Una vez mas, me he excedido de mi propio limite... Se supone que publicaría ayer, o el martes, pero debido al tiempo y a que ayer termine muy tarde de corregir, vengo hasta ahora publicando... Creo que aun no vuelvo a tomar mi ritmo de una semana S: ... Pero bueno...

Antes que nada, me gustaría decir que a partir de aquí, comienza la etapa final y me gustaría advertir que posiblemente vean cosas que no les gusten, tal vez se me ocurra desaparecer algunos personajes o no... todo dependerá de como vaya todo...

Bueno, sin mas... les dejo la música a escuchar, que ha inspirado este capitulo:

Guns N' Roses - Civil War: watch?v=VxbILUWCFFk
Guns N' Roses - Estrangerd: watch?v=WOCJBsOGweQ
Alter Bridge - Shed My Skin:
watch?v=_PSFsJp2S0
The Cranberries - Linger:
watch?v=YFgbldhnG_s
Mauo (Dorama) Soundtrack: watch?v=P4oAY9hmANs&list=PLOSsbo9lVjVCtPSO3hXdI5dV23c1jrYs8

Bueno... sin mas les dejo el capitulo para que lo disfruten... :D


25. Motivos

Nunca había sabido que una empresa pudiera ser tan tranquila. Y mucho menos una empresa como la que estaba visitando. Pero, conociéndose como era, sabía que aquella tranquilidad no duraría mucho.

— ¡¿EN DONDE ESTA?! — gritaba la oncóloga mientras traspasaba al tumulto de guardias que intentaban detenerla. No es que fuera muy fuerte para poder golpearlos a todos y dejarlos inconscientes, pero estaba decidida a encontrar respuestas y cuando Sage se decidía por algo, siempre lo obtenía, sin importar como lo hacía.

Los guardias la intentaban sujetar, pero ella era mucho más escurridiza de lo que ellos estaban acostumbrados.

Está violando un área restringida, señorita — le dijo una voz un tanto humana, pero carente de toda emoción existente. — Debo pedirle que se retire de aquí.

La mujer forcejeó un poco más, pero en esta ocasión no corrió con tanta suerte. Uno de los guardias se lanzó sobre de ella y la sujetó con fuerza del brazo, otro más aprovechó eso para tomarla del otro brazo y llevarlo a su espalda y sujetarla de la cabeza e inmovilizarla.

— ¡Quiero ver a Stark! — gritó con potencia mientras buscaba una cámara en aquel largo pasillo; al detectarla, intentó avanzar hasta ella, forcejeando un poco con los corpulentos hombres. — ¡TONY! ¡Sal de donde mierdas estés!

El hombre que le sujetaba de la cabeza, le tapó la boca, evitando que siguiera haciendo escándalo. Pero el genio que cargaba la mujer y la tremenda desesperación, la impulsó a morderle la palma de la mano con fuerza.

Por inercia, el sujeto debilitó su agarre, algo que aprovechó la oncóloga para liberarse, parcialmente, de sus guardias. Pero provocó la ira del guardia, el cual le golpeó con fuerza en la cabeza, haciéndola dar contra el suelo, quedando tendida en este con dos guardias sobre de ella, sujetándola.

Era difícil, para alguien como Sage, el aceptar la inminente derrota, puesto que para ella el perder no era una opción, siempre había sido así, y más debido a su profesión; el perder significaba la vida perdida de un paciente.

Pero sabía que de las derrotas siempre salía algo bueno. Por más que frunciera el ceño, gruñera, se cruzara de brazos, con una creciente cefalea y se mostrara indignada y molesta, eso no cambiaba el hecho de que ahora estuviera sentada en una de las sillas de detención de seguridad en la espera de que el aclamadísimo dueño de aquella ridícula torre que llevaba su nombre estuviera a punto de ir a atenderla. Eso podría ser considerado como una victoria, dolorosa y humillante, pero victoria al fin.

Los gorilas de seguridad seguían a sus costados, con la vista fija al frente, a la espera de cualquier movimiento por parte de ella que fuera sospechoso para poder intervenir e inmovilizarla de nuevo.

Los dedos de Sage se movían sobre sus brazos de manera ansiosa. Giró su cabeza, ligeramente, hacia uno de sus costados, para después posar su mirada sobre la mano del guardia que estaba a su lado derecho. No pudo el evitar sonreír al verle la mano, la cual estaba vendada.

— Supongo que a ustedes los entrenan para evitar el dolor de hasta una ligera mordida — soltó con sorna mientras enarcaba una ceja divertida, el guardia solo soltó un pequeño bufido ante eso.

— Y para detener a jovencitas cabronas que intentan invadir mi espacio personal — escuchó decir a una voz que ella bien reconocía bien, llevaba tiempo sin escucharla, pero el solo tenerla en mente le traía recuerdos muy divertidos.

— Así que el aclamadísimo Stark hace su aparición. Pensé que sería algo más dramático o llamativo, ¿Qué acaso ya no tienes dinero?

— Simple y sencillamente, no estoy de humor — se encogió de hombros el millonario. — ¿Qué te trae por aquí, no gealach*? (*Nota: Es "Mi Luna" en irlandés).

Sage sonrió ante aquellas palabras.

— Tenia tiempo sin escuchar algo en irlandés — se puso de pie mientras los guardias reaccionaban velozmente, más a una señal de Stark se contuvieron.

La mujer se acercó hasta el hombre, quien se encontraba recargado en el umbral de la puerta, que daba a la celda donde estaba ella, con los brazos cruzados. El andar de Sage siempre había sido muy marcado y sensual, pero en esa ocasión, el simple hecho de llevar aquel conjunto —un suéter café entallado a su cuerpo, el cual le llegaba hasta la cadera, con una obertura en v en el cuello, un pantalón ajustado y unas botas de cuero con tacón de aguja— le hacía verse realmente provocativa. La mujer conocía bien al genio, sabía que era lo que le gustaba y como provocarlo, puesto que al fin y al cabo, ella ya lo había seducido una vez, no le veía motivo por la cual no volverlo a hacer.

Se detuvo a escasos centímetros de Tony, a quien veía desde arriba, ya que le sacaba algunos centímetros de más. Le sonrió coquetamente y le sujetó la mano con cariño.

— Necesito saber algo…

— Lo que sea — le dijo el millonario.

La sonrisa se fue borrando de su rostro hasta volverse una mueca de molestia y enojo. El agarre de la mano se fue atenuando hasta enfocar la mayor parte de su fuerza en el agarre, haciendo que la tranquila cara del genio se fuera transformando en una mueca de dolor.

— ¿Dónde está Sophia? — la pregunta fue directa y con voz segura.

El genio reprimía lo más que podía el grito de dolor que luchaba por escaparse de su garganta. El hombre era el acorazado Iron Man, héroe de Nueva York y del mundo, el que se había enfrentado contra muchos peligros antes y había salido victorioso en la mayoría de ellos; y ahora, frente al simple agarre de una mujer de casi veinte años más joven que él, estaba perdiendo de aquella forma tan mas patéticamente ridícula. No cabía duda de que el hábito hacia el monje.

— ¿Sabes que estas… lastimando la mano de un artista… millonario? — la desafió a duras penas el hombre.

La mujer ejerció más fuerza en su agarre, haciendo que el inventor comenzara doblarse, poco a poco, por el dolor. Los guardias se comenzaron a movilizar, pero de nuevo su jefe les indicó que se contuvieran.

— ¿Dónde está, Stark? — insistió la mujer con más potencia.

— Es tu amiga… — un gritó se vio liberado de su garganta al fin, algo que hizo sonreír a la chica, quien siguió ejerciendo presión. — Tú deberías saber… donde está.

— Respuesta incorrecta — movió la mano hacia un lugar a donde era anatómicamente imposible moverse, provocando otro alarido de dolor por parte del genio.

Stark cayó de rodillas y la mujer comenzó a situarse a su altura, posó sus ojos sobre el rostro del genio e intentó soltarle su mirada más amenazadora.

Sage sabía que aquello era pasarse de la raya. ¡Por Dios! Estaba atacando a uno de los hombres más ricos del mundo, sin contar el hecho de que este era el mismísimo Iron Man. Sin lugar a dudas, eso le traería problemas legales que tarde o temprano terminarían por arruinarle la vida. Pero en momentos desesperados, medidas desesperadas.

— Escucha, Tony, Sophie me dijo antier que vendría en la mañana a este lugar para preguntar sobre el paradero del loco de su hombre, para después volver al hospital; cosa que aún no ha hecho…

— No sé de qué hablas… — intentó decir el genio, pero otro tirón a su mano le hizo volver a gritar.

— Aun no termino… — le indicó la mujer con autoridad. — Se muy bien toda la historia de ella, Loki y los Vengadores, así que ahórrate tus mentiras… — soltó un ligero suspiro, la presión se le había disparado y la estaba haciendo respirar más rápidamente, intentado igualar el ritmo de su corazón. — Mira, me importa un demonio si lo sabes o no, pero ahora Sophie no está en las mejores condiciones para estar sola, mucho menos cargando con el hijo de ese demonio… Así que, ¡o me dices donde esta Sophia o puedes venirte olvidando de tu mano derecha!

La mujer dio otro tirón y el hombre volvió a gritar.

— ¿Loki puede tener hijos?

La mujer dio otro tirón.

— ¡Mierda! — Soltó con furia el genio — ¿Eso es posible?... JARVIS…

Se hizo las pruebas aquí y le dio positivo — informó la voz que ya había escuchado antes. La señorita Lerman ya lleva un mes de gestación.

— Y hasta ahora me lo dices…

El genio soltó un suspiro para después mirar expectante a la mujer, mientras ella se encogía de hombros.

— Nunca lo imagine... No... No lo creí posible…

— Ahora sabes que si lo es — dijo molesta.

Tony agachó el rostro, tratando de respirar un poco, suponía también que se encontraba agitado, el simple hecho de sentir dolor, le alertaba al cerebro sobre un peligro inminente, lo cual provocaba que su sistema límbico —el de las pulsiones e instintos— le mandara la señal de que tenía que huir de ahí, disparando así la reconocida sustancia llamada adrenalina.

Tony murmuró algo que no logró reconocer bien que era.

— ¿Qué dijiste?

— ¡QUE ME SUELTES, CON UN CARAJO! ¡ME DUELE! — gritó exaltado el genio. — ¡Te diré lo que sea, pero suéltame la mano!

La mujer le soltó la mano, azotándola contra el suelo. Tony llevó su mano izquierda a socorrer a su opuesta, para comenzar a sobarla sobre el área adolorida. La mirada del genio se acentuó hacia la mujer, la cual parecía ser de completa molestia, algo que ignoró Sage.

— No sabía que tuvieras mucha fuerza, ¿eres consciente de que has dañado la mano de un excelente artista? — la mujer arrugó el ceño e hizo un ademan de volverle a sujetar la muñeca, haciendo que Tony retrocediera unos centímetros. — Esta bien, está bien… Al grano.

La mujer le enarcó una ceja y se cruzó de brazos.

— Mira, Sophie no se ha aparecido aquí desde el domingo en la mañana — expuso mientras seguía sobándose la mano. — Y si no me crees le podemos preguntar a mi IA — alzó la cabeza y la enfocó a una de las cámaras que había en aquella habitación. — JARVIS, ¿ha habido algún indicio de la chica de bambi por aquí, después del domingo?

En lo absoluto, Señor — contestó aquella voz.

— Lo vez.

Sage soltó un ligero resoplido. Eso no podía ser cierto, aquel hombre la debía de estar escondiendo.

— Pero, ella me dijo que… — ahora la insegura era ella. ¿Cómo era posible que Sophia no se encontrara ahí?

— Podrá haber dicho lo que sea, pero nuestra encantadora chica Dr. House no ha venido por aquí.

De todos los lugares a los que había buscado —el departamento de ella, la mansión de los padres de Sophie, la casa del lago, el hospital, la empresa de sus padres, etcétera—, este era el único más viable para que pudiera estar. Ya había intentado comunicarse con ella a su celular incontables veces, pero en ninguna Sophia hacia su aparición. Ya iban a ser tres días desde que no la veía, era verdaderamente extraño, como también lo era el hecho de que su móvil hubiera desaparecido y aparecido en el ala de neurología en el hospital, con el nombre y número de Sophie en la pantalla, listo para marcarse.

Comenzó a respirar pesadamente, intentando poner su pensamientos en orden; había comenzado a pensar en lo peor, y aun podía caber la posibilidad de que hubiera, durante un arrebato de emociones, tomado su deportivo nuevo y hubiera salido de viaje, fuera de la ciudad. Posibilidad que se hizo nula al recordar que había visto el auto de su amiga en el estacionamiento del hospital.

— Puedo decirle a JARVIS que nos ayude a rastrearla…

De hecho, señor, ya he comenzado con el rastreo…

— ¡Perfecto! — se puó de pie, a como más pudo, evitando mover o utilizar su mano herida. — Por eso te adoro, JARVIS.

Tony le estiró la mano izquierda a Sage, quien ya había reprimido sus ya instintos destructivos que sentía hacia el genio. Tomó su mano y se puso de pie.

— Por eso digo que estamos avanzando a pasos agigantados contigo — le volvió a alabar a su computadora. — Avísanos en cuanto encuentres algo — giró su rostro hacia la mujer para después sonreírle de manera galante. — Mientras que tú y yo nos iremos a disfrutar de un exquisito Fondue, después de que me lleves a un hospital y pagues por lo de la mano.

Sage le sonrió divertida mientras veía como el millonario le mostraba la mano magullada, la cual ya comenzaba a mostrar señales de coloración.

— No pienso pagarte nada, Stark — lo desafío mientras se cruzaba de brazos.

— Es una mano de un artista, preciosa — le señaló la mano mientras la miraba con molestia. — No tienes ni idea los años de cárcel que podrían darte si te demando por este ataque a mi gloriosa persona.

Sage soltó unas carcajadas para después comenzar a avanzar, dejando atrás al genio, el cual parecía no haber cambiado a pesar del tiempo.

— No tienes nada de glorioso, mi querido señor Stark.

— ¡Por supuesto que sí! — se defendió mientras se posicionaba a su lado. — Tengo más gloria que el mismísimo Capitán América con todas su estrellitas.

— ¡Ja! — exclamó con burla la mujer a la par que caminaba por el pasillo, haciendo resonar sus delgados y largos tacones. — Lo que tú tienes, Stark, no es gloria, es más bien reputación cuando le quitamos el ción y le cambiamos de sexo.

— ¡Oye! ¡Eso fue agresión verbal! ¿Sabes que te puedo demandar por agresión verbal?

Disculpe, Señor — habló la IA, interrumpiendo al par, el cual ya había avanzado hasta el ascensor y se habían adentrado a este. — Encontré a la señorita Lerman en unas cintas.

El genio pestañeó con asombro a la par de que una sonrisa de satisfacción se apoderaba de sus labios.

— Debo felicitarte, JARVIS, cada vez superas más rápido tu record en búsquedas.

El moreno apretó el botón de los últimos pisos en el asesor una vez que las puertas se cerraron. El cubículo comenzó a avanzar y la mujer se acomodó en la esquina del lugar, con una postura que iba totalmente fuera de su plan original de seducir al maldito alcohólico y candente de Stark.

— ¿Qué has visto, mi querido amigo? — le cuestionó el genio mientras se cruzaba de brazos y observaba divertido a la mujer que lo acompañaba.

Debo informarle que la Señorita Lerman se encuentra desaparecida.

— Dinos algo que no sepamos, estúpida computadora — soltó molesta Sage al no obtener una respuesta concreta de aquella molesta voz.

— No seas grosera — la regañó mientras mostraba un semblante de enojo. — El pobre tiene sentimientos. También sufre ante la humillación y el maltrato.

La mujer soltó un fuerte bufido y se giró hacia otro lado. Si, Stark seguía siendo aquel inmaduro hombre con el que ella se había topado hace tiempo atrás en aquellas fiestas de gala a las que Sophia la invitaba.

— No le hagas caso, JARVIS. Tú no eres estúpido.

Debo informarle, Señor — prosiguió la IA haciendo caso omiso de los mimos de su dueño — que la Señorita Lerman desapareció de la misma forma en la que lo hizo el Señor Laufeyson — ante aquellas palabras, pudo observar como el cuerpo de Tony se comenzaba a tensar. — La mujer que el Señor Odinson nos mencionó, fue la misma que desapareció a la Señorita Lerman.

— Esto va mal…

— ¿Qué cosa? — cuestionó ansiosa la oncóloga.

El genio se frotó la barbilla con ansias para después soltar un potente suspiro.

— JARVIS, reúne a todos, tenemos cosas por hacer — ordenó el hombre.

— ¿Me vas a decir qué demonios pasa, Stark?

— Amora. Eso es lo que pasa — respondió sin más el millonario mientras sujetaba de los hombros a la mujer. — Nuestra querida Sophia se encuentra en estos momentos, por lo que creo, en Asgard.

— ¿Asgard?

— Creo que debemos posponer nuestro acuerdo para después, por ahora… ¿Te gustaría conocer a unos amigos?


Despierta, mi niña…

Las caricias en su cabello, a pesar de ser tan débiles, la fueron despertando de aquella negrura a la que había caído.

Nunca se había sentido tan distante de sí. Sabía que estaba viva, que aquella era su realidad, pero lo veía como un sueño distante, algo verdaderamente difuso. Todo le aturdía, el ruido, el poco aire que rozaba su piel, su respirar, la poca luz que entraba por sus entrecerrados ojos y el contacto de aquellas telas en donde estaba recostada. Lo único que no la atormentaba, que más bien le traía paz y un poco de alivio ante aquellas aterradoras sensaciones, eran aquellas suaves y tersas piernas en las descansaba su cabeza y aquellas manos que la arropaban y jugaban con sus alborotados cabellos que, en algunas partes, los sentía endurecidos.

Tranquila — le susurró una dulce voz, que entraba por sus oídos, la cual se había vuelto un bálsamo ante aquellos ligeros ruidos que eran tormentosos para ella. — Estas a salvo, mi niña.

Ante aquellas dulces palabras, su mente no pudo sentirse acogida y más vulnerable. Esa voz y esa forma de expresarse ante ella, de quererla reconfortarla y tranquilizarla, solo se lo podía atribuir a una sola persona.

— ¿Madre? — dijo en un pequeño suspiro, su voz sonaba cortada y su garganta estaba reseca.

Logró escuchar unas ligeras risas, como acreditando a lo que su mente le hacía creer.

No pudo evitar el que sus ojos comenzaran a cristalizarse y a llenarse de agua. Su madre, su amadísima madre estaba ahí, viva. La estaba abrazando como antes, acariciándola como antes, hablándole como antes, amándola como antes; tal y como era antes de que ella…

— Tuve un sueño extraño — comenzó Sophia un tanto dudosa, su garganta aún seguía reseca, por más que intentara aclarársela, aún seguía sintiendo la falta de saliva en aquel lugar. — Una pesadilla — se corrigió después unos momentos. — Todo… todo era un caos. Existían personas malas y personas que parecían ser sacados de las películas y… Los malos… Los malos mataban gente buena, personas importantes para mí y yo…

La mano de la mujer la tomó del rostro, interrumpiéndole, y comenzó a acariciarle la mejilla. El tacto era tan cálido, tan real.

Ya pasó, mi cielo. Ya estás aquí.

Sophia se acercó más al tacto y al cuerpo de aquella mujer, era inevitable ya que sus lágrimas se escurrieran de sus ojos y se deslizaran por sus mejillas. Por alguna extraña razón tenía miedo. Miedo de abrir los ojos y darse cuenta de que todo aquello solo fuera un sueño más…

Pero, una parte de ella le decía que el sueño había sido el pasado, todo aquel dolor, todas aquellas lágrimas, todo el sufrimiento y aquella perra soledad, todo eso y más era lo que en verdad había sido un sueño. Cada palabra, cada rose y cada hombre que había conocido.

— Loki — susurró débilmente mientras se acariciaba su vientre y comenzaba a abrir los ojos.

Si en verdad todo había sido un sueño, aquellos gloriosos y hermosos momentos de felicidad también lo habían sido, y era algo de lo que realmente no podía renegar.

Cuando logró abrir los ojos, aquella distorsión había desaparecido y le había sobrevenido una extraña gama de colores que atravesaron sus ojos, abrumándola, hasta que llegaron a su cerebro y este comenzó a trabajar velozmente para comenzar a darle sentido, a todo aquello que estaba viendo.

Las paredes comenzaron a tener forma, al igual que la puerta y el suelo de aquel lugar. La tierra era parte del encanto que guardaba ese frio y oscuro lugar donde se encontraba. Intentó ponerse de pie, puesto que todo lo veía completamente desde un ángulo un poco distinto al normal, pero las dulces manos la contuvieron y la comenzaron arrullar.

— ¿Dónde… dónde estoy? — preguntó, comenzando a tener consciencia de sí misma y de su realidad. Aun podía sentir sus lágrimas correr. Podía ser o no un sueño, pero debía de estar consciente del lugar en donde estaba y de quien era quien la cuidaba.

Estamos en la habitación del olvido, mi niña — a pesar de ser medianamente consciente de que posiblemente aquella mujer no era su madre, su voz seguía alimentando aquella idea, puesto que era idéntica a la de su madre.

— ¿Y dónde es eso? — siguió cuestionando.

El lugar se tornó silencioso por unos momentos, en los cuales, Sophie fue recuperando poco a poco su motricidad y su propia consciencia de su cuerpo.

— En una de las torres más altas del palacio de Asgard.

Se incorporó en un santiamén y se retiró de los brazos de aquella mujer, pero el movimiento fue tan rápido, que su cuerpo no logró adaptarse al estar de pie, que se desplomó sobre el suelo, por la falla de sus piernas, la cuales parecieron ser de goma.

Asgard, estaba en Asgard. Significaba que Loki estaba ahí. ¿Cómo es que había dado a llegar a aquel lugar del que solo conocía por boca del dios del caos? Pero, sobre todo ¿Qué es lo que ella estaba haciendo en ese lugar? Supuso que se debía al hecho de que ahora el maldito maniaco quería reclamar en ella su supuesto lugar como su mujer, su reina. Pero al instante desecho aquello. Si esa hubiera sido su intención, desde un principio la hubiera llevado con él. Entonces debía de ser otra cosa, algo que ella aun desconocía, algo como el quererla torturar, tal y como lo hacía ahora, haciéndola recrear la imagen de su madre en aquella mujer a la cual aún ni siquiera había visto.

Se retiró lo más que pudo de la mujer, mientras que sus ojos buscaban, lo más rápidamente posible, el observar la imagen y figura de aquella mujer a la par que su cerebro trabajaba intentando procesarla.

— Tu… — articuló temblorosa mientras no apartaba la vista de aquella rubia mujer, vestida con aquel atuendo dorado que estaba en mal estado, con aquellos ojos azules que la observaban con amor y su sonrisa buscaba el conquistarla. — Tú no eres mi madre…

La mujer, sin dejar de sonreírle, movió el rostro en son de negación, mientras llevaba sus manos sobre sus piernas y entrelazaba sus dedos.

— Puedo ser lo que tú quieras, mi niña — mencionó dulcemente.

— Y… ¿Quién eres? — soltó tajante, sin apartar la mirada de aquella mujer.

— Soy una madre de Asgard, la cual se preocupa por sus hijos — respondió con un terso tono de voz. Sophie podía ver, ahora que ya comenzaba a prestarle más atención, las ligeras arrugas que se marcaban en su fino y bello rostro, denotando su edad ya avanzada, su fino hablar y su porte al estar sentada en aquel camastro. Por todo aquello y más, podía denotar que aquella mujer era mucho más de lo que decía.

— De acuerdo, eso no me resuelve nada — se comenzó a incorporar, lentamente, tratando de evitar el desequilibrio de sus piernas, para después sacudirse su ropa, las cuales, hasta ese momento, se había dado cuenta que eran unos harapos que simulaban ser un vestido largo, ceñido con un cinturón que parecía ser de hojas de bronce.

Soltó un sonoro gruñido. Luego averiguaría bien todo sobre ese lugar y por qué ahora tenía esta vestimenta y no sus acostumbrados janes y converses.

Giró hacia su espalda, donde se situaba la puerta de aquel oscuro lugar. Fue caminando despacio, hasta situarse frente a esta, colocando su mano sobre el extraño pomo que tenía la puerta —tenía la figura de unos triángulos entrecruzados—, comenzó a girarla, mas sin embargo, en un punto, se atascó, impidiéndola moverla hacia ningún lado.

Con desesperación comenzó a sacudir la puerta, en un arranque de ansiedad por intentar abrir la puerta. La golpeó con fuerza, sin obtener éxito alguno al querer abrirla. Mas sin en cambio, la sensación de un calor abrazador la hicieron retirar la mano velozmente al sentir el ardor que había generado el calor que esa puerta había mandado.

Observó su mano, la cual estaba enrojecida. Comenzó acariciarla suavemente, tratando de que el ardor se fuera. Se giró hasta la mujer que estaba a sus espaldas, luego a la puerta que segundos antes había intentado abrir sin lograrlo, para después, suspirar profundamente.

— Bien — soltó resignada tras unos segundos. — Tú no me dirás quién eres y yo no te diré quién soy, madre de Asgard. Así que… tratemos de convivir aquí hasta que pueda responder el del porque me encuentro aquí y no en mi casa.

La mujer sonrió divertida, para después indicarle que se sentara a su lado. La castaña dudó por unos instantes, para después irse a sentar al lado de aquella mujer. Si iba a pasar tiempo en aquella habitación, al menos, debería de congeniar con la que sería su nueva compañera.

Tras lo ocurrido en Nueva York, a Sophia le era inevitable el ver reflejada a su madre en toda mujer mayor con la que se encontraba enfrente, pero era algo natural. A pesar de ya tener veinticinco años, aun se sentía falta del afecto materno que su madre le brindó por mucho tiempo, era como si se hubiera acostumbrado a ello. Pero aun así, tampoco podía negar el hecho de que extrañara a su madre, la cual aún le sonreía entre recuerdos y sueños.

Su espalda estaba recta contra la fría pared de roca, sensación que le agradaba. Había llevado sus manos a sus piernas, mientras que jugaba con sus dedos de manera ansiosa. A su mente venían mil y una cosas que podría preguntarle para iniciar con una conversación, pero ninguna le parecía la más correcta para usar.

Frigg — esbozó tras varios minutos, de los cuales la mortal había tenido un debate interno.

Sophie giró su rostro hacia la mujer, con un semblante de confusión en su rostro.

— ¿Disculpa? — cuestiono algo confundida. — Yo no soy de por aquí, y no entiendo tu idioma.

— Puedes llamarme Frigg — le aclaró la mujer mientras giraba el rostro hacia ella y le sonreía. — Y sería muy interesante el compartir el tiempo contigo.

La mano de Frigg se posó sobre una de las manos de la castaña, quien sintió aquel gesto muy cálido y afectivo.

— Eh… Yo… — balbuceó Sophie mientras veía sus manos. — Soy Sophie.

— Muy bien Sophie, ya vamos progresando…

Retiró la mano de aquel agarre y posó su vista en cualquier otro lugar que no fuera donde se encontraba la mujer, lo cual era verdaderamente complicado, puesto que en la habitación no había nada que pudiera capturar más de diez segundos su atención.

— ¿Por qué estamos aquí, Frigg? — sonó lo más serena que pudo, puesto que de los temas a tratar, ese era uno de los que más demandaba salir, más le era un tanto complicado de sacar debido al miedo que pudiera causarle la respuesta.

— Estamos aquí para cumplir con nuestro destino…

Aquello fue un tanto ambiguo, cosa que provocó que la médico arrugara la nariz ante la inconformidad causada por la respuesta.

Estuvo a punto de tratar de indagar más, pero el ruido de la puerta al abrirse la sacó de esa poca tranquilidad que había obtenido. Se puso de pie y giró su rostro hacia la puerta, casi por instinto.

En el umbral logró reconocer la silueta de un hombre de larga cabellera, el cual portaba una oxidada armadura de color bronce. Su piel era oscura y su cabello era de un color semejante al de la nieve. Tenía un aspecto excéntrico, llamativo, mas no era del todo hermoso. No pudo más que evitar el retroceder al sentir su molesta mirada sobre ella, la cual, en conjunto con el aspecto puntiagudo de sus orejas, le daba un aspecto más espeluznante.

— Te he traído alimento, mortal — le dijo mientras le aventaba un bulto de tela, el cual parecía envolver lo que era el dichoso alimento. El bulto cayó a la mitad de la habitación. — Espero y disfrutes de tu soledad en este lugar…

Pestañeó rápidamente, para después voltear, confundida, hacia Frigg, la cual le sonrió y le negó con la cabeza. Volvió sus ojos hacia la puerta en el momento justo en que el elfo cerró con fuerza la puerta, causando un gran estruendo en toda la habitación, seguido por un crujido extraño, lo cual ella identificó, o creyó hacerlo, como algo de magia activándose.

Su cabeza se movió, de manera involuntaria, hasta donde se encontraba la mujer mayor, sonriéndole quitada de la pena. Su sonrisa era radiantemente hermosa, pero sobre todo contagiosa. La mirada de Frigg era llena de paz y serenidad, la cual parecía radiar aquellos sentimientos con fuerzas a todo en lo que posaba los ojos, que creyó por un instante el recibir aquellos estados.

— ¿Qué…? — comenzó a formular.

— Al parecer, nadie, más que tú, puede verme dentro de esta celda — le respondió a la pregunta no terminada de formular.

Sophie se retiró unos pasos de la mujer. Si solo ella podía mirarla, eso quería decir que la mujer podría estar muerta y que, gracias a su capacidad de ver auras, ahora podía ver a los muertos también. Fue que comenzó a hacer conciencia de que tanto el hecho de estar encerrada en una celda en un lugar desconocido con un elfo extraño como su carcelero, no superaba el que pudiera ver muertos. Eso, en verdad, le aterraba mucho más, tanto que preferiría la compañía de aquel extraño ser que antes la había visitado.

— ¿Estas… muerta? — se atrevió a cuestionar Sophie, aferrándose al hecho de que no fuera verdadera su conjetura.

Frigg comenzó a reír tenuemente mientras se ponía de pie e iba por el bulto que había a la mitad del lugar, para después volver a su asiento e invitarla a sentar a su lado.

— No — respondió con una dulce voz para después comenzar a deshacer el nudo de aquella tela, tratando de descubrir su contenido. — Por fortuna, no aun.

Dentro, había un pedazo de pan, algo de queso freso y una manzana. La mujer le tendió el pedazo de pan para luego ella tomar un trozo de queso y metérselo a la boca.

— Deberías de comer algo — dijo al no obtener ninguna respuesta por parte de la castaña.

Sophie sacudió su cabeza, intentando dejar de estar ridículamente pasmada frente aquella mujer que parecía disfrutar de aquel queso. Movió con pesadez sus pies, mientras se acercaba a la rubia mujer, la cual parecía haberla visto reaccionar.

— ¿Por qué, entonces, solo yo puedo verte? — preguntó, aceptando el pedazo de pan a la par que se sentaba en el camastro, al lado de la extraña mujer.

Fijó sus ojos en el pan, mientras lo comenzaba a inspeccionar desde todos los puntos posibles, en busca de alguna anomalía que pudiera simular ser algún ataque en contra de su persona. El pan parecía estar en perfectas condiciones, hasta se veía apetecible, pero aun así no pudo fiarse de este.

— ¿Acaso puedes ver muertos? — la pregunta de la mujer la tomó por sorpresa, mas sin embargo no se dignó a responderle; ella ni siquiera sabía si eso le era posible. Tras unos instantes, Frigg suspiró, dejando de lado su trozo de queso. — Estoy recubierta con magia, la cual solo le permite a ciertas personas el verme.

— ¿Eres una hechicera?

Ella negó con la cabeza.

— Yo no me hice esto — confesó con un débil tono de voz. Miró su pedazo de queso para después terminar con este con un solo bocado.

Sophie jugueteó con su trozo de pan entre sus dedos. Todo en ese lugar era algo extraño. Pero debió de suponer que todo debía de ser así en Asgard: diferente y extraño.

Soltó un suspiro, para después irse recostando sobre la pared.

— Supongo que eso es una ventaja — le expresó mientras tomaba un pellizco de pan y dudaba entre meterlo en su boca o no.

— Tu ventaja, mi niña, sería que comieras — le regañó mientras le arrebataba el pellizco de pan y se lo conducía a su boca. — Llevas casi dos días inconscientes y necesitas nutrirte bien, por todo.

— Suena como mi madre — mencionó mientras masticaba el pequeño bocado; en realidad, el pan sabia delicioso.

Frigg le sonrió.

— Soy madre de dos jóvenes que fueron unos pillos de niños, se lidiar con la desobediencia — los ojos se le iluminaron a la sola mención de sus hijos, cosa que hizo sonreír a la castaña.

— Es hermoso ser madre, ¿no es verdad? — pronunció con nostalgia mientras tomaba otro pedazo de pan y se lo llevaba a la boca.

— Si, es verdaderamente hermoso — respondió con sencillez. — Pronto experimentaras tu eso, mi niña.

La mirada de Sophia se había comenzado a tornar distraída. El solo pensar que tendría la oportunidad de volver a ser madre le trajo una fresca esperanza de que todo marcharía bien, que aunque estuviera encerrada en aquel lugar, el tiempo que tuviera a su pequeño, o pequeña, dentro de ella, sería el mejor tiempo de su vida, el cual solo se vería remplazado en cuanto tuviera a su hijo entre sus brazos.

Debía de ser fuerte, no podía derrumbarse en ningún momento. Tenía que estar bien, por ella y por su creatura. Pero no podía negar el hecho de que tuviera miedo, aunque solo fuera un picaza, del no saber el que sería de ella mientras estuviera encerrada en aquella celda, al lado de una mujer que no hacía más que tratar de animarla.

Tan adentrada estaba en sus pensamientos que no se había percatado de que los verdes ojos de Frigg se habían posado sobre su vientre, el cual aún no mostraba seña alguna de su embarazo. La mujer le sonrió, en cuanto fue descubierta y le dedicó una dulce y maternal mirada en el momento en que ella abrió grandemente los ojos por la sorpresa. ¿Acaso la mujer sabia de su condición?

— Una madre reconoce a otra madre — y con esas palabras, pudo responder a su incógnita mental.

Sophia comenzó a respirar con mayor velocidad. Si ella pudo darse cuenta posiblemente sus captores también. Le tomó de las manos, presurosa, tras haber dejado de lado el pedazo de pan. Su ojos y su ser, reflejaban el completo terror que sentía por cualquier cosa que pudieran hacerle en caso de que su condición fuera descubierta, no por ella, sino por la creatura.

— Por favor… no diga nada.

Frigg sonrió mientras negaba con la cabeza, para después soltarle las manos y llevarlas a las mejillas de la mortal.

— Nadie puede verme, ¿lo recuerdas? — mencionó la mujer. — He aquí la ventaja de ser invisible.

Sophie liberó su tensión a través de unas ligeras risitas que provocaron aquel comentario. Sage tenía razón, siempre exageraba todo lo malo que le pasaba.

La rubia tomó el pedazo de pan que había dejado de lado y se lo tendió con amabilidad.

— Y ahora, deberías de alimentarte mejor, para después descansar un poco — era la primera vez que su voz sonaba demandante, pero aun así, no perdía su peculiar encanto materno. — Todo por el bien de la creatura…

La castaña le aceptó el pedazo de pan con una sonrisa, para después seguir degustando de aquel alimento. Frigg le tendió los brazos y la fue atrayendo, poco a poco, hasta recostarla sobre sus piernas, tras haber hecho a un lado la servilleta donde estaban los alimentos.

— ¿Cuánto tiempo llevas en cinta? — preguntó la mujer mayor mientras jugaba con los alborotados cabellos castaños de la menor.

— Si acaso, voy por los dos meses, creo — respondió mientras terminaba con su pedazo de pan.

— A penas vas empezando, mi niña — le tomó de la barbilla y se la acarició.

Por más extraño que pareciera, Frigg le inspiraba demasiada confianza. Se sentía muy familiarizada con ella, a pasera de haber intercambiado solo un par de frases sin mucho sentido. Agregándole que cada gesto y caricia le recordaba mucho en la forma de ser de su madre. Podría ser que la mujer a su lado no fuera más que un producto de su imaginación o de algún hechizo, o que realmente fuera otra persona de verdad, que en verdad estuviera ahí y que no fuera visible; pero eso, no le quitaba el hecho de que se sentía en completa paz con aquella mujer, disfrutaba mucho de su compañía y desearía el poder pasar con aquella mujer todo el tiempo que estuviera en aquella celda.


La primera vez que lo compararon con Thor, fue cuando tenía unos cuantos años de edad. Estaban jugando todos los tontos amigos de Thor y, como siempre, todas sus actividades eran físicas, algo que a él nunca se le había dado bien. Recordaba muy bien el momento en el que Balder hizo aquel comentario sobre lo ridículo que era incluir al debilucho hermano menor de Thor en un juego de lanzamiento de cosas, como también recordaba cómo era que Thor lo defendía y trataba de consolarlo, puesto que él había estallado en sollozos.

La segunda vez no difería mucho de la primera, solo que en esta ocasión, Loki se había defendido y había soltado un puñetazo contra el rostro regordete del niño, mientras todos lo miraban asombrado y Thor no dejaba de reírse.

La vez anterior a esta, había decido a no actuar, puesto que era Sophia la que hacia aquella comparación y, por más que le habían dolido aquellas palabras, no iba a actuar en contra de aquella mujer.

Más sin embargo, en esta ocasión, no pudo dejar de lado lo que había reprimido de la anterior y de lo que había sentido por esta comparación. Era normal que hubiera estallado, era normal que se hubiera querido desquitar con quien se había atrevido a hacer aquello. Mas no era normal el que lo hubiera matado de aquella forma tan brutal. La comparación partió de uno de los consejeros del reino y todo debido a un simple comentario que habían salido con debilidad de los labios de aquel asgardiano: "Al menos, Thor supo madurar".

No pudo contener más su enojo y decidió descargar toda su frustración con aquel individuo. Tomó con decisión a Gungnir, atravesó al hombre por el abdomen , reteniéndolo en la pared de la habitación del trono para después, al verlo como este aún seguía desafiándolo con la mirada, prenderlo en unas llamas que solo se apagarían una vez que consumieran por completo al sujeto, dejando solo el carbón o las cenizas de este. Después, ante la mirada de terror de todos de los del consejo, se retiró, sacando la lanza de la pared en donde se había incrustado, y abandonó la sala de trono.

Estaba echando humo por todas partes. Las palabras que siempre habían usado para compararlo con Thor seguían rondándole en su mente mientras no dejaba de incrementar su furia y odio.

En un principio había optado por ir a ver a su madre, ella siempre encontraba la forma de animarlo, cuando era niño, cuando aquellas palabras lo atormentaban; pero dado la inestabilidad que el mismo sentía, tenía miedo de herirla si no sabía cómo manejar toda aquella rabia que sentía. Así que el ir hacia su habitación era la mejor opción para todo en esos momentos, incluso hasta para él.

¿Cómo es que aún seguían buscando semejanzas entre él y Thor? Era obvio que ambos eran seres completamente distintos. Uno era bruto con la fuerza y el otro era un completo genio con la magia. Partiendo de eso, era imposible buscarles un punto de comparación. Pero, para su desgracia, las personas seguían torturándolo con aquel aspecto, comportándose como verdaderos imbéciles al seguir con aquellas ridículas comparaciones.

Al llegar, azotó las puertas doradas de su habitación y entró lanzando todo lo que había en el lugar, las mesas, las sabanas las cosas, mientras que con su cetro destruía muebles, lámparas y cuadros.

Entre tanto desastre, en ningún momento se dio cuenta de la presencia de otro ser en aquella habitación, hasta el momento en que la seductora figura de la Encantadora salió del baño envuelta en solo una toalla, mientras que de sus rubios cabellos escurría agua, denotando la posibilidad de que posiblemente hubiera salido en medio de un baño para ver qué era lo que ocurría.

— ¡¿QUE, EN EL NOMBRE DE TODOS LOS REINOS, ESTAS HACIENDO, MALDITO DIOS ENFERMO?!

La mirada de sorpresa por parte de la hechicera fue la detonante, en conjunto con aquellas palabras tan duras, para que el rey se lanzara sobre de ella, de manera salvaje, y la condujera a lo que quedaba de cama para ahí mismo poseerla.

Si tenía que liberar tensión, la maldita y tramposa hechicera seria la indicada para cumplir aquella función.


— ¡Es una locura, Stark! — le soltó Banner mientras dejaba de lado la carpeta.

— Por supuesto que no — espetó el genio mientras se cruzaba de brazos.

— Claro que sí. Y no solo es una locura, es más bien un suicidio — expuso la pantera, secundando al doctor.

— El que no arriesga no gana — trató de defenderse mientras se soltaba de los brazos y tomaba la carpeta que su compañero había dejado antes.

Hojeó por unos instantes la carpeta, analizando cada uno de los datos y los resultados que habían obtenido. Estaba seguro que aquellos datos estaban en lo correcto, era imposible que fallaran.

Después de varios intentos defectuosos y de desperdicios de chispas mágicas que terminaron en varias explosiones que amenazaron con sus vidas, el grupo de científicos habían tomado la decisión de dejar el proyecto varado, puesto que era muy riesgoso el continuarlo y que la mejor opción era el insistir cruzar a Asgard a través de las raíces del árbol de la vida.

Pero Tony Stark tenía en mente otra cosa.

— Tony, sabemos lo importante que es esto para ti, pero tienes que tener en cuenta que es totalmente estúpido — Hank se había acercado hasta el genio y le había quitado la carpeta, para después ponerla de lado.

Tony hizo un puchero.

— ¡Esto es un complot contra mi persona! — alegó el billonario mientras alzaba las manos con fastidio.

Era de esperarse que todos se hubieran puesto en su contra. Por más que Loki les hubiera robado el cetro, como también había matado a más de treinta agentes y científicos de aquella torre, el hecho de que estuviera en Asgard, y sin ser capaces de darle caza, lo sacaba de su jurisdicción; aquello era algo que molestaba demasiado al genio y que Fury había ordenado que se hiciera.

Pero aunque Sophie estuviera secuestrada en Asgard, no le agregaba prioridad a aquella cruzada que Stark estaba dispuesto a montar y a realizar, a pesar de que le llevara la vida en hacerlo. Cuando una idea le entraba al millonario, era difícil de convencerlo de lo contrario.

— ¡Por Dios, Tony! — exclamó irritado la pantera. — Esto es por tu maldito orgullo y vanidad. No es un juego de niños, ¡Madura!

T'Challa casi le había saltado sobre él. Era muy difícil hacer exasperar al hombre, puesto que en el cabía lo que era la diplomacia y la paciencia, pero al parecer la estaba comenzando a perder.

Tony lo miró en son de desafío mientras lo enfrentaba de cara.

— No es cuestión de vanidad, sino más bien de cumplir nuestro trabajo — alzó una ceja, estaba mencionando algo que para él era demasiado obvio, ¿Cómo es que nadie lo veía de esa forma? — Los resultados esta vez están correctos.

— ¿Cómo lo sabes? ¿Qué te hace decir eso?

— Porque yo mismo los hice — le sonrió con superioridad, mientras se cruzaba de brazos. — Lo que yo hago, nunca falla.

— ¿Y solo interesa y sirve lo que tú haces? — indagó el rey de Wakanda.

— Si tiene patente Stark, te puedo asegurar que siempre será todo un éxito.

El apacible rostro del genio se vio perturbado por el puño de T'Challa, tras las ligeras risas que el hombre había soltado de manera ansiosa. Tony fue a dar contra una de las mesas del laboratorio, puesto que la fuerza del hombre, con o sin el traje, era mucha.

Los ojos del resto de los hombres que estaban siendo espectadores se abrieron con sorpresa al ver aquello.

Una fuerte punzada de dolor atravesó la mejilla del genio, seguido por un metálico y salado sabor en su boca. Había logrado que aquel golpe le reventara el labio y que se le enrojeciera la mejilla. Aquello le provocaría un morete para después.

Tony se fue incorporando lentamente a la par que T'Challa lo seguía acusando.

— ¡No todo en la vida tiene que girar a tu al rededor! ¡No eres el único que importa!

— La mayoría de las cosas lo hace — murmuró Tony mientras se limpiaba el labio con el dorso de la mano. Su mirada se posaba sobre el de tés canela, quien seguía con un semblante duro y molesto.

— ¡SI FUERA ASI, JANE NO HUBIERA SALIDO LASTIMADA! — gritó con potencia y cólera el hombre. — ¡Tú eres el que debería de estar en el hospital con heridas graves, en todo caso!

El rey se acercó hasta Tony, quien aún seguía un tanto desorientado por el golpe, y lo sujetó del cuello de la camisa con fuerza, manteniéndolo cerca de sí.

— Toda esta maldita contienda es porque tú, el poderoso y perfecto Anthony Edward Stark, no logras concebir el maldito hecho de que te has equivocado; de que cometiste un error al confiar en el tramposo del dios del caos. No puedes soportar el hecho de que te veamos así, humano e imperfecto, capaz de cometer errores.

"Y por eso nos arrastras a todos en esta maldita locura que solo es para consolar a tu quebrantado ego. Pero debes de saber que ¡Ni yo, ni nadie te va a seguir en este estúpido juego!

Soltó el cuello de la camiseta del genio y se giró, para salir fuera de aquel laboratorio.

— ¡Por eso había votado en contra de la presencia del dios aquí! — exclamó antes de salir.

Las miradas de Banner y Pym se enfocaron rápidamente sobre el inventor, el cual seguía con su mano sobre su boca.

— Tony… — comenzó Banner, acercándose al hombre.

— Nunca deseé que Jane saliera lastimada — dijo sin mucho ánimo Tony mientras se retiraba la mano y se sentaba sobre uno de los bancos de la mesa en donde, segundos antes, se había estrellado; un dolor en la espalda apareció en el momento en que su corazón dejó de bombear tan rápido tras el momento del golpe. — Jamás quise que todo esto saliera de esta forma.

— No te culpamos por nada de lo ocurrido, Tony — lo consoló Hank, mientras se cruzaba de brazos y lo observaba desde su lugar.

— ¡Pero el negro sí! — gritó irritado. — Y puedo asegurar que, la mayor parte de su reclamo, es verdad. Thor me ha presionado por encontrar a su hermano, Steve y Sage por encontrar a Sophie y yo — se dio golpes de pecho, como señalándose —, yo deseo encontrarlos a ambos.

La mano de Bruce se situó sobre el hombro del millonario.

— Pero Tony…

— ¡No es cuestión de ego o de vanidad, Bruce! — expuso el genio mientras se quitaba el brazo de encima y se ponía de pie. — Se trata de afecto. Por extraño que parezca, el maldito cornudo me cae bien y… ¡Por Dios! Lo puedo considerar hasta mi amigo, y Sophia es alguien a quien estimo. Y estoy seguro que si yo estuviera perdido o escogiendo malas cosas, de una u otra forma, me lo harían saber, restregándomelo en la cara y bailando sobre mis errores con descaro. Por eso quiero hacer esto; más si no cuento con su apoyo, puedo lograr este trabajo yo solo, para que ustedes no salgan heridos, ni mucho menos regañados por papá Fury.

Tomó las carpetas que Hank le había quitado y se sentó, en una de las mesas retiradas del laboratorio, para comenzar a trabajar en el prototipo de su propio puente arcoíris. No es que necesitara de ayuda, como una vez le había dicho Pepper, él siempre había trabajado solo en sus proyectos y siempre estos habían salido adelante, siendo como los mejores. Prueba de ello eran sus armaduras y su propia IA, a la cual le tenía gran estima y confianza.

Así, que una máquina de aquella magnitud, la cual combinaba ciencia y magia, algo que él creía casi imposible de que sucediera, sería un enorme y divertido reto que le gustaría superar; sin importar que lo hiciera completamente solo, llevándole mucho más tiempo del requerido.

— Tal vez yo no estime a Loki tanto como tú lo hagas, Stark — escuchó a lo lejos la voz de Pym. — Pero ten por seguro que te tengo una gran estima y por eso no te dejare solo en este proyecto.

— Ni yo — secundó Banner.

En realidad, nunca creyó que sus labios se pudieran curvar de esa forma, para mostrar una enorme sonrisa, satisfecho y alegre de que al menos contaría con el apoyo de dos de sus grandes amigos.

Los pasos de los dos hombres aún seguían sonando cuando la alerta de la computadora comenzó a sonar.

— ¿Qué ocurre? — se lanzó el rubio hasta donde se encontraba la pantalla donde se mostraba el mensaje "Alerta".

— ¡JARVIS, confirmación de los hechos! — ordenó el genio dejando de lado su soldadora para luego ir hasta donde se encontraba Hank.

Señor, hay fluctuaciones en los niveles de magia en cada punto donde el Señor Odinson dejó los medidores de niveles.

— Muéstranos, por favor, JARVIS — pidió Bruce, situándose al lado del dúo, frente a la enorme pantalla.

JARVIS no tardó en obedecer al doctor, dividiendo el monitor de cristal en dos: por un lado mostraba los niveles alterados de los aparatos, los cuales subían y bajaban de forma violenta; y por otro, la imagen de las diferentes partes del mundo donde se estaba manifestando aquello, donde habían varias chispas de colores extravagantes y se podía ver como el suelo comenzaba temblar de manera extraña, a la par de la imagen.

Tony se cruzó de brazos y comenzó a tamborilear los dedos sobe estos, para después soltar un ligero bufido.

— Ahora esto se vuelve de la jurisdicción de S.H.I.E.L.D. y de los Vengadores — señaló un poco estoico. — Alguien debería de avisarle a la pantera sobre esto. Organícense para averiguar qué es lo que pasa mientras yo continuo con este trabajo.

— Continuamos — corrigió Pym.

— Continuamos — aceptó Banner.

Tony sonrió.

— ¡Bien, muchachos! — exclamó el genio mientras se movía del lugar y volvía a la mesa de trabajo donde se encontraba el aparató en cuestión. — Avisen a casa que no los esperen despiertos, porque esta noche será solo para chicos y su ciencia.


Todo en la vida tenía un porque; había cosas que tenía que fingir, como también había cosas que realmente disfrutaba vivir. Dentro de las cuales se encontraba esa.

Observó de lado a quien se encontraba a su lado en la cama, completamente desnudo y dormido a un profundo nivel. Si lo veía desde ese lado y con ese aspecto —con la piel brillosa por el sudor, el cabello revuelto, mostrando unas ondulaciones de las que no creyó capaz ver en aquellos lacios cabellos, las sabanas enredadas entre sus piernas, cubriendo en absoluto su hombría y aquellas cicatrices que tatuaban su piel y hacían juego con los músculos ligeramente marcados que no sabía que el hombre poseía —, Loki era verdaderamente sexy y atractivo, además, esa vista, lograba contrarrestar la temible mirada de hace un rato. Era claro que nunca superaría al excitante cuerpo de Thor, pero tampoco podía negar que el hechicero tenía lo suyo. A pesar de mostrarse frio en la cama y de manejarla con algo de salvajismo debido a su maldito humor, este podía llevarla a vivir ciertas experiencias que ella nunca había vivido con otros hombres y que ahora quería que el Jotun se las hiciera alcanzar, siempre.

Sonrió divertidamente mientras se pasaba los dedos por los labios. Ya era tiempo de dejar de pensar en el placer y comenzar a trabajar con su plan. Debía de dejar de lado las distracciones y los juegos.

Se levantó con cuidado de no despertar al hombre. En verdad le parecía extraño que no la hubiera echado, como en otras ocasiones, al terminar con aquellos juegos sexuales; o que él no se hubiera ido a media noche, sin hacer ruido, creyendo que ella no era consciente de eso. Tomó una sencilla sabana y se la enredo en el cuerpo, haciéndole un ligero nudo.

Movió las manos, mientras estas se iluminaban de color amarillo y su cuerpo se volvió humo, mientras iba desapareciendo.

Viajó libremente por el palacio, escurriéndose como el viento, hasta llegar a donde se encontraba su objetivo. Entró por las puertas y, dentro de aquella habitación, se volvió a materializar.

Observó la enorme bóveda de armas, fijando su punto en el pequeño cofre azul, el cual le recordaba la fallida coronación de su preciado Thor. Hizo una ligera mueca ante el recuerdo de aquello y decidió posar su vista en lo que realmente buscaba, lo cual brilló en el momento en que generó chispas en sus manos para iluminar la habitación.

Ahí estaba, frente a ella, llamándola y pidiéndole que lo tomara. El Guante del Infinito.

Dio unos pasos, acercándose a la bóveda que lo retenía. Hizo aparecer el cetro de los Chitauri, o más bien de Thanos, y comenzó hacer unos ligeros conjuros, los cuales debilitaron la barrera que el mismísimo Padre de Todo hacia levantado. Alzó el cetro y, con el cetro frente a ella, atravesó la delgada barrera y se situó hasta el frente del pedestal de piedra donde descansaba el guante. Sus manos comenzaron a temblar mientras sujetaba con cuidado el tan preciado objeto.

En el momento en que alzó el guante, la prisión donde descansaba el Destructor se fue desvaneciendo para darle paso a aquella infernal arma que ella conocía bien. En el momento en que el destructor se dispuso a atacarla, ella alzo una mano contra este, sin siquiera voltear a verlo, pero aquel gesto fue suficiente para que el ataque de aquella armadura vacía se detuviera y se mostrara sumiso frente a la hechicera, la cual sonrió ante aquello.

Desapareció el guante de sus manos, escondiéndolo en un lugar donde solo ella tenía acceso. Observó el cetro que tenía en las manos y lo colocó en donde antes estuvo el guante. Al fin y al cabo, aquel cetro ya había cumplido su función, y podía suponer que ningún Titán Loco lo iba a reclamar, como tampoco reclamarían el guante perdido.

En verdad, Loki había sido varadamente estúpido. El solo entregarle el cetro, conociendo el alcance de ella misma sobre todo aquel miserable castillo.

Evitó a toda costa soltar una sonora carcajada, mientras veía como el cetro brillaba con un azul más fuerte que el de antes, provocándole de nuevo que esbozara una sonrisa. No podía evitarlo, estaba ridículamente feliz, todo iba tal y como ella lo quería. El cetro y el Tesseract —que desde que lo encontró en aquella raíz de Yggdrasil, en donde Odín lo había escondido, se volvió uno con el cetro— habían servido como llave de aquella bóveda que el antiguo rey había querido mantener en total encierro; como también ahora tenían en su poder el guante. En verdad, todo no podría marchar mejor de lo que estaba.

Y todo gracias a la aquella gema que había encontrado tiempo atrás.

Se volvió a disolver en humo y se fue, satisfecha con lo que había tomado.


— ¿Cómo son sus hijos? — preguntó la curiosa voz de Sophie.

Frigg, quien se encontraba caminando por el lugar para estirarse un poco, sonrió ante la pregunta y posó su mirada sobre la mujer que se encontraba recostada sobre el camastro.

— Son una maravilla — detuvo su andar, mientras cruzaba sus manos por enfrente, acariciándolas. — Son tan parecidos, pero a la vez tan diferentes.

— ¿Se parecen en físico? — se fue levantando mientras no apartaba la vista de la bella dama quien negaba con la cabeza, la cual, a pesar de estar vestida tan suciamente, no dejaba de verse encantadora. — ¿Cómo?

— En físico, son totalmente opuestos — comenzó mientras se iba acercando al camastro y se situaba a lado de Sophia. — Uno es como un rayo de sol, fuerte, es alegre y energético, tormentoso cuando debe de serlo, siempre tan inocente y lleno de afecto; mientras que el otro es como la noche más oscura, tranquilo, reservado, no les fácil relacionarse con los demás, pero, dentro de sí, guarda los más puros y hermosos sentimientos.

— Parece que los ama mucho — mencionó Sophie mientras subía las piernas y las cruzaba sobre el camastro, a pesar de que estuviera vestida con una especie de vestido antiguo y, según le había mencionado Frigg, de la realeza, aún seguía teniendo sus hábitos juveniles.

— Más de lo que te imaginas — la sonrisa de la mujer era radiante.

Por algún momento, aquella sonrisa le recordó a su madre, Esther, quien nunca dejaba de sonreír, a pesar de que las cosas se mostraran feas. De hecho, aun podía recordar la última sonrisa que su madre le había brindado. El edificio se venía sobre de ellos, haciéndoles ver que ya no habría nada por hacer, y ni aun así su madre le había soltado la mano y dejado de sonreírle mientras le decía: "Todo saldrá bien, mi niña"; para después sentir como la pared y parte del techo las aprisionara y aplastara sin piedad.

Era difícil el poder dejar de pensar en su madre y no llorar, si todo en aquella mujer frente a ella se la recordaba constantemente.

Le sonrió, en un intento por evitar que las lágrimas salieran de sus ojos sin remedio. Intentó redirigir la conversación, más aun así no se le ocurría que más decir o preguntar.

— ¿Y a cuál de los dos ama más?

La dulce sonrisa de Frigg se desvaneció y la miró con algo molestia, algo que veía en ella por primera vez.

— Ambos son mis hijos, a los dos los amo por igual. Nunca haría distinción entre ellos, a pesar de que uno sea más malo que otro — soltó de un tirón, pareciendo realmente molesta, mientras posaba su vista lejos de la menor.

Sophie se sintió un poco mal tras decir aquello.

— Yo… disculpe.

Frigg resopló por la nariz, de forma muy sonora. Tras un rato de silencio, soltó los hombros y se mostró más relajaba que antes. Se giró para con Sophia de nuevo y le mostró un semblante más ameno, pero denotando algo de preocupación.

— Si vas a ser madre — comenzó con un tono de voz serio —, nunca deberás de hacer distinción entre tus hijos. Todos son diferentes y a todos los tienes que amar a su manera, pero con la misma intensidad.

Le tomó de una de las manos y comenzó a acariciársela.

— Debes hacerle entender a tus hijos que los amas; en cada oportunidad que tengas, házselos saber, por más cabeza dura que sean.

Los ojos de la castaña se abrieron ante la mención de aquella frase y no pudo evitar el soltar unas ligeras risas, ya que le fue inevitable el pensar en Loki ante aquella frase.

— Si, los cabezas duras nunca entienden las cosas, ni aunque las tuvieran pegadas en la cara — acertó en decir la menor, sin sacar al dios de su mente, mientras le dio un apretón a la mano de Frigg.

— Parece que conocieras a alguien con esas características, mi niña — se burló la mujer. — ¿Se puede saber quién se trata?

Sophie soltó unas ligeras risas a la par que sus mejillas se tornaban rojizas. Ocultó el rostro, entre avergonzada y divertida. Se soltó de la mano de la mayor y se llevó sus manos a su vientre.

— El padre de esta creatura — respondió con un ligero tono de gracia. — Y, me gustaría pedir, que mi hijo no saliera tan cerrado como él, porque ahora sí, todo sería muy complicado — agregó después de unos segundos.

— Te entiendo, mi hijo menor tiene un carácter el cual se me hace muy complicado de hacerle entender muchas cosas… Pero aun así, no dejo de amarlo por lo que es y por como es, es mi hijo y eso no lo cambiara nada, ni nadie.

La castaña agachó el rostro, con una sonrisa en el rostro.

— Gracias, Frigg — observó su vientre y no pudo sentirse mal por la enorme incertidumbre a la que estaba siendo expuesta en eso momentos, el no saber siquiera que era lo que le deparara el día de mañana era realmente desesperante. — Ojala y puedas conocer a mi niño.

— Solo el tiempo lo dirá.

Exacto, tiempo. Todo era más que pedir que el tiempo que vivieran ahí no fuera eterno. Aunque no lo exteriorizara, Sophie sabía que la mujer también tenía la esperanza de algún día salir de aquel lugar, el cual había comenzado a asfixiarle, mas buscaba demostrar lo contrario, conversando de cosas sin sentido y tratando de centrarse en su enorme felicidad de ser madre.

Si estaba en Asgard, era seguro que, de alguna u otra forma, se encontraría con Loki y que este, si en verdad sentía algo por ella como simulaba decir, la sacaría de ahí y la pondría en un lugar seguro.

Pero aquello, era algo que solo el tiempo podría determinar.


— No sé qué demonios quiere decir, pero esto es la muestra de que en Asgard está pasando algo extraño — acertó en decir, con algo de molestia, Sif mientras se iba incorporando lentamente de su lugar. A pesar de que hubieran pasado, si acaso, una semana bajo el cuidado de los mejores médicos de S.H.I.E.L.D., Bruce aun no dejaba de asombrarse lo rápido que estos individuos lograron recuperarse.

— ¡Debemos de ir ahora mismo allá a averiguarlo! — exclamó con furia el dios del trueno, quien hasta esos momentos se había despegado de la convaleciente Jane.

— No podemos saltarnos a una contienda así porque si, Thor, necesitamos un plan — expuso Carol mientras dejaba de lado su vaso con agua y se acomoda en el sillón de la sala. — A diferencia de ti y tus amigos, nosotros no sabemos que es lo que nos depara en Asgard y sería muy arriesgado el no tener algo que nos respalde.

Todos observaron a la rubia quien no dejaba de lado su mirada seria. En verdad, cuando se necesitaba de estrategia, tanto ella como Rogers eran los indicados, supuso que el tiempo que vivieron al servicio del país —ya se por la Segunda Guerra o por las Guerras interplanetarias— les había forjado esa habilidad que ahora les era, en extrema, útil.

— Además, ¿Cómo le haremos para llegar hasta allá? — cuestionó la avispa. — Porque si lo habían olvidado, el prototipo 5.8 del Bifröst, si mis cuentas no fallan, terminó siendo un hermoso espectáculo de fuegos artificiales que tuvo como saldo un herido.

— Nuestro propio Bifröst está terminado y listo para usarse — anunció Stark mientras entraba por las puertas dobles con un aspecto que daba mucho que desear, ropas y cara sucia las cuales buscaba limpiar con un trapo blanco que ya estaba en las mismas condiciones que su ropa.

Bruce sabía que, cuando Pepper los había obligado a salirse del laboratorio porque se habían excedido de sus horas de uso, el millonario se había escabullido para adentrarse en su propio laboratorio y culminar con el proyecto que les había costado a él, a Hank y a Tony varios días de desvelo y de malpasadas en sus hábitos alimenticios.

Tony se sentó al lado de la guerrera que lo veía con total asombro y, porque no decirlo, con algo de repulsión debido a su andrajoso aspecto, a lo que el hombre solo optó por sonreírle como él solo sabía hacerlo.

— ¡No pienso arriesgarme con otros de tus ridículos inventos fallidos, Stark! — alegó la pantera mientras se ponía de pie y señalaba inquisidora mente al genio, el cual no parecía ni inmutarse ya que había comenzado a comer parte de las galletas que tenían en la mesa de centro.

— Relájate, T'Challa — le dijo el hombre tras haber terminado su galleta de azúcar y habiendo comenzado a lamerse los dedos, quitando el sobrante de azúcar de estos. — ¿Es que acaso no sabes que de los errores se aprenden? Hay que tener fe, hermanos y ¡recuerden que la fe mueve montañas! — dijo esto último imitando a una congregación religiosa mientras alzaba las manos.

— Aun así, sería una locura volver a intentarlo.

— La Fe es una creencia infantil — expresó la espía desde su sitio, la cual se encontraba recargada en la pared, pegada a la ventana, y de brazos cruzados. A un escaso metro de distancia, se encontraba Barton, quien estaba tomando agua de una botella de plástico.

— Fe es lo último que deberíamos de perder, Lady Romanoff — proclamó el más grande de los guerreros asgardianos, quien estaba sentado cerca de la mesa de centro, devorando uno que otro bocadillo.

— Si necesitan a alguien que pruebe su aparato, yo me puedo ofrecer — hizo moción Thor, mientras se ponía, muy enérgico.

— ¡Y yo! — lo imitaron la guerrera y el resto de los guerreros, pero ellos poniendo sus manos sobre su pecho.

— Los Tres Guerreros estaríamos honrados de servirles, tras la ayuda y hospitalidad que nos han brindado — habló, por primera vez, el guerrero de ojos rasgados, que respondía al nombre de Hogun.

Banner posó, instintivamente, la mirada sobre Tony, el cual había comenzado a sonreír a gran manera, después la posó sobre T'Challa, quien había arrugado el ceño y se había cruzado de brazos un tanto molesto.

— Bien, entonces nos dividiremos — expuso el Capitán mientras se ponía de pie y comenzaba a dar órdenes y señalar con las manos, exponiendo su plan.

Al final, parecía ser que el deseo de Tony por traer a su trastornado amigo para solo poder golpearlo en sus propios terrenos por la locura que había cometido se iba a cumplir, agregándole el deseo y curiosidad de varios por conocer el reino eterno de Asgard.

Solo esperaba que los cálculos realizados al final por él y Hank, dieran resultados fructuosos.


Despertó sintiéndose más confundido de lo normal. Algo dentro de él le decía que todo aquello era una campaña ridícula, algo más por lo cual echarle en cara. Si se situaba en su propia realidad, en el momento en que aceptó el trato de la hechicera, su vida había caído en un remolino de error tras error tras error. Error contra su persona, error contra lo que sentía y error contra lo que creía. Su ser se había comenzado a sentir abrumado y desorientado, algo fuera de lo común en él.

Se fue incorporando en la cama y hasta en ese momento había reparado en el hecho de que la mujer se había ido antes de la cama, algo que realmente agradeció, ya que de lo contrario se hubiera sentido más asqueado consigo que de lo que se sentía en esos precisos momentos. Fue directo hacia el cuarto de baño e hizo aparecer algo de agua tibia en la tina para intentar el relajarse. Lo más obvio hubiera sido que mandara a sus sirvientes a hacerlo, pero estaba de un humor en el que no soportaría el ver a nadie en esos precisos momentos.

Se adentró en la tina y se fue relajando poco a poco. Podía sentir como cada caricia que la mujer le había dado se habían comenzado a intensificar, cada mordida le comenzaba a arder, llegándole a hacerse sentir completamente sucio. Tomó un estropajo con algo de jabón y comenzó a tallar cada parte de su cuerpo en donde la hechicera había puesto su mano. Se sentía sucio y esa era la única forma para hacerse creer que toda rastro de la mujer desaparecería.

Una vez terminado de tallarse, se sumergió completamente en el agua. Necesitaba de un tiempo para sí mismo, y que mejor que encerrarse en aquella burbuja de agua.

Era extraño para Loki el estar completamente desorientado. Le era completamente ajena la sensación de incertidumbre. Lo tenía todo. Todo lo que una vez deseó y le perteneció, todo lo que su solitario corazón una vez añoró con tanto desespero, lo tenía, ahora era completamente suyo y estaba seguro que nadie se lo podría quitar; pero a pesar de todo aquello, a pesar del maldito poder y del maldito trono que le pertenecía por ley, su ser se sentía vacío, sin rumbo y sin motivo para seguir. No tenía ni idea de que era lo que le faltaba en su vida ni como poder rellenar ese vacío que tenía en su interior.

"¿Realmente esto es lo que deseas?" le dijo una voz interna.

Rosó con sus alargados dedos las runas grabadas sobre el brazalete que estaba situado en su antebrazo izquierdo. Una punzada de más culpa lo abrumó. Sophia.

Su corazón dio un vuelco en el momento en que los recuerdos que había suprimido de la mujer comenzaron a atacar su mente de manera salvaje. Cada roce, cada beso, cada caricia, cada sonrisa que ella le había regalado, le fueron rasgando la piel, al grado que lo hicieron saltar para salir del agua.

Pero por desgracia, una fuerte mano lo retuvo y lo mantuvo sumergido. El moreno comenzó a luchar, con desespero, para soltarse del agarre, mas cada manotazo que daba sentía como si se estuviera golpeando a sí mismo. El aire le comenzó a faltar, mientras que seguía luchando por librarse de aquella mano que no lo dejaba salir.

"Necesitas saber la verdad de la situación, dios egoísta" y tras escuchar estas palabras, un dolor que le desgarró hasta al alma lo comenzó a llenar desde el centro de su corazón, podía sentir como poco a poco le comenzaban a arrancar la vida de su propio cuerpo y que, por más que luchara y por más que se opusiera, lo terminó por sacar de su cuerpo.

Los ojos de Loki captaron la furiosa mirada de su guardián, el cual flotaba a su lado y lo había comenzado a arrastrar hacia las afueras del castillo. Momentos antes de alejarse, el moreno logró ver como su cuerpo se iba hundiendo poco a poco en el agua de aquella bañera.

Su cuerpo era más ligero y la briza del viento no hacía nada contra su traslucido y desnudo cuerpo. Podía sentir el dolor de ser arrastrado y jalado de los cabellos húmedos mientras que Uróboros lo conducía hacia un lugar completamente desconocido para él.

Su viaje culminó en una de las calles de la ciudad que estaba alrededor del castillo. La creatura, quien estaba en su forma humana, lo dejó caer sobre el asfalto en donde se encontraban, y por extraño que pareciera, esto le provocó dolor al hechicero.

Ponte de pie, traidor, y observa lo que estas provocando — ordenó la creatura con voz molesta.

El hechicero se fue incorporando poco a poco, mientras se iba quitando el polvo que se le había pegado a la piel húmeda. Por más acostumbrado que estuviera a los encuentros extraños entre él y su guardián, aun se seguía sorprendiendo de los alcances que podía tener la magia de este.

Esto, es tu reino.

Los ojos verdes del hechicero se abrieron desmesuradamente al contemplar en lo que se había convertido la dorada y gloriosa Asgard.

La hermosura y eternidad que reflejaban las casas se había esfumado, la luz que los mismos ciudadanos irradiaban, su fuerza y su orgullo se había extinguido, dejando solo la decadencia y la humillación. En verdad, nunca había visto a aquella ciudad tan decaída, ni cuando hubo una guerra contra el reino de los elfos oscuros, la cual casi devasto en su totalidad aquella ciudad.

Los Jotuns y las Askafroas rondaban por las calles, intimidando a los asgardianos, mientras que algunos elfos oscuros les ordenaban que hacer mientras los golpeaban. Ancianos, mujeres y niños eran abusados y puestos a trabajar, mientras usaban cadenas que los ataban y les daban la libertad de moverse hasta unos ciertos metros de distancia. Todo aquel hombre o guerrero que se opusiera era contenido, capturado y condenado a ser torturado hasta su muerte.

Un ejemplo de aquello era un hombre que se había interpuesto entre el garrote de uno de los Jotuns y su pequeño hijo, el cual no había podido realizar su trabajo como era debido. Las Askafroas lo habían capturado, tras los azotes que los Jotun, en conjunto con algunos elfos, le habían propiciado, y lo llevaron hasta una enorme estaca de oro, que antes era un monumento preciado para los ciudadanos, para incrustar su cuerpo en la punta de aquel pilar y deslizarlo hasta la mitad de este. El hijo del individuo había querido ir hasta donde estaba su padre, pero lo que parecía ser su madre lo estaba sujetando con fuerza, evitando que fuera corriendo y cometiera una locura; ambos seres lloraban amargamente por su ser perdido mientras que las creaturas reían sin freno. Y, lo que una vez había sido un signo de fuerza y de honor, ahora era un símbolo de muerte y humillación.

Pero ante aquellas escenas, el rey de Asgard ni siquiera se había conmovido. La reprimenda y la decadencia no eran motivo suficiente para que el herido corazón de aquel dios, el cual había sufrido burlas y humillaciones por parte de aquellas personas que ahora estaban sufriendo, se ablandara y sintiera un poco de compasión ante aquellos asgardianos.

— Es un reino que se rige como siempre debió de ser regido, Uróboros — se dignó a decir en voz seca mientras alzaba su mirada sobre todo aquel espectáculo.

Nunca observas lo que realmente tienes que observar — y tras aquellas palabras tan simples del guardián, el cuerpo traslucido de Loki comenzó a retorciese de un dolor que nunca antes había experimentado, empezaba desde el centro de su corazón y se extendía hasta la punta de los dedos de su pies, recorriendo completamente cada fibra de sus ser.

No pudo evitar caer de rodillas, rendido ante aquel dolor que le iba arrebatando sus energías, poco a poco.

El dolor se detuvo, tras unos minutos de agonía, en el momento en que las voces de la mujer y del niño le aturdieron el oído.

— Mamá — murmuró el niño, el cual se encontraba a una distancia considerable del dios, más aun así podía escuchar claramente la voz del infante, la cual se entrecortaba por el llanto que estaba derramando. — ¿Por qué… el rey Loki no interfiere en esto? Se supone… ¿Qué no se supone que es hijo del buen rey Odín?

— Mientras no esté el padre de todos para gobernarnos, solo nos deparara ser la carne de estos malitos y asqueroso carroñeros — la voz de la mujer se escuchaba impregnada de odio, mientras su abrazo hacia su pequeño se veía tan protector y maternal.

Aquellas palabras hirieron al rey, quien intentaba recuperarse de aquel dolor, del cual no sabía cómo el guardián lo podía generar, sin siquiera tener un cuerpo.

— ¿Eso… eso es lo que querías que viera? — preguntó con pesadez, mientras intentaba incorporarse. — Es totalmente ridículo…

En realidad, no.

Y tras esto, el dolor lo volvió a abrumar, haciéndolo soltar un potente alarido, el cual parecía ser inexistente o inaudible ya que nadie parecía escucharlo. Tras unos segundos, el dolor volvió a desaparecer, momento en que aprovechó para incorporarse con lentitud y comenzar a regular su tan agitada respiración. Una vez estuvo de pie, se colocó a la altura del guardián y trató de enfocar su vista al lugar que la mirada de la creatura parecía estar sujeta.

¿No aprendiste nada de Sophia? — preguntó en tono serio Uróboros.

Loki solo pudo traer a su mente la única clase que la mortal le intentó dar.

— Mi humanidad es algo inexistente, puesto que yo ni siquiera puedo ser considerado un humano — sonrió hilarante tras haber soltado una risa con el mismo tono. — Ni siquiera puedo ser considerado asgardiano.

No me hagas herirte de nuevo, Loki.

El aludido posó su mirada sobre su interlocutor, el cual mostraba un semblante estoico ante las imágenes frente a ellos. Sus ojos no parecían inmutarse ante nada y solo parecían moverse ligeramente de un lugar a otro a una gran velocidad, tanta que solo prestando toda la atención sería posible verle aquellos ligeros y agiles movimientos.

— ¿A qué te refieres, Uróboros? — cuestionó después de un rato de observar al guardián. — ¿Qué se supone que Sophia debió de haberme enseñado?

Sophia es una mortal con excelentes y únicas habilidades que solo pocas personas poseen — respondió después de un largo silencio.

Los ojos del dios se tornaron confusos ante aquellas palabras que, al parecer, decían todo, más para él no le resolvían nada. Tras largos minutos de analizar aquellas palabras, el dios no logró encontrar relación alguna con lo que se suponía debía de ver en aquel lugar.

Uróboros soltó un ligero suspiro.

Si permaneces más de diez minutos, a partir de ahora, tú esencia mágica, la cual se encuentra a mi lado, desaparecerá porque tu cuerpo habrá encontrado su inminente muerte.

Y con aquello, la mente del moreno logró hacer clic. Escancia mágica. Magia. Aura humana. Aura. Eso era, la respuesta era que Sophia podía ver las auras de las personas.

Trató de recordar las palabras de la mortal, cuando había intentado explicarle el cómo poder ver las auras, sin la necesidad de que los otros las hicieran externas.

"Siempre debo de relajarme y me trato de empatizarme con el otro" oyó la voz de Sophia que parecía ser como una guía en aquellos momentos.

Relajó su mente y trató de enfocarse en las emociones que había visto presente en aquella familia que seguía observando al hombre que había sido empalado frente a sus ojos.

"Sentir lo que el otro siente".

Odio, frustración, dolor, pena y coraje. Esas eran las emociones más presentes en aquella familia, pero aun así había algo que le impedía ver lo que él buscaba, lo sentía mientras enfocaba su vista a un punto más allá de las mismas personas. Trató de analizar de nuevo la escena: la mujer abrazaba con fuerza a su hijo, lo estaba consolando; la mujer y el niño lloraban con amargura y tristeza; y la mujer miraba con añoranza al hombre que estaba en aquella estaca. Era algo tan sencillo, había comenzado a ver aquella pisca de la esencia de la familia, pero había algo que se le escapaba.

Trató de recordar otra de las indicaciones que le había dado la mujer sobre aquella habilidad y, por extraño que pareciera, su mente hizo millones de conexiones que lo terminaron llevando al momento en el que logró ser alguien autentico, por primera vez, como también recordaba la frase que la mujer le había dicho esa vez: Te amo, Loki.

Amor. Ese era el sentimiento más fuerte que emanaba la mujer, por la forma en que miraba al hombre y al enfocarse en ese sentimiento, la difusa aura se hizo visible y rodeó a la mujer y al niño. Fue entonces que se dio cuenta de lo que Uróboros quería que viera en ese lugar. Las auras de las personas parecían ser extraídas de sus propios cuerpos, mientras se alzaban hasta alcanzar la punta de la torre más alta del palacio donde él había estado estos últimos días. Posó su mirada sobre otros ciudadanos y ocurría lo mismo.

Amora les estaba robando la energía y el alma a todos los habitantes de Asgard.

Giró su rostro hacia su guardián, el cual había comenzado a asentir con un semblante serio, eso le valió como confirmación ante sus especulaciones. Si esto seguía así, eso solo podía significar que…

— Frigga… — murmuró con temor a la par que fue arrastrado por una potente esencia que lo llevó hasta el cuarto en donde antes se había encontrado.

Cuando su esencia hizo contacto con su cuerpo, el dolor que antes había sentido, cuando su alma había sido arrancado de su cuerpo, lo volvió a abrumar y le fue inevitable el no gritar y salir con desespero de aquella agua que lo había asfixiado desde el momento en que había vuelto a su cuerpo. Su respiración se había vuelto agitada, mientras que su boca quería ayudar a su nariz a obtener todo el aire que pudiera. Llevó una mano a su cabeza, para sacarse el cabello húmedo de la cara y comenzó a observar, con ansiedad, todo a su alrededor. Aquello había sido como una epifanía para él.

"Y eso no lo es todo, hijo de Laufey" la voz de Uróboros llego como punzada a su cabeza, solo para conducir su vista hacia otro lugar.

Sus ojos se habían enfocado en un lugar fuera de Asgard, que él conocía muy bien. Midgard. Lograba ver al grupo de héroes, junto a los guerreros de Asgard, que él conocía muy bien y que sabía que había dejado tan enojados que si lo volvían a ver, era posible que le cortaran la cabeza. Más eso no fue todo lo que vio. Sus débiles ojos, que apenas se estaban adaptando a la habilidad que tanto Odín como Heimdall poseían, se habían enfocado en un aparato que Tony sostenía entre sus manos, del cual podía ver como irradiaba parte de su magia y de la magia del cetro de Thanos. Solo le era suficiente eso para poder sumar 2+2: los mortales habían logrado construir una réplica del Bifröst.

Pestañeó, tratando se zafarse de aquella visión, para luego incorporarse de un jalón y salir de la tina.

"Pronto llegara el fin de todo esta locura" dijo con un deje de alegría la creatura en su mente.

— Oh no, Uróboros — comenzó mientras que hacia aparecer su tan característico traje con magia, sobre su cuerpo — esto apenas comienza.

Y, tras decir esto, hizo aparecer a Gungnir en sus manos y, tras haberlo mentalizado claramente, se esfumó para aparecer frente a la puerta de la celda que él conocía bien. Desapareció cada hechizo de protección de la puerta para después abrirla y adentrarse al lugar.

Iluminó con su mano la habitación y se enfocó en buscar a la mujer por la que había ido a ese lugar.

— ¡Madre, tenemos que salir de a…! — sus palabras se atragantaron en su garganta al percatarse de que la rubia y bella mujer no se encontraba sola. — Sophia…

La mortal se había incorporado con lentitud, mientras no dejaba de posar su vista sobre el dios, quien no dejaba de preguntarse ¿qué estaba haciendo ella ahí?

Sophia se comenzó a acercar hasta donde estaba él, a la par que Loki cambiaba su semblante de sorpresa a uno de molestia. Si ella se encontraba en estos momentos en la celda, eso cambiaría por completo todo lo que tuviera planeado.

— Loki… — soltó en un pequeño suspiro la mujer, su rostro era de completa estupefacción.

— ¿Qué haces aquí? ¿Cómo has llegado? — interrogó secamente, mientras esfumaba la lanza de sus manos.

Sophie se detuvo a la mitad de la habitación. Fue ahí cuando Loki logró ver lo que traía puesto, era uno de los vestidos de gala de su madre, el cual se encontraba andrajoso y sucio, al igual que ella.

— ¿No crees que si lo supiera ya me hubiera largado de aquí? — soltó con un deje de ironía mientras se llevaba sus manos a las caderas.

Loki gruñó, insatisfecho por la respuesta.

— ¡¿COMO LLEGASTE?! — repitió con potencia.

— ¡Que no lo sé! — la mujer se cruzó de brazos mientras se mantenía a distancia del dios.

El hombre volvió a gruñir y comenzó a analizar todo. Todo aquello afectaba todos sus planes. Si Sophia estaba ahí, significaba que el trato con la hechicera se había roto y ahora ella era consciente de que el dios tenía planeada una posible traición. Era muy probable que Amora se hubiera enterado de que tanto su madre como los guerreros se encontraban con vida y de que estos últimos habían sido desterrados del reino para ser enviados a Midgard y que alertaran a Thor de la presencia, tanto de la hechicera como de él en Asgard. Y ahora que su plan estaba hasta este punto, aparecía la mortal —a quien hacia reposando en un lugar seguro de su hogar— para complicar todo.

— ¡Maldición! — exclamó en voz alta, mientras caminaba en círculos. — Esto lo empeora todo.

— ¡Ja! Yo también me alegro de verte, querido — le dijo con sarcasmo mientras alzaba la voz. — Por cierto, gracias por irte sin decirme nada, fue una hermosa despedía. Lo bueno que me trajiste aquí, así podrás aprovechar y despedirte como se debe.

— Yo nunca mande traerte aquí — puntualizó con voz serena mientras no dejaba de dar vueltas en círculos. En verdad, tenía que encontrar una forma de solucionar esto.

— A si… ¿Y cómo explicas el que yo esté aquí, genio? ¿Un holograma tal vez?

— Déjate de juegos, mortal — se detuvo en seco y la miró con molestia; era claro que cuando esa mujer se proponía ser irritable, podría llegarlo a serlo. — No ando de humor para nada de eso.

— Mira quien habla — continuó ella mientras no dejaba de lado su tono de voz sarcástico, que había comenzado a fastidiar al dios —, el que siempre jugó a ser alguien que no era y que se la pasó mintiendo y convenciendo a todos de que era parte de los buenos.

Loki alzó la ceja con molestia. ¿Era enserio?

— Maté a más de miles de personas en lo que va del transcurso de tres años, sumándole el hecho de que soy el dios de las mentiras, ¿Qué esperabas?

— ¡Eres un maldito sínico! — acusó la mujer mientras se acercaba más al hombre con un semblante de furia. — ¿Cómo pude siquiera confiar en ti, si habías intentado matarme en varias ocasiones?

Los ojos de Loki se abrieron grandemente por la sorpresa ante la mención de aquello.

— ¡¿Qué?! — sonó indignado. — ¡Salve tu vida más de tres ocasiones!

— ¡Porque tú la ponías siempre en peligro, en más de tres ocasiones! — indicó el numero con los dedos, casi restregándole en el rostro del dios a la par que lo miraba con desafío; después se giró y soltó un potente bufido para de nuevo encarar al dios. — Y si mal no recuerdo, no solo la mía, sino también la de los demás.

— ¡Porque todos han tratado de acabar con la mía! — gritó furioso mientras trataba ponerse a mas altura que ella. — ¿Que esperabas que hiciera? ¿Qué me sentara y les diera el arma para atravesar mi corazón?

— ¡Que dialogaras! ¡Debes de dejar de lado, para empezar, tus estúpidos arranques de inferioridad!

— ¡Arranques que no tuviera si personas como tú no me compararan tanto! — interrumpió a la mujer con agresividad.

— ¿Yo? — se señaló con sorpresa Sophia, sorpresa que no duró tanto, ya que fue remplazada por una fuerte ira que se comenzó a reflejar en su rostro. — A ver, permíteme pero no. ¡Yo siempre he estado a tu lado, confiando como una estúpida en ti, el maldito dios de las mentiras! — lo último lo dijo mientras se mofaba del título y alzaba los brazos de forma burlesca. — Yo, al igual que Thor y Tony. Confiamos en ti, ¿Mientras tu qué? — lo señaló con el dedo. — Tú nos traicionaste a los tres de la forma más ruin posible. A ver, ¿Dime algo bueno que hayas hecho por nosotros?

Las acusaciones hirieron al dios, no por lo que estas implicaban, sino más bien por quien las hacía. ¿Cómo era posible que la mortal, a quien había protegido y cuidado en contables ocasiones, fuera ahora la que lo señalaba con el dedo y lo acusaba? Se suponía que debía de estar de su lado, no en su contra.

La ira y la frustración que había sentido en el momento en que ella lo había comparado con el estúpido de Thor se volvieron a manifestar. Mas esta vez no se demostraría afectado, se mostraría igual de invulnerable ante la situación.

— No tengo porque justificarme con alguien como tú por las cosas que hago o dejo de hacer — su voz fue tan seca que pudo apostar que fue un golpe duro para la mortal. Se cruzó de brazos mientras seguía mostrando su superioridad ante la mujer. — De mí nunca recibirás un "gracias" ni un "perdón", no soy el indicado para disculparse.

La voz de Loki hizo eco en el lugar, el cual fue tan notorio, puesto que tras la última palabra del dios sobrevino un silencio.

Tras unos momentos, unas ligeras y extrañas risas sobrevinieron, opacando el silencio, inundándolo. El dios posó su mirada sobre la mujer, quien parecía muy divertida.

— En verdad no puedo creerlo... ¿Qué demonios pasa contigo? — reclamó con una creciente furia, dejando de lado la aquella espeluznante risa. — ¿Es que acaso no ves todo lo que hago por ti? ¡Estoy a tu lado, maldita sea! — sus manos se movían con rapidez, algo que Loki siempre había reconocido en ella como seña de desesperación. — A pesar de que todo me dice que esto es un error, un grandísimo error. No puedo creer que tú aun busques salirte librado como si fueras la maldita víctima de todo esto, siempre saliéndote con la tuya... ¡Dios! — gruñó con potencia mientras se llevaba las manos a la cara con frustración. — ¡En verdad siento lastima por ti!

Sophia lo miró con enojo y desafío, para después retirarse del lugar.

Loki había experimentado miles de cosas, como el mismo lo decía, su vida estaba llena de malos sentimientos que siempre lo herían y habían construido su mundo, su propia realidad. Y ahora lo estaban abrumando, asfixiándolo. Encerrándolo dentro de su propia torre para terminar de matarlo. Pero aquella mujer, había llegado a su vida y lo había hecho vivir un poco de distracción, algo que lo hacía olvidar tanto sentimiento destructivo, pero ahora, tras esas palabras, se había vuelto parte de su oscuro mundo que solo servía para consumirlo y matarlo, lenta y dolorosamente.

Comenzó a ir tras ella, ninguna mortal, mucho menos ella, le dejaría con la palabra en la boca.

— ¡Sophia! — la llamó una vez mientras cruzaba el umbral de la puerta, tratando de alcanzarla. — ¡SOPHIA! ¡NO ME DES LA MALDITA ESPALDA!

Sophia detuvo su andar de manera estrepitosa, se giró para enfrentarlo y fue ahí cuando se dio cuenta de lo enrojecido que estaba su delicado rostro, como también lo empapado que estaba por las lágrimas.

— ¡Debí de haberte dado la espalda hace mucho tiempo atrás, el día que te encontré! — guardó silencio por un rato tras haber gritado con potencia; tomó aire y volvió a gritar con potencia. — ¡Pero como ves, no lo hice! Y todo porque me enamoré como una estúpida de ti y creí que podríamos tener algo lindo entre los dos — dejó salir todo el aire y trató de recuperar un poco la compostura. — Más veo que estuve equivocada.

— ¡Pues aun estas a tiempo de darme la espalda, a mí y a todo esto! Deja todo esto atrás y para con tu estúpido sufrimiento... — la miró con completa furia, en verdad estaba muy enojado y herido. — Ve y busca a tu maldito amigo Stark y pídele que construya una máquina que te vuelva al pasado y así puedas abandonarme... O sabes que, yo mismo puedo hacerte el trabajo, si quieres, de esa forma todo sería más fácil para todos...

El rostro de la mujer se arrugó de frustración.

— ¿Fácil?, ¡¿FACIL?! ¡No me hables de facilidad cuando tú no eres el que tendrá que cargar con el hijo de un maldito dios infernal dentro de sí, mientras todo el mundo se está yendo al carajo solo por querer lo que quiero!

El silencio volvió a reinar en el ambiente. El pasillo se sintió más pesado y abrumador, mientras que el calor comenzó a intensificarse.

De nuevo el dios se había quedado sin palabras y todo porque aun su cerebro no daba fe de lo que sus oídos recibían. ¿Acaso era lo que creía que había escuchado?

Su cuerpo delgado se había quedado plantado en su lugar, sin saber cómo reaccionar, mientras no apartaba la vista de la mujer.

— ¿Qué? ¿Un hijo?— susurró casi inaudible, ni siquiera él mismo estaba seguro de que si hubiera hablado.

La mujer agachó el rostro, más aun así, pudo escuchar su respiración forzada por culpa del llanto.

— ¡Sí! — respondió de manera tosca. — Estoy embarazada de ti, maldito imbécil egoísta.

La respiración del hechicero se comenzó a hacer cada vez más pesada, mientras que su mente intentaba procesar las palabras de la mujer. Si, había escuchado bien, Sophie estaba esperando un hijo de él. ¿Cómo era eso posible? Bueno, eso lo sabía, pero había tratado de ser lo más cuidadoso posible para evitar esos pequeños inconvenientes. Pero ahora, la mujer le venía y le decía que esperaba un hijo y de él, no sabía siquiera cómo reaccionar.

Tras lo ocurrido con Angrboda y aquel gigante, pensó que la paternidad —o maternidad, ya daba igual— nunca volvería a atormentarlo, pero se había equivocado. ¿Qué monstruosidad saldría ahora de la cruza de un Gigante de hielo y de una Mortal?

"De seguro una preciosidad, tratándose de Sophia" le mencionó mentalmente su guardián.

En eso tenía razón, Sophia era realmente hermosa y era casi imposible que algo monstruoso saliera de ella. Pero siendo él el padre…

Observó a la mujer, quien estaba a escasos metros lejos de él. Su mirada se enfocaba en él, como queriendo comunicarle cuanto lo odiaba, mientras que de sus ojos salían lagrimas como si de una fuente se tratara. Siempre le gustó ver en aquella mortal su debilidad y su grande fortaleza combinadas en su perfecto y joven rostro, de todos los seres que había conocido, ella era la única que lograba unir estas contraposiciones en una casi simétrica y perfecta armonía.

Se fue acercando hasta ella, le era inevitable el no querer estar cerca de ella. La amaba y ¡Por Odín!, como la extrañaba. Mientras estuvo a su lado, discutiendo, no se había percatado de que ese vacío que se había formado en su ser, le había comenzado a llenar poco a poco. Tal vez su motivo por seguir adelante sea ella, sea el sentirse amado por alguien, amado de la única forma que ella lo sabía hacer: sin prejuicios y sin sentir lastima. Todas esas palabras y esos reclamos que le hirieron, no fueron más que el corazón herido de ella reclamándole por su abandono en un momento tan especial para ella. Puede que no haya aceptado del todo su paternidad, como el hecho de que tampoco creía que esta fuera verdad; pero el solo tenerla a su lado, lo hacía sentir que todo lo demás estaba de sobra y que lo que verdad importaba era ella, pero más precisamente exacto en este momento, era su seguridad.

Alcanzó a rozar su mano antes de que ella retrocediera sin dejarlo de ver con aquella furia incontenida.

— Sophia… — murmuró débilmente, aún seguía sin palabras para decirle.

La mujer lo observó atentamente mientras su mirada le seguía reflejando algo de recelo. Loki se detuvo frente a ella, se quitó el casco con cuernos y lo dejó sobre la superficie más cercana, que era una vieja mesa de roca que adornaba aquel abandonado pasillo. Enfocó su mirada en ella y trató de dedicarle una sonrisa. Realmente estaba feliz de verla.

Nunca vio venir la reacción tan salvaje de la mujer, hasta que el puño había impactado contra se quijada, haciéndolo girar con fuerza. No recordaba que la mortal contra con aquella asombrosa fuerza, solo recordaba esa fuerza de un solo mortal y era la del soldado del pasado. No pudo evitar soltar una exclamación de dolor, mientras se llevaba una mano al área afectada.

— ¿Pero qué demonios te pasa? — preguntó molesto mientras se iba recuperando de la impresión y volvía a posar su mirada sobre la de ella.

La mujer resoplaba fuertemente por los orificios de la nariz como también apretaba con fuerza los puños de las manos. Se volvió a lanzar sobre de él, a la par que le comenzaba a lanzar puñetazos al pecho con la misma fuerza con que lo había golpeado en la cara, pero con la diferencia de que estos impactaban contra la armadura, sintiéndolos como ligeros empujes hacia atrás, mientras que cada vez iban disminuyendo de intensidad.

— ¡¿Cómo pudiste dejarme de lado, abandonarme cuando más te necesité?! — le reclamaba la mujer con cada golpe que le daba, su rostro estaba siendo oculto por su castaño, largo y sucio cabello. — ¿Por qué nos engañaste y mataste a todas esas personas? ¿Por qué nunca intentaste mejorar? ¿Por qué nunca me dijiste tu sentir? ¿Por qué tuviste que ser tan imbécil? ¿Por qué me dijiste todas esas cosas el día de la cena?

La voz se le fue quebrando poco a poco y se fue perdiendo entre el llanto que luchaba por salir y sus palabras que querían seguir con los reclamos. Le fue inevitable al dios no conmoverse ante aquello. Comenzó a rodearla con sus brazos mientras ella se iba recargando cada vez más en él y rompía en llanto.

Podía ver algo en ella que le recordaba mucho de sí mismo: estaba completamente perdida y sin rumbo alguno. Y se preguntaba ¿Cómo es que podían ser pilares el uno del otro?

— Yo… perdóname… — se disculpó entre sollozos, Loki sabía de qué, pero aun así no le veía el caso retomar aquello. — No… no vuelvas a dejarme sola, idiota — murmuró sobre su pecho mientras dejaba todo su peso sobre los brazos del dios y se dejaba caer poco a poco. — Nunca…

El moreno posó su mentón sobre su cabeza y la estrechó más contra su pecho.

— Lo intentaré — y dicho esto le dio un beso en la coronilla.

Ahora podía sentir que estaba completo. No había nada que pudiera desear. Aquella figura a su lado, esa mortal que antes había querido suprimir de su mente y de su vida, ahora lo estaba estrujando, pidiéndole entre susurros que no se fuera, que nuca la dejara.

— Hijo — escuchó la voz de su madre, la cual lo sacó de su pequeña burbuja que había creado alrededor de aquel abrazo.

Sujetó la barbilla de la mujer, la alzó y le plantó un beso en los labios, tan dulce y tan tierno, que se sorprendió a si mismo de que pudiera hacer aquello.

Alzó el rostro y miró con ojos brillantes a la mujer que una vez sirvió como su pilar, la que sabía darle consuelo en momentos de dolor y pesar, la que una vez creyó su madre y resultó no ser, más aun esta insistía a tratarlo y llamarlo como tal.

— Madre — sintió cada letra en el corazón, cada una de ellas fue mencionada con toda la sinceridad que había en su interior y que solo a pocas personas le revelaba —, te presento a Sophia Lerman, la mujer con la que me he vinculado y he jurado proteger.

La sonrisa de la reina se ensanchó, mientras dirigía sus pasos hasta donde él se encontraba. Una vez enfrente de ellos, sujetó la mano de la mujer, la cual se había comenzado a separar del dios, mostrando su rostro manchado por la tierra y las lágrimas. Frigga besó el dorso de la palma, para después acariciarla como si de su hija se tratara.

— Sophie, ella es Frigga — tomó la mano de la rubia e imitó la acción que esta hacía con la mano de la mortal. — Reyna de Asgard y mi madre.

— ¿Ella es tu madre? — pudo reconocer la sorpresa en el tono de voz de la mortal mientras veía como la antigua Reyna se encogía de hombros. — Así que su nombre es Frigga… ¿Alguna razón para no completar tu nombre? — preguntó después de unos instantes.

— Quería conocer como realmente era la mujer que mi hijo había escogido, mi niña — le sonrió de manera tan divertida, algo que nunca había visto ver a la mayor desde hace mucho tiempo.

Sophie suspiró, para luego, soltarse de la mano de la rubia y volverse abrazar del dios. Restregó su rostro en la capa verde del hombre, como intentando limpiarse lo más que pudiera la cara.

— ¿Y había alguna razón de tu parte, bambi, para no decirme nada antes de tu partida? — cuestionó mientras ocultaba su rostro entre su capa.

Bambi… — repitió él, acostumbrado al apodo.

— Tony tiene la habilidad para pegarte ciertas cosas…

Loki sonrió divertido mientras negaba con la cabeza.

— No te dije nada, porque era lo mejor — le respondió después de unos momentos. — Siempre he creído que estamos mejor separados.

Los brazos de la mujer se aferraron con ansias a él.

— ¿En serio? — soltó hilarante. — Yo lo veo más como la falla de nuestra relación, el estar separaos…

— Tenía motivos suficientes para dejarte de lado, créeme — expuso el dios con voz serena.

— ¡Claro! Dejemos a la panzona de lado y sola. Ella podrá defenderse de todos los malos con solo levantar una mano y decir: "¡Stop!".

El moreno rodó los ojos mientras se separaba de ella, lentamente.

— Mis motivos siempre son tu protección y bienestar — reveló después de un rato. — Estabas rodeada de los mediocres más poderosos del mundo, ¿Qué malo podría pasarte?

— ¿Qué me secuestraran? — puntualizó mientras lo veía desde abajo y con una ceja alzada. — Interesante forma de proteger, matando personas y robando objetos importantes — suspiró con pesadez, mientras se aferraba más a él. — Creo que tu idea tenía una ligera falla, cornamenta.

— Dejemos de lado los apodos. Comienzan a fastidiarme.

La mortal sonrió divertida y asintió con la cabeza. Se separó de él y se fue hasta donde estaba Frigga, quien los observaba con una enorme sonrisa divertida.

— Espero que tu nuevo plan sea modificar a tu viejo plan — comenzó ella mientras sujetaba el brazo de la reina con gran confianza. — Porque no pienso apartarme de ella, hasta que prometas protegerme y llevarme contigo a mí también.

Sin lugar a dudas, era sorprendente como es que la mortal podía recuperarse de sus momentos cumbres tan velozmente, hasta el punto de parecer que estos nunca habían pasado. Y se quejaba de que él poseía una montaña rusa emocional. ¡Que descaro de su parte!

Se giró hasta posar su vista sobre el interminable pasillo que se abría ante ellos. Mordió su labio interno mientras comenzaba a generar un nuevo plan. La mortal tenía razón. Tenía que encontrar una nueva forma de deambular por los pasillos del castillo y llevarlas a un lugar seguro sin que ninguno de los malditos merodeadores de Amora los viera, para después encargarse de buscar a la hechicera, con la cual tenía unos asuntitos que arreglar.

"No queda mucho tiempo" lo apuró su guardián, mientras que sus ojos se volvían a situar en un lugar fuera del castillo.

Podía ver cómo es que la horda de imbéciles, que se consideraban héroes, comenzaba a atravesar el portal que generaba la extraña máquina del excéntrico millonario. Logró ver cómo es que los guardias que ahora custodiaban el puente comenzaban a reaccionar y se veían presa del poder de aquellos sujetos que dos años atrás él subestimó. No pudo evitar sonreír al ver como una de las mujeres árbol comenzaba a caer, derrumbando algunos gigantes de hielo, al igual que algunos Orcos y Trolls.

Trató de enfocar su vista en alguien en específico, hasta que lo encontró, girando su ostentoso martillo mientras que derribaba algunos enemigos. Thor había comenzado a invocar algunos rayos mientras comenzaba a alzarse en los cielos.

La vista se le nubló de nuevo, hasta volver a ser la del pasillo en donde se encontraba. Aspiró el aire con potencia, para luego soltarlo con toda la tranquilidad del mundo. Giró hasta donde estaban las dos mujeres, quienes lo veían en espera de la orden a seguir. Apareció de nuevo a Gungnir en sus manos y les dedicó una media sonrisa.

— Es hora de movernos — y tras decir esto, un potente estallido, venido de afuera, se escuchó. Ante aquello, el dios no se inmutó y comenzó a avanzar.

— ¿Qué fue eso? — cuestionó asustada la mujer, tratando de alcanzarle el paso.

— Están aquí — se limitó a contestar mientras miraba de reojo a su otro costado para asegurarse de que Frigga lo estuviera siguiendo.

Al parecer, Sophie se conformó con la respuesta, ya que no volvió a cuestionar más, ni siquiera para pedirle que se justificara.

Caminaron por el alargado pasillo, durante algunos minutos, siempre cuidando de que nadie los viera. Ante cualquier amenaza que pudiera presentarse, el hechicero siempre se situaba frente a ellas, empuñando con fuerza la lanza que antes le perteneció a Odín. Mas había algo que siempre lo estaba alertando, una presencia que, a cada paso que daban, la sentía más cerca.

La vibración de las paredes del pasillo en el que ahora estaban, que era más cerca de los lugares recurrentes por la servidumbre, lo alertaron, haciéndolo que tanto su respiración como su corazón comenzaran a latir con más fuerza, presintiendo el peligro.

No sabía que era lo que estaba pasando afuera, pero podía presentir que algo grande los acechaba, exactamente al lugar en donde estaban ellos. Tenía que tomar una decisión ahora, y la más viable era dejar que ellas se alejaran de él, puesto que, tras haberse movido por varias pasillos en donde ya había presentido aquello, parecía ser que la creatura podía saber en dónde estaban.

Alzó una mano, indicando que se detuvieran y retrocedieran. Las mujeres obedecieron.

"Es hora" le anunció su guardián con seriedad.

— Necesito que se alejen de aquí, lo más pronto posible — ordenó con severidad el moreno.

— ¿Qué? ¿Qué ocurre? — preguntó ansiosa Sophia, mientras apretaba con más fuerza el brazo de Frigga.

— ¡Vayan! — repitió el hombre con más poder, sin siquiera posar su mirada en ellas, estiró su brazo, para luego convocar la imagen de Uróboros, depositándole parte de su consciencia y de su magia en esta copia. — Uróboros ira con ustedes.

— Pero…

— ¡AHORA! — Loki no dejaba de sentir como la alerta de su guardián lo hacía sacudirse y acelerar con más fuerza su frio corazón, sintiendo la adrenalina recorrerle todo su cuerpo.

— Cuídate mucho.

Pudo ver a través de los ojos de la serpiente como la mirada de Sophia se posaba sobre de él, con algo de temor, para después asentir y girarse para empezar a correr.

Se sintió aliviado una vez que las vio alejarse lo suficiente.

"En verdad, has cambiado, hijo de Laufey" le aseguró la creatura en su mente, sintiendo como le sonreía.

— Solo cállate — murmuró él mientras sujetaba con fuerza a Gungnir y comenzaba a invocar fuego en sus manos, en la espera de aquello que tenía tiempo siguiéndolo.

El estruendoso sonido de la pared destrozándose, seguido por el grito de pelea de aquello, resonó en lo que antes había sido un silencioso pasillo.

— ¡LOKI! — escuchó la inconfundible voz de Thor mientras este entraba volando e impactaba contra él, golpeándolo con el poderoso Mjolnir en su pecho, haciéndolo soltar su lanza.

El aire que había en sus pulmones salió de un jalón al recibir el impacto del martillo sobre de él, mientras su cuerpo iba a dar contra la pared contigua del pasillo. Su cuerpo se fue derrumbando, poco a poco, sobre el suelo, en su falla por tratar de mantenerse en pie. En el suelo, trató desesperadamente de jalar todo el aire que pudo, mientras enfocaba su mirada en el hombre que se iba acercando a él, con una fiereza que nunca antes le había visto.

Thor irradiaba odio, coraje y dolor. El color de su aura lo comenzó a rodear y pudo distinguir un rojo escarlata, el cual se veía muy inestable, subiendo y bajando con intensidad.

Una vez estuvo frente a él, Loki logró soltarle una sonrisa de burla, mientras que en sus manos comenzaba a generar chispas de color verde. Adoraba el hecho de que se había logrado recuperar con rapidez.

Thor lo sujetó con fiereza del cuello de su armadura, mientras lo comenzaba a alzar, enfocando sus iracundos ojos sobre él.

— Veo que… nuestros encuentros… siempre terminan contigo golpeándome — soltó con voz ahogada, pero tratando de sonar burlesco.

— Eres una sabandija, Loki — escupió el otro dios mientras no dejaba de lado su iracunda mirada.

— ¡Vaya! Has aprendido nuevos insultos con tus preciados humanos…

El puño de Thor impactó contra el abdomen de Loki con fuerza, provocándole una oleada de dolor al dios del caos.

— ¡NO JUEGUES CONMIGO, LOKI! — le gritó con furia mientras lo sacudía de su agarre.

Los ojos burlescos del moreno se fueron desvaneciendo poco a poco.

— Yo nunca juego, Thor — aclaró en voz seria mientras lo miraba con desafío, a pesar de que el dolor del abdomen se iba intensificando.

El rubio soltó un potente rugido, enseñando los dientes, mientras lo atraía hacia él y le clavaba la iracunda mirada.

— ENTONCES, ¿DIME PORQUE MATASTE A NUESTRA MADRE? — lo impactó de nuevo contra la pared, mientras aún seguía sintiendo el aturdimiento de la potente voz del dios de trueno.

Tras esto, Loki esbozó una retorcida sonrisa. Eso sería muy interesante.


¡Tara! Y así quedaron las cosas... Se que no debí de cortarlo así, tan derepente, y sobre todo en la pelea de ese par. Pero espero y logren comprender que ya no podía excederme mas xDD..

Y comienza la segunda guerra. Ahora ya sabemos para que quería Amora el cetro... Y al fin este par se volvieron a reencontrar. Pero siempre terminan pelando... No lo se, los veo como las típicas personas que no se pueden ni ver, pero siempre terminan están juntos. Sobre el hecho de que Sage y Tony se conocieran, tiene su divertido trasfondo, del cual me gustaría luego escribir, porque si, Sage y Tony terminaron juntos en la cama xD... Es por eso que se llevan de esa forma, se conocen y muy bien.

He de decir que ahora estuve muy emocionada escribiendo este capitulo, pero tenia momento de bajas en las que me quedaba seca de ideas... Pero les aseguro que lo que viene sera mucho mas emocionante.

He de anunciar, que se que algunos no lo desean, que nos estamos acercando al final de esta historia... Mi meta es que la historia conste de treinta capítulos... Tal vez me pase con dos, pero el chiste es que llegue a ese numero. Ya que si la alargo mas, puede tornarse aburrida y tediosa y es algo que no me gustaría...

Bueno, como es una costumbre aquí, agradezco a todas aquellas personas que pasan a leerse esta historia, pero sobre todo a los que s toman el tiempo para comentarla... Y hay que hacer una enorme fiesta... ¡Hemos llegado a mas de cien comentarios! En verdad, muchas gracias, no pensé llegar a tanto... Y me gustaría premiarlos...

Tengo la loca idea de hacer una serie de drabbles de situaciones que sucedieron dentro de esta alocada historia, pero por falta de espacio, simple y sencillamente deseché, mas di por entendido que sucedieron y la consecuencia que tuvo... Aun que aun dudo en hacer, porque no se como lo tomarían ustedes, pero seria divertido e interesante... Ustedes decidan si se hace o no ... xD

HiddlesAndMe: Jejeje... disculpa si me retrasé, pero el tiempo en el hospital, el tiempo que duré sin poder moverme bien y el tiempo que tarde en ponerme al corriente en la uni me consumió S:... Pero prometo no demorarme tanto en lo siguientes... Y si, para mi son cortos los capítulos, pero cuando termino de escribirlo, surgen estos gigantescos capítulos xD Que bueno que los disfrutes así de largo :D .. Gracias por comentar

anette: Me alegra que te haya gustado ^^ ... Y pues aquí esta la ten esperada noticia de que Loki es padre, y pues no lo tomo tan bien como digamos, o tal vez si... o posiblemente aun no termina de procesar, bueno, solo el tiempo lo dirá :D Hasta hubo la presentación de la suegra... okey no xDD

ceres18: Jajajajaa... SI estabas equivocada.. ¡Estoy de nuevo aquí, molestando con mis locas ideas! Me alegro hayas disfrutado de este capitulo, si, yo también adoro la escena de Loki con su madre, pero la escena de Sophie y Loki de este cap, dios, como sufrí al escribirla xS... Y sobre Amora... Amora esta loca y también le atrae Loki... Mas ella busca el beneficiarse de eso... ¿Recuerdas la escena donde Amora saca el Guante? Bueno, aun hay algo de trasfondo sobre el como poder abrir dicha barrera... Y no te preocupes, ya ando mejor de mi lesión... Gracias por preocuparte :)

filipo12: Lo se x3! Lamento excederme tanto en los capítulos, pero es justo y necesario! Loki esta tan confundido, aun lo esta... mas sin embargo lo que le mostró Uróboros sobre la absorción de la esencia fue lo que lo hizo reaccionar y darse cuenta de que tenia que actuar... Y sobre los guerreros, si, ellos no escucharon que la mandarían a ejecutar, mas sin embargo lo supusieron puesto que suponían el rencor de Loki sobre sus padres, era lo mas obvio sobre eso... "Problemas nivel dios" (y lo que les hace falta sufrir a este par, mas conflictos) ... ¡Dios! Como me hizo reír eso xDD... Gracias por tu divertido y encantador comentario...

nazareth: ¡Dios! Has terminado tan rápido esta historia... Me alegro que te haya gustado tanto. Y si... he leído cada uno de tus comentarios y déjame decirte que muchas gracias por ellos, me han encantado :D! Y sobre Loki y Amora... Dios, espérate y se entere Sophie... Lo de Loki fue mas bien algo... mmmm.. no se si revelarlo o no xDD... Pero luego saldrá a la luz la verdad sobre esos revolcones... Gracias por tu apoyo... Y puedes llamarme Yuki ^^ ...

Bueno... seria todo... oh! Lo olvidaba... El guante infinito es algo perteneciente del universo Marvel, no me pertenece... Pero al estar leyendo todo el embrollo que surge a partir de ese guante, me vi tentada a agregarlo desde un principio xD ...

Y sobre lo de Uróboros y su imagen... se las debo... aun me falta agregarle unos detalles... tengo el rostro... mas el cuerpo no me convence S:

Okey... sin mas... me despido y nos vemos en la próxima actualizacion.

Cambio y Fuera ~