Sé que hace prácticamente millones de años que no he actualizado , más incluso. Pero este año está siendo bastante difícil y casi no tengo tiempo para escribir (con decir que solo tengo los trayectos en bus para ello), así que es probable que tarde algo entre actualización y actualización.

De verdad lo siento, a mí me sienta fatal cuando una historia me deja ahí sin saber lo que sigue, pero intentaré llevar un ritmo más o menos regular, y no estar otra vez unos tres meses sin hacer nada.

Bueno, a todos los que seguís leyéndome: tenéis una paciencia de santo!

Gracias por leerme, en serio, y espero que os guste (no decían eso de que lo bueno se hace esperar. Espero que os parezca así….)

Un descubrimiento nada agradable

Una semana había pasado, una semana de ensueño tanto para Harry como para Draco. Según sus amigos, ambos estaban como lapas. Y era verdad, no se habían separado; y menos las noches, que habían pasado juntos. Y llegó otro domingo, y como tal, Draco se dirigió con paso seguro a la biblioteca de buena mañana. Cuando estaba ya en las puertas, oyó un golpe que en el silencio de aquellas horas, reverberó con fuerza entre los muros de piedra. Un fuerte escalofrío le recorrió la espalda y sintió un calambrazo desde la conexión que le unía a Harry. Corrió al interior de la sala, buscando a su pareja, y lo que pudiese causarle tal angustia y dolor.

Encontró al moreno en su silla habitual, pálido como un fantasma y con ambas manos sobre el rostro, temblando levemente.

- Harry!!

El joven ni le miró, sus ojos verdes vagaban perdidos sobre la página de un viejo libro escrito en griego. Draco le cogió entre sus brazos lo que pareció despertar de alguna forma al chico e hizo que se agarrara a él como a una tabla de salvación y cerrase los ojos con fuerzas, como negando lo que acababa de ver, mientras las lágrimas corrían a raudales por sus mejillas.

La vista de Draco se dirigió hacia el libro y comenzó a descifrar lentamente el contenido.

"El velo fue inventado como el peor de los castigos para los crímenes más abyectos de la perdida Atlantis. Se cree que el mago que lo ideó había visto sin poder hacer nada como asesinaban a su padre y violaban a su madre; y esperaba que recibiesen el castigo acorde a su crimen. Por lo tanto, tras largos años de estudio, dio con la fórmula. Tras un juicio, los presos que eran condenados al velo eran empujados a su interior. Allí encontraban lo que le mismo creador denominaba el "infierno". Par ellos, que utilizaban la magia para los fines más mundanos, aquello era un pura agonía. Se les introducía en una dimensión salvaje y agreste, poblada por extrañas criaturas feroces, sangrientas y crueles que se alimentaban de energía mágica. Allí debían intentar sobrevivir sin el uso de la magia, huyendo y escondiéndose, siendo presas de estas bestias, procurando subsistir en un mundo poblado por pocas plantas, menos animales y lleno de rocas y arena. Y pasar así día tras día, tras día. Esperando una liberación que nunca iba a llegar, y mientras, el mismo velo les iba robando su energía vital, dejándoles cada vez más débiles y cansados. Presas fáciles para las bestias"

- Salazar! – susurró el rubio, atrayendo a su pareja más hacia él – Salazar!

Con una mano menos firme de lo normal, cerró el libro y abrazó a Harry.

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- Padre, estoy preocupado por Harry, apenas duerme, no come casi y habla menos…

- Draco, es normal que esté así, tras un golpe como ese…

- Pero padre!!!

- Draco, ha dejado de hablar?

- No, pero…

- Se ha encerrado en su cuarto?

- No, padre, pero se…

- Y tampoco se encierra en la biblioteca, excepto los domingos, que es lo que lleva haciendo todo el año.

- Sí.

- Bien, pues solo puedes estar allí con él, apoyarle y punto. Se le pasará en algún momento, y mientras no se obsesione con el tema y deje de hacer otras cosas para meterse en él, estará bien.

- … ya.

- Aún no puedo creer para lo que sirve el velo… - suspiró Lucius, informado de todo por su hijo - …no puedo imaginar nada más cruel.

- Descubriremos la forma de sacar de allí a Black. Seguro que hay alguna escondida por aquí.

- Yo buscaré en casa. Algún libro tendremos.

- Gracias, padre.

- No hay de qué, hijo. Solo, no se te ocurra decirle nada a Diana, esto podría destruirla – frunció el ceño, preocupado – Suerte con Harry.

- Sí, adiós.

Y con una sonrisa, la cabeza rubia del patriarca de los Malfoy desapareció de la chimenea del despacho de Severus Snape, desde donde Draco le había llamado en un estado cercano al frenesí. Draco soltó un suspiro y se dejó caer en uno de los sillones, escondiendo su cara entre las manos; no podía creer que esto pasase justamente ahora, con lo bien que les estaba yendo.

Oyó a su padrino entrar, pero no hizo nada por moverse, ni por poner una pose más Malfoyesca, en ese momento, estaba completamente echo polvo. El hombre moreno no hizo nada, solo se sentó junto a él y le puso en las manos una copa de brandy. Draco lo agradeció con una débil sonrisa, y lo tomó de un trago, sintiéndose mejor. Y allí se sentaron los dos, bebiendo en los grandes copones del profesor de pociones y sin decir ni una palabra. Para dos consumados Slytherins, solo eso bastaba.

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Cuando regresó a su cuarto, Draco vio una cabecita morena en su sillón, frente al fuego y una sonrisa cariñosa apareció en su rostro. Allí estaba su pareja, acurrucada en un sillón, y al parecer se había dormido esperándole. Harry había dormido con él todos los días desde que leyese aquel libro, diciendo que si lo hacía solo, tendría pesadillas. El moreno se despertó y le miró con sus inmensos ojos verdes, esbozando una sonrisa triste.

- Hola.

- Hey, lo siento, he ido a ver a Severus y se me ha hecho tarde. – dijo el rubio suavemente, evitando con cuidado la palabra "padrino".

- No importa. Vamos a…

No pudo terminar, Draco le había silenciado con un beso dulce y suave, tierno como no creyó nunca que pudiese ser el frío Príncipe de Slytherin. El rubio se separó con suavidad y acarició una de las mejillas de su pareja. En ese preciso instante, su lado veela estaba ansioso y preocupado y andaba frenético intentando consolar a su pareja. El joven posó su rostro en el hueco entre el cuello y el hombro del moreno y lo besó suavemente, acariciándolo con la nariz y la mejilla.

Draco cogió al moreno en volandas, agradeciendo a su lado no humano que lo hacía posible, pues Harry era casi tan alto como él, y aunque este protestase, le colocó en la cama. Le tapó, dio un par de vueltas y se decidió a tumbarse, abrazado a él, mirándole de arriba abajo preocupado. Y lo más asombroso sucedió, Harry se echó a reír, suavemente al principio y más fuerte luego. Draco parpadeó atónito.

- Es que… es que parecías un enorme gato, - las carcajadas del moreno hacían que le fuese difícil hablar - … te ha faltado… te ha faltado ronronear.

- Hmpf – dijo indignado Draco, alzando la nariz al cielo y poniendo su mirada más superior – Un gato! Tú eres el gato aquí! Yo soy una poderosa, hermosa y asombrosa serpiente.

Eso solo consiguió que Harry redoblase sus risas y sacó a Draco una sonrisa como no se había visto en días. Con una sonrisa enorme y recuperando el aliento, Harry ancló sus ojos en los de Draco y le acarició el cabello casi blanco con verdadero amor en cada uno de sus gestos. Draco le besó de nuevo, pegándole a su cuerpo completamente.

- Lo superaré Draco – susurró el moreno suavemente – lo acabaré haciendo, como lo hice con el resto.

- No es justo, Harry, no es justo que tengas que sufrir así cuando deberías haber sido cuidado y mimado más que nadie en este estúpido colegio. Te mereces ser feliz.

Harry sonrió dulcemente y le acarició la mejilla clavando sus ojos en los plateados de su veela.

- Y soy feliz Draco, hace un año jamás pensé que podría serlo tanto. Tengo una familia, y unos amigos estupendos, y te tengo a ti. Solo eso basta para hacerme feliz.

Draco le besó, con su lado veela tirando fuegos artificiales y extático ante las palabras del más pequeño. Se besaron un buen rato, tranquila y dulcemente; y Harry se durmió finalmente, completamente entrelazado con el cuerpo de Draco, mientras este sonreía. Parecía que habían comenzado el camino de la curación. Dentro de poco, Harry volvería a reír como antes, a disfrutar de la vida. Él se encargaría de eso.