casanova con cara de ingenuo.

Vio que Kambara se quejaba de la presencia de alguien la fiesta, que al parecer esa persona no tenía nada que hacer ahí, ligeros murmullos se expandieron por las cercanías de donde estaba el chico y luego escucho un lamento de esa chica Anika, la estadounidense. Enarco una ceja y fue esta ahí para ver qué ocurría. Alrededor estaban Kambara, Mimi, Daniel, Anika, Willis, Davis y otras personas que no conocía. Y al frente de Tachikawa estaba un rubio curiosamente conocido.

-¿Quién demonios invitó a esa bastardo aquí?- rugió Takuya furioso. A su lado apareció la rubia de ojos verdes que era novia del chico y lo tomo de hombro haciéndolo para atrás.

-Takuya tranquilo, por favor- le rogo la joven con preocupación, pero él no se inmuto.

-Relájate… quien quiera que seas…- contesto con extrañeza el oji celeste. Ni idea de quién era ese tipo que lo enfrentó.

-Tal vez no lo conozcas a él, pero a mí sí. ¿Cómo supiste que estábamos aquí?- reclamo Willis posicionándose junto a Mimi, que hasta ahora se encontraba en un silencio sepulcral.

-Oh, asunto mío, Willis. Vine a ver como quedo Davis luego de ese penoso accidente, debe de tenerle miedo a los autos- el tono altanero y que se burlara de Davis de esa forma no le agradaba de ninguna forma a los involucrados. Un accidente que pusiera en riesgo una vida era un asunto delicado.

-No corres con suerte, Washington. No he muerto y bien seguro estoy que puedo darte una gran paliza. Te dejamos claro ciertos puntos, vete ahora.

-No Davis, calla- Anika estaba deteniendo a su primo y al moreno de cabello puntiagudo, su semblante era preocupado mezclado con enfado y cada pocos segundos le daba un rápida miradita a Mimi que continuaba sin decir palabra.

-Suficiente- declaro la castaña con una frialdad profunda en sus palabras- Davis, Willis esta no es fiesta de ninguno de los dos y por una estúpida pelea no vamos a echar a perder el cumpleaños de Takuya, es mi amigo y esto no se va hacer más grande. ¿Quieres hablar conmigo, Michael?- inquirió seca, el aludido sonrió siniestramente y asintió- Bien. Terminemos con esto- dicho esto dio un paso y lo tomo de la mano ignorando el repiqueteo que sintió al tacto.

Odio de sobre manera la extraña y triunfante mirada que ese Washington le dedico ¿Se estaba burlando de él? quien se creía, burlarse de sus amigos, pero al parecer y dejando de lado la evidente furia de ella, Mimi accedió a hablar de una vez por todas. Le preocupaba un poco que lo pudiera suceder, no obstante no podía intervenir.

Michael desfilo siendo arrastrado por Mimi y capto los fulminantes ojos castaños de Taichi Kamiya, supo de inmediato que ese tipo tenía algo que ver con "la princesa" y le dio un ligero apretón a la mano de ella, cuando Taichi desvió sus ojos a las manos unidas de él y Mimi, y disfruto la rabia que creció en los sus ojos. Sea lo que sea que fuera, ese tipo estaba interesado en ella de alguna forma.

-Dame una. Aunque sea una sola razón para quedarme aquí y escuchar más de las increíblemente estúpidas frases que siempre despilfarras conmigo, Michael.

Mimi camino hasta quedar frente al rubio de ojos color cielo que le sonreía con una mezcla de diversión y falso cariño. Se cruzó de brazos y lo miro fijamente.

-Mimi... Esta vez vengo en paz. Y por lo menos espero poder hablar sin que nadie de nuestros inoportunos amigos nos interrumpa- comento sentando junto a ella en el sofá de cuero negro ubicado en el despacho del primo de Takuya.

-No te creo. Habla ya. Si alguien nos encuentra, eso solo significara una oportunidad para dejar de respirar el mismo oxigeno que tú y largarme de aquí.

Michael sonrió de una forma en la que solo un ángel podría hacer, sus perfectos dientes tan blancos como una perla, su cabello de un rubio suave le caía en risos cortos sobre sus orbes y ese cuerpo esbelto y alto tan conocido para Mimi. Cualquiera chica estaría babeando y suspirando con solo estar cerca de él y solos en una habitación. Cualquiera menos Mimi, que lo observaba con la indiferencia con la que se observa a un insecto adherido a una ventana mugrienta.

-Hay princesa…- suspiro pasando un mechón de cabello castaño miel rebelde tras la oreja de la joven que, no lo aparto pero que puso los ojos en blanco. Ya se tenía calculado a este imbécil- Desearía que volvieras a ser la dulce jovencita de antes…

-Querrás decir la misma ingenua de antes a la que te le burlabas en las narices y que aun así respiraba corazones por ti- lo interrumpió- No gracias. Prefiero ser una bruja carente de corazón que volver a creer en ti- espeto impasible.

-Te pedí que me dejaras hablar contigo y no lo estás haciendo, por favor- dijo el muchacho con semblante serio, por primera vez desde que estuvo a solas con la castaña, ahora su comportamiento era distante e indiferente como el de ella para con él- hablo en serio cuando te digo que me arrepiento de lo que hice y en lo que me convertí. Fui un estúpido al excusarme con Addison, sabiendo lo mucho que la quieres, yo también la quiero, al igual que los demás, me sentí mal cuando murió.

-Primero, si la quieres, desde un principio no la habrías ni mencionado, segundo, te arrepientes de eso, pero hoy llegas y te burlas del accidente de Davis. ¿Cómo pretendes que crea algo que te relacione? ¡Después de reírte en mis narices de mí mejor amigo!

-¿Crees que si hubiera mostrado exagerada preocupación alguien me hubiera creído? Ni siquiera tú me habrías creído- cuestiono con voz neutra.

Mimi se mordió el labio para no decir algo insultante y negó con la cabeza- Supongo que no- admitió.

-Ahora si estamos en la misma página. Mira Mimi, no me merezco ni siquiera que me escuches, ni menos que me perdones. Hice tonterías que no solo te lastimaron a ti, sino también a Leah, se me subieron los humos a la cabeza al ver que tenía a dos preciosas chicas encantadas conmigo y fui un total egoísta al haberles mentido en su propia cara, estando peor aún, las dos en frente de la otra.

-Si sabes que no te voy a perdonar, no sé para qué viniste, solo nos haces pasar un mal momento a todos-murmuro fríamente.

Michael tomo entre sus manos una de Mimi y la apretó con ternura, como lo hizo siempre que hablaban de cualquier tema delicado. Por un mínimo de segundo, la castaña se vio a sí misma y al rubio, de catorce años, él tratando de tranquilizar el enojo de ella, porque ese día fue cuando Sora le había cortado la llamada y Mimi había decidido olvidar todo.

-Porque quiero cerrar este mal capítulo de la vida.

-¿Dices que fui un pésimo momento en tu vida?

-No, fuiste uno especial, hasta que yo mismo lo arruine.

-Estamos perdiendo el tiempo aquí. No entiendo para qué tantos rodeos. Dilo de una vez Michael

En una fracción de segundo Michael se inclinó hacia Mimi. Ella sintió la respiración de él sobre su mentón y la caricia que él le daba a su mejilla. Miro esos ojos que por mucho tiempo significaron todo su mundo y su cuento de hadas perfecto. No logro evitar perderse en ellos, pero esta vez su mirar era tranquilo y no indiferente.

Por otro lado, el oji celeste, sabía que era un cretino por lastimar a dos chicas fabulosas, con sentimientos hermosos, tan grande fue su error, que una de ellas cambio hasta convertirse en una joven con resentimientos, que no confía en nadie y tan calculadora como un criminólogo. La mayoría de los sentimientos oscuros dentro de ella, eran causa suya, su fama de rompecorazones creció desde que en la preparatoria se dieron cuenta de lo que paso entre él, Mimi y cierta chica de Los Ángeles. Sin embargo, perdió la reputación del joven encantador que le gustaba ser, sin darse cuenta era un imbécil como los que siempre había criticado.

Ella también se inclinó, y lo beso tomándolo por completa sorpresa. Con un poco de torpeza le correspondió y la sujeto por el cuello acercándola. Mimi estaba consciente de lo que hacía, pero también porqué lo hacía. Aun sabiendo que cierta persona rondaba en sus pensamientos, a pesar que no lo aceptaba ni abierta ni secretamente y aunque no le debía nada. Los labios de Michael eran suaves y delicados, dolorosamente conocidos para ella. La única diferencia, es que su corazón no latía con la fuerza como antes, ni sentía emoción desesperante. Besar a Michael, era como degustar un caramelo que comías desde niña, que te traía recuerdos gratos de tu infancia, pero que lastimosamente por comerlo tan deprisa te causo tan grande indigestión que por más que te gustaba te dejo una marca que hace que ya no lo quieras probar más.

Al separarse, cielo y miel quedaron fijos por unos instantes, Michael sonrió con pesadez y se levantó en silencio, Mimi seguía mirando al frente con el rostro pálido y sentía su cuerpo en proceso de congelamiento- Quiero darte algo- murmuro buscando algo en el bolsillo de su chaqueta. Saco algo de la abertura, pero Mimi no hizo ademán de querer moverse de su posición de estatua. Tomando la mano que reposaba sobre la pierna de la castaña, Michael deposito algo sobre esta y ella bajo sus ojos, hacia el objeto diminuto que reposaba en su palma. Era un anillo pequeño de oro, que tenía el diseño de una flor de cerezo grabado, muy pequeño para que le quedara a ella.

-¿Qué es…?- trato de articular confusa.

-El anillo de Addison- comento con frialdad.

-¿Por qué lo tienes tú?- reclamo con voz plana.

-Hubo una vez en que discutimos, Addison se dio cuenta, y me lo dio para que te lo regalará. Me dijo que siempre te había gustado mucho y que con eso nos reconciliaríamos. Pero aunque me negué varias veces, era bastante obstinada y lo acepte. Para cuando te lo iba a dar, tú ya te olvidaste del disgusto y yo olvidé dártelo o devolvérselo a Addison. Por años lo tuve sin recordarlo y como ella ya no está. Tú tienes que tenerlo porque no me corresponde.

-No me queda, es muy pequeño.

-Puedes llevarlo como dije en una cadena- aconsejo- Como ya dije no tienes que perdonarme y ya no pertenecemos a la vida del otro, ni hoy ni nunca más, por obvias razones. Solo quería entregarte esto y olvidar todo y empezar desde cero- nuevamente se inclinó y con su mano acerco la cabeza de Mimi y deposito un beso en ella, ante esto la oji miel cerro los ojos con pesar sintiendo la presión de los labios del rubio, una sensación agonizante que le daba mareos. Hecho esto y sin decir palabra se marchó del despacho mientras Mimi lo observaba de reojo con un nudo en la garganta.

Escucho como la puerta se cerraba detrás de ella y volvió a observar la pequeña joya. Él tenía razón, su trato indiferente, era solo una señal, señal de que todo acabo y más aún tenían razón en que no pertenecían a la actual vida del otro, ya no más. Cerró su mano con fuerza clavándose el anillo en la palma y sintiendo un leve picor en ella. Un escalofrió que culmino con sus palabras.

-Me dejaste ir…- susurro viendo al vacío.

Tachan…. Ahí estuvo. A mi parecer terminó bien y ciertamente me gusto escribirlo, estuve entretenida elaborándolo y espero les guste bastante. Lo último fue un momento que me vino de la nada y quedó perfecto llevarlo a cabo en la fiesta. Ojala y haya sigo satisfactorio.

Meroko-Y-Chan