Ni Once Upon A Time, ni sus personajes me pertenecen. Esta historia ha sido escrita con el único fin de entretener a sus fieles lectores, así como para el propio disfrute de su escritora.
BUENO A MIS AMADAS LECTORAS PRIMERO QUE NADA AGRADECERLES POR SU PACIENCIA INFINITA Y PEDIRLES UNA ENORME DISCULPA POR LA DEMORA MAS QUE ETERNA. SIENDO SINCERAS ME ENCONTRABA CON EL CORAZÓN PARTIDO EN PIEZAS Y SOY DE ESAS ESCRITORAS QUE ESCRIBEN DE MANERA MUY SENTIDA, POR LO QUE NO ME VI CAPAZ DE ESCRIBIR UN FINAL FELIZ CUANDO MI MUNDO SE HABÍA DERRUMBADO. ESPERO QUE SEPAN COMPRENDER.
ESTE FINAL QUIERO DEDICÁRSELO A UNA SOLA PERSONA, ANTO, QUIEN YA NO ES MAS MI PAREJA, PERO QUIEN SIEMPRE SERÁ UNA PERSONA ESPECIAL EN MI VIDA Y SIEMPRE OCUPARÁ SU SITIO EN MI CORAZÓN Y SE LO DEDICO A ELLA PORQUE AL IGUAL QUE ESTE CAPÍTULO ES EL CIERRE DE UNA BELLA HISTORIA, TAMBIÉN SERÁ EN SELLO DE UN HERMOSO CAPÍTULO DE MI VIDA, EL QUE VIVÍ A SU LADO. SABES QUE SIEMPRE VOY A QUERERTE Y QUE ESTE FIC FUE EL QUE ME LLEVÓ A CONOCERTE, POR TANTO ESTE FIC SERÁ POR SIEMPRE EL SÍMBOLO DE LO QUE COMPARTIMOS UN DÍA.
AGRADEZCO A TODAS MIS ADORADAS LECTORAS POR SEGUIRME DURANTE EL TRANSCURSO DE ESTA HISTORIA Y A TODAS LES ENVÍO EL MAS SENTIDO DE LOS ABRAZOS, LAS TENGO A CADA UNA EN MI CORAZÓN.
EN ESPECIAL TE AGRADEZCO A TI DANA PORQUE GRACIAS A TUS CRÍTICAS, OBSERVACIONES Y CONSEJOS HE CRECIDO COMO ESCRITORA Y PORQUE TU AMISTAD HA SIDO UNA BENDICIÓN.
BIEN HERMOSURAS NO LAS DEMORO MAS. DISFRUTEN Y NOS VEMOS EN LA SIGUIENTE HISTORIA.
Capítulo 25.
Hola princesa... Sé que es bastante tarde como para que este despierta, pero la verdad no logro conciliar el sueño, estoy demasiado nerviosa y emocionada por todo lo que está por acontecer en las próximas horas... Aun no logro creer que tanta felicidad se haya instaurado en mi vida y que tan solo sea el comienzo.
Como ya sabes hace unos días, después del nacimiento de nuestras pequeñas y todo lo ocurrido en esa madrugada, mi vida tomo un rumbo distinto... Dos días más tarde de esos sucesos, volvimos a casa y aunque lo hayas vivido todo conmigo, deseo relatarte a detalle lo que pasó para guardarlo como uno más de nuestros maravillosos recuerdos. Sabía que una hermosa historia se estaba empezando a escribir para nuestra familia lo que no sabía es que a nuestro regreso me esperarían tantas bellas sorpresas.
Para empezar, Henry, mis tías recién liberadas de su maldición y mis futuros suegros habían preparado una bienvenida para nosotras y nuestras princesas aquí en casa... Nos habían hecho una deliciosa comida y habían colocado un cartel, que asumo hizo tu madre, que decía bienvenidas a casa. Fue una hermosa tarde llena de alegría y buenas conversaciones, música, risas, en fin un gran día. Al llegar la hora de la cena sin embargo empezaron las que se convertirían en las dos semanas más ajetreada de mi vida.
Mientras todos cenábamos muy tranquilos nuestro siempre perspicaz príncipe, Henry, hizo la pregunta del millón:
-Mamis, ¿cuándo van a casarse?-
Y entonces recordamos que no habíamos fijado una fecha, ni habíamos vuelto a hablar de aquello desde que te pedí que fueras mi esposa, cuando íbamos de camino al hospital para dar a luz.
Tu padre pareció recordar aquel momento y sonrió a su nieto, quien gracias a él ya estaba al tanto de nuestro compromiso. Tu madre nos miró interrogante, como preguntándose a que venía la pregunta de Henry pues ella desconocía que yo te había propuesto matrimonio. Mi tía Elsa sonrió también y mi tía Anna pareció explotar en regocijo, hablando de carrerilla de lo romántica que le parecía nuestra unión y de que una boda seria adorable para dos almas gemelas como nosotras. Fue gracioso de hecho, puesto que apenas y nos conocíamos pero mi joven tía es de esas personas que se hacen querer a los cinco minutos de hablarles, aunque me pone los nervios de punta por lo extremadamente habladora que es, debo decir.
Después de poner a tu madre al tanto de nuestro compromiso y de cada detalle de mi tal vez no muy romántica, pero si infinitamente sentida petición de matrimonio, Henry volvió a intervenir, diciéndonos que debíamos darnos prisa si deseábamos casarnos, pues conociendo el historial de villanos de Storybrooke no tendríamos más que unas pocas semanas de paz, antes de que a alguien se le ocurriera lanzar una maldición, tratar de secuestrarme, llevarse el corazón de Henry, abrir un portal del tiempo para que no naciéramos o congelarnos a todos... Debo reconocer que nuestro pequeño (ya no tan pequeño) tenía razón. Y por una vez tu madre estaba de acuerdo conmigo.
Hablamos de fijar una fecha para el casamiento, sin embargo cuando sugeriste que lo hiciéramos en un par de meses, tu madre dijo que sería demasiado tiempo y que cualquier cosa podría pasar. Tu padre trató de razonar con ella, diciéndole que dado nuestro estatus como princesa y reina, el pueblo entero querría ser partícipe de la boda, y que para organizar un evento de ese nivel, necesitaríamos al menos el doble de ese tiempo si no era más.
Dado que no habíamos hablado del tipo de boda que deseábamos, tú trataste de hacer que tu madre entendiera que a lo mejor preferíamos una ceremonia privada con tan solo los más cercanos a nosotros, a lo que tanto ella como nuestro hijo fruncieron el ceño... Henry nos hecho la bronca primero, diciéndonos que como pareja real y heroínas del pueblo debíamos hacer de nuestra boda todo un evento, puesto que todos los habitantes desearían asistir y celebrar la unión de sus líderes, cosa que mi adorada suegrita y mi tía Anna secundaron.
He de confesar que viéndolo desde ese punto de vista, la idea me entusiasmaba. Dar a conocer con todas las de ley a mi amor verdadero, como una líder y una heroína, nunca más como la Reina Malvada. Por tanto tome tu mano y me uní a la moción de nuestro hijo, pero no sin antes consultar si tú también lo deseabas. Tus palabras me llenaron de alegría el corazón.
-A mí me parece perfecto, siempre y cuando tú seas feliz mi reina. Pero no voy a meterme en un vestido enorme que me haga ver como un merengue…-
Tras tu respuesta, Snow, Henry y Anna pegaron un grito que hizo que todos rompiéramos a reír. Tratando de retomar el tema de la fecha de la boda David sugirió que nos tomáramos al menos tres meses para poder prepararlo todo y una vez más, Snow no estuvo de acuerdo, argumentando que con suerte tendríamos dos semanas antes de que el villano de turno llegara a hacer de las suyas al pueblo.
Decidimos hacer un listado de todo lo que se necesitaría y basándonos en ello organizaríamos el tiempo, de modo que nuestro matrimonio se hiciera en el menor tiempo posible.
Después de una larga conversación teníamos a detalle el listado con todo lo que haría falta:
El banquete, del cual Granny y Ruby al ser llamadas por Snow, estaban encantadas de encargarse.
Las alianzas vendrían de parte de mi antiguo mentor, Rumple, quién nos las ofreció a manera de disculpa por todo lo ocurrido.
Las flores que sin problema el padre de Belle prepararía para la ocasión.
El vestido para mí, que no era inconveniente, pues con algo de magia y mis conocimientos de moda, sería el más bello que se haya visto.
Dado que tú te negaste rotundamente a usar un vestido pomposo, tu padre dijo que se encargaría de tu atuendo, ante lo cual todos, incluida tú, pusimos cara de duda, pero accedimos cuando nos aseguró que sabía lo que hacía y que nos daría una gran sorpresa.
La música y la decoración para lo cual las hadas y los enanos se ofrecieron rápidamente a ayudar.
Todo estaría listo en apenas dos semanas, todo excepto el salón, pues nuestra casa es bastante amplia pero no como para ofrecer una boda para todos los habitantes.
Justo un segundo antes de que tu madre y yo entráramos en pánico respecto a eso, mi tía Elsa, quién hasta ese momento se había mantenido en silencio, nos sorprendió ofreciéndose a conseguir un salón digno de una boda real.
-Regina, si me lo permites, me gustaría hacerme cargo del lugar de la boda. Me gustaría regalarte el sitio preciso para la boda de tus sueños. Solo me hará falta poco tiempo para ponerlo todo en orden. Yo me sentiría muy honrada si aceptaras mi ofrenda.-
Me quedé helada, realmente no sabía de dónde pensaba ella sacarse un salón de eventos, sin embargo sus ojos expresaban mucha ilusión de colaborar para nuestra boda, por lo que con una sonrisa decidí aceptar su oferta y dejarme sorprender. Y vaya que mi tía me sorprendió.
A la mañana siguiente, justo después del desayuno, empezamos con los preparativos. Henry fue con su abuelo Gold, para recoger las alianzas. Snow se dirigió a Granny's para organizar el menú para el banquete. David te llevó a ti, a Dios sabe dónde para conseguir tu traje y mientras yo debía ir a organizar el asunto del salón y la decoración con mis tías. Gracias a Dios, Belle había aceptado hacerse cargo de nuestras princesitas mientras nosotras nos encargábamos de los preparativos.
Elsa me pidió que la acompañara por un sendero hacia el bosque, que desembocaba justo en el claro donde la conocí el día que tú volviste de tu viaje al pasado y al llegar me quedé sin habla al contemplar frente a mí la estructura de lo que pronto se convertiría en un hermosísimo castillo de hielo que mi tía había creado con su magia solo para nosotras. Parecía salido de un sueño, cada detalle, pilar y moldura perfectamente colocados y con la belleza y elegancia correspondientes al gusto de una reina y eso que aún no estaba terminado. Debo decir que mi tía se pasó con ese gesto. Si bien sabes que no soy la mujer más expresiva del mundo, no pude reprimir un abrazo y un sincero agradecimiento por su regalo, el cual tú no verás hasta el día de la ceremonia. Muero por ver tu expresión cuando lo veas.
Los siguientes días fueron un completo ir y venir de un sitio a otro. Controlando que todo fuera perfecto con la construcción y decoración del salón y el banquete, asegurándome que todos recibieran su invitación, confeccionando mi vestido y accesorios, escribiendo mis votos y recordándote a ti cada vez que te veía, que debías escribirlos.
Decidimos a nuestros padrinos. Para ti serían Tinker y Hook quienes estaban empezando su propia relación y para mi serían Anna y Rumple, este último se encargaría de entregarme en el altar, en el cual tú deberías estarme esperando, pues conociendo tu costumbre de llegar tarde, preferí no arriesgarme a un ataque de pánico siendo yo quien te esperara a ti.
Tu madre sería la encargada de oficiar la ceremonia, y cuando se lo pedimos casi muere ahogada en sus propias lágrimas de emoción. A veces recuerdo que por actuar de esa manera tan cursi quise encerrarla en la maldición del sueño, ahora finalmente puedo reírme de esos momentos.
Al atardecer del catorceavo día de trabajo constante por los preparativos de la boda, sumados a los cuidados de nuestras pequeñas princesas, ambas nos encontramos agotadas, pero felices, nos despedimos de nuestros hijos poco después de la cena y fuimos a descansar, por mandato de tu madre, en habitaciones separadas, pues según ella, ver a la respectiva novia antes de la boda es de mala suerte.
Por tanto aquí me encuentro, a pocas horas de convertirme en tu esposa y con mi corazón inquieto, vibrando de alegría y desbordando amor como nunca antes había hecho... Después de todo lo que he vivido, bueno y malo, después de todo lo enfrentado, de todo lo sufrido, de todo lo ganado y lo perdido, tú, mi amada Emma me has traído mi final feliz... Un final feliz que es simplemente el inicio una vida entera de dicha junto a ti y a los tres pequeños tesoros que tú me has dado...
Con una sonrisa que se extendía a sus oscuros ojos, Regina se encontraba inmortalizando en su diario los acontecimientos previos al que sería el día más feliz de su vida. Sabiendo que debería descansar al menos unas horas si quería verse tan radiante como se sentía, durante la ceremonia. Selló la página en la que escribía con un beso, dejando la marca de sus rojos labios en ella y cerró su diario, haciéndolo desaparecer en una nube violácea y se acomodó en la mullida almohada que normalmente ocupaba su prometida, para dormirse a los pocos minutos, arrullada en el perfume de sus rubios cabellos.
El amanecer llegó rápidamente y con él, la marea de gente que prestaría su asistencia a la reina y a la princesa con los últimos detalles antes de su casamiento.
Una muy puntual Belle llegó junto con Snow y Ashley para hacerse cargo de los más jóvenes de la casa. David por su parte entró a la mansión en busca de su hija, para sacarla en cuestión de minutos hacia el apartamento Charming, sin darle oportunidad de ver a su adorada morena, pues tenían el tiempo justo para prepararse y dirigirse al lugar donde se llevaría a cabo la ceremonia, Henry se unió a ellos pues también deseaba la opinión de su abuelo acerca de su atuendo.
Ashley y Belle tomaron a los cuatro bebés Alex, Daniel, Cora y Leia y se dispusieron a vestirlos con sus mejores galas, dejando a las niñas como tres angelitos totalmente enfundadas en sus vestidos blancos y al pequeño Daniel como un elegantísimo caballerito en su smoking tamaño bebé.
Mientras tanto, Snow quien ya se encontraba lista y muy elegante, ayudaba a su futura nuera a colocarse el deslumbrante vestido blanco con detalles en plata e incrustaciones de zafiros, ceñido a su busto con los hombros descubiertos y que caía como una perfecta cascada desde sus caderas.
El tocado de su cabello era el perfecto complemento, su melena azabache recogida casi al completo en un moño alto dividido a manera de lazo sobre su coronilla y con algunos mechones rizados enmarcando su rostro. Una tiara plateada con un hermoso zafiro en el centro le daba el toque final. Sus zapatos plateados de tacón acompasaban los detalles de su vestido y para terminar, un collar de fino oro blanco y zafiros, con zarcillos y brazalete a juego.
El suave maquillaje en tonos claros realzaba aún más la belleza de la alcaldesa, dándole ese aire de realeza tan propio de ella, combinado con un aura angelical propia de las almas enamoradas.
Estaba deslumbrante, su sonrisa brillaba mucho más que las piedras preciosas que adornaban su atuendo, sus ojos resplandecían de alegría, estaba más que lista para tomar a su salvadora como su legítima esposa.
Después de un último abrazo entre nuera y suegra, salieron de la mansión, donde un elegante Mr. Gold las esperaba para llevarlas al castillo dónde ya la otra novia debería estar esperando impaciente la llegada de su amada.
James, Emma y Henry volaban, literalmente en la carretera de camino al salón de la ceremonia, como era su costumbre, Emma había demorado un poco más de lo esperado en arreglarse y bajo la advertencia, casi amenaza que le había hecho su prometida el día anterior sobre su puntualidad, no les quedó más remedio que infringir cada ley de tránsito conocida para llegar al lugar a tiempo. Tras varios minutos que a Emma se le hicieron eternos, llegaron al majestuoso castillo de hielo que dejo a la salvadora con la mandíbula en el suelo por la sorpresa. Entraron directamente al salón principal dónde la mayoría de los invitados ya se encontraban situados.
Al ver a la princesa llegar, los padrinos tomaron sus posiciones, todos a la espera de la alcaldesa, quién no demoró mucho más en hacer su arribo. La marcha nupcial empezó a sonar cuando Regina atravesaba el umbral del gran salón, del brazo de su padrino y antiguo maestro, con una sonrisa que transmitía hasta al último de los invitados la felicidad que sentía en su corazón.
A mitad del camino hacia el altar, la reina por fin divisó a la que estaba a punto de convertirse en su esposa y quedó obnubilada ante la belleza y elegancia de su rubia prometida.
Emma vestía un traje propio de la realeza del bosque encantado, muy similar al que su padre había usado el día de su boda, pero adaptado a su femenina figura. Pantalón y Chaqueta blancos, con la insignia de su reino sobre el pecho y detalles en plata y zafiros. Botas negras ceñidas a sus finas piernas y que llegaban hasta sus rodillas, con pequeñas espuelas plateadas al estilo militar medieval. Un cinturón del cual pendía elegantemente una espada dentro de su funda de plata. Sus dorados cabellos estaban recogidos en una sencilla trenza que bajaba desde el extremo superior derecho de su cabeza hacia el extremo inferior izquierdo y caía delicadamente sobre su hombro. La tiara perteneciente a su madre y abuela colocada cuidadosamente sobre su cabeza y su suave maquillaje, acentuaban su feminidad dentro del principesco atuendo.
Regina había perdido el aliento al contemplar cuan hermosa lucía su alma gemela dentro de su muy bien elaborado traje. David había hecho un excelente trabajo sin duda alguna, como había prometido, les había dado una agradable sorpresa.
Tras unos cuantos pasos, la morena llego junto a su princesa, siendo entregada por Rumple, quien con una reverencia dejó juntas a las novias y se dirigió a su lugar junto a la joven madrina. Snow tomó su posición en el altar y empezó la ceremonia.
Tras las formalidades propias de la ocasión, dichos sus votos matrimoniales con total solemnidad y entregadas las respectivas alianzas entre lágrimas de felicidad, Mary Margaret declaró a las jóvenes legalmente casadas y les permitió completar su unión con un tierno y apasionado beso, que fue celebrado con aplausos, vítores y suspiros de todos los presentes, en especial del joven Henry quien no cabía en dicha al ver a sus madres que ahora se pertenecían ante la ley.
Concluida la ceremonia, todos los presentes fueron dirigidos al salón comedor, dónde el enorme banquete preparado por Granny fue servido tras un brindis a cargo del padre de la salvadora. Tanto anfitriones como invitados disfrutaron de los deliciosos platillos de Granny, así como de una agradable sobremesa, hasta que llegó el momento del baile.
Las tenues luces de la sala de baile daban el ambiente propicio para que las nuevas esposas se sintieran como en una burbuja en la cual no existía nada más que ellas. Emma sostenía a Regina por su cintura, pegada a su cuerpo, sintiendo sus corazones palpitar a unísono, mientras que la morena apoyaba una mano en su hombro y entrelazaba la otra para empezar a moverse al ritmo suave y cadencioso de su primer vals.
Durante el tiempo que duró la pieza, el mundo exterior fue eliminado para ambas mujeres, quienes con movimientos delicados y sincronizados, se dejaban llevar en por la profundidad de sus miradas repletas de amor y dicha. Era como si flotaran en medio de una nube, sus idénticas sonrisas iluminaban la estancia y las absorbían a ambas en una especie de trance del que solo salieron al terminarse la melodía, con un casto beso concluyeron el que fue su primer baile.
Los aplausos no se hicieron esperar, y un instante después, empezó la verdadera fiesta, la música variaba desde tonadas clásicas y sobrias, hasta ritmos bailables propios del mundo moderno. No había un solo invitado que no hubiera disfrutado del baile y las bebidas, todos compartían la inmensa felicidad de las novias, quienes llegado el atardecer se retiraron, despidiéndose con un beso de sus tres hijos, hacia la mansión donde pasarían su noche de bodas.
La fiesta sin embargo siguió de largo, era una ocasión digna de celebrarse en grande, por la que todos los habitantes de Storybrooke permanecieron por varias horas más entre música, bebida y alegres festejos. Cerca de la media noche, el Dj hizo un ligero cambio en la música, haciendo sonar un cadencioso ritmo latino, el cual pocos se atrevían a bailar, aprovechando la variación para ir por más bebidas.
Pero había una persona que tenía otros planes, si bien Ruby no era una fanática de la bachata, la letra de la canción que sonaba en ese momento era la perfecta combinación de palabras que moría por decir sin atreverse a hacerlo. Al otro lado de la sala, ya libre de sus deberes de niñera, se encontraba aquella que era el objetivo de tales palabras no pronunciadas, Belle. Con paso vacilante, pero llenándose a sí misma de valor, la joven loba se dirigió hacia la mujer que invadía sus sueños y se había convertido en la protagonista de sus más románticos anhelos, tendiéndole su mano, haciendo gala de una seguridad que en realidad estaba lejos de sentir, Ruby invitó a la castaña a bailar, siendo aceptada con cierta vacilación por Belle.
Dada la naturaleza del ritmo que sonaba, Ruby tomó a su amiga por la cintura aproximándola lo máximo posible a su cuerpo y guiando a la inexperta joven con elegantes y fluidos movimientos sobre la pista, aprovechando la acertada letra de la canción para declararle tácitamente sus sentimientos al tiempo que cantaba suavemente en su oído...
Amiga, así ya no, Ya no quiero llamarte amiga
No quisiera herirte. No te quiero más amiga
Amor… así, amor, así quiero llamarte desde ahora
Así quiero yo verte, así quiero desde ahora…
Sueño que un día, sueño que juntos
Podamos decir que nos Juramos el mundo
Sueño contigo, sueño despierto
Déjame convencerte que algún día tendremos….
Un amor. Un amor que no se rinde ante nada
Un amor hecho a prueba del tiempo, a prueba de fuegos
Que si se cae se levanta.
Un amor hecho así, a prueba de… todo todo (oooh)
Un amor. Un amor que no lo derrumbe nada
Un amor hecho a prueba de balas, a prueba de vientos
Que si se cae, se levanta
Un amor hecho así, a prueba de todo.
Amor, por favor de una vez entiende lo pasado es pasado
Te regalo el futuro ya no puedes ser mi amiga…
Sueño que un día, sueño que juntos
Podamos decir que nos Juramos el mundo
Sueño contigo, sueño despierto
Déjame convencerte que algún día tendremos….
Un amor, para mojarnos y sumergirnos en un mar de besos
Para llevarnos al infinito. Que sea intenso, que no nos llegue el final…
Para cuando la canción había terminado Belle tenía su cabeza apoyada entre el hombro y pecho de su amiga/pretendiente y los ojos cerrados, su corazón a punto de explotar, y las lágrimas pinchándole por salir de entre sus apretados párpados. Y es que su loba siempre le había hecho sentir algo especial, mas nunca pensó que la misma joven a quien siempre había querido como su más fiel amiga sintiera por ella un amor más allá del fraternal. Sus sentimientos estaban en conflicto pues por un lado había ese algo especial que le decía que sin duda Ruby sería el más fiel y entregado de los amores y que claramente ella misma podría amarla con todo su corazón y su alma. Pero su rompimiento con el que fue su amor de décadas aun escocía terriblemente y le decía que no estaba lista para un nuevo comienzo.
Levantando la mirada hacia una Ruby presa de los nervios post declaración, y con una tierna sonrisa Belle decidió tomar la palabra.
-Eso ha sido hermoso Ruby… y… euh… yo siento muchas cosas… - La princesa no sabía cómo explicar el tumulto de sentimientos que la abrumaban, sin embargo la conexión que las dos jóvenes habían creado a lo largo de sus años de amistad permitieron que la morena comprendiera perfectamente la situación. Posando dulcemente un dedo en los labios de la castaña Ruby respondió.
-No estás lista, lo se… Solo no podía ocultarlo más. Necesitaba decirte lo que siento por ti Belle. No hace falta que respondas a ello ahora. – Sonrió de manera tranquilizadora. –Además donde estaría lo divertido si no debiera cortejarte. – Haciendo gala de un lobuno y coqueto guiño la joven camarera se alejó lentamente dejando a Belle con una sonrisa tonta y el estómago revoloteando como si en el habitaran miles de mariposas.
Mientras la fiesta transcurría entre música y euforia, dos recién declaradas esposas arribaban a su hogar, listas para terminar la celebración de su unión a solas. Ahora sin secretos, sin prisas, sin peligros, con la seguridad de que por fin estaban juntas en todos los sentidos, con esa seguridad que solo el amor puede confirmar. Entraron de la mano con calma, sin apuros, cerrando la puerta tras de sí. Se sonrieron una a la otra y la salvadora emprendió el camino hacia las escaleras que llevaban a su habitación, su nidito de amor, mas una pequeña mano detuvo su andar.
-Amor, espera un poco. Hay algo que deseo que hagamos antes de… Consumar nuestro matrimonio. –Pidió Regina con ilusión en su mirada, causando la curiosa mirada de Emma quien había quedado intrigada.
-Claro, te sigo.- Contestó con naturalidad la rubia y siguió a su esposa hacia el salón donde Regina había preparado la mesita con algunos raros objetos y velas. Ante la expresión confusa de Emma, Regina empezó a explicar.
-Hace unos días me preguntaste el por qué elegí los zafiros para nuestros vestuarios matrimoniales, ¿recuerdas? – Emma asintió y agregó.
-Tú respondiste que el día de la boda lo sabría. –Regina sonrió y le tendió su mano en una tácita invitación para que la rubia la tomara y se acercara a la mesa.
-Bien pues los he elegido porque son un símbolo de mi felicidad, representan lo que primero vi en ti, lo que siempre recuerdo de ti, lo que ha entrado hasta los más recónditos y oscuros rincones de mi alma para llenarlos de luz. Tus ojos Emma. –los ojos de la salvadora se llenaron de lágrimas. –Fueron tus ojos tímidos el día que llegaste a Storybrooke los que me impactaron al verte. Tus ojos desafiantes los que hicieron a mi corazón volver a sentir algo después de todo el tedio de mi maldición, tus ojos decididos los que me retaron a siempre querer vencer, tus ojos preocupados los que llegaron a esa parte de mí que pensaba que a nadie le importaba, tus ojos comprensivos los que hicieron que confiara en ti, tus ojos protectores que me dieron toda la seguridad que necesitaba para dejar de sentir miedo y enfrentar lo que el mundo nos ponía al frente, tus ojos amantes que me empujaron al abismo y me tienen aquí en este momento felizmente casada contigo. Y es por ello que he elegido los zafiros, azules como tus hermosos ojos. – La salvadora sin poder soportarlo más besó a su esposa con todo el sentimiento que broto de su alma, con pasión, con ternura, hasta que la respiración falto a ambas. Solo entonces se separó de ella y preguntó.
-¿Y el quit de espiritismo para qué es?- Refiriéndose los objetos mágicos que se encontraban en la mesilla. Regina rio de su siempre incorregible sheriff y su poco elocuente forma de expresarse y respondió.
-Pues es para hechizar nuestros zafiros, para introducir en ellos el sentimiento que representan, osea nuestra felicidad. –Emma la miraba aun sin comprender del todo el propósito de hechizar las joyas. Por lo que Regina Agregó. – Mi idea es compartir esa felicidad con todos aquí, cada zafiro hechizado tiene ya un destinatario elegido, uno de los habitantes de Storybrooke. En cuanto sea hechizado será entregado a su dueño y le transmitirá un pedacito de la felicidad que sentimos. Creo que todos en la vida merecemos ser felices y yo quiero brindarle ese sentimiento a quienes un día causé sufrimiento. Como una disculpa y una muestra de aprecio.- Emma quedó pensativa y al mismo tiempo conmovida por la sinceridad en las palabras de su reina. Sonrió y tomando su mano le dijo.
-Eso demuestra sin duda lo maravillosa que eres. Hagámoslo. –Regina se sonrojó ante el cumplido de su esposa, con una tímida sonrisa asintió y empezó a darle las instrucciones para el hechizo. Pronto cada zafiro que formaba parte de sus atuendos, a excepción del de la tiara de Regina y la Espada de Emma fueron desprendidos de sus lugares y colocados para ser hechizados. El hechizo era sencillo, en pocos minutos las piedras brillaban en medio de una luz verde azulada que reflejaba en realidad la belleza de los ojos de la salvadora y al segundo siguiente habían desaparecido, para aparecer en la mano de cada uno de sus destinatarios, causando en todos una sensación de profunda alegría, paz, esperanza y amor, de felicidad.
Tras abrazarse y besarse por el éxito de su hechizo, la joven pareja se miró a los ojos con intensidad, diciéndose sin palabras lo que ya sus corazones sabían. Tomadas de las manos y con la promesa de la más maravillosa noche de amor se dirigieron hacia sus aposentos para sellar finalmente su final feliz, su nuevo comienzo.
FIN
