JUNTO A TI
ANGIE C. CULLEN
Bueno, miil gracias por cumplirme el deseo de ver el numero "400" después de la pabara "reviews" , las adoro. En serio. Ahora bien, varias me han estado preguntando si es que subiré secuela o si es que Bella se va y deja al pobre de nuestro Ed solo y con el corazón rotito, así que quiero dispersarles sus dudas:
1) No les puedo decir si Bella se va o no porque, para las lectoras nuevas, le quitaría el chiste al fic.
2) Sobre si hay secuela o no, creo que la mayoría sabe la respuesta (ó sea: Sí)
3) Sobre las actualizaciones, les pido una semana más de paciencia y es que mañanita tengo exa y el lunes y miércoles de la siguiente tengo también evaluación, de cualquier modo intentaré subir el viernes otro cap y el epilogo.
4)Si me dan chance, comenzaré a subir la secuela...mmm... les parece; ¿el 25 o 26 de Marzo?
25
Las maletas estaban esperando en la puerta; ya era demasiado tarde. No había tiempo para nada, ni despedidas, ni últimas palabras….ni siquiera para verse por última vez.
Charlie había adelantado los planes, se irían ahora mismo.
Ella seguía sin siquiera poder mover un solo musculo de su cuerpo, todavía tenía la sensación de vértigo por todo su ser. Su madre había muerto, su padre se lo había ocultado y ahora tendría que dejar todo lo que tanto trabajo le había costado construir. Charlie se movía furiosamente por toda la casa cual huracán pega en la costa. Llevaba y traía pequeñas cajas de cartón para guardas lo más importante; fotos, platos, teléfonos, cuchillos y demás.
–¡Ni aunque te quedes ahí parada te vas a quedar! –gritó colérico.
¿Y cómo no estarlo después del reclamo de su hija? Pero Bella tenía razón, no la había cuidado, no le había prestado la suficiente atención y era ahora, quisiera o no, que le demostraría por qué era su padre.
Las lágrimas se empeñaban en salir de sus ojos al igual que ella en no dejarlas escapar. Subió hasta su cuarto gracias a que su padre la llevó para empacar las cosas de Anthony, parecía un zombi cuando lo hizo: todos sus movimientos se volvieron de repente torpes y lentos. Cuando al fin pudo improvisar la maleta de Anthony con algo de ropa y el osito de felpa que Edward le había regalado se dispuso a levantarlo de la cuna…
Era la cuna el objeto material que más dolor de daba dejar. Era esa cuna la que Edward había armado con sus propias manos y reubicado su cuarto sólo para que hubiera un espacio para su hijo. Se veía tan perfecta, tan linda.
Y otro grito por parte de su padre la hizo sobresaltarse y pegar un gritillo que indudablemente despertó a Anthony.
El pequeño abrió sus ojos lentamente, buscó a su madre un tanto asustado y al hallarse en sus brazos la miró fijamente. Con esos ojos verdes y la infantil mirada penetrante al igual que Edward; pedía una explicación para el ambiente tan tenso en la casa. Bella sintió como el corazón le dio un vuelco y el estomago se le encogió al reconocer esa mirada. Parecía imposible que ese pedacito de ella y sólo de ella se pareciera tanto a Edward. Que, tan pronto hubiera adoptado la esencia de Edward.
Sin decir nada y tratando de volver a dormir a su hijo bajó las escaleras, eran casi las doce de la noche y estaban dejando Forks en medio de una discusión familiar.
–¿Puedes caminar más rápido? –dijo irritado Charlie al ver la lentitud de Bella.
Ella se limitó a mirarlo con desprecio. No era posible que le hiciera esto, que se la llevara sin previo aviso…de la nada, sólo por una simple rabieta y un estúpido orgullo de padre.
Sus argumentos por tener que agradecerle a los Cullen fueron ignorados desde el primer momento que los utilizó para retrasar la huida y conseguir ayuda de Edward…
–Deja de llorar…es lo mejor para los tres – Charlie trató de sonar menos severo pero no pudo.
–Es sólo un día más –suplicó.
–Si te doy un día más, no sé que podrías hacer –debatió –. Es lo mejor para todos, nos vamos… así Edward no compromete su vida tratando de hacerse responsable de algo que no le corresponde y tú dejas de pensar en tener noviecito.
Otra cubetada de agua se impactó contra su cuerpo. ¿Charlie sabía lo que sentía por Edward? ¿La estaba alejando de él porque tenía miedo de que se enamorara y comenzara una vida ahí? ¿Con él?
Anthony comenzó a llorar desesperadamente, cualquiera que lo hubiera visto pensaría que fueron las palabras de Charlie al decir que dejarían a Edward, para siempre. Parecía que el bebé entendía lo que Bella sentía y lo que significaba su partida. Bella trató de calmarlo mientras Charlie la ayudaba a meterse en el auto. Le cerró la puerta y terminó de acarrear unas cosas para después despertar el motor de la maquina.
Era una noche lluviosa, en Forks casi siempre llovía, pero había algo en el aire que le impregnaba un sentimiento especial al viento que recorría desesperado. Casi no había luces en el camino y un par de autos pasaban a la misma velocidad de Charlie.
Las gotas de lluvia se estrellaban contra el parabrisas o desembocaban por la calle directo a una coladera. Bella miraba este hecho tan común en Forks cómo algo espectacular, quizá porque algo dentro de ella le decía que era la última vez en su vida que volvería ver llover en ese pueblo de agua o quizá era la sensación de que su vida estaba desembocando al igual que esa agua retenida en la orilla de la calle para no volver a ver la luz del día.
Anthony se había dormido nuevamente, Charlie no decía nada, se sentía asfixiada en aquel auto mientras una lágrima se derramaba imitando el caer de la lluvia.
"Edward" pensó con dolor antes de ver el letrero que indicaba los limites de Forks. La noche era negra, no había ninguna estrella que le mostrara un poco de esperanza dentro de esa tormenta precipitada que estaba viviendo. Estaba dejando todo, sin decir ni siquiera un adiós o hasta luego.
–¡RAYOS! –gritó sobresaltado Edward al ser despertado por un trueno que cayó.
Su respiración era agitada y sin saber la razón estaba empapado en sudor.
–Una pesadilla –se susurró.
Estudió con la vista su habitación cómo si nunca hubiera estado en ella. De un momento a otro le pareció ajena. Miró por la ventana sin levantarse de la cama. Prendió la lámpara de noche que tenía a su derecha para tratar de tranquilizarse. Se llevó las manos hasta la cara tratando de despejarse, no sabía la razón pero ese rayo lo había perturbado de sobremanera. Abrió el cajón de su buró; había una caja de pastillas para el insomnio, su celular, un par de hojas, una pluma y una cajita negra que resultaba ser el punto focal de la imagen.
Tomó la cajita de terciopelo negro con delicadeza: la miró fijamente sin atreverse a abrirla.
Sintió cómo entraba una ráfaga de viento entraba a su habitación enfriando el ambiente y la sensación de soledad lo inundó cómo hacía tiempo no lo hacía. La punzada en su corazón le indicó que algo no marchaba bien…que Bella lo necesitaba. Se sacudió la cabeza tratando de ignorar es presentimiento, a Bella no le podría pasar nada; estaba en su casa dormida cómo todo el mundo.
–Son tonterías –se trató de convencer.
Mostró una sonrisa amarga para mostrarse contento por lo que haría mañana. Abrió la cajita lentamente, pudo divisar un sencillo pero elegante anillo de oro puro dentro de ese pequeño espacio. Tenía un pequeño diamante incrustado en el centro y un grabado en la parte interna que enunciaba:
"Insieme a te"
La sonrisa de Edward se mostró más natural y alegre.
–Mañana será el día –se animó.
Y es que había comprado ese anillo después de que naciera Anthony, claro, gracias a la insistencia de Alice porque le confesara sus sentimientos a Bella. Edward se preparó para dormirse nuevamente, apagó la luz y deposito la pequeña caja debajo de su almohada sin soltarla de su mano. Se acostó boca abajo y se vio envuelto por los brazos de Morfeo con una sonrisa en su rostro.
–Despierta dormilón –Alice lo jaloneó insistentemente para que se levantara.
–¿Q-qué qui-quieres? –preguntó adormilado.
–Edward, levántate…hoy es el gran día –anunció victoriosa mientras comenzaba a brincar –¿Recuerdas lo que pasará hoy?
Edward regresó a la realidad con esas simples palabras, era cierto. Tenían que ir a la casa de Bella para ayudarla con el bebé y los quehaceres del hogar… tenía que pedirle que fuera su novia.
–¿Qué hora es? –preguntó casi parándose de un brinco.
–Cerca de las nueve –miró el reloj.
–¡Dios santo es muy tarde! –anunció para después salir disparado al baño y bañarse con agua fría.
–Te espero en el auto –anunció contenta Alice antes de que Edward abriera el agua de la regadera.
Sin esperar una replica Alice salió del cuarto de su hermano, sabía que no se tardaría así que no se entretuvo en tomar algo para calmar el hambre que sentía. Sólo una fruta que Isabel le había dejado en la mesita de la entrada. Tomó las llaves de su volvo.
Lo sacó de la cochera y cuando estaba a punto de llegar a la entrada principal para esperarlo se llevó la sorpresa de que él la estaba esperando con el pelo demasiado húmedo y con la ropa desalineada.
–No te muestres tan ansioso –le dijo cuando entró en el asiento de copiloto.
–Normalmente soy yo el que dice eso –hizo un puchero.
–Porque normalmente soy yo la que está hiperactiva –se defendió –. ¿Llevas todo?
Edward revisó su bolsillo; llevaba la cajita de terciopelo y su cartera.
–Todo… –dijo convencido.
–¿Cómo piensas dárselo? –preguntó echando a andar el auto.
–Mmm…no lo había pensado, yo creo que así, nada más –se encogió de hombros.
–Dios… –negó con la cabeza Alice –Te falta práctica.
–¿Por qué? –Edward la miró confundido.
–Porque debes de ser más detallista, atento…romántico con este tipo de cosas.
–Y eso quiere decir que…
–Que nos detendremos antes de llegar a su casa para que le compres una rosa blanca.
–¿Blanca? –preguntó extrañado
–Sí, blanca –le repitió.
–¿Qué no se supone que la roja es la de amor? –inquirió curioso.
–En efecto, pero tú le vas a dar una rosa blanca.
–¿Puedo preguntar por qué? –habló intrigado.
–Pues fácil, tanto tú como ella son las personas más inocentes que he conocido –dijo como si fuera obvio.
–¿Enserio? –preguntó incrédulo.
–Bueno, por lo menos eso pienso de ti y también lo quiero pensar de Bella –dijo con un deje de broma.
–Supongo que tienes razón –admitió con algo de pena sabiéndose casto.
Varios minutos después Alice estacionó el auto frente a un improvisado puesto de flores que atendía un niño.
–¿Qué va a llevar? –preguntó saliendo de su aburrimiento.
–¿Tienes rosas blancas? –preguntó un tanto abochornado por ser la primera vez que hacía algo así.
–Si –dijo emocionado –¿Cuántas quiere?
–Dame un ramo de rosas amarillas –dijo tratando de recordar el significado del color.
–¿Nada más? –habló.
–No…también quiero una rosa blanca –dijo con una enorme sonrisa en su rostro.
–¿Sólo una? –preguntó confundido el joven vendedor mientras Edward le contestaba en silencio.
Pagó por las rosas y regresó al auto.
–Ten –extendió el ramo con rosas amarillas a Alice –Gracias por ayudarme en eso.
Alice casi llora por el gesto de su hermanito a la vez que le daba un fraternal abrazo dejando por un momento sin aire a Edward. Cuando se separaron Alice manejó directo a la casa de Bella. Ya no estaban muy lejos, sólo tardaron un par de minutos más en llegar. Edward sentía su estomago llenarse de adrenalina con cada centímetro que se acercaba.
Cuando llegaron lo primero que notaron era que el auto de Charlie no estaba, se miraron intrigados.
–Quizá tenía que salir temprano –justifico Alice.
–Quizá, pero no era para dejar a Bella sola –se mostró un tanto molesto por la acción irresponsable de Charlie.
–¿Se lo vas a decir ahorita? –preguntó con ilusión Alice.
–Si…pero, no sé si pueda –confesó.
–Tranquilo –lo animó para bajar del auto.
Ambos bajaron. La mañana era fría por la lluvia de la noche. Edward sentía su corazón palpitar persistentemente mientras trataba de salir de sus pecho. Sintió un miedo recorrerle todo el cuerpo al identificar el sentimiento que le provocaba esa sensación de vacío en su cuerpo; la pesadilla de la noche anterior, el sentimiento de soledad: la ausencia de Bella.
Alice tocó el timbre esperando que Bella abriera. Pero nunca sucedió.
–Qué raro –murmuró Alice–Seguro seguirá dormida.
Edward no contestó. Estaba sumergido en sus pensamientos sin prestarle atención a lo que pasaba a su alrededor.
–Creo que no hay nadie… –dijo resignada después de insistir y no recibir respuesta.
–¿De qué hablas? –preguntó preocupado.
–De que nadie me abre… -soltó preocupada.
–¿Habrá pasado algo? –su preocupación aumentó.
Edward miró con angustia a Alice tratando de buscar una explicación. Su hermana se limitó a alentarlo con una palmadita en la espalda.
–Hay que hablarle a su celular –propuso.
Edward asintió en silencio mientras su hermana se sentaba en la orilla del porche en tanto el teléfono marcaba el número ingresado en él.
Sin moverse un solo centímetro, Edward decidió recargarse; tenía que convencerse que su pesadilla no era algo importante. Bella estaba bien al igual que su hijo. Que todo iba a salir perfectamente y que serían felices por siempre.
Dentro de sus pensamientos se recargó inconscientemente en la entrada de la casa. Su pesó le ganó y terminó estrellándose contra el suelo para después captar entender que la puerta no estaba ni siquiera cerrada.
Alice no notó la caída de su hermano por estar empeñada en que Bella contestara su celular. Edward se paró con letargo, tratando de comprender la razón por la que se había caído y sobre todo, por qué estaba la puerta entreabierta. Sus ojos miraban incrédulos el desorden que gobernaba en aquella casa que en estos momentos se le hacía tan distante de lo que él conocía.
Todas las cosas estaban desacomodadas; los pocos cojines de los sillones se encontraban en el piso, algunos muebles estaban fuera de lugar y había ropa tirada por toda la casa en una clara muestra de una ida desesperada e improvisada. Sin decir nada, Edward recorrió varias veces la habitación frente a él, tratando de hallar alguna conexión entre aquello que sus ojos no daban crédito y la ausencia de Bella.
–No es cierto –se dijo en voz baja.
Sin pensarlo dos veces, dio un par de zancadas para llegar hasta las escaleras y subirlas lo más rápido posible. Trató de no desconcertarse al ver la parte superior de la casa aun más desordenada que la antecesora. Entró a la habitación de Bella desesperadamente, rogándole al cielo que se encontrara bien dentro de aquella habitación.
Abrió la puerta de golpe, su respiración era agitada, estaba tan alterado que había olvidado recoger la rosa blanca que se le había caído en el umbral de la puerta. El cuarto de Bella estaba vació. No había nada; no estaba ella, no estaba Anthony. Absolutamente nada.
–Bella… –salió de su boca al sentir el gélido viento envolver su cuerpo en un abrazo consolador.
Entró sigilosamente en el cuarto, tratando de no tocar nada que pudiera alterar el orden establecido dentro de esa tormenta.
Caminó hasta la cama de Bella y se sentó en ella. Acarició delicadamente las sabanas temiendo que se pudieran lastimar de su contacto. Quería gritar, llorar, salir corriendo, pegarle a alguien… necesitaba que le dijeran que no era cierto, que no se había ido. Que ella entraría por esa puerta que sólo aumentaba su pesar.
–¡NO! –la palabra se desagarró en su garganta.
Lagrimas luchaban por salir de sus ojos desesperadamente. Sentía el coraje y la impotencia correr por sus venas con una furia desenfrenada.
–¡MALDITA SEA! ¿POR QUÉ TE FUISTE? –soltó completamente molesto.
–¡¿Qué pasa Edward? –gritó desde abajo Alice al escuchar los gritos de su hermanos.
Cuando Alice subió encontró a Edward hincado en el suelo, aferrado a la cuna dónde debía de estar Anthony dormido. Nunca había visto sollozar a su hermano y un sentimiento de malestar la afligió de golpe.
–¿Estás bien? –preguntó sintiéndose tonta –¿Qué pasa?
–¡NO! –respondió con dolor –No puedo estar bien si ella se ha ido…
Alice notó que Edward tenía, arrugado entre sus manos, un papel. Quizá era una nota.
–¿Qué pasó? –se refirió al papel que Edward sostenía violentamente.
–Nada –trató de calmarse –Es sólo que tuvo que irse.
Las últimas palabras con un dolor que acongojaba el alma completamente.
–¿Por qué? –dijo incrédula.
–No lo sé... sólo dejó esto –casi aventó el papel.
Alice no pudo atraparlo en el aire así que debió de alzarlo del suelo. Cuando lo leyó se congeló:
Siento no poder agradecerte todo lo que hiciste por mí, pero me tengo que ir. No tengo tiempo para despedirme, no puedo… tengo que alejarme de ti.
Alice se quedó sin palabras. No podía ser cierto, Bella no pudo haber escrito algo así: ella no era así. Cuando Alice pudo moverse y asimilar las palabras escritas de Bella se sentó sobre la cama al lado de su hermano. Posó una mano en su hombro en señal de apoyo, pero él la rechazó.
–Tenemos que irnos de aquí –sugirió casi ordenando mientras le tomaba del brazo para levantarlo.
Edward se renegó de momento pero lentamente se fue incorporando. Antes de separarse totalmente de la cuna de Anthony tomó la manta olvidada que, se suponía, debía envolverlo.
–¿Qué haces? –preguntó desconcertada Alice al ver su acción.
–Recuperando lo que es mío –el tono que utilizó fue difícil de descifrar para Alice, lo miró confundida pidiendo una explicación. –Yo pagué por esta manta –se defendió dolido.
Alice sólo agachó la cabeza y negó ligeramente. Ambos salieron de aquella casa en silencio. Al salir ninguno de los dos puso atención en la rosa blanca que seguía esperando en el piso. El tenue crujido provocado por el zapato de Edward al pisarla fue el último sonido que quedó entre Bella y Edward.
Alice fue la que manejó de regresó a su casa. Su hermano seguí ido y pensativo. Nunca lo había visto en ese estado tan deprimido y distante de la realidad. La manta que Edward había tomado la seguía sosteniendo con sus manos, aunque por la fuerza que lo hacía esta se arrugaba.
Cuando llegaron a su casa, Edward fue el primero en correr hasta su habitación. Sin decir nada ni dar explicaciones. Trataba de comprender por qué la vida le quitaba lo único que había deseado con todo su alma y para colmo lo lastimaba con esa estúpida nota. Por lo menos le hubiera hablado para avisar que se marchaba.
Edward sacó la cajita de terciopelo de su pantalón, la abrió nuevamente y leyó el grabado.
–Que estupidez –susurró con odio al tener el anillo entre sus dedos.
Tomó el anillo y lo volvió a depositar en su caja. Lleno de coraje y entre lágrimas amargas decidió aventarlo contra una pared para no volverlo a ver.
Espero que no me maten por hacerlas vivir o recordar este momento tan... triste.
Siendo sinceras y si mal no recuerdo, creo que se me salió un par de lágrimas de cocodrilo cuando lo escribí. Hace poco mas de un año. Espero que les haya gustado y si, de casualidad, también soltaron una que otra lágrima o las hice sufrir demasiado, les pido disculpas...
Ahora bien, tomando un respiro, me despido y las dejo. Me voy a estudiar. No olviden que espero sus comentarios y si logran ponerse de acuerdo con una fecha (que no sea antes del 14 de marzo) en la que quiera que suba la secuela, pues podrían convencerme y empezaría en ese día (entiendase, entre mas reviews haya diciendo que la quieren X o Y día, pues ese día será... pero; el numero de rr debe ser mayor a... 30, creo que no hay problema con ello o si? ustedes pueden chicas!)
Angie C.
